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miércoles, 19 de septiembre de 2018

LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN CENTROAMÉRICA Y SU EVOLUCIÓN


Pensábamos estructurar en subcapítulos todo lo que aquí deseamos dejar para su estudio o conocimiento, pero eso nos obligaría a sujetarnos a un orden por país o por época que podría volver su contenido demasiado académico, y nuestro interés no es ése. Preferimos mantener el estilo libre del ensayo, donde prive la libertad del espíritu en la narrativa, privilegiando su amenidad y el aprendizaje entretenido de cosas que otros nos dictaron y que, de una u otra manera, marcaron nuestro rumbo. Dicho lo anterior, comencemos…

Las fronteras imperiales, bien lo dejó establecido Juan Bosch (De Cristóbal Colón a Fidel Castro, 1969), colisionaron durante siglos en el Mar Caribe, donde la hegemonía de uno y otro imperio determinó el destino de poblaciones enteras, forjando las idiosincrasias de las sociedades en las que, hoy, nos desenvolvemos.

En el presente ensayo pretenderemos revisar la injerencia de las potencias extranjeras en Centroamérica durante el último siglo y medio, aproximadamente, y su evolución hacia el multilateralismo, para finalizar esbozando los complejos hilos de poder que se mueven, tras bambalinas, en nuestra pequeña pero, por lo visto, importante región del mundo.

Comencemos por visualizar aquella todavía Centro América (hoy se escribe Centroamérica), luego de la ruptura de la Federación, con pequeñas repúblicas tratando de ser independientes de un todavía, aunque en decadencia, Imperio Español, el cual recibe su estocada en 1898, al perder la Guerra Hispano-Estadounidense, en Cuba (Filipinas, Puerto Rico y Guam), una guerra infame provocada como señal del incipiente nacimiento de una nueva potencia, ahora en América, añejo imperio que termina de dar sus últimos estertores con el advenimiento de la República, a principios de los años 1930.

El vacío que, paulatinamente, fue dejando España en las nuevas repúblicas, no lo ocupó, en principio, Estados Unidos de América, con todo y la admiración que casi la totalidad de nuestros próceres tuvieran por todos los acontecimientos que recién habían dado con el nacimiento de esa nueva república, al grado que, inicialmente, las Provincias Unidas del Centro de América quisieron imitar el modelo federal de las antiguas colonias inglesas del norte, fracasando en el intento.

Para impedir la injerencia de las potencias europeas, especialmente la inglesa, en América (el continente), nació la Doctrina Monroe (1823), América para los americanos, una declaración netamente imperialista mal atribuida al presidente Monroe, cuando su creador fue, en realidad, John Quincy Adams, en una época en que EEUU todavía andaba tras la conquista de gran parte de su territorio actual, en aquellos tiempos todavía en manos de México y de Rusia.

El proceso por el cual las antiguas potencias caen en cuenta que sus fuerzas han mermado o que ya no son, siquiera, equivalentes a las de una potencia emergente, es más lento, a nuestro parecer, que el provocado por el entusiasmo de sentirse fuerte y de verse más poderoso que los antiguos amos del mundo. En todo caso, ese proceso no de da de un momento a otro; toma décadas, pues la lucha por no permitir el deterioro alarga una agonía, mientras que el poder emergente necesita de la construcción de barcos, de ejércitos, de la acumulación de verdaderas montañas de capital, del asentamiento de una fuerte base industrial que nutra las vías comerciales y, en cierto modo, las controle, de la estructuración de una diplomacia profesional. En uno u otro sentido, todo esto es complejo, y toma muchos años determinar el grado de inclinación de una balanza.

El destete centroamericano de España fue acompañado, en realidad, por el también poderoso Imperio Británico, que mientras aquélla ejerció la soberanía en estas tierras no tuvo acceso a nuestra región, como no fuera de manera ilegal, ya sea contrabandeando, ya a través de la piratería (eso sí, bajo patente de corso otorgada por sus soberanos) o simplemente invadiendo y robando los recursos naturales, como sucedió en las costas de Guatemala, o tratando de instalar poblaciones con el objeto de reclamar territorio, como fue el caso de la Mosquitia, en Nicaragua (proceso que finalmente fracasó).

El Imperio Británico, cuya base principal frente a Centroamérica se encontraba en Jamaica, estaba por vivir sus mejores años con la llegada al trono de la reina Victoria, un reinado largo que le dio la estabilidad necesaria para crecer y afianzar sus instituciones, tanto en la metrópoli como en los territorios y países ocupados durante siglos.

Una vez salida España del territorio centroamericano, Inglaterra pudo acercarse nombrando embajadores y, tras ellos, su influencia se dio, mayoritariamente y a través de todo el final del siglo XIX y principios del siglo XX, a través de empréstitos, algunos de los cuales nuestros países tardaron más de cien años en pagar. Era la famosa deuda inglesa.

En esas largas décadas otros imperios, como el belga, el francés, el italiano y el alemán, se disputaban África, el sureste asiático y hasta el medio oriente (¿de dónde creen que vienen los problemas en esa zona?), pero no tuvieron mayor relevancia en nuestras tierras.

Mientras tanto, ese primer intento de marcar territorio, de los Estados Unidos de América, no tuvo mayor impulso en los primeros años del siglo XX. Es más, cuando EEUU se ve forzado a entrar a combatir en la que después se llamó Primera Guerra Mundial (al principio era La Gran Guerra), lo hizo en una posición de franca debilidad. Su ejército, su marina, adolecían de grandes deficiencias, y fue la necesidad de la guerra la que hizo que el país se enfocara en esos temas, de manera que, al terminar la misma, en 1918, la gran nación del norte se había convertido, por su poderío naval y militar, por el impulso que tomó su industria y por la aceptación que comenzó a tener el dólar frente al declive de la libra esterlina para las transacciones internacionales, en la potencia emergente en el mundo.

Mientras la mayoría de los países trataban de recuperarse de los daños ocasionados por la Gran Guerra o, inclusive, luchaban frente a la epidemia de gripe (llamada española) que provocó más muertes que la misma guerra, otros sucesos, del otro lado del mundo, le daban forma al germen de lo que sería otro gran imperio tratando de meterse, de una u otra manera, en Centroamérica.

La caída de los zares de Rusia y el triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917, habrían sido hechos locales y, quizás, intrascendentes para muchos, si no hubiese habido, en 1919, una III Internacional Socialista, es decir, una reunión de todos los líderes europeos de izquierda, la cual, por el giro radical que tomó, es denominada Komintern, por su nombre en alemán: Internacional Comunista. La trascendencia de esta reunión estriba en la decisión, provocada por el reciente triunfo sobre los poderosos zares, de exportar la revolución hacia otros países, idea impulsada originalmente por Lenin –Vladimir Ilich Ulianov--, desarrollada en los años siguientes por un comunista italiano, Antonio Gramsci, implementada por el castrismo-guevarismo desde Cuba y vuelta a pulir y a actualizar, en los últimos tiempos, por el Foro de Sao Paulo.

La exportación del modelo revolucionario no fue en sus primeros tiempos, precisamente, miel sobre hojuelas. El Ejército Rojo, nutrido por centenas de miles de hombres provenientes de los soviets, fue derrotado sangrientamente en su intento por invadir Polonia (que se encontraba en guerra, disputando territorios con Ucrania). En Italia, los intentos soviéticos por tomar los sindicatos y controlarla, también salieron mal; y en Alemania los miembros del partido comunista fueron exterminados o encarcelados (puede revisarse el episodio de la quema –le llaman con el término impersonal de incendio-- del Reichstag, en Berlín, en 1933).

Todos esos eventos generaron una situación convulsa que disparó las alarmas en el resto de países, los nuestros gobernados en esa época por militares electos que cambiaron las constituciones para perpetuarse, constituyéndose en dictadores de pensamientos conservadores (Jorge Ubico Castañeda, en Guatemala; Tiburcio Carías Andino, en Honduras; Maximiliano Hernández Martínez, en El Salvador; y Anastasio Somoza García, en Nicaragua), siendo la excepción Costa Rica.

La crisis en que entró de nuevo el mundo con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial solamente pospuso el avance de la ofensiva comunista soviética en América, en donde ya León Trotsky, en su último exilio iniciado en 1936, se había radicado en México, dándole renovadas energías a la formación de juventudes e intelectuales marxistas en ese enorme país.

