Mientras escribo estas ideas, la supertormenta "Frankenstorm", que iniciara con el Huracán Sandy, golpea la costa este de los Estados Unidos de América.
Las noticias son alarmantes, pero en medio de ellas vienen las declaraciones que el Presidente Barack Obama hiciera ayer, por radio, defendiendo la tesis de que no hay que dejar que España se hunda en medio de la crisis económica y de empleo que la agobia.
Paradójicamente, en estos momentos el Gobernador del Estado de Nueva Jersey está en casi todos los canales de noticias internacionales, en vivo, dando cuenta de los daños ocasionados por la tormenta, enfundado en una chumpa gruesa que denota que viene de un ambiente mojado y frío, hablando frente a los micrófonos con el escudo de su Estado detrás de él, donde puede leerse "Libertad Prosperidad 1776", en alusión a la fecha de independencia de ese país y las ideas que inspiraron la lucha (o la guerra) que les permitió independizarse.
Es paradójico, digo, porque el valor Libertad no puede vivirse ni sentirse si no está atado a la prosperidad y, a su vez, esta puede ser un espejismo, una sensación artificialmente creada mediante el mecanismo del endeudamiento que, finalmente, lleva a los pueblos a una pérdida gradual de su libertad.
¿Acaso la mayoría de países africanos son verdaderamente libres, aunque sean independientes? ¿Son plenamente libres los griegos en la actualidad, a pesar de haber inventado la democracia?
El Estado Bienestar que tanto han impulsado y usufructuado la mayoría de países europeos ha sido un caso clarísimo de prosperidad generada artificialmente, otorgándole beneficios a las gentes, es decir, a los electores de los políticos que aprueban estos beneficios, a costa de gastar más de lo que se genera en impuestos, endeudando año con año a sus respectivos Estados, Comunidades o Municipios; y el resultado es la pobreza generalizada, la falta de capacidad de hacerle frente a sus acreedores y, recalcamos, la pérdida gradual de su ámbito de libertad.
La reacción de las personas a todo esto, lo estamos viendo en vivo en las noticias provenientes de Europa todos los días, es la inconformidad que lleva a la protesta callejera, la cual no resuelve su situación ni le lleva a absolutamente nada. A nadie le gusta perder prebendas y privilegios; mucho menos convertirse en el pariente pobre de la comuniad, pero mentalmente cuesta asumir las nuevas realidades que el despilfarro ha provocado año con año, década tras década, gobierno tras gobierno.
¿Se salva Estados Unidos de América de todo esto? Personalmente creo que no. Van en el mismísimo camino del endeudamiento galopante debido al gasto desmedido de sus autoridades, pero en una fase previa a la que hoy viven las economías mediterráneas europeas que, o han tocado fondo o están metidas en problemas sin precedentes.
De ahí el título del presente ensayo. No entendemos cómo el Presidente Obama se atreve a hablar sobre los problemas españoles y aparentar que está en la posición de ayudar a que, de donde está el problema, no pase, si es incapaz de demostrar, con el ejemplo, que puede revertir la mismísima tendencia que ha provocado la crisis en España, en el país que gobierna bajo su entera responsabilidad.
Insisto en este tema porque, si varios países europeos entran en crisis, las exportaciones de los países latinoamericanos, el mío incluido, no se verán en riesgo, ni nuestra estabilidad económica, volumen de negocio y niveles de empleo; pero el irresponsable manejo de la economía estadounidense, de la manera que se viene gestionando, finalmente hará crisis, reventará y nos meterá, a todos los países del mundo, en graves y prolongados problemas que son totalmente previsibles.
Ojalá los electores estadounidenses abran a tiempo los ojos, pues los primeros afectados, no se han dado cuenta, serán precisamente ellos. ¡Está visto que el diablo predica pero no se convierte!
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martes, 30 de octubre de 2012
martes, 15 de mayo de 2012
LA HIPOCRESÍA DE LA BANCA MUNDIAL, DE LOS SUPERVISORES BANCARIOS Y DE LAS CALIFICADORAS DE RIESGO
El mundo tiene algunos años de venir enfrentando una crisis
que, en su evolución, primero fue financiera, luego económicamente generalizada
y ahora vuelve a dar un nuevo latigazo financiero, especialmente en España que,
con la quiebra del Banco Bankia, viene a poner en evidencia la enorme carga
que, sobre las finanzas de los bancos de Estados Unidos de América y de Europa,
tuvo y sigue teniendo, en un lado la burbuja inmobiliaria, en el otro, lo
mismo, sólo que denominado el “peso del ladrillo” (la reciente pérdida de 2
millardos de dólares de Estados Unidos, por parte de JP Morgan, es un tanto
distinta).
