Históricamente, Guatemala ha sido un país rural. Habiendo albergado la capital del Reyno de Goathemala, al final de la colonia el mayor centro urbano, Santiago (fundada el 10 de marzo de 1543), quedo destruida por un terremoto cuyas huellas todavía podemos apreciar en esa ciudad que hoy se llama Antigua Guatemala, y se dio un fenómeno pocas veces visto: el abandono de una capital y la fundación de una nueva (la Real Cédula tiene fecha 21 de julio de 1775), lo cual se concretó finalmente el 2 de enero de 1776.
La ciudad de Guatemala actual apenas tiene poco más de 230 años; poco si lo comparamos con otras ciudades.
Mientras esto sucedía, otros centros urbanos crecían, como Quetzaltenango, cuya pujanza industrial (especialmente en el ramo textil) y comercial, en momentos es que había declinado Santiago y Guatemala estaba en franca construcción, dieron pie a la declaración de independencia, formando el sexto Estado dentro de la Federación de Centroamérica, el Estado de los Altos.
Desde entonces, todos los centros urbanos han cobrado mayor importancia, donde destacan Escuintla, Coatepeque, Santa Lucía Cotzumalguapa, Cobán.
Quien toma la ruta a occidente, por ejemplo, no puede dejar de notar el crecimiento que ha habido en El Tejar y Chimaltenango, por ejemplo. Todos los centros urbanos han crecido en cifras considerables, especialmente después del terremoto de 1976, corriente que se acentuó todavía más a raíz del conflicto armado interno, ocasionando ese fenómeno de migración del campo hacia las ciudades, en búsqueda no sólo de seguridad y amparo sino de oportunidades que el área rural no brinda.
Sin embargo, desde el punto de vista de las políticas públicas, las características de nuestra nación hacen imprescindible que la visión que se tenga de país tienda a crear una especie de balance entre lo urbano y lo rural.
Es innegable que las personas que viven en el campo enfrentan mayores dificultades para acceder a servicios esenciales, como el agua potable, los drenajes, la energía eléctrica, los servicios de salud, la educación de los niños y niñas, la seguridad social, el abastecimiento de productos diversos, de medicinas, de ropa, etcétera.
La bancarización, los programas de electrificación rural y la telefonía móvil son proyectos concretos que han ayudado a acercarse algunos servicios a los pobladores remotos, pero eso no es suficiente.
Si el Estado no cumple con un propósito firme de sacar del olvido a las comunidades del ambiente rural de Guatemala, nuestro lindo país seguirá condenado al subdesarrollo.
La visión de una ciudad capital cosmopolita no elevará los índices de desarrollo humano del país.
Sin embargo, no puede olvidarse que los centros urbanos, en general (es decir, no sólo la capital), albergan, hoy, a las grandes mayorías. Es en los centros urbanos en donde existen grandes cinturones de pobreza que contrastan con las comodidades que la vida moderna pueden brindar a una clase media, por ejemplo, y esa gran cantidad de gente, jóvenes y niños especialmente, son el semillero de las pandillas organizadas para delinquir, de manera que no pueden dejar de atenderse si en el futuro queremos vivir en una sociedad sana.
Por eso debe haber un balance entre la atención que las políticas públicas le deben dar al desarrollo en el ambiente rural y en el ambiente urbano.
La justicia de las políticas públicas podemos decir que puede medirse en la medida que no olvidan a persona alguna, viva donde viva.
Pero las políticas públicas no proceden de internet. No hay un lugar dónde ir a escogerlas. Éstas se dan como un producto de la discusión y la toma de acuerdos de alguna diversidad de voluntades.
Quienes encarnan esas voluntades deben ser personas que hayan recorrido su país; que conozcan los problemas del área urbana; que hayan trabajado de la mano con las comunidades apartadas, que por el abandono del Estado son las mejores organizadas para atender sus propias necesidades y las más solidarias.
Sólo estando del lado de la gente puede uno darse cuenta de sus carencias, de sus necesidades ingentes, del anhelo de oportunidades, del engaño que generaciones de líderes políticos, tanto locales como nacionales, les han producido; de la frustración por ver pasar el tiempo y no lograr sus metas, que las tienen claras.
Es en parte por esa falta de atención que hoy tenemos el problema de las pandillas, las famosas maras. Otra cosa sería la historia si todos esos pandilleros, cuando eran niños, hubieran tenido la oportunidad de encausar sus sueños dentro de un sistema que les permitiera el mínimo desarrollo.
martes, 19 de enero de 2010
GUATEMALA, ¿PAÍS DE PEDIGÜEÑOS?
Hace unos meses fui invitado al programa "Hablando Claro" que dirige el periodista y Doctor en Derecho, Mario David García, según recuerdo, para discutir algunos aspectos de la crisis política hondureña, ocasión en que se pudo entrevistar en vivo, vía telefónica, al depuesto presidente Manuel Zelaya, y darnos cuenta de viva voz cómo, su crasa ignorancia de aspectos legales y su arrogancia, llevaron a una escalada de dificultades políticas que, finalmente, desembocaron en su salida del poder y la sustitución constitucional del Presidente de la República.
Ha de haber sido en esa ocasión en que, como suele hacer este conocido periodista, hablamos de varios temas; uno de ellos, el clientelismo político del actual gobierno de Guatemala con el programa de reparto de dinero en el interior del país, sin la debida transparencia, y sin que el inicio del mismo haya sido impedimento para que tanto niño, especialmente, estuviera muriendo de hambre.
En esa oportunidad expresé que, la manera como están llevando a cabo este programa está produciendo una generación de pedigüeños que, lejos de conducir a una mejora futura de las condiciones de vida de la población, creará malos hábitos y un sinnúmero de personas más interesadas en llenarse de hijos, porque parece ser que es por hijo que les pagan, que trabajar.
Como no hubo oportunidad de desarrollar las ideas al respecto por cuestiones de tiempo del programa, aprovecho para retomarlo y dejar estableacidas algunas líneas generales de acuerdo con lo que de dicho programa conozco, dejando a salvo la posibilidad de conocerlo mejor en el futuro y retomar el giro de mis pensamientos.
Ya lo dijo Séneca, el gran pensador romano, hace miles de años: "No hay hombres ricos ni pobres, sino gente con pocas y muchas necesidades". Yo he dicho en este espacio que las personas del interior del país están pasando muchísimas penas, y sus necesidades son inmensas y, lo que es peor, apremiantes, es decir, que no pueden esperar. Bajo ese punto de vista, el programa de reparto de esa ayuda en alguna medida ha de estar aliviando considerablemente las necesidades ingentes de una población mayoritaria que está sumida en la pobreza.
Sin embargo, conozco referencialmente el caso del guardián de una persona que me refirió que aquél había renunciado. Era un trabajo relativamente liviando, ya que se limitaba a cuidar una casa de campo mientras el dueño no estaba. Sorprendido de la repentina renuncia, mi interlocutor manifestó que le preguntó la razón por la cual no iba a continuar trabajando, siendo un hombre relativamente joven pero ya de una edad en la que le sería difícil conseguir algo por otro lado. La respuesta lo dejó atónito: fue algo así: "Es que como nos pasan Q.300.00 por patojo ya no tengo necesidad de trabajar".
En el manejo sencillo de economía elemental que este cabeza de familia había hecho, le salía mejor que le pagaran por cada hijo que tenía y quedarse rascando la panza en su casa, que mantener su humilde puesto de trabajo. Aquí no hay dignidad; es únicamente un frío cálculo matemático.
Tengo razón, entonces, de pensar que la manera como se lleva a cabo este programa está creando una generación de pedigüeños, personas que fácilmente harán el cálculo que es mejor "zamparle" una docena de hijos a la mujer que salir a trabajar, lo cual no es justo para las mujeres, principalmente, y convierte a los hijos en mercadería de intercambio, fomentando una política irresponsable de explosión demográfica que contradice totalmente el sentido común y otro sinnúmero de esfuerzos que actualmente se hacen para ayudar a mejorar la calidad de vida de la población, especialmente mujeres y niños.
Luego, me parece que dicho programa, el cual han denominado de Cohesión Social, lo que realmente está produciendo es una Explosión Social. ¿Qué hará el Estado de Guatemala cuando los diez hijos que le sirven para recibir subsidio a Juan X, lo hagan abuelo y, siguiendo su escuela, se monten los diez en el sistema, con diez hijos cada uno, para recibir por lo menos lo mismo que el padre? ¿Tendrá la capacidad económica para atender a todos? ¿Se tendrá la capacidad, en el futuro, de prever la educación pública y gratuita de cien nietos por pareja?
Cohesión significa reunir, enlazar, atraer unas cosas a otras. Lo que se pretende, en todo caso, con el programa, es atraer a las personas, niños especialmente, hacia la escuela y el centro de salud, lo cual es correcto en principio, pero lo que los niños están aprendiendo en el seno de sus respectivos hogares es que sus progenitores están claudicando y se están colgando, ellos mismos, del programa. Y las enseñanzas del hogar suelen ser más profundas y duraderas que las que cualquier escuela pueda brindar.
Creo que el programa debe mantenerse pero hacerle modificaciones. El trabajo social del expediente familiar se tiene que reforzar, de tal manera que el incentivo no sea perverso: ni tener más hijos ni estar desocupados, es decir, si por alguna razón los progenitores no están trabajando, el Estado debiera tener alternativas para poner a los beneficiarios de tales proyectos a producir en algo más.
Guatemala es un país de emprendedores. El chiclero de la esquina, el hombre joven que enganchó un taxi, el hijo que ayuda a su familia a sembrar verdura, a producir fresas, a hacer un pozo artesiano... yo estoy acostumbrado a ver a mi gente madrugar, emprender, ingeniárselas.
Este tipo de programas debieran venir a reforzar a la niñez y a la juventud para prepararlos de manera que tengan mejores oportunidades, no a hacerlos objeto de cambio, mercancía de alquiler que produzca renta mensual.
Es por eso que no creo que Guatemala sea un país de pedigüeños y que el Estado no debe fomentar la haraganería, por bien intencionada que la autoridad de turno sea.
Como todo en la vida, es perfectible, así los programas que un gobierno inicia pueden irse perfeccionando en el camino. Lo malo es que este, en particular, lo han vuelto de alguna manera clientelista, lo cual le hace perder seriedad y el respaldo de gran parte de la población que paga impuestos y que no ve con buenos ojos que el dinero se regale.
Personalmente creo que todo esto se puede mejorar. Que el dinero no se debe regalar al correligionario sino invertirse donde más se necesita.
Guatemala está urgida de cambios sociales, especialmente a nivel de las comunidades del interior del país, tradicionalmente rezagadas. Este programa puede ser el inicio del comienzo de la reversión (lo digo así, a propósito), pero, lejos de verse como el vehículo de la candidata a relevar al actual mandatario, debe verse y entenderse como algo serio que no le produce beneficios sólo a quien recibe el dinero, sino a toda la población.
Es decir, en la medida que las cosas se hagan con seriedad y no a escondidas, a medias y electoreramente, el industrial, el comerciante, el agricultor, el profesional que paga impuestos y que no es beneficiario del programa irá entendiendo que la base que sustenta su actividad, su profesión, tiende a crecer, con lo cual habrá más personas que compren sus productos o requieran sus servicios y, a la larga, la base que sostenga al Estado con sus tributos se ampliará.
