Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ciudadanos. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de marzo de 2015

LA ROYA DEL CAFÉ. LECCIONES PARA EL PROCESO POLÍTICO GUATEMALTECO.

     La manera como los guatemaltecos solemos ver las cosas es tratando de obtener lo mejor, y hasta lo que sea, con tal de hacer el menor esfuerzo.  Esto podríamos decir que es de aplicación general.

     La roya, ese hongo que infectó la mayoría de plantaciones de café, atacó principalmente a las plantas viejas, a las mal nutridas, a las mal cuidadas por exceso de sombra y, por ende, de humedad, y a las que sufrían todas estas circunstancias.
     
    La mayoría de caficultores, por inercia o por bajar costos, estaban acostumbrados a invertir lo menos posible, en productos y en jornales, para obtener la producción que fuese, hasta que se quedaron sin nada.

     La consecuencia fue que, después de eliminar y, a veces, quemar plantaciones completas, los caficultores tuvieron que comenzar desde cero, poniéndole especial atención y cuidado a los brotes nuevos, cambiando sus paradigmas y sustituyendo métodos obsoletos de cultivo por otros, pero especialmente fijándose en lo que hacían a cada paso del proceso y teniendo en mente las consecuencias, a futuro, de cada acción emprendida en cada mata y en el conjunto del fundo.

    La caficultura guatemalteca no se ha recuperado del todo, pero los resultados de contar con una mayoría de productores que se fijan en lo que hacen y que ponen todo su empeño en cuidar cada una de las partes y fases del proceso, están dándole al país una cosecha todavía menor que las anteriores pero con una calidad de café sin precedentes.

     Las notas especiales y la limpieza en taza hacen, hoy, evidente, que las plantaciones de café en Guatemala no están a la deriva, que son mucho más vigorosas, están mejor nutridas y, por ende, son capaces de producir mejores rendimientos por área y una calidad que, esperemos, redunde en mejores precios para todos, incluyendo a los trabajadores que ayudan a levantar las cosechas.

  Todo esto tiene aplicación práctica para el proceso político guatemalteco.  El país está enfermo de “políticos tradicionales” que vienen matando, poco a poco, toda iniciativa decente por elevar las condiciones de vida de los más débiles.  El círculo es vicioso porque, mientras las grandes masas electoras son débiles y no tienen oportunidades, son víctimas de esos políticos tradicionales y, casi sin darse cuenta, están siendo embaucados, elección tras elección, para que apoyen este u otro proyecto político que los sume más en la pobreza.

     La enfermedad política de Guatemala es tan grave que ya equivale a la devastación que la roya causó en casi todas las áreas cafetaleras del país.

     Urge que todo el mundo deje atrás viejos rencores, antiguas reyertas ideológicas o lo que sea que nos separe, y tratemos este año electoral de unificarnos en contra de quienes han enfermado al país para fortalecer otro tipo de liderazgos, que también existen.

     Si ya estuvieron donde había y las señales son claras de que su agenda era particular; si no tienen experiencia pública comprobada y honrada; si los hemos visto que son capaces de hacer cualquier cosa por su ambición; si dicen una cosa y finalizan pactando otra a espaldas del pueblo; si gastan tanto dinero para la campaña y no saben explicar de dónde sale; si son capaces de pasarse años repartiendo granos, azúcar, aceite, láminas, herramientas y cualquier cosa para atraer votantes, sin saberse de dónde salen esas grandes montañas de dinero… todas son señales inequívocas de que ese tipo de liderazgo no conviene para rescatar a este país enfermo que, como la roya, ha ido copando institución tras institución.  Nuestros políticos tradicionales están enfermos: ¡Hay que podarlos!

     Así como los productores reaccionaron para no perderlo todo, el ciudadano tiene que reaccionar y dejar de ser cómplice del latrocinio que nos agobia. Cada quetzal que gasten estos enfermos repartiendo cosas durante la campaña es seguro que lo llegarán a tratar de recuperar, al doble, a costa de hospitales, de escuelas, de la seguridad de nuestras calles y de las oportunidades de trabajo que nunca llegan.  Todo si los dejamos ganar.

     Por eso apelamos a los líderes naturales del país, a esos miles de campesinos que viven en la Guatemala profunda, la “Segunda Guatemala” que vive entre lodazales en invierno, entre polvaredas en verano porque no hay carreteras; a esas decenas de miles de líderes de los que denominamos “los sin voz”, para que se pongan de acuerdo para votar “antisistema”.