En una entrega anterior (http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2010/01/la-burbuja-inmobiliaria-la-crisis.html)
tratamos de explicar cómo es que a Centroamérica, dentro de esa crisis mundial,
protegidos por la Normativa de Basilea que nuestros acreedores extranjeros nos exigían,
nos iba mejor, pues el cumplimiento de estas exigencias y parámetros, que ellos
utilizaban para establecer si nuestros bancos eran sanos o no para prestarnos
dinero, a la larga nos protegió.
Sin embargo, al observar la debacle de los bancos
estadounidenses y de la mayoría de bancos europeos, incluyendo los alemanes,
que son los más interesados en que Grecia (http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2010/05/el-efecto-papandreu-bomba-de-tiempo.html), España, Italia y Portugal les puedan
pagar las enormes sumas de dinero que les deben, podemos prácticamente
concluir que Basilea fue creada sólo para los bancos de los países “en vías de
desarrollo”, no para los bancos de los países industrializados, de esos que
integran el G-8 y hasta el G-20. ¿No es
esto equivalente a hipocresía?
Luego, se supone que los bancos, en todos los países del
mundo, son entidades debidamente supervisadas, tomando en cuenta especialmente
que son las instituciones en donde miles de millones de personas confían su
dinero, pero la supervisión, aún asumiendo que no tenían reglas claras internas
para hacerlo, pudiendo suplir estas con los índices que exige la normativa de
las reuniones de Basilea, parece ser inexistente. ¿No es esto equivalente, también, a
hipocresía?
Ahora bien, lo que constituye el colmo de la hipocresía es
la actitud o el proceder de las grandes calificadoras de riesgo (Moodys,
Standard & Poors, etc.) que, como tales, no fueron capaces de advertir
riesgo alguno, ¡ninguna de éllas! Ni con
la precipitada caída de los bancos, ni con las situaciones que, una por una, se
vinieron dando en Grecia, España, Italia y Portugal, aún cuando los procesos
que se agudizaron y provocaron los diferentes problemas de liquidez, en cada
país, son tan largos que han durado décadas, a la vista de todos, criticables y
objetables por unos y aplaudidos y defendidos por otros, pero a la luz del día,
y ellas no pudieron predecir, con los datos que contaban, absolutamente nada.
Es más, no sólo fueron totalmente incapaces de advertir de
riesgo alguno, que es su objetivo principal, sino participaron de las jugosas
tajadas de pastel de todos los negocios que, a nivel global, fueron parte de la
burbuja que les reventó en la cara.
Nunca hemos visto un reportaje que incluya un análisis de la cantidad de
dinero que las calificadoras de riesgo se embuchan en un año normal y cuál es
su responsabilidad (que debería estarse deduciéndoseles) en los problemas que,
por su falta de visión, de previsión o su connivencia, se vienen dando en
muchísimas economías, y la catástrofe que ha significado para millones de
familias en el mundo que se han quedado sin nadie que produzca por falta de
trabajo.
Eso sí, después de cada “reatazo” que dan los bancos, o los
tumbos y traspiés de las diferentes economías, ahí van ellas, al unísono,
rebajándole el grado de calificación al banco que ya tronó o al país en
problemas, y subiéndoles el nivel de la prima de riesgo. ¡Después del trueno: Jesús, María!
¿Habrá alguno de los Premios Nobel de Economía, que casi
todos escriben, lo hacen muy bien y son leídos y respetados en todo el mundo,
que haya pedido que se revise, siquiera, el papel que juegan las Calificadoras
de Riesgo?
Si el riesgo no se establece y mide por anticipado, ¿de qué
sirve cualquier comentario posterior? ¿Cuánto cobran por hacerle al mundo este
jueguito de “calificar” un riesgo que nunca ven antes del “porrazo”?
En nombre de los desempleados del mundo (que nunca hemos
entendido por qué en España les denominan “parados”), sólo hacemos ver que los
que debieran ceder su espacio son todas aquellas personas que, involucradas en
la responsabilidad de prever un riesgo, tan delicado como el funcionamiento de
la banca a nivel global, no le atinen, jamás, a un pronóstico; y contrario a lo
que debiera ser su trabajo, le “tapan el ojo al macho” con medidas posteriores
para justificar su sueldo y hacernos creer que así debieran ser las cosas.
Con Calificadoras de Riesgo y políticos hipócritas que, a
sabiendas, les permiten seguir actuando así, lo que falta del siglo XXI promete
ser más riesgoso que nunca, en términos financieros, por el enorme efecto que
estas instituciones crean por su alto nivel de globalización.
Dejémonos ya de hipocresías y, a sabiendas que ganan cientos
o miles de millones al año, exijámosles que hagan su trabajo con niveles de
excelencia. ¡Este mundo bien se lo merece!
