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miércoles, 9 de marzo de 2011

LA POLÍTICA TIENE LECTURAS ENTRE LÍNEAS

Ayer hubo dos anuncios concatenados en el ámbito político guatemalteco (por no decir gallinero). El primero es la aceptación pública y expresa de la candidatura presidencial, por parte de la señora Sandra Torres de Colom, quien desde el puesto de Primera Dama (¿?) se ha convertido en la mandamás del actual gobierno, grita ministros, quita y pone funcionarios y, lo que es peor, le ordena al mismísimo Presidente de la República qué partidas presupuestarias desinflar para pasar a engrosar las que élla, a través de sus testaferros, maneja a su antojo.

Esto, por sí solo, podría ser el motivo del presente ensayo por la ilegalidad, en estos momentos en que está casada con el Presidente y que éste ejerce, precisamente, esa Presidencia; pero en este campo han abundado otras personas, especialmente connotados constitucionalistas, así que no entraremos en más detalles.

El otro anuncio, escueto como su figura, lo hizo el mismo Presidente de la República, y tiene que ver tanto con la candidatura anunciada por su esposa como con el argumento de la inconstitucionalidad de la misma: no habrá divorcio. Precisamente porque, según nuestra Constitución Política, no pueden optar a la Presidencia de la República los parientes del Presidente, y el vínculo de parentesco se perdería con la disolución del matrimonio.

En este mismo espacio habíamos escrito, hace meses, que no creíamos que la Primera Dama se lanzase a una aventura ilegal como la que estamos presenciando, pero el primer anuncio que aquí comentamos y su inmediato complemento tienen una fina lectura para el ojo entrenado para leer en estos vericuetos en que nos meten los malos políticos y los malos profesionales de nuestro país.

Es que no es casualidad que el anuncio se haya efectuado en estos días. Haberlo hecho antes de que "amarraran" una elección de magistrados a la Corte de Constitucionalidad, afines a "Bonnie and Clyde", habría sido sumamente arriesgado; hacerlo después de la elección de la misma habría sido totalmente evidente, así que el "timing" es estupendo.

Lo que a nuestros pensamientos queda clarísimo, con nuestros sentidos entrenados a través de años de ver, de escuchar, de leer y analizar, es que la siguiente Corte de Constitucionalidad, la que toma posesión en abril de 2011 en donde se conocerán y "resolverán" las impugnaciones relacionadas con el proceso electoral que está por comenzar oficialmente (porque, de hecho, tiene rato de haber comenzado), estará, por lo menos, parcialmente comprometida, pero en mayoría, con los intereses espurios del oficialismo.

Eso quiere decir que, mínimo, tienen ya asegurados los 3 votos que harán mayoría para tomar acuerdos en la mencionada Corte.

Se deduce claramente, entonces, que la corriente del ya célebre y famoso "Rey del Tenis", aliado incondicional de todo lo que huele mal en el ámbito de la justicia (así, con minúscula, tristemente), está detrás de las candidaturas de los dos finalistas que competirán el viernes 11 de marzo de 2011 en las elecciones internas del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, de manera que no importa realmente quién de los dos quede para efectos de asegurar los intereses del partido oficial.

Se deduce ,también con claridad, que los ríos de dinero que se sabe han corrido entre profesionales y estudiantes, darán por resultado la elección, por el Consejo Superior Universitario, del candidato que se sabe, desde hace más de año y medio, que es el candidato del partido oficial (por cierto, parece que esta elección será de lo más interesante si, como entendemos que se acordó, se hace de manera pública y nominal).

Finalmente, el Presidente, totalmente subordinado a su esposa, ha salido públicamente a decir que la elección que corresponde al Organismo Ejecutivo la hará él y sólo él (¡já!), y es fácil deducir, por nuestra parte, que lo hará hasta que las otras elecciones estén "amarradas por completo", poniendo, seguramente, al magistrado de mayor edad para, además, asegurarse una Presidencia de la Corte de Constitucionalidad totalmente fiel a sus grises e ilegales intereses.

Así las cosas, el futuro cercano de la Corte de Constitucionalidad lo visualizamos enmarcado en un escenario de ilegalidades sostenidas con argumentos falaces que tratarán de revestir de algún viso de legalidad lo que no es legal, con la vergüenza consiguiente para los magistrados, profesionales del Derecho que se presten para esto, y otro período de manchas en la historia de esa Honorable Corte.

¡Pobre nuestro país!

Sin embargo, con todo el despilfarro de dinero del mundo (nuestro, por supuesto), con todas las argucias para sustentar sus ilegalidades, con todos los lambiscones de nuestras latitudes endulzándole el oído a los mandamases de turno, porque lo que quieren, en realidad, es reelegirse como diputados o como alcaldes, no creemos que la señora tenga muchas oportunidades de hacerse, finalmente, con la Presidencia de la República.

¡Dios ha de querer ponernos a prueba pero no ahorcarnos!

jueves, 2 de septiembre de 2010

LA COSMOVISIÓN OFICIAL Y EL ESTRABISMO POLÍTICO

     Para actuar en política hay que tener una visión del mundo. Para gobernar, tuvo que haberse actuado, previamente, en política, pues es el único medio de acceder a manejar los hilos del poder.

     Es decir, un gobernante que sabe a dónde va y utiliza su corto período de ejercicio del poder en beneficio de la población gobernada y de su país, es aquel que tuvo años de preparación, lo cual implica un debido y honrado esfuerzo académico y una buena dosis de experiencia en el campo, además de, por supuesto, un corazón limpio, un respeto por los demás, una valoración de la buena fe.

