Nos parece que, antes de gravar al sector agropecuario, encareciendo la carne y las verduras para todo el mundo, debiera revisarse y hacerse más eficiente la cadena de suministros y, paralelamente, ver si ahí se están pagando impuestos.
Nos consta el enorme sacrificio de los agricultores para producir verduras y frutas, y sé que los ganaderos requieren alrededor de 3 años para engordar una res (después del destete, el engorde y la ceba) antes de poderla vender para el sacrificio; y, durante ese tiempo, hay que pagar sueldos, medicamentos, tratamiento de potreros, etc. No es como dice el dicho que al ojo del amo engorda el ganado.
Por otro lado, absolutamente todos los riesgos corren por cuenta del agricultor y del ganadero, sean estos provenientes de la Naturaleza, de las fluctuaciones del mercado o de la agenda de seguridad del país (los cuatreros, por ejemplo); pero los intermediarios, que muchas veces se mueven dentro de la informalidad, no corren riesgos y, generalmente, son quienes más ganan en toda la operación y cadena de suministro al público.
Ya, hace décadas, se le puso precio tope a la leche y el resultado no fue que las familias consiguieran leche barata sino que se acabara con la industria lechera nacional y tuviéramos que depender, en su mayoría, de las importaciones que se pagan en moneda dura y, en cuyo precio al público van incluidos los fletes desde el otro lado del mundo, seguros y ganancias de más intermediarios, con el resultado de haber tenido que dar marcha atrás en la política de tope de precios, pero demasiado tarde. El hato lechero guatemalteco fue la semilla del actual hato lechero costarricense, desde donde surten parte de nuestro mercado nacional.
¿Es eso lo que deseamos que suceda con el mercado de la carne? ¿No es suficiente con el enorme incremento de precios que los productos cárnicos han sufrido en los últimos dos años en que, dicho sea de paso, el Ministerio de Economía no ha hecho absolutamente nada? ¿Qué pasaría con el precio del pollo o del cerdo si, por una política pública equivocada, acabamos con la producción de carne nacional? A nosotros nos parece que terminarían subiendo los precios de absolutamente cualquier tipo de carne.
Somos del parecer que cualquier cambio que se haga en nuestras leyes, sea para modificar impuestos, sea para lo que sea, tienen que analizarse previamente todas las consecuencias factibles pero, especialmente, tener en mente la estabilidad de la canasta básica de las familias.
Pensar que se grava a los empresarios es hasta pueril. Toda modificación le pega, siempre, al consumidor, y la mayoría de quienes consumimos carne, en este país, no son precisamente empresarios ni gente rica, sino asalariados y gente común que sobrevive, también, dentro de la informalidad.
¿Que el país necesita cambios? ¡Perfecto! Pero pensemos bien antes de llevarlos a cabo y que, como consecuencia de una buena intención, le peguemos más duro al bolsillo de la gente más necesitada.
No podemos referirnos a las intenciones de llenar más las arcas del Estado sin mencionar que, como ciudadanos, también esperamos una mejor calidad en el gasto, y no lo vemos por lado alguno. Si las autoridades desean que la ciudadanía contribuya de mejor grado, deben comenzar por adelgazar las cuentas del gobierno, del Congreso de la República, de algunas municipalidades y de tanta entidad autónoma y descentralizada que tenemos.
miércoles, 1 de febrero de 2017
lunes, 16 de enero de 2017
NUBARRONES EN EL HORIZONTE
No es novedad afirmar que hay varias Guatemalas.
Simplifiquemos las cosas y refirámonos solamente a la urbana y a la rural, las
cuales, en su visión de lo político, funcionan bajo paradigmas y dinámicas
distintas.
En todo país hay un clímax político cuando se lleva a cabo
una elección general. En los centros urbanos, donde los medios y las redes
sociales son mucho más activas, este proceso llega a asquear a las mayorías y,
en el tiempo posterior a la misma, la tendencia de muchos ciudadanos es a
retraerse y no querer saber más de élla.
Lo anterior se agrava con el hecho de que, al asumir el nuevo
gobierno, comienzan las torpezas de los nuevos funcionarios, los actos de
corrupción y hasta los identificados como hostiles a la población, como la
manía de comenzar planteando reformas impositivas contra las que estuvieron en
contra en los discursos de campaña; y el resultado para lo político, tan
importante para todos, es un panorama que va de la animadversión a la apatía y
la falta de participación; un legado que va pasando de generación en generación
y que, al final, no beneficia al país en su conjunto ni a la calidad de vida de
cada persona.
Por el contrario, en el área rural donde no llega el cable, donde
casi no hay televisiones y mucho menos llegan los periódicos, donde vive la
gente pobre que hace un gran esfuerzo por activar sus “frijolitos”, esos
celulares sencillos que no tienen redes sociales, la vida se vive distinta y lo
político tiene otro significado: es distracción, es la novedad cotidiana. En
las montañas y barrancos de esa Guatemala profunda donde sólo la radio llega
también entienden del clímax político y acuden a votar en masa; pero luego, en
lugar de seguir con sus vidas como pensaría un capitalino, lo político tiende a
ser parte de las mismas; de lunes a domingo; en todos los rangos del espectro
político democrático que, por demás, apoyamos. Por lo menos eso es lo que hemos
observado.
Ahora bien, todo lo anterior es aprovechado por activistas y
políticos con colmillo, y esta es la parte más delicada de la ecuación, porque
dentro de este género hay de todo: los positivos de cualquier ideología que se
preparan, proponen, construyen y comparten una visión de futuro; los que
critican cualquier defecto o resbalón de cualquier autoridad pero nunca
participan activamente en nada; los que aprovechan el tiempo para conseguir
apoyo para proyectos comunitarios auténticos; y, por supuesto, y ahí está el
peligro, los malosos que nunca faltan: los marxistas trasnochados que siguen
pensando que los países comunistas son un paraíso y que, siguiendo consignas
internacionales, o por iniciativa propia, hacen de todo para engañar a la gente
con promesas de un paraíso que, hasta donde hemos visto, no existe en ningún
país que haya implementado por décadas lo que ellos, tan profusamente,
propugnan.
Es así como, en una visión a vuelo de pájaro del panorama
político, veremos a muchos miembros de las comunidades campesinas cambiarse de
partido, organizar comités, reunirse para discutir un proyecto, estiras y
encoges por los liderazgos locales; casi todo sin pensar mucho en los bandos
ideológicos (aunque cualquiera de ellos es legítimo si se plantean ideas
democráticas), ni en los temas nacionales, mucho menos en los internacionales.
Están más interesados en su bienestar local, en sus necesidades básicas, lo
cual es completamente válido.
