Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 14 de enero de 2015

EL CALVARIO DE LOS PADRES Y MADRES DE FAMILIA EN ENERO

     Cada mes de enero es la misma cosa para cientos de miles de padres de familia en todo el país: la reinscripción de sus hijos para que estudien en el nuevo año.

     Es que quienes han diseñado la metodología para hacerlo, unos políticos, otros tecnócratas, jamás han tomado en cuenta a los usuarios finales de los trámites que se inventan: los alumnos y sus representantes legales, los padres y madres de familia.

     ¿Cuál es el valor agregado al solicitar, año con año, las certificaciones de partida de nacimiento de millones de alumnos? Ninguno.  Es únicamente un gasto más y un desgaste innecesario entre colas, madrugadas y empujones para conseguir un papel que dice lo que las escuelas e institutos ya saben.

     ¿No sería más fácil que todos los alumnos que ganaron el año quedaran inscritos, automáticamente, para el año que sigue, a menos que no se presenten el primer día de clases?

     ¿No sería este un mayor incentivo para que los alumnos pasaran limpios su año?

     Los alumnos que no aprovechan la oportunidad para estudiar y ganar su año serían los únicos que tendrían que hacer sus trámites para volver a inscribirse en el mismo grado, para repetirlo, si el cupo lo permite, pero con algo tan sencillo como esto, privilegiando a quienes aprovechan el tiempo y los recursos del Estado, se mejoraría el proceso de inscripción que, hoy, es una verdadera manifestación de la insensatez.

     Como políticos y conforme al sentido común, debemos voltear a ver tantas cosas, como esta, que tienen décadas de hacerse mal, para ir favoreciendo a los ciudadanos, quienes son los usuarios finales de cuanto trámite se inventa la burocracia.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

PONIENDO EN SU LUGAR AL SECTOR PRIVADO

     Hace poco fue noticia el exitoso retorno de la nave espacial Orión, diseñada por la Agencia Espacial de los Estados Unidos de América (NASA, por sus siglas en inglés) para, decía la nota, transportar seres humanos al espacio profundo..., lo que denota la general ignorancia de la inmensidad del cosmos y la tendencia a sobre o ultravalorarnos de los seres humanos, creyéndonos el centro del Universo o el foco de atención de los demás, que no lo somos.

     Orión es el gran cazador, el gigante mitológico que fue elevado al firmamento por su grandeza en una época en que todo guerrero era un cazador y todo cazador era un guerrero.

     Por otro lado está Telémaco, cuya traducción es algo así como "aquel que combate desde lejos": otro guerrero histórico hijo de Odiseo (en griego), también llamado Ulises (en latín), quien se hizo famoso por sus combates en la Guerra de Troya y sus innumerables aventuras para regresar a Ítaca, con su familia, narradas por Homero en La Odisea, un libro escrito hace aproximadamente 28 siglos.  La novedad parece ser que, en tiempos en que el combate se daba, generalmente, cuerpo a cuerpo, la concepción táctica de Telémaco era distinta, sin enfrascarse directamente con el adversario, posiblemente ganándole a sus adversarios a la distancia, con arco y flecha, pero produciendo el mismo resultado.

    ¿A qué viene todo esto en un blog sobre política y dentro de un ensayo que se refiere a las actividades cotidianas de la gente? Ya veremos...

     Ponerle un nombre así a una nave espacial de última tecnología es algo así como revalorizar la literatura épica y la etapa mitológica de una parte del mundo que fue cuna de la civilización occidental.  Recordar que todos somos, en alguna medida, cazadores y hasta guerreros, que hemos transformado el arco y la flecha, el hacha, la lanza, la daga y la almágana por el teléfono, el vehículo automotor, la computadora o la jeringa, el micrófono, la máquina de coser o la cámara, es revalorizar una cualidad humana que tiende a ser menospreciada por los gobernantes y políticos de turno.

     El ser humano es una especie que no se ha conformado con recolectar el sustento diario; en un inconformismo sano ha tenido la capacidad de salir y transformar el mundo, poco a poco, hasta lo que hoy constituye nuestro entorno.