Hoy todo eso no se entiende y la población normal y corriente tiene el derecho de preguntarse qué se está haciendo con el dinero que paga de impuestos, si solamente ve que lo quitan de renglones importantes, como seguridad ciudadana, administración de justicia, investigación criminal, salud, y lo pasan a los renglones donde se pierde en fotos, magdalenas por decenas de miles y regalos en remesas sin control.
En la medida que los políticos de turno que están administrando la cosa pública entiendan estos argumentos, mejor les irá. Yo lo digo con la convicción que me da sentir que mis argumentos hacen sentido: el sentido común del cual tanto hablo y escribo.
Ha de haber sido en esa ocasión en que, como suele hacer este conocido periodista, hablamos de varios temas; uno de ellos, el clientelismo político del actual gobierno de Guatemala con el programa de reparto de dinero en el interior del país, sin la debida transparencia, y sin que el inicio del mismo haya sido impedimento para que tanto niño, especialmente, estuviera muriendo de hambre.
En esa oportunidad expresé que, la manera como están llevando a cabo este programa está produciendo una generación de pedigüeños que, lejos de conducir a una mejora futura de las condiciones de vida de la población, creará malos hábitos y un sinnúmero de personas más interesadas en llenarse de hijos, porque parece ser que es por hijo que les pagan, que trabajar.
Como no hubo oportunidad de desarrollar las ideas al respecto por cuestiones de tiempo del programa, aprovecho para retomarlo y dejar estableacidas algunas líneas generales de acuerdo con lo que de dicho programa conozco, dejando a salvo la posibilidad de conocerlo mejor en el futuro y retomar el giro de mis pensamientos.
Ya lo dijo Séneca, el gran pensador romano, hace miles de años: "No hay hombres ricos ni pobres, sino gente con pocas y muchas necesidades". Yo he dicho en este espacio que las personas del interior del país están pasando muchísimas penas, y sus necesidades son inmensas y, lo que es peor, apremiantes, es decir, que no pueden esperar. Bajo ese punto de vista, el programa de reparto de esa ayuda en alguna medida ha de estar aliviando considerablemente las necesidades ingentes de una población mayoritaria que está sumida en la pobreza.
Sin embargo, conozco referencialmente el caso del guardián de una persona que me refirió que aquél había renunciado. Era un trabajo relativamente liviando, ya que se limitaba a cuidar una casa de campo mientras el dueño no estaba. Sorprendido de la repentina renuncia, mi interlocutor manifestó que le preguntó la razón por la cual no iba a continuar trabajando, siendo un hombre relativamente joven pero ya de una edad en la que le sería difícil conseguir algo por otro lado. La respuesta lo dejó atónito: fue algo así: "Es que como nos pasan Q.300.00 por patojo ya no tengo necesidad de trabajar".
En el manejo sencillo de economía elemental que este cabeza de familia había hecho, le salía mejor que le pagaran por cada hijo que tenía y quedarse rascando la panza en su casa, que mantener su humilde puesto de trabajo. Aquí no hay dignidad; es únicamente un frío cálculo matemático.
Tengo razón, entonces, de pensar que la manera como se lleva a cabo este programa está creando una generación de pedigüeños, personas que fácilmente harán el cálculo que es mejor "zamparle" una docena de hijos a la mujer que salir a trabajar, lo cual no es justo para las mujeres, principalmente, y convierte a los hijos en mercadería de intercambio, fomentando una política irresponsable de explosión demográfica que contradice totalmente el sentido común y otro sinnúmero de esfuerzos que actualmente se hacen para ayudar a mejorar la calidad de vida de la población, especialmente mujeres y niños.
Luego, me parece que dicho programa, el cual han denominado de Cohesión Social, lo que realmente está produciendo es una Explosión Social. ¿Qué hará el Estado de Guatemala cuando los diez hijos que le sirven para recibir subsidio a Juan X, lo hagan abuelo y, siguiendo su escuela, se monten los diez en el sistema, con diez hijos cada uno, para recibir por lo menos lo mismo que el padre? ¿Tendrá la capacidad económica para atender a todos? ¿Se tendrá la capacidad, en el futuro, de prever la educación pública y gratuita de cien nietos por pareja?
Cohesión significa reunir, enlazar, atraer unas cosas a otras. Lo que se pretende, en todo caso, con el programa, es atraer a las personas, niños especialmente, hacia la escuela y el centro de salud, lo cual es correcto en principio, pero lo que los niños están aprendiendo en el seno de sus respectivos hogares es que sus progenitores están claudicando y se están colgando, ellos mismos, del programa. Y las enseñanzas del hogar suelen ser más profundas y duraderas que las que cualquier escuela pueda brindar.
Creo que el programa debe mantenerse pero hacerle modificaciones. El trabajo social del expediente familiar se tiene que reforzar, de tal manera que el incentivo no sea perverso: ni tener más hijos ni estar desocupados, es decir, si por alguna razón los progenitores no están trabajando, el Estado debiera tener alternativas para poner a los beneficiarios de tales proyectos a producir en algo más.
Guatemala es un país de emprendedores. El chiclero de la esquina, el hombre joven que enganchó un taxi, el hijo que ayuda a su familia a sembrar verdura, a producir fresas, a hacer un pozo artesiano... yo estoy acostumbrado a ver a mi gente madrugar, emprender, ingeniárselas.
Este tipo de programas debieran venir a reforzar a la niñez y a la juventud para prepararlos de manera que tengan mejores oportunidades, no a hacerlos objeto de cambio, mercancía de alquiler que produzca renta mensual.
Es por eso que no creo que Guatemala sea un país de pedigüeños y que el Estado no debe fomentar la haraganería, por bien intencionada que la autoridad de turno sea.
Como todo en la vida, es perfectible, así los programas que un gobierno inicia pueden irse perfeccionando en el camino. Lo malo es que este, en particular, lo han vuelto de alguna manera clientelista, lo cual le hace perder seriedad y el respaldo de gran parte de la población que paga impuestos y que no ve con buenos ojos que el dinero se regale.
Personalmente creo que todo esto se puede mejorar. Que el dinero no se debe regalar al correligionario sino invertirse donde más se necesita.
Guatemala está urgida de cambios sociales, especialmente a nivel de las comunidades del interior del país, tradicionalmente rezagadas. Este programa puede ser el inicio del comienzo de la reversión (lo digo así, a propósito), pero, lejos de verse como el vehículo de la candidata a relevar al actual mandatario, debe verse y entenderse como algo serio que no le produce beneficios sólo a quien recibe el dinero, sino a toda la población.
Es decir, en la medida que las cosas se hagan con seriedad y no a escondidas, a medias y electoreramente, el industrial, el comerciante, el agricultor, el profesional que paga impuestos y que no es beneficiario del programa irá entendiendo que la base que sustenta su actividad, su profesión, tiende a crecer, con lo cual habrá más personas que compren sus productos o requieran sus servicios y, a la larga, la base que sostenga al Estado con sus tributos se ampliará.
Hoy todo eso no se entiende y la población normal y corriente tiene el derecho de preguntarse qué se está haciendo con el dinero que paga de impuestos, si solamente ve que lo quitan de renglones importantes, como seguridad ciudadana, administración de justicia, investigación criminal, salud, y lo pasan a los renglones donde se pierde en fotos, magdalenas por decenas de miles y regalos en remesas sin control.
En la medida que los políticos de turno que están administrando la cosa pública entiendan estos argumentos, mejor les irá. Yo lo digo con la convicción que me da sentir que mis argumentos hacen sentido: el sentido común del cual tanto hablo y escribo.
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Programa de Cohesión Social
lunes, 18 de enero de 2010
CUANDO SE ELIMINA EL SENTIDO COMÚN COMIENZA EL ABSURDO
En Cataluña, España, la Asociación de Peluqueros está distribuyendo pancartas para poner en todas las barberías, pidiéndole a los clientes que lleven su propia música.
Esto es debido a que la Asociación de Autores y Compositores de ese país logró que a todos los locales comerciales ambientados con música se les cobre una "tarifa", que cambia de acuerdo al tamaño del local, con la finalidad de que todo el mundo pague los derechos intelectuales de los creadores de la música.
Por su parte, peluqueros y barberos insisten que debería haber una tarifa para todos aquellos que luzcan los peinados de su creación en actividades públicas.
La noticia, por su parte, no es clara en cuanto a qué porcentaje sobre el monto total de dichas tarifas le entregan a cada autor o compositor y, en su caso, a sus herederos, o si esas tarifas solamente vienen a engrosar la caja de dicho ente gremial.
Como sea, es un ejemplo de cómo la política puede, al rebasar los límites del sentido común, volverse absurda, porque para que esa "tarifa", como dicen, sea exigible, tuvo que haber habido la sanción de una autoridad.
¿No son los mismos artistas quienes promueven que el producto de sus esfuerzos suene en la radio? ¿No se beneficia el artista de que el intermediario, la radio, dé a conocer su trabajo, el producto de su inventiva e inspiración? ¿Habrá algún país en donde la "tarifa" la hagan recaer directamente en las radios, para tener mejor control de los ingresos, y que la escucha de sus programaciones continúe libre, como siempre?
Por lo pronto, ya hay personas tan indignadas ante estas medias fascistas, que han iniciado un movimiento por no volver a comprar absolutamente nada que tenga que ver con música, lo cual es una muestra palpable de anteriores afirmaciones de quien escribe: toda acción política genera una reacción.
Y cuando la música que suena es de autores de otros países, ¿con qué derecho representa la Asociación de Autores y Compositores españoles los intereses de otras latitudes? ¿Hacen la cuenta y, al final del día, les mandan su parte proporcional? Habría que hacer los cálculos del dinero que, a cuenta de esta "tarifa" le deben los españoles a Agustín Lara, mexicano, sólo a cuenta de dos canciones: Granada y Madrid.
Esto es debido a que la Asociación de Autores y Compositores de ese país logró que a todos los locales comerciales ambientados con música se les cobre una "tarifa", que cambia de acuerdo al tamaño del local, con la finalidad de que todo el mundo pague los derechos intelectuales de los creadores de la música.
Por su parte, peluqueros y barberos insisten que debería haber una tarifa para todos aquellos que luzcan los peinados de su creación en actividades públicas.
La noticia, por su parte, no es clara en cuanto a qué porcentaje sobre el monto total de dichas tarifas le entregan a cada autor o compositor y, en su caso, a sus herederos, o si esas tarifas solamente vienen a engrosar la caja de dicho ente gremial.
Como sea, es un ejemplo de cómo la política puede, al rebasar los límites del sentido común, volverse absurda, porque para que esa "tarifa", como dicen, sea exigible, tuvo que haber habido la sanción de una autoridad.
¿No son los mismos artistas quienes promueven que el producto de sus esfuerzos suene en la radio? ¿No se beneficia el artista de que el intermediario, la radio, dé a conocer su trabajo, el producto de su inventiva e inspiración? ¿Habrá algún país en donde la "tarifa" la hagan recaer directamente en las radios, para tener mejor control de los ingresos, y que la escucha de sus programaciones continúe libre, como siempre?
Por lo pronto, ya hay personas tan indignadas ante estas medias fascistas, que han iniciado un movimiento por no volver a comprar absolutamente nada que tenga que ver con música, lo cual es una muestra palpable de anteriores afirmaciones de quien escribe: toda acción política genera una reacción.