Pero si observamos bien el liderazgo político rural, veremos
engaños, robos de energía eléctrica, invasiones de fincas, bloqueos no
solamente en carreteras sino a proyectos de beneficio general, como los
hidroeléctricos, promesas de nacionalización de la producción y transmisión de
energía, nacionalización de todos los recursos naturales y de las tierras para
repartirlas a los campesinos, oposición y hasta bloqueos en la construcción de
nuevas carreteras e inversiones que implican la creación de nuevas plazas de
trabajo; actividades en las que se atreven a capturar autoridades, a quemar
instalaciones y vehículos, a secuestrar, torturar y hasta a asesinar a los
otros campesinos que no los apoyan en su agenda destructiva.
¡Pero ojo! Hay que diferenciar entre un liderazgo demagogo
populista que no quebranta la ley y uno que incita a la violencia, al robo, a
la destrucción, al mismísimo asesinato. Y hay que diferenciar, también, al
líder negativo local, que siempre ha existido, del megalómano que quiere ponerle
el zapato en el pescuezo a todo un país, cuando las grandes mayorías lo que
desean es trabajo, paz, desarrollo, estabilidad, educación para sus hijos y
salud. Y esto último, nos parece, es lo que está sucediendo.
Por alguna razón que no entendemos, conseguir financiamiento
internacional para los proyectos de beneficio comunitario es casi imposible,
pero para financiar actividades delictivas se presta una gran cantidad de
países y de organizaciones que es prolijo enumerar.
El marxismo internacional que realmente nació en 1919 cuando
Lenin fundó la Tercera Internacional, la Komintern,
fue sepultado al caer el muro de Berlín y resquebrajarse la antigua Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, pero salió de sus escombros y,
entendiendo los signos de los nuevos tiempos, se mimetizó; dejó de tratar de
imponerse por las armas como aconsejó Trotsky tantos años, pero sigue queriendo
atrapar países y sociedades enteras bajo su bota enlodada de miseria y
represión; y para esto sí hay recursos; hay gente tonta o malvada dispuesta a
enriquecerse impulsando estos temas, y hay gente ingenua que todavía cree en
esos cantos de sirena, brindándoles su inocente apoyo. Los famosos “tontos
útiles”.
Fidel Castro lo entendió perfectamente y, en cuanto pudo,
convocó a “elecciones”, a su manera, y se dio un baño de democracia, haciéndose
llamar y ver como presidente de Cuba. Lo mismo hizo Daniel Ortega en Nicaragua,
que después de la derrota que sufrió frente a Violeta Barrios de Chamorro, en
1990, dejó el uniforme de comandante con que tomó el poder por las armas en
1979, se vistió de traje y corbata y soltó palomas blancas para retomar el
poder. ¡Y ahí sigue! Todos oxigenados por el petróleo de los venezolanos, que
hoy no tienen medicinas ni qué comer.
La vida en nuestro planeta no es sencilla, y mientras todo el
mundo voltea a ver lo que pasa en Estados Unidos de América con el cambio de
gobierno de Barack Husein Obama a Donald Trump, Guatemala peligra de caer en las
garras de lo que ahora llaman progresismo, ecologismo o ambientalismo mal
entendido, Derechos Humanos instrumentalizados y socialismo del siglo XXI: el
guión marxista para la toma del poder dentro de un sistema democrático y
republicano.
Conocemos de primera mano lo que sucede en el país porque
salimos, de vez en cuando, a trabajar con comunidades de todos lados; con esas
que buscan algo positivo y que no quieren entregar su país a líderes ni a
ideologías foráneas. Salir al interior y vivir en la ciudad capital, con su
dinámica diferente, nos hizo darnos cuenta de cómo esta agenda avanza en el
área rural mientras que las mayorías urbanas se mantienen criticando el
tráfico, la falta de agenda de trabajo del gobierno o la manera como se
reparten los funcionarios el presupuesto en bonos navideños.
Ponemos de ejemplo la convocatoria que una conocida
organización campesina realizó, a finales de octubre de 2016, para paralizar la
capital y prácticamente todo el país (20 ciudades y carreteras), con los
objetivos, decían, de pedir la renuncia del presidente Jimmy Morales, para que
se deje de criminalizar a los defensores de los derechos humanos (se referían a
los sindicados de quemar maquinaria y secuestrar campesinos en un proyecto
hidroeléctrico en Huehuetenango, la instrumentalización a que nos referíamos) y
para que se nacionalice la energía eléctrica. El rechazo a nivel de los centros
urbanos de todo el país fue generalizado. Poca gente les manifestó su apoyo en
medios o redes sociales, donde fueron criticados duramente y hasta insultados.
El día de la convocatoria se dio. De los bloqueos que habían
anunciado en todo el país, parecieron dar marcha atrás a última hora, y la
generalidad urbana creyó que, con la aplastante opinión en contra manifestada
durante más de una semana en las redes sociales y en todos los medios
(periódicos, televisión abierta, cable, radios), los habían forzado a dar
marcha atrás; que habían sido derrotados. Y como después de eso ya nada se
supo, ésa es, hasta hoy, la creencia urbana generalizada.
En el interior del país la dinámica fue distinta, pues
quienes acudieron a bloquear carreteras fueron los mismos miembros de esta
organización que se roba la energía eléctrica pero que le cobra una cuota fija
a los usuarios finales, actividad delictuosa que, en algún lado hemos leído,
les deja entre Q.50 y Q.65 millones anuales. Siguiendo una directriz orquestada
(y posiblemente pagada en efectivo), el bloqueo tan anunciado de carreteras fue
súbitamente interrumpido para, después
de la jornada de protestas con pancartas y megáfonos, replegarse y desalojar; y
ahí está lo interesante que casi nadie ve ni entiende: regresaron a sus
comunidades a echar agua a su molino conforme
una agenda oculta, para los demás, que no terminaba con la pretendida paralización
del país.
Lo que a esta organización le interesaba no eran los bloqueos
ni la renuncia real del presidente. Su triunfo fue mediático pues estuvo en
todos los medios durante más de diez días; todo el mundo sabía de ellos; hasta
en los rincones más apartados del país; y eso les ha venido sirviendo hasta la
fecha, porque la labor de zapa continúa para sumar adeptos a su causa con un
discurso anti sistema (renuncia del presidente y de los jueces –curioso, el
tema de los diputados lo veremos después), nacionalización de la energía eléctrica
(eso implica la generación y la transmisión), cierre de las empresas mineras,
nacionalización de las fincas para repartirlas a los campesinos, rescate y
nacionalización del agua para las comunidades y el tema que desarrollamos a
continuación.