    Otorgarle el voto a quienes nos ven solamente como instrumentos para encaramarse y tener firma en las chequeras del Estado, es caer en el sistema que ellos, los ladrones de la política, los enfermos por llegar a gobernar, han creado.  Por eso apelamos a la visión antisistema para cambiar la manera de hacer las cosas.

     La gente organizada es poderosa como una plantación bien cuidada y bien nutrida.  Las personas aisladas y sin organización son víctimas como un cafeto olvidado y condenado a desaparecer.

     Guatemala merece una reacción positiva de sus mejores hombres, de sus mejores mujeres, de su ilusionada juventud para poner un “alto al desmadre”.

     La fiesta comenzó por la alegría de unos cuantos corruptos.  Hoy es un escándalo que ha dejado sin agua y sin luz al vecindario y amenaza con acabarlo todo.  Hay que ponerle un alto a todo esto.

     Organicémonos, ayudemos a abrir los ojos del resto de ciudadanos apáticos; seamos un poco antisistema y marquémosle un alto al enemigo de nosotros mismos, erradicándolo como a la roya.  Es seguro que habrá un Presidente, un Vicepresidente, diputados y alcaldes, de modo que voltear a ver para otro lado no es opción: es hacerle el juego a los enfermos de poder.

     De ahí que es necesario el concurso de toda la ciudadanía para sanar a nuestra linda y querida Guatemala.

jueves, 5 de febrero de 2015

LA FUNCIÓN CONTRALORA DEBE CORRESPONDER AL CIUDADANO. IDEAS SOBRE LA FISCALIZACIÓN DE FONDOS

     Varias veces hemos expresado que, antes de poner más impuestos, hay que arreglar el tema de las compras y contrataciones del Estado.  En ese orden de ideas debemos reiterar que, si seguimos haciendo las cosas de la manera tradicional, los resultados siempre serán los mismos.

     Una Contraloría General de Cuentas que permite todo lo que los ciudadanos ya conocemos debería haber desaparecido hace tiempo.  Por el contrario, como un cambio de esta naturaleza corresponde a quienes tienen el control político, que son precisamente quienes tienen el control sobre los fondos públicos, este cambio no se dará sino hasta que haya alguien con los atributos y la claridad de ideas necesarias para implementarlo.  ¿Que se necesita reformar la Constitución? ¡Exacto! Por nosotros no habría problema.

     Para comenzar, el nombramiento del Contralor no debería de estar a cargo de los políticos sino de los contribuyentes (nos negamos a utilizar el término "tributario", el cual no terminamos de comprender).  Nuestra propuesta es simple.  Para el Estado es fácil establecer quiénes son las personas jurídicas y físicas que más contribuyen con sus impuestos, y con esta información debería sacarse un listado con los 2,000 mayores contribuyentes.

     Con este listado se procedería a formar varios grupos: el primero, de los 100 mayores contribuyentes que, entre ellos, elegirían una persona que los represente por 7 años; el segundo, de los siguientes 150 contribuyentes que, entre ellos, elegirían una persona que los represente por 6 años; el tercero, de los siguientes 200 contribuyentes que, entre ellos, elegirían una persona que los represente por 5 años; el cuarto, de los siguientes 250 contribuyentes que, entre ellos, elegirían una persona que los represente por 4 años; y el quinto, de los siguientes 300 contribuyentes que, entre ellos, elegirían su representante cada 3 años.

     Al final, tendremos un Consejo de la Contraloría de cinco miembros que se irían renovando de diferente manera y le aportarían ideas renovadas y estabilidad, al mismo tiempo.  Este Consejo sería el encargado de nombrar, fiscalizar y, en su caso, destituir al Contralor General de Cuentas de la Nación.  Es decir, si alguien debe fiscalizar las cuentas del Estado, que dependa y esté fiscalizado por un grupo de personas conformado por quienes más contribuyen a las arcas del mismo, y no de quienes está a cargo el manejo de las cuentas y del gasto público.

     Este Consejo de la Contraloría debería tener no sólo iniciativa de ley con respecto a aspectos de transparencia y de procedimientos administrativos, sino total independencia de cualquier instancia de gobierno y de los demás órganos del Estado y, sin capacidad alguna de sugerir o de nombrar personal dentro de la misma, sí tener la potestad de regular su política interna, de fiscalizar las actuaciones y de transmitir sus hallazgos a la ciudadanía.