     Orión y Telémaco, si los vemos dentro de un solo contexto, nos recuerdan que puede haber la misma actividad pero desarrollada de maneras distintas; y para quien observa, puede que sea la misma actividad, pero vista desde perspectivas diferentes y, por consiguiente, al comentarlas, haciendo énfasis en cualidades o particularidades distintas que corresponden a nuestros diferentes maneras de observar y de narrar el mismo hecho.

     Así sucede con el sector privado guatemalteco.  No nos referimos, en sentido estricto, al Sector Privado Organizado, SPO, esa élite empresarial estructurada en cámaras, sino en sentido bien amplio, con una gran latitud y, en general, a todas las personas que, no siendo parte de la estructura del Estado, se levantan todos los días a producir algo, desde quien vende chicles y golosinas en la calle, al vendedor de carbón, de granos o pescado en un mercado cantonal, o el que se las ingenia para comprar fruta bien temprano y salir a vender o proveer a clientes ya conocidos.

     Normalmente son las autoridades de gobierno quienes tratan de llevarse el crédito por el buen desempeño del dinámico sector privado, muy a pesar de sus actuaciones, generalmente encaminadas a entorpecerlo, y a justificar por qué este no ha crecido, conforme a los indicadores que comparan las variables de un año con respecto al anterior o a los anteriores, cuando la mayoría de las veces, por no ser tajante e indicar que todas las veces, es culpa de funcionarios públicos locales o foráneos cuando las actividades productivas no crecen.

     Comerse una zanahoria en la mesa implica planificación, preparación de la tierra, experiencia anterior, madrugadas sin feriados ni días festivos para limpiar de malezas, abonar, fumigar contra plagas, cosechar, lavar el producto de la cosecha con cuidado de no mojar las hojas para empacar, transportar a los grandes centros de acopio, distribuir a las ventas al por menor donde pueda que ya se introduzca, en la cadena, algún sistema de refrigeración, más transporte, nuevo empaque, más lavado y, finalmente, la preparación, que puede ser cruda o requerir cocción, sin mencionar quien elaboró la mesa, las sillas, el mantel, los cubiertos (si son importados, calculemos aseguradores, pasos por aduanas, más transporte, importadores, financiamientos bancarios, etc.).

     ¿Se imagina el lector los cientos o miles de personas que han intervenido cuando estamos a punto de tomarnos un caldo de patas rebosante de verduras, con su muñeco de tortillas y su bote de chile?  ¡Detrás de un simple tazón de caldo está la simiente de nuestro dinámico sector privado!

     Luego, cuando Guatemala está a punto de cerrar el año con un crecimiento en su economía de alrededor del 4% en su Producto Interno Bruto, PIB, (olvidémonos de las cifras por un momento, pues nos distraerían de la idea principal), es a esos pobres guatemaltecos que emigraron, por causas inherentes a la pobreza, que debemos agradecer un gran incremento en los envíos por remesas (aunque hay quiénes indican que esto no debiera ser parte del PIB guatemalteco, pues no se produce en el país, y quiénes señalan que este incremento pueda deberse al flujo de capitales de dudosa procedencia); o a los centenares de miles de cooperativistas que trabajan en el campo, de sol a sol, produciendo frutas, vegetales y mini vegetales.

     Tenemos un país en crecimiento porque los empresarios del ramo textil y, en general, toda actividad relacionada con maquilar productos, no se dan por vencidos.  Crecemos más que otros países porque, aquí, se innova, se arriesga, se invierte, se vencen obstáculos burocráticos, idiomáticos, tecnológicos, energéticos, de costos, de inseguridad, de transporte y hasta de tráfico, a pesar de las autoridades.  No nos olvidamos de terremotos, huracanes, inundaciones, sequías y erupciones, que son parte de nuestra adversidad y que, también, estamos acostumbrados a doblegar.