Y cuando la música que suena es de autores de otros países, ¿con qué derecho representa la Asociación de Autores y Compositores españoles los intereses de otras latitudes? ¿Hacen la cuenta y, al final del día, les mandan su parte proporcional? Habría que hacer los cálculos del dinero que, a cuenta de esta "tarifa" le deben los españoles a Agustín Lara, mexicano, sólo a cuenta de dos canciones: Granada y Madrid.
EL MEJOR ENTRENADOR DEL MUNDO: ¿QUÉ TIENE QUE VER CON LA POLÍTICA Y EL SENTIDO COMÚN?
Tanto el político como el entrenador tienen algo en común: ambos son líderes. El primero puede liderar una comunidad, un distrito o un país; el segundo lidera un equipo de deportistas. Tan rebeldes y cargados de energía y de testosterona pueden ser los ciudadanos o los deportistas, de tal manera que, para poder encausar las cosas de la manera que el líder desea, es necesario que este se levante por encima de la generalidad de las personas, tenga la visión requerida, la vitalidad y las herramientas necesarias para conducir las cosas por el sendero deseado.
Hoy que el famoso entrenador del Barcelona Futbol Club, Pep Guardila, galardonado hace pocas semanas como el Mejor Entrenador de Futbol del Mundo, está cumpliendo 39 años, las estaciones de televisión de España hicieron una síntesis de su trayectoria con dicho club de futbol.
Fue interesante ver las imágenes de un chiquillo saltando de emoción a la par de los jugadores regulares, en la banca del equipo, y escuchar al locutor explicar que Pep Guardiola se inició como recoge bolas, un puesto normalmente honorario, es decir, que cumplen sin salario alguno, con el afán de poder entrar al estadio, conocer a los jugadores y, como se dice, "estar en la jugada".
Luego, la televisión sacó imágenes de un Pep Guardiola jugador, con pelo y todo, para finalizar felicitándolo por su cumpleaños a la par que mostraban algunas imágenes del ahora entrenador, con la cabeza rasurada y agachada, notándosele que estaba por soltar el llanto; sin duda alguna, escenas de cuando su equipo ganó alguno de tantos recientes campeonatos.
¿Qué tiene que ver todo esto con la política y el sentido común? Lo que deseo hacer llamar la atención de mis lectores es el largo aliento de una carrera deportiva, en sus diferentes fases, que hoy este famoso entrenador puede cumplir a cabalidad precisamente porque ha estado, "en la jugada", en todas las posiciones posibles del equipo. Eso le da una capacidad, por encima de quien no ha estado en los zapatos de quienes ocupan otros puestos dentro de un equipo, pero lo dirigen, de entender mejor cómo se mueven internamente algunos hilos, dónde debe estirarlos, dónde debe aflojarlos, dónde simplemente desentenderse de ellos.
Para dirigir, cualquiera, pero para dirigir exitosamente, hay que entrenarse primero, hay que hacer tareas menores, prepararse. Solamente así tiene el dirigente, sea deportista, sea político, la capacidad de ver más lejos, de entrever las diferentes rutas, de identificar las sinuosidades que cualquier camino impone, y así poder encausar el mayor acuerdo de voluntades posible hacia determinados fines.
Sería imposible que Guardiola fuese el mejor entrenador de futbol del mundo, en estos momentos, si la trayectoria de su vida hubiese transcurrido, digamos, en un cuartel. La formación que ahí se da tiene sus fines, es otra, que produce experiencias positivas, pero no lo prepara para dirigir jugadores.
Tampoco veríamos el éxito del humilde Guardiola (que ahí radica su mayor grandeza), si su experiencia anterior hubiese sido la de un ministro de la iglesia, de cualquier iglesia. Es indudable que los pastores, los sacerdotes, ejercen algún liderazgo en beneficio de la población, pero no los prepara para sacar las mejores cualidades de un grupo de deportistas.
Si los años anteriores a su llegada a ser entrenador hubiesen transcurrido, digamos, como catedrático universitario, probablemente se hubiese dicho que la Universidad perdió un gran catedrático pero el deporte no ganó un regular entrenador, precisamente porque el desarrollo de aptitudes para enseñar en un aula son diferentes que las de liderar un equipo deportivo.
Así, de igual manera, nuestros políticos deben formarse en el ambiente donde se hace política. El sentido común lo clama. No nos quejemos, entonces, que tengamos un mal gobernante y no entiende a los gobiernos locales si nunca ha tenido experiencia municipal. No nos quejemos, tampoco, de que no entiende a los diputados y opta, mejor, por comprarlos, si no ha tenido la suficiente experiencia en un foro parlamentario en donde no hay superiores, donde todos son iguales y la palabra de uno vale tanto como la del otro. No protestemos si tenemos un gobernante que nunca ha tenido experiencia alguna en las instituciones públicas y no conoce la "o" por lo redondo de hacer gobierno cuando el pueblo, iluso, lo lleva a la primera magistratura.
Para tener un gobernante de clase mundial, al estilo de este respetado entrenador, hay que hacer experiencia en donde se hace política desde joven, hay que conocer la idiosincrasia de las instituciones, desde adentro. Es fácil decir que hay que componer esto o aquello. Lo difícil es liderar los cambios necesarios para componerlo, lo cual involucra personas, leyes, instituciones, opinión pública, todo al mismo tiempo.
No puedo terminar de escribir este ensayo sin mencionar la escuela impresionante que el el famoso Barça, desde la formación de niños en un semillero inmenso, la consecución de trabajo para los padres de los niños para que crezcan en un ambiente integrado y reconfortante, las ligas de jóvenes que aspiran a ser de las famosas y millonarias estrellas, hasta la formación de asistentes de entrenador, que cuando llegan a ser titulares, como el caso que hoy analizo, es porque tienen años de "chupar llanta", de estar pegados al entrenador asimilando muchas cosas, aprendiendo el oficio.
Esto, en términos políticos, no es pensable. No se puede pensar que el gobernante de turno tenga de pespuntes a los aspirantes a ocupar su cargo. Pero la próxima vez que le toque elegir entre, seguramente, un montón de candidatos, pregúntese qué ha venido haciendo los últimos bastantes años para aprender el oficio. Recuerde que, para gobernante, no se estudia porque no hay dónde hacerlo. Se aprende haciendo.
Hoy que el famoso entrenador del Barcelona Futbol Club, Pep Guardila, galardonado hace pocas semanas como el Mejor Entrenador de Futbol del Mundo, está cumpliendo 39 años, las estaciones de televisión de España hicieron una síntesis de su trayectoria con dicho club de futbol.
Fue interesante ver las imágenes de un chiquillo saltando de emoción a la par de los jugadores regulares, en la banca del equipo, y escuchar al locutor explicar que Pep Guardiola se inició como recoge bolas, un puesto normalmente honorario, es decir, que cumplen sin salario alguno, con el afán de poder entrar al estadio, conocer a los jugadores y, como se dice, "estar en la jugada".
Luego, la televisión sacó imágenes de un Pep Guardiola jugador, con pelo y todo, para finalizar felicitándolo por su cumpleaños a la par que mostraban algunas imágenes del ahora entrenador, con la cabeza rasurada y agachada, notándosele que estaba por soltar el llanto; sin duda alguna, escenas de cuando su equipo ganó alguno de tantos recientes campeonatos.
¿Qué tiene que ver todo esto con la política y el sentido común? Lo que deseo hacer llamar la atención de mis lectores es el largo aliento de una carrera deportiva, en sus diferentes fases, que hoy este famoso entrenador puede cumplir a cabalidad precisamente porque ha estado, "en la jugada", en todas las posiciones posibles del equipo. Eso le da una capacidad, por encima de quien no ha estado en los zapatos de quienes ocupan otros puestos dentro de un equipo, pero lo dirigen, de entender mejor cómo se mueven internamente algunos hilos, dónde debe estirarlos, dónde debe aflojarlos, dónde simplemente desentenderse de ellos.
Para dirigir, cualquiera, pero para dirigir exitosamente, hay que entrenarse primero, hay que hacer tareas menores, prepararse. Solamente así tiene el dirigente, sea deportista, sea político, la capacidad de ver más lejos, de entrever las diferentes rutas, de identificar las sinuosidades que cualquier camino impone, y así poder encausar el mayor acuerdo de voluntades posible hacia determinados fines.
Sería imposible que Guardiola fuese el mejor entrenador de futbol del mundo, en estos momentos, si la trayectoria de su vida hubiese transcurrido, digamos, en un cuartel. La formación que ahí se da tiene sus fines, es otra, que produce experiencias positivas, pero no lo prepara para dirigir jugadores.
Tampoco veríamos el éxito del humilde Guardiola (que ahí radica su mayor grandeza), si su experiencia anterior hubiese sido la de un ministro de la iglesia, de cualquier iglesia. Es indudable que los pastores, los sacerdotes, ejercen algún liderazgo en beneficio de la población, pero no los prepara para sacar las mejores cualidades de un grupo de deportistas.
Si los años anteriores a su llegada a ser entrenador hubiesen transcurrido, digamos, como catedrático universitario, probablemente se hubiese dicho que la Universidad perdió un gran catedrático pero el deporte no ganó un regular entrenador, precisamente porque el desarrollo de aptitudes para enseñar en un aula son diferentes que las de liderar un equipo deportivo.
Así, de igual manera, nuestros políticos deben formarse en el ambiente donde se hace política. El sentido común lo clama. No nos quejemos, entonces, que tengamos un mal gobernante y no entiende a los gobiernos locales si nunca ha tenido experiencia municipal. No nos quejemos, tampoco, de que no entiende a los diputados y opta, mejor, por comprarlos, si no ha tenido la suficiente experiencia en un foro parlamentario en donde no hay superiores, donde todos son iguales y la palabra de uno vale tanto como la del otro. No protestemos si tenemos un gobernante que nunca ha tenido experiencia alguna en las instituciones públicas y no conoce la "o" por lo redondo de hacer gobierno cuando el pueblo, iluso, lo lleva a la primera magistratura.
Para tener un gobernante de clase mundial, al estilo de este respetado entrenador, hay que hacer experiencia en donde se hace política desde joven, hay que conocer la idiosincrasia de las instituciones, desde adentro. Es fácil decir que hay que componer esto o aquello. Lo difícil es liderar los cambios necesarios para componerlo, lo cual involucra personas, leyes, instituciones, opinión pública, todo al mismo tiempo.
No puedo terminar de escribir este ensayo sin mencionar la escuela impresionante que el el famoso Barça, desde la formación de niños en un semillero inmenso, la consecución de trabajo para los padres de los niños para que crezcan en un ambiente integrado y reconfortante, las ligas de jóvenes que aspiran a ser de las famosas y millonarias estrellas, hasta la formación de asistentes de entrenador, que cuando llegan a ser titulares, como el caso que hoy analizo, es porque tienen años de "chupar llanta", de estar pegados al entrenador asimilando muchas cosas, aprendiendo el oficio.
Esto, en términos políticos, no es pensable. No se puede pensar que el gobernante de turno tenga de pespuntes a los aspirantes a ocupar su cargo. Pero la próxima vez que le toque elegir entre, seguramente, un montón de candidatos, pregúntese qué ha venido haciendo los últimos bastantes años para aprender el oficio. Recuerde que, para gobernante, no se estudia porque no hay dónde hacerlo. Se aprende haciendo.
