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miércoles, 7 de mayo de 2014

CARTA ABIERTA A LOS ESTIMADOS COLEGAS ABOGADOS DE ESPAÑA Y DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

     Con el respeto que nos merecen, ante sendas notas que, con ocasión del proceso guatemalteco de nombramiento de Fiscal General se han tomado la molestia de remitir, tanto el colegio de abogados de España como el de Estados Unidos de América, más que en nuestra calidad de abogado, que también lo somos, sino como ciudadanos y súbditos de esta nación, al amparo del inciso "b" del artículo 135 constitucional, nos permitimos remitirles las siguientes reflexiones.

     Guatemala se declaró independiente de España en 1821 y se constituyó en república independiente en 1847, lo que implica que es un país soberano.

     Nuestra soberanía radica en el pueblo de Guatemala (artículo 141 constitucional), no en autoridades foráneas, mucho menos en ciudadanos de otros países, por muy prestigiosa que sea la organización privada a la que estén afiliados.

     Es muy aventurado querer jugar a ser Dios en otros países, cuando nuestro propio pasado sigue siendo una carga moral que, como profesionales del Derecho, personas que hemos leído, hemos de estar enterados.

     Los abogados españoles, con respeto se los recordamos, debieran estar más interesados de sus propios problemas de corrupción, es decir, los de su país.  La prepotencia del pasado, asumiendo una ficticia jurisdicción para conocer de casos sucedidos en otros países, ha dado paso a la sensatez actual, revirtiendo unas leyes que tan sólo le permitían a alguno de sus agremiados figurar mediáticamente en todo el orbe, y eso está bien.

     Pero es bueno que reflexionen que, quienes hoy les aplauden esa misiva, son quienes más los odian y los han odiado permanentemente, porque la conquista, en el siglo XVI, no fue precisamente una excursión de niños exploradores, y la vida de las comunidades indígenas durante siglos de opresión que se agrupan, para su estudio, como "la colonia", perviven en el imaginario colectivo, pues el despojo y la esclavitud no se olvidan y el resentimiento se transmite y ha transmitido de generación en generación.  Sólo es cuestión de averiguarlo.

     Y los colegas estadounidenses que creen que el mundo gira a su alrededor, con una Serie Mundial de beisbol que es local y unos Campeones Mundiales de "Football", donde compiten solamente equipos norteamericanos, y un país al que llaman "America", olvidándose que América ya existía, hasta la Tierra del Fuego, cuando sus ancestros comenzaron a llegar a las costas de lo que hoy es Estados Unidos de América en 1620, solamente unos años antes que en Guatemala se fundara la primera Universidad.

     ¿Dónde estaban los abogados estadounidenses cuando su gobierno, hace apenas unas décadas, en la mayor prueba de desprecio que nos tienen, hacía pruebas de sífilis con ciudadanos guatemaltecos?

     ¿Salen de sus cómodas oficinas con aire acondicionado para investigar cómo viven los verdaderos nativos americanos en su país, todavía relegados a "Reservaciones", esos campos de concentración que todavía, hoy, perviven para su vergüenza?

     ¿Qué hacen los abogados estadounidenses para promover el resarcimiento de las comunidades indígenas en donde sí hubo un proceso de genocidio de las etnias promovido desde el corazón de sus instituciones en Washington?

     Nos da pena recordarles que cada país tiene sus problemas, y como abogados somos de las personas privilegiadas que hemos podido estudiar y comprenderlos.  Las preguntas, ahora, son: ¿qué hacemos por resolver nuestros propios problemas? ¿con qué autoridad moral podemos intervenir en los asuntos internos de otros países?

     Y decimos "asuntos" y no "problemas" porque son Uds. quienes tratan de hacer ver que hay problema donde solamente hay un proceso de selección de la persona que haya de ocupar un cargo, conforme nuestra normativa legal.  ¿Cuál es el problema, entonces?

     Ni el puesto es tan importante, ni las personas son indispensables, ni están Uds. en posición de conocer todas las interioridades, ni el mundo se va a acabar.  ¿Cuál es su afán de inmiscuirse en cuestiones que no les incumben?

