Notas de prensa que todavía cuesta creer, dan cuenta que la controvertida pareja presidencial conformada por el obediente y no deliberante Presidente de la República, Álvaro Colom, y la codiciosa Primera Dama, han planteado, de común acuerdo y desde el 11 de marzo de 2011, los trámites de divorcio.
Todo esto apunta a que la selección de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad, especialmente las del Consejo Superior Universitario, que a última hora aprobó la votación pública y nominal, que obligó al candidato oficial a declinar minutos antes de la elección, y la de la Corte Suprema de Justicia, puede que no las hayan podido controlar y, por su medio, poner magistrados afines a su causa.
Podría ser, además, que alguno de los magistrados, ya electos, ante la enorme presión que existe porque un voto de esta naturaleza lo marcaría para siempre, haya optado por volteárseles, situación poco probable pero no imposible.
Lo cierto es que, en fraude de ley, han montado la más grande farsa política de la historia guatemalteca, situación en donde se demuestra que, en la escala de valores de nuestras "joyas presidenciales", pesa más la codicia y la prepotencia que el sentido de la legalidad y la decencia.
Fácil es prever que, alrededor de esta farsa, habrá mucha tela que cortar, desde la posibilidad de que su caso caiga en un juzgado a cargo de un profesional digno, respetado de sí mismo (a), que no se trague las mentiras que le habrán expuesto, y se atreva a no divorciarlos, hasta los recursos que, terceros interesados, habrán de interponer, unos para retrasar el asunto, otros para revertirlo en caso se dé esta situación que raya en lo ilegal, por cometerse no sólo en fraude de ley, sino de una de carácter constitucional.
¡Qué triste que quienes gobiernan quieran tan mal a Guatemala!
Con todo, esto viene siendo algo así como una mancha más al tigre, no sólo a nivel de los actos de corrupción que han cometido en el ejercicio de la función pública, sino, lo más importante, en la preparación del más grande fraude electoral desde el inicio de la era democrática, y sobre el cual ya nadie dijo nada: ¡es obvio que el Registro Nacional de las Personas, RENAP, viene cansando a nuestra juventud para que no saque su Documento Personal de Identidad, DPI, a tiempo para votar este año!
¡Guatemaltecos: todos a sacar su DPI y a empadronarse!
¡Este es un claro caso de tiranos que escupen la faz de Guatemala!
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lunes, 21 de marzo de 2011
lunes, 19 de julio de 2010
TODO ERA UNA FARSA. NO HABÍA TAL INTELIGENCIA
Es inobjetable que estamos siendo gobernados por alguien que, de candidato, nuevamente dijo lo que la gente quería escuchar para llevarlo al ejercicio del poder en su tercer intento. Todo era mentira.
Se llenó la boca al decir que la delincuencia no se combatía con mano dura, que era el lema de campaña de su principal opositor, quien por cierto no aparece y pocas veces sabemos qué piensa de los temas qu nos agobian, que había que combatirla con inteligencia. A poco más de dos años y medio de este pobre gobierno ya estamos en condiciones de afirmar que la inteligencia no se le acabó; es que nunca se tuvo.
Por más que veamos los esfuerzos que hace el actual Ministro de Gobernación, Carlos Menocal, en quien identificamos a un hombre preparado y bien intencionado; o los de Helen Mack desde adentro de la Policía Nacional Civil, la inteligencia que, desde arriba, tiene que integrar toda una política de combate a la delincuencia organizada, no la vemos aparecer.
Ha valido más el "temor reverencial" de estar en desacuerdo con la todopoderosa Primera Dama, quitándole recursos a las instituciones que deben velar por la seguridad pública para pasárselos a los programas de cohesión social, que el escarnio público por no hacer el trabajo para el cual fue electo y, en el camino, abandonar a la gente a su suerte.
Ha valido más la tentación de nombrar gente corrupta, mafiosa y ladrona, tanto en la Policía Nacional Civil como en el Ministerio de Gobernación y en el Ministerio Público, acusados algunos de ellos, además, de organizar una banda de sicarios desde el seno de una de esas instituciones, que hacer las cosas con una ya no cuestionada sino inexistente inteligencia.