     Quisiéramos imaginar lo que sería este país si, alguna vez, el gobierno trabajara para fortalecer al sector productivo y para allanarle el camino a las inversiones facilitando trámites, creando infraestructura para hacer al país más competitivo, para integrar cada día más personas al sector industrializado, al de la prestación de servicios y, en general, al fortalecimiento de sectores en donde la remuneración es mejor que el jornal que se gana en el campo.

     Habría qué imaginar cómo serían nuestros índices de crecimiento económico si la educación no fuese tan obsoleta y tradicional y estuviese enfocada en las nuevas tecnologías, en la formación de más jóvenes abiertos al mundo y no al pasado, con acento en desarrollar su creatividad más que su memoria para repetir, para aprender nuevos idiomas en lugar de viejas historias.

     No nos referimos solamente al nivel básico, sino al tecnológico, donde se ha hecho un excelente papel que se podría quintuplicar, o el universitario, que todavía deja mucho qué desear, unas veces por elitista y otras por no estar enfocado en el ámbito que más futuro tiene a nivel global: el informático, el tecnológico, las ingenierías...

     Siempre se ha dicho que lo más rico de Guatemala es su gente y su diversidad de culturas, y hoy que estamos por entrar al último año de un gobierno corrupto como pocos, que ha tomado medidas "idiotas" en contra de quienes producen cada vez que pueden, con un Congreso de la República totalmente vergonzoso, plagado de tránsfugas más interesados en el derecho de su nariz que en sus electores, que se han pasado la legislatura impidiendo hacer su trabajo a los Ministros pero rápido se ponen de acuerdo, opositores con el oficialismo, cuando hay dinero y prebendas de por medio.

     Hoy, con gobernantes y legisladores traidores a sus electores y un sistema de justicia que parece no despegar, vemos con mayor claridad que la columna vertebral de este país no somos los políticos sino la gente que produce a pesar de la mayoría de ellos.

     Hablar de Orión y de Telémaco es hablar de antiguos cazadores que pasaron a la historia por su condición de guerreros, con técnicas diferentes para conseguir lo que, quizás, eran, en sus mentes, los mismos proyectos.  Fueron triunfadores porque nadie se recuerda de los perdedores.  Tal como lo hace el sector privado, tanto el desorganizado como el organizado, que es triunfador utilizando lo que tenga a mano para conseguir sus propósitos.

     Por otro lado, Homero pasó a la historia y se le da crédito por narrar las aventuras de otros personajes, tal como el gobierno actual pretende darse crédito por el sudor de la frente de millones de personas que nada tienen qué ver con él: otro caso de ultravaloración. Si hubiésemos tenido un buen gobierno estos últimos años, nuestro nivel de crecimiento sería realmente impresionante y el gobierno tendría suficientes recursos tributarios para funcionar sin más deuda, sin más hostigamiento, sin más idioteces de su parte.

     La gran diferencia es que Homero está considerado todo un personaje, mientras que este gobierno y las figuras que lo componen pasarán, posiblemente, a ocupar lugares reservados en las cárceles y en la historia nefasta del país.  Esto sería poner en su lugar a estos personajes que tan mal han servido a Guatemala.

     Nosotros, por el momento, preferimos poner en su verdadero contexto al gran sector privado guatemalteco del cual somos parte, que con nuestras actividades productivas levantamos el buen nombre del país y con nuestros impuestos ayudamos a sostener todo el aparato del Estado.

     ¡Que viva el humilde campesino que pone comida en los mercados! ¡Que vivan los pequeños comerciantes que nos la acercan! ¡Que vivan los obreros que dan vigor a la producción de bienes para la nación y para la exportación! ¡Que vivan los trabajadores que atienden turistas, que sirven restaurantes, que prestan servicios médicos, que educan, que trabajan detrás de una máquina o de un escritorio produciendo y atendiendo personas! ¡Que vivan los empresarios y trabajadores del transporte de carga y colectivo, que mueven las mercaderías que producen dinero y mueven a las personas hasta arriesgando su vida! 