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Basilea,
calificadoras de riesgo,
crisis económica
viernes, 19 de agosto de 2011
DÁNDOLE SEGUIMIENTO A LA POSIBLE MAYOR CRISIS ECONÓMICA DE LA HISTORIA
Hace casi dos años y medio, en este mismo espacio, sin ser un experto en temas económicos pero sí una persona enterada, me atreví a vaticinar lo que hoy comienza a perfilarse como el inicio de una vorágine que se tragará gobiernos, países y estados de bienestar, con consecuencias entonces y hoy poco previsibles.
Si a los razonamientos de ese ensayo agregamos, ahora, lo que alrededor de la temática puede observarse en Grecia, Portugal, España e Italia, especialmente, sin dejar por un lado que la poderosa Alemania tiene un crecimiento económico cercano a cero, mientras las maquinarias asiáticas se consolidan como las nuevas locomotoras del planeta; si a lo anterior agregamos el desasosiego que las calificadoras de riesgo han provocado en las bolsas de valores del mundo al bajar la calificación de la deuda estadounidense, pero únicamente reaccionando al debate que hubo en ese país con relación al techo de la misma (y no necesariamente por convicción o porque, como nosotros lo anticipamos hace tiempo, lo han visto venir), podremos tener un panorama más completo de lo que, hace casi treinta meses (el 12 de abril de 2009), me atreví a poner en blanco y negro.
Juzguen los lectores si se ha tenido algo de razón, o no, en la expresión de tales ideas y temores. Para mayor facilidad en ubicar el referido ensayo, sólo tiene que pulsarse sobre el siguiente hipervínculo: http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2009/04/una-larga-crisis-o-dos-crisis.html
Si a los razonamientos de ese ensayo agregamos, ahora, lo que alrededor de la temática puede observarse en Grecia, Portugal, España e Italia, especialmente, sin dejar por un lado que la poderosa Alemania tiene un crecimiento económico cercano a cero, mientras las maquinarias asiáticas se consolidan como las nuevas locomotoras del planeta; si a lo anterior agregamos el desasosiego que las calificadoras de riesgo han provocado en las bolsas de valores del mundo al bajar la calificación de la deuda estadounidense, pero únicamente reaccionando al debate que hubo en ese país con relación al techo de la misma (y no necesariamente por convicción o porque, como nosotros lo anticipamos hace tiempo, lo han visto venir), podremos tener un panorama más completo de lo que, hace casi treinta meses (el 12 de abril de 2009), me atreví a poner en blanco y negro.
Juzguen los lectores si se ha tenido algo de razón, o no, en la expresión de tales ideas y temores. Para mayor facilidad en ubicar el referido ensayo, sólo tiene que pulsarse sobre el siguiente hipervínculo: http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2009/04/una-larga-crisis-o-dos-crisis.html
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lunes, 17 de mayo de 2010
EL DÉFICIT FISCAL Y LA CRISIS QUE FALTA A GUATEMALA: LA COMERCIAL
Algunos gobiernos, como el de Guatemala, se ufanan de que, gracias a las medidas que han tomado, sus respectivos países se han venido recuperando, económicamente, de la crisis que se desató en el mundo a raíz de que explotó, en Estados Unidos de América, la denominada burbuja inmobiliaria, contaminando las globalizadas economías de casi todo el planeta.
Sin embargo, hacemos desde esta trinchera un llamado a la comparación de lo que, guardando las enormes distancias, viene sucediendo entre las economías europeas, especialmente de la zona euro, y la guatemalteca.
Para salirle al paso a la crisis económica que comenzó a disparar los niveles de desempleo en muchos países, los gobiernos abusaron (unos iniciando la práctica, otros continuándola y acentuándola) del endeudamiento externo e interno, y algunos continúan con unos déficit fiscales que los están llevando, indefectiblemente, o a la ruina económica o al somatón político cuando les toque pasar por las urnas.
Hemos visto las enormes cifras de deuda de Grecia, que rondan poco más de €.330.o millardos, pero las combinadaas del sector privado y público de España sobrepasan €.1.5 billones; es decir, como dicen en España: el jaleo apenas comienza.
En parecidas condiciones están Irlanda, Portugal e Italia. Además, el sistema bancario de los países que no tienen un problema de deuda inminente, es el mayor acreedor de toda esta deuda prácticamente impagable pero que, por no ser políticamente correcto, todavía no se atreven a decir que no lo es, y todo el mundo está a la espera de que los esfuerzos alemanes, ingleses y franceses (que también tienen sus propios problemas) salgan al rescate y todo el mundo pueda decir, como también dicen en España: "no pasa nada..."
Desde mi punto de vista no es el mundo el que está loco, sino que estamos a punto de ver un mundo que tendrá que comenzar a pagar las facturas producto de las locuras de muchos de sus dirigentes, algunos actuales, otros del pasado reciente.
