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viernes, 12 de septiembre de 2014

LAS CONVENIENCIAS DEL COMPORTAMIENTO COOPERATIVO

     Confesamos que, cuando hablamos o hemos leído de cooperativismo, siempre tuvimos la idea de la beneficiosa organización de grupos de personas para producir o buscar un bien común, movimiento que en nuestro país, Guatemala, ha crecido brindando excelentes resultados y ha sido una importante vía para encausar las aptitudes empresariales y productivas de varios cientos de miles de mujeres campesinas que, sin el marco jurídico que lo permite, tendrían bastante limitadas las oportunidades de desarrollarse en las comunidades remotas en donde viven.

     Sin embargo, leyendo hoy el libro Creadores de Riqueza, del autor Alejandro Gómez (Instituto Democracia y Mercado, 2007), en la página 256, encontramos otra connotación del término que, en la década de 1950, fue importante para la reconstrucción de Europa después de la devastación de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en la entonces destrozada Alemania, lo que generó índices de crecimiento, de desarrollo y confianza para invertir sin precedentes, coadyuvando a sentar las bases del enorme desarrollo industrial que, en las décadas venideras, quedara debidamente documentado, produciendo otro nivel de riqueza en el viejo continente y, por ende, de bienestar en sus habitantes (no nos referimos, específicamente, al Estado Bienestar).

     Este comportamiento cooperativo se dio entre empleados y empleadores, tanto del sector público como del privado, lo cual generó dos cosas importantes: un deliberado nivel bajo o accesible de los salarios de los empleados y una apuesta, por parte de los empresarios, a las futuras utilidades, reinvirtiendo, año con año, gran parte de las utilidades, con la finalidad de acumular el suficiente capital para continuar expandiendo las industrias en las que, cada quien, estaba involucrado, lo que significó una mayor tecnificación y, al elevarse la productividad, se pudo acordar, también, el ansiado aumento salarial.

     Hace años, cuando encabezábamos la delegación patronal que negoció el Pacto Colectivo de Condiciones de Trabajo con el Sindicato de Operadores del Registro General de la Propiedad, en 2006 y 2007 (pues fue una larga y dura negociación que podría ser objeto de otro ensayo), recordamos muy bien que, en la prensa, salió una noticia que pusimos de ejemplo a nuestra contraparte: la del sindicato de trabajadores de la Volks Wagen, en Alemania, que decidió unilateralmente rebajarse los sueldos porque entendió que, si no lo hacían, sus puestos de trabajo, eventualmente, podrían parar en alguno de los emergentes países de la Europa del Este.

     Esta es una evidencia de que el comportamiento cooperativo que significó el despegue económico, una generación y media antes, todavía es válido.  Y si la Alemania de hoy es un ejemplo de fortaleza industrial, de estabilidad para producir y de bienestar para su población porque sus niveles de productividad le permiten pagar buenos salarios, los postulados que la llevaron al éxito deberían ser válidos para cualquier parte del mundo en donde se busque no sólo elevar la productividad por empleado contratado sino mejorar las condiciones de vida de los habitantes.

     Este tema será oportuno de discutir para cuando las condiciones del país sean las propicias para establecer una ciudad o una zona disruptiva (conocidas como "Start-up Cities"), pues para que se afinquen los grandes capitales que andan buscando oportunidades para montar nuevas industrias, no sólo debe haber seguridad, capacidad de montar institutos técnicos o universidades para montar una política de "educación continuada", infraestructura adecuada que incluya carreteras, puertos y energía suficiente y a precios competitivos, sino una especie de pacto como del que escribimos, que privilegie una asociación ética entre el capital y el trabajo, con una visión de muy (o de muuuuuuy) largo plazo que sea mutuamente compartida, que rompa los paradigmas que tienen al país con unos índices de desempleo y de falta de oportunidades que nos hacen llorar sangre.  

     Hoy, sin reglas claras y con un gobierno que privilegia la corrupción y la campaña política para pretender perpetuarse, no existen las condiciones para tener una discusión seria al respecto.

     Ojalá tengamos la oportunidad, en algún tiempo, de poder comentar en este espacio la experiencia exitosa de poner a rodar un círculo virtuoso de buenas y convenientes relaciones y que podamos demostrar, con los índices en la mano, que se obtiene más beneficio entendiendo que el capital y el trabajo pueden ser las dos caras de la misma medalla que llamamos progreso y que no tienen, forzosamente, que estar divorciados el uno del otro.  