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EL SENTIDO COMÚN VA GANANDO TERRENO. SEÑALES DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL EN EL CASO DE LA CRISIS POLÍTICA HONDUREÑA
Hay señales en el aire, desde aquellas ambiguas (o pasteleras) como asegurar que reconocerán al gobierno electo por el pueblo hondureño, pero declarar que no se asistirá a la toma de posesión, hasta el silencio del aparato político del gobierno español, que al contrastar con su anterior cacaraceo también tiene su interpretación.
Es que se están tragando sus palabras, como lo anticipé hace meses, y los actores de siempre, como el Secretario General de la OEA, Insulza, de repente aparecen con un nuevo lenguaje y ya visualizan el reconocimiento del nuevo gobierno, el restablecimiento del "status" de Honduras en el seno de dicha organización y sus relaciones con el mismo. También surgen nuevos actores, como el caso europeo, que vienen a silenciar a sus antecesores con declaraciones correctas y diametralmente opuestas a las de los corifeos de Manuel Zelaya.
Hoy, por ejemplo, la Comisaria Europea de Comercio Exterior, Benita Ferrero-Waldner, desde la ciudad de Guatemala anuncia que el 18 de mayo se firmará el Acuerdo de Asociación Europa-Centroamérica, Honduras incluida, tal como lo señalé también hace meses, manifestando que la evolución de la crisis política en Honduras es positiva y que espera esté normalizada en el futuro cercano. Tal declaración, viniendo de donde viene, es un gran paso en aras de la tan ansiada normalización de las relaciones de Honduras con el mundo.
La noticia completa, que acaba de salir, la pueden leer en el siguiente vínculo: http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5jsqfDQZMeTQ8TVRpjjXz69JCJLdA
Teniendo España la Presidencia de la Unión Europea este semestre, es lógico pensar que él mismísimo Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno Español y en dicha calidad, Presidente de la UE, haya dado las directrices correctas para ser él quien firme y no el siguiente presidente, quien tomaría las riendas de Europa el 1 de julio próximo.
Con el reconocimiento que ya dio Estados Unidos, aunque haya enviado posteriormente pésimas señales, estas últimas acciones hacen pensar que la Comunidad Internacional, OEA incluida, van entrando dentro del ámbito del sentido común.
Normalizar todos los países, los de la ALBA incluidos, es de sentido común. El pueblo hondureño es soberano y eligió un mandatario que ningún país está en condiciones de cuestionar.
Solamente falta esperar que el Gobierno de Guatemala, que tanta solidaridad publicita, sea también solidario con nuestros vecinos, que llevaron a cabo un proceso de elecciones sin mayor inconveniente.
Es que se están tragando sus palabras, como lo anticipé hace meses, y los actores de siempre, como el Secretario General de la OEA, Insulza, de repente aparecen con un nuevo lenguaje y ya visualizan el reconocimiento del nuevo gobierno, el restablecimiento del "status" de Honduras en el seno de dicha organización y sus relaciones con el mismo. También surgen nuevos actores, como el caso europeo, que vienen a silenciar a sus antecesores con declaraciones correctas y diametralmente opuestas a las de los corifeos de Manuel Zelaya.
Hoy, por ejemplo, la Comisaria Europea de Comercio Exterior, Benita Ferrero-Waldner, desde la ciudad de Guatemala anuncia que el 18 de mayo se firmará el Acuerdo de Asociación Europa-Centroamérica, Honduras incluida, tal como lo señalé también hace meses, manifestando que la evolución de la crisis política en Honduras es positiva y que espera esté normalizada en el futuro cercano. Tal declaración, viniendo de donde viene, es un gran paso en aras de la tan ansiada normalización de las relaciones de Honduras con el mundo.
La noticia completa, que acaba de salir, la pueden leer en el siguiente vínculo: http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5jsqfDQZMeTQ8TVRpjjXz69JCJLdA
Teniendo España la Presidencia de la Unión Europea este semestre, es lógico pensar que él mismísimo Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno Español y en dicha calidad, Presidente de la UE, haya dado las directrices correctas para ser él quien firme y no el siguiente presidente, quien tomaría las riendas de Europa el 1 de julio próximo.
Con el reconocimiento que ya dio Estados Unidos, aunque haya enviado posteriormente pésimas señales, estas últimas acciones hacen pensar que la Comunidad Internacional, OEA incluida, van entrando dentro del ámbito del sentido común.
Normalizar todos los países, los de la ALBA incluidos, es de sentido común. El pueblo hondureño es soberano y eligió un mandatario que ningún país está en condiciones de cuestionar.
Solamente falta esperar que el Gobierno de Guatemala, que tanta solidaridad publicita, sea también solidario con nuestros vecinos, que llevaron a cabo un proceso de elecciones sin mayor inconveniente.
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viernes, 15 de enero de 2010
EL CASO ROSENBERG, ENTREVISTA CON CARLOS CASTRESANA Y EL LEGADO FIRMADO CON SANGRE
Efectivamente, el sapo ha sido duro de tragar y más difícil de digerir. La revelación que el Jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, un proyecto piloto para tratar de revertir el círculo perverso de la investigación criminal, gestión policial y administación de justicia respaldado por la Organización de Naciones Unidas, ONU, y patrocinado por varios países, en torno a la profesional y científicamente respaldada investigación y consecuente consecución de evidencias en el caso del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, quien dejara grabado un video acusando a sus supuestos asesinos tan sólo un par de días antes de que lo mataran, ha sido perturbador pero contundente, al afirmar y prácticamente demostrar que fue la misma víctima quien planificó y ordenó su propio asesinato, cansado de la zozobra en que vivimos todos los guatemaltecos y en medio de un proceso de duelo por el anterior asesinato del empresario Khalil Mussa, su cliente, y su hija Margiorie Mussa, con quien supuestamente existía un vínculo sentimental.
Algún día veremos la película con partes de la historia cambiada "para darle más realismo", como dicen, porque la verdad que la trama, que se inicia con la historia que él mismo nos narra acerca del nombramiento de su cliente en un puesto de gobierno, raya el campo del surrealismo o del estridentismo literario, o una simbiosis de ambos. Esa parte de la trama, el detonante de los pensamientos del finado Rodrigo Rosenberg, está todavía pendiente de conocerce porque, a pesar de saberse que la investigación ha avanzado muchísimo, se está teniendo sumo cuidado de armar toda la evidencia científica necesaria para que la presentación de resultados sea indubitable.
Al respecto, sigo pensando que el Presidente de la República jamás debió entrevistarse, a solas, con el Fiscal General de la Nación, encargado legalmente de la investigación de oficio, apenas unas horas después de conocerse el contenido del video que dejó grabado el abogado asesinado, dado que dicho funcionario público se supone que es independiente, no dependiente de la Presidencia, razón por la cual pedí que debía separarse del cargo mientras durara la investigación y todavía lo sostengo.
Además, en esa oportunidad dije públicamente que el Secretario Privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, también involucrado por el asesinado, y su hermano Roberto Alejos, diputado y Presidente del Congreso, debieron haberse retirado temporalmente de dichos cargos (no de su calidad de diputado sino de la Presidencia, que es la que está en condiciones de ejercer poder), mientras duraba la investigación, e igual trato pedía, por las excepcionales circunstancias reveladas en el video alrededor del sistema bancario, para el Superintendente de Bancos, Edgar Barquín, quien además, con la absurda persecución de un muchacho emitiendo una opinión en una de las nuevas redes sociales, demostró una lealtad para quien lo nombró, más allá de su deber para con el país, que debe ser lo primordial. Esto que menciono debió ser lo mejor para el país, no la siembra de testigos falsos por un funcionario con rango de Ministro, ni la convocatoria a marchas con gente pagada.
Para quienes tienen la bondad de leerme desde otros países y no están enterados de las últimas circunstancias, pueden acceder a la página web www.cicig.org y buscar las declaraciones relacionadas con el caso.
¿Que si hubiera preferido que la investigación, finalmente, vinculara al Presidente de la República y a sus más cercanos allegados? Realmente no. Conozco a Álvaro Colom desde cuando era un funcionario del gobierno de Álvaro Arzú y me pareció un buen tipo, aunque siento que ha cambiado muchísimo. También conozco a los hermanos Alejos Cámbara, con quienes no me une una gran amistad pero son años de tratarnos con respeto y camaradería, y no quisiera que ninguno de ellos, realmente, estuviera involucrado.
Más bien soy del tipo de personas que se inclinan por la verdad, y aunque para mí es doloroso visualizar a Rodrigo Rosenberg como un suicida, porque lo conocí, lo traté y tuvimos una amistad sana de universitarios, platicando muchas tardes en el bufete popular, y siempre lo vi como una persona alegre, optimista, honrada, de elevados principios morales y gran camaradería, me cuesta, me ha costado comprender su decisión.
Lo que me ha ayudado a terminar de aceptar que tomó un camino imprevisto para tantos es la excelente entrevista que le hizo el periodista Haroldo Rodas, de Guatevisión, a Carlos Castresana, Jefe de la CICIG. El señor Castresana, a quien no conozco más que de vista porque, preocupado por mi país, he asistido a algunos foros en donde él ha sido uno de los participantes, tiene una particular manera de ver las cosas, de expresarlas y, mientras lo hace, de compartir con quienes le escuchamos la visión que él tiene del porvenir de la administración de justicia, en particular, y del país, en general, si no hacemos los cambios que se necesitan para producirlos.
Su manera clara de hablar, con sencillez de términos pero con la facultad que Dios le dio de tener sus ideas, sus conceptos, perfectamente claros, le da una contundencia a sus argumentos, diciendo en español lo que todos sabemos y lo que sentimos que debiera estarse haciendo desde hace años.
Ya lo he manifestado en este blog. Soy de los que, originalmente, cuando se comenzó a hablar de la venida de extranjeros para "inmiscuirse" nuevamente en nuestros asuntos internos, al estilo MINUGUA, que no creo le haya aportado cosa alguna al país, no estuve de acuerdo, pero hoy, con mayor razón tengo que apoyar la labor de la CICIG.
El mandato de la misma vence en septiembre de 2011, año electoral, de modo que si ha de haber cambios a las leyes y reformas presupuestarias para apoyar, como se debe, todas las actividades encaminadas a mejorar el tema de impunidad en el país, tiene que hacerse este año, ya que el año entrante toda la fauna política, a cuyo cargo está discutir y aprobar dichos asuntos, ya se encontrará en franca campaña electoral, la cual culminará con el proceso general de elecciones que, casualmente, también se dará en septiembre de ese mismo año.
Las revelaciones de la CICIG en torno a mi amigo Rodrigo Rosenberg, aunque me entristece al tratar de comprender cómo se sentiría como para dejar hermanos, hijos, amigos, proyectos, etcétera, no cambia en mi mente el hecho de que el hombre amaba verdaderamente a su patria.
El día 13 de mayo de 2009 en que nos congregamos muchas personas en el Parque Central, firmé una manta y le puse, a Rodrigo, que su sangre no habría de caer en vano, y esa sigue siendo mi posición. El legado que Rodrigo firmó con su sangre, y ahora sabemos que voluntariamente, es el "ya no más".
Por eso es que, siendo bien encaminadas todas las líneas políticas que el señor Castresana plantea para iniciar el "ya no más", esa lucha contra la impunidad que está demostrado que se puede comenzar a hacer y a ganar, es necesario que recapitulemos todos, la juventud especialmente, acerca de nuestra participación en la cosa pública, y comencemos a organizarnos para enterarnos, para pedir, para apoyar lo correcto, para exigir lo que haya lugar con tal que el nuevo amanecer se empiece a dar.