La crisis económica surgida en Estados Unidos hace unos dos años ayudó a acentuar lo que hoy está haciendo crisis. Apoyados en las teorías keynesianas, han pensado que la manera de rescatar las economías en problemas ha sido gastar más para estimular el consumo y que sea éste el que levante o recupere el nivel de actividad económica hasta niveles anteriores a la crisis, todo sin pensar que esas facturas se tienen que pagar.
El Gobierno de Guatemala viene haciendo lo mismo: gastándose lo que nunca ha tenido, haciendo crecer el presupuesto en tiempos de contracción económica, tratando de subir impuestos cuando todo el resto del mundo trata de facilitarle las cosas a los productores. Me parece que, con los niveles de corrupción que se tienen con los truquitos de los vales de gasolina, los viajes, los chalecos y botas para la policía que nunca se reciben, las carreteras y puentes que se deshacen en la primera lluvia, todo eso apunta a que quieren más plata para gastar en ese proceso de saqueo permanente que mantienen.
Estados Unidos, como he explicado en otros ensayos, con una deuda nunca conocida en la historia del planeta. ¿Que su economía es tan grande que en cualquier momento la pueden pagar? Perfecto. ¡Ojalá! Pero el riesgo en que están y en el que estamos todos sus socios comerciales es inmenso.
Si varios países europeos entran simultáneamente en dificultad de pagos; si los países europeos con las economías más fuertes tienen que hacer un esfuerzo mayor a sus fuerzas para rescatar del contagio a toda la zona euro; si todo lo que pase en Europa precipita una crisis de naturaleza similar en Estados Unidos, todo el mundo se contaminará.
Para comenzar, es sabido que cuando el riesgo país aumenta, el sector privado endeudado de ese país tiene que pagar más por el servicio de su deuda, indistintamente si está de acuerdo o no con las políticas de su gobierno. Como pinta la cosa, ninguna calificadora seria de riesgo puede continuar preciándose de serlo si no tiene en mente todos estos argumentos, de modo que es previsible una baja en la calificación de riesgo de todos los países que han abusado del recurso del déficit fiscal, con lo cual se les encarecerá el costo de mantener esa deuda y le encarecerán sus operaciones a sus respectivos sectores privados.
Para seguir elucubrando, China Popular, Japón, Taiwan, y muchos países son grandes tenedores de Bonos del Tesoro de los Estados Unidos, y si este gigante del norte tiene problemas de pago de su deuda, la contaminación será global.
Todo esto tiene que ver con el volumen de negocios que países pequeños, como el nuestro, están en capacidad de hacer con los países que nos compran.
Si los pueblos que forman las economías de los países que compran nuestros productos están bien, el volumen de negocio que hacemos con ellos puede ir creciendo, aunque sea poco, pero sostenidamente. Por le contrario, si quienes suelen consumir nuestros productos, mayoritariamente agrícolas, no tienen la liquidez acostumbrada, el volumen de nuestras exportaciones bajarán rápidamente, de manera que a la par de la caída del volumen de negocio también caerá el monto de divisas que ingrese al país, generando problemas serios o más graves en el equilibrio de nuestra balanza de pagos.
No hay mucho que podamos hacer como no sea diversificar, por el momento, los mercados de nuestros productos, y así no depender en gran medida de un mercado aparentemente fuerte que se pueda caer repentinamente.
Pero también debemos diversificarnos en nuestra producción, con planes a mediano y largo plazo que involucren programas de desarrollo y de entrenamiento de nuestra juventud en la prestación de nuevos servicios o en la preparación para llevar a cabo tareas que involucren mayores niveles de industrialización.
Cuesta muchos años bajarle un punto a los niveles de pobreza o de pobreza extrema, pero entre los embates de la naturaleza y los destrozos que puede ocasionarnos la caída súbita de nuestros mercados, es mejor tener la visión de prepararse mejor como país.
De todos modos, si no pasa nada de lo que mi sentido común me dice que estamos a punto de presenciar, pero comenzamos a prepararnos, como país, para recibir inversiones para desarrollar actividades de más complejidad pero de mayor valor agregado, estaremos recorriendo la ruta correcta de nuestro desarrollo.
Sin embargo, hacemos desde esta trinchera un llamado a la comparación de lo que, guardando las enormes distancias, viene sucediendo entre las economías europeas, especialmente de la zona euro, y la guatemalteca.
Para salirle al paso a la crisis económica que comenzó a disparar los niveles de desempleo en muchos países, los gobiernos abusaron (unos iniciando la práctica, otros continuándola y acentuándola) del endeudamiento externo e interno, y algunos continúan con unos déficit fiscales que los están llevando, indefectiblemente, o a la ruina económica o al somatón político cuando les toque pasar por las urnas.
Hemos visto las enormes cifras de deuda de Grecia, que rondan poco más de €.330.o millardos, pero las combinadaas del sector privado y público de España sobrepasan €.1.5 billones; es decir, como dicen en España: el jaleo apenas comienza.