El choque de ideas y el respaldo que las potencias de la primera mitad del siglo XX le daban a unas y otras generó lo que dio en llamarse la Guerra Fría, esas hostilidades permanentes, sin declaración formal, que abrieron paso al fortalecimiento del mundo del espionaje, al armamentismo, a la creación de bloques en la recién estrenada Organización de Naciones Unidas, ONU, paradójicamente creada para generar canales de distensión, pero utilizada como campo de batallas de nueva generación, cediendo terreno a las guerras de conquistas territoriales por las nuevas pugnas de carácter ideológico.

El multilateralismo había llegado para quedarse, pero los ideales que lo inspiraron luego de la cruda realidad de la guerra recién terminada, quedaron relegados, para convertirse en un nuevo instrumento para medir fuerzas o, lo que es peor, para imponer agendas a los países soberanos que, de buena fe, la formaron originalmente.

Mientras se formaba este tejido complejo de las relaciones hegemónicas de las nuevas y las declinantes potencias, se da el derrocamiento del gobierno chino de Chiang Kai Shek y el empoderamiento de Mao Zedong, instaurando una nueva dictadura comunista en otro de los países más grandes, y el más poblado de la tierra, con la diferencia que a Mao no le interesa exportar su revolución al resto del mundo y, con el tiempo, solo podemos mencionar el apoyo que le dio a las fuerzas del Frente Nacional de Liberación, de Vietnam, conocidas como Viet Cong, en su lucha, primero, contra Francia (quizás el último estertor del imperialismo francés, que declinó junto con la utilización del francés como medio internacional de comunicación) y, luego, en la derrota de EEUU a principios de los años 1970. China tomaría un camino de décadas para convertirse en la potencia que es hoy, llegando al escenario mundial de la manera que veremos más adelante.

En los países centroamericanos, en la medida que se fue avanzando en el pago de la famosa “Deuda Inglesa” que tenía subyugadas a las pequeñas naciones, declinando en gran medida el poder de una Inglaterra exhausta después de dos guerras mundiales, se fue acrecentando la influencia estadounidense con su música, sus festividades, sus productos, su política no siempre sana y muchas veces cuestionable y, con ella, su dinero, con episodios de su diplomacia actuando, ya pro-consularmente, ya quitando y poniendo gobiernos con el mayor descaro. Nos habíamos convertido en el patio trasero de la nueva potencia global.

Pero volvamos unos años atrás: la carnicería que significó la Primera Guerra Mundial, con sus casi dos decenas de millones de muertos, creó la necesidad de enfrentar el mundo de diferente manera, y en el Tratado de Versailles que dio fin a dicha conflagración, firmado en 1919, se establece la creación de la Sociedad de las Naciones que, aunque es obvio que no dio los resultados esperados porque en el tratado mismo venía el germen de la siguiente guerra mundial, tratando a la vencida Alemania de una manera humillante por las décadas por venir, lo relevante es la importancia que todas las potencias mundiales le dan a una nueva manera de ver y de actuar en el mundo: el multilateralismo; aquel que se dio en 1890 con la Primera Conferencia Internacional Panamericana (que sería el germen de la Organización de Estados Americanos, OEA, creada en 1948), y que daría paso para crear, en 1945, apenas finalizada la guerra, la Organización de Naciones Unidas, ONU, de la cual ya algo adelantamos.

Mientras tanto, sucesos de otra naturaleza iban a escocer la dinámica de las relaciones de poder entre EEUU y América Latina. La Revolución Mexicana que había iniciado en 1911 dio paso a la Constitución de 1917 en la que se acababa con privilegios que algunas compañías extranjeras tenían en México, incluyendo algunas estadounidenses, lo que dio lugar a que EEUU, la potencia emergente y vecina, no reconociera al gobierno de Venustiano Carranza, a menos de que se derogasen los artículos que afectaban a dichas empresas.

Como es ley de vida que toda acción produce una reacción, algunos años después, a principios de los años 1930, luego de casi 15 años de estiras y aflojas entre estos dos grandes vecinos, México le dio un gran aporte a las relaciones de Derecho Internacional al promulgar la Doctrina Estrada, la cual sería el pilar angular de sus relaciones internacionales durante décadas, que se inclina por la no intervención de un Estado en los asuntos internos de otros Estados, doctrina que vino acompañada por la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos.

Es decir, la dinámica mundial no trataba solamente de actores sino de posiciones, especialmente de actores menos poderosos que, escudados en un incipiente multilateralismo, se apoyaban en los votos de las mayorías conforme reglas de un nuevo juego de relaciones, para vencer la otrora voluntad de alguno de los poderosos imperios. En ese orden de ideas surge en la ONU el Grupo de los 77 (que ahora agrupa a unos 134 países), que presidieron: Guatemala en 1987 y Costa Rica en 1996.

Conformada ya, la ONU, e iniciado el largo juego del gato y el ratón de la Guerra Fría, esa que vio nuestros países como un tablero de ajedrez y a nuestros gobiernos, instituciones y población como piezas estratégicas y hasta sacrificables, haciendo de la misma, en nuestras latitudes, algo menos frío y más caliente, se da el triunfo de otra revolución, ahora en el Caribe. Fidel Castro había logrado botar al gobierno de Fulgencio Batista y, con un discurso inicialmente democrático, fue poco a poco consolidando una dictadura de régimen comunista que, 60 años después, prevalece en la isla.

El cambio de un gobierno por otro en una isla pudo haber sido un suceso histórico aislado e insignificante, como ha habido muchos, pero lo que fue distinto es que esa isla, ahora al mando de marxistas disfrazados de demócratas que luchaban por la libertad, le abrían las puertas del hemisferio a otra potencia, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, la misma que durante décadas había tratado de exportar su propia revolución y era uno de esos polos opuestos de esa guerra no declarada.

No es el propósito de este ensayo revisar el incidente de los misiles soviéticos en Cuba y del origen del bloqueo estadounidense a la isla. Baste decir, para nuestros efectos, que aquella confrontación Este-Oeste, ideológica a morir, por razones poco estudiadas hasta ahora involucró a Centroamérica, al prestarse territorio guatemalteco para entrenar cubanos ya exiliados en el estado de la Florida, que pretendían recuperar su país, y territorio nicaragüense para, de ahí, partir la expedición que pretendía instaurar una cabeza de playa en territorio cubano, con el apoyo estadounidense que, finalmente, y debido, quizás, al cambio de gobierno de Eisenhower (en el que se planificó y montó la operación) al de Kennedy (en que se inicia la ejecución), fracasó, episodio conocido como la Invasión de la Bahía de Cochinos.

Castro, triunfante, apoyado por una de las grandes potencias militares de la época, nunca habría de olvidar el papel de Guatemala y de Nicaragua en este suceso, de modo que se constituyó, aunque es difícil documentar hechos que se dieron en la clandestinidad, en un canal de apoyo del bloque comunista (URSS y los países detrás de la “Cortina de Hierro”) en favor de los movimientos insurgentes en estos países y, casi de colada, en El Salvador, que se sumó a la insurrección, provocando un conflicto armado de 36 años en Guatemala, otra cruenta guerra civil en El Salvador y el derrocamiento del gobierno de Nicaragua, en julio de 1979, por las guerrillas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

Muchos de los combatientes de esa época estudiaron, becados, en Universidades de los países comunistas a donde los ciudadanos normales no teníamos acceso, pues nuestros pasaportes traían una leyenda que así lo prohibía expresamente, y otros tantos recibieron entrenamientos militares especializados en esos países, para luego regresar a enganchar más gente y a comandar los grupos fuera de la ley para subvertir el orden y tomar el poder por la fuerza, envolviendo el campo y los centros universitarios, especialmente, en esa vorágine de ideología radical y de violencia.

Ya en años anteriores, en Guatemala, cuando partió al exilio el ex-presidente Jorge Ubico, sus últimas palabras antes de abordar el avión fueron que nos cuidásemos de los “cachurecos” (los recalcitrantes de la iglesia católica) y de los comunistas. Después de 14 años de gobernar con mano de hierro, ¿qué sabría?

Poco tiempo después era electo presidente Juan José Arévalo, de quien parece existir una carta dirigida a Basili Pyakubovsky, Encargado de Negocios de la URSS en México, agradeciéndole “vuestra ayuda espiritual y económica”, tan solo tres días después de asumir el cargo (fechada el 18 de marzo de 1945), misiva que también menciona “el atinado consejo de vuestros enviados”, cuyo original no hemos visto pero cuya información no debemos descartar (Guatemala Bajo Asedio. Avemilgua, septiembre 2012).

