martes, 25 de noviembre de 2014

EL MUNDO VIVE UNA ETAPA DE TRANSICIÓN

     Un político, en el siglo XXI, no puede ser improvisado; tiene que cultivarse, salir de su entorno y nutrirse con lo que pasa en el mundo para poder, en su propio patio (y hasta en el traspatio de los países vecinos que viven experiencias similares), iluminar el camino con sus ideas, con la construcción de pensamientos que impulsen hacia un más elevado porvenir, bien fundamentados con la ayuda de los mejores autores que se puedan leer y consultar.

     Para comprender la problemática de un país hay que conocer su historia, no porque se la ha leído simplemente sino porque se ha profundizado en ella, porque se ha comprendido y comprehendido, y nuestras categorías mentales se nutren de su análisis.  Para comprender el mundo y estar en posibilidad de interactuar, hay que conocer muchas historias y, además, articularlas coherentemente.

     Así es como vemos, con preocupación, lo que sucede en nuestro país, Guatemala; en nuestro entorno próximo: Centroamérica, México, Estados Unidos de América, EUA; y Sudamérica; y en otros escenarios más lejanos pero no menos importantes: la Unión Europea, UE; Rusia, el Oriente Medio y China, especialmente; con los conflictos puntuales de Ucrania, de Siria y el Palestino-Israelí.

     El análisis político es minucioso, eminentemente intelectual y apoyado por una constante lectura de temas aparentemente no conectados pero que, de alguna manera, podemos vincular con otros acontecimientos, en una visión que sólo la experiencia y los dones de la naturaleza, dotándonos de una especie de olfato que no es precisamente de olores, hacen permisible.

     Como centroamericanos podemos enunciar, al menos, que la actuación de EUA y la UE frente al independentismo pro-ruso de la península de Crimea, fue mal manejado (y lo sigue siendo), pues los líderes occidentales desconocen la historia y, por ende, la vinculación rusa al territorio.  Las primeras reacciones (y por viscerales hay que ponerles más atención) del presidente ruso, Vladimir Putin, un líder con fama de estratega y de mantener la cabeza fría, son importantes de tomar en cuenta: la primera fue firmar un gigantesco convenio de compraventa de gas con China, por el orden de los US$.500.0 millardos