     Lo que vemos en varios países de la región, especialmente en Guatemala, con todos los problemas de ingobernabilidad que acarrean la indecisión, la falta de cultura jurídica que les hace dar reveses consuetudinariamente, la campante corrupción que denota una falta de amor por la patria y un sinnúmero de diferentes circunstancias, que ya se cuentan por centenas, que nos hacen pensar que no hubo ni una buena preparación académica ni una provechosa experiencia previa, combinación necesaria para hacer buen gobierno, lleva a los países que tienen este tipo de autoridades hacia un caos social, hacia una anarquía generalizada y hacia el asqueo en el imaginario popular de todo lo que se refiere a la gestión pública.

     El estrabismo político campea y, con él, la estulticia, cuando no la mala fe.

     Una sociedad que se acuerda de la patria sólo en el mes en que se conmemora una cuestionada independencia, no progresa. La patria se construye todos los días de la vida.

     Si deseamos un país distinto algún día, es hora de que la niñez, la juventud, los adultos jóvenes sin distinción de género ni condición, se preparen, que estudien, que cuestionen lo que se dice, lo que se escribe, lo que se opina en todo sentido y, con un idealismo a toda prueba, aunque les hagan el feo en un principio, persistan en participar en las cosas de todos.

     El caso de Guatemala con las autoridades actuales es insufrible, pero gran parte de la culpa la tiene el electorado que no se entera, que no participa, que no le importa la cosa pública.

     El estrabismo político se puede corregir, pero no de un día para otro; y para cambiar la manera en que se nos gobierna debemos influir en donde se toman las grandes decisiones, con conocimiento de causa y con el peso irrebatible de la razón y del sentido común que nos darán un pensamiento sólido porque ha sido debidamente cultivado.

jueves, 26 de agosto de 2010

MAÑANA HARÁ 23 AÑOS QUE ME INICIÉ EN LA POLÍTICA ACTIVA

Políticos somos todos. Cuando opinamos en la barbería, las mujeres en el mercado o en el salón de belleza, los mismos jóvenes que todavía no son ciudadanos y manifiestan su desacuerdo con algo, están expresándose políticamente.

Sin embargo, dar un paso más e involucrarse en algún proyecto lo puede convertir a uno en seguidor, en aficionado, en activista u otras variantes en los niveles de participación.

Hoy hace 23 años que tomé una decisión, y mañana hará esos mismos años que me involucré, en la Municipalidad de Guatemala, como Asistente Ejecutivo del Señor Alcalde, título algo pomposo para las humildes tareas que tenía, que eran las de ocuparme de todo lo que el Alcalde, que era Álvaro Arzú, no quería hacer, como leer los anónimos que le llegaban de los mercados, atender delegaciones humildes de peticionarios, normalmente individuales y para pedir empleo y cosas así.

Han sido 23 años de leer, de prepararse, de asumir diferentes y nuevos retos y de acumular experiencia a la par de transcurrir por la vida formando una numerosa framilia, con la convicción que no he dejado de estudiar por mi cuenta y mantenr, incólume, la escala de Principios y Valores que mamé en casa y que he tratado, a su vez, de transmitir a mis hijos.

En plena madurez de la vida me doy cuenta que, de pasar años escuchando, ahora soy de las personas escuchadas. No hace falta tener una falsa modestia.

Sentirse escuchado por los demás es producto del esfuerzo por prepararme debidamente en todas las agendas posibles. Así es como he aprovechado, con enorme entusiasmo por aprender, los diferentes puestos públicos en donde me ha tocado servir.

De todos ellos guardo especiales recuerdos. De la experiencia municipal, que me cambió para siempre la vida, el amor por trabajar muy cerca de la comunidad; de la experiencia parlamentaria, varias cosas, entre éllas la disciplina para hacer las cosas sin jefe alguno y la paciencia por escuchar todas las facetas que rodean una misma idea, por ejemplo; de los años en la banca de desarrollo pude aprender casi de todo, pues me leí cuanto expediente pasó por mis manos y, en esos cuatro años, estuve metido en casi todo lo que en un país y en nuestra región se pueda hacer; de esos años me quedó la manía de irme a meter, personalmente, a los proyectos, para entenderlos mejor que quienes sólo se quedan en la comodidad de las oficinas con aire acondicionado y sus escritorios relucientes; de la experiencia registral también aprendí muchísimo acerca del funcionamiento de la administración pública, de los sistemas Estatales de los cuales pienso que casi todo hay que cambiar para que funcione, del trato con sindicatos para mejorar, a través de acuerdos, las condiciones de los empleados, aunque a veces sea difícil hacerse entender, de la creación de alguna normativa administrativa y las reacciones que pueden generarse, colateralmente, en la población... en fin, mucho se ha aprendido.

Pasar por la vida aprendiendo, reforzando lo que se aprende con lecturas variadas y apropiadas, ha sido provechoso.

Definitivamente, con todo ese equipaje acumulado y la vitalidad propia de los hombres de mi edad, ahora que lo pienso, en la medida que más entiendo de qué manera se pueden hacer las cosas, debidamente, más me duele mi país y más sufro por la ineptitud que, muchas veces, las noticias de lo que pasa en nuestras instituciones denota.

Sin embargo, sigo insistiendo que, en lugar de quedarnos en casa, cruzados de brazos, criticando muchas veces con el hígado en la mano, hay que involucrarse en lo que sucede.

Un mensaje especial para la juventud en este sentido: ¡Hay que involucrarse! No esperamos que lo sepan todo, pero sí esperamos que participen, así como yo lo hice al principio, escuchando, aprendiendo, empapándose, aportándole con su presencia un contrapeso para que no nos sigan robando y estafando aquellos malos políticos a quienes mi generación, o varias generaciones, hemos dejado navegar solos.

Será el tiempo y el interés que le pongan por aprender el que hará de todos esos jóvenes que logre motivar por que se involucren, los políticos sanos del futuro que sean capaces de defender la legalidad y moralidad de una actividad necesaria para cualquier país y, a la vez, de imprimirle ese sentido común que tanto venimos necesitando.