El sucesor de Arévalo iba a ser el coronel Francisco Javier Arana, pero al ser asesinado en el puente La Gloria (18 de julio de 1949), quien llegó a la presidencia fue Jacobo Árbenz Guzmán, en las elecciones de 1950, asumiendo en 1951 y derrocado el 27 de junio de 1954. Estos sucesos vienen al caso porque se dan en la cúspide de injerencia abierta de EEUU, a través de la United Fruit Company, del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia, e injerencia a sotto voce de las ideas socialistas y comunistas provenientes de ultra mar. Nosotros estimamos que Árbenz quiso hacer un gobierno nacionalista y, entre otras cosas, impulsó una reforma agraria que, si hubiese sido bien llevada, habría sido de enorme beneficio para el país, pero desafortunadamente las cosas se salieron de cauce, hubo arbitrariedades, ilegalidades, persecuciones y asesinatos innecesarios, y la cuerda se reventó, constituyendo esta década, desde el principio (con el candidato de las mayorías asesinado frente a los ojos de quien fue su sucesor), hasta el asesinato de quien derrocó a Árbenz y ocupó su lugar, Carlos Castillo Armas, uno de los períodos más negros de nuestra historia.

Mientras el comunismo avanzaba en el mundo y era evidente ante los ojos de todos con lo que sucedía en Cuba, el gobierno de Kennedy, en EEUU, instauró en 1961 el programa de cooperación denominado Alianza para el Progreso, el cual buscaba, con un apoyo de 20,000 millones de dólares de esa época, apoyar el desarrollo, restarle adeptos a los movimientos revolucionarios e impulsar políticas en el sentido que a EEUU le convenía o parecía en ese mundo todavía bipolar en donde el adversario jugaba, por primera vez, en la vecindad. ¡Su vecindad! ¿Se colocaron todos esos miles de millones? Lo dudamos, especialmente porque dicho programa finalizó en 1970. Mucho de esa cifra se otorgó en empréstitos multilaterales y constituye el inicio de otro de los grandes problemas de América Latina: el peso de la deuda externa sobre nuestras economías y la esclavitud que eso representa para nuestra soberanía e independencia de criterios.

Aprovechemos que estamos ubicados en los años 1960/1970 para hablar de otros actores poco conocidos, pero causantes de gran parte de nuestros males actuales.

Es la etapa en la que algunos partidos políticos y sindicatos europeos, especialmente de Alemania, a través de sus fundaciones, verdaderos brazos políticos para influenciar donde les conviene sin desgastar al partido o al sindicato, son inyectadas con el suficiente dinero como para venir a América Latina a abrir brecha, en donde fueron bien recibidas por políticos y partidos políticos carentes de fondos, quienes vieron en ellos, más que una inspiración a sus ideas, una fuente de financiamiento para sus campañas.

Pero no solamente Alemania estuvo presente, especialmente por el liderazgo de Willy Brandt; también España, de la mano de Felipe González. El primero con el pretexto del estrechamiento de la brecha entre los países ricos y los países pobres, la que él denominaba “la cuestión social del siglo XX”, dado que EEUU no entendía lo que estaba pasando en el denominado Tercer Mundo, donde muchos de los conflictos eran simplemente locales, resultado de la indigencia social y económica y, además, preocupado por el giro de la articulación del conflicto Este-Oeste hacia una dinámica Norte-Sur que, con el liderazgo vacilante y la dudosa hegemonía de EEUU, podía hacer fracasar las importantes negociaciones de desarme y control de armamento que, en ese entonces, eran parte de la importante agenda de distensión.

El segundo, Felipe González, con su experiencia durante el franquismo y la transición española, se sentía con la altura moral suficiente como para venir, de alguna manera, a darnos cátedra frente al desastre de países centroamericanos que se mostraban al mundo, pues de lo que se trataba era de encausar a pueblos y gobiernos por la senda democrática en lugar de los regímenes autoritarios que, desde Europa, veían en todos nuestros países. Una especie de neocolonialismo nostálgico político-cultural, o algo así. Era, quizás, una reacción al aislacionismo de 40 años que, de manera natural, se volteaba hacia Hispanoamérica, pero sin perder el paternalismo tan castizo.

Entre las fundaciones alemanas más conocidas que vinieron a Centroamérica están la Ebert Stiftung (del Partido Social Demócrata, miembro de la Internacional Socialista); la Konrad Adenauer (del Partido Demócrata Cristiano); la Hanns Seidel (de la Unión Social Cristiana de Baviera); la Friedrich Naumann (Partido Democrático Libre). Su llegada a la región se da en momentos en que la Alianza para el Progreso, de los EEUU, parecía haber declinado hasta su desaparición, y lo único extranjero que convivía en nuestras sociedades eran las instituciones culturales, tipo Instituto Dante Alighieri o la Alianza Francesa.

Fueron un par de décadas complicadas para Centroamérica, en donde los movimientos guerrilleros, impulsados desde afuera, encontraron el caldo de cultivo para comenzar su guerra de guerrillas, primordialmente en Guatemala y El Salvador, donde no pudieron triunfar, y en Nicaragua, donde en julio de 1979 derrocaron al gobierno de Anastasio Somoza Debayle.

Los conflictos internos de cada uno de estos países hacían que las relaciones entre todos los países de Centroamérica fuesen casi imposibles. Honduras prestó su territorio para que EEUU montase una base militar desde donde se organizaban operaciones en Nicaragua, y esta, a su vez, servía de base naval y aérea para recibir armamento y pertrechos de Rusia y de Cuba que, luego, eran enviados a El Salvador y Guatemala para abastecer y armar los movimientos insurgentes. Costa Rica se había convertido en un enorme campo de refugiados, especialmente nicaragüenses, que constituían una pesada carga para un país pobre. Algunos de los presidentes no se hablaban entre sí. De ahí, la dinámica de las relaciones internacionales intracentroamericanas toma un nuevo giro con la Primera Reunión de Presidentes de Centroamérica, donde nace la Agenda de Esquipulas, la que, a su vez, es la cimiente para la creación, unos años después, del Parlamento Centroamericano, el cual no solo revitaliza los vasos comunicantes en nuestra subregión, anteriormente rotos, sino se constituye en un interlocutor válido de un aliado poderoso: El Parlamento Europeo.

La declinación de la presencia estadounidense de esas dos décadas también se vio influenciada por el protagonismo que tomó el multilateralismo, pues muchos de los recursos de EEUU eran el músculo, precisamente, de las no tan nuevas instituciones pero sí nuevos actores en la región, el Banco Mundial, BM, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y especialmente, el más intrusivo Fondo Monetario Internacional, FMI. Nuestras democracias comenzaban a ser dirigidas desde Washington después de dos o tres décadas de haber picado el anzuelo del endeudamiento externo. Ser acreedor, ahora, les daba el derecho de dictarnos muchas maneras de ver las cosas, por lo cual se puede decir que el multilateralismo se convirtió en el brazo neoimperialista de quien ponía suficiente capital como para controlar la dirección de la Institución.

Una muestra del sentimiento centroamericano, de esa época, es el discurso del presidente Rodrigo Carazo, en 1982, en el cual se lamenta de lo barato que nos compran y de lo caro que nos cobran, entre intereses y exigencias de qué hacer y qué no hacer, entre otras cosas. Este es el mismo presidente que promovió la fundación de la Universidad de la Paz, de la ONU, financiada con capital semilla mexicano, sudcoreano y chino. Otra institución que, de fuera de la región, venía a poner su grano de arena cuando más paz se clamaba en Centroamérica.

Fue, debemos comprenderlo, una etapa de transición de EEUU que, desgastado de servir de policía del mundo y de fuerza de contención primordial frente al comunismo, prefirió jugar sus cartas desde otras posiciones menos desgastantes. Hubo una variación, también, en su manera de actuar localmente, y comenzó a dejar de visualizar países para trabajar con regiones, involucrando a América Latina (Centroamérica es muy pequeña para esa visión y no le pusieron el ojo sino hasta que les mandó decenas de miles de inmigrantes ilegales) en iniciativas de alcance global, como el GATT (que con el tiempo se convirtió en la Organización Mundial de Comercio, OMC) y el mismo FMI, observándose una declinación de los programas bilaterales de asistencia, incluyendo la militar, variando, a su vez, la acostumbrada dependencia de ayuda de muchos de nuestros países, que de pronto voltearon a ver hacia otras fuentes.