En parecidas condiciones están Irlanda, Portugal e Italia. Además, el sistema bancario de los países que no tienen un problema de deuda inminente, es el mayor acreedor de toda esta deuda prácticamente impagable pero que, por no ser políticamente correcto, todavía no se atreven a decir que no lo es, y todo el mundo está a la espera de que los esfuerzos alemanes, ingleses y franceses (que también tienen sus propios problemas) salgan al rescate y todo el mundo pueda decir, como también dicen en España: "no pasa nada..."
Desde mi punto de vista no es el mundo el que está loco, sino que estamos a punto de ver un mundo que tendrá que comenzar a pagar las facturas producto de las locuras de muchos de sus dirigentes, algunos actuales, otros del pasado reciente.
La crisis económica surgida en Estados Unidos hace unos dos años ayudó a acentuar lo que hoy está haciendo crisis. Apoyados en las teorías keynesianas, han pensado que la manera de rescatar las economías en problemas ha sido gastar más para estimular el consumo y que sea éste el que levante o recupere el nivel de actividad económica hasta niveles anteriores a la crisis, todo sin pensar que esas facturas se tienen que pagar.
El Gobierno de Guatemala viene haciendo lo mismo: gastándose lo que nunca ha tenido, haciendo crecer el presupuesto en tiempos de contracción económica, tratando de subir impuestos cuando todo el resto del mundo trata de facilitarle las cosas a los productores. Me parece que, con los niveles de corrupción que se tienen con los truquitos de los vales de gasolina, los viajes, los chalecos y botas para la policía que nunca se reciben, las carreteras y puentes que se deshacen en la primera lluvia, todo eso apunta a que quieren más plata para gastar en ese proceso de saqueo permanente que mantienen.
Estados Unidos, como he explicado en otros ensayos, con una deuda nunca conocida en la historia del planeta. ¿Que su economía es tan grande que en cualquier momento la pueden pagar? Perfecto. ¡Ojalá! Pero el riesgo en que están y en el que estamos todos sus socios comerciales es inmenso.
Si varios países europeos entran simultáneamente en dificultad de pagos; si los países europeos con las economías más fuertes tienen que hacer un esfuerzo mayor a sus fuerzas para rescatar del contagio a toda la zona euro; si todo lo que pase en Europa precipita una crisis de naturaleza similar en Estados Unidos, todo el mundo se contaminará.
Para comenzar, es sabido que cuando el riesgo país aumenta, el sector privado endeudado de ese país tiene que pagar más por el servicio de su deuda, indistintamente si está de acuerdo o no con las políticas de su gobierno. Como pinta la cosa, ninguna calificadora seria de riesgo puede continuar preciándose de serlo si no tiene en mente todos estos argumentos, de modo que es previsible una baja en la calificación de riesgo de todos los países que han abusado del recurso del déficit fiscal, con lo cual se les encarecerá el costo de mantener esa deuda y le encarecerán sus operaciones a sus respectivos sectores privados.
Para seguir elucubrando, China Popular, Japón, Taiwan, y muchos países son grandes tenedores de Bonos del Tesoro de los Estados Unidos, y si este gigante del norte tiene problemas de pago de su deuda, la contaminación será global.
Todo esto tiene que ver con el volumen de negocios que países pequeños, como el nuestro, están en capacidad de hacer con los países que nos compran.
Si los pueblos que forman las economías de los países que compran nuestros productos están bien, el volumen de negocio que hacemos con ellos puede ir creciendo, aunque sea poco, pero sostenidamente. Por le contrario, si quienes suelen consumir nuestros productos, mayoritariamente agrícolas, no tienen la liquidez acostumbrada, el volumen de nuestras exportaciones bajarán rápidamente, de manera que a la par de la caída del volumen de negocio también caerá el monto de divisas que ingrese al país, generando problemas serios o más graves en el equilibrio de nuestra balanza de pagos.
No hay mucho que podamos hacer como no sea diversificar, por el momento, los mercados de nuestros productos, y así no depender en gran medida de un mercado aparentemente fuerte que se pueda caer repentinamente.
Pero también debemos diversificarnos en nuestra producción, con planes a mediano y largo plazo que involucren programas de desarrollo y de entrenamiento de nuestra juventud en la prestación de nuevos servicios o en la preparación para llevar a cabo tareas que involucren mayores niveles de industrialización.
Cuesta muchos años bajarle un punto a los niveles de pobreza o de pobreza extrema, pero entre los embates de la naturaleza y los destrozos que puede ocasionarnos la caída súbita de nuestros mercados, es mejor tener la visión de prepararse mejor como país.
De todos modos, si no pasa nada de lo que mi sentido común me dice que estamos a punto de presenciar, pero comenzamos a prepararnos, como país, para recibir inversiones para desarrollar actividades de más complejidad pero de mayor valor agregado, estaremos recorriendo la ruta correcta de nuestro desarrollo.