     Nos apena hacerles ver todo esto, pero también en Guatemala habemos abogados y ciudadanos de a pie, capaces de exigirles a nuestras autoridades lo que consideremos que deba exigírseles. Además, para eso están, también, los tribunales de justicia. Nuestra legitimación no está en duda, pero la de Uds. es inexistente.

     Lo mejor, para todos, es que cada quien vea la viga en sus propios ojos en lugar de ver la paja en el ajeno.  La paz social y las relaciones entre nuestras naciones así lo exigen para mejorar.

     Atentamente,     
     

sábado, 8 de febrero de 2014

EMBAJADORES Y ABOGADOS, ¿IGNORANTES O IDEOLOGIZADOS?

No entendemos por qué tanta alharaca con la fecha de finalización del período de Fiscal General y Jefe del Ministerio Público.  ¿No es el nombramiento mal hecho, por ignorancia o deliberada mala fe, un fiel reflejo de lo que fue el peor gobierno de la historia de Guatemala, el de Álvaro Colom Caballeros? ¿Acaso existe prohibición de que la persona que ocupa el cargo sea reelecta?

Si el período es finalizado en mayo o en noviembre, ¿no es potestad del Presidente de la República nombrar otra persona o a la misma para continuar con la labor institucional? ¿Por qué hacen de todo un problema? ¿Y por qué insisten los embajadores de países amigos, como Estados Unidos de América o la Gran Bretaña, en inmiscuirse en asuntos internos de nuestro país, regulados constitucionalmente? ¿Tan ignorantes son que no pueden leer y entender un fallo por demás claro y correcto de la Corte de Constitucionalidad? ¿O tan grande es su ideologización? A nuestro parecer, de una u otra manera están haciendo el ridículo, tan grande como la pataleta de la misma Fiscal General al no acatar, a la primera y sin hacer aspavientos, el fallo unánime de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad.

Admitamos que los embajadores o cualquier ciudadano pueden opinar sobre lo buena o mala gestión de la persona que ocupa el cargo, pero no defender a ultranza lo indefendible, haciendo ver como si nuestra Constitución, nuestras leyes y nuestro andamiaje institucional no les importa, hasta denigrando el fallo de una corte de nivel constitucional, cuando sería más fácil aceptar la realidad y "sugerir", con el lenguaje diplomático que parecen no conocer o haber olvidado, que se reelija a quien, para ellos, ha hecho un excelente trabajo.

La mala fe de los abogados del gobierno Colom Caballeros y la insidia de las declaraciones de quienes han venido al país en función diplomática carecen de sentido común, el cual, por otro lado, es evidente en el razonamiento jurídico que, al fallar, efectuó la honorable Corte de Constitucionalidad.  Un caso eminentemente jurídico lo han convertido en uno político, lo cual tampoco hace sentido.  ¡Pobre mi país!


miércoles, 9 de junio de 2010

CICIG. LA RENUNCIA DEL COMISIONADO DE LA ONU

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, comenzó operaciones en el país, con la opinión en contra de la mayoría de guatemaltecos, por visualizarla como otro proyecto de injerencia de la mal llamada Comunidad Internacional en los asuntos internos.

Mi escepticismo lo he manifestado a través de este medio, más que todo porque la anterior misión de la Organización de Naciones Unidas, ONU, en Guatemala, los últimos años del conflicto armado interno, la MIUGUA, dejó un pésimo sabor de boca, con funcionarios que gustaban de lucir sus trajes de galas y medallas en reuniones de salón, y visitar nuestras bellezas naturales, pues se les veía muchísimo por Panajachel, pero no se miraba realmente qué le estaban aportando al país. Algo así como lo que también puede observar en El Salvador con la ONUSAL, cuyos funcionarios eran felices, porque los vi muchas veces, comiendo mariscos en La Libertad.