La excepción, quizás por el fuerte conflicto bélico que vivía Centroamérica en esos años, lo constituye la Iniciativa de la Cuenca del Caribe del presidente Ronald Reagan, lanzada en su discurso del 24 de febrero de 1982, quien, por primera vez, pone el poder político como facilitador del poder económico para que se facilite el desarrollo de los países del Caribe y de Centroamérica. La buena voluntad y la comprensión, de parte de EEUU, de nuestros más ingentes problemas, tampoco pudo aprovecharse. Los incentivos de reducción de impuestos para que el gran capital se movilizase a nuestros países no tuvo mucho eco, debido a que los conflictos armados persistían, y luego, con una nueva crisis económica global y los intereses por la nubes, las inversiones nunca llegaron: estábamos en lo que todavía se llama “la década perdida” de los años 1980.

Vayamos, ubicados dentro del mismo período, a otros escenarios que se daban, preparando el camino de otro formidable peso pesado de las relaciones internacionales: Europa, que en esos años no era la figura política que representa esa unión que hoy tienen, sino un grupo de países que volvían a salir de otra terrible y devastadora guerra, que estaban enfocados en su reconstrucción pero tenían conciencia que muchos de los problemas del pasado derivaban de los afanes por controlar la producción de carbón y de acero, sin los cuales no hay industria y, sobre todo, artillería, fundamental para hacer la guerra.

Francia y Alemania, los eternos rivales, logran superar sus diferencias y sientan las bases de lo que será, en primera instancia, la Comunidad Económica Europea, CEE, y que, algún tiempo después, luego de dejar atrás los acuerdos económicos y acordar los políticos, nace la Unión Europea, UE, a la que sus doce miembros originales se le van sumando países, agrandándola y fortaleciéndola hasta lo que hoy conocemos como uno de los mercados más grandes del mundo con cierto grado, avanzado, diríamos, de unidad política, muy complicada, que podría ser precisamente el germen de su autodestrucción en un futuro, como efectivamente algunos analistas empezamos a señalar.

El estilo de influir de la UE y de muchos de sus países miembros, en lo individual, se distingue de la influencia que puedan hacer las demás potencias por el grado de condicionamiento que apareja, a tal grado de querer convertir nuestros países en réplicas de lo que muchos funcionarios europeos desearían para nosotros.
Mientras se daba el proceso de formación de esta figura política europea, Japón, otra de las grandes potencias económicas que había hecho su propio esfuerzo por reconstruir su economía y su infraestructura después de haber perdido la guerra, se constituye en un gigante industrializado que, sin recursos naturales, es capaz de fabricar de todo y, además, con una calidad envidiable. Poco a poco Japón logra estar en el sitio más alto de las naciones respetables del planeta, pero con una política exterior de buen vecino. Monta su agencia de cooperación y apoya a nuestros países pero sin condición política o ideológica alguna.

Paralelamente, el gigante asiático más poblado de la Tierra había pasado, en los años 1970, una costosa Revolución Cultural, pero a mediados de los años 1980 cambian sus autoridades y, con el mismo sistema unipartidario pero con otra visión, comienza a efectuar cambios profundos en sus matrices educativas y productivas, generando por muchos años crecimientos de dos dígitos porcentuales en su economía, lo que poco a poco van moldeando la entrada de China al siglo XXI bajo unos paradigmas renovados que la tienen en la senda de convertirse, con el paso del tiempo, en la mayor economía del mundo.

Como es obvio en todas las épocas y todas las regiones del mundo, en la medida que un Estado se hace rico y poderoso, su voz se escucha en más rincones y con mayor atención, lo que no ha sido la excepción en este caso.

De una China que podía pasar inadvertida al mundo occidental, con noticias suficientes para llenar sus páginas con sus propios problemas, la que hoy conocemos es una que está en las noticias todos los días, admirándonos cada vez más con sus nuevas ciudades, sus aeropuertos, sus trenes fabulosos, su capacidad industrial y los niveles a que ha elevado su comercio con otras naciones. Su moneda comienza a despuntar en los mercados internacionales, sabemos de su programa espacial con todo y sus actuales fracasos y, por mucho que la prensa presente sus números de crecimiento económico como decrecientes, todavía mantiene una dinámica tan alta que admira a quienes sabemos leer lo que la prensa tradicional nos trata de vender.

Como actor internacional, China ha irrumpido en América Latina de una manera diferente a las demás potencias, cooperando verdaderamente en proyectos de desarrollo, sin mayores condiciones, sirviendo de punto de referencia para evaluar la manera como los demás países o potencias nos tratan.

Como parte activa de los Grupos Consultivos de Guatemala tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1996, hemos visto cómo los países “cooperantes” presentan los programas en los que han contribuido, y algunas veces la mayoría de los gastos de dichos programas están en renglones de sueldos de personal de ese mismo país, de pasajes aéreos y viáticos, pero la cooperación verdadera, la que llega al pobre ciudadano, es raquítica, mientras que la presencia de China como recién llegado a la región los pone en evidencia, al tomar por su cuenta proyectos completos de infraestructura, por decir algún ejemplo, y ejecutarlos sin mayores condiciones.

La variopinta oferta de países, unos más poderosos que otros, y de organismos internacionales con agendas que muchas veces no nos son gratas, es ahora hasta confusa.

El quererle dictar a los países de Centroamérica la senda de su futuro, ha sido abarcada, fuertemente, también, por personas particulares. No es casualidad que el infame George Soros haya trasladado US$.18 millardos de su cuenta personal a su fundación, la Open Society Foundation, para seguir interfiriendo con la tranquilidad de muchos países y de grandes instituciones, como el mismísimo Parlamento Europeo.

Para países pequeños como los nuestros y, además, sumidos en la pobreza, pequeñas cantidades de dinero en moneda dura se vuelven gran músculo para soliviantar los ánimos en las manos equivocadas. ¡Y eso es parte de lo que viene sucediendo de un tiempo a acá! Ya no son suficientes las injerencias en nuestros países de las grandes potencias, como antes. De un tiempo, a acá, la ideologización y la compra de voluntades han ido de la mano de transferencias de dinero para generar conflicto en situaciones que son difíciles de detectar y de entender.

Países mineros y petroleros, pero millonarios, financiando Organizaciones No Gubernamentales, ONG’s, para frenar la minería, para lastrar la exploración y explotación de petróleo en nuestros pequeños países.

Unos aportan el dinero, otras entidades, como el Foro de Sao Paulo, aportan elementos como la utilización de los Derechos Humanos o los tribunales para fines de agenda política o de objetivo de la toma del poder; y mientras haya dinero corriendo de por medio, siempre habrá ciudadanos dispuestos a venderse por unas monedas, y el pandemónium parece no tener fin.

De la hipoteca de nuestros países con Inglaterra o de tener que soportar embajadores pro-consulares de diferentes potencias hemos pasado al caos; como si no fuera suficiente servir de corredor de paso de los países mayores productores de droga hacia el mercado más grande de consumidores, donde nunca vemos que caiga un solo “capo” del narcotráfico o banquero asociado al crimen, pero nosotros ponemos los corredores de sangre, de sometimiento a los carteles de turno y de drogadicción, sin tomar en cuenta el daño que se le hace a la gente normal el enorme negocio de lavado de dinero que todo lo encarece para quien no está metido, que somos las grandes mayorías.

Es difícil pensar que este sea el ambiente propicio, para nuestros países, para establecer las bases de un desarrollo en nuestros niveles medibles en que vivimos como sociedad. Los grandes actores siguen su rol en este “desorden estructurado” ; los del norte elevan de vez en cuando su voz cuando la migración hacia el norte de niños y jóvenes es alarmante, para luego continuar con la misma dinámica en la que nunca podremos salir del status quo: regaños, amenazas de algún Comité del Congreso o del Senado, cancelación de visas, condicionamientos por niveles de captura de drogas para algún programa con nombre rimbombante y poca plata comprometida, algún letargo en el camino para luego comenzar con todo esto de nueva vez. Las últimas modas son la Ley Magnitsky, inicialmente aprobada para combatir “el vandalismo” ruso y que ahora se ha ampliado a otros países, y la Ley de Autorización de Defensa Nacional, que busca exponer, en un listado, a funcionarios corruptos, especialmente financiados por dinero del narcotráfico, en los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras).

La Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés), es una ley que, desde principios de la década de 1960, viene aprobando, año con año, el presupuesto militar de los EEUU. Como es una ley que debe ser aprobada cada año, y nunca ha dejado de aprobarse, durante décadas ha sido utilizada por congresistas y senadores, de los dos partidos principales, para introducir temas que poco o nada tienen que ver con el presupuesto o la seguridad de EEUU, como en la última que se aprobara el 13 de agosto de 2018 y que valida el presupuesto militar de 2019, con corruptos de Centroamérica incluidos.

