miércoles, 21 de octubre de 2015

FANTASÍA ONÍRICA ENTRE EL ENSUEÑO Y LA FUMADA

La sucesión de imágenes mentales que un corazón de verdadero patriota puede generar en una cabeza que aspira a ver concretarse algo mejor para su país y para su gente, al chocar con la apabullante realidad, puede generar sentimientos encontrados.

Esto puede resumirse a una especie de reglas matemáticas: el dolor por la patria es directamente proporcional al amor que se le tenga; la conmiseración por los necesitados es directamente proporcional a la comprensión de su realidad; y la indiferencia frente al prójimo es inversamente proporcional al amor por el país.

Soñar y elevar el espíritu para imaginarse una realidad que hoy no existe está íntimamente ligado al amor.  Si el amor por el país o la preocupación legítima por sus habitantes más necesitados no existe, tampoco existe la necesidad de soñar y, sin necesidad de visualizar un mejor país y mejores condiciones de vida, el proceso onírico no se da. ¿Para qué?

Mucho se ha dicho de las causas de la pobreza, de la pobreza extrema, de la inequidad, de la ignorancia; de todas esas condiciones que reducen el futuro de una nación a la mínima expresión, al mantenimiento del statu quo.  Conocer esas razones porque se ha leído y porque se ha convivido con las gentes que viven bajo tales condiciones es necesario para darle dirección a nuestros sueños.

Nuestra nación tiene muchas verdades, y aunque no todas concuerdan con la verdad del vecino de enfrente, todas las versiones merecen respeto.  La versión de la conquista no coincide con la versión del despojo, y mientras esto no se entienda los sueños no pueden elevarse al éter. Lo anterior es un ejemplo profundo, pero solamente eso.

Soñar no produce bienestar material, pero nos prepara para saber por dónde enderezar nuestros íntimos esfuerzos.  Soñar cosas vanas puede que nos ayude a relajarnos, a liberar el espíritu, pero no es el sueño que genera preclaras decisiones.  Soñar, casi inmerso en un proceso inducido por alguna sustancia, atreviéndose a cuestionar los pilares mismos de la sociedad, dándonos el ánimo de preguntarnos tantos por qués que por generaciones hemos dado por un hecho, es el tipo de soñar que produce líderes visionarios, visionariamente positivos y positivamente fundamentados a la hora de explicar sus aspiraciones.

En un país con tantas y nefandas necesidades y arraigadas costumbres que hay que modificar, no es posible atreverse a soñar un solo sueño.

El liderazgo en nuestro país, sea de jóvenes empresarios, de políticos o de la sociedad organizada para servir de otra manera, debe nutrirse de sueños bien plurales que maticen con colores, con olores y detalles nunca visto las nuevas propuestas que deben surgir para levantar una nación que apenas comienza a despertar.

Paradójico, pero es así.  Ahora que la mayoría ciudadana despierta porque la corrupción, que siempre ha existido, rebalsó la gota de la cordura, es hora de soñar.  Se sueña despierto para, en ese limbo en que uno se coloca, se pueda volar espiritual pero conscientemente para vincular conocimiento académico con aspiración, para ligar experiencias pasadas con posibles soluciones y, en lugar de ver el hoy o, lo que es peor, tan sólo el ayer, visualizar un brillante mañana.

Soñar es de todos, pero de alguna manera quienes aspiran a tener algún liderazgo deben prepararse mejor, vivir intensas experiencias y, así, soñar mejor, soñar al límite entre lo que es factible y lo imposible, entre la cordura y la fantasía, pero soñar vívidamente.

Si analizamos la historia de las naciones que tienen, hoy, mejores oportunidades que nosotros y más elevados niveles de vida, todas tuvieron líderes visionarios; todos esos líderes se atrevieron a construir políticas o proyectos sobre la base de inspiraciones hasta entonces desconocidas, y tuvieron la energía y la persistencia para impulsar temas que, para algunos o para las mayorías, pudieron parecer imposibles.

