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viernes, 22 de enero de 2016

LA RECAUDACIÓN REAL Y LA VERBORREA A SU ALREDEDOR

     Cada año es lo mismo: "no se cumplieron las metas de recaudación". ¿Acaso esto es noticia? Con las metas que, entre la propuesta de funcionarios del Ministerio de Finanzas Públicas y la aprobación de diputados al Congreso de la República, ¿hay algo de sentido común?

     Tanto al gobierno como a los comerciantes que tenemos de diputados les interesa un Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación lo suficientemente inflado, al primero para poder gastar más, a los segundos para tener más renglones dónde meter a sus empresas o a las de sus parientes, negociar plazas y, en general, toda esa parafernalia asquerosa que ya todos los ciudadanos, desde afuera, conocemos.

     Lo que es poco entendible es que la prensa independiente (o debiera poner "independiente", con lo que el entrecomillado implica) les haga el juego y recalque que los ingresos no llegaron a cumplir las expectativas de lo programado. ¡Cómo nos subestiman! ¡Cuán tontos creen que somos!

     Esto también se viene a aunar a la cantaleta que se cree y repite la Comunidad Internacional (ese cuasi ente etéreo que nos critica como puede espantar un fantasma en una casa abandonada) de que en Guatemala no se pagan impuestos, o de que no se paga lo suficiente.  Cantaleta, decimos, porque ha sido imposible hacerles entender que los altos niveles de pobreza de las grandes mayorías hacen que la población sujeta al pago de impuestos sea la minoría, por lo cual es más apropiado decir que hay que elevar los niveles de ingresos para que todos seamos sujetos impositivos, y no repetir que, porque la tasa per cápita es baja todos pagamos poco.

     Si vemos la realidad de las cosas, año con año ha venido incrementándose los ingresos del país. Respecto a la recaudación tributaria de 2014, la de 2015 creció un 1.3%, con todo y que en ese año fueron a parar a la cárcel el presidente de la República, la vicepresidenta, el Superintendente de Administración Tributaria y varios miembros de la SAT, el presidente del Seguro Social, el ex presidente del Congreso de la República y varias decenas de funcionarios activos de los tres poderes del Estado.

     En una Guatemala convulsa que ha tenido elecciones generales y tres presidentes constitucionales (si, subrayado) en pocos meses, es todo un logro del sector privado (también subrayado) que la recaudación tributaria no se haya caído.

     Y la verdad es que esa recaudación tributaria ha venido creciendo consistentemente, año con año, muy a pesar de todos esos portavoces ex oficio de los interesados que se encargan de decir, repetir y tratar de hacer creer lo contrario.

     La #PrimaveraChapina que se inició en abril de 2015 merece que digamos las cosas como son, que estemos alerta y no nos dejemos engañar y que veamos las cosas en su contexto real.

     ¡Guatemala es más grande y más linda de lo que, a contrapelo de la realidad, nos quieren hacer creer!

lunes, 10 de noviembre de 2014

NO ES DEBILIDAD TRIBUTARIA. ES DESMADRE ADMINISTRATIVO

     La publicación de hoy del suplemento Mundo Económico de Prensa Libre http://www.prensalibre.com/economia/recaudacion-gasto_publico_0_1244875634.html nos invita a hacer las presentes reflexiones:

     1. La recaudación de impuestos en Guatemala, salvo el año 2009 en que pegó más duro la crisis financiera internacional y se consolidaba el desmadre administrativo del gobierno de Álvaro Colom, ha sido consistentemente creciente.  Si en 2006 los ingresos fueron del orden de Q.27.2381 millardos y este año se esperan recaudar Q.49 millardos, no hay argumento sólido en contra, aunque la prensa caiga en la trampa de repetir lo que los malos gobernantes de turno, ávidos de más dinero, dicen constantemente faltando a la verdad.

     2. No es el gasto público el que se pone en riesgo, sino los programas sobredimensionados que algunos políticos, en el ejercicio de sus respectivos cargos (en el Organismo Ejecutivo, en el Organismo Legislativo, desde la mayoría de municipalidades y desde la Universidad de San Carlos y sindicatos, y hasta desde el contubernio de la iniciativa privada), se han dado en aprobar, obviando el hecho de que los ingresos del Estado son limitados, y nuestra capacidad de endeudamiento, también.

     3. Es muy fácil echarle la culpa a las impugnaciones a la última reforma tributaria, pero si los cambios a la legislación que norma lo relativo a los impuestos hubiese sido bien hecha, y no el galimatías y las "fumadas" que, a la carrera, aprobó un Congreso de la República servil e irreflexivo a principios de 2012, otra cosa sería. Debemos comenzar por reconocer que todo Estado necesita de los impuestos, pero nunca hay que perder el balance entre lo que puede ser enmarcado dentro de lo legal (constitucionalmente), el sentido común pero, especialmente, el respeto a la ciudadanía.