¡Arriba Guatemala!

miércoles, 14 de abril de 2010

EL MONOPOLIO DE LA POLÍTICA Y EL ABSURDO DE LOS TESTAFERROS EN LA GENERACIÓN DE DELITOS POLÍTICOS

Hace unos días escribí sobre el sinsentido de la ley electoral guatemalteca, pero omití señalar que ese sinsentido continúa dándose hasta en las recientes reformas que efectuó el Congreso de la República al Código Penal, al tipificar como delitos electorales y establecer penas contra los supuestos agresores.

Esa sinrazón de nuestros legisladores, no cabe duda, viene ligada a las órdenes superiores a las que también me refería hace unos días al escribir sobre el poder real de los Poderes del Estado, y sería fácil ponerle, bajo las actuales circunstancias del país, nombre de mujer. ¿O me equivoco? Una clara intromisión del caudillo de turno en la creciente desvaloración e independencia del Organismo Legislativo.

Notas de prensa, hoy, señalan que la Corte de Constitucionalidad ha dejado en suspenso tales reformas al Código Penal, amparándose en un artículo que la faculta a hacerlo cuando la inconstitucionalidad fuere notoria y susceptible de causar gravámenes irreparables.

Ahora le toca pronunciarse, dentro de dicho proceso incoado por el representante-propietario de un partido político, al Tribunal Supremo Electoral, TSE, al Congreso de la República y al Ministerio Público, MP. Yo, por mi parte, lo haré en este espacio porque es un tema de legalidad, de política y de sentido común, algo que tanta falta hace en nuestro país.

Lo primero que se me viene a la mente es la estulticia del género de políticos que están detrás del asunto, quienes, siendo políticos, pretenden satanizar la política.

Por mi parte, yo pertenezco a esa rara especie de políticos que pretenden, utopía todavía, que el proceso político de Guatemala tenga un curso natural en donde las familias enteras participen, en donde la juventud se involucre porque es la única manera de ir formando un criterio, que sea una fiesta cívica no penalizada. Esos espacios lúdicos alrededor de la política, y esos espacios políticos, hoy que escribo, en lugar de ser ocupados por gente de bien proveniente de todos los estratos sociales y enriqueciendo el debate de las ideas, tiende a ser ocupado por una limitada gama de personas, muchas de ellas ruines, que contagian a las instituciones políticas.

Como diría Martín Fierro (el famoso personaje argentino de José Hernández): ¡Entendámosló! Los partidos políticos son instituciones de Derecho Público y la política es una actividad humana que, girando alrededor o con aquéllos, no va a desaparecer. Es totalmente necesaria para escoger cada cierto tiempo a nuestras autoridades, de modo que es bueno que vayamos santificándola en lugar de satanizarla, que la vayamos valorizando y limpiando de gentes ruines, para que vayamos, cada día, teniendo la posibilidad de mejorar las instancias políticas, especialmente los vehículos electorales y, de esa manera, mejor gente pueda participar para optar a los puestos de elección popular.

El afán de limitar cada vez más la actividad política, cuando es evidente que el oficialismo llega a hacer campaña para perpetuarse en el ejercicio del poder desde el día en que toma posesión, y encima tipificar como delito cualquier cosa que vaya dirigida hacia los opositores, pero que no tiene aplicación práctica para quienes gobiernan, reparten y hacen publicidad política multimillonaria con recursos del Estado, es nefasto para el proceso de selección de autoridades que, bajo tales parámetros, habrá de darse.

Las reformas a las leyes electorales o penales, en torno al tema político, no debieran estar enfocadas en penalizar las actividades políticas sino encaminadas a propiciar la participación en los asuntos políticos de Guatemala, de los casi dos millones de guatemaltecos que viven fuera del país pero que, con el envío de sus remesas, ayudan a sostener la economía. De este tema que vengo defendiendo desde principios de los años 1990's, cuando fui Fiscal del Partido de Avanzada Nacional ante el TSE, ofrezco elaborar otro ensayo. Baste decir que tienen que estar enfermos quienes patrocinan encarcelar a unos pocos y se olvidan de las grandes mayorías.

Por eso, hoy, públicamente, le pido a la Corte de Constitucionalidad que declare la inconstitucionalidad de ese decreto que, más que reforma penal, es un monumento a la estupidez y a la intolerancia. Argumentos legales no faltan. Basta leer los artículos 1 y 2, en los cuales se establece que el fin supremo del Estado es el bien común y que es deber de este el desarrollo integral de la persona; o el 35 que garantiza la libre emisión del pensamiento; o el 44 que establece la nulidad ipso jure las leyes y las disposiciones gubernativas o de cualquier otro orden que disminuyan, restinjan o tergiversen cualquier derecho que la Constitución establece.

El artículo 136 constitucional establece que son deberes y derechos de los ciudadanos, entre otros, participar en actividades políticas, lo cual merece un análisis más detenido: por un lado, participar en actividades políticas no sólo es un derecho inherente a la persona; desde elmomento en que la Constitución lo establece, además, como un deber, constituye una obligación de todos participar en la política nacional. Este artículo es intemporal, es decir, tan solo establece el deber y el derecho del ciudadano pero no lo restringe a determinada época ni lo condiciona a que el TSE o cualquier otra institución dé su banderazo de salida o indique cuándo sí o cuándo no se puede o se debe participar en política.

Desde este espacio le pido, tanto al TSE como al Congreso de la República y al MP, al primero y al último, que defiendan la Constitución y los derechos y deberes de todos los guatemaltecos y guatemaltecas; al segundo, que haga algo inédito en la historia política del país: que comparezca a evacuar la audiencia aceptando que se ha equivocado, de manera que allane el camino de la Corte de Constitucionalidad, en el presente caso, y regresemos todos a la cordura, a la legalidad, al sentido común que se ha perdido.