Sin embargo, he reconocido que el estilo personal del doctor Carlos Castresana, cuya experiencia al frente de la misión fue vital, fue haciendo que la CICIG, aunque permaneciera siendo el blanco de muchos que todavía la adversan, y no necesariamente miembros de la delincuencia organizada sino respetables ciudadanos, también es cierto que fue ganando terreno y haciéndose reconocer como una entidad que estaba (o está, quisiera pensar) por encima de las bandas delincuenciales o los grupos de poder que, cual zapadores, durante décadas han ido avanzando, paso a paso, en la tarea de copar las instituciones del Estado.
Será tema aparte, porque aquí no corresponde, la politización que se ha hecho de la Academia y de los Colegios Profesionales en ese intento por impedir la manipulación en los nombramientos. Baste decir, por el momento, que no escapa este elemento a mi análisis.

Carlos Castresana no vino solo a Guatemala. Trajo un equipo de profesionales, provenientes de diversos países, y su misión, muchas veces lo dijo, era formar guatemaltecos limpios de corazón, es decir, no cooptados, con una nueva escala de valores y principios diferentes, para ir creando equipos incorruptibles de investigadores que, al partir los expertos extranjeros y finalizar el mandato de la CICIG, estuvieran en capacidad de continuar limpiando de mafias y delincuentes no sólo las calles sino las instituciones en donde se han enquistado ladrones, estafadores y, especialmente, sicarios.

Todo iba bien hasta que el lado humano, la vida personal de Castresana, interfirió con su credibilidad pública.

Comenzó a ser un secreto a voces y a principios del presente mes, en un conocido programa radial, “Hablando Claro”, que presenta el doctor Mario David García, la ciudadanía supo de las aventuras extramaritales del Comisionado. Hasta un vocero de la esposa y de los niños fue entrevistado vía telefónica, hasta Monterrey, México, quien hizo ver lo golpeados que todos están por haber conocido, recientemente, de esas infidelidades.

Si hubiese sido un funcionario común y corriente, en nuestras latitudes, no habría pasado nada, pero resulta que Castresana ha sido la voz cantante con el tema de las tachas y la honorabilidad de los candidatos a ocupar importantes puestos dentro de las instituciones que tienen que ver con la justicia en el país, como la Corte Suprema de Justicia y el Fiscal General, a la luz de la nueva Ley de Comisiones de Postulación, aprobada por presión de la sociedad civil a raíz del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg.

Exigir de los demás un pasado relativamente limpio para buscar al candidato más idóneo, que no tenga tachas, ha sido confundido por muchos como una mancha en la honorabilidad, lo cual es distinto, pero le abrió al ahora ex comisionado una amplia gama de enemigos gratuitos.

Su vida privada fue atrapada por la esfera del carácter público de su gestión, y entendemos que ha de haber sido parte importante para tomar la decisión de dimitir el hecho de verse atosigado, de ahora en adelante, por ese tema, de manera que se vería imposibilitado, en el futuro, para exigir algo que él no estaba ya en condiciones de mostrar.

Sin embargo, creemos que un fuerte peso en la balanza, a la hora de tomar la decisión de dejar el cargo, tuvo que haber sido la filtración de personas vinculadas con el crimen organizado en el seno de los equipos de investigación de la misma CICIG, todo a raíz del nombramiento del nuevo Fiscal General, Conrado Reyes, un hombre de la confianza del Presidente de la República, Álvaro Colom, pues hasta hace poco fungía como asesor en el Registro General de la Propiedad, llevado por la administración actual.

Bien dice el dicho que a dos puyas no hay toro valiente. Ver socavada su credibilidad, por un lado, y ver minado el esfuerzo de un par de años por formar equipos limpios de investigadores, más la manipulación de expedientes de alto impacto, ligados a las serias acusaciones en contra de un antiguo Fiscal de Delitos Contra la Vida, Álvaro Matus, o a casos de genocidio, masacres y violaciones de Derechos Humanos, tuvo que ser desconsolador.

En el lejano oriente hemos visto muchas veces la inmolación auto infligida en señal de protesta. Es la manifestación de desacuerdo más seria que pueda haber en el planeta. La renuncia de Castresana, por ese doble cariz que he señalado, no puede considerarse, intrínsecamente, un sacrificio para sellar su desacuerdo, pero sí estamos de acuerdo en que sus últimas declaraciones, denunciado las interferencias del nuevo Fiscal del Ministerio Público, deben tomarse muy en serio.