     Por su parte, el Contralor General de Cuentas tendría responsabilidad total de nombrar o de remover a su personal y, específicamente, de su gestión.  No se le puede exigir a alguien que cumpla si se le nombra gente extraña.  Debe trabajar con personal de su confianza y brindar resultados, o hacerse a un lado.  No debería ser, por fuerza, un profesional de la Auditoría sino la persona idónea que el Consejo estime en condiciones de brindar los resultados que se esperan.

     Finalmente, la gestión administrativa de comprar o de contratar obra o servicios debe ser auditada antes de que se hagan los pagos y no después, como sucede actualmente.  Si se establecen los procedimientos administrativos, los sistemas informáticos tanto para darle la publicidad debida y oportuna a cada cosa como en el manejo de los fondos en las cuentas bancarias, con los controles cruzados que sean necesarios, el funcionario podría solicitar tal o cual compra o contratación, la ciudadanía en general se enteraría de todo lo que se pretende comprar o negociar, habría un tiempo mínimo de publicidad para que cualquier ciudadano, a través de mensajes de texto, electrónicos y hasta fotografías, dé alguna señal de alarma o se oponga, y si no hay argumentos válidos para oponerse, si los precios y las calidades están dentro de los rangos permitidos, y si existen los fondos en la partida para hacer pago contra entrega o conforme sean las bases de la licitación de que se trate, entonces la Contraloría aprobaría, electrónicamente, las negociaciones.

     Las lealtades, hoy, están invertidas; los tiempos también, pues de nada sirve, está demostrado, que después del trueno los contralores griten: ¡Jesús, María!  Son inmensas fortunas las que funcionarios corruptos se llevan, cual ratas, gobierno tras gobierno, y las cosas verdaderamente tienen qué cambiar para bien del país.

     En una nación donde los niños se mueren en el campo, los médicos no tienen cómo atender pacientes en los hospitales y centros de salud y la educación está por los suelos para una niñez y juventud mayoritaria, cada centavo cuenta.

     Estamos seguros que con una Contraloría dependiente de quienes más contribuyen y los sistemas administrativos apropiados, el dinero alcanzaría mejor para tanto que falta hacer, atender y construir en nuestro país.  Si no cambiamos esta parte de la historia será sumamente difícil salir de la pobreza, eliminar el hambre y combatir la ignorancia, tres jinetes apocalípticos a quienes hay que doblegar, y seguimos teniendo confianza en que, más que los políticos de turno, somos los ciudadanos quienes, enfocados como uno solo, tenemos muchos qué decir al respecto.


domingo, 14 de septiembre de 2014

LA COMPRENSIÓN DE LOS TEMAS SOCIALES NO SE LIMITA A LOS LIBROS

     Académicos hay bastantes.  Sociólogos hay muchos.  Amantes de los temas sociales sin ser sociólogo, como nosotros, quién sabe. Lo cierto es que hay muchísimos libros para aprender, pero quien desea verdaderamente enterarse tiene, forzosamente, que salir a la calle, convivir con la gente, observar los comportamientos, atarlos a lo que ha leído, analizarlos y, finalmente, atreverse a interpretarlos en un proceso mental no del todo descriptible.

     Todo lo anterior, en el ámbito del político, viene a fortalecer su comprensión de la complejidad de la ciudadanía, pues aunque somos millones de ciudadanos (y de electores), y formamos corrientes o tendencias, cada uno conforma un mundo distinto, una individualidad que, en el respeto que se merece, debemos tratar de comprender al máximo.

     Es desde ese orden de ideas que, de un tiempo a acá, nos hemos sumergido en diversos "mundos" donde esa ciudadanía se desenvuelve, dándonos cuenta de esa complejidad de la que escribimos, de cómo inciden los barrios (hasta con su diseño arquitectónico y su iluminación), los horarios de observación, los niveles de pobreza y de educación, la drogadicción y su incidencia en la tranquilidad o violencia, dependiendo de quién mande en el sector donde se distribuye, etc.

     No es lo mismo, por ejemplo, observar de día la febril actividad de compradores que buscan los comercios informales de la 18 calle, en el límite sur del Centro Histórico de la ciudad de Guatemala, que a las 9 de la noche en que la actividad continúa, pero a cargo de familias enteras de comerciantes cargando, empacando, acarreando y guardando su mercadería, denotando que este es un pueblo de gente que se faja trabajando.