Paralelamente, la pretendida Reforma al Sector Justicia
impulsada por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala,
CICIG, y el Ministerio Público, MP, también ha venido a remover las aguas de la
agenda política, proyecto que es cierto que algunas comunidades apoyan, aunque
nos atreveríamos a afirmar que la mayoría de ellas permanece totalmente indiferente
o se van interesando en la medida que se van enterando; pero este es un tema
que, a nivel urbano, ha generado cuestionamientos y, lejos de ayudar a
cohesionar al país, más lo está dividiendo. Cuando el presidente del Congreso
de la República, Oscar Chinchilla, en su discurso de toma de posesión (14 de
enero de 2017) dijo que iba a apoyar dicho proyecto, las redes sociales
reportaron que casi no hubo aplausos de los mismos diputados. Es decir, el tema
no los entusiasma.
Entendiendo el campo como lo entendemos después de casi treinta
años de trabajar entusiastamente con comunidades campesinas, estamos
capacitados para ver el veneno en la propuesta de lo que denominan “Diversidad
Jurídica”, pues las comunidades han venido aplicando su justicia ancestral, a
la manera que cada quien la entiende, sin interferencia ni del Estado ni de
nadie (hay videos que lo comprueban). Por otro lado, vemos detrás de la misma
no sólo (nuevamente) la agenda de la denominada Comunidad Internacional, sino
la injerencia de algunos diputados que, precisamente, provienen de las filas de
la extrema izquierda, de esa que no ve hacia un futuro de mayor progreso sino
que busca los medios para seguir manipulando en el campo y, con ello, mantener
alguna cuota de poder y el flujo de dólares y de euros provenientes de sus
financistas. ¿Casualidad que aquél grupo no pida la renuncia de diputados?
La Reforma Constitucional al Sector Justicia, si se aprobara
como está planteada, sería un instrumento formidable de zozobra y manipulación
para este tipo de líderes negativos de nuestro país, pues de algo que se da de
manera natural y que les sirve a las comunidades para obtener alguna justicia
después de que, también con la cooperación internacional (esta de la AID, de
buena fe), se acabó con los Juzgados de Paz y, con ello, la posibilidad de
tener, en el lugar, una autoridad que juzgara cuestiones menores, ahora se
tendría el marco legal para comenzar a crear, a su sabor y antojo y quién sabe
cómo, estructuras comunitarias encargadas de juzgar, pero todo en favor de esa
agenda internacional a la que se deben; y lo que vemos, con nuestra
experiencia, es únicamente caos al final de ese túnel.
Aquí es donde nuestro análisis se vuelve interesante, porque
si estudiamos un poco hacia dónde van los recursos provenientes de la
Cooperación Internacional de países como Noruega u Holanda, o la Washington Office for Latin America, WOLA,
de los Estados Unidos de América, o la impresionante red de ONG’s e
instituciones (¡ojo! ¡instituciones!) financiadas por George Soros y su Open Society Foundation, veremos que la
entidad que convoca los bloqueos y se roba la energía eléctrica, el proyecto de
reforma constitucional, las invasiones y tomas de fincas y otras cuestiones,
algunas de ellas ligadas al tema de los derechos humanos, todas están ligadas a
un objetivo común.
¿Cuál es ese objetivo? Hasta la pregunta es un poco necia.
Por supuesto que la toma del poder. Todo apunta, según nuestra información, a
que detrás de todo esto está, además de los diputados aludidos, un catedrático
de Derecho Agrario, antiguo militante de la guerrilla, quien fuera expulsado
por quién sabe qué razones del partido político Unidad Revolucionaria Nacional
Guatemalteca, URNG, el partido de la ex-guerrilla, y que según informaciones
recibidas quiere demostrarle a sus antiguos camaradas, después de que “lo
ningunearon”, que él sí puede llegar a la Presidencia de la República.
Las masas de población urbana, incluyendo las élites que
están más enfocadas en hacer negocios hoy, despertarán del letargo diletante
hacia el nuevo proceso electoral, cuando este comience a calentar motores, en
2018; mientras tanto, todo el mundo celebró las fiestas del fin de 2016 sin
percatarse que, en el interior del país, la actividad política de este grupo,
que cuenta con cualquier cantidad de dinero para movilizarse, no cesó, es
febril, y que cada día se están fortaleciendo con el imaginario de la pobre
gente que cree que, apoyándolos, ya no pagarán energía eléctrica, las
plantaciones productivas y las minas de todo el país serán de ellos y que el
maná caerá del cielo.
Hay otros elementos que apuntan a que todo esto, que aquí
analizamos, se dé, y que la contienda electoral de 2019 sea muy ideologizada,
pero se salen del ámbito nacional y caen en el campo de la nueva Guerra Fría
(se puede consultar http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2014/11/el-mundo-vive-una-etapa-de-transicion.html
). Lo que sí podemos anticipar es que las autoridades que sucedan a las
actuales resultarán electas, en gran medida, por la ciudadanía rural de
Guatemala, que está despierta y vibrante desde ya.
lunes, 9 de mayo de 2016
LA PASIÓN. UN LLAMADO AL RESCATE DE LA PATRIA.
Curiosamente, de las nueve acepciones que la palabra "pasión" tiene en el Diccionario de la Lengua Española, es a las 6a. y 7a. a las que queremos referirnos.
Cuando somos niños y jóvenes, es normal que cualquier juego o actividad la hagamos con energía, con total entrega sin averiguar consecuencias, con pasión. La desnutrición a estas edades puede anular esa pasión y hacer que le gane la indiferencia (el estoicismo dicen quienes no entienden el hambre); lo hemos visto tantas veces, especialmente en nuestros periplos por las montañas y comunidades del interior del país.
Es en algún momento de nuestra juventud que mucha gente comienza a perder ese ímpetu natural y, diferenciando las oportunidades que da la vida, se va incursionando en los diferentes senderos con más reserva y hasta con cautela.
A través de la vida hemos compartido con una familia apasionada. Cuando hemos sido deportistas, hemos sido serios y comprometidos con la rama que escogimos. Cuando discutimos, defendemos nuestras ideas con vehemencia. Hemos visto practicar su profesión a nuestros parientes con una entrega total que ha hecho que sus colegas los respeten y los admiren por lo que hacen y lo que representan. Es decir, en nuestro ya largo periplo en esta existencia, lo normal ha sido hacer las cosas "como Dios manda", con cierto dejo de perfeccionismo, con un ánimo inclaudicable y tenaz, sin pensar en el cansancio o en el abatimiento.
Dificultades en la vida todos tenemos. Hay subidas y bajadas como en todo, pero el empuje de siempre, esa chispa natural y ese brillo en la mirada y ese verbo determinado debieran mantenerse hasta el final de la existencia, aunque no siempre es así.