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domingo, 12 de abril de 2009
¿UNA LARGA CRISIS, O DOS CRISIS DIFERENTES, UNA DESPUÉS DE LA OTRA?
La crisis económica mundial es consecuencia, principalmente, de la crisis financiera que, comenzando en Estados Unidos de América, por efectos de la globalización, tiene inmerso al mundo entero en problemas de todos conocidos.
El objeto de este artículo no es analizar lo que todo el mundo ha venido estudiando, ni repetir lo que todo el mundo está diciendo, mucho menos agobiar al lector con cifras, que las hay, sino exponer un par de ideas alrededor del tema y, principalmente, compartir con mis lectores la visión diferente que, sobre el futuro, tenemos.
Primero, no debemos desaprovechar la oportunidad para señalar no sólo la inconsistencia de los países industrializados sino su inmoralidad, por llamarle de alguna manera, al imponer a los países pequeños reglas del juego, como la normativa de Basilea para el ejercicio de la banca, con la finalidad de mantener un mejor control sobre la manera en que manejamos el dinero que nos prestan, pero abstenerse ellos mismos de ejercer ese control que con tanta insistencia nos exigen. Es, precisamente, ese mayor control, el que ha hecho que el efecto colateral de esos enormes agujeros financieros en el resto del mundo no haya sido tan dañino en nuestros pobres países.
Pero el tema principal que quiero hoy dejar establecido es el temor, mientras ya todos los economistas que he escuchado no se ponen de acuerdo si la recuperación de la actual crisis comenzará en el tercer trimestre de 2009 o en el penúltimo de 2010, y mientras se habla ya que la recuperación vendrá, en primer lugar, en Asia, luego en Estados Unidos y, finalmente, en los países de la zona euro, de que las cosas no serán, en modo alguno, como los expertos en el tema económico vienen vaticinando.
Mi visión sobre todo este tema no es tan halagüeño. Creo que estamos a las puertas de una segunda etapa de mayores problemas económicos, comparable, tal vez, sólo con la denominada Gran Depresión de 1929, y cuyas consecuencias, hoy, no me atrevo a calcular.
Mientras todos hablan de la crisis económica mundial yo solamente veo la preparación del terreno para complicaciones que cuesta, hoy, visualizar adecuadamente.
Lo que está sucediendo en el mundo es únicamente una tremenda crisis de la iniciativa privada, que ha envuelto al mundo en tales complicaciones, por su magnitud, que ha creado varias sensaciones: la primera, menos dañina, que los gobiernos deben salir al rescate de instituciones privadas, con la excusa de que hay que descontaminar el mercado y defender los puestos de trabajo; la segunda, que es la que causará la prolongación de la crisis o una segunda y más devastadora, es la creencia, por quienes gobiernan y por muchos teóricos de la economía, de que los gobiernos que están comprometiendo cifras de dinero nunca antes escuchadas en estos hoyos financieros, son invulnerables y todopoderosos.
Lo que estoy viendo venir es, después de la crisis del sector privado, no sólo la crisis de los gobiernos que han metido tanto dinero para rescatar a administradores millonarios y con títulos de las más prestigiadas y caras universidades del mundo, pero fracasados, y las correspondientes empresas que administran sino, especialmente, la tremenda crisis de dinero del gobierno de los Estados Unidos de América y, con él, la debacle del patrón de cambio internacional, el hasta ahora poderoso dólar.
No es ningún secreto que el déficit presupuestario de Estados Unidos comenzó a manejarse de manera diferente (algunos dirían que irresponsablemente), desde la era Reagan, por lo cual podemos ya hablar de prácticamente un cuarto de siglo de acumular déficit constantemente.
A lo anterior, agreguemos que este poderoso país sigue empeñado en la guerra más costosa y la segunda más larga (sólo después de la de Viet Nam) de su ya larga carrera guerrerista, la cual le sigue costando poco más de 500 millones de dólares diaros sólo para mantenerla (es decir, sin contar las multimillonarias prestaciones para sus veteranos) y, que sepamos las personas atentas que nos preocupamos un poco por estar enterados, no ha habido incremento de impuestos para cubir los gastos de la guerra ni ha habido un endeudamiento “fomal”, sino un uso consistente, un abuso, diríamos, de su derecho de señoriaje sobre el dólar estadounidense, es decir, la impresión de verdaderos embarques de nuevos billetes que, obviamente, cada día valen menos.
Si a lo anterior, ahora, agregamos esos aportes de “billones” y de “trillones” de dólares, cantidades que nunca antes en la historia se han visto juntas, que no existen en ningún lado pero que están siendo "entregadas" para rescatar bancos privados, aseguradoras, fábricas de automóviles y etcéteras, todo hace pensar que una crisis precipitará la otra o, por lo menos, la prolongará.