La actividad política la debemos rescatar todos del fango en donde pocos la han metido, primero porque es necesario limpiar el vehículo por donde los mejores hombres y mujeres del país deben montarse para gobernarse, caso contrario sólo se montarán quienes estén dispuestos a mancharse, y eso ya es limitar la participación de la mejor gente. Segundo, porque no lo hacemos por la legalidad, por nosotros o nuestro tiempo; todo lo que hoy hagamos por la patria y sus derroteros, todo es en beneficio de las generaciones futuras a quienes se suele mencionar pero no solemos involucrarnos en hacer algo concreto por dejarles un mejor país, y esto es un acto concreto en pro de construir una nación más fuerte, más digna, más acorde con el idealismo que nunca debemos perder. El lirismo de las típicas declamaciones de las fiestas de independencia con estos actos concretos dejan de serlo y se convierten, poco a poco, en beneficios tangibles.

La Corte de Constitucionalidad, en su corto historial, ha tenido de todo, pero generalmente, hay que reconocerlo, ha sido un instrumento de reserva moral, de reencausamiento de la dignidad y del Estado de Derecho. Hoy tenemos grandes esperanzas puestas en su actuación.

Finalizo diciendo que no es delito hacer política porque, involucrándose, haciéndola, hacemos patria. Son nuestros legisladores y los gobernantes de turno, entre otros, quienes con el tiempo han venido haciendo ver como que todo lo que no se haga de esta o de otra manera es ilegal o ilegítimo.

Considero que Guatemala se merece una total libertad de expresión en el ámbito político, y a excepción del tema de financiamiento, que con la incursión del narcotráfico y del crimen organizado es un problema real, no debería haber limitación alguna para que las personas o las instituciones políticas funcionen todos los días. La democracia se distorsiona si todos deben callar y solamente la primera dama o el delfin de turno se dedica a hacer campaña cuatro años antes de las elecciones siguientes. Si a eso sumamos que mediante argucias legales quieren, además, silenciar totalmente a los grupos opuestos a sus ideas e intereses políticos, resulta, entonces, que quienes violan la Constitución y estafan las aspiraciones del pueblo, son ellos y sus testaferros actuando desde los tres poderes y, a veces, desde los órganos descentralizados e independientes, como el TSE y la misma Corte de Constitucionalidad.

Por eso es hora que todos estemos vigilantes de lo que sucede en este entorno. En su defensa va en juego la calidad de nuestro futuro.

martes, 23 de febrero de 2010

LA PICARESCA Y LA POLÍTICA CRIOLLA

Los españoles llegaron a Centroamérica en 1524. Apenas unos 30 años después, con la publicación anónima del Lazarillo de Tormes, nacía el género de novela que, con el tiempo y la aparición de El Buscón, Guzmán de Alfarache, El Diablo Cojuelo y otras tantas novelas menos conocidas, dio en llamarse picaresco.

No eran tan sólo novelas costumbristas, es decir, que narraran el tipo de vida de la época; eran parodias de las realidades de la vida social en donde el protagonista siempre era un pícaro, proveniente, en términos generales, del bajo mundo, normalmente huérfano o descendiente de padres o familiares de dudosa hondarez que, en aquella época de aventuras de hidalgos y de caballería, hacía de una especie de héroe de lo ridículo, de lo mordaz, o de antihéroe, si se quiere, toda vez que la narración de sus peripecias tendía a resaltar la manera como solía salirse con la suya el protagonista mediante argucias y métodos no sólo poco ortodoxos sino reñidos con los altos principios morales y éticos.

Jugarle la vuelta al ciego para robarle el sustento diario era totalmente permisible, como lo era saltarse una tapia y disfrutar de las mejores delicias que una dama de alta alcurnia podría brindar a un amante, sólo que resultaba no ser el amado amante sino el vulgar y sucio protagonista, usurpando calidades aprovechando la obscuridad de la noche y el descuido de guardias y criados.

Este género literario nació espontáneamente dentro de la sociedad española, y como una real maldición ha traspasado los limitados márgenes de la comunicación escrita para incrustarse en nuestra vida política nacional. Pensando que fue una manera de manifestarse quienes en el siglo XVI tenían vocación de escritores, ha logrado traspasar los umbrales del tiempo y resucitar, en carne y hueso, en las actitudes de políticos de actualidad, cuyas agendas parecieran ser, más que salidas de uno de esos viejos libros, algo así como el reafianzamiento de las bajezas humanas que los artistas de la pluma advirtieron y de las cuales quisieron burlarse, divirtiendo, a su vez, a varias generaciones de lectores.

El género literario picaresco, debemos advertir, es propio del idioma español, del idioma que la sociedad española de ese siglo XVI trajo a América y, con él, pareciera que las características humanas de las cuales hace burla.

Sí. Porque voltea uno a ver por cualquier lado y, ¿qué encuentra uno? Pícaros. Y pícaras. Pero eso no es todo. En esta novela picaresca posmoderna que llamamos realidad política nacional, en la mayoría de países hispanoamericanos, está ahora nutrida desde muchas partes, pero la más peligrosa es la que hace de modernos lectores, los conciudadanos, que en nuestra idiosincracia tendemos a premiar precisamente al pícaro, al que la hace.

La tendencia popular no es a aborrecer al funcionario ladrón, sino a alentarlos a que roben pero que hagan algo. Igualmente podemos decir del apoyo popular para quienes, flagrante y reiteradamente, violan la ley, roban, esconden información, son poco transparentes en la utilización de los recursos, etcétera, pues es inverosímil ver a las grandes masas apoyando a este tipo de personajes, premiando el hecho de que no los puedan agarrar en lo que todos sabemos que están haciendo.