No dejemos pasar la oportunidad de apoyar a alguien de altísimo nivel que sabe perfectamente qué es lo que hay que hacer y que, por primera vez desde que recuerde, no tiene intereses políticos o partidarios con nadie. ¡Esa oportunidad no la volveremos a ver en décadas o simplemente no se dará otra vez!
La sangre vertida voluntariamente por un verdadero patriota nos lo demanda. Nuestra conciencia y nuestra inteligencia también. Es cuestión de actuar comenzando hoy.
Algún día veremos la película con partes de la historia cambiada "para darle más realismo", como dicen, porque la verdad que la trama, que se inicia con la historia que él mismo nos narra acerca del nombramiento de su cliente en un puesto de gobierno, raya el campo del surrealismo o del estridentismo literario, o una simbiosis de ambos. Esa parte de la trama, el detonante de los pensamientos del finado Rodrigo Rosenberg, está todavía pendiente de conocerce porque, a pesar de saberse que la investigación ha avanzado muchísimo, se está teniendo sumo cuidado de armar toda la evidencia científica necesaria para que la presentación de resultados sea indubitable.
Al respecto, sigo pensando que el Presidente de la República jamás debió entrevistarse, a solas, con el Fiscal General de la Nación, encargado legalmente de la investigación de oficio, apenas unas horas después de conocerse el contenido del video que dejó grabado el abogado asesinado, dado que dicho funcionario público se supone que es independiente, no dependiente de la Presidencia, razón por la cual pedí que debía separarse del cargo mientras durara la investigación y todavía lo sostengo.
Además, en esa oportunidad dije públicamente que el Secretario Privado de la Presidencia, Gustavo Alejos, también involucrado por el asesinado, y su hermano Roberto Alejos, diputado y Presidente del Congreso, debieron haberse retirado temporalmente de dichos cargos (no de su calidad de diputado sino de la Presidencia, que es la que está en condiciones de ejercer poder), mientras duraba la investigación, e igual trato pedía, por las excepcionales circunstancias reveladas en el video alrededor del sistema bancario, para el Superintendente de Bancos, Edgar Barquín, quien además, con la absurda persecución de un muchacho emitiendo una opinión en una de las nuevas redes sociales, demostró una lealtad para quien lo nombró, más allá de su deber para con el país, que debe ser lo primordial. Esto que menciono debió ser lo mejor para el país, no la siembra de testigos falsos por un funcionario con rango de Ministro, ni la convocatoria a marchas con gente pagada.
Para quienes tienen la bondad de leerme desde otros países y no están enterados de las últimas circunstancias, pueden acceder a la página web www.cicig.org y buscar las declaraciones relacionadas con el caso.
¿Que si hubiera preferido que la investigación, finalmente, vinculara al Presidente de la República y a sus más cercanos allegados? Realmente no. Conozco a Álvaro Colom desde cuando era un funcionario del gobierno de Álvaro Arzú y me pareció un buen tipo, aunque siento que ha cambiado muchísimo. También conozco a los hermanos Alejos Cámbara, con quienes no me une una gran amistad pero son años de tratarnos con respeto y camaradería, y no quisiera que ninguno de ellos, realmente, estuviera involucrado.
Más bien soy del tipo de personas que se inclinan por la verdad, y aunque para mí es doloroso visualizar a Rodrigo Rosenberg como un suicida, porque lo conocí, lo traté y tuvimos una amistad sana de universitarios, platicando muchas tardes en el bufete popular, y siempre lo vi como una persona alegre, optimista, honrada, de elevados principios morales y gran camaradería, me cuesta, me ha costado comprender su decisión.
Lo que me ha ayudado a terminar de aceptar que tomó un camino imprevisto para tantos es la excelente entrevista que le hizo el periodista Haroldo Rodas, de Guatevisión, a Carlos Castresana, Jefe de la CICIG. El señor Castresana, a quien no conozco más que de vista porque, preocupado por mi país, he asistido a algunos foros en donde él ha sido uno de los participantes, tiene una particular manera de ver las cosas, de expresarlas y, mientras lo hace, de compartir con quienes le escuchamos la visión que él tiene del porvenir de la administración de justicia, en particular, y del país, en general, si no hacemos los cambios que se necesitan para producirlos.
Su manera clara de hablar, con sencillez de términos pero con la facultad que Dios le dio de tener sus ideas, sus conceptos, perfectamente claros, le da una contundencia a sus argumentos, diciendo en español lo que todos sabemos y lo que sentimos que debiera estarse haciendo desde hace años.
Ya lo he manifestado en este blog. Soy de los que, originalmente, cuando se comenzó a hablar de la venida de extranjeros para "inmiscuirse" nuevamente en nuestros asuntos internos, al estilo MINUGUA, que no creo le haya aportado cosa alguna al país, no estuve de acuerdo, pero hoy, con mayor razón tengo que apoyar la labor de la CICIG.
El mandato de la misma vence en septiembre de 2011, año electoral, de modo que si ha de haber cambios a las leyes y reformas presupuestarias para apoyar, como se debe, todas las actividades encaminadas a mejorar el tema de impunidad en el país, tiene que hacerse este año, ya que el año entrante toda la fauna política, a cuyo cargo está discutir y aprobar dichos asuntos, ya se encontrará en franca campaña electoral, la cual culminará con el proceso general de elecciones que, casualmente, también se dará en septiembre de ese mismo año.
Las revelaciones de la CICIG en torno a mi amigo Rodrigo Rosenberg, aunque me entristece al tratar de comprender cómo se sentiría como para dejar hermanos, hijos, amigos, proyectos, etcétera, no cambia en mi mente el hecho de que el hombre amaba verdaderamente a su patria.
El día 13 de mayo de 2009 en que nos congregamos muchas personas en el Parque Central, firmé una manta y le puse, a Rodrigo, que su sangre no habría de caer en vano, y esa sigue siendo mi posición. El legado que Rodrigo firmó con su sangre, y ahora sabemos que voluntariamente, es el "ya no más".
Por eso es que, siendo bien encaminadas todas las líneas políticas que el señor Castresana plantea para iniciar el "ya no más", esa lucha contra la impunidad que está demostrado que se puede comenzar a hacer y a ganar, es necesario que recapitulemos todos, la juventud especialmente, acerca de nuestra participación en la cosa pública, y comencemos a organizarnos para enterarnos, para pedir, para apoyar lo correcto, para exigir lo que haya lugar con tal que el nuevo amanecer se empiece a dar.
No dejemos pasar la oportunidad de apoyar a alguien de altísimo nivel que sabe perfectamente qué es lo que hay que hacer y que, por primera vez desde que recuerde, no tiene intereses políticos o partidarios con nadie. ¡Esa oportunidad no la volveremos a ver en décadas o simplemente no se dará otra vez!
La sangre vertida voluntariamente por un verdadero patriota nos lo demanda. Nuestra conciencia y nuestra inteligencia también. Es cuestión de actuar comenzando hoy.
jueves, 14 de enero de 2010
TERREMOTO EN HAITÍ ME TRAE RECUERDOS DE 1976
Tengo que iniciar por manifestar que abrigo un sentimiento de solidaridad para con el pueblo haitiano y dominicano en estos momentos de sufrimiento en que la tragedia acarreada por la naturaleza se está manifestando en todo su drama, similar al que viviéramos los guatemaltecos hace casi 34 años, cuando en menos de un minuto, aquel 4 de febrero, murieron alrededor de 29,000 compatriotas.
Se celebraba en la ciudad de Guatemala el Campeonato Norte Centroamericano y del Caribe de Basketball, el Norceca, y habíamos salido a "parrandear" con las basketbolistas de la selección femenina de Costa Rica. Acababa de llegar a casa, a eso de las 3 y cuarto de la mañana, y me acababa de dormir, cuando la tierra manifestó lo que sucede cuando libera la energía contenida por mucho tiempo: si había activado la Falla del Motagua.
Fueron 33 segundos que se sintieron como horas porque no paraba de moverse todo y de rugir las entrañas del planeta. Los sensores del sistema de transmisión de energía eléctrica se dispararon automáticamente para evitar incendios por corto circuitos, de tal manera que tuvimos que buscar las llaves de la casa para quitar llave y poder salir, en medio de la obscuridad y del terror. Chocábamos unos contra otros en el afán de salir, el terremoto originario había parado pero escuchábamos, frecuentemente, que a lo lejos se oía venir otro, e indefensos como estábamos nos preparábamos para recibirlo, temiendo que fuese más fuerte que el anterior.
Luego de salir sin caer todavía en cuenta que se trataba de un terremoto, ya que vivimos en un país habituado a los temblores que, de ahí no pasan, salimos a recorrer las calles adyacentes, donde nos encontramos varias paredes derrumbadas, otras caídas, y a todos los vecinos en la calle.
Es curioso cómo nuestro idioma hace distinción entre un temblor de tierra donde no hay daños, y un terremoto, el cual involucra destrucción y, en áreas pobladas, desolación, heridos, muertes.
Uno de mis hermanos, el veterinario, era regente de una empresa de distribución de productos para el agro, y dándonos cuenta casi de inmediato que se trataba de una tragedia nacional, desde alrededor de las siete de la mañana de ese día fuimos a traer de los tambos de aluminio con tapadera de rosca que sirven para captar y transportar leche en las ganaderías para poder captar y transportar agua.
Temprano, también, como a las ocho y media, estábamos en la Universidad de San Carlos, USAC, donde estudiaba en aquella época, conformando las Brigadas de Rescate de la USAC, comenzando a organizarnos y a tomar decisiones. Para ese momento los pequeños radios de transistores ya informaban, efectivamente, de la tragedia nacional. En la USAC nos comprometimos, mi hermano veterinario y yo, a ir a atender el área de San Pedro Sacatepéquez, en el camino que conduce a San Juan Sacatepéquez y que le da el nombre a la Calzada San Juan (que antes debió ser carretera a San Juan).
Nos fuimos en el pequeño pick up Datsun 1200 de mi hermano acarreando los tambos para leche, ollas y una mochila cada uno con ropa y hasta guantes, porque igual que ahora, én las noches la temperatura bajaba tremendamente. Creo recordar que conseguimos unos sacos de leche en polvo y unos paquetes de Incaparina para llevar.
Cuando llegamos a San Pedro Sacatepéquez al filo del medio día, ninguna autoridad se había hecho presente, es más, ninguna autoridad local se había siquiera aparecido. El panorama era desolador. Todo el pueblo estaba derrumbado. Yo logré contar tres paredes en pie y ninguna era de la misma casa; es más, creo recordar que ninguna de esas paredes que permanecieron en pie pertenecían a la misma cuadra. Todo el pueblo estaba como a un metro de altura pero en escombros. La gente deambulaba por las calles como hipnotizados, como zombis, totalmente atontados por la impresión de sus seres queridos muertos, por sus casas derrumbadas, por el terror de esa tierra que no paraba de moverse y de rugir roncamente.
Nos instalamos, solitos los dos, en el parque central. Mi hermano era miembro, en esa época, de la Federación Nacional de Andinismo, de tal manera que tenía práctica para armar tiendas de campaña, así que procedimos a armar nuestra tienda en uno de los arriates, dispuestos a acampar ahí para poder ayudar.