Estados Unidos viene perdiendo desde octubre de 2008, todavía hoy que comienza el segundo trimestre de 2009, un poco más de 600 mil empleos mensuales, lo que hace pensar que esas grandes cantidades trillonarias no están solucionando el problema, ya que han ido a parar a los más grandes compañías, pero la columna vertebral de la producción industrial de ese país, las empresas grandes pero no tanto, las medianas y centenas de miles de pequeñas empresas, no están recibiendo ayuda alguna y siguen recortando personal o cerrando definitivamente.
La gran preocupación que hoy quiero resaltar es el camino que hoy está encausando al mundo hacia un tremendo abismo, el abismo de la espantosa quiebra mundial que sería la quiebra del gobierno más poderoso de la tierra. Los países asiáticos, que son los mayores ahorrantes en Estados Unidos por los enormes volúmenes de reservas internacionales que mantienen en dólares en ese país, ya han demostrado su nerviosismo ante una eventual devaluación de la, hasta ahora, moneda dura.
El presidente Obama no está dando señales de variar el rumbo que traía la administración Bush en estos puntos vitales, lo que hace pensar que los siguientes cuatro años, si las finanzas de su gobierno aguantan, serán de profundización de las causas de la crisis del mañana, pero mucho me temo que no tengamos (me refiero al mundo entero) tanto tiempo. Mucho temo que más pronto que tarde, esa extraña mezcla de Estado Bienestar (de las crisis de Medicare y de Medicaid mejor ni hablemos), de Estado Policía (que tiene un costo tremendo en todo el orbe), aunado al nuevo rol de Estado Rescatador de la iniciativa privada, papel tan caro o más caro que los otros dos, nos está llevando a una vorágine sin precedentes.
Hace muchos años, siendo Edín Velásquez Presidente del Banco de Guatemala y quien escribe Director por Guatemala del Banco Centroamericano de Integración Económica, recomendé que sería sano que Guatemala dividiera sus reservas internacionales en dólares y en euros. El no escuchar ese consejo le ha costado al país varios miles de millones de dólares en pérdidas por la simple devaluación del dólar frente al euro. Hoy, la conversión inmediata de reservas internacionales a euros, debe ser estudiada más a fondo que nunca como medida de paliar riesgos.
La pregunta obligada, entonces, será la del título de esta entrega: ¿Se tratará de una larga crisis económica (derivada de una debacle financiera), o de dos tremendas crisis (mezcla ya de crisis financiera, económica y fiscal), una después de la otra, separadas tan sólo por un pequeño y aparente período de recuperación?
El objeto de este artículo no es analizar lo que todo el mundo ha venido estudiando, ni repetir lo que todo el mundo está diciendo, mucho menos agobiar al lector con cifras, que las hay, sino exponer un par de ideas alrededor del tema y, principalmente, compartir con mis lectores la visión diferente que, sobre el futuro, tenemos.
Primero, no debemos desaprovechar la oportunidad para señalar no sólo la inconsistencia de los países industrializados sino su inmoralidad, por llamarle de alguna manera, al imponer a los países pequeños reglas del juego, como la normativa de Basilea para el ejercicio de la banca, con la finalidad de mantener un mejor control sobre la manera en que manejamos el dinero que nos prestan, pero abstenerse ellos mismos de ejercer ese control que con tanta insistencia nos exigen. Es, precisamente, ese mayor control, el que ha hecho que el efecto colateral de esos enormes agujeros financieros en el resto del mundo no haya sido tan dañino en nuestros pobres países.
Pero el tema principal que quiero hoy dejar establecido es el temor, mientras ya todos los economistas que he escuchado no se ponen de acuerdo si la recuperación de la actual crisis comenzará en el tercer trimestre de 2009 o en el penúltimo de 2010, y mientras se habla ya que la recuperación vendrá, en primer lugar, en Asia, luego en Estados Unidos y, finalmente, en los países de la zona euro, de que las cosas no serán, en modo alguno, como los expertos en el tema económico vienen vaticinando.
Mi visión sobre todo este tema no es tan halagüeño. Creo que estamos a las puertas de una segunda etapa de mayores problemas económicos, comparable, tal vez, sólo con la denominada Gran Depresión de 1929, y cuyas consecuencias, hoy, no me atrevo a calcular.
Mientras todos hablan de la crisis económica mundial yo solamente veo la preparación del terreno para complicaciones que cuesta, hoy, visualizar adecuadamente.