Nos puede gustar, o no, los procedimientos estadounidenses, especialmente en estos tiempos en que casi toda la población clama por ponerle un alto a la corrupción, pero de que es un acto imperialista e injerencista, lo es, especialmente tomando en cuenta que el argumento es el dinero del narcotráfico, pero en su territorio no pasan de agarrar al distribuidor del barrio o al vendedor de la esquina, sin que caigan las verdaderas estructuras, tanto de traficantes de droga como de lavadores de dinero. Quizás estamos hablando del colapso del sistema financiero, pero eso no quita que se les pueda señalar, por esas razones, además de lo dicho, de doble moral, pues estamos seguros que el día que, verdaderamente, caigan las grandes estructuras del crimen alrededor de la droga, en EEUU, veremos muchos de estos flamantes políticos envueltos en la vorágine de un tema que, hoy, desean que la prensa y la opinión pública enfoque solamente en nuestros países.

Por otro lado, los europeos gustan de darnos lecciones de lo que debiera ser la democracia, impulsando agendas que creen políticamente correctas y de acuerdo con los tiempos, pero que atentan en contra de la familia, en contra de nuestras Constituciones que protegen la vida y a la persona desde el momento de la concepción; que todo lo ven desde la perspectiva de los derechos, sean de los niños, de la mujer, los derechos humanos, pero el ciudadano de a pie no sobrevive ni mejorará su calidad de vida sin proyectos concretos, sin la apertura de mercados que alguna vez, en otra variedad de injerencia negativa, nos restringieron (nos referimos a la Convención de Lomé, que beneficiaba primordialmente a las antigua colonias europeas del Caribe –países Asia, Caribe, Pacífico, ACP--, en detrimento del resto de países que ya competíamos en un ámbito de libertad a través de la calidad y precio de nuestros productos).

Luego, como países pequeños sin inversiones, sin tecnología, ¿qué nos queda? Por lo menos debiéramos estar en condiciones de que nuestro sistema político partidario produjera candidatos a ocupar los puestos importantes de dirección con el conocimiento de esta compleja historia y más compleja dinámica, pues otro de los graves problemas que tenemos, como países pequeños y dependientes de tantas cosas, es la ignorancia de nuestras más altas autoridades. Tenemos líderes que no entienden nada o que entienden poco.

Sirva este pequeño esfuerzo para que los funcionarios encargados de las relaciones internacionales de nuestros países y de las grandes potencias se tomen un respiro para tratar de figurarse en la posición del otro; para comprender mejor que las nuevas relaciones internacionales entre las naciones ya no deben depender del poderío militar, del peso del dinero o de una supuesta o inexistente superioridad moral, sino de las relaciones fraternas y de amistad, algo que sucede de manera natural, por ejemplo, entre los estados de Guatemala e Israel, por el pasado de ambos, y que es tan criticada por personas que no saben, que no se preocupan por enterarse o que tienen mala fe.

La evolución del mundo ha llevado a que nuestros líderes tiendan a ser más empáticos, sin perder de vista, los más poderosos sobre todo, acerca de los grandes intereses que representan, pues pueden perfectamente seguir siendo fieles a su mandato sin la necesidad de pasarle encima al otro, especialmente si se toma en cuenta que, así sea el país más pequeño del mundo, todos tenemos nuestra dignidad y nuestra propia manera de ver las cosas ejerciendo lo que bien, o mal, entendemos por soberanía.

La potencia que mejor ha comprendido esto es China, pues su acercamiento a países tan pequeños ha sido respetuoso y cortés, algo que las potencias tradicionales optan por ver atónitos, la mayoría, sin pronunciarse, y EEUU, con su doble discurso, cuestionando las relaciones de terceros países con quien ellos mismos mantienen una relación completa e importante, y hasta amenazando a la parte más débil. ¿No sería más elegante quedarse callados ante situaciones que no pueden cambiar?

Si las relaciones de las naciones, a través de los mandatarios de cada época, han cambiado con el tiempo, por su peso cae que esas relaciones se mantienen en constante evolución y seguirán transformándose, y lo único que hacemos en este día es señalar el camino que deseamos que tomen, para beneficio de esta esfera azul que habitamos todos.

Como vemos, las Relaciones Internacionales de Centroamérica han evolucionado de muchas maneras: desde sus contrapartes, primeramente imperios, luego repúblicas, algunas comportándose todavía como imperios; desde nuestra propia perspectiva, pues los países centroamericanos, como parte activa de esas relaciones, tampoco han sido estáticos, y la dinámica interna de nuestros propios problemas también ha influido en algunos cambios en esas relaciones; el surgimiento del multilateralismo, los mecanismos de incentivo económico hacia el capital, la mala fe introduciendo armamento indebidamente… Aquí ha habido de todo y ha habido hasta lo que no ha existido en otros países.

Es cierto, el experimento de la instauración de una Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, Cicig, a petición del gobierno de Guatemala a la ONU, con el apoyo financiero de algunos países amigos, no existe en ningún otro país del mundo.
El trabajo de la Cicig, originalmente instaurada para venir, desde afuera, a desarticular al crimen organizado, comenzó con el apoyo de pocas personas, el rechazo de pocas personas y el escepticismo de las mayorías.

Con diez años de trabajo, la desarticulación de algunas bandas ligadas a la corrupción y al desfalco de las arcas públicas, y sin condenas, contando con una gran popularidad y el apoyo de las mayorías, toma la bandera de cambiar la Constitución Política, tratando de instaurar lo que dio en denominarse una “dictadura judicial”, y comienza a alzarse las voces en su contra. Otras tantas voces de este país conservador se sumaron cuando, fuera del marco del Convenio con el Estado de Guatemala, publicita que va a impulsar sus temas desde una "perspectiva de género"; y el último "error táctico" que cometieron fue suscribir un acuerdo con el Tribunal Supremo Electoral, TSE, que, con los antecedentes de sesgo en el manejo de la justicia que se ha venido alegando, fue el acto que terminó de abrirle los ojos a gran sector de la población que, no estando conformes con que elementos extranjeros se metan a manipular nuestras elecciones, se han sumado al rechazo.

Sobre el caso ha corrido mucha tinta a favor y en contra, pero para los efectos de este ensayo baste decir que, aunque muchos le vean que trajo algún beneficio, es un elemento que ha venido a distorsionar grandemente, no solo las relaciones internacionales de Guatemala, sino a la sociedad completa, a la cual ha venido a disociar y dividir.

Un buen transcurrido tiempo después de que el mismo finalice, y se enfríen las cosas, será el mejor juez para dictaminar si el mismo valió, o no, la pena. Podemos asegurar, eso sí, que la testarudez de algunos funcionarios internacionales fue tal, que difícilmente habrá país alguno que acepte replicar el modelo en su territorio.

Las relaciones internacionales son complejas, interesantes y necesarias. Las mejores que podemos vislumbrar son las del comercio, esas que, a través de los siglos, han creado vasos comunicantes entre los pueblos más lejanos, han transportado la cultura, los inventos, las buenas prácticas y elevado el progreso, por imitación, de las personas.
Finalizamos haciendo una invitación para que este ensayo pueda ser enriquecido. No pretendemos, con las limitaciones de nuestra capacidad y del tiempo y formato empleados, haber sido exhaustivos o exactos en los hechos que narramos y sobre los juicios de opinión vertidos.

Que nos sirva a todos los interesados para profundizar en su estudio.

martes, 4 de agosto de 2015

UN POLÍTICO EN LA ENCRUCIJADA COMO VOTANTE

¿Cómo hacemos los abogados que defendemos la Constitución ante la necesidad sentida de que no haya elecciones bajo las actuales circunstancias? Jamás podríamos empujars las cosas del lado obscuro del cumplimiento del Estado de Derecho, pero, ¿no han sido la mayoría de políticos en contienda los que lo han roto, invitando a las mafias y al narcotráfico a financiar sus proyectos?

Los hombres y mujeres de Derecho nos encontramos en la encrucijada, pues ir a votar es, por un lado, una obligación cívica, pero no hay un proyecto sano (aunque haya un par de candidatos que se salvan) por el cual hacerlo en esta contienda, y apenas queda alrededor de un mes para cumplir esa obligación.

La salida legal y política habría sido que se reformase la Ley Electoral y de Partidos Políticos para darle validez, desde ya, al voto nulo; pero eso, por un lado, siempre dijimos que era una cortina de humo que nos tendieron para que no se hablase más y, por el otro, es una utopía pensar que esta legislatura, formada en su inmensa mayoría por diputados trinqueteros, iba a darle vida a la herramienta con la que les podríamos haber echado a perder sus proyectos.