Con casi tres décadas, ya, haciendo política activa, nos podemos percatar que la fuente de nuestra energía no mengua, pero que en el camino no sólo nos vamos quedando solos, hasta de las astillas del mismo palo, sino que la juventud que debiera venir renovando las bajas de elementos de otros tiempos, es muchísimo más indiferente que antes; carece del nivel de compromiso que nosotros, el grupito con el que nos iniciamos hace décadas, teníamos (y, por lo menos dos, seguimos manteniendo).
¿Qué ha pasado? ¿Puede ser tan distinta la misma gente con el paso de una sola generación? Es cierto que el ambiente político de hoy es adverso y asqueroso, pero igual era hace treinta años. ¡Eso fue, precisamente, lo que nos motivó a participar! ¡Restarle espacios a los malos políticos que hacían y deshacían con descaro!
Hacer política en solitario es bien difícil. No hay recursos, no hay apoyo, no hay comprensión; no hay, siquiera, un alero para comentar algo antes de emitir una declaración. Es un camino tortuoso y sombrío.
Reconocemos que esa soledad puede afectar el nivel de pasión que, en una carrera política larga, podamos tener; pero también templa, como aquellas hojas de acero damasquino, nuestras calidades y cualidades de líder.
No sabemos qué pasa con esos hombres y mujeres jóvenes a quienes el país les ha dado todo pero que, o no están dispuestos a devolverle nada y se hacen los desentendidos, o se hacen de rogar cuando son convocados para rescatarlo. Algunos hablan de hacer patria pero parecen reacios a actuar y, teniendo tanta tecnología para comunicarse, les cuesta hasta hacerlo.
¿Tan duro le ha pegado al ciudadano común tanto hecho de corrupción? ¿Saldrán esos hombres y mujeres tan valiosos, de su letargo, y darán un paso al frente ante el llamado de una patria lastimada que los necesita para cambiar el rumbo?
Mientras escribimos estas líneas dudamos de esa participación que esperamos, pero aprovechamos para hacer de nuestra pasión inclaudicable una declaración de fe que vaya contagiando y sumando.
Los destinos del país han estado en manos de bandas de pícaros y, ante un repentino pero corto despertar ciudadano, ahora están en manos de la inexperiencia, que puede ser, para el mismo, igualmente costoso en deuda, en más prebendas para los sindicatos de siempre, en duplicidad de funciones y un largo etcétera.
¡Hacemos un llamado a los hombres y mujeres de bien, de cualquier edad, para que incendien su pasión, para que llenen de aire sus pulmones, bombeen sangre roja por sus venas y acudan al rescate de la patria!
No basta con criticar desde las redes o sugerir tal cosa al vecino o compañero de clase o de trabajo. ¡Hay que mojarse los pantalones en los senderos del porvenir que hay que construir! ¡No dejemos que los pícaros y los mediocres nos hagan como que construyen el futuro!
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viernes, 11 de marzo de 2016
EL ARTE MARCIAL, EL APRENDIZAJE DE IDIOMAS Y LA POLÍTICA
Hace unas semanas que tuvimos viento, frío y hasta lluvia, por razones de una tos persistente decidí no rasurarme hasta ayer, que me la volví a quitar. Al retomar, hoy, la rasuradora, pude darme cuenta que, durante años, ese momento de intimidad, viéndome la cara en el espero, era, además, el de un intenso diálogo personal e interno. No me había fijado que muchas de las ideas germinan y evolucionan como recibiendo consejos de alguien y contraponiendo las ventajas y desventajas de otras opciones. Algunas veces sucede mientras uno está esas largas horas atrapado en el tráfico, también.
Mientras comenzaba la tarea mañanera de rasurarme, comencé recordando cómo, en mis años juveniles de prolongados entrenamientos de arte marcial, se aprendía una técnica, paso por paso, y se repetía infinidad de veces, primero al aire, luego aplicándola con algún compañero, hasta que iba saliendo. La repetición le agregaba fluidez, fuerza y, en determinado momento, hasta carácter, al imprimirle uno a lo aprendido su propia personalidad. Décadas después de haber aprendido esta manera de defenderse, que no deja de ser un deporte peculiar porque de algo te puede servir en la calle, estoy seguro que, en el momento que se necesite, desde una parte del Ser que no sé explicar cuál es, saldrían los principios básicos de defensa para evitarnos un daño. Eso creo.
El aprendizaje de idiomas es parecido. Se aprenden las palabras una por una, agrupadas a veces por lo que son (sustantivos, verbos, números, pronombres, etcétera), y complementando el aprendizaje con una estructura, la gramática, hasta que vista y oído se empiezan a ajustar, haciéndolo un poco después la lengua, con lo que quiero dar a entender que se va facilitando la comprensión de lectura, luego el entendimiento de algo pronunciado en otro idioma y, por último, la expresión de lo aprendido. Estoy seguro que si pasan décadas de que no se practica un segundo idioma, al poco tiempo este aparecerá y, poco a poco, pero más apresurado que lento, volverá la fluidez enmohecida por el tiempo.
La política es un poco distinta. Se puede tener un aprendizaje formal; ¿de qué? de Principios Básicos del Derecho, por ejemplo, o de Derecho Constitucional, o una formación en Relaciones Internacionales o en Derechos Humanos, todo lo cual ayuda, pero la política es distinta.
Se puede leer El Príncipe, de Maquiavelo, o a Sun Tzu, a Platón o a Aristóteles. Yo los he leído, así como a algunos clásicos de la época romana, y eso le da profundidad a mis pensamientos, pero no fluidez a la política.
Obtener un título académico o leer constantemente siempre es bueno; aporta para bien, pero no da cintura política.
La política se aprende haciendo política. No es esto. No es aquéllo. Es la capacidad de estar informado, la de procesar esa información y darle sentido, la de tomar decisiones pensando en la línea de tiempo, es decir, en los antecedentes y en las consecuencias y no sólo en la urgencia que se tiene en el momento de optar por uno u otro camino; es tomar en cuenta a los afectados, a quienes pueden reaccionar por una ola que llegue a su playa ocasionada por nuestro menor movimiento.
El arte marcial y la política requieren de profundizar (estudio), de entrenamiento (experiencia), de cálculos infinitamente rápidos que miden tiempo, distancia y la utilización de los tres planos o ejes que explico en mi segundo libro (K'amalb'é. La Historia detrás de un deporte artístico marcial), los cuales podemos resumir en plano superior e inferior, planos izquierdo y derecho y distancia.
¿Por qué este diálogo? Posiblemente porque los tres son temas en los que, de alguna manera, he estado inmiscuido.