España, afortunadamente, logró superar en gran medida a los pícaros vanagloriados en el pasado a través de siglos de publicaciones populares, y hoy tiene políticos que se equivocan pero que no podemos, en general, tildar de pícaros. Pero lastimosamente no es lo mismo lo que podemos pensar y decir de la generalidad de políticos de nuestra querida América Latina, por más que haya unos cuantos gobernantes que, por el momento, se libren de tal calificativo.

Necesitamos que los niveles de educación de la población se eleven muy por encima de donde hoy se encuentran para que la gente común y corriente deje de sentirse heredera de las hazañas de los pícaros de la actualidad que, como dije, son algunos políticos, no todos, y mucha ciudadanía que les permite y los acompaña.

Esa sintomatología del espíritu nacional de nuestros países merece una mejor perspectiva.

martes, 12 de enero de 2010

RELEGACIÓN HISTÓRICA DEL OCCIDENTE. OLVIDO DEL NORTE Y DEL ORIENTE. LA VISIÓN INTEGRAL DE GUATEMALA.

Guatemala estaba, originalmente, divida en territorios de las diferentes etnias que los ocupaban, desde los pequeños territorios de los achíes y xincas, hasta los más vastos de los tzutuhiles, kichés y kakchikeles. Hubo territorios que, debido a la instalación posterior de las fronteras, quedaron divididos entre varios países, tal el caso de los mames y de los lacandones, quizás los chortí.

Pero es especialmente el centralismo el tema que viene a colación en este momento. Desde que Santiago de los Caballeros, la actual Antigua Guatemala, era la capital del Reyno de Goathemala, hubo un centralismo tanto administrativo como comercial que, en alguna medida, tuvo que ver con que, a la hora de independizarnos de España, resultara con mayor apoyo un proyecto federativo que uno centralista.

Con el terremoto de Santa Marta en 1773 y la consecuente destrucción de la capital del reino, se trasladó la nueva capital a donde hoy está situada, pero las cosas no cambiaron. Siguió el centralismo administrativo del cual eran muy celosos los costarricenses y, en alguna medida, los nicaragüenses, que se sentían relegados, situación diferente a lo que sentían los comerciantes de Quetzaltenango y de San Cristóbal, en Chiapas (que entonces era todavía parte de Guatemala), que lejos de sentirse abandonados se sentían competidos deslealmente por la élite comerciante de la Nueva Guatemala, que a través de la Sociedad Económica del País influía políticamente en las medidas que coadyuvaran al mantenimiento de sus privilegios. Por ejemplo, a través de estudios, medidas administrativas, colocación de personas allegadas en puestos clave, lograron retrasar la construcción del puerto de Champerico, tan anhelado por los comerciantes quezaltecos en una época en que casi no había carreteras, todo por evitar que estos compitieran con los de la capital, que tenían un acceso más directo a la importación de mercaderías, primero por lo que hoy es Iztapa, luego por San José, ambas en Escuintla.

Pero ésta no es una entrega para hablar sólo de historia, aunque sea historia política. Lo que trato de demostrar con estos argumentos es que, tradicionalmente, hemos sido un país estructuralmente centralista, y que este centralismo, lejos de ser ciento por ciento beneficioso, en sus orígenes dio al traste con la patria grande, Centroamérica, ya que causó, por la animadversión de muchos hacia las élites políticas y comerciales de la capital, su fragmentación, siendo la simiente, además, de la proclamación del Estado de los Altos, el sexto Estado de la Federación, que fue conformado por lo que hoy son Totonicapán, Sololá, Suchitepéquez, Huehuetenango, Retalhuleu, San Marcos y Quetzaltenango. También provocó la misma situación la anexión de Chiapas a México (aunque en este caso hay otros datos interesantes que no vienen hoy a colación pero que muy bien los recogió Clemente Marroquín Rojas) y, posteriormente, en alguna medida, la pérdida del Soconusco.

Después de todo esto y de la finalización del último intento independentista del Estado de los Altos, en 1849, prácticamente todo ha seguido igual, con relación al tema del centralismo, a excepción de la inclusión, en 1985, de la normativa constitucional de situar cierta parte del presupuesto de la nación a favor de las municipalidades, la cual llevaron a la Asamblea Nacional Constituyente Luis Pedro Quezada y Álvaro Arzú, quien había ganado la Alcaldía de la Ciudad de Guatemala en 1982, cargo que ya no asumió por el rompimiento del orden constitucional el 23 de marzo de ese año (el único medio impreso que recogió esa visita fue, paradójicamente, Diario el Gráfico, del extinto candidato a la Presidencia Jorge Carpio Nicolle, un adversario político de Arzú en los años venideros).

El situado constitucional a los municipios ha producido cambios sociales y beneficios como ninguna otra cosa lo ha hecho en nuestra historia republicana.
Sin embargo, es un hecho que hoy, al hablar del abandono del Occidente del país, al hablar del abandono del Norte y, especialmente, el del Oriente, donde la mayoría de personas que mueren de hambre habitan, lo hacemos como una reflexión profunda que pretende ser un llamado de atención para quienes ocupan puestos de dirigencia y, especialmente, para quienes tienen aspiraciones políticas por dirigir la cosa pública.

Guatemala no es solamente su capital y la costa sur. Qué bueno que tengamos una bonita capital y que se invierta en ella y en algunas partes del país, mas no a costa de abandonar al resto. Para quienes vamos de vez en cuando al interior del país a conversar con la gente, a aprender de las comunidades, vemos las condiciones de vida de las personas, el estado de las cosas, el olvido y abandono en que están, y no podemos menos que hacer un llamado de atención a través de este medio.

No basta llegar a inaugurar chorritos o repartir bolsas de víveres para tomarse la foto. Hay que pensar que ya tenemos más de 150 años de venir haciendo mal las cosas, y que si no cambiamos la manera estructural de verlas, de entenderlas y de hacerlas, las cosas, en teoría, podrían seguir igual.