     En Guatemala, desde esta visión que hoy compartimos con quienes nos desean leer, se cumple lo que dice la biblia k'iché:  Que todos se levanten, que se llame a todos, que no haya un grupo, ni dos grupos de entre nosotros que se quede atrás de los demás.  En este espacio no podemos nombrar a todos los grupos productivos, pero los guatemaltecos estamos juntos, produciendo, muy a pesar de nuestros gobernantes y legisladores.

     

viernes, 10 de octubre de 2014

LA EDUCACIÓN COMO LAS NUBES EN LA SEGUNDA GUATEMALA

     Hace un par de días estuvimos acompañando, por gentil invitación, a conmemorar el XXXV aniversario de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales, ASÍES, actividad que sirviera de marco para hacer ver la cantidad de temas y publicaciones en las que ha estado envuelto este tanque de pensamiento en Guatemala.

     Entre las presentaciones estuvo la de la licenciada Cynthia del Águila, quien no sólo es miembro de la Asociación sino es la actual Ministra de Educación, quien tuvo a cargo exponer lo que dicha entidad, durante décadas, ha aportado, en el campo de las ideas, al sistema de educación del país.

     Mientras escuchábamos su interesante presentación meditábamos que, aún cuando detrás de muchas de estas ideas, valiosas en su momento, y de lo que la misma Ministra está haciendo, no puede haber más que los mejores aportes y buena fe de estos buenos profesionales guatemaltecos, los resultados en el campo, sin necesidad de hacer muchas comparaciones acerca de lo que se hace en otros países, todavía vienen siendo desastrosos.

     Se nos ocurre que lo que sucede es que tenemos un pensum general para un país dividido, para dos Guatemalas distintas, y si a veces es difícil que los niños y jóvenes que viven en los centros urbanos cumplan con esos requerimientos educativos, las tasas de repitencia escolar lo dicen todo, no hemos sido lo suficientemente creativos para esos niños y niñas pobres, del interior del país, en donde poner algo en el estómago en la mañana y trasladarse al centro de estudio ya constituyen, de por sí, una gran proeza.

     Es que la pobreza de nuestra gente linda del interior es una enorme limitación para la manera como, desde los escritorios de la capital, con todo y el apoyo de este tipo de tanques de pensamiento, hemos venido enfocando y aplicando la metodología para educar.

     Por eso no nos referimos a la juventud anteriormente, pues merece considerársele por aparte, ya que si nos ponemos en los zapatos de un adolescente pobre que desea aprender, la presión es todavía mayor, pues no sólo habrá tenido que vencer los anteriores obstáculos y ganar sus cursos, muchas veces ni siquiera impartidos en su idioma materno, sino la necesidad de dinero en su hogar, aunado al hecho de que ahora ya está en edad de trabajar y está consciente de su aportación al sustento de todos (incluyendo hermanos menores que no debieran ser su responsabilidad), la capacidad del Estado para educar a nuestros futuros ciudadanos del interior del país es casi nula.

     Nos atrevemos a pensar que si vivimos en un país que, a nivel de población, todavía constituye dos Guatemala, debiera haber dos tipos de tratamientos distintos para generar, a pasos agigantados, las condiciones necesarias para que esos millones de personas que hoy son niños, niñas y jóvenes, pero que mañana serán la base productiva de la nación, aprendan de una manera diferente, más abierta, inclusive sin tantos exámenes formales que los frustran y los llevan a obtener un título que, si no continúan sus estudios y los finalizan a nivel técnico o universitario, se quedan en un esfuerzo vano que no les aporta nada para la generación de un mejor ingreso, el cual se logra únicamente accediendo a mejores oportunidades de emplearse o de desarrollar, por sí mismos, una idea, convirtiéndolos en empresarios.

     Hasta para los posibles inversores se hace difícil llegar a poner una empresa que genere puestos de trabajo en una comunidad en donde la gente ha desertado los estudios y no sabe prácticamente nada compatible con lo que se requiere para producir.