     Observar el cambio que, desde el punto de vista social, se ha dado en lo que denominan el proceso de rescate de ese Centro Histórico, ha sido fascinante, con la peatonalización de la 6ta. Avenida y el privilegio que se le da a la gente de a pie, el resurgimiento de edificios abandonados para convertirse en el Centro Comercial más grande y más democrático de la capital, con la inversión que se le hizo en iluminación y en cámaras, para mejorar su seguridad que continúa dando esporádicos problemas pero ha mejorado, y con el florecimiento de una vida nocturna distinta a la que antes se encontraba, más bohemia y de clase media que también necesita sus espacios y los beneficios del ocio y del esparcimiento.

     Ver a una señora envuelta en su corte tradicional, de noche, empujando su carreta con ruedas de cojinetes y su niño envuelto en la espalda porque lleva al cuarto que alquila las cosas con las que anduvo vendiendo desde la mañana, es ayudar a comprender a esa inmensa mayoría de madres solteras que tienen que sobrevivir y proveer todos los días.  Es más, nos atreveríamos a decir que más del 90 por ciento de las mujeres que hemos conocido bajo tales circunstancias son de este tipo, de las que en algún momento se quedaron solas con sus hijos y los sacaron o los están sacando adelante con uñas y dientes, lo cual nos inspira un gran respeto.

     Peleas repentinas también hemos podido observar.  Es la imagen de una sociedad viva y real, no idílica, en donde afloran el racismo, los insultos, las loqueras provocadas por drogas pesadas, el machismo y otras cuestiones propias del ser humano; en donde las cosas, afortunadamente, no han pasado de moretones y mentadas de madre.

     Rateritos que atrapan a algún trasnochado y solitario funcionario en día de pago, con sus copitas de más, también hemos podido ver. Actúan en cuadrilla y, a veces, hasta en bicicleta, y en la "profesión" no hay distinción de género ni empacho en salir a asaltar con una barriga de unos 7 meses de embarazo.

     Pero las cuestiones culturales que se transmiten de esas madres solteras a los hijos, también nos han llamado la atención, pues mientras hay unas que velan por que sus retoños estudien, hay otras que les consiguen que vayan aprendiendo un oficio como ayudantes de algún taller o industria, también hay otras, como una vendedora de tamalitos de chipilín que anda con su niño a la par, pidiendo limosna, y cuando se le aconseja que mejor le enseñe a trabajar, como élla misma lo hace cargando todos los bultos, se enoja con nosotros y nos deja de ofrecer su mercadería en actitud hostil.

     Mujeres tomando licor desde horas de la mañana con sus niños jugando entre las patas de las mesas, hemos encontrado ya en horas en que se va el sol, sin que paisanos, dueños de los locales o autoridades, digan nada.  ¡Razón habrá para que esos niños, de adultos, vean como algo natural tomar alcohol hasta embrutecerse!

     Pero también hemos disfrutado del repertorio musical que un paisano lleva en su teléfono, oferta mucho mayor que la del aparato mismo del negocio.  ¡Ah, cambios sociales que provoca la tecnología!  Y en medio de ese ambiente hay que reconocer que la gente de menores recursos económicos que uno conoce en esos lugares es más proclive a invitar a tomar algo a un extraño como nosotros que en un lugar de gente pudiente en nuestro país, pues las barreras de la comunicación con la gente sencilla son, a la vez, más sencillas.

     Sentarse a tomar una cerveza, solo, en una mesita donde se tenga acceso a ver la calle, es sorprendente, pues podremos observar taxis en donde dudosamente cabríamos, o trabajadores trasnochados, bajo la luz del farol, cortando alguna pieza de metal con un esmeril en la banqueta; o del jueves al domingo constatar que los pequeños negocios compiten en decibeles, con sus bocinas apuntando a esa calle, sin que nadie gane, pero perdiendo todos.

     Todo buen observador y todo político que desea tener un mensaje que llegue a la gente tiene que convivir, alguna vez, con esa gente, la que tiene las manos encallecidas de trabajar honradamente o llenas de grasa porque pasaron horas tratando de arreglar algún motor, o conocer las penurias económicas de aquel muchacho que tiene casi un año metiendo papeles con su hoja de vida en cuanta empresa encuentra, sin hallar trabajo.