No sabíamos por dónde comenzar, si acarreando heridos, si ayudando a desenterrar cadáveres de los escombros o a enterrarlos en fosas comunes o qué. Decidimos que la gente se estaba ayudando sola en esos temas y que lo que se necesitaba era crear una línea de suministros de agua potable y comida para sustentarlos, ya que todo había quedado bajo tierra y no había suministro de agua, ni siquiera turbia.
Así, con el agua que llevábamos en los tanques comenzamos por hacer, en un medio tonel que conseguimos, la primera ollada de atol de Incaparina. En otro tonel completo que esaba limpio hicimos prácticamente 54 galones de leche, y comenzamos a darle algo a la población, que seguramente desde la noche anterior no probaba líquido, mucho menos sólidos. No teníamos vasos, pocillos o utensilo alguno para darle a la gente, pero entre los escombros fueron rescatándolos y se comenzó a formar una gran fila de gente, de niños, pidiendo de tomar y de comer.
Hubo desorden en un principio porque eran cientos de personas y nosotros sólo dos, pero afortunadamente comenzaron a llegar algunos compañeros de las brigadas de la USAC, quienes de inmediato se integraron a las labores de apoyo, y la población del lugar supo entender que, si se ordenaban, podíamos hacer mejor nuestro trabajo en su propio beneficio, así que todo comenzó a fluir.
Para entonces ya escuchábamos en la radio que los primeros aviones con apoyo internacional, procedentes, según recuerdo, de Estados Unidos, habían llegado con víveres, con medicamentos, con maquinaria, con personal entrenado en rescates, con perros también entrenados, etc. Luego llegaron aviones procedentes de muchísimos países en una solidaridad internacional que no conocíamos.
La cantidad de gente que necesitaba ser atendida sobrepasaba las escasas provisiones que llevábamos, pero la Providencia nos fue salvando. No recuerdo bien por el paso de tantos años y el hecho que nunca, hasta hoy, me senté a pergeñar lo que hoy hago, poner esos recuerdos por escrito. Han de haber sido los compañeros de las brigadas de la USAC quienes llevaron unos sacos con harina de soya, que cuando se terminaron también, algo más llegó y siempre tuvimos algo que cocinarles o que prepararles para tomar y comer.
Cuando sentimos, fue un batallón venezolano a quien se le asignó, me imagino que por el gobierno, el área donde estábamos, y con los materiales que llevaban en camiones del ejército pudimos abastecer a la gente en sus más ingentes penurias alimenticias.
Hubo sucesos curiosos, como la pesadumbre del párroco de la iglesia, quien ha de haber sido un hombre mayor, que ante la realidad que para el significaba ver el templo totalmente caído y muertos el sacristán y la criada, entró en shock por la pesadumbre y se negaba a salir de él, con el riesgo de que lo poco que quedaba en pie le cayera encima también.
Otro hecho significativo fue la casi linchada del alcalde, ya que el pueblo necesitaba alimentos urgentemente, y cuando entraron unos tractores a quitar escombros del derruido mercado municipal, bajo los escombros encontraron un cargamento de víveres destinado a los damnificados, escondido para que nadie lo hallara, y dicho acaparamiento, o robo, si se quiere, en contra de las necesidades de los vecinos, fue atribuida a dicho funcionario edil, pero al final no pasó a más, simplemente se procedió a distribuir las latas de sardinas, los paquetes de galletas, las bolsas de leche y demás cosas que ahí se encontraron.
Sociológicamente hablando, los líderes de una comunidad, por lo menos en esos tiempos, eran el párroco y el alcalde, pero como ninguno de los dos estaba en condiciones de liderar absolutamente nada, uno por la depresión en que se encontraba, otro por el desprestigio frente a la población, quien sacó la casta y procedió a arengar a la gente en el parque, ante la desesperación de todos nosotros que veíamos cómo no reaccionaban ante la necesidad de hacer cosas entre todos, fue el jefe del destacamento. El fenómeno fue interesante de observar. Aquel pueblo de pronto sintió ganas de organizarse, las personas comenzaron a reaccionar y, como hormigas recién despiertas, procedieron a manifestar un cambio de actitud y a trabajr el pro de la limpieza de escombros y la reconstrucción.
Las réplicas proseguían, y ante el temor de la población de terminar de perder sus enseres por actividad de los ladrones, también nos organizamos para patrullar de noche, situación que se dio en todo el país, en el cual había ley marcial, dándose órdenes de fusilar, en el acto, a cualquier persona que fuera sorprendida en actos de pillaje, como efectivamente pude ver que sí sucedió, en una película que fui a ver alguna vez sobre cosas que se dan en el mundo en la vida real, en donde salieron escenas de Policías Militares Ambulantes ametrallando ladrones frente a pilas de escombros, después de haber sido capturados con cosas robadas a otras personas.
El terremoto fue un miércoles en la madrugada. Para el viernes en la mañana nos habíamos quedado sin agua, y como la esposa de mi hermano daba clases en el Colegio Monte María, nos consiguió permiso para ir a traer agua de la piscina para poder seguir proveyendo de beber a los vecinos que nos tocó atender. Eché viaje de San Pedro Sacatepéquez hacia dicho colegio con los tambos de aluminio vacíos, yo solo, y procedí a llenarlos para poder llegar con más agua para cocinar para tanta gente.
Era el filo del medio día cuando me encontraba en esas labores cuando llegó la réplica más fuerte que hubo del terremoto, que terminó de tirar al suelo varias edificaciones que ya estaban dañadas, matando también a varias personas, dado lo cual la población, que en Guatemala demuestra que ante la mayor tragedia no pierde su sentido del humor, comenzó a denominarle "terremato". Para mí fue impresionante porque fue al filo del medio día, como a las 12:30, y a la par de la piscina, donde me encontraba, había (no sé si todavía), un edificio de ladrillo expuesto y concreto de unos 4 pisos de altura, el cual se movía de un lado al otro como que fuera de hule, no de un material que tendemos a asumir que es pétreo.
Así, entre rondas por la noche y madrugadas frías prendiendo el fuego para poder tenerle a las personas algo caliente para desayunar bien temprano, pasamos los días. Fuimos algunos días, también, a apoyar a los compañeros que estaban trabajando en San Juan, porque teníamos noticias que tenían problemas para organizar los suministros y nosotros ya estábamos en una situación en la cual controlábamos lo que había que hacerse. Ahí me involucré, además, en una campaña masiva de vacunación y me tocó internarme, además, a la finca El Pilar, apoyando a la gente.
Teníamos tan bien organizado el centro urbano de San Pedro que, ahora, salíamos a apoyar a las comunidades de Sajcavillá, de Buena Vista (o Vista Hermosa), de El Aguacate y algunas más cuyos nombres ya no recuerdo y que años después, corriendo los 18 kilómetros de San Juan Sacatepéquez, volví a aravesar.
Mientras tanto, otro hermano, médico, había estado desde la misma madrugada del terremoto antendiendo emergencias en el Hospital Roossevelt. A través de él nos enteramos del caso patético de una enfermera que, por el pánico a las réplicas, se tiró por una ventana de un segundo o tercer piso cuando se dio una de éllas. No recuerdo si sólo se quebró o si murió.
Otro de mis hermanos, que estaba sacando una maestría en Estados Unidos, consiguió que le donaran a Guatemala un hospital de campaña y organizó viaje de regreso junto con todo el equipo, así que también le ayudé con el traslado de parte del material del aeropuerto a la casa, que se convirtió, además, en nuestro centro de apoyo para llevarlo a donde se necesitaba.
A través de un empleado que trabajaba con mi papá nos enteramos que San Martín Jilotepeque había sido devastado casi totalmente, así que decidimos llevar el hospital de campaña para allá. Recuerdo que al llegar a Chimaltenango había que esperar que ciudadanos nos dieran vía, ya que la autopista hacia el occidente del país en esa recta, era utilizada por las avionetas para aterrizar dejando suministros y acarreando heridos de regreso.
Vale la pena hacer un paréntesis para hacer ver que toda persona que tuviera un avión, una avioneta, estaba colaborando en toda esta catástrofe a través del Aero Club, del cual era miembro uno de mis tíos maternos que participó en todo esto.
Comenzamos a inernarnos en la carretera que de Chimaltenango corre hacia San Martín Jilotepeque y era impresionante ver cómo los cerros, generalmente cubiertos de verde y poblados de pinos, se habían venido abajo, dejando descubiertas enormes heridas blancas, ya que sus entrañas como que son de arena blanca en esos lugares. El avance era difícil por tanto derrumbe sobre las pequeña carretera de terracería, hasta que tuvimos que detener la marcha porque uno de ellos había infartado totalmente el paso, de modo que ahí encontramos los demás vehículos sin poder pasar y la gente tomando sus cosas y prosiguiendo a pie.
Decidimos con mi hermano echarnos uno de los paquetes en la espalda, cada uno, y seguir a pie hasta la población, y así lo hicimos, con un bulto de unas 60 a 65 libras en nuestras respectivas espaldas en una caminata con, pendientes y bajadas, de unos 5 kilómetros, pero afortunadamente ambos hacíamos deporte y estábamos en perfectas condiciones físicas para emprender la marcha; él había participado haciendo decatlón en las olimpiadas de Munich, en 1972, y yo entrenaba, en esa época, de 4 a 6 horas diarias de artes marciales.
Nuestra entrada en esta población fue muy triste. Lo único que estaba en pie era el nuevo mercado municipal, que por ser de reciente construcción había aguantado el remezón y estaba prácticamente intacto. Nos fuimos encaminando, preguntando, hasta el estadio, en donde estaban las brigadas de auxilio y se centralizaba y acopiaban materiales y personas. En la cancha de futbol bajaban los helicópteros cargados de medicinas y de víveres y se elevaban evacuando a los heridos. A ese estadio, que recuerdo tenía adjunta una galera o una especie de gimnasio, donde pernoctamos porque era la única área techada, junto a un centenar de personas, seguían llegando hombres fuertes con una silla de pino amarrada a la espalda y un familiar con la pelvis o la espalda quebrada, sentado en dicha silla y amarrado a élla para que no se cayera por si perdía el conocimiento o por los necesarios movimientos que su cargador tenía que hacer al llevarlo.
Venían, de esa manera, muchas personas, bajando de las montañas, después de caminar varias leguas sin tomar ni comer nada, en una total entrega hacia su ser querido en el afán de buscarle ayuda. Era tremendo presenciar aquello pero era la realidad que nuestro país estaba viviendo en ese momento y no había otra manera de ayudar a sobrellevar las penas de nuestros connacionales que con esos pequeños y sencillos actos de todos, que sumaron mucho y lograron, finalmente, salvar muchas vidas y normalizar esa crítica situación en que no funcionaba nada, ni la luz, ni el agua, ni los mercados, ni las carreteras, ni la economía ni casi nada.
Esa noche nos encontramos en San Martín a un primo por parte paterna que, uno o dos días después, ayudando a quemar cadáveres en una fosa común, tuvo un accidente y, con la gasolina que estaba rociando sobre los mismos, se prendió fuego a sí mismo, pero el incidente no pasó a más.
Al día siguiente logré tomar un helicóptero para sacarme de ahí. Era una nave estadounidense que me llevó a Los Aposentos, en Chimaltenango, en donde este país tenía montada prácticamente una base hospital y había muchísima actividad. Ahí almorcé en el comedor comunal, junto al bondadoso personal "gringo" que había venido a ayudarnos y que lo estaba haciendo realmente de buena gana, al igual que los venezolanos que conocí en San Pedro.