Alguien en el mundo, quizás, con este tipo de predilecciones, podrá apreciar mejor lo que expreso acá.
Lo que es claro es que todo esto se da mientras las manos se mueven con la hoja de afeitar sin que les ponga atención, a pesar del riesgo que conlleva. Ha de ser otro aprendizaje que nos hace temblar la primera vez pero en lo que se adquiere, también, maestría con el tiempo.
Ese mismo miedo le ha de dar a quienes ven la política por fuera. Cordial invitación a ya no hacerlo. Nuestro país no es de quienes, tradicionalmente, hemos dejado que tomen las decisiones por nosotros; es de todos. Ocupemos espacios. Volvámonos expertos en la "Res Pública" (la cosa pública) ejerciendo nuestra ciudadanía desde adentro o, por lo menos, desde cerca; si no fue ayer, que sea hoy y mañana; si no tenemos fundamento académico, no importa, busquémoslo y, aunque no sea a nivel de la Academia formal, leamos, escuchemos programas que nos vayan formando y aguzando los sentidos para tener criterios cada vez más sustentados.
No veamos la patria como algo lejano sino como algo que nos cobija, que nos nutre y nos mantiene sanos. Nuestro entorno es bueno o malo en la medida que hagamos algo al respecto.
Este ya maduro artista marcial sabe que para aplicar una buena técnica hay que tener maña. Pues hoy digo que para acabar con los mañosos la técnica es involucrarse.
Hacer política no requiere un aprendizaje formal, ni duros ejercicios ni interminables repeticiones, pero todos podemos ser políticos, buenos políticos. El asunto es entenderlo, asimilarlo, proponérselo y poner manos a la obra. Guatemala lo necesita y tus herederos y descendientes, si lo haces bien y honradamente, te lo agradecerán.
Mientras comenzaba la tarea mañanera de rasurarme, comencé recordando cómo, en mis años juveniles de prolongados entrenamientos de arte marcial, se aprendía una técnica, paso por paso, y se repetía infinidad de veces, primero al aire, luego aplicándola con algún compañero, hasta que iba saliendo. La repetición le agregaba fluidez, fuerza y, en determinado momento, hasta carácter, al imprimirle uno a lo aprendido su propia personalidad. Décadas después de haber aprendido esta manera de defenderse, que no deja de ser un deporte peculiar porque de algo te puede servir en la calle, estoy seguro que, en el momento que se necesite, desde una parte del Ser que no sé explicar cuál es, saldrían los principios básicos de defensa para evitarnos un daño. Eso creo.
El aprendizaje de idiomas es parecido. Se aprenden las palabras una por una, agrupadas a veces por lo que son (sustantivos, verbos, números, pronombres, etcétera), y complementando el aprendizaje con una estructura, la gramática, hasta que vista y oído se empiezan a ajustar, haciéndolo un poco después la lengua, con lo que quiero dar a entender que se va facilitando la comprensión de lectura, luego el entendimiento de algo pronunciado en otro idioma y, por último, la expresión de lo aprendido. Estoy seguro que si pasan décadas de que no se practica un segundo idioma, al poco tiempo este aparecerá y, poco a poco, pero más apresurado que lento, volverá la fluidez enmohecida por el tiempo.
La política es un poco distinta. Se puede tener un aprendizaje formal; ¿de qué? de Principios Básicos del Derecho, por ejemplo, o de Derecho Constitucional, o una formación en Relaciones Internacionales o en Derechos Humanos, todo lo cual ayuda, pero la política es distinta.
Se puede leer El Príncipe, de Maquiavelo, o a Sun Tzu, a Platón o a Aristóteles. Yo los he leído, así como a algunos clásicos de la época romana, y eso le da profundidad a mis pensamientos, pero no fluidez a la política.
Obtener un título académico o leer constantemente siempre es bueno; aporta para bien, pero no da cintura política.
La política se aprende haciendo política. No es esto. No es aquéllo. Es la capacidad de estar informado, la de procesar esa información y darle sentido, la de tomar decisiones pensando en la línea de tiempo, es decir, en los antecedentes y en las consecuencias y no sólo en la urgencia que se tiene en el momento de optar por uno u otro camino; es tomar en cuenta a los afectados, a quienes pueden reaccionar por una ola que llegue a su playa ocasionada por nuestro menor movimiento.
El arte marcial y la política requieren de profundizar (estudio), de entrenamiento (experiencia), de cálculos infinitamente rápidos que miden tiempo, distancia y la utilización de los tres planos o ejes que explico en mi segundo libro (K'amalb'é. La Historia detrás de un deporte artístico marcial), los cuales podemos resumir en plano superior e inferior, planos izquierdo y derecho y distancia.
¿Por qué este diálogo? Posiblemente porque los tres son temas en los que, de alguna manera, he estado inmiscuido.
Alguien en el mundo, quizás, con este tipo de predilecciones, podrá apreciar mejor lo que expreso acá.
Lo que es claro es que todo esto se da mientras las manos se mueven con la hoja de afeitar sin que les ponga atención, a pesar del riesgo que conlleva. Ha de ser otro aprendizaje que nos hace temblar la primera vez pero en lo que se adquiere, también, maestría con el tiempo.
Ese mismo miedo le ha de dar a quienes ven la política por fuera. Cordial invitación a ya no hacerlo. Nuestro país no es de quienes, tradicionalmente, hemos dejado que tomen las decisiones por nosotros; es de todos. Ocupemos espacios. Volvámonos expertos en la "Res Pública" (la cosa pública) ejerciendo nuestra ciudadanía desde adentro o, por lo menos, desde cerca; si no fue ayer, que sea hoy y mañana; si no tenemos fundamento académico, no importa, busquémoslo y, aunque no sea a nivel de la Academia formal, leamos, escuchemos programas que nos vayan formando y aguzando los sentidos para tener criterios cada vez más sustentados.
No veamos la patria como algo lejano sino como algo que nos cobija, que nos nutre y nos mantiene sanos. Nuestro entorno es bueno o malo en la medida que hagamos algo al respecto.
Este ya maduro artista marcial sabe que para aplicar una buena técnica hay que tener maña. Pues hoy digo que para acabar con los mañosos la técnica es involucrarse.
Hacer política no requiere un aprendizaje formal, ni duros ejercicios ni interminables repeticiones, pero todos podemos ser políticos, buenos políticos. El asunto es entenderlo, asimilarlo, proponérselo y poner manos a la obra. Guatemala lo necesita y tus herederos y descendientes, si lo haces bien y honradamente, te lo agradecerán.