     Si bien es cierto que el ancho de banda del país todavía es deficiente, cosa que se puede mejorar haciendo las inversiones apropiadas, la tecnología ya permite que imaginemos métodos alternos en que esa gran masa de población, que necesita educarse, lo haga de una manera amena, en su idioma, con horarios flexibles para que pueda, también, ayudar en el hogar; pero que vayan, desde la más tierna edad que se pueda, dándole la posibilidad de ir aprendiendo matemáticas, idiomas, desarrollo de sistemas de computación, contabilidad, manejo de inventarios, mercadeo, manejo de redes sociales y quién sabe qué cantidad de habilidades que les abran la mente no sólo a las cuestiones que ya existen sino a las que hoy todavía no se han pensado ni nacido a la vida.

     No estamos por el lado de suprimir del todo la educación formal y los exámenes para poder cumplir y acceder a la educación superior universitaria; menos para los estudiantes urbanos. Planteamos la posibilidad de encontrar nuevas rutas para dejar, de una vez por todas, de producir solamente personas aptas para hacer tareas básicas o para que queden, para siempre, en la informalidad, en el interior del país.

     El guatemalteco, por naturaleza, pues lo trae en la sangre, es bueno para el comercio.  ¿Por qué hemos de producir sólo bachilleres, peritos contadores y maestros cuando podemos reforzar las dotes naturales de los futuros ciudadanos y convertirlos en empresarios con el apoyo de alguna base científica y de las más modernas herramientas electrónicas?  Un simple pastor de vacas que hoy tiene que tirar la leche podría aprender a hacer quesos, por ejemplo, si en la "tablet" en la que aprende hay miles de opciones para aprender.

     La educación en este caso debe ser como las nubes, que no pelean sino acompañan al viento y van en la dirección en que éste sopla, llegando a fertilizar donde la Naturaleza dicta.  En lugar de forzar a nuestra juventud dentro de un sistema rígido de educación a aprender un idioma para, luego, continuar con un sinnúmero de cuestiones que no son prácticas y que cuesta mucho imaginar para qué le pueden servir, como la secuencia de volcanes y ríos o las capitales de otros países, hay que apoyarlo en lo que le va a ayudar a generar sustento, pues lo que requiere inmediatamente su núcleo familiar, ya lo dijo Abraham Maslow, es cubrir sus necesidades básicas.  

     Debemos ser muy creativos para brindar las herramientas para que, en su idioma, ellos mismos vayan, como si estuvieran jugando con la tecnología, descubriendo la infinidad de los mundos del saber, incluyendo la necesidad que tendrán de aprender otros idiomas como el español, el inglés, el mandarín o el idioma que, en su propia visión de lo que requiere, se le antoje.  

     De sólo imaginar esa juventud pujante trabajando como siempre pero regresando al hogar a "jugar" con la herramienta que le proporcione la ventana a otros mundos, sin tareas obligadas, nos bombea con fuerza el corazón.  Y nos lo imaginamos compartiendo esos hasta ahora desconocidos universos con sus padres campesinos que nunca tuvieron la oportunidad de ver cosas así, permeando, para siempre, las mentes de todos.

     Estamos seguros que los índices educativos de Guatemala, que hoy dan pena, podrían cambiar en pocos años si, en lugar de asfixiar a esa Guatemala relegada por la pobreza y la falta de oportunidades, con reglas y requisitos absurdos (como la bendita certificación de partida de nacimiento cada año), hacemos un alto en el camino para, con todos los sentidos, captar hacia dónde van los vientos, y convertir la educación en las nubes, las múltiples y diversas nubes que puedan acompañar nuestro tesoro más preciado y nuestra apuesta, como país, hacia un futuro, ahora sí, promisorio.

     Como maestro de artes marciales conocemos que hay sistemas diversos de defensa personal, pero algunos de los más efectivos son, precisamente, los que se apoyan en la fuerza del adversario, acompañándolo de tal manera que nosotros utilicemos muy pocos recursos para que vaya donde deseamos.  Con la educación y un país pobre, el tema de la falta de recursos es recurrente, así que debemos ser creativos, también, para hacerlos eficientes.  Gastar lo que hemos gastado los últimos 50 años para tener los resultados que tenemos son la mayor prueba de que tenemos que cambiar algunas cosas si deseamos otro tipo de resultados.