¡Soñemos! ¡Atrevámonos a elevar nuestras aspiraciones y, desde el ara de la patria, lancemos positivismo, creatividad y ganas de construir  un mejor país por todas partes! ¡Nademos contra una corriente que cada vez va siendo más nuestra! ¡Seamos ejemplo de las demás naciones y de las generaciones por venir! ¡No dejemos de soñar porque está rica la cama y dormimos tan profundamente que se nos pasa el tiempo y nada recordamos al despertar!

¡La construcción de nuestro nuevo país comienza hoy y comienza por soñar de veras! ¡Soñemos, pues; soñemos...!


viernes, 4 de septiembre de 2015

LA PRIMAVERA CHAPINA

     Es difícil explicar el amor por la patria, ese que engloba su defensa, la defensa de lo que es correcto y que conlleva una dosis de indignación cuando sabemos que la mancillan; indignación que, debemos decir, ha sido constante en las últimas dos o tres generaciones.

     Son pocas veces las que un apasionado y ardoroso defensor de algo intangible, como el concepto "patria", se alegra, especialmente en un país en donde sus instituciones y los procesos políticos han sido copados por mafias, por bandas criminales y, en algunos casos, hasta por extranjeros que buscan un interés económico a través de sus negocios ilícitos o defienden agendas foráneas y se creen con derecho de venir a decirnos qué hacer y qué no hacer.

     Sobre gran variedad de temas que tienen que ver con la defensa de un orden institucional, de un Estado de Derecho y de valores y principios que debieran regir nuestra vida política hemos venido escribiendo en este medio desde marzo de 2009, con planteamientos utópicos, con propuestas de solución, con críticas fundadas, con valentía pero, sobre todo, con ese amor que profesamos por lo nuestro, por el ideal moral del deber ser, por los valores familiares que se nos inculcaron y que tienen aplicación práctica en la cosa pública, por la elevación de los valores cívicos y la defensa, a ultranza, de lo que es debido dentro del sentido común.

     Navegar en estas aguas en medio de una sociedad muchas veces indiferente ha sido difícil.  Bien se dice que un leño no arde solo, y la realización de los ideales democráticos se pueden empujar en solitario mas no pueden concretarse sino en la medida que la colectividad los asume y los defiende.

     Ese despertar ciudadano es el que se ha venido dando desde que, hace cuatro meses, en el mes de abril de 2015, la revelación formal de las actividades delictivas de unos gobernantes, cuyos actos ilegales han venido siendo vox populi desde antes de que llegaran a tener poder, fueron algo así como la gota que rebalsó el vaso de nuestra paciencia colectiva, y la Primavera Chapina, ese florecer de la conciencia ciudadana de los gobernados en su conjunto, sin distinción de clases, de sexos, de etnias, aunque al principio un poco desconfiados por cuestiones ideológicas que, al final, fueron olvidadas, se comenzó a dar y a fortalecerse cada día, dando sus primeros frutos.

     La petulancia de la ex-vicepresidenta Roxana Baldetti Elías y la posición de confrontación del ex-presidente Otto Pérez Molina ayudaron a formar el crisol de la ciudadanía guatemalteca que se amalgamó en su contra y, finalmente, doblegó hasta a sus antiguos aliados en el Congreso de la República, ganándoles el pulso que, en contra de todo sentido común, se empañaban en sostener en contra de una mayoría que le exigía rendición de cuentas ante los tribunales.

     La historia se escribe, generalmente, con violencia y hasta con sangre; pero esta página de nuestra historia habrá de convertirse en una de las más gloriosas gestas ciudadanas guatemaltecas, precisamente porque, sin líderes que nos guiaran, el conglomerado social optó por la no violencia, por la exigencia firme de derechos expresados en pancartas, en entrevistas y hasta en los hasta hace poco desconocidos memes en las redes sociales.

     Hubo protestas ciudadanas en donde pudimos ver cómo, después de la misma, la gente se organizó para recoger su propia basura en la plaza y en las calles. Vimos gente que llegó a acompañar a los denominados picapollos, los trabajadores municipales que pasan recogiendo basura, para aliviar su carga, en un gesto cívico sin precedentes.