Las declaraciones de Castresana, en ese sentido, debemos analizarlas en un doble contexto: las que se refieren al pasado del fiscal que ha tildado de corrupto, porque ha estado ligado a bufetes de abogados dedicados a las adopciones ilegales y a defender narcotraficantes, situaciones que debieron ventilarse en la Comisión de Postulación y que, en todo caso, debieron hacerse públicas con anterioridad, y las que se refieren a la actuación del abogado Conrado Reyes en su carácter de Fiscal General, es decir, con posterioridad a la discusión de las posibles tachas e inclusive de su nombramiento.

Es importante hacer esta dicotomía porque unas deben ser consideradas extemporáneas. No podemos permitir que los procedimientos sean revertidos cada vez que a alguien se le antoja agregar un nuevo elemento de juicio. Para eso están las instancias y los plazos legales. Pero, por otro lado, las malas actuaciones de un Fiscal General, así tenga 24 horas de haber sido nombrado, si son comprobables, son cusas justas para removerlo del cargo por el mismo Presidente de la República que recientemente lo nombró.

Es, por eso, importantísimo que pueda investigarse, imparcialmente, hasta la saciedad, todos esos cambios de personal que hizo el nuevo Fiscal General; investigar, a su vez, los vínculos que ese nuevo personal pueda tener con prófugos de la justicia, procesados y mafiosos; resguardar inmediatamente los expedientes a los cuales ha aludido Castresana y, a su vez, hacer una investigación imparcial acerca de lo que, con ellos, ha sucedido en el último mes, paso a paso.

Si de la investigación seria e independiente que se haga todo resulta un mal entendido o una falsedad, habría que darle al hombre de confianza del Presidente Colom el beneficio de la duda y que siga trabajando; pero si empiezan a salir esqueletos del closet, habrá que exigir, con toda la fuerza del caso, su remoción conforme a la ley.

El problema es que uno de los investigados es el mismo Presidente de la República. Habría que vigilar, además de lo señalado por Castresana, qué pasó con el expediente en donde el ciudadano Álvaro Colom sigue ligado a juicio por haberse determinado que 500 mil quetzales provenientes de fondos de la Contraloría General de Cuentas, en la época de Marco Tulio Abadío, fueron a parar a sus bolsillos de candidato a la Presidencia. ¿Qué fiscal tiene a su cargo el seguimiento del caso? ¿Qué se ha hecho del mismo? ¿Por qué no accionó la CICIG si se trata de un caso claro de impunidad en Guatemala?

En fin, es de agradecerle, además, al doctor Castresana, no sólo la entrega y el dinamismo con que se involucró frontalmente en una lucha difícil que ahora no tenemos claro cómo seguirá, aunque confiamos en que ha de seguir igual o mejor, pero el hecho mismo de su renuncia, tan al estilo europeo, demuestra un nivel de sensibilidad que en nuestros países es tan difícil ver.

“Esta mula es mi macho” suele ser la idiosincrasia del funcionario que, por situaciones mucho más cuestionables, se aferran a los puestos como si fueran de ellos. Tal vez por eso en nuestros países se le tiende a decir “hueso” a un puesto en la administración pública porque, como perros, solemos aferrarnos a él, por insignificante que sea.

Que le vaya bien, Castresana. No tuve el gusto de conversar con Ud. pero sí lo escuché en algún evento interesante. Le deseo todo el bien.

Al Fiscal General, por el bien de Guatemala, también le deseo todo el bien. Ojalá las denuncias no tengan fundamento y pueda continuarse trabajando bien.

Al Presidente de la República también le deseo todo el bien, por más que él mismo se empeñe en tomar tan malas decisiones y con su proyecto político esté llevando al país a una crisis, faltando a su juramento cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, cuando no representa ni la unidad de la nación.

A quién tome las riendas de la CICIG también le deseo lo mejor.