     Además, la tecnología ya afecta la manera como cocinamos, la forma como nos comunicamos, y hasta como nos divertimos; tiene que ver con los mecanismos de pago y las modalidades de traslados de capitales, con el diagnóstico de enfermedades y la elevación de la esperanza de vida, con la forma de crear e interpretar música, por mencionar algunos ejemplos.  Entonces, ¿por qué no habría de apuntalar la educación en donde el sistema tradicional no ha podido permear, especialmente con las personas generalmente relegadas de todos los servicios del Estado?

     Sin nubes no hay lluvia y sin ésta no hay cosechas ni riqueza.  Igual pasa con el campo del saber: hay que nutrir los cerebros de nuestra gente para que generen riqueza, pues está visto que el Estado nunca sacó a nadie de sus miserias, como no haya sido a través de la comisión de algún delito; la ignorancia no sólo tampoco lo hizo, sino provocó la pérdida de grandes fortunas.

     Estas ideas sería impensable haberlas planteado hace quince años, pero hoy tenemos genios guatemaltecos siendo ejemplo en el mundo con sus ideas originales en el campo de la informática.  Ya existen las condiciones para hacer las cosas diferentes y, empezando por Guatemala, hasta podemos ser ejemplo en el mundo y para el mundo.  ¡Urge apostar por la educación informatizada! No en balde estamos en lo que denominan la Era de la Información.

     Aprovechamos para encomiar la labor perseverante y positiva que ASÍES ha venido brindando a la sociedad guatemalteca y, de alguna manera, a la centroamericana.  ¡Nuestras sinceras felicitaciones para todos sus integrantes!

miércoles, 19 de marzo de 2014

REFLEXIONES SOBRE LA EDUCACIÓN, EL CLIMA Y EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS

Hoy ha sido un día especialmente bello en nuestro país tropical que mantiene una temperatura media ideal para producir casi cualquier cosa en beneficio de la humanidad.

Nuestro clima es una bendición para vivir, pero nos hace reflexionar que es uno de los elementos que, de alguna manera, han influido en la falta de desarrollo de nuestros pueblos.

No creemos que haya una raza superior a la otra, de modo que el mayor desarrollo industrial que, por ende, genera un mejor nivel de vida en los países del hemisferio norte, que hacen identificar una enorme diferencia frente a los del sur, provocando en los últimos tiempos enormes presiones sobre la migración de poblaciones pobres o empobrecidas hacia el norte, donde existen esas fuentes de trabajo que tanto se anhelan en nuestras latitudes, no se da porque quienes viven en esos países provengan de una raza superior.

Nos parece que nuestros suelos fértiles, la cantidad de horas de sol, la provisión adecuada de agua pero, especialmente, la falta de crudos inviernos, nos ha hecho, a través de los siglos, constituirnos en comunidades que se conforman, en gran medida, con que los frutos de la tierra nos provean de comer sin mayores contratiempos.

Por el contrario, la crudeza de los inviernos en el hemisferio norte ha volcado a las poblaciones a ingeniárselas de mil maneras, produciendo toda una cultura alrededor del aprendizaje y de la eficiencia.

Si los países del hoy industrializado norte hubiesen sido poblados por nuestros pueblos originarios, estamos convencidos que hubiesen sido, bajo la amenaza mortal de esos meses de frío, los protagonistas de los primeros intentos por conseguir el desarrollo, que apenas comenzó y cobró forma durante los últimos dos siglos.

Quién sabe qué hubiese sido de los germanos, escandinavos, etcétera, de haber sido los pueblos originarios de nuestros países tropicales.  Todo esto es una idea; una hipótesis; pero dudamos que, sin el acicate de esa posibilidad llegando a certeza, de perecer por falta de previsión, sin tomar medidas al respecto del cíclico y crudo invierno, hubiesen sido los pueblos organizados, tecnificados y altamente educados que son hoy en día.