     La gente con gabacha que uno ve a la par de un hombre sin una pierna, con muletas, o alguien a quien le falta un ojo o le quedó inútil una mano, que se mezclan con funcionarios que no tienen empacho en ponerse a libar con sus chalecos puestos del Ministerio de Salud o del Ministerio Público, guareciéndose de la lluvia entre sombrillas que publicitan alguna marca de cerveza pero acuñadas, para que estén en pie, entre cajas de envases vacíos de cervezas de la competencia, son partes del paisaje que nadie advierte, pues se da por sentado.

     Llama nuestra atención, por su puntualidad, el caso de una señora que vende tostadas y panes utilizando, para ello, una carretilla de supermercado.  Cuenta que su recorrido dura varias horas al día, y hasta comparte a dónde se va a ir a pasar vacaciones, unas vacaciones que cuestan algunos centavos y que, en nuestra mente, afirmamos que tiene bien merecidas después de llevar viento, sol, polvo y lluvia durante meses ininterrumpidos, con disciplina no menos férrea por ser autoimpuesta.  ¡Ésa es nuestra gente esforzada y trabajadora, que no necesita jefe ni capataz para producir!

     No faltan los tapiceros trabajando en las aceras, ni las ventas de muebles de madera ni todo el mundo ocupando las banquetas pero haciendo algo, como no sean las señoras que no se saben estacionar y que están por todos lados (¡qué le vamos a hacer!); ni faltan las motocicletas con familias enteras o repartiendo tambos de agua y cilindros de gas, pues las pizzas y las órdenes de comida rápida parecen ser privilegios de barrios más adinerados.  Sin embargo, son banquetas generalmente limpias, como no sean las del Centro los fines de semana, pues son utilizadas para recibir de todo tipo de excreciones corporales: parte falta de educación de la ciudadanía, parte que no hay baños más que en los negocios establecidos.

     En los barrios populares uno encuentra, en cada casa, un taller, una bodega o un negocio, ya sea parqueo, ya sea un cuarto de alquiler o algo que, aunque sea en la informalidad, en algo le aporta a la economía del país sin que abulte el índice de crecimiento del Producto Interno Bruto, PIB, y todo esto no es más que un reflejo de lo que somos: un país, precisamente, en donde la palabra haraganería no existe, en donde quien no tiene oportunidades, en los centros urbanos, se las busca aunque le cueste encontrarlas o no lleguen inmediatamente.  No se deja de cejar e insistir, no se para y se busca siempre una alternativa para suplir las necesidades materiales.

     Con la partida del sol comienzan a brotar otro tipo de personajes, como los individuos que le hacen a la droga (no quiere decir que de día no salgan, pero se hacen más evidentes), como los queridos músicos que más de una vez contratáramos para que nos cantaran en trío, o individualmente, algún bolero, con el marco de una ciudad que se debate entre casas viejas, anteriores a tanto terremoto, y las nuevas que todavía falta que los prueben, pero todas rayadas en la penumbra de esa hora por las siluetas de tanto cable que les han puesto enfrente, desordenadamente.

     Con la noche se vienen otros fenómenos, como las ofertas de litros de cerveza a dos por uno o las autopatrullas de la Policía Nacional Civil, PNC, confluyendo todas, a la misma hora, a la misma estación de servicio a echar gasolina.  Imaginamos que esto también ha de ser objeto de observación por parte de la delincuencia, la que tiene, con este fenómeno, también, su hora feliz para transportar droga, para llevar dinero o cambiar de lugar a un secuestrado; no digamos para cometer otros hechos de violencia contra el ciudadano común y corriente (pues el acoso al transporte público se suele dar en horas de la mañana).

     Contrasta en la obscuridad de la noche esa vendedora de prendas de vestir con pantalón de lana color salmón, blusa floreada y delantal con rayas, acarreando un bulto con su mercadería, vendedora que compite, acercándosenos a ofrecer, con vendedores de baratijas o achimeros, de películas y música pirateadas que pasan constantemente.  En como un cuadro goyesco de la informalidad.

     Son los barrios en los que igual se te acerca abiertamente a pedirte un trago un charamilero como ves que la gente todavía entra sus macetas a las casas en la noche, pues tienen la conciencia, perdida en otros lados, de sacar sus plantas a respirar.  Son los barrios de árboles viejos, centenarios, o de árboles nuevos porque antes no los tenía (que por cierto, tal medida ha sido criticada con el argumento de que antes no los había, como si todo tuviese  que permanecer igual y no haber opción para mejorar o, al menos, ser distinto).