     4.  Antes de hablarse de reforma tributaria, los contribuyentes necesitan que nuestras autoridades fomenten un cambio radical en lo que respecta a compras y contrataciones.  De nada sirve que tributemos más y que endeuden hasta la décima generación de no natos, si no hay inversión, si no queda obra, si no mejora la infraestructura del país y las condiciones de vida de la gente.  Este es un problema de fondo de los más grandes, y hay que dar señales claras de atajarlo antes de exigir más impuestos del ciudadano.

     5. Insistimos en que el divorcio entre Ministerio de Finanzas y Superintendencia de Administración Tributaria hay que zanjarlo y poner a trabajar a cada quién en lo suyo, sin interferencias, o repensar el modelo "experimental" que viene funcionando desde finales del siglo pasado, y cambiarlo por uno que funcione.

     6. La carga impuesta a quienes ya tributamos, de auditar los estados que se presentan, solamente fue una clara prebenda para el gremio de los Auditores Públicos, de donde provino la iniciativa que se convirtió en ley, y no vino a mejorar en nada la recaudación. Las autoridades deben ser más creativas y aprovechar los adelantos tecnológicos para auditar en tiempo real, y no obligar a quien ya paga impuestos a contratar más personal para, finalmente, entregar al ente recaudador la opinión personal de alguien sobre la opinión de otra persona.  Hay que darle valor al trabajo que hacen decenas de miles de contadores y revisar más por el área de los inventarios, que obligar a la gente a gastar más para mantener sus declaraciones al día.

     7. El clima de negocios tan turbio que produce un gobierno dedicado a ver cómo se gasta hasta el dinero que no ha logrado recaudar, y la criminalización que hace el ente recaudador del ciudadano que contribuye, en nada ayudan a que la economía del país capte más inversiones, genere mayores niveles de empleo y, por ende, impulse los niveles de consumo y, al crecer el Producto Interno Bruto, PIB, lo haga también el nivel de captación de recursos para el Estado.  Pongamos un gobierno que entienda esta premisa y que deje a todo el mundo ponerse a producir sin sentirse perseguido, y la captación de ingresos tributarios subirá por encima de los niveles porcentuales históricos.

     8.  El liderazgo poniendo orden en los aumentos de sueldo de los funcionarios, en las compras y contrataciones superfluas y amañadas, en los despilfarros en viajes y viáticos, en las negociaciones de pactos colectivos y un largo etcétera de cuestiones que son mal vistas y bien interpretadas por los ciudadanos que contribuyen a la cosa pública, cada días más exasperados de declarar ingresos y pagar impuestos a sabiendas que están contribuyendo al "desmadre", tiene que darse antes de tener la altura moral de hablar de que el ciudadano no paga, que se necesita más dinero del contribuyente o endeudar al país entero.  Urge que surja un liderazgo que entienda esta premisa y se ponga del lado del gran empleador: el ciudadano votante.

     9.  Las declaraciones de los organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, FMI, el Banco Mundial, BM, o el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, todas vienen cargadas y lo que hacen es tratar de impulsar la carga impositiva, para arriba, porque actúan, antes que de buenos consejeros, en su calidad de acreedores soberanos del Estado, y su interés está no sólo en asegurarse un repago de lo ya prestado, sino en seguir colocando su dinero en nuestros países, razón por la cual, a pesar de que parecen provenir con absoluta buena fe y técnicamente sustentadas, hay que tener cuidado con ellas y tener siempre en mente, en primer lugar, los intereses del país a la hora de tomar decisiones de fondo.

      10. Por último para efectos de este ensayo, para no cansar a los lectores, nos sumamos a quienes sabemos y entendemos que Guatemala es un país sui generis para efectos de medir la tasa impositiva, pues no es la totalidad de la población económicamente activa la que contribuye, sino una parte de ella, y tampoco es cuestión de meter a todo el mundo, como algunos quisieran, a pagar impuestos, pues la pobreza es agobiante y se hace necesario un proceso de educación, desde la niñez, para cambiar las estructuras de producción en el campo y, así, dentro de una, dos o más generaciones, poder comenzar a hablar que, aquí, todos pagamos impuestos.  Pretender subir la tasa impositiva sin entender estas diferencias es castigar, innecesariamente, a un sector productivo que es ejemplar y que, a pesar de los gobiernos y las legislaturas que ha tenido, sigue produciendo y haciendo crecer al país.

     Ojalá se dé la oportunidad de exponer bien estas ideas, algún día, y que quien nos gobierne, a partir de 2016, no sea un personaje de escritorio sino conozca las comunidades del interior tanto como la dinámica de las clases urbanas, las haga suyas y actúe en consecuencia.