Nuestro país es tan fértil que no es sino hasta hace poco más de una década que comenzamos a ver mortandad por falta de alimento.  Siempre hubo desnutrición crónica y algunas muertes, pero la nube gris que hoy se cierne sobre algunas comunidades del denominado "corredor seco" cada vez es más negra y cada vez más permanente.

Quiera Dios que las comunidades que hoy viven bajo esta amenaza tengan la claridad de ideas y la fortaleza para entender, en primer lugar, el riesgo que corren si no se ayudan a sí mismos, pues está visto que el Estado puede ayudar alguna vez, pero no está en capacidad de solucionar el tema sin el involucramiento de los afectados; y en segundo lugar que, entendiendo la situación, puedan darse cuenta que la única manera de romper ese círculo vicioso no es recibiendo dádivas sino educándose, preparándose intelectualmente, para lo cual el Estado, en un abrazo fraterno con la sociedad civil, sí debieran ayudar a proveer de cuanta oportunidad esté al alcance para tales propósitos.

Así como una madre es capaz de desarrollar una fuerza increíble y levantar un vehículo si ve a su hijo en peligro mortal bajo el mismo, también debieran, padres y madres de familia, hermanos mayores, tíos y vecinos, tomar el hambre como un peligro mortal y enfrentarlo con todas sus posibilidades.  Total, el frío mata igual que la inanición.  Los dos existen.  Si unas comunidades se preparan para enfrentar al primero y esa previsión las ha convertido en usufructuarias de mejores niveles de riqueza, las otras comunidades debieran hacer lo suyo para contrarrestar ese segundo flagelo y verlo tan cíclico y mortífero como el primero.

El clima incide en el hambre por educarse; elevar la educación genera bienestar y desarrollo de los pueblos, quienes al estar desarrollados no tienen por qué pasar hambre del físico, del que lleva a los niños y adultos a morir y convertirse en una estadística más de las nefastas.

lunes, 31 de enero de 2011

EL INTECAP DEBIERA SER CONVERTIDO EN UTECAP

El último libro de Andrés Oppenheimer, ¡Basta de historias!, editado hace tan sólo unos tres meses, nos abre los ojos con relación a cómo hay que cambiar el enfoque de la educación, desde la perspectiva de las políticas públicas y desde la visión del conglomerado nacional, para volvernos más competitivos, como país, en la búsqueda del anhelado desarrollo que nos ayude a elevar el precario nivel de vida que viven nuestras mayorías de población.

En ese orden de ideas, el impulso que se le da, mayoritariamente desde la iniciativa privada, la Instituto Técnico de Capacitación, INTECAP, debe revisarse, no sólo para que esa iniciativa privada lo haga con más decisión, sino para que, desde el sector público, se haga todo lo posible para facilitar la ampliación y la modernización de sus instalaciones, para convertirlo en una universidad que eleve la capacitación que brinda al nivel de licenciaturas, para que, ya como universidad, logre establecer convenios con las mejores universidades del mundo para otorgar doble titulación en el país y para que, eventualmente, eleve los conocimientos de sus estudiantes y de sus mismos profesores, a nivel de doctorado, lo que le permitiría, con el tiempo, convertirse en un importante ente centralizador, además, de la investigación e innovación en el país, siempre en apoyo del sector productivo.

Lo que hace y ha venido haciendo el INTECAP, con transparencia, con pública honradez, es ya loable y admirable, pero a la luz de la globalización del comercio, de la economía, de los servicios financieros, el país debe estar en condiciones de dar un paso adelante para mejorar la capacidad de nuestro sector laboral y, así, poder atraer mayores y mejores inversiones, especialmente en tecnología.

Desde nuestra particular visión, la mejor opción que tenemos, por el momento, porque hay otras un tanto más complicadas, es la conversión del Instituto en Universidad, con todas las de ley.

jueves, 21 de enero de 2010

LA EDUCACIÓN, LAS COMUNIDADES Y LA FALTA DE APOYO DEL ESTADO

Estos últimos días ha habido dos noticias que llamaron mi atencion. La primera, un excelente reportaje de Marta Sandoval en Elperiodico, edición del 10 de enero en curso que pueden ver en http://www.elperiodico.com.gt/es/20100110/portada/131718/ , que refiere cómo una comunidad en Cobán, Alta Verapaz, olvidada por todos pero entendiendo la importancia de contar con una educación, se decidieron, en una especie de "homeschooling" y sin estar capacitados como maestros, a educar a sus propios niños. El proceso es interesante; fueron abandonados por el cura, la iglesia se convirtió en escuela y, con el correr de los años, ahora hay estudiantes que estudian en universidades fuera del país y maestros que están en el proceso de sacar sus maestrías.

La segunda noticia que llamó mi atención con relación al tema, aparecida en Prensa Libre el 19 de enero en curso, es la decisión de los habitantes de San Cristóbal Acasaguastlán, El Progreso, de erradicar el analfabetismo, lo cual finalmente lograron según declaración de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO, utilizando un método cubano.

Lo curioso de ambas notas es que destacan el abandono del parte del Estado y refuerzan mi tésis relativa a que Guatemala no es un país de pedigüeños sino de emprendedores, de personas ingeniosas que buscaron, por sus medios, la manera de salir de esa falta de atención por parte de las autoridades y de conseguir, para sus hijos y nietos, un mejor porvenir.

Cabe comentar, además, que en el primer caso la comunidad pudo triunfar no sólo por la persistencia de sus líderes, con una clara visión de lo que querían, sino porque los niños no sufrieron trauma alguno ya que la instrucción la iban recibiendo en su propio idioma materno, en este caso el q'eqchí, y el español era una clase más de un segundo idioma que, a la postre, les viene sirviendo no sólo para cualquier tipo de relación con el entorno nacional, especialmente para adquirir educación superior, sino los preparó para, en algunos casos, estudiar un tercer idioma para proseguir esos estudios en el extranjero.

Se ve que las comunidades tienen, muchas veces, no pocas, más sentido común y capacidad de organización que quienes diseñan las políticas públicas que, por provenir de personas que no conocen cómo funcionan aquéllas y cómo es el ámbito de la vida rural, en su arrogancia o ignorancia, han pretendido que sus decisiones hagan surgir un mar de niños y jóvenes dispuestos a aprender en otro idioma, lo cual carece de toda lógica.

Va desde este espacio de comunicación una sincera felicitación para los líderes comunitarios a quienes se les iluminó el seso originariamente; para los líderes comunitarios que, en relevo, porque así sucede, supieron valorar y continuar con las metas trazadas; para esos valientes miembros de las comunidades que, aún sabiéndose poco, mal o nada capacitados para enseñar, supieron asumir el reto de hacerlo a la par que ellos mismos se preparaban; a los niños, niñas y jóvenes que, en su cotidiano esfuerzo, llegaron a convertirse en las pruebas palpables de que, con sentido común y persistencia, se pueden alcanzar mayores alturas y vencer un sistema oficial que simplemente no funciona; a los periodistas que, enterándose de estos raros casos, los han compartido con la comunidad de ciudadanos para que, como en este caso, elevemos un largo y sonoro aplauso por esta gran muestra de que en el ámbito local, sea comunitario, sea municipal, están muchas de las soluciones a nuestros problemas de falta de desarrollo.

Ahora que tenemos puntos de comparación, se hace obligada una revisión de esas políticas públicas que, durante décadas, no han conducido a mayor progreso. Si seguimos haciendo las cosas de la misma manera, seguiremos produciendo los mismos resultados, y con estos dos novedosos métodos está visto que Guatemala, o cualquier país del mundo que se encuentre en similares circunstancias, puede dar un verdadero salto al desarrollo en cuestión de pocos años.