     Las fotografías de familias enteras protestando con los padres cargando a sus hijos sobre los hombros, o de niños ofreciéndole algún tipo de comida o bebida a los agentes del orden, o la determinación de hacer una valla humana para que los diputados pudiesen ingresar al edificio del Congreso a sesionar; o los jóvenes que, durante esa jornada cívica repartieron rosas mientras los diputados le levantaban la inmunidad al presidente de la República, son actitudes dignas de hacer constar para la posteridad y para ejemplo del resto del mundo.

     Es triste ver que estamos en las noticias de todos lados porque hemos sometido a proceso tanto al presidente como a la vicepresidenta de la República, ambos en funciones. ¡Algo sin precedentes! Pero a la vez es alentador porque, como iniciamos indicando, la ciudadanía despertó del letargo que produce esa mezcla de indiferencia por lo político, repugnancia porque todo lo que se escucha da verdadero asco, y malestar porque cada noticia nos indigna.

     Es de reconocer que gran parte del aliciente para que la protesta tomara forma y se fortaleciera en las calles tuvo, como contraparte, la buena gestión de algunos funcionarios públicos clave, como la Fiscal General del Ministerio Público o el Juez Contralor, que pone, con su sola actuación, en otro lugar del imaginario colectivo al Organismo Judicial completo, que ha sido parte, tradicionalmente, de la decepción ciudadana.

     Los ciudadanos han despertado y se han dado cuenta del poder que, entre todos, tenemos para que la corrupción vaya siendo, cada vez más, cosa del pasado.

     Hoy no basta con la función contralora de los mismos políticos, jueces o cualquier funcionario.  Ahora el pueblo soberano ha asumido la función de supervisor de la cosa pública, y esperemos que, en lugar de bajar la guardia, asuma cada vez un rol más cercano a lo que sucede y, con su inmediatez, prevenga de alguna manera el despilfarro que ha sido la constante o los fallos amañados o cualquier cosa que dé una señal de alarma y que suene no sólo a injusticia sino a contubernio para actuar en contra de la ley.

     La Primavera Chapina está en marcha y habrá de someter a su vigilancia no sólo a los políticos y funcionarios públicos, sino a esa parte de la sociedad civil y empresarial que ha sido corruptora y que merece, también, ser llevada a juicio.  Hasta la gestión abusiva de embajadores estará en el escrutinio público.

     Esperemos que este fervor patrio asumido por nuestras grandes mayorías no muera.  La patria merece y necesita nuestro acompañamiento.  La han enfermado sus malos hijos y requiere nuestro cuidado, el de sus buenos hijos, y la entrega de nuestra energía para sanarla y preservarla.

     Como dice nuestro himno nacional: ¡Guatemala, tu nombre inmortal!

martes, 4 de agosto de 2015

UN POLÍTICO EN LA ENCRUCIJADA COMO VOTANTE

¿Cómo hacemos los abogados que defendemos la Constitución ante la necesidad sentida de que no haya elecciones bajo las actuales circunstancias? Jamás podríamos empujars las cosas del lado obscuro del cumplimiento del Estado de Derecho, pero, ¿no han sido la mayoría de políticos en contienda los que lo han roto, invitando a las mafias y al narcotráfico a financiar sus proyectos?

Los hombres y mujeres de Derecho nos encontramos en la encrucijada, pues ir a votar es, por un lado, una obligación cívica, pero no hay un proyecto sano (aunque haya un par de candidatos que se salvan) por el cual hacerlo en esta contienda, y apenas queda alrededor de un mes para cumplir esa obligación.

La salida legal y política habría sido que se reformase la Ley Electoral y de Partidos Políticos para darle validez, desde ya, al voto nulo; pero eso, por un lado, siempre dijimos que era una cortina de humo que nos tendieron para que no se hablase más y, por el otro, es una utopía pensar que esta legislatura, formada en su inmensa mayoría por diputados trinqueteros, iba a darle vida a la herramienta con la que les podríamos haber echado a perder sus proyectos.

Dinero sano estamos seguros que lo hay en la presente campaña electoral, pero es ínfimo.  La inmensa mayoría de recursos involucrados son sucios, tienen un remitente que vendrá a exigir sus réditos y nosotros, entendiendo lo que pasa, nos sentimos como ovejas que solamente marchan en fila al matadero, y no es así como los legisladores constitucionales concibieron el proceso para toda la ciudadanía. 