Pero mi teoría, en este caso, es que la teoría simple no se aplica, aunque la oración sea redundante. Me explico: las condiciones del interior del país son terribles para la población más necesitada, que es la mayoría. Pero poco a poco la televisión por cable les abre los ojos a las personas acerca de la manera como se vive en otras partes. Ya no son las poblaciones “conformadas” con lo que tienen quienes ocupan esos territorios abandonados por las autoridades centralistas. Hoy ven, comparan y quieren. Es natural. De tal manera que es posible que dicho segmento de población comience, en poco tiempo, a reclamar, de la manera que sea, el acceso a oportunidades que, por generaciones, no han tenido.
No basta con hacer la pantomima de hacer Gabinetes Móviles, que es la idea puesta en práctica del famoso Libro Azul del candidato Jorge Carpio en la década de 1990 y que ahora se llama Gobernando con la Gente. La misma tomadura de pelo para las personas y las comunidades mientras no haya una decidida voluntad política de cambiar esa situación.
Guatemala es linda, pero es como una olla de presión que cada día adquiere más y más presión, y si no encontramos una válvula de escape, podría reventarnos en la cara y hacer pedazos todo alrededor de nosotros.

Por eso digo y sostengo que el occidente, el norte y el oriente del país no pueden seguir abandonados. La visión política debe cambiar y los políticos tradicionales, las cúpulas empresariales, los sindicatos, las iglesias, debiéramos todos de llegar a acuerdos y entender que las estructuras de manejo de la cosa pública deben, de alguna manera, cambiar, dejar de ver y tratar de solucionar las cosas de acuerdo a la coyuntura, y comenzar a darle a esos grandes segmentos de población la alternativa para buscar y encontrar el tan deseado desarrollo al que todos tenemos derecho.

Ojalá que algún día podamos ver este amadísimo país gobernado por un equipo de personas que entiendan que hay que atender el occidente, el norte y el oriente del país, sin olvidarse de la costa sur, de la importante capital y su área metropolitana que brinda las condiciones para la urgente creación de puestos de trabajo, así como los centros urbanos del interior del país, que merecen convertirse en alternativas serias de inversión para nacionales y extranjeros.

martes, 5 de enero de 2010

CREDO

Se inicia un nuevo año y, con él, la renovación de un esfuerzo especial por dar a conocer algunas ideas que tenemos alrededor de la política y cómo, con el transcurrir de los años, nos hemos dado cuenta que hacer buena política va de la mano de la legalidad y del sentido común. Hacerlo de otra manera es equivocar el sentido, es darle a la política un sentido nefasto y, con ello, hacerla asquerosa a los demás, cuando no debiera serlo.

Germinan mis ideas este año sobre la fértil base de afirmar que soy político, que me enorgullezco de serlo, que este año, en agosto, cumplo 23 años de haberme iniciado en la misma y que he navegado sus sinuosidades sin contaminarme. Estoy metido en esta profesión con la idea que nací para cambiar el mundo, y no soy fácil de convencer para "taparme con la misma chamarra", de tal manera que, siendo más fácil estar de acuerdo con la mayoría, siempre le he dado prioridad a mis principios por encima de la conveniencia, a los intereses del país o de una gestión pública por arriba de la comodidad.

Valoro la valentía, la integridad, la honradez, la verdad, la hombría de bien (que en términos modernos debe entenderse en la amplitud de los dos géneros), la consistencia y la congruencia, así como la libertad, el estudio, la preparación, la visión de largo aliento, el compromiso, la constancia.

En otro sentido, desprecio la doble moral, la mentira, el engaño (que ambos tienen diferentes matices), el autoritarismo, la inconsistencia, la falta de preparación y sus compañeras eternas, la arrogancia y la ignorancia. Detesto el paternalismo o maternalismo que cohiben el emprendimiento individual y la iniciativa de las personas, tanto como el dogmatismo y los fundamentalismos de cualquier etiqueta.

La política es como la vida. Ambas tienen un fin y tienen medios, los cuales tienen que ser los mejores y más limpios para que el primero sea elevado. En ambas hay desvíos y estos traen consecuencias. La diferencia es que los desvíos individuales ocasionan la ruina de uno o, a lo sumo, de la familia cercana, mientras que los desvíos en política ocasionan la ruina de naciones y de los ciudadanos que las conforman.

No se puede concebir la historia de nuestro planeta sin vida o sin política. Podemos prescindir de muchas cosas, pero dentro de la cultura humana no hay tribu, clan, secta o poderoso imperio, aunque existan actualmente bajo férrea dictadura, que vivan un día sin hacer política.

Luego, no es acabando con los políticos o aborreciendo la política que mejoraremos las cosas. Esas pretensiones sólo favorecen a los malos políticos, a los aprovechados, porque los espacios que debieran ocupar funcionarios bien intencionados tienen, a fuerza, que ser ocupados, y si no es por estos lo será por aquéllos. ¿Alguien tiene otra solución?

Es por eso que se hace necesario que por cualquier medio, por este sencillo blog, si es necesario, o por cualquier otro medio, vayamos identificando escalas de valores, líneas de pensamiento, firmeza de actitudes, inteligencia de razonamientos, trayectorias de vida que ayuden a separar los políticos de altura, bien formados, y lo corta o larga de su experiencia, de los que quieren aprovecharse de la política y, a través de élla, de la ciudadanía y del erario público.

Muchas cosas están malas o no funcionan lo mejor que debieran. Muchas no tienen que ver con política y se le suelen atribuir; otras corresponden a esferas de una influencia política secundaria, como la administración de justicia, de tal manera que hay que ayudar a diseccionar las cosas, los temas, las agendas, para ir formando una clara corriente de opinión que ayude a que, quienes hoy están, justificadamente, en una etapa de su vida en que no quieren saber nada de políticos y de política, cambien su actitud y participen, si no activamente, sí opinando con altura, para darle otro giro a lo que no podemos prescindir y que, a la larga, procurará un mejor legado para sus hijos y sus nietos.