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viernes, 22 de enero de 2016
LA RECAUDACIÓN REAL Y LA VERBORREA A SU ALREDEDOR
Cada año es lo mismo: "no se cumplieron las metas de recaudación". ¿Acaso esto es noticia? Con las metas que, entre la propuesta de funcionarios del Ministerio de Finanzas Públicas y la aprobación de diputados al Congreso de la República, ¿hay algo de sentido común?
Tanto al gobierno como a los comerciantes que tenemos de diputados les interesa un Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación lo suficientemente inflado, al primero para poder gastar más, a los segundos para tener más renglones dónde meter a sus empresas o a las de sus parientes, negociar plazas y, en general, toda esa parafernalia asquerosa que ya todos los ciudadanos, desde afuera, conocemos.
Lo que es poco entendible es que la prensa independiente (o debiera poner "independiente", con lo que el entrecomillado implica) les haga el juego y recalque que los ingresos no llegaron a cumplir las expectativas de lo programado. ¡Cómo nos subestiman! ¡Cuán tontos creen que somos!
Esto también se viene a aunar a la cantaleta que se cree y repite la Comunidad Internacional (ese cuasi ente etéreo que nos critica como puede espantar un fantasma en una casa abandonada) de que en Guatemala no se pagan impuestos, o de que no se paga lo suficiente. Cantaleta, decimos, porque ha sido imposible hacerles entender que los altos niveles de pobreza de las grandes mayorías hacen que la población sujeta al pago de impuestos sea la minoría, por lo cual es más apropiado decir que hay que elevar los niveles de ingresos para que todos seamos sujetos impositivos, y no repetir que, porque la tasa per cápita es baja todos pagamos poco.
Si vemos la realidad de las cosas, año con año ha venido incrementándose los ingresos del país. Respecto a la recaudación tributaria de 2014, la de 2015 creció un 1.3%, con todo y que en ese año fueron a parar a la cárcel el presidente de la República, la vicepresidenta, el Superintendente de Administración Tributaria y varios miembros de la SAT, el presidente del Seguro Social, el ex presidente del Congreso de la República y varias decenas de funcionarios activos de los tres poderes del Estado.
En una Guatemala convulsa que ha tenido elecciones generales y tres presidentes constitucionales (si, subrayado) en pocos meses, es todo un logro del sector privado (también subrayado) que la recaudación tributaria no se haya caído.
Y la verdad es que esa recaudación tributaria ha venido creciendo consistentemente, año con año, muy a pesar de todos esos portavoces ex oficio de los interesados que se encargan de decir, repetir y tratar de hacer creer lo contrario.
La #PrimaveraChapina que se inició en abril de 2015 merece que digamos las cosas como son, que estemos alerta y no nos dejemos engañar y que veamos las cosas en su contexto real.
¡Guatemala es más grande y más linda de lo que, a contrapelo de la realidad, nos quieren hacer creer!
Tanto al gobierno como a los comerciantes que tenemos de diputados les interesa un Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación lo suficientemente inflado, al primero para poder gastar más, a los segundos para tener más renglones dónde meter a sus empresas o a las de sus parientes, negociar plazas y, en general, toda esa parafernalia asquerosa que ya todos los ciudadanos, desde afuera, conocemos.
Lo que es poco entendible es que la prensa independiente (o debiera poner "independiente", con lo que el entrecomillado implica) les haga el juego y recalque que los ingresos no llegaron a cumplir las expectativas de lo programado. ¡Cómo nos subestiman! ¡Cuán tontos creen que somos!
Esto también se viene a aunar a la cantaleta que se cree y repite la Comunidad Internacional (ese cuasi ente etéreo que nos critica como puede espantar un fantasma en una casa abandonada) de que en Guatemala no se pagan impuestos, o de que no se paga lo suficiente. Cantaleta, decimos, porque ha sido imposible hacerles entender que los altos niveles de pobreza de las grandes mayorías hacen que la población sujeta al pago de impuestos sea la minoría, por lo cual es más apropiado decir que hay que elevar los niveles de ingresos para que todos seamos sujetos impositivos, y no repetir que, porque la tasa per cápita es baja todos pagamos poco.
Si vemos la realidad de las cosas, año con año ha venido incrementándose los ingresos del país. Respecto a la recaudación tributaria de 2014, la de 2015 creció un 1.3%, con todo y que en ese año fueron a parar a la cárcel el presidente de la República, la vicepresidenta, el Superintendente de Administración Tributaria y varios miembros de la SAT, el presidente del Seguro Social, el ex presidente del Congreso de la República y varias decenas de funcionarios activos de los tres poderes del Estado.
En una Guatemala convulsa que ha tenido elecciones generales y tres presidentes constitucionales (si, subrayado) en pocos meses, es todo un logro del sector privado (también subrayado) que la recaudación tributaria no se haya caído.
Y la verdad es que esa recaudación tributaria ha venido creciendo consistentemente, año con año, muy a pesar de todos esos portavoces ex oficio de los interesados que se encargan de decir, repetir y tratar de hacer creer lo contrario.
La #PrimaveraChapina que se inició en abril de 2015 merece que digamos las cosas como son, que estemos alerta y no nos dejemos engañar y que veamos las cosas en su contexto real.
¡Guatemala es más grande y más linda de lo que, a contrapelo de la realidad, nos quieren hacer creer!
miércoles, 21 de octubre de 2015
FANTASÍA ONÍRICA ENTRE EL ENSUEÑO Y LA FUMADA
La sucesión de imágenes mentales que un corazón de verdadero patriota puede generar en una cabeza que aspira a ver concretarse algo mejor para su país y para su gente, al chocar con la apabullante realidad, puede generar sentimientos encontrados.
Esto puede resumirse a una especie de reglas matemáticas: el dolor por la patria es directamente proporcional al amor que se le tenga; la conmiseración por los necesitados es directamente proporcional a la comprensión de su realidad; y la indiferencia frente al prójimo es inversamente proporcional al amor por el país.
Soñar y elevar el espíritu para imaginarse una realidad que hoy no existe está íntimamente ligado al amor. Si el amor por el país o la preocupación legítima por sus habitantes más necesitados no existe, tampoco existe la necesidad de soñar y, sin necesidad de visualizar un mejor país y mejores condiciones de vida, el proceso onírico no se da. ¿Para qué?
Mucho se ha dicho de las causas de la pobreza, de la pobreza extrema, de la inequidad, de la ignorancia; de todas esas condiciones que reducen el futuro de una nación a la mínima expresión, al mantenimiento del statu quo. Conocer esas razones porque se ha leído y porque se ha convivido con las gentes que viven bajo tales condiciones es necesario para darle dirección a nuestros sueños.
Nuestra nación tiene muchas verdades, y aunque no todas concuerdan con la verdad del vecino de enfrente, todas las versiones merecen respeto. La versión de la conquista no coincide con la versión del despojo, y mientras esto no se entienda los sueños no pueden elevarse al éter. Lo anterior es un ejemplo profundo, pero solamente eso.