Al final de la tarde logré tomar un helicóptero que venía de Los Aposentos a la capital y luego, en el aeropuerto, sin el apoyo de celulares ni cosa que se pareciera, tuve que conseguir quién me diera aventón, de tal manera que, en la noche, estaba llegando otra vez a casa, después de 19 días de haber salido en una jornada inolvidable que espero no tener que repetir por tanto sufrimiento que vi.
La Guatemala pre terremoto era diferente, con sus poblados de techos de teja, que tanta mortandad causaron en esa oportunidad y que, con el tiempo, fueron sustituidos por los de lámina.
El país ya vivía el conflicto armado interno y el gobierno estaba encabezado por un general, Kjell Eugenio Laugerud, a quien se le reconoce un buen papel y un liderazgo positivo en la atención de esta emergencia, dando claras señales de que el país estaba herido pero que había de emprenderse su reconstrucción.
Es curioso, pero hablando de reconstrucción, después de ver tantas casas y edificios derruidos en el centro de la capital, especialmente, y cómo en poco tiempo ya no había lotes vacíos, en mi mente quedó grabado ese proceso como lo que es natural. Fue algunos años después, cuando fui a la toma de posesión, en Managua, de doña Violeta Barrios de Chamorro, que pasamos por una parte baldía de la ciudad que anteriormente estaba poblada y que, luego de su destrucción por un terremoto, en diciembre de 1972, nunca fue reconstruida, que comencé a entender que la reconstrucción de Guatemala se completó mucho mejor que lo que se hace en otros lados.
Lo anterior puede ser que tenga que ver con la falta de espacio, el cual sobra en el valle donde se encuentra Managua, pero en el fondo siento que también tiene que ver con la gente, con la importancia que las personas le dan a no quedarse en el suelo.
Por lo menos, en medio de la enorme tragedia que vivió el país, tuve la oportunidad de ver florecer muchas virtudes que tenemos los guatemaltecos, para quienes la solidaridad no es una imposición ni un programa de gobierno, sino, como digo, una virtud, una carácterística positiva de nuestra estirpe. Pude tener contacto, además, con pobladores indígenas en medio de su más ingente dolor, quienes manifestaron una fortaleza de ánimo, un estoicismo, una laboriosidad y dedicación que, aún hoy, después de tantos años, sigo admirando.
Cada quién necesitaba atender sus propias necesidades y las de su familia más cercana, pero nunca vi que alguien se negara a compartir, de buena fe, algo de lo cual dispusiera en ese momento y que pudiese aliviar la carga del prójimo de alguna manera. Por su parte, la población que pasó por esta tragedia nacional sin eventualidades personales o familiares, más allá del susto que todos llevamos, en su mayoría no se quedó de brazos cruzados sino se empeñó en ver cómo ayudaba a los demás a aliviar sus penas, a reconstruir, a salvar sus pertenencias, a cuidar niños, a llevar abrigo, alimentos o encargarse de coordinar. Casi todo el mundo encontró qué hacer para ayudar sin que autoridad alguna lo obligase.
Hoy es Haití quien sufre escenas dantescas. Con los problemas y pobrezas que este país ya tenía, bien se podría aplicar aquel refrán popular que mi papá a veces decía: al perro flaco se le pegan las pulgas.
Ojalá nuestras actuales autoridades logren organizar algún tipo de ayuda para los haitianos y que la población guatemalteca esté consciente del "hoy por ti, mañana por mí".
Por lo pronto, sabiendo del enorme poder de las réplicas, sólo espero que esos restos de energía que continúan eliminándose después de almacenarse durante siglos por efecto del movimiento de subducción, no sean tan mortíferas como podrían ser.
Se celebraba en la ciudad de Guatemala el Campeonato Norte Centroamericano y del Caribe de Basketball, el Norceca, y habíamos salido a "parrandear" con las basketbolistas de la selección femenina de Costa Rica. Acababa de llegar a casa, a eso de las 3 y cuarto de la mañana, y me acababa de dormir, cuando la tierra manifestó lo que sucede cuando libera la energía contenida por mucho tiempo: si había activado la Falla del Motagua.
Fueron 33 segundos que se sintieron como horas porque no paraba de moverse todo y de rugir las entrañas del planeta. Los sensores del sistema de transmisión de energía eléctrica se dispararon automáticamente para evitar incendios por corto circuitos, de tal manera que tuvimos que buscar las llaves de la casa para quitar llave y poder salir, en medio de la obscuridad y del terror. Chocábamos unos contra otros en el afán de salir, el terremoto originario había parado pero escuchábamos, frecuentemente, que a lo lejos se oía venir otro, e indefensos como estábamos nos preparábamos para recibirlo, temiendo que fuese más fuerte que el anterior.
Luego de salir sin caer todavía en cuenta que se trataba de un terremoto, ya que vivimos en un país habituado a los temblores que, de ahí no pasan, salimos a recorrer las calles adyacentes, donde nos encontramos varias paredes derrumbadas, otras caídas, y a todos los vecinos en la calle.
Es curioso cómo nuestro idioma hace distinción entre un temblor de tierra donde no hay daños, y un terremoto, el cual involucra destrucción y, en áreas pobladas, desolación, heridos, muertes.
Uno de mis hermanos, el veterinario, era regente de una empresa de distribución de productos para el agro, y dándonos cuenta casi de inmediato que se trataba de una tragedia nacional, desde alrededor de las siete de la mañana de ese día fuimos a traer de los tambos de aluminio con tapadera de rosca que sirven para captar y transportar leche en las ganaderías para poder captar y transportar agua.
Temprano, también, como a las ocho y media, estábamos en la Universidad de San Carlos, USAC, donde estudiaba en aquella época, conformando las Brigadas de Rescate de la USAC, comenzando a organizarnos y a tomar decisiones. Para ese momento los pequeños radios de transistores ya informaban, efectivamente, de la tragedia nacional. En la USAC nos comprometimos, mi hermano veterinario y yo, a ir a atender el área de San Pedro Sacatepéquez, en el camino que conduce a San Juan Sacatepéquez y que le da el nombre a la Calzada San Juan (que antes debió ser carretera a San Juan).
Nos fuimos en el pequeño pick up Datsun 1200 de mi hermano acarreando los tambos para leche, ollas y una mochila cada uno con ropa y hasta guantes, porque igual que ahora, én las noches la temperatura bajaba tremendamente. Creo recordar que conseguimos unos sacos de leche en polvo y unos paquetes de Incaparina para llevar.
Cuando llegamos a San Pedro Sacatepéquez al filo del medio día, ninguna autoridad se había hecho presente, es más, ninguna autoridad local se había siquiera aparecido. El panorama era desolador. Todo el pueblo estaba derrumbado. Yo logré contar tres paredes en pie y ninguna era de la misma casa; es más, creo recordar que ninguna de esas paredes que permanecieron en pie pertenecían a la misma cuadra. Todo el pueblo estaba como a un metro de altura pero en escombros. La gente deambulaba por las calles como hipnotizados, como zombis, totalmente atontados por la impresión de sus seres queridos muertos, por sus casas derrumbadas, por el terror de esa tierra que no paraba de moverse y de rugir roncamente.
Nos instalamos, solitos los dos, en el parque central. Mi hermano era miembro, en esa época, de la Federación Nacional de Andinismo, de tal manera que tenía práctica para armar tiendas de campaña, así que procedimos a armar nuestra tienda en uno de los arriates, dispuestos a acampar ahí para poder ayudar.
No sabíamos por dónde comenzar, si acarreando heridos, si ayudando a desenterrar cadáveres de los escombros o a enterrarlos en fosas comunes o qué. Decidimos que la gente se estaba ayudando sola en esos temas y que lo que se necesitaba era crear una línea de suministros de agua potable y comida para sustentarlos, ya que todo había quedado bajo tierra y no había suministro de agua, ni siquiera turbia.
Así, con el agua que llevábamos en los tanques comenzamos por hacer, en un medio tonel que conseguimos, la primera ollada de atol de Incaparina. En otro tonel completo que esaba limpio hicimos prácticamente 54 galones de leche, y comenzamos a darle algo a la población, que seguramente desde la noche anterior no probaba líquido, mucho menos sólidos. No teníamos vasos, pocillos o utensilo alguno para darle a la gente, pero entre los escombros fueron rescatándolos y se comenzó a formar una gran fila de gente, de niños, pidiendo de tomar y de comer.
Hubo desorden en un principio porque eran cientos de personas y nosotros sólo dos, pero afortunadamente comenzaron a llegar algunos compañeros de las brigadas de la USAC, quienes de inmediato se integraron a las labores de apoyo, y la población del lugar supo entender que, si se ordenaban, podíamos hacer mejor nuestro trabajo en su propio beneficio, así que todo comenzó a fluir.
Para entonces ya escuchábamos en la radio que los primeros aviones con apoyo internacional, procedentes, según recuerdo, de Estados Unidos, habían llegado con víveres, con medicamentos, con maquinaria, con personal entrenado en rescates, con perros también entrenados, etc. Luego llegaron aviones procedentes de muchísimos países en una solidaridad internacional que no conocíamos.
La cantidad de gente que necesitaba ser atendida sobrepasaba las escasas provisiones que llevábamos, pero la Providencia nos fue salvando. No recuerdo bien por el paso de tantos años y el hecho que nunca, hasta hoy, me senté a pergeñar lo que hoy hago, poner esos recuerdos por escrito. Han de haber sido los compañeros de las brigadas de la USAC quienes llevaron unos sacos con harina de soya, que cuando se terminaron también, algo más llegó y siempre tuvimos algo que cocinarles o que prepararles para tomar y comer.
Cuando sentimos, fue un batallón venezolano a quien se le asignó, me imagino que por el gobierno, el área donde estábamos, y con los materiales que llevaban en camiones del ejército pudimos abastecer a la gente en sus más ingentes penurias alimenticias.
Hubo sucesos curiosos, como la pesadumbre del párroco de la iglesia, quien ha de haber sido un hombre mayor, que ante la realidad que para el significaba ver el templo totalmente caído y muertos el sacristán y la criada, entró en shock por la pesadumbre y se negaba a salir de él, con el riesgo de que lo poco que quedaba en pie le cayera encima también.
Otro hecho significativo fue la casi linchada del alcalde, ya que el pueblo necesitaba alimentos urgentemente, y cuando entraron unos tractores a quitar escombros del derruido mercado municipal, bajo los escombros encontraron un cargamento de víveres destinado a los damnificados, escondido para que nadie lo hallara, y dicho acaparamiento, o robo, si se quiere, en contra de las necesidades de los vecinos, fue atribuida a dicho funcionario edil, pero al final no pasó a más, simplemente se procedió a distribuir las latas de sardinas, los paquetes de galletas, las bolsas de leche y demás cosas que ahí se encontraron.
Sociológicamente hablando, los líderes de una comunidad, por lo menos en esos tiempos, eran el párroco y el alcalde, pero como ninguno de los dos estaba en condiciones de liderar absolutamente nada, uno por la depresión en que se encontraba, otro por el desprestigio frente a la población, quien sacó la casta y procedió a arengar a la gente en el parque, ante la desesperación de todos nosotros que veíamos cómo no reaccionaban ante la necesidad de hacer cosas entre todos, fue el jefe del destacamento. El fenómeno fue interesante de observar. Aquel pueblo de pronto sintió ganas de organizarse, las personas comenzaron a reaccionar y, como hormigas recién despiertas, procedieron a manifestar un cambio de actitud y a trabajr el pro de la limpieza de escombros y la reconstrucción.