Por esto, al escribir, lo haré como he cumplido siempre cualquier función pública que he asumido: pensando en el ciudadano; pensando en el usuario; pensando en el elector y en el mandato que creo haber recibido de éste. Escribiré pensando, entonces, en mis lectores, calzándome sus zapatos con la esperanza de que se me entienda, pero pidiéndoles a estos, desde ya, que no sean simplemente contemplativos; que se atrevan a opinar, que mediten sobre mis aseveraciones, que disientan con mejores argumentos, que expresen los puntos en los cuales no hay conformidad con los planteamientos; que me exijan que los convenza sin duda alguna pero, a la par, me lean con mente abierta, dispuestos a romper paradigmas muchas veces devenidos ancestralmente; que, al juzgar mis opiniones, lo hagan con el beneplácito que lleva implícita la buena fe de quien escribe y de quien lee; y, finalmente, que se sirvan comentarme abiertamente en la tertulia, en el café, en el trabajo, en el seno del hogar.

Como ofreciera a mis seguidores y lectores desde hace algún tiempo, comenzaré, ahora, a opinar acerca de cuestiones generales que tienen que ver con la política nacional, así como temas puntuales cuando los mismos se vayan presentando, más que por señalar lo mal que están o que se hacen las cosas, por marcar la ruta de lo que debiera ser para progresar como nación y superar los grilletes que matan de hambre a nuestros niños o mantienen una terrible sed de oportunidades en el territorio nacional, sin que esto obste por que, de vez en cuando, también conjuge algún tema puntual del quehacer centroamericano, hemisférico o mundial.

Con los mejores deseos por que los anhelos de todos y todas se vean cumplidos en el transcurso del presente año, y que todos arribemos a la siguiente Nochebuena en paz y con buena salud,

martes, 29 de septiembre de 2009

GLORIA OQUELI DE MACOTO DEBE DAR EXPLICACIONES

Tengo 11 meses de venir peleando por la legalidad de las actuaciones del Parlamento Centroamericano, debido principalmente a las elecciones amañadas de Junta Directiva de dicha Institución, donde votaron 22 Observadores dominicanos, como si los electores de República Dominicana los hubiesen electo y elevado a la categoría de diputados.

La truculenta elección a la cual me refiero, de fecha 22 de octubre de 2008, elevó a la Presidencia a la diputada hondureña Gloria Guadalupe Oquelí de Macoto.

Si esta diputada hondureña no hubiese utilizado subterfugios para ganar, antidemocráticamente, una elección presidencial, en un órgano esencialmente democrático, jamás hubiese ocupado el primer lugar del listado de candidatos a reelegirse, como diputada centroamericana, en el Partido Liberal de Honduras, en el proceso que culmina a finales de noviembre y que élla, y el grupo de seguidores del ex presidente Manuel Zelaya, se encargan de defenestrar.

Ahora, hasta donde sé, ni sus propios correligionarios quieren saber de élla. Lo anterior no tiene que ver con que haya propiciado un fraude electoral para llegar a la tan ansiada Presidencia de Junta Directiva de un parlamento regional, sino con el hecho de que tampoco quieren saber absolutamente nada de Manuel Zelaya, el expresidente que salió de las filas de su partido, y fue precisamente Gloria Oquelí de Macoto quien, con engaños al funcionario de la embajada brasileña en Tegucigalpa, llevó a Manuel Zelaya a esa legación.

La diputada Gloria Oquelí de Macoto fue requerida, por quien escribe, en la sesión de Asamblea Plenaria del PARLACEN, el viernes 25 de septiembre de 2009, para que diera explicaciones de su conducta, tanto por ser la protagonista como por el respeto que la Asamblea Plenaria se merece, pero no fue posible, porque no tuvo el valor de hacerlo y se retiró antes de que finalizara la misma, dejando en la dirección del debate a la diputada salvadoreña Nidia Díaz, del FMLN, quien tuvo que cerrarlo en su ausencia.

Las últimas palabras registradas antes de finalizar dicha sesión también fueron de quien escribe, en el sentido de lamentar la falta de fortaleza de ánimo de la diputada Oquelí, así como su falta de respeto a la Asamblea Plenaria, señalando que las explicaciones que no quiso dar en el organismo que coordina (porque quien llega a un puesto manipulando las leyes y las personas no tiene la altura para presidir), las tendrá que dar a la opinión pública.

Hoy que nos sentamos a escribir, estamos enterados que la prensa ha tratado de localizar a la diputada Oquelí de Macoto, en Honduras, para que dé su versión de los hechos, pero todo intento ha sido infructuoso. Seguramente, si no tuvo el valor de enfrentar a una simple Asamblea Plenaria, tampoco lo tendrá para enfrentar a todo el pueblo hondureño que hoy exige respuestas, y estará pensando de qué manera regresar a su país.

Si tanto respaldo tiene Manuel Zelaya, si con tanto beneplácito ven los hondureños su regreso, hoy la diputada Oquelí de Macoto sería la heroína del cuento y tendría que ser recibida con una alfombra de flores. En su lugar, por su actuación irreflexiva, o necia, porque nosotros tenemos 3 meses de venir advirtiéndolo, hoy hay costras de sangre derramada en su camino, que sin el regreso del sociópata, apoyado por la sociópata, no se habría dado. Hoy no sólo los vivos desean explicaciones, sino los pobres jóvenes que han perdido la vida por la convulsión social que advertimos que sucedería al retornar Zelaya.