Con lo poco que ha salido a luz de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, que intuimos es solamente el principio, vemos cómo nuestros gobernantes se han ido convirtiendo de roba lápices en ladrones, de ladrones en grandes corruptos y, ahora, en corporaciones mafiosas que no llegan a un puesto público más que a saquear nuestros recursos.

Ir a votar, así, es convalidar este sistema.  La mayoría de contendientes a la Presidencia de la República que tienen posibilidad de llegar, son o están rodeados de personas que vibran por las ansias de llegar a tomar control de las chequeras del gobierno, de las decisiones de los proyectos y del Presupuesto General de la Nación en el Congreso, así como de los proyectos comunitarios en las alcaldías.

Guatemala está enferma y antes de poner un energúmeno más de los que vemos en contienda, a gobernarla, debiéramos tener la posibilidad de sanarla.

Conversaciones en la calle evocan los Golpes de Estado del pasado, y nosotros no podemos estar de acuerdo pero entendemos esa desesperación porque la estamos sufriendo en carne viva.

Este es un proceso político sui géneris, pues no hay propuestas, no hay ideas, no hay debates, y toda apuesta va hacia la ignorancia de los electores, a las gigantografías, a la saturación de mensajes grabados para la radio y la televisión.  Seguro le apuestan grande al acarreo masivo de votantes.

¡Guatemala merece algo mucho mejor! Si hace décadas se decía de la ultraderecha que no les interesaba alfabetizar a la gente, hoy, el interés por mantener al votante en la ignorancia, está desideologizado. ¡Es general!

El deterioro ha sido franco, con ex-gobernantes confesos, como Alfonso Portillo, o gobernantes como Álvaro Colom que, vergonzosamente ejercieron su mandato permaneciendo bajo fianza (sí, por la sustracción de fondos de la Contraloría General de Cuentas de la Nación), haasta el presente gobernante que, si tuviera algo de vergüenza como militar pundonoroso, que no lo es, hace tiempo se habría hecho a un lado en lugar de de, desde los medios y las redes sociales (donde ya sumamos unos 3.7 millones de usuarios), le sigamos recordando que es un corrupto y que debe renunciar.

Gobernantes vergonzosos y candidatos ansiosos y en fila para seguir el despilfarro y el robo descarado.

¡Habemos muchos que queremos votar pero no vemos opciones viables! El pulso del dinero inacabable del narcotráfico mexicano y local no hace viables a las opciones respetuosas de la convocatoria, de la ley, y escrupulosas del origen de los fondos de campaña. Los candidatos corruptos tienen tres años de ventaja sobre los otros, en todo sentido.

Para quienes hemos recorrido las montañas del país haciendo varias campañas, sabemos lo que significa ver toda una flotilla de vehículos nuevos promocionando al candidato que se cree ganador. ¿Tan estúpidos nos cree que no sepamos deducir de dónde sale tanto dinero?  Anteriormente teníamos que fajarnos en contra de las flotillas de pick ups nuevos del partido de gobierno, pero, ¿de un partido que se dice de oposición?

Las señales son demasiado claras como para perderse.  Si el actual gobernante dio señales de ser un pícaro al resultar involucrado en el reparto de los fondos que le robaron al Congreso de la República, que fueron poco más de Q.82 millones, ¿quién se pierde con la mayoría de los actuales candidatos?

Mientras no ocurra un milagro, no vemos salida y continuaremos tratando de dilucidar por quién votar en una contienda que ya nos tiene asqueados a casi todos.




jueves, 25 de junio de 2015

LOS MANSOS CORDEROS Y LOS LOBOS QUE NOS PASTOREAN

Nuestros pueblos, los latinoamericanos, tenemos algunas coincidencias, como la de parecer corderos mansitos frente a la manera burda de utilizar el poder por parte de quienes nos gobiernan, o la de permitir, precisamente, que arriben al poder las personas equivocadas.

