No sabemos por qué le toma tanto tiempo, a las autoridades, tomar una decisión que debiera provenir, casi, por el curso de la naturaleza.
Si hace 30 años un billete de 100 quetzales valía un poco más que un billete de 100 dólares, porque en aquella época poca gente quería o necesitaba de esos billetes, es lógico pensar que hoy debiera haber, por lo menos, el equivalente: una moneda que valga unos Q.800.00. Ahora, si tomamos en cuenta que el mismo dólar ha perdido poder adquisitivo, no debería ser cuestión del otro mundo que en Guatemala hubiese billetes de Q.1,000.00. ¿Por qué no? ¿Cuál es el miedo?
Sabemos, desde hace años, que se han previsto billetes hasta de Q.500.00, y el paso que se dará el lunes 23 de agosto de 2010, de sacar a circulación los de Q.200.00, lo vemos como un paso tardío pero, al fin, necesario, en un proceso que ponga en manos de los ciudadanos un sistema monetario que sea lógico y de utilidad; es decir, esperamos más del Banco de Guatemala.
Los argumentos falaces de que este tipo de moneda puede acarrear inflación no los creemos, pues no se trata de inyectar más circulante al medio de cambio, sino de sustituir montañas de billetes de Q.100.00 por otro tipo de billetes más acordes con las necesidades de un pueblo al que le urge ingresar en la modernidad.
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viernes, 20 de agosto de 2010
domingo, 15 de agosto de 2010
LA MARIMBA, EL HORMIGO Y SU PRESERVACIÓN. LA BUENA FE PUEDE CONDENAR A MUERTE.
Ahora que salen los anuncios del Banco de Guatemala, referentes a la próxima edición de billetes de doscientos quetzales, con los rostros de tres desconocidos en el anverso sin mayor información al respecto, y con una pobre imágen de una marimba en el reverso, vienen a mi mente algunas ideas que tengo años de rumiar para mí mismo sin expresarlas.
Para comenzar, esos tres rostros desconocidos son de tres grandes compositores de maribma, Mariano Valverde (que tocó algunas veces con mi abuelo materno), Sebatián Hurtado, quien puso a Guatemala en el mundo de la música al incorporarle a la marimba el doble teclado, que nos diferencia del resto de marimbas centroamericanas y del mundo, y Germán Alcántara, el autor de la famosa melodía "Flor del Café", que en oportunidades han querido plagiar algunos malos mexicanos.
Es bueno que en esta emisión de nuevos billetes se resalte la labor individual que estos artistas han efectuado dentro del mundo artístico, y cómo, entre todos, que quizás nunca estuvieron juntos como aparecen en ese retrato, lograron posicionar a Guatemala, con su marimba, por encima de los demás países que también la tienen. Me consta la admiración que, en otras latitudes, tienen por nuestra marimba, y es por la suma de esas labores individuales que hemos, como país, conseguido ese sitial de honor en el campo de las artes.
Pero, por otro lado, traemos a colación cómo, hace años, al establecer al árbol de hormigo, de donde se extrae la madera para fabricar las teclas de la marimba, como patrimonio nacional, con penas de prisión para quien lo toque, lo condenaron a morir.
No es prohibiendo su explotación que podremos preservar de terminarse al árbol de hormigo, sino incentivando su cultivo, pero si nadie lo puede tocar para aprovecharlo, nadie se ocupará de sembrarlo.
Ojalá Dios nos preste la vida para ver, algún día, una plantación, siquiera, de hormigos, garantizando para las generaciones que vengan el material vegetativo para seguir construyendo marimbas en donde, a su vez, esas nuevas generaciones se inspiren para componer las más bellas melodías que podamos imaginar.
Para comenzar, esos tres rostros desconocidos son de tres grandes compositores de maribma, Mariano Valverde (que tocó algunas veces con mi abuelo materno), Sebatián Hurtado, quien puso a Guatemala en el mundo de la música al incorporarle a la marimba el doble teclado, que nos diferencia del resto de marimbas centroamericanas y del mundo, y Germán Alcántara, el autor de la famosa melodía "Flor del Café", que en oportunidades han querido plagiar algunos malos mexicanos.
Es bueno que en esta emisión de nuevos billetes se resalte la labor individual que estos artistas han efectuado dentro del mundo artístico, y cómo, entre todos, que quizás nunca estuvieron juntos como aparecen en ese retrato, lograron posicionar a Guatemala, con su marimba, por encima de los demás países que también la tienen. Me consta la admiración que, en otras latitudes, tienen por nuestra marimba, y es por la suma de esas labores individuales que hemos, como país, conseguido ese sitial de honor en el campo de las artes.
Pero, por otro lado, traemos a colación cómo, hace años, al establecer al árbol de hormigo, de donde se extrae la madera para fabricar las teclas de la marimba, como patrimonio nacional, con penas de prisión para quien lo toque, lo condenaron a morir.
No es prohibiendo su explotación que podremos preservar de terminarse al árbol de hormigo, sino incentivando su cultivo, pero si nadie lo puede tocar para aprovecharlo, nadie se ocupará de sembrarlo.
Ojalá Dios nos preste la vida para ver, algún día, una plantación, siquiera, de hormigos, garantizando para las generaciones que vengan el material vegetativo para seguir construyendo marimbas en donde, a su vez, esas nuevas generaciones se inspiren para componer las más bellas melodías que podamos imaginar.
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