Soñar no produce bienestar material, pero nos prepara para saber por dónde enderezar nuestros íntimos esfuerzos. Soñar cosas vanas puede que nos ayude a relajarnos, a liberar el espíritu, pero no es el sueño que genera preclaras decisiones. Soñar, casi inmerso en un proceso inducido por alguna sustancia, atreviéndose a cuestionar los pilares mismos de la sociedad, dándonos el ánimo de preguntarnos tantos por qués que por generaciones hemos dado por un hecho, es el tipo de soñar que produce líderes visionarios, visionariamente positivos y positivamente fundamentados a la hora de explicar sus aspiraciones.
En un país con tantas y nefandas necesidades y arraigadas costumbres que hay que modificar, no es posible atreverse a soñar un solo sueño.
El liderazgo en nuestro país, sea de jóvenes empresarios, de políticos o de la sociedad organizada para servir de otra manera, debe nutrirse de sueños bien plurales que maticen con colores, con olores y detalles nunca visto las nuevas propuestas que deben surgir para levantar una nación que apenas comienza a despertar.
Paradójico, pero es así. Ahora que la mayoría ciudadana despierta porque la corrupción, que siempre ha existido, rebalsó la gota de la cordura, es hora de soñar. Se sueña despierto para, en ese limbo en que uno se coloca, se pueda volar espiritual pero conscientemente para vincular conocimiento académico con aspiración, para ligar experiencias pasadas con posibles soluciones y, en lugar de ver el hoy o, lo que es peor, tan sólo el ayer, visualizar un brillante mañana.
Soñar es de todos, pero de alguna manera quienes aspiran a tener algún liderazgo deben prepararse mejor, vivir intensas experiencias y, así, soñar mejor, soñar al límite entre lo que es factible y lo imposible, entre la cordura y la fantasía, pero soñar vívidamente.
Si analizamos la historia de las naciones que tienen, hoy, mejores oportunidades que nosotros y más elevados niveles de vida, todas tuvieron líderes visionarios; todos esos líderes se atrevieron a construir políticas o proyectos sobre la base de inspiraciones hasta entonces desconocidas, y tuvieron la energía y la persistencia para impulsar temas que, para algunos o para las mayorías, pudieron parecer imposibles.
¡Soñemos! ¡Atrevámonos a elevar nuestras aspiraciones y, desde el ara de la patria, lancemos positivismo, creatividad y ganas de construir un mejor país por todas partes! ¡Nademos contra una corriente que cada vez va siendo más nuestra! ¡Seamos ejemplo de las demás naciones y de las generaciones por venir! ¡No dejemos de soñar porque está rica la cama y dormimos tan profundamente que se nos pasa el tiempo y nada recordamos al despertar!
¡La construcción de nuestro nuevo país comienza hoy y comienza por soñar de veras! ¡Soñemos, pues; soñemos...!
Esto puede resumirse a una especie de reglas matemáticas: el dolor por la patria es directamente proporcional al amor que se le tenga; la conmiseración por los necesitados es directamente proporcional a la comprensión de su realidad; y la indiferencia frente al prójimo es inversamente proporcional al amor por el país.
Soñar y elevar el espíritu para imaginarse una realidad que hoy no existe está íntimamente ligado al amor. Si el amor por el país o la preocupación legítima por sus habitantes más necesitados no existe, tampoco existe la necesidad de soñar y, sin necesidad de visualizar un mejor país y mejores condiciones de vida, el proceso onírico no se da. ¿Para qué?
Mucho se ha dicho de las causas de la pobreza, de la pobreza extrema, de la inequidad, de la ignorancia; de todas esas condiciones que reducen el futuro de una nación a la mínima expresión, al mantenimiento del statu quo. Conocer esas razones porque se ha leído y porque se ha convivido con las gentes que viven bajo tales condiciones es necesario para darle dirección a nuestros sueños.
Nuestra nación tiene muchas verdades, y aunque no todas concuerdan con la verdad del vecino de enfrente, todas las versiones merecen respeto. La versión de la conquista no coincide con la versión del despojo, y mientras esto no se entienda los sueños no pueden elevarse al éter. Lo anterior es un ejemplo profundo, pero solamente eso.
Soñar no produce bienestar material, pero nos prepara para saber por dónde enderezar nuestros íntimos esfuerzos. Soñar cosas vanas puede que nos ayude a relajarnos, a liberar el espíritu, pero no es el sueño que genera preclaras decisiones. Soñar, casi inmerso en un proceso inducido por alguna sustancia, atreviéndose a cuestionar los pilares mismos de la sociedad, dándonos el ánimo de preguntarnos tantos por qués que por generaciones hemos dado por un hecho, es el tipo de soñar que produce líderes visionarios, visionariamente positivos y positivamente fundamentados a la hora de explicar sus aspiraciones.
En un país con tantas y nefandas necesidades y arraigadas costumbres que hay que modificar, no es posible atreverse a soñar un solo sueño.
El liderazgo en nuestro país, sea de jóvenes empresarios, de políticos o de la sociedad organizada para servir de otra manera, debe nutrirse de sueños bien plurales que maticen con colores, con olores y detalles nunca visto las nuevas propuestas que deben surgir para levantar una nación que apenas comienza a despertar.
Paradójico, pero es así. Ahora que la mayoría ciudadana despierta porque la corrupción, que siempre ha existido, rebalsó la gota de la cordura, es hora de soñar. Se sueña despierto para, en ese limbo en que uno se coloca, se pueda volar espiritual pero conscientemente para vincular conocimiento académico con aspiración, para ligar experiencias pasadas con posibles soluciones y, en lugar de ver el hoy o, lo que es peor, tan sólo el ayer, visualizar un brillante mañana.
Soñar es de todos, pero de alguna manera quienes aspiran a tener algún liderazgo deben prepararse mejor, vivir intensas experiencias y, así, soñar mejor, soñar al límite entre lo que es factible y lo imposible, entre la cordura y la fantasía, pero soñar vívidamente.
Si analizamos la historia de las naciones que tienen, hoy, mejores oportunidades que nosotros y más elevados niveles de vida, todas tuvieron líderes visionarios; todos esos líderes se atrevieron a construir políticas o proyectos sobre la base de inspiraciones hasta entonces desconocidas, y tuvieron la energía y la persistencia para impulsar temas que, para algunos o para las mayorías, pudieron parecer imposibles.