La historia de la Guatemala pos independencia es la de un pueblo divorciado de la cosa pública y de las autoridades, a quienes tradicionalmente han visto como un mal necesario del cual se habla únicamente cuando es la época de cambiarlas.

Es así como, en el siglo XIX navegamos del gobierno de España al nacional sin siquiera cambiar a la persona que ejercía el mando, y luego pasamos por períodos dictatoriales conservadores y liberales sin que el pueblo, realmente, tuviese alguna participación como no fuese servir de carne de cañón.

La transición del siglo XIX al siglo XX la vivimos de la mano de la dictadura, y se necesitaron 22 años para que el pueblo, por fin, despertara y, de alguna manera, se rebelara, viviendo la mayoría de la gente prácticamente 21 de esos años como mansos corderitos.

El siglo XX no deja de ser interesante, pues la tradición que se traía desde el siglo anterior con relación a la vinculación que se hacía entre militares y gobernantes, de alguna manera pareció terminar con el advenimiento de la denominada "Era Democrática" que inicia con la promulgación de la Constitución Política de 1985, cuando accede al poder el licenciado Vinicio Cerezo y, aún con los problemas de siempre, comienza una sucesión presidencial de personas no vinculadas con la institución armada.

Hasta esos años se tenía la sensación que muchas familias metían a sus hijos a la Escuela Politécnica con la intención de que llegasen, algún día, a la Presidencia de la República.  Luego, con la sucesión de varios gobiernos civiles, esa práctica se fue perdiendo (lo que no pareció suceder ni siquiera en la etapa más fuerte del conflicto armado interno) al grado que hoy no pensamos que haya nuevos ingresos a la escuela militar con otra intención como no sea hacer carrera militar.

Sin embargo, militares de la vieja escuela, que todavía pudieron haber ingresado con esas intenciones, son los que hoy gobiernan o mal gobiernan Guatemala, habiendo accedido al poder a través de una carrera política breve o casi inexistente.

¿Hacia dónde van las cosas en nuestro país? ¡Quién sabe! En la medida que sigamos siendo corderos y que nuestra mansedumbre sea sin igual, seremos gobernados por corruptos que, a su vez, se vuelven en corruptores, convirtiendo nuestro sistema político en este círculo vicioso que hoy vivimos en que cuesta identificar un partido político o un personaje que no esté vinculado o haciendo campaña con dinero sucio proveniente del saqueo de hospitales, escuelas, carreteras y del erario público, en general, o con el proveniente del crimen organizado que extorsiona, que trafica con personas o con estupefacientes y que hace de cualquier cosa buena un negocio asqueroso e inmoral.

Lobos de la política siempre han existido y siempre existirán, pero está en los ciudadanos el tomar la decisión de dejar de ser mangoneados, de despertar a la vida cívica y política y asumir las responsabilidades que eso conlleva para que nos gobierne mejor gente que hoy.

No es casualidad que la oferta política que hoy tenemos sea tan pobre, tan deficiente o tan sucia.  Es debido a que les hemos dejado el espacio libre a los malos ciudadanos que nos han ido copando y hoy hasta nos restriegan en la cara sus fortunas, a través de casas de playa, fincas con mansiones de descanso, helicópteros, aviones jets, flotillas de vehículos nuevos para meternos sus anuncios de campaña, coches deportivos, yates, mansiones y cuentas en el extranjero, todo porque saben que tienen copados el Congreso de la República, las cortes claves donde serían juzgados, muchas fiscalías y hasta empresarios y abogados supuestos a ser parte de la iniciativa privada pero que funcionan a su favor.

Los mansos corderos parecen comenzar a despertar de su letargo, pero tienen que aprender a patear y a morder para crearse su espacio libre de esos viejos lobos de la política.




martes, 16 de junio de 2015

EL TRISTE PAPEL DE ESTADOS UNIDOS FRENTE A NUESTRA HISTORIA

     La relación entre ciudadanos estadounidenses y guatemaltecos siempre ha sido excelente; cuando ya intervienen las empresas, esa relación deja de ser cordial, entre iguales, entre amigos, y si bien es cierto hay casos de excelentes relaciones, también los hay donde la utilización del poder ha quedado hasta documentada.