Dinero sano estamos seguros que lo hay en la presente campaña electoral, pero es ínfimo.  La inmensa mayoría de recursos involucrados son sucios, tienen un remitente que vendrá a exigir sus réditos y nosotros, entendiendo lo que pasa, nos sentimos como ovejas que solamente marchan en fila al matadero, y no es así como los legisladores constitucionales concibieron el proceso para toda la ciudadanía. 

Con lo poco que ha salido a luz de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, que intuimos es solamente el principio, vemos cómo nuestros gobernantes se han ido convirtiendo de roba lápices en ladrones, de ladrones en grandes corruptos y, ahora, en corporaciones mafiosas que no llegan a un puesto público más que a saquear nuestros recursos.

Ir a votar, así, es convalidar este sistema.  La mayoría de contendientes a la Presidencia de la República que tienen posibilidad de llegar, son o están rodeados de personas que vibran por las ansias de llegar a tomar control de las chequeras del gobierno, de las decisiones de los proyectos y del Presupuesto General de la Nación en el Congreso, así como de los proyectos comunitarios en las alcaldías.

Guatemala está enferma y antes de poner un energúmeno más de los que vemos en contienda, a gobernarla, debiéramos tener la posibilidad de sanarla.

Conversaciones en la calle evocan los Golpes de Estado del pasado, y nosotros no podemos estar de acuerdo pero entendemos esa desesperación porque la estamos sufriendo en carne viva.

Este es un proceso político sui géneris, pues no hay propuestas, no hay ideas, no hay debates, y toda apuesta va hacia la ignorancia de los electores, a las gigantografías, a la saturación de mensajes grabados para la radio y la televisión.  Seguro le apuestan grande al acarreo masivo de votantes.

¡Guatemala merece algo mucho mejor! Si hace décadas se decía de la ultraderecha que no les interesaba alfabetizar a la gente, hoy, el interés por mantener al votante en la ignorancia, está desideologizado. ¡Es general!

El deterioro ha sido franco, con ex-gobernantes confesos, como Alfonso Portillo, o gobernantes como Álvaro Colom que, vergonzosamente ejercieron su mandato permaneciendo bajo fianza (sí, por la sustracción de fondos de la Contraloría General de Cuentas de la Nación), haasta el presente gobernante que, si tuviera algo de vergüenza como militar pundonoroso, que no lo es, hace tiempo se habría hecho a un lado en lugar de de, desde los medios y las redes sociales (donde ya sumamos unos 3.7 millones de usuarios), le sigamos recordando que es un corrupto y que debe renunciar.

Gobernantes vergonzosos y candidatos ansiosos y en fila para seguir el despilfarro y el robo descarado.

¡Habemos muchos que queremos votar pero no vemos opciones viables! El pulso del dinero inacabable del narcotráfico mexicano y local no hace viables a las opciones respetuosas de la convocatoria, de la ley, y escrupulosas del origen de los fondos de campaña. Los candidatos corruptos tienen tres años de ventaja sobre los otros, en todo sentido.

Para quienes hemos recorrido las montañas del país haciendo varias campañas, sabemos lo que significa ver toda una flotilla de vehículos nuevos promocionando al candidato que se cree ganador. ¿Tan estúpidos nos cree que no sepamos deducir de dónde sale tanto dinero?  Anteriormente teníamos que fajarnos en contra de las flotillas de pick ups nuevos del partido de gobierno, pero, ¿de un partido que se dice de oposición?

Las señales son demasiado claras como para perderse.  Si el actual gobernante dio señales de ser un pícaro al resultar involucrado en el reparto de los fondos que le robaron al Congreso de la República, que fueron poco más de Q.82 millones, ¿quién se pierde con la mayoría de los actuales candidatos?

Mientras no ocurra un milagro, no vemos salida y continuaremos tratando de dilucidar por quién votar en una contienda que ya nos tiene asqueados a casi todos.




lunes, 5 de julio de 2010

ANTES DE QUE PARTA CASTRESANA

¿No sería bueno que el doctor Carlos Castresana, antes de irse de Guatemala, montara una conferencia de prensa y nos dejara aclarados los pormenores de la investigación de los asesinatos de don Khalil Mussa y de su hija Marjorie?

Sólo pregunto.

miércoles, 9 de junio de 2010

CICIG. LA RENUNCIA DEL COMISIONADO DE LA ONU

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, comenzó operaciones en el país, con la opinión en contra de la mayoría de guatemaltecos, por visualizarla como otro proyecto de injerencia de la mal llamada Comunidad Internacional en los asuntos internos.

Mi escepticismo lo he manifestado a través de este medio, más que todo porque la anterior misión de la Organización de Naciones Unidas, ONU, en Guatemala, los últimos años del conflicto armado interno, la MIUGUA, dejó un pésimo sabor de boca, con funcionarios que gustaban de lucir sus trajes de galas y medallas en reuniones de salón, y visitar nuestras bellezas naturales, pues se les veía muchísimo por Panajachel, pero no se miraba realmente qué le estaban aportando al país. Algo así como lo que también puede observar en El Salvador con la ONUSAL, cuyos funcionarios eran felices, porque los vi muchas veces, comiendo mariscos en La Libertad.

Sin embargo, he reconocido que el estilo personal del doctor Carlos Castresana, cuya experiencia al frente de la misión fue vital, fue haciendo que la CICIG, aunque permaneciera siendo el blanco de muchos que todavía la adversan, y no necesariamente miembros de la delincuencia organizada sino respetables ciudadanos, también es cierto que fue ganando terreno y haciéndose reconocer como una entidad que estaba (o está, quisiera pensar) por encima de las bandas delincuenciales o los grupos de poder que, cual zapadores, durante décadas han ido avanzando, paso a paso, en la tarea de copar las instituciones del Estado.
Será tema aparte, porque aquí no corresponde, la politización que se ha hecho de la Academia y de los Colegios Profesionales en ese intento por impedir la manipulación en los nombramientos. Baste decir, por el momento, que no escapa este elemento a mi análisis.

Carlos Castresana no vino solo a Guatemala. Trajo un equipo de profesionales, provenientes de diversos países, y su misión, muchas veces lo dijo, era formar guatemaltecos limpios de corazón, es decir, no cooptados, con una nueva escala de valores y principios diferentes, para ir creando equipos incorruptibles de investigadores que, al partir los expertos extranjeros y finalizar el mandato de la CICIG, estuvieran en capacidad de continuar limpiando de mafias y delincuentes no sólo las calles sino las instituciones en donde se han enquistado ladrones, estafadores y, especialmente, sicarios.

Todo iba bien hasta que el lado humano, la vida personal de Castresana, interfirió con su credibilidad pública.

Comenzó a ser un secreto a voces y a principios del presente mes, en un conocido programa radial, “Hablando Claro”, que presenta el doctor Mario David García, la ciudadanía supo de las aventuras extramaritales del Comisionado. Hasta un vocero de la esposa y de los niños fue entrevistado vía telefónica, hasta Monterrey, México, quien hizo ver lo golpeados que todos están por haber conocido, recientemente, de esas infidelidades.

Si hubiese sido un funcionario común y corriente, en nuestras latitudes, no habría pasado nada, pero resulta que Castresana ha sido la voz cantante con el tema de las tachas y la honorabilidad de los candidatos a ocupar importantes puestos dentro de las instituciones que tienen que ver con la justicia en el país, como la Corte Suprema de Justicia y el Fiscal General, a la luz de la nueva Ley de Comisiones de Postulación, aprobada por presión de la sociedad civil a raíz del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg.

Exigir de los demás un pasado relativamente limpio para buscar al candidato más idóneo, que no tenga tachas, ha sido confundido por muchos como una mancha en la honorabilidad, lo cual es distinto, pero le abrió al ahora ex comisionado una amplia gama de enemigos gratuitos.

Su vida privada fue atrapada por la esfera del carácter público de su gestión, y entendemos que ha de haber sido parte importante para tomar la decisión de dimitir el hecho de verse atosigado, de ahora en adelante, por ese tema, de manera que se vería imposibilitado, en el futuro, para exigir algo que él no estaba ya en condiciones de mostrar.

