Mostrando entradas con la etiqueta elecciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta elecciones. Mostrar todas las entradas

sábado, 11 de diciembre de 2021

UN BUEN POLÍTICO DEBE SER DISIDENTE.

Comencemos por afirmar que un político conforme no sirve para nada.  Un político mentiroso que utiliza el desengaño ciudadano para su discurso y aprovecharse personalmente, es peor.

Como lo vemos, la situación de precariedad en que viven las grandes mayorías y esa contumaz falta de respuesta del sistema político, le debe doler hasta el tuétano a un buen político.

Hay que ser contestatario pero con inteligencia y educación; por eso hablamos de disidencia. Las herramientas que proveen el Derecho y la Política están para generar los cambios que el sentido común dicte para frenar tanta injusticia, comenzando por la corrupción, y construir un andamiaje que favorezca el desarrollo, las inversiones foráneas y locales, la educación verdadera, la transparencia en la utilización de los recursos como en la Administración de Justicia.

En política serán muy pocos los camarones que se duerman y se los lleve la corriente. La mayoría estarán al acecho para coludirse y asaltar los recursos públicos sin que les importen los índices de desnutrición o desempleo, por mencionar solo dos, o estarán dispuestos a dar la pelea y señalar los temas puntuales de la agenda nacional que hay que mejorar para todos. Estos últimos casi se pueden contar con los dedos de una mano.

A muchos políticos de la mayoría les preocupa el próximo proceso electoral.  A nosotros nos aflige pensar en la Guatemala del año 2,300 o 2,400, después de pasarnos casi una vida observando nuestro raquítico crecimiento económico y nuestra galopante caída, como sociedad, hacia abismos oscuros.

La ciudadanía guatemalteca ha comenzado a despertar, pero todavía son demasiados los cantos de sirena, el dinero mal habido que compra voluntades y ese conformismo con la cancioncita de turno.

Nosotros nos inclinamos por la disidencia. Estar conforme con lo que tenemos es indefendible, y ya no hay tiempo que perder. 

martes, 23 de octubre de 2012

EL DENOMINADOR COMÚN DEL GOBIERNO RUSO Y DEL PUEBLO ESTADOUNIDENSE

Ver el tercer y último debate de los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, y darme cuenta de la prepotencia de las potencias mundiales y de lo absurdo del plano electoral de la mayor democracia de este planeta, fueron una cosa anoche.

La sociedad estadounidense tiene los mayores problemas económicos desde la depresión que iniciara en aquel octubre de 1,929, con unos umbrales de personas desempleadas y niveles de pobreza que se evidencian con la cantidad de personas viviendo de la caridad del gobierno, sin precedentes para nuestra generación, pero la discusión en torno a los candidatos giró sobre su posibilidad de ponerse a la par de otro Estado en una supuesta guerra, sobre la voluntad de estos para intervenir en otros países, sobre el papel que consideran que tiene el país para servir de policía del mundo, un "honroso" cargo que ellos mismos se inventaron, sobre la multimillonaria inversión militar de ese país que, según dijo el mismo presidente Obama, es mayor que las siguientes diez potencias militares del mundo juntas.

¿No les caería bien, en estos momentos de relfexión para elegir sus más altas autoridades, dejar de ver cómo se meten en los asuntos del resto del mundo y componen sus desequilibrios internos?

Todo esto, unido a que, por supuesto, se habló de la "Primavera Árabe", lo que incluye los conflictos internos que se viven en varios países de esta parte del mundo, me hizo pensar en la también prepotente posición del gobierno ruso, defendiendo hasta la saciedad un régimen desgastado en Siria que, tarde o temprano, ha de caer.  Los rusos recién salieron de un proceso electoral no tan transparente, pero ¿no les caería bien, a ellos también, voltearse a ver a sí mismos antes de mantener la defensa a ultranza de sus antiguos territorios de influencia geopolítica?

De ahí el título de este ensayo.  Tanto el pueblo estadounidense, con su actitud de ver a donde no están sus intereses, como el gobierno ruso, defendiendo lo que está por terminar de derrumbarse, tienen algo en común: tarde o temprano se convertirán en perdedores.