     Son barrios en donde se pueden ver a los empleados municipales recogiendo basura que las personas inconscientes han tirado durante el día, a la calle, a las siete y media de la noche, o a las 4 de la mañana, hora en que comenzaban a limpiar cuando salíamos a hacer campaña y teníamos que estar a las 8 de la mañana en Las Verapaces.  O donde un marido, de traje, lleva abrazada a su mujer, borracha, en una mano, y su maletín en la otra, camino a su hogar conyugal, mientras también carga a su pequeña hija.

     Nuestra sociedad es compleja, pero en términos generales conformada por gentes de buenos sentimientos, trabajadora, que lo que desea es producir y que no la jodan.  Gente linda con quien se puede trabar una buena amistad y compartir algunos valores que tienen que ver con la patria, con el civismo, con el fortalecimiento de la ciudadanía, con la visión del futuro para nuestros hijos.

     Conocer y aprender de estas personas sobre la complejidad de nuestros procesos sociales y hasta de la descomposición de nuestra comunidad, ayudándonos a conocer un poco mejor a una de las Guatemalas (hay otra importante, la profunda de las comunidades rurales más pobres y apartadas que conocimos conviviendo muchas aventuras a fines de la década de 1980 y en gran parte de la de 1990), es una bendición para nuestra formación, para nuestro crecimiento espiritual y para la capacidad que tengamos de hacer, de toda esta información, algo positivo, ya sea comunicándolo, ya aconsejando sobre políticas públicas, ya liderando algún proceso de mayor importancia.

     Nuestra capital está catalogada como la octava ciudad más violenta del mundo (Aristegui, 2013), pero la violencia no está en la generalidad de personas que la habitamos sino en unos pocos energúmenos que, con el Derecho en la mano, podemos controlar. Si sólo libros o reportajes sobre estadísticas leyésemos, tendríamos que creer lo que todos dicen al respecto, pero nuestra experiencia de campo es otra y viene a balancear nuestro juicio.

     Es cuestión de tiempo que esto se entienda y que pongamos las cosas en su lugar.  ¡Toda esa gente trabajadora, de día y de noche, se lo merece! 
  

     

jueves, 24 de julio de 2014

PARTICULARIDADES DE ACTUALIDAD DEL PROCESO POLÍTICO GUATEMALTECO.

     Cada país tiene sus particularidades propias de su proceso político.  En el caso guatemalteco, sin abundar en detalles por el momento, se acaba de dar el caso que el Tribunal Supremo Electoral, TSE, después de venir advirtiendo durante años que no se hiciese campaña política anticipada, es decir, antes de que el mismo convoque a elecciones abriendo de esa manera la participación política, resolvió suspender las actividades de todas las organizaciones políticas cuyos dirigentes se habían robado la salida.

     Después de eso, como la inauguración de obras por parte de posibles candidatos a la Presidencia de la República que hoy ocupan cargos de Ministros de Estado quedó en el limbo y, de hecho, el Gobierno de la República continúa gastando una montaña de dinero en publicidad, curiosamente en las áreas de seguridad y de infraestructura, que son los dos ministerios en donde están identificadas las dos personas que podrían correr con dicha candidatura del partido oficial, se ha dado otra reacción.

     Se trata de la renuncia del candidato que ha venido punteando las encuestas, hasta ahora, del cargo como Secretario General de su partido político para, desde el punto de vista individual, continuar con esa campaña política que el TSE está tratando de prohibir, por anticipada, y que, si bien es cierto en las comunidades del interior del país no se protesta, es despreciada por las grandes mayorías urbanas, especialmente dentro de las personas más enteradas y más educadas.

     Decimos que fue una reacción porque, si se hubiese ordenado que los ministros que aspiran a tan alto cargo dejasen de aparecer en todo, quizás esta situación no se habría dado.

     Desde nuestra faceta de profesional del Derecho tenemos que concordar que esta renuncia es una acción legal, pues no está prohibida por la ley, aunque en este momento el TSE está pendiente de conocer si acepta o no dicha renuncia.  ¿Acaso alguien puede estar obligado a ejercer un cargo?  Nos parece que ese alto Tribunal no tendrá más que declarar la legitimidad del acto y tenerse que quedar callado, viendo al otrora candidato en todos los medios, sólo que ahora como "promotor social".