Los miembros de la denominada Comunidad Internacional debieran meditar por qué razón la diputada Gloria Oquelí no se considera a sí misma una heroína, anda escondida como los niños que saben que han hecho algo malo, no da la cara para explicar sus actuaciones y el pueblo no la reclama para levantarle un monumento. Tanto que ha hablado que la prensa no la cubre, y ahora que la misma la busca, no aparece por lado alguno.

Sólo falta ver el veredicto final: el de las urnas, para saberse si este simple observador tiene o no razón de todo lo que ha venido diciendo y que aquí sostiene.

Mis sentidas condolencias anticipadas, eso sí, para todos aquellos aspirantes decentes del Partido Liberal, a una diputación centroamericana, en un listado en donde están abajo de esta otrora "joya" de su partido. ¡Hay joyas de joyas en esta vida"

miércoles, 1 de julio de 2009

POSICIÓN SOBRE LA CRISIS HONDUREÑA EN DEBATE DEL PARLAMENTO CENTROAMERICANO

Anoche, 30 de junio de 2009, como diputado centroamericano, participé en la discusión de la iniciativa presentada por miembros de la Comisión de Paz del Parlamento Centroamericano, tendente a condenar los hechos acaecidos recientemente en Honduras, la cual, finalmente, fue aprobada con algunas abstenciones, como la mía.

Algunas ideas mías, anteriores al debate de anoche, se pueden leer en este mismo blog. No apoyé la iniciativa, en pocas palabras, porque no se decía la totalidad de lo sucedido y sólo se condenaba a una parte, la que depuso al presidente Zelaya. Yo creo que si el Parlamento Centroamericano ha de emitir una comunicación al respecto, hay que comenzar por señalar los desatinos del mandatario, desde finales de 2008, que llevaron al país a la ingobernabilidad pero ocasionaron, al mismo mandatario, que perdiera la totalidad del apoyo político, tanto de Magistrados de la Corte Suprema de Justicia como de diputados del Congreso Nacional. Es decir, había que balancear la iniciativa señalando no sólo que el presidente Zelaya fue víctima de un Golpe de Estado, sino su indiscutible papel de causante de la crisis.

Luego, se le da, en la iniciativa presentada, un respaldo a la OEA que, según mi opinión, no merece, especialmente porque en el reciente caso de Guatemala, en donde hay una seria acusación de asesinatos cometidos desde el mismísimo centro de poder que constituye la Presidencia de la República, su Consejo Permanente emitió una resolución y luego envió a su Secretario General, José Miguel Insulza, a investigar qué había sucedido, lo cual, desde cualquier perspectiva que se vea, no es serio, de tal manera que no tengo por qué emitir mi voto, que sí es serio, en favor de instituciones que carecen de ese requisito esencial para emitir juicios de valor sobre lo que ocurre en los estados miembros (más sobre este tema también puede ser encontrado en este blog).

Un tercer elemento que me sirve para no apoyar una iniciativa de esta naturaleza es mi preocupación por el futuro de Honduras. ¿A qué pretende regresar el presidente Zelaya a un país en donde lo esperan una Corte Suprema de Justicia y un Congreso Nacional, unánimemente en contra? ¿Qué operadores políticos podrán funcionar en un gobierno, bajo tales circunstancias? ¿No es suficiente desgaste todo lo que ha pasado, para llegar a sufrir más desgaste con estos seis pocos meses que le quedan de mandato? Señalé que, a Dios Gracias, no ha habido, que sepamos, derramamiento de sangre, pero el regreso del presidente Manuel Zelaya, apoyado irreflexivamente por la comunidad internacional sí puede ocasionar, al país, el desbordamiento de las pasiones y un desangramiento del cual no quiero ser responsable.

Finalmente, porque represento a los ciudadanos centroamericanos, veo en las poco meditadas medidas de la Reunión de Presidentes de los países del Sistema de la Integración de Centroamérica, SICA, especialmente con el cierre de fronteras y del comercio, que a los únicos que afectará será a los pequeños productores de frutas, de verduras, de granos, de quesos, de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, quienes no tienen cosa alguna que ver en lo que está sucediendo.

Soy de quienes creen que lo sucedido en Honduras no puede ser llamado algo más que Golpe de Estado. Lo dije anoche en el debate. Pero tampoco creo lo que el presidente Zelaya repite a los cuatro vientos, que "sólo trataba de hacer una encuesta", porque es claro que una encuesta la puede mandar hacer sin pedir permiso de nadie. A las cosas hay que llamarlas por su nombre y, desde el momento en que se trataba de urnas y de la emisión de una opción de opinión (es decir, un sí o un no) dentro de un proceso convocado a todas las personas aptas para votar, era una consulta popular, no una encuesta.

En fin, ya se verá qué le tiene el Creador deparado a Honduras. Mientras tanto, les pido a todos los hondureños, de los dos bandos en que se ha dividido temporalmente la sociedad de ese querido país, que tengan serenidad, que mediten cada acción que hayan de emprender. En ese sentido, el llamado es especial para los miembros de las Fuerzas Armadas. Antepongan la patria, que es de todos Uds., a intereses temporales o sectarios. Escriban la historia que hoy están moldeando, con hilos de luz emandados del pensamiento de sus mejores hombres y mujeres.

Quienes vemos los acontecimientos desde afuera tratamos de entender a todos y, la verdad, por donde veamos hay parte de razón pero también se han cometido crasos errores que no son naciones extrañas las que los pueden subsanar, por muy poderosos o por muy buenas intenciones que se tengan.

Finalmente, mi llamado a la comunidad internacional es por que dejen de ejercier presión, en uno u otro lado, sobre las facciones en pugna en Honduras, y los dejen, como súbditos orgullosos de una nación digna, resolver ellos mismos sus diferencias. Para eso tienen los partidos políticos más antiguos de la región y de muchas partes del mundo.