Sin embargo, creemos que un fuerte peso en la balanza, a la hora de tomar la decisión de dejar el cargo, tuvo que haber sido la filtración de personas vinculadas con el crimen organizado en el seno de los equipos de investigación de la misma CICIG, todo a raíz del nombramiento del nuevo Fiscal General, Conrado Reyes, un hombre de la confianza del Presidente de la República, Álvaro Colom, pues hasta hace poco fungía como asesor en el Registro General de la Propiedad, llevado por la administración actual.

Bien dice el dicho que a dos puyas no hay toro valiente. Ver socavada su credibilidad, por un lado, y ver minado el esfuerzo de un par de años por formar equipos limpios de investigadores, más la manipulación de expedientes de alto impacto, ligados a las serias acusaciones en contra de un antiguo Fiscal de Delitos Contra la Vida, Álvaro Matus, o a casos de genocidio, masacres y violaciones de Derechos Humanos, tuvo que ser desconsolador.

En el lejano oriente hemos visto muchas veces la inmolación auto infligida en señal de protesta. Es la manifestación de desacuerdo más seria que pueda haber en el planeta. La renuncia de Castresana, por ese doble cariz que he señalado, no puede considerarse, intrínsecamente, un sacrificio para sellar su desacuerdo, pero sí estamos de acuerdo en que sus últimas declaraciones, denunciado las interferencias del nuevo Fiscal del Ministerio Público, deben tomarse muy en serio.

Las declaraciones de Castresana, en ese sentido, debemos analizarlas en un doble contexto: las que se refieren al pasado del fiscal que ha tildado de corrupto, porque ha estado ligado a bufetes de abogados dedicados a las adopciones ilegales y a defender narcotraficantes, situaciones que debieron ventilarse en la Comisión de Postulación y que, en todo caso, debieron hacerse públicas con anterioridad, y las que se refieren a la actuación del abogado Conrado Reyes en su carácter de Fiscal General, es decir, con posterioridad a la discusión de las posibles tachas e inclusive de su nombramiento.

Es importante hacer esta dicotomía porque unas deben ser consideradas extemporáneas. No podemos permitir que los procedimientos sean revertidos cada vez que a alguien se le antoja agregar un nuevo elemento de juicio. Para eso están las instancias y los plazos legales. Pero, por otro lado, las malas actuaciones de un Fiscal General, así tenga 24 horas de haber sido nombrado, si son comprobables, son cusas justas para removerlo del cargo por el mismo Presidente de la República que recientemente lo nombró.

Es, por eso, importantísimo que pueda investigarse, imparcialmente, hasta la saciedad, todos esos cambios de personal que hizo el nuevo Fiscal General; investigar, a su vez, los vínculos que ese nuevo personal pueda tener con prófugos de la justicia, procesados y mafiosos; resguardar inmediatamente los expedientes a los cuales ha aludido Castresana y, a su vez, hacer una investigación imparcial acerca de lo que, con ellos, ha sucedido en el último mes, paso a paso.

Si de la investigación seria e independiente que se haga todo resulta un mal entendido o una falsedad, habría que darle al hombre de confianza del Presidente Colom el beneficio de la duda y que siga trabajando; pero si empiezan a salir esqueletos del closet, habrá que exigir, con toda la fuerza del caso, su remoción conforme a la ley.

El problema es que uno de los investigados es el mismo Presidente de la República. Habría que vigilar, además de lo señalado por Castresana, qué pasó con el expediente en donde el ciudadano Álvaro Colom sigue ligado a juicio por haberse determinado que 500 mil quetzales provenientes de fondos de la Contraloría General de Cuentas, en la época de Marco Tulio Abadío, fueron a parar a sus bolsillos de candidato a la Presidencia. ¿Qué fiscal tiene a su cargo el seguimiento del caso? ¿Qué se ha hecho del mismo? ¿Por qué no accionó la CICIG si se trata de un caso claro de impunidad en Guatemala?

En fin, es de agradecerle, además, al doctor Castresana, no sólo la entrega y el dinamismo con que se involucró frontalmente en una lucha difícil que ahora no tenemos claro cómo seguirá, aunque confiamos en que ha de seguir igual o mejor, pero el hecho mismo de su renuncia, tan al estilo europeo, demuestra un nivel de sensibilidad que en nuestros países es tan difícil ver.

“Esta mula es mi macho” suele ser la idiosincrasia del funcionario que, por situaciones mucho más cuestionables, se aferran a los puestos como si fueran de ellos. Tal vez por eso en nuestros países se le tiende a decir “hueso” a un puesto en la administración pública porque, como perros, solemos aferrarnos a él, por insignificante que sea.

Que le vaya bien, Castresana. No tuve el gusto de conversar con Ud. pero sí lo escuché en algún evento interesante. Le deseo todo el bien.

Al Fiscal General, por el bien de Guatemala, también le deseo todo el bien. Ojalá las denuncias no tengan fundamento y pueda continuarse trabajando bien.

Al Presidente de la República también le deseo todo el bien, por más que él mismo se empeñe en tomar tan malas decisiones y con su proyecto político esté llevando al país a una crisis, faltando a su juramento cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes, cuando no representa ni la unidad de la nación.

A quién tome las riendas de la CICIG también le deseo lo mejor.

viernes, 15 de enero de 2010

EL CASO ROSENBERG, ENTREVISTA CON CARLOS CASTRESANA Y EL LEGADO FIRMADO CON SANGRE

Efectivamente, el sapo ha sido duro de tragar y más difícil de digerir. La revelación que el Jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, un proyecto piloto para tratar de revertir el círculo perverso de la investigación criminal, gestión policial y administación de justicia respaldado por la Organización de Naciones Unidas, ONU, y patrocinado por varios países, en torno a la profesional y científicamente respaldada investigación y consecuente consecución de evidencias en el caso del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, quien dejara grabado un video acusando a sus supuestos asesinos tan sólo un par de días antes de que lo mataran, ha sido perturbador pero contundente, al afirmar y prácticamente demostrar que fue la misma víctima quien planificó y ordenó su propio asesinato, cansado de la zozobra en que vivimos todos los guatemaltecos y en medio de un proceso de duelo por el anterior asesinato del empresario Khalil Mussa, su cliente, y su hija Margiorie Mussa, con quien supuestamente existía un vínculo sentimental.

Algún día veremos la película con partes de la historia cambiada "para darle más realismo", como dicen, porque la verdad que la trama, que se inicia con la historia que él mismo nos narra acerca del nombramiento de su cliente en un puesto de gobierno, raya el campo del surrealismo o del estridentismo literario, o una simbiosis de ambos. Esa parte de la trama, el detonante de los pensamientos del finado Rodrigo Rosenberg, está todavía pendiente de conocerce porque, a pesar de saberse que la investigación ha avanzado muchísimo, se está teniendo sumo cuidado de armar toda la evidencia científica necesaria para que la presentación de resultados sea indubitable.

Al respecto, sigo pensando que el Presidente de la República jamás debió entrevistarse, a solas, con el Fiscal General de la Nación, encargado legalmente de la investigación de oficio, apenas unas horas después de conocerse el contenido del video que dejó grabado el abogado asesinado, dado que dicho funcionario público se supone que es independiente, no dependiente de la Presidencia, razón por la cual pedí que debía separarse del cargo mientras durara la investigación y todavía lo sostengo.

Además, en esa oportunidad dije públicamente que el Secretario Privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, también involucrado por el asesinado, y su hermano Roberto Alejos, diputado y Presidente del Congreso, debieron haberse retirado temporalmente de dichos cargos (no de su calidad de diputado sino de la Presidencia, que es la que está en condiciones de ejercer poder), mientras duraba la investigación, e igual trato pedía, por las excepcionales circunstancias reveladas en el video alrededor del sistema bancario, para el Superintendente de Bancos, Edgar Barquín, quien además, con la absurda persecución de un muchacho emitiendo una opinión en una de las nuevas redes sociales, demostró una lealtad para quien lo nombró, más allá de su deber para con el país, que debe ser lo primordial. Esto que menciono debió ser lo mejor para el país, no la siembra de testigos falsos por un funcionario con rango de Ministro, ni la convocatoria a marchas con gente pagada.

Para quienes tienen la bondad de leerme desde otros países y no están enterados de las últimas circunstancias, pueden acceder a la página web www.cicig.org y buscar las declaraciones relacionadas con el caso.

¿Que si hubiera preferido que la investigación, finalmente, vinculara al Presidente de la República y a sus más cercanos allegados? Realmente no. Conozco a Álvaro Colom desde cuando era un funcionario del gobierno de Álvaro Arzú y me pareció un buen tipo, aunque siento que ha cambiado muchísimo. También conozco a los hermanos Alejos Cámbara, con quienes no me une una gran amistad pero son años de tratarnos con respeto y camaradería, y no quisiera que ninguno de ellos, realmente, estuviera involucrado.