¡Soñemos! ¡Atrevámonos a elevar nuestras aspiraciones y, desde el ara de la patria, lancemos positivismo, creatividad y ganas de construir un mejor país por todas partes! ¡Nademos contra una corriente que cada vez va siendo más nuestra! ¡Seamos ejemplo de las demás naciones y de las generaciones por venir! ¡No dejemos de soñar porque está rica la cama y dormimos tan profundamente que se nos pasa el tiempo y nada recordamos al despertar!
¡La construcción de nuestro nuevo país comienza hoy y comienza por soñar de veras! ¡Soñemos, pues; soñemos...!
viernes, 4 de septiembre de 2015
LA PRIMAVERA CHAPINA
Es difícil explicar el amor por la patria, ese que engloba su defensa, la defensa de lo que es correcto y que conlleva una dosis de indignación cuando sabemos que la mancillan; indignación que, debemos decir, ha sido constante en las últimas dos o tres generaciones.
Son pocas veces las que un apasionado y ardoroso defensor de algo intangible, como el concepto "patria", se alegra, especialmente en un país en donde sus instituciones y los procesos políticos han sido copados por mafias, por bandas criminales y, en algunos casos, hasta por extranjeros que buscan un interés económico a través de sus negocios ilícitos o defienden agendas foráneas y se creen con derecho de venir a decirnos qué hacer y qué no hacer.
Sobre gran variedad de temas que tienen que ver con la defensa de un orden institucional, de un Estado de Derecho y de valores y principios que debieran regir nuestra vida política hemos venido escribiendo en este medio desde marzo de 2009, con planteamientos utópicos, con propuestas de solución, con críticas fundadas, con valentía pero, sobre todo, con ese amor que profesamos por lo nuestro, por el ideal moral del deber ser, por los valores familiares que se nos inculcaron y que tienen aplicación práctica en la cosa pública, por la elevación de los valores cívicos y la defensa, a ultranza, de lo que es debido dentro del sentido común.
Navegar en estas aguas en medio de una sociedad muchas veces indiferente ha sido difícil. Bien se dice que un leño no arde solo, y la realización de los ideales democráticos se pueden empujar en solitario mas no pueden concretarse sino en la medida que la colectividad los asume y los defiende.
Ese despertar ciudadano es el que se ha venido dando desde que, hace cuatro meses, en el mes de abril de 2015, la revelación formal de las actividades delictivas de unos gobernantes, cuyos actos ilegales han venido siendo vox populi desde antes de que llegaran a tener poder, fueron algo así como la gota que rebalsó el vaso de nuestra paciencia colectiva, y la Primavera Chapina, ese florecer de la conciencia ciudadana de los gobernados en su conjunto, sin distinción de clases, de sexos, de etnias, aunque al principio un poco desconfiados por cuestiones ideológicas que, al final, fueron olvidadas, se comenzó a dar y a fortalecerse cada día, dando sus primeros frutos.
La petulancia de la ex-vicepresidenta Roxana Baldetti Elías y la posición de confrontación del ex-presidente Otto Pérez Molina ayudaron a formar el crisol de la ciudadanía guatemalteca que se amalgamó en su contra y, finalmente, doblegó hasta a sus antiguos aliados en el Congreso de la República, ganándoles el pulso que, en contra de todo sentido común, se empañaban en sostener en contra de una mayoría que le exigía rendición de cuentas ante los tribunales.
La historia se escribe, generalmente, con violencia y hasta con sangre; pero esta página de nuestra historia habrá de convertirse en una de las más gloriosas gestas ciudadanas guatemaltecas, precisamente porque, sin líderes que nos guiaran, el conglomerado social optó por la no violencia, por la exigencia firme de derechos expresados en pancartas, en entrevistas y hasta en los hasta hace poco desconocidos memes en las redes sociales.
Hubo protestas ciudadanas en donde pudimos ver cómo, después de la misma, la gente se organizó para recoger su propia basura en la plaza y en las calles. Vimos gente que llegó a acompañar a los denominados picapollos, los trabajadores municipales que pasan recogiendo basura, para aliviar su carga, en un gesto cívico sin precedentes.
Las fotografías de familias enteras protestando con los padres cargando a sus hijos sobre los hombros, o de niños ofreciéndole algún tipo de comida o bebida a los agentes del orden, o la determinación de hacer una valla humana para que los diputados pudiesen ingresar al edificio del Congreso a sesionar; o los jóvenes que, durante esa jornada cívica repartieron rosas mientras los diputados le levantaban la inmunidad al presidente de la República, son actitudes dignas de hacer constar para la posteridad y para ejemplo del resto del mundo.
Es triste ver que estamos en las noticias de todos lados porque hemos sometido a proceso tanto al presidente como a la vicepresidenta de la República, ambos en funciones. ¡Algo sin precedentes! Pero a la vez es alentador porque, como iniciamos indicando, la ciudadanía despertó del letargo que produce esa mezcla de indiferencia por lo político, repugnancia porque todo lo que se escucha da verdadero asco, y malestar porque cada noticia nos indigna.
Es de reconocer que gran parte del aliciente para que la protesta tomara forma y se fortaleciera en las calles tuvo, como contraparte, la buena gestión de algunos funcionarios públicos clave, como la Fiscal General del Ministerio Público o el Juez Contralor, que pone, con su sola actuación, en otro lugar del imaginario colectivo al Organismo Judicial completo, que ha sido parte, tradicionalmente, de la decepción ciudadana.
Los ciudadanos han despertado y se han dado cuenta del poder que, entre todos, tenemos para que la corrupción vaya siendo, cada vez más, cosa del pasado.
Hoy no basta con la función contralora de los mismos políticos, jueces o cualquier funcionario. Ahora el pueblo soberano ha asumido la función de supervisor de la cosa pública, y esperemos que, en lugar de bajar la guardia, asuma cada vez un rol más cercano a lo que sucede y, con su inmediatez, prevenga de alguna manera el despilfarro que ha sido la constante o los fallos amañados o cualquier cosa que dé una señal de alarma y que suene no sólo a injusticia sino a contubernio para actuar en contra de la ley.
La Primavera Chapina está en marcha y habrá de someter a su vigilancia no sólo a los políticos y funcionarios públicos, sino a esa parte de la sociedad civil y empresarial que ha sido corruptora y que merece, también, ser llevada a juicio. Hasta la gestión abusiva de embajadores estará en el escrutinio público.
Esperemos que este fervor patrio asumido por nuestras grandes mayorías no muera. La patria merece y necesita nuestro acompañamiento. La han enfermado sus malos hijos y requiere nuestro cuidado, el de sus buenos hijos, y la entrega de nuestra energía para sanarla y preservarla.
Como dice nuestro himno nacional: ¡Guatemala, tu nombre inmortal!
Etiquetas:
ciudadanía,
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impunidad,
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