Si los electores estadounidenses votan con la mente puesta en Afganistán, en Líbano, en la bomba atómica de Irán, en sus deterioradas relaciones con Pakistán, en sus pleitos en la Organización Mundial de Comercio con China, o en el fuerte lazo diplomático, militar, comercial y de inteligencia que los ata con Israel, con una gráfica de endeudamiento alarmante que señala que van al precipicio, pues no logran estabilizar los presupuestos de los siguientes diez o quince años, no van a desarmar esa bomba financiera y fiscal.  Luego, que no se quejen cuando todo esto les explote en la cara y resulten con niveles de endeudamiento y de desempleo que ya no les permitan salir adelante y convertirse en uno más de los países en crisis alarmante, pues con sólo ver la ruta que los gobiernos socialistas griegos, españoles y portugueses, especialmente, han trazado, para reconocer que el sendero por donde van, con incrementos en los privilegios y en los niveles de deuda para mantenerlos, son insostenibles en el largo plazo.

De igual manera, cuando el régimen de Bashar Al Assad finalmente caiga, el gran perdedor aunque este último pierda la vida en el intento por mantenerse en el poder será el gobierno ruso.

Soy del tipo de políticos que suelen morirse con las botas puestas cuando se trata de principios, pero me cuesta entender que los electores estadounidenses o los estrategas políticos y militares rusos, tanto o más inteligentes que quien escribe, no abran los ojos y se den cuenta que conducen, unos a su país, otros al gobierno al que sirven, por la ruta del matadero.

La diferencia entre ambos es que, para los rusos, será como una raya más al tigre y no tendrá consecuencias más que en el prestigio de los defensores del carnicero de Damasco; pero la llevada de la economía del país que hoy es todavía el más rico de la Tierra, por irresponsabilidad primaria de sus autoridades y corresponsabilidad compartida de electores ciegos y formadores de opinión vendidos o con poca o nula capacidad para ver más allá de su entorno cotidiano, tendrá consecuencias globales negativas para las economías de todos los países en vías de desarrollo y hasta para las grandes economías que dependen del comercio con este gigante para generar y mantener su riqueza.

Pedir que un gobierno rectifique su política es pedirle peras al olmo, pero espero que los votantes estadounidenses tengan la sensatez de enfocar el debate político de su nación en las cosas que, verdaderamente, les debieran interesar, y dejar de ver al resto de países del mundo con esa falta de respeto, como si pueden ir por ahí interviniendo en uno y en otro.

miércoles, 17 de octubre de 2012

LOS LATINOAMERICANOS Y LAS ELECCIONES DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA

Hace más de tres años venimos advirtiendo, en este espacio, nuestra enorme preocupación por el futuro de la economía estadounidense (http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2009/04/una-larga-crisis-o-dos-crisis.html), circunstancia que, lejos de haber cambiado o de haberse disipado, se ha profundizado, porque las autoridades de Estados Unidos de América, encabezadas por el Presidente Barack Obama, o no escarmientan con lo que sucede en la totalidad de países del sur de Europa, agobiados porque han venido gastando más de lo que tienen, o no entienden "ni la 'o' por lo redondo" en materia económica.

Si se tratara de una pequeña isla del Mar Caribe, de un país africano o inclusive de un gran país del otro lado del mundo, como podría ser Australia, no tendría tanta importancia porque el volumen de negocios de toda América Latina, en su conjunto, o de los países grandes del Sub Continente, como México o Brasil, en lo individual, o los pequeños como el nuestro pero con gran dependencia de ese gran mercado, no sería significativo.

El caso es que todos los países de América, con la posible excepción de Cuba e incluyendo a Venezuela, tienen enormes negocios con Estados Unidos, lo que quiere decir que si a este último le va bien, económicamente hablando, nos compra productos y necesita mano de obra en su propio suelo, incluyendo la latinoamericana, pues una economía sana significa la expansión de los negocios y su consiguiente distribución de riqueza a través de sueldos, comisiones, utilidades, honorarios y todo lo que la actividad productiva del ser humano es capaz de generar cuando las cosas van bien.

Una debilidad en la economía estadounidense significa despidos, comenzando por la parte más débil del eslabón, que serán los sueldos más caros, que son menos personas, y los sueldos más bajos, que son la mayoría y que es donde, seguramente, afectará a la comunidad latina productiva en ese país.  Además, las compras de nuestras frutas, verduras y productos manufacturados caerán como nunca, pegándole duro a los precios internacionales y ocasionando, a su vez, grandes despidos en nuestras propias economías.