El colmo es la desvergüenza de declarar, ante cámaras, que el asesinato de una familia, niños incluidos, le arruinó el día de su santo maya, con lo cual no sólo se nos da una triste pauta de lo desubicado que el Presidente de la República está de la realidad nacional, sino que su gobierno ya no tiene cosa alguna que aportar en este campo como no sean más fracasos, incertidumbre, indiferencia, falta de credibilidad y, obviamente, más luto y derrramamiento de sangre inocente para la familia guatemalteca, que es la que al final está pagando las consecuencias de esa terrible combinación que consiste en la falta de inteligencia y de otros atributos.
No se diga después que soy un desestabilizador (así, en primera persona) y que busco que en Guatemala haya un golpe de Estado, pero ante tanto sinvergüenza e incapaz que hoy hace gobierno y ante la cadena de fracasos en todo sentido, lo más sensato, si algo le queda de vergüenza al Presidente, sería que renunciara y dejara el gobierno en manos de quien, constitucionalmente, así se ha previsto. Por lo menos da la impresión que el Dr. Rafael Espada es un hombre honrado que podría dejarse asesorar bien.
Todo era una farsa. No hay nada más qué aportar. No había inteligencia. No había nada. Aún no hay nada. Nada de nada.
Se llenó la boca al decir que la delincuencia no se combatía con mano dura, que era el lema de campaña de su principal opositor, quien por cierto no aparece y pocas veces sabemos qué piensa de los temas qu nos agobian, que había que combatirla con inteligencia. A poco más de dos años y medio de este pobre gobierno ya estamos en condiciones de afirmar que la inteligencia no se le acabó; es que nunca se tuvo.
Por más que veamos los esfuerzos que hace el actual Ministro de Gobernación, Carlos Menocal, en quien identificamos a un hombre preparado y bien intencionado; o los de Helen Mack desde adentro de la Policía Nacional Civil, la inteligencia que, desde arriba, tiene que integrar toda una política de combate a la delincuencia organizada, no la vemos aparecer.
Ha valido más el "temor reverencial" de estar en desacuerdo con la todopoderosa Primera Dama, quitándole recursos a las instituciones que deben velar por la seguridad pública para pasárselos a los programas de cohesión social, que el escarnio público por no hacer el trabajo para el cual fue electo y, en el camino, abandonar a la gente a su suerte.
Ha valido más la tentación de nombrar gente corrupta, mafiosa y ladrona, tanto en la Policía Nacional Civil como en el Ministerio de Gobernación y en el Ministerio Público, acusados algunos de ellos, además, de organizar una banda de sicarios desde el seno de una de esas instituciones, que hacer las cosas con una ya no cuestionada sino inexistente inteligencia.
El colmo es la desvergüenza de declarar, ante cámaras, que el asesinato de una familia, niños incluidos, le arruinó el día de su santo maya, con lo cual no sólo se nos da una triste pauta de lo desubicado que el Presidente de la República está de la realidad nacional, sino que su gobierno ya no tiene cosa alguna que aportar en este campo como no sean más fracasos, incertidumbre, indiferencia, falta de credibilidad y, obviamente, más luto y derrramamiento de sangre inocente para la familia guatemalteca, que es la que al final está pagando las consecuencias de esa terrible combinación que consiste en la falta de inteligencia y de otros atributos.
No se diga después que soy un desestabilizador (así, en primera persona) y que busco que en Guatemala haya un golpe de Estado, pero ante tanto sinvergüenza e incapaz que hoy hace gobierno y ante la cadena de fracasos en todo sentido, lo más sensato, si algo le queda de vergüenza al Presidente, sería que renunciara y dejara el gobierno en manos de quien, constitucionalmente, así se ha previsto. Por lo menos da la impresión que el Dr. Rafael Espada es un hombre honrado que podría dejarse asesorar bien.
Todo era una farsa. No hay nada más qué aportar. No había inteligencia. No había nada. Aún no hay nada. Nada de nada.
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