Lo que está sucediendo en el mundo es únicamente una tremenda crisis de la iniciativa privada, que ha envuelto al mundo en tales complicaciones, por su magnitud, que ha creado varias sensaciones: la primera, menos dañina, que los gobiernos deben salir al rescate de instituciones privadas, con la excusa de que hay que descontaminar el mercado y defender los puestos de trabajo; la segunda, que es la que causará la prolongación de la crisis o una segunda y más devastadora, es la creencia, por quienes gobiernan y por muchos teóricos de la economía, de que los gobiernos que están comprometiendo cifras de dinero nunca antes escuchadas en estos hoyos financieros, son invulnerables y todopoderosos.
Lo que estoy viendo venir es, después de la crisis del sector privado, no sólo la crisis de los gobiernos que han metido tanto dinero para rescatar a administradores millonarios y con títulos de las más prestigiadas y caras universidades del mundo, pero fracasados, y las correspondientes empresas que administran sino, especialmente, la tremenda crisis de dinero del gobierno de los Estados Unidos de América y, con él, la debacle del patrón de cambio internacional, el hasta ahora poderoso dólar.
No es ningún secreto que el déficit presupuestario de Estados Unidos comenzó a manejarse de manera diferente (algunos dirían que irresponsablemente), desde la era Reagan, por lo cual podemos ya hablar de prácticamente un cuarto de siglo de acumular déficit constantemente.
A lo anterior, agreguemos que este poderoso país sigue empeñado en la guerra más costosa y la segunda más larga (sólo después de la de Viet Nam) de su ya larga carrera guerrerista, la cual le sigue costando poco más de 500 millones de dólares diaros sólo para mantenerla (es decir, sin contar las multimillonarias prestaciones para sus veteranos) y, que sepamos las personas atentas que nos preocupamos un poco por estar enterados, no ha habido incremento de impuestos para cubir los gastos de la guerra ni ha habido un endeudamiento “fomal”, sino un uso consistente, un abuso, diríamos, de su derecho de señoriaje sobre el dólar estadounidense, es decir, la impresión de verdaderos embarques de nuevos billetes que, obviamente, cada día valen menos.
Si a lo anterior, ahora, agregamos esos aportes de “billones” y de “trillones” de dólares, cantidades que nunca antes en la historia se han visto juntas, que no existen en ningún lado pero que están siendo "entregadas" para rescatar bancos privados, aseguradoras, fábricas de automóviles y etcéteras, todo hace pensar que una crisis precipitará la otra o, por lo menos, la prolongará.
Estados Unidos viene perdiendo desde octubre de 2008, todavía hoy que comienza el segundo trimestre de 2009, un poco más de 600 mil empleos mensuales, lo que hace pensar que esas grandes cantidades trillonarias no están solucionando el problema, ya que han ido a parar a los más grandes compañías, pero la columna vertebral de la producción industrial de ese país, las empresas grandes pero no tanto, las medianas y centenas de miles de pequeñas empresas, no están recibiendo ayuda alguna y siguen recortando personal o cerrando definitivamente.
La gran preocupación que hoy quiero resaltar es el camino que hoy está encausando al mundo hacia un tremendo abismo, el abismo de la espantosa quiebra mundial que sería la quiebra del gobierno más poderoso de la tierra. Los países asiáticos, que son los mayores ahorrantes en Estados Unidos por los enormes volúmenes de reservas internacionales que mantienen en dólares en ese país, ya han demostrado su nerviosismo ante una eventual devaluación de la, hasta ahora, moneda dura.
El presidente Obama no está dando señales de variar el rumbo que traía la administración Bush en estos puntos vitales, lo que hace pensar que los siguientes cuatro años, si las finanzas de su gobierno aguantan, serán de profundización de las causas de la crisis del mañana, pero mucho me temo que no tengamos (me refiero al mundo entero) tanto tiempo. Mucho temo que más pronto que tarde, esa extraña mezcla de Estado Bienestar (de las crisis de Medicare y de Medicaid mejor ni hablemos), de Estado Policía (que tiene un costo tremendo en todo el orbe), aunado al nuevo rol de Estado Rescatador de la iniciativa privada, papel tan caro o más caro que los otros dos, nos está llevando a una vorágine sin precedentes.
Hace muchos años, siendo Edín Velásquez Presidente del Banco de Guatemala y quien escribe Director por Guatemala del Banco Centroamericano de Integración Económica, recomendé que sería sano que Guatemala dividiera sus reservas internacionales en dólares y en euros. El no escuchar ese consejo le ha costado al país varios miles de millones de dólares en pérdidas por la simple devaluación del dólar frente al euro. Hoy, la conversión inmediata de reservas internacionales a euros, debe ser estudiada más a fondo que nunca como medida de paliar riesgos.
La pregunta obligada, entonces, será la del título de esta entrega: ¿Se tratará de una larga crisis económica (derivada de una debacle financiera), o de dos tremendas crisis (mezcla ya de crisis financiera, económica y fiscal), una después de la otra, separadas tan sólo por un pequeño y aparente período de recuperación?
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crisis económica,
Estados Unidos de America
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