     Pero cuando nos referimos ya a las relaciones de gobiernos, ese trato igualitario que inspira la Convención de Viena, por ejemplo, desaparece, y se comienza a perfilar el imperio y la defensa de sus intereses frente a las pequeñas repúblicas que muchas veces, y despectivamente, denominan bananeras, como si fuese pecado sembrar y producir bananos.

     Se firman Tratados de Libre Comercio que no liberan nada, se cimentan alianzas que luego se rompen y, lo que es peor, de vez en cuando se nos trata de impartir cátedras de moral y de principios que, cuando ya no conviene, también se hacen de lado.

     Se nos apoya con armas y helicópteros para combatir el tráfico de drogas porque ponemos los muertos, y se nos imponen, desde Washington, políticas financieras para combatir ese flagelo, pero en Estados Unidos nunca cae un capo de la droga; como si no existieran.

     Se nos ve mal, y con razón, por nuestros elevados índices de corrupción, pero cuando la ciudadanía al fin despierta y pide que se largue el corrupto, al representante imperial se le imparten otras instrucciones: las de apuntalarlo.  Ha de ser su "SOB", como alguna vez dijese Franklin D. Roossevelt de Anastasio Somoza García, el dictador nicaragüense.


     La imagen es la del mural "Gloriosa Victoria", de Diego Rivera, un cuadro que estuvo perdido más de 50 años en Rusia y que fue pintado a raíz de la caída del presidente de Guatemala Jacobo Arbenz, en 1954.

     Sesenta años más tarde, la misma es representativa de esa relación, en donde el presidente de Guatemala, a quien se le asoma una pistola en la cintura y un fajo de billetes en la bolsa del saco, saluda servilmente al embajador, quien se apoya en una bomba con la cara de su presidente (en esa época era Dwight Eisenhower), mientras le habla al oído el Jefe de la CIA (la agencia de espionaje).

     En el fondo, del lado izquierdo, el barco estadounidense cargando nuestras mercancías, los bananos, que asoman al fondo y ocupan un primer plano junto con algunos seres humanos caídos. Al fondo, del lado derecho, la ciudadanía entre agobiada por el cansancio y tratando de protestar y de levantarse en armas, mientras que hasta atrás, limitados por una reja de metal, queda la mayoría, de mirones.

     En el mural aparecen, detrás del presidente de Guatemala, algunos miembros representativos del Ejército, tanto oficiales como soldados, que acompañan al mismo en su saludo servil, mientras frente a la iglesia está un prelado, quizás el arzobispo (Rossell y Arellano, en aquella época), bendiciendo todo lo que pasa.

     El cuadro muy bien pudo haber sido pintado hoy.  Lo único que quizás cambiaría de nuestras actuales circunstancias son la posición del arzobispo, que en nuestros días ha sido una muy digna, del lado de la ciudadanía asqueada con la corrupción.  Además, hoy podría agregarse, detrás del presidente y participando de ese vergonzoso saludo servil, al sector privado organizado, que ha jugado un papel tan pobre o tan tibio. Y al pie del racimo de bananos podría erigirse el podio presidencial para que el señor embajador se exprese y la imagen sea más ofensiva a nuestros ojos ciudadanos.

     Por otro lado, esa cápsula del tiempo que nos legara ese magnífico artista de ideología comunista, casi lo podemos exponer como lo representativo de nuestras relaciones históricas.  

     Seguramente, dentro de cien años, algo nuevo sucederá dentro de nuestras relaciones, en que alguien lea estas líneas y se dé cuenta que el tiempo pasa pero la evolución en las mismas se estanca.

     Preguntamos, finalmente: ¿Qué necesidad tienen, las autoridades estadounidenses, de querer dictarnos cátedra? ¿No hubiese sido mejor, a estas alturas, que el embajador se quedase calladito y que el curso de nuestros asuntos fuese decidido únicamente por nosotros?

viernes, 22 de mayo de 2015

EL TRISTE CASO DE UN GENERAL QUE QUISO SER PRESIDENTE

     Ganar una elección y ocupar la primera magistratura de una nación no equivale a obtener patente de corso.