     Pero no es acerca de las leyes escritas que deseamos enfocar nuestras ideas.  La Ley es la ley y para eso estudiamos Derecho.

     Es acerca de las normas no escritas, que atañen a la política, que quisiéramos enfocar nuestros pensamientos en adelante; esas reglas implícitas que el político tiene, a fuerza, que tener presentes, porque actuar conforme a ellas afecta el bienestar o malestar del ciudadano, en lo individual, y hace el ambiente social en que nos desenvolvemos más o menos respirable, según se actúe y según nuestras actuaciones, en el ámbito público, sean percibidas por las comunidades diversas que conforman nuestra sociedad y por las personas que comentan y forman la opinión generalizada, en su estrecha o amplia esfera personal, pero la de cada quién.

     El político que, en el siglo XXI, se conforma con actuar conforme a Derecho y se olvida que la ciudadanía siente, opina y aprueba o desaprueba, está perdido.  Aunque es cierto que hace falta muchísima educación, en general, dentro de las grandes masas de población de nuestro país, también lo es que grandes segmentos de la misma están más informados y apoyan o rechazan las actuaciones políticas en donde se sienten tomados en cuenta u ofendidos.

     La política, con cada día que pasa, se perfecciona más como mecanismo de intercambio, y nuestras decisiones, como dirigentes, aunque estén apegadas a la ley, están en el ojo de la conciencia colectiva y, dependiendo de cómo percibe cada quién una actuación, y ahí es donde entran esas reglas no escritas, el ciudadano de a pie nos dará su apoyo o nos dará la espalda.

     No tomar en cuenta la sensibilidad ciudadana nos parece un error garrafal, y aunque no nos atrevemos a externar cifra alguna, la sumatoria de tantos errores parece hacer gravitar, en el ambiente, la conformación de una decisión colectiva de un gran sector del conglomerado urbano que, nos parece, está cada día más ansioso de que llegue el día de las elecciones para desquitarse.

     La decisión equivocada de la generalidad de políticos en pugna por la Presidencia de la República de no respetar una convocatoria, de salir antes de tiempo a poner vallas y "muppies" por todos lados, a contratar anuncios de radio, de televisión abierta y canales de cable (y, ahora, algo que parece que nadie ha percatado, hasta de poner su propio programa de noticias), de salir a pintar postes, piedras, puentes, árboles y hasta símbolos patrios, como las centenarias ceibas, les va a salir caro.

     Las elecciones en Guatemala, a partir del año entrante, 2015, serán distintas, pues lo que vemos es que todas esas personas que ya no aguantan la prepotencia de los candidatos que no los respetan, unificarán criterios para no dejarlos avanzar, y cambiarán para siempre la manera como se hace política en el país, pues habrá alguien que los unifique en su contra y, todo lo malo que han hecho sin tomar en cuenta a los electores, se les vendrá en su contra, derrumbando sus sueños como cae un castillo de naipes.

     De ahí, en adelante, los políticos tendrán que cambiar y tratar de caminar más poniéndose en los zapatos de la gente común a la que pretenden gobernar.

     Lo bueno de todo es entender que nuestro sistema político es imperfecto pero que, dentro de todo, está por generarse un cambio positivo.  Hasta ahora hemos visto que, mientras más enfermo estaba nuestro sistema político, peor se ponían las cosas, pero la era de la información hace que grandes masas ciudadanas formen criterio, no se dejen engañar y actúen, en mayoría, en el mismo sentido, y media vez se den cuenta del poder que tienen, el resultado será irreversible.  

     Ese individualismo se volverá colectivo, saboreará más la derrota del político que odia que el triunfo del político que apoya, y el gusto por ese poder de quitar ya no lo dejará y lo hará prepararse mejor para la siguiente elección, pues se dará cuenta que la exteriorización de las cavilaciones que todo esto le provoca no es mala, que sus ideas son compartidas y que hay un sentido común qué aplicar en política, aderezándola desde su computador a su manera.

     El político que no se da cuenta de hacia dónde soplan los vientos en el momento que le ha tocado vivir, está en desventaja y lleva las de perder.  Por eso, y porque también se han de romper otros paradigmas (¡copa!), nos atrevemos a decir que el candidato puntero está cavando su propio sepulcro al afectar el sentir de los ciudadanos, en su intimidad, y no ganará la elección, como tampoco lo hará ningún candidato oficial, por mucho presupuesto del dinero de todos que le inviertan.