Por eso, ahora que estamos a unos días de renovarse las autoridades que marcan el rumbo de ese gran país, y entendiendo que el Presidente Obama ha hecho una aceptable labor dentro de los parámetros democráticos, tenemos que salir a decir que la parte que tiene que ver con desarmar el peligro de una crisis económica ya prolongada (el ensayo lo escribí hace más de tres años), en lugar de haberle puesto la diligencia y el cuidado necesario, ha sido irresponsablemente mal manejada, es decir, no sólo mal manejada por ignorancia, pues la deuda de ese país, desde que anuncié el peligro de una segunda crisis, y este momento, ha alcanzado unas proporciones gigantescas nunca antes registradas en la historia, lo cual han permitido y fomentado a sabiendas de que están gastando lo que no tienen.

Los votantes tienen todas las libertades de elección que un ejercicio democrático garantiza, pero el problema es que la mayoría no se da cuenta cómo los llevan, con cada proceso electoral, cual rebaño al matadero.  Todos tienen la mente puesta en el 6 de noviembre de 2012, pues es el día de la elección, pero pocos piensan en 2014, en 2016 o en 2023, y es el futuro y su bienestar el que se jugarán.

Cuando la deuda actual de Estados Unidos, que al ver la cantidad difícilmente se puede leer, y más difícil entender de qué monto hablamos, llegue a los niveles en donde las siempre traicioneras calificadoras de riesgo las pongan en la situación en que hoy está, por ejemplo, la deuda soberana española, y eso haga que se duplique, se triplique y hasta quintuplique la tasa de interés que hoy les cuesta endeudarse, y el país entero entre en esa espiral de falta de credibilidad de los agentes acreedores, con China encabezando el cobro de ese dinero, será muy tarde para comenzar el rescate.

En esta contienda electoral, la influencia del congresista Paul Ryan, ahora candidato a la Vicepresidencia por el Partido Republicano, es notoria en la campaña, pues por lo menos tenemos a un equipo de posibles autoridades, con posibilidad de triunfo, además, que parecen tener las ideas claras y correctas al respecto.

Sus experiencias combinadas, tanto del candidato republicano Mitt Romney, con un manejo económico exitoso de unos juegos olímpicos que, hasta ese momento, eran tradicionalmente deficitarios, como la de su candidato a vicepresidente, que ha jugado durante años un papel importante en los temas presupuestarios y económicos en la Casa de Representantes, confrontada con las del actual mandatario y su vicepresidente, que a sabiendas de los problemas en que se meten los países al gastar de más, han endeudado tremendamente a ese gigante del Norte, me hacen ver con claridad que los intereses de los latinos, tanto de los que viven dentro de ese país como de quienes vivimos en el resto de los países americanos, está en que llegue a esos puestos de poder un equipo coherente que ordene las finanzas y haga las cosas de una manera distinta a como se vienen haciendo hasta ahora.

Nosotros no echaríamos en saco roto la afirmación de que cuatro años más del gobierno de Barack Obama pueda significar que la deuda estadounidense llegue a los 20 trillones de dólares (ahora ronda los 16 trillones, si alguien quiere explicar qué cantidad es ésa).

El riesgo de una guerra nuclear ensombreció durante décadas la vida dentro de un ambiente de libertad del Hemisferio Occidental, pero la quiebra de Estados Unidos, a la griega, a la portuguesa, a la italiana o a la española, es una realidad pendiente de la marca del tiempo si las cosas continúan haciéndose de esta manera.

Proteger nuestros empleos, nuestros negocios y nuestros intereses, tanto si somos votantes allá como si únicamente opinamos y damos razones válidas, desde acá, es totalmente legítimo, especialmente porque no tenemos interés ideológico, religioso o partidario con alguno de los contendientes ni con los partidos, y no somos más que una voz independiente más que se niega a aceptar por válido cualquier ofrecimiento de campaña o promesa electoral, que ha luchado por impulsar el desarrollo de su país y de su gente y ve, en la manera como se gestiona actualmente el país que coincide con ser nuestro socio comercial número uno, una terrible amenaza para el futuro cercano.

¡Que un soplo de entendimiento y lucidez inspire a los votantes latinos, por lo menos, para compartir esta visión de futuro y defenderla con lo que puedan!