     La legitimación de un funcionario se hace en el día a día y se puede medir de múltiples maneras; no es estática e inherente a un cargo sino producto de la capacidad de quien lo ocupa de fortalecer la institución a su cargo, de impulsar proyectos de bien; de comunicar la bondad o las razones de sus decisiones aunque estas no tengan resultados inmediatos sino en el largo plazo.

     Asumir que uno, como funcionario, puede hacer lo que quiera, es equivocado.  Las épocas de los reyes absolutos, de los procónsules y del feudalismo hace tiempo que quedaron atrás. Hasta las monarquías modernas se ajustan a normas y procedimientos constitucionales. ¡Y los respetan!

     Por otro lado, la responsabilidad política es proporcional a la importancia del cargo que se ocupa, y no al revés.  Lo decimos porque parece, a veces, que mientras más importantes se ven, más irresponsables se creen ante la ciudadanía que los eligió.  En este caso el Presidente de la República ha puesto la pauta de lo que es su gobierno y, por ende, es el mayor responsable de la crisis política y moral que vive el Estado guatemalteco.

     El caso del presidente Otto Pérez Molina es patético, pues desde que era candidato, dos cosas: 1) ya dio muestras de la liviandad de su escala de principios y valores al embolsarse parte de los fondos robados al Congreso de la República; y, 2) él, y únicamente él, es responsable de haber escogido a su compañera de fórmula, la hoy ex-vicepresidenta Roxana Baldetti y, consecuentemente, la responsabilidad política de los desfalcos y fraudes de esta señora son compartidos por ambos: por ella, que ya se vio obligada a renunciar, y por él, quien la llevó a ocupar ese puesto.

     Si agregamos que el hasta ahora presidente el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS, fue su Secretario Privado en la Presidencia de la República y fue nombrado en la institución mencionada por él, su jefe, como que ya viene teniendo responsabilidad en los dos grandes casos de mafias incrustadas en el Estado que hasta ahora han salido a la luz; y si la señora ex-vicepresidenta renunció porque su secretario privado estaba involucrado en los fraudes de la Superintendencia de Administración Tributaria, SAT, no vemos argumento alguno por el cual no deba renunciar el presidente del país, tanto por un caso como por el otro, lo cual es más grave.

     Sumémosle la soledad en que está quedando con la salida de tres ministros con sendos cuestionamientos: el de Ambiente y Recursos Naturales por el tema del supuesto saneamiento del Lago de Amatitlán con una compra de agua salada por un poco más de Q.137 millones; el de Energía y Minas, aunque los cuestionamientos provienen del partido político Líder, por lo que le brindamos algún grado de incredulidad a los mismos, por el momento; y por el de Gobernación, que deberá ser investigado por tanto negocio que apesta a perro muerto en esa dependencia, como los contratos de reparación de autopatrullas, la compra de combustible,  las plazas fantasmas, la sobrevaluación del precio de cámaras, cárceles, comida, armas y hasta equipo para controlar el ingreso y egreso de personas en puestos de migración. 

     Todo esto sin olvidar que él es el único responsable, no sólo del nombramiento de quien era su "Delfín", Alejandro Sinibaldi, como Ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, donde la peste a cadáver putrefacto persiste por donde pasó, sino de empujarlo, a trabas y rempujones, hacia una candidatura presidencial absurda, pagándole algunos favores que no nos constan pero que son del dominio público.

     Luego, por si no fuera suficiente su soledad, gran impedimento para gobernar, su responsabilidad directa en todas estas oficinas públicas cuestionadas (por no mencionar el Registro de la Propiedad, los puertos, el aeropuerto, los hospitales, las cárceles), y en gran parte por las componendas con el Congreso de la República en esas elecciones negociadas sin pensar en el país sino en su futuro en libertad e impunidad y en la repartición que hicieron su partido político con el que dice que "le toca", del presupuesto de la nación para el presente año; su responsabilidad, decimos, es innegable.

     La única salida que le queda es dejar el cargo lo antes posible.  Si se tarda más de lo debido pueda ser que sus propios compañeros de armas, porque los tiene que todavía creen en el honor y que han de despreciar lo que estos pocos militares metidos a mercaderes de la política han hecho, lo podrían sacar de donde está.  Entendemos que la mayoría de los miembros del Ejército no se identifica con todas estas actuaciones cuestionadas.