     Esta puede ser, quizás, la manera de llevar las ansiadas oportunidades de trabajar a tanta gente del campo que hoy no tiene más remedio que mendigar, emigrar o morirse de hambre.  Lo que algunos observadores poco acuciosos llaman estoicismo y que no es más que desesperanza y hambre, para nuestra vergüenza.

martes, 2 de septiembre de 2014

TODO ESTÁ ATADO. ANÁLISIS DE LAS CONSECUENCIAS DE SUBIR EL SALARIO MÍNIMO SIN ANÁLISIS PROFUNDO.

Los mejores tipos de salarios no son los más elevados,
sino los que permiten una amplia producción, empleo total
y el sostenimiento de las mayores nóminas
Henry Hazlitt
La Economía en una Lección, cap. XIX, pág.166,
5ta. edición, Unión Editorial, 2005.

     La cuestión del salario mínimo de los trabajadores tiene varias aristas o perspectivas desde donde puede analizarse, pero tal parece que quienes conforman la Comisión Nacional del Salario, CNS, la cual es un ente eminentemente técnico adscrito al Ministerio de Trabajo y Previsión Social, MTPS, solamente se enfocan en algunas de éllas.

     Para comenzar a externar las diversas ideas al respecto, debemos dejar establecido que todo, lo obvio y lo no aparente, está interrelacionado, desde quien provee el servicio de reparación de llantas de automóvil por su cuenta hasta el sueldo que gana un alto funcionario o ejecutivo de la iniciativa privada, pasando por la venta callejera de comida, los servicios bancarios, las ventas de supermercado o la fabricación en serie de cualquier elemento. Todo, absolutamente todo, está vinculado con lo demás a través de los precios de las cosas.

     La vinculación, hoy día, es todavía más compleja que hace 50 o 60 años, pues si antes casi todo funcionaba en economías de países prácticamente compartimentados frente al resto del mundo a través de aranceles y las mismas barreras de la comunicación, hoy todo está relacionado.  Esto lo tenemos que tener muy claro a la hora de establecer el precio del salario de algunos trabajadores, pues la movilidad del capital, que mueve a las empresas, es enorme.  Ya no tiene fronteras.

     Subir el monto del salario mínimo es beneficiar a algunas personas, por supuesto.  Por eso es que se hace.  Pero hay que tomar en cuenta que, al hacerlo, no se beneficia a las mayorías, especialmente estas que son las más desprotegidas. Recordemos que en Guatemala solamente un 17% de la población trabaja en la formalidad a la que, hipotéticamente, se puede beneficiar de un aumento del salario mínimo, pero que el restante 83% de la población, o trabaja en la informalidad, quedando fuera de cualquier beneficio de esta naturaleza, o simplemente está desempleada, en cuyo caso esta medida no sólo no le beneficia sino le viene a complicar la posibilidad de conseguir algún trabajo y, con la subida general de precios que provoca, a perjudicarla.

     Estas cifras vergonzosas para nuestro país nos traen a cuento otro argumento.  Si fuese la primera vez que se establece un salario mínimo podríamos pensar que una medida de esta naturaleza podría beneficiar a los trabajadores, pero no es así. Esta medida viene aplicándose desde hace décadas y los resultados positivos, por donde se busquen, no aparecen.

     Es más, el solo anuncio de que van a volver a subir el salario mínimo, estamos seguros, ya le complicó la vida a todas las personas que, desempleadas, andan desesperadas por conseguir entrar a trabajar a cualquier lugar.  

     Tener en cuenta que la competencia entre países por atraer inversión y generar empleo es tan grande, hoy, es vital para impulsar el bienestar de las mayorías y no solamente mejorar el nivel de vida de quienes ya están colocados, es importante.  Esto parece que lo tienen más claro quienes, en el interior del país, se enfrentan todos los días al desempleo (que en otros países le mal llaman "paro") y a la falta de fuentes de trabajo para su población, pues las circunscripciones económicas de Masagua, en el departamento de Escuintla, de Estanzuela, en el de Zacapa, y las de Guastatoya y de San Agustín Acasaguastlán, en el de El Progreso, están pujando al revés, es decir, por ofrecer salarios por debajo del mínimo establecido a nivel nacional con tal de atraer nuevas empresas que lleguen a invertir a sus comunidades, pues entienden que el peor ingreso por salario es el que no se tiene.