Más bien soy del tipo de personas que se inclinan por la verdad, y aunque para mí es doloroso visualizar a Rodrigo Rosenberg como un suicida, porque lo conocí, lo traté y tuvimos una amistad sana de universitarios, platicando muchas tardes en el bufete popular, y siempre lo vi como una persona alegre, optimista, honrada, de elevados principios morales y gran camaradería, me cuesta, me ha costado comprender su decisión.

Lo que me ha ayudado a terminar de aceptar que tomó un camino imprevisto para tantos es la excelente entrevista que le hizo el periodista Haroldo Rodas, de Guatevisión, a Carlos Castresana, Jefe de la CICIG. El señor Castresana, a quien no conozco más que de vista porque, preocupado por mi país, he asistido a algunos foros en donde él ha sido uno de los participantes, tiene una particular manera de ver las cosas, de expresarlas y, mientras lo hace, de compartir con quienes le escuchamos la visión que él tiene del porvenir de la administración de justicia, en particular, y del país, en general, si no hacemos los cambios que se necesitan para producirlos.

Su manera clara de hablar, con sencillez de términos pero con la facultad que Dios le dio de tener sus ideas, sus conceptos, perfectamente claros, le da una contundencia a sus argumentos, diciendo en español lo que todos sabemos y lo que sentimos que debiera estarse haciendo desde hace años.

Ya lo he manifestado en este blog. Soy de los que, originalmente, cuando se comenzó a hablar de la venida de extranjeros para "inmiscuirse" nuevamente en nuestros asuntos internos, al estilo MINUGUA, que no creo le haya aportado cosa alguna al país, no estuve de acuerdo, pero hoy, con mayor razón tengo que apoyar la labor de la CICIG.

El mandato de la misma vence en septiembre de 2011, año electoral, de modo que si ha de haber cambios a las leyes y reformas presupuestarias para apoyar, como se debe, todas las actividades encaminadas a mejorar el tema de impunidad en el país, tiene que hacerse este año, ya que el año entrante toda la fauna política, a cuyo cargo está discutir y aprobar dichos asuntos, ya se encontrará en franca campaña electoral, la cual culminará con el proceso general de elecciones que, casualmente, también se dará en septiembre de ese mismo año.

Las revelaciones de la CICIG en torno a mi amigo Rodrigo Rosenberg, aunque me entristece al tratar de comprender cómo se sentiría como para dejar hermanos, hijos, amigos, proyectos, etcétera, no cambia en mi mente el hecho de que el hombre amaba verdaderamente a su patria.

El día 13 de mayo de 2009 en que nos congregamos muchas personas en el Parque Central, firmé una manta y le puse, a Rodrigo, que su sangre no habría de caer en vano, y esa sigue siendo mi posición. El legado que Rodrigo firmó con su sangre, y ahora sabemos que voluntariamente, es el "ya no más".

Por eso es que, siendo bien encaminadas todas las líneas políticas que el señor Castresana plantea para iniciar el "ya no más", esa lucha contra la impunidad que está demostrado que se puede comenzar a hacer y a ganar, es necesario que recapitulemos todos, la juventud especialmente, acerca de nuestra participación en la cosa pública, y comencemos a organizarnos para enterarnos, para pedir, para apoyar lo correcto, para exigir lo que haya lugar con tal que el nuevo amanecer se empiece a dar.

No dejemos pasar la oportunidad de apoyar a alguien de altísimo nivel que sabe perfectamente qué es lo que hay que hacer y que, por primera vez desde que recuerde, no tiene intereses políticos o partidarios con nadie. ¡Esa oportunidad no la volveremos a ver en décadas o simplemente no se dará otra vez!

La sangre vertida voluntariamente por un verdadero patriota nos lo demanda. Nuestra conciencia y nuestra inteligencia también. Es cuestión de actuar comenzando hoy.

jueves, 19 de noviembre de 2009

LA INTOLERANCIA PRODUCIENDO TOLERANCIA. EL CASO DE LA CICIG

La Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, es una comisión de la Organización de Naciones Unidas, ONU, que se instaló en nuestro país, a solicitud del Gobierno de Guatemala en el período de Oscar Berger (por iniciativa, según recuerdo, de su Vicepresidente, Eduardo Stein), por acuerdo de 12 de diciembre de 2006 pero que entró en vigor hasta el 4 de septiembre de 2007, con el objetivo de venir a determinar la existencia de cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad, colaborar con el Estado en su desarticulación, promover la investigación, persecución penal y, además, recomendar la adopción de políticas públicas para erradicar, en pocas palabras, el crimen organizado.

El mandato original era por dos años que vencieron en septiembre de 2009, pero han sido prorrogados, después de que unas 60 organizaciones sociales pidieran al Gobierno de la República solicitar dicha prórroga, por dos años más.

Al principio, quizás por mi formación profesional de abogado, pensé que era el colmo que mi país, mi querido país, tuviese que depender, para lo que hemos dejado establecido, de extranjeros. Sentía que esto era, al mejor estilo ONUSAL que había observado en El Salvador, o MINUGUA, en Guatemala, ambas misiones de la ONU en los respectivos finales de los conflictos armados de estos países, otra excursión de funcionarios internacionales, vacacionando y pasándola bien en La Libertad, en El Salvador, como pude observarlo en el caso de la primera, o en los mejores hoteles de Atitlán o en Tikal como pudimos observar en años pasados, con la última delegación mencionada.

Sin embargo, el rumbo que le ha dado Carlos Castresana Fernández, un Fiscal del Tribunal Supremo de España, nombrado Comisionado en el caso al cual nos referimos, a dicha Institución, con una energía y una seriedad inusitadas para nosotros, acostumbrados a ver venir y partir a funcionarios internacionales, nos ha hecho meditar las cosas y corregir nuestras apreciaciones.

La política de tolerancia cero o de intolerancia que Castresana, a través de la CICIG, ha venido demostrando con el tiempo, nos hace a nosotros, escépticos al principio, comenzar no sólo a ser tolerantes con la Comisión sino a ver las cosas de otra manera.

Los indicios que ha evidenciado la CICIG de algunas ramificaciones de esas redes de corrupción que tienen capturado gran parte del Estado (territorios, poblaciones y algunas instituciones de los tres poderes), es verdaderamente alarmante, y como súbdito de mi país, al cual amo inmensamente, tengo que reconocer que ese cáncer requiere de una cirugía especial, por denominarlo de alguna manera. Caso contrario, no sólo tenderíamos a seguir igual, sino corremos el riesgo de caer en peores escenarios, lo cual, bajo la perspectiva actual, consideraríamos difícil, pero la verdad es que cada día nos sorprende con algo nuevo y negativo.

Desde hace varios meses vengo pensando que la soberanía del país tiene que ser rescatada por funcionarios que vengan de otras latitudes a formar nuevos cuadros con nuevas escalas de valores. Tiene que haber un período en que nuestra juventud se pueda formar en un ambiente sano y diferente, donde no se les peguen las mañas de los cuadros corruptos, y ese es un enorme valor agregado que la CICIG le puede dejar a Guatemala cuando su mandato ya no sea prorrogado, tanto en la Policía Nacional Civil, como en el Ministerio Público, el Organismo Judicial (jueces y magistrados) y el Sistema Penitenciario.

En ese orden de ideas, hace pocos meses, en el seno de la Comisión Política del Parlamento Centroamericano, apoyé francamente una iniciativa presentada por el diputado centroamericano Juan José Rodil Peralta, ex presidente de la Corte Suprema de Justicia y ex ministro en el área de gobernación, acerca de la creación del Instituto Latinoamericano de Investigación Criminal, que sería algo así como una fuerza de tarea destinada a la investigación del crimen organizado en varios países, que cuenta ya, entendemos, con el apoyo de España, Italia, Alemania, Estados Unidos, Chile, Colombia, México, entre otros, y la misma ONU. La apoyé porque no puede existir soberanía si no estamos libres del flagelo del narcotráfico y las montañas de dinero que utiliza para corromper todos los sistemas democráticos, por ejemplo.

Guatemala es demasiado linda y querida para sus hijos como para no conceder a estos funcionarios extranjeros que no han venido a vacacionar sino a arriesgar su prestigio personal y hasta la vida en el trabajo que están efectuando. Su intolerancia para con esos poderes oscuros debe ser fuente de inspiración, de tolerancia y de esperanza para todos nosotros.