     Es preferible una renuncia a tiempo, con humildad, que patada en la parte donde la espalda deja de serlo.  O patadas, en plural.

     Piénselo, presidente.  Nuestra experiencia política, que es mayor que la suya, nos hace visualizar que no tiene otra salida.  ¡Su renuncia es inminente!  

jueves, 14 de mayo de 2015

EL ILEGAL NOMBRAMIENTO DEL VICEPRESIDENTE

     Cuando la vicepresidenta Roxana Baldetti planteó su renuncia, inmediatamente saltaron los objetores de siempre, alegando que no se habían cumplido los requisitos que la Constitución establece, los cuales rápidamente fueron subsanados por el Congreso de la República.  Nos referimos al tema de la autenticidad de la firma, la cual algunos medios señalaron de haberse autenticado notarialmente, lo que sería otra ilegalidad, pues lo que correspondía era legalizarla mediante un acta de reconocimiento de firma de la que nunca han dicho nada.  ¡En fin...!

     Aceptada la renuncia presentada, por el Congreso de la República, el presidente se precipita y, mal asesorado y poco meditadamente, presenta "LA" terna a la que el artículo 192 constitucional alude (en singular), con la finalidad de que, de la misma, dicho Congreso elija a quien debía suceder a la ahora ex-vicepresidenta.

     Al caer en cuenta que uno de los integrantes de la terna tenía impedimento constitucional, el Congreso de la República debió dejarlo fuera de consideración y elegir a quien sustituyera en el cargo a Roxana Baldetti de los dos que quedaban, pero lejos de eso, de común acuerdo con el presidente Otto Pérez Molina, manosearon la Constitución y este último presentó una segunda terna.

     Como la estulticia no anda en burro, resulta que el nuevo integrante de esta ya ilegal terna presentada sin fundamento legal (si lo tuviese, el artículo constitucional aludido diría que el presidente "presente LAS ternas que sean necesarias para complacer a los señores y señoras diputados..."), renuncia a la misma (lo apropiado habría sido indicar que declina su participación) y: ¡Oh, sorpresa! ¡El presidente Otto Pérez Molina les manda una tercera terna a los exigentes diputados!, de donde finalmente resulta electo, para más deshonra del gremio de abogados y para más inri de nuestro país, un ex-constituyente y, además, ex-presidente de la Corte de Constitucionalidad, el licenciado Alejandro Maldonado Aguirre.

     ¿Será que una persona de tan vasta experiencia no sabe siquiera diferenciar el singular del plural? Si él mismo ayudó a promulgar la Constitución y ha estado dentro de sus funciones durante años juzgar sobre la constitucionalidad de muchos asuntos, ¿por qué no entiende que fue parte de una terna y de un nombramiento ilegal conforme al sentido literal y al espíritu de la Constitución?

     Eso sí: la mayoría de diputados se llenaron la boca diciendo que estaban cumpliendo con un mandato constitucional, pretendiendo ver en toda la ciudadanía, como suelen hacerlo, al votante tonto que no sabe o no entiende. ¡Pero se equivocan!

     El Congreso de la República debió elegir, como vicepresidente(a), a cualquiera de los dos integrantes que quedaron de la terna original, la única que contempla la Constitución.

     El nombramiento del ciudadano Alejandro Maldonado Aguirre, como vicepresidente de la República, es a todas luces ilegal y, por ende, también lo serán todas las actuaciones que, pretendiendo ejercer dicho cargo, lleve a cabo.

     Algo imperdonable para una persona con su trayectoria, que debió encausar las cosas por el sendero legal.  Especialmente en las horas de incertidumbre que vivimos.

     Si el presidente llegase a faltar por cualquier causa (ya hasta apuestas públicas hay de que se va), tendríamos ejerciendo la primera magistratura de la nación a una persona con un nombramiento a todas luces ilegal.

     ¡Qué vergüenza que no entiendan ni la "o" por lo redondo!

     ¡Y les llaman letrados!