Las réplicas proseguían, y ante el temor de la población de terminar de perder sus enseres por actividad de los ladrones, también nos organizamos para patrullar de noche, situación que se dio en todo el país, en el cual había ley marcial, dándose órdenes de fusilar, en el acto, a cualquier persona que fuera sorprendida en actos de pillaje, como efectivamente pude ver que sí sucedió, en una película que fui a ver alguna vez sobre cosas que se dan en el mundo en la vida real, en donde salieron escenas de Policías Militares Ambulantes ametrallando ladrones frente a pilas de escombros, después de haber sido capturados con cosas robadas a otras personas.
El terremoto fue un miércoles en la madrugada. Para el viernes en la mañana nos habíamos quedado sin agua, y como la esposa de mi hermano daba clases en el Colegio Monte María, nos consiguió permiso para ir a traer agua de la piscina para poder seguir proveyendo de beber a los vecinos que nos tocó atender. Eché viaje de San Pedro Sacatepéquez hacia dicho colegio con los tambos de aluminio vacíos, yo solo, y procedí a llenarlos para poder llegar con más agua para cocinar para tanta gente.
Era el filo del medio día cuando me encontraba en esas labores cuando llegó la réplica más fuerte que hubo del terremoto, que terminó de tirar al suelo varias edificaciones que ya estaban dañadas, matando también a varias personas, dado lo cual la población, que en Guatemala demuestra que ante la mayor tragedia no pierde su sentido del humor, comenzó a denominarle "terremato". Para mí fue impresionante porque fue al filo del medio día, como a las 12:30, y a la par de la piscina, donde me encontraba, había (no sé si todavía), un edificio de ladrillo expuesto y concreto de unos 4 pisos de altura, el cual se movía de un lado al otro como que fuera de hule, no de un material que tendemos a asumir que es pétreo.
Así, entre rondas por la noche y madrugadas frías prendiendo el fuego para poder tenerle a las personas algo caliente para desayunar bien temprano, pasamos los días. Fuimos algunos días, también, a apoyar a los compañeros que estaban trabajando en San Juan, porque teníamos noticias que tenían problemas para organizar los suministros y nosotros ya estábamos en una situación en la cual controlábamos lo que había que hacerse. Ahí me involucré, además, en una campaña masiva de vacunación y me tocó internarme, además, a la finca El Pilar, apoyando a la gente.
Teníamos tan bien organizado el centro urbano de San Pedro que, ahora, salíamos a apoyar a las comunidades de Sajcavillá, de Buena Vista (o Vista Hermosa), de El Aguacate y algunas más cuyos nombres ya no recuerdo y que años después, corriendo los 18 kilómetros de San Juan Sacatepéquez, volví a aravesar.
Mientras tanto, otro hermano, médico, había estado desde la misma madrugada del terremoto antendiendo emergencias en el Hospital Roossevelt. A través de él nos enteramos del caso patético de una enfermera que, por el pánico a las réplicas, se tiró por una ventana de un segundo o tercer piso cuando se dio una de éllas. No recuerdo si sólo se quebró o si murió.
Otro de mis hermanos, que estaba sacando una maestría en Estados Unidos, consiguió que le donaran a Guatemala un hospital de campaña y organizó viaje de regreso junto con todo el equipo, así que también le ayudé con el traslado de parte del material del aeropuerto a la casa, que se convirtió, además, en nuestro centro de apoyo para llevarlo a donde se necesitaba.
A través de un empleado que trabajaba con mi papá nos enteramos que San Martín Jilotepeque había sido devastado casi totalmente, así que decidimos llevar el hospital de campaña para allá. Recuerdo que al llegar a Chimaltenango había que esperar que ciudadanos nos dieran vía, ya que la autopista hacia el occidente del país en esa recta, era utilizada por las avionetas para aterrizar dejando suministros y acarreando heridos de regreso.
Vale la pena hacer un paréntesis para hacer ver que toda persona que tuviera un avión, una avioneta, estaba colaborando en toda esta catástrofe a través del Aero Club, del cual era miembro uno de mis tíos maternos que participó en todo esto.
Comenzamos a inernarnos en la carretera que de Chimaltenango corre hacia San Martín Jilotepeque y era impresionante ver cómo los cerros, generalmente cubiertos de verde y poblados de pinos, se habían venido abajo, dejando descubiertas enormes heridas blancas, ya que sus entrañas como que son de arena blanca en esos lugares. El avance era difícil por tanto derrumbe sobre las pequeña carretera de terracería, hasta que tuvimos que detener la marcha porque uno de ellos había infartado totalmente el paso, de modo que ahí encontramos los demás vehículos sin poder pasar y la gente tomando sus cosas y prosiguiendo a pie.
Decidimos con mi hermano echarnos uno de los paquetes en la espalda, cada uno, y seguir a pie hasta la población, y así lo hicimos, con un bulto de unas 60 a 65 libras en nuestras respectivas espaldas en una caminata con, pendientes y bajadas, de unos 5 kilómetros, pero afortunadamente ambos hacíamos deporte y estábamos en perfectas condiciones físicas para emprender la marcha; él había participado haciendo decatlón en las olimpiadas de Munich, en 1972, y yo entrenaba, en esa época, de 4 a 6 horas diarias de artes marciales.
Nuestra entrada en esta población fue muy triste. Lo único que estaba en pie era el nuevo mercado municipal, que por ser de reciente construcción había aguantado el remezón y estaba prácticamente intacto. Nos fuimos encaminando, preguntando, hasta el estadio, en donde estaban las brigadas de auxilio y se centralizaba y acopiaban materiales y personas. En la cancha de futbol bajaban los helicópteros cargados de medicinas y de víveres y se elevaban evacuando a los heridos. A ese estadio, que recuerdo tenía adjunta una galera o una especie de gimnasio, donde pernoctamos porque era la única área techada, junto a un centenar de personas, seguían llegando hombres fuertes con una silla de pino amarrada a la espalda y un familiar con la pelvis o la espalda quebrada, sentado en dicha silla y amarrado a élla para que no se cayera por si perdía el conocimiento o por los necesarios movimientos que su cargador tenía que hacer al llevarlo.
Venían, de esa manera, muchas personas, bajando de las montañas, después de caminar varias leguas sin tomar ni comer nada, en una total entrega hacia su ser querido en el afán de buscarle ayuda. Era tremendo presenciar aquello pero era la realidad que nuestro país estaba viviendo en ese momento y no había otra manera de ayudar a sobrellevar las penas de nuestros connacionales que con esos pequeños y sencillos actos de todos, que sumaron mucho y lograron, finalmente, salvar muchas vidas y normalizar esa crítica situación en que no funcionaba nada, ni la luz, ni el agua, ni los mercados, ni las carreteras, ni la economía ni casi nada.
Esa noche nos encontramos en San Martín a un primo por parte paterna que, uno o dos días después, ayudando a quemar cadáveres en una fosa común, tuvo un accidente y, con la gasolina que estaba rociando sobre los mismos, se prendió fuego a sí mismo, pero el incidente no pasó a más.
Al día siguiente logré tomar un helicóptero para sacarme de ahí. Era una nave estadounidense que me llevó a Los Aposentos, en Chimaltenango, en donde este país tenía montada prácticamente una base hospital y había muchísima actividad. Ahí almorcé en el comedor comunal, junto al bondadoso personal "gringo" que había venido a ayudarnos y que lo estaba haciendo realmente de buena gana, al igual que los venezolanos que conocí en San Pedro.
Al final de la tarde logré tomar un helicóptero que venía de Los Aposentos a la capital y luego, en el aeropuerto, sin el apoyo de celulares ni cosa que se pareciera, tuve que conseguir quién me diera aventón, de tal manera que, en la noche, estaba llegando otra vez a casa, después de 19 días de haber salido en una jornada inolvidable que espero no tener que repetir por tanto sufrimiento que vi.
La Guatemala pre terremoto era diferente, con sus poblados de techos de teja, que tanta mortandad causaron en esa oportunidad y que, con el tiempo, fueron sustituidos por los de lámina.
El país ya vivía el conflicto armado interno y el gobierno estaba encabezado por un general, Kjell Eugenio Laugerud, a quien se le reconoce un buen papel y un liderazgo positivo en la atención de esta emergencia, dando claras señales de que el país estaba herido pero que había de emprenderse su reconstrucción.
Es curioso, pero hablando de reconstrucción, después de ver tantas casas y edificios derruidos en el centro de la capital, especialmente, y cómo en poco tiempo ya no había lotes vacíos, en mi mente quedó grabado ese proceso como lo que es natural. Fue algunos años después, cuando fui a la toma de posesión, en Managua, de doña Violeta Barrios de Chamorro, que pasamos por una parte baldía de la ciudad que anteriormente estaba poblada y que, luego de su destrucción por un terremoto, en diciembre de 1972, nunca fue reconstruida, que comencé a entender que la reconstrucción de Guatemala se completó mucho mejor que lo que se hace en otros lados.
Lo anterior puede ser que tenga que ver con la falta de espacio, el cual sobra en el valle donde se encuentra Managua, pero en el fondo siento que también tiene que ver con la gente, con la importancia que las personas le dan a no quedarse en el suelo.
Por lo menos, en medio de la enorme tragedia que vivió el país, tuve la oportunidad de ver florecer muchas virtudes que tenemos los guatemaltecos, para quienes la solidaridad no es una imposición ni un programa de gobierno, sino, como digo, una virtud, una carácterística positiva de nuestra estirpe. Pude tener contacto, además, con pobladores indígenas en medio de su más ingente dolor, quienes manifestaron una fortaleza de ánimo, un estoicismo, una laboriosidad y dedicación que, aún hoy, después de tantos años, sigo admirando.
Cada quién necesitaba atender sus propias necesidades y las de su familia más cercana, pero nunca vi que alguien se negara a compartir, de buena fe, algo de lo cual dispusiera en ese momento y que pudiese aliviar la carga del prójimo de alguna manera. Por su parte, la población que pasó por esta tragedia nacional sin eventualidades personales o familiares, más allá del susto que todos llevamos, en su mayoría no se quedó de brazos cruzados sino se empeñó en ver cómo ayudaba a los demás a aliviar sus penas, a reconstruir, a salvar sus pertenencias, a cuidar niños, a llevar abrigo, alimentos o encargarse de coordinar. Casi todo el mundo encontró qué hacer para ayudar sin que autoridad alguna lo obligase.
Hoy es Haití quien sufre escenas dantescas. Con los problemas y pobrezas que este país ya tenía, bien se podría aplicar aquel refrán popular que mi papá a veces decía: al perro flaco se le pegan las pulgas.
Ojalá nuestras actuales autoridades logren organizar algún tipo de ayuda para los haitianos y que la población guatemalteca esté consciente del "hoy por ti, mañana por mí".
Por lo pronto, sabiendo del enorme poder de las réplicas, sólo espero que esos restos de energía que continúan eliminándose después de almacenarse durante siglos por efecto del movimiento de subducción, no sean tan mortíferas como podrían ser.
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