     Insistimos en que todo está atado hoy día, y cuando en nuestro país hoy se muere la gente porque no tiene qué comer, cosa que no sucedía en el pasado, debemos ser muy cautelosos de la manera como se enfocan las políticas públicas, pues todo lo que se decide tiene consecuencias, unas positivas, otras negativas, y nuestro país está urgido de tomar decisiones correctas para beneficiar a las grandes mayorías marginadas y tan vulnerables.

     Parte del problema es, también, que la delegación de trabajadores de la CNS, suele estar ahí para conseguir mejoras para la clase que representan.  Eso es natural.  Pero estas medidas ni siquiera causan mejoras permanentes en sus representados.  Si así fuese, ya no habría necesidad de subir sueldos, pues en el pasado ha habido muchas oportunidades en que se ha subido el salario mínimo.  Lo que cuesta más entender es que el salario es un precio por el valor del trabajo, y que si se sube por Acuerdo el valor de ese trabajo, es decir, artificialmente, el efecto que causa es inflación, tienden a subir los precios de todos los artículos, afectando a trabajadores y desempleados por igual y, finalmente, el poder adquisitivo de los trabajadores supuestamente beneficiados suele quedar igual que antes o, incluso, peor.

     ¡Qué más quisiéramos que todos los trabajadores pudieran tener mayor poder adquisitivo cada día!  Pero desde nuestra perspectiva es muy importante que los ingresos por salarios abarquen al mayor número de familias posibles, pues sabemos de algunas en las que ninguno de sus miembros tienen empleo, ni siquiera en el sector informal.  Todo eso abona al bienestar general de las comunidades y de la sumatoria de la sociedad nacional, lo cual redundaría a mejorar la paz social, la convivencia pacífica, el crecimiento de la economía, el bienestar de los individuos más vulnerables, la gobernabilidad tan maltrecha últimamente...

     No tomar en cuenta los niveles salariales de los países vecinos suele ser otro error de cálculo de nuestros comisionados.  Por ejemplo, Prensa Libre acaba de publicar, página 27 del 30 de agosto de 2014, que el alcalde de la ciudad de México propuso un aumento del 17% al salario mínimo, que subiría de 67 a 82 pesos ($13.11 x US$.1.00), es decir, lo elevarían a unos US$.6.25 diarios, mientras que aquí pretenden que los pocos empleados del país ganen, a partir de que aprueben su propuesta, más de US$.16.00 diarios.  

     Ese nuevo nivel salarial mínimo sería algo así como el doble del que hoy se maneja en El Salvador, nuestro vecino más cercano (http://www.elsalvadormipais.com/salario-minimo-en-el-salvador-2014).  ¿Qué inversión va a venir así? ¿A dónde cree el lector que se trasladarán las empresas cuando comparan este tipo de costos que se suman a que nuestra energía eléctrica es de las más caras del continente?  Si solamente Nicaragua se ha llevado incontables empresas, asumimos por los elevados costos nacionales en el tema de inseguridad que tenemos.

     ¿De qué sirve que tanto se hable del proyecto de Ley para Atraer Inversiones, si los impuestos son únicamente una parte del costo de producir y se minimiza frente a los tres renglones mencionados: salarios, energía y seguridad?

     Todo está atado. Hay otros costos, casi invisibles, que el país viene pagando y que, desde hace más de dos años y medio, venimos denunciando en este espacio:(http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2012/01/la-ciudad-de-guatemala-y-el-indice-de.html).  Es el costo social que implica que la juventud no encuentra oportunidades para aprender un oficio, para aprender a trabajar, pues no hay una salvedad, en esta normativa salarial mínima, para que ellos tengan un espacio y entren a trabajar como aprendices en talleres, fábricas y comercios.  Luego, no nos quejemos que los niños y jóvenes se integran a las pandillas, se vuelven violentos delincuentes o emigran, corriendo enormes peligros, hacia donde puedan tener oportunidades de ganar dinero y de desarrollarse dignamente.

     Los empleos no llegarán al interior del país por arte de magia.  Se requiere de empresarios que estén convencidos de la bondad de invertir dinero, minimizar los riesgos y hacerlo rentable.  ¡No hay de otra!  Y nosotros estimamos, en línea con lo que hemos tantas veces dicho de los funcionarios y personas que toman decisiones detrás de un escritorio, sin mojarse las botas, sin arremangarse la camisa a la par de nuestros campesinos, que la tomar la decisión de subirle el salario mínimo a la gente que ya está colocada, se ha dejado de pensar en las inmensas mayorías que antes sólo eran pobres, pero hoy son paupérrimas y se están muriendo de hambre.

     La CNS ha anunciado que este viernes 5 de septiembre emitirá su decisión.  Por el bien de los desheredados, esperamos que Dios los ilumine.  Ninguno de los representantes en la CNS se debe a sector alguno sino al conjunto de guatemaltecos que se podrán ver afectados, muchas veces en situaciones de vida o muerte que antes no pasaban, por decisiones poco meditadas.

     Por cierto, lo redundante del título de este ensayo fue intencional.


viernes, 19 de febrero de 2010

EN DESACUERDO CON UN CONCEPTO DE JOSÉ ORTEGA Y GASSET. DE LAS ECONOMÍAS AISLADAS A LA GLOBALIZACIÓN.

Me gusta mucho leer, pero darle lectura a cuestiones históricas o a pensadores de antes tiene un sabor especial para mí. El hábito de leer es, probablemente, de las mejores herencias que haya recibido de mi padre y de mi madre, que a su vez vieron leer a sus padres.

Las generaciones que hoy convivimos en este planeta somos, seguramente, las que más controvertidamente vemos el tema de la lectura. Quienes más hemos leído en la historia somos, quizás, mi generación y las dos o tres que nos antecedieron. Por otro lado, las generaciones más jóvenes de la actualidad son, probablemente, de las que menos han leído en siglos de desarrollo de la cultura, y lo peor es que no saben de lo que se pierden.

En estos días, leyendo una crítica que el gran pensador José Ortega y Gasset hace de la literatura de otro portento de la intelectualidad, el escritor Pío Baroja (con quien, dicho sea de paso, mi abuela, la escritora Elisa Hall, se carteaba cuando apenas tenía 12 años), en un escrito de hace 100 años exactos, encontré, cosa rara, un concepto con el cual no estoy de acuerdo.

El mismo dice: "Una economía de reducidas proporciones modela una sociedad muy poco diferenciada. Así, en los pueblos primitivos el individuo puede elegir entre ser sacerdote, o guerrero, o forjador, u ollero, o pastor.".


Él decía que en la España de 1910 había dos docenas de maneras de vivir y nada más. Que el individuo, "...al llegar a la mocedad, es forzado a aceptar una de ellas, y, quiera o no, tiene que verificar la ablación o la compresión de aquellos miembros espirituales que no coinciden con el volumen del molde...", componiéndose el puebo de "...gentes esterilizadas por su oficio, que no coincide con su genialidad personal, con sus facultades e inclinaciones..."


Si eso es lo que se pensaba de España, recién desmantelados los últimos resabios de un imperio en donde no se ponía el sol y del cual se nutrió durante siglos, ¿qué podría pensarse de Guatemala o de cualquiera de nuestros países, en Centroamérica o en el Caribe, con unas economías tan pequeñas todavía y que, encima, tienen un siglo y tanto de luchar, no ya por su desarrollo, sino en contra de la argolla de la ignorancia, del lastre del hambre, del paradigma de la pobreza, de la carga que significa la desigualdad, de las carencias en todo sentido, especialmente de oportunidades.

Consecuente con el pensamiento orteguiano expresado, si de acuerdo a la economía española de hace 100 años no se disponía de más de dos docenas de posibilidades de desenvolverse en la vida, económicamente hablando, en nuestros países, hoy, no habría más de tres o cuatro maneras de hacerlo.

Debemos aceptar que el mundo, desde entonces, ha evolucionado. Es más fácil entender que esas dos docenas de maneras de enfrentar la vida han de haber correspondido, por igual, a España y a toda la América Latina en los albores del siglo XX, y que los pensamientos de Ortega y Gasset provenían de comparar con amargura, más bien, el incipiente desarrollo de los países anglosajones de esa época, que sin el reciente descalabro imperial del país mediterráneo, han de haber tenido mejores condiciones para que sus habitantes se desarrollaran y desenvolvieran.

Nuestras economías, hoy, no permiten que las sociedades que conformamos sean tan desarrolladas, pero existen otro tipo de mecanismos, que antes no había, para que una persona sin muchos recursos pero gran corazón y entendimiento, pueda encauzar su esfuerzo hacia metas hoy impensables.

Conocidísimo el caso de aquel joven que, por carecer de recursos, salía todas las noches a leer sus libros de medicina al amparo del poste de alumbrado público de la esquina del barrio, y con su perseverancia y gran capacidad, hoy vive retirado, al frente de una Fundación, ayudando a que niños de escasos recursos puedan tener, en nuestro país, la mejor cirugía de corazón del mundo, no sin antes dejar una huella de tal magnitud que se habla de la cirugía pediátrica cardiovascular de antes y de después de dicho médico.

Ese logro personal, que hoy compartimos con orgullo como si fuese un logro nuestro, se hizo en una época en que no era común el financiamiento estudiantil. Hoy existen, para los estudiantes dedicados, becas en muchísimos ámbitos que les pueden permitir desarrollarse en el campo que se les ocurra y, prácticamente, en el país que deseen.

Ortega y Gassett vivió en un tiempo en donde todo era limitado. Hasta la economía. Cien años después, la tecnología y la ciencia no sólo han desarrollado las economías de los países que en ellas invierten sino que han ampliado, exponencialmente, los campos de estudio y de desarrollo profesional o laboral de la población en general.

Por otro lado, la tecnología y la ciencia han disparado, por su parte, el segmento laboral de los servicios, en donde hoy las personas pueden encontrar más maneras de desarrollarse que las dos docenas que el respetado pensador veía como las únicas para los españoles de hace 100 años.

La diferenciación de las actividades en nuestras economías, por otro lado, es un proceso dinámico que, estamos seguros, tendrá un enorme desarrollo en los años por venir.

Pero hay que estar alertas. La globalización, proceso en que estamos cada día más vinculados, se está acentuando cada día. Es un proceso imparable a menos que suceda algo como la predicción de Nostradamus y el mundo entre en una crisis generalizada.

En la medida que esa globalización avance, habrá menos limitaciones para el movimiento de capitales, que son vitales para el desarrollo de las oportunidades, de modo que los países ya han entrado en una especia de competencia por atraer esas inversiones y aprovechar esas oportunidades. China, por ejemplo, está por convertirse en el país del mundo donde más personas hablan inglés, porque ha entendido lo importante de aprenderlo para incorporarse al mundo globalizado de los negocios y de los servicios. Hoy tiene más de 300 millones de niños aprendiendo inglés como segunda lengua.

Es vital, entonces, comprender que no es el tamaño de la economía sino la calidad y el enfoque en la educación, lo que permitirá que nuestra actual niñez y juventud compita por las mejores oportunidades, y no contra sus propios compañeros de clase, ni siquiera con los del otro instituto o los que se graduaron en Quetzaltenango o en Jutiapa. La pelea por esas oportunidades, independientemente del tamaño de las economías de los países, está globalizada, y pueden ser los vietnamitas, los polacos, los letonios, los pakistaníes, quienes mejor se preparen, hoy, para recibir las inversiones del mañana y crear más y mejores oportunidades en su gallinero, por decirlo de alguna manera.

Por eso es importante darle un enfoque diferente a la manera como estamos educando a nuestros niños. Por eso, también, es importante entender el mal o el bien que un maestro puede ocasionarle no sólo a los niños a su cargo, sino al país en general, a toda una generación.

No quiero juzgar, hoy, sobre la buena o mala valoración del movimiento magisterial a través de sus sindicatos, sino hacer hincapié acerca de las verdaderas fuerzas que mueven el campo de las oportunidades y cómo éstas pueden incidir en el tamaño de las economías, y no al revés.

Un político formado no puede escaparse del análisis de este tipo de influencias y de la manera como una cosa incide en el funcionamiento o desarrollo de otra.

Por eso es bueno cuestionarse las ideas y desbrozarlas a la luz de otros conceptos, así provengan de uno de los mejores pensadores de la historia, del cual tenemos la ventaja de poder leer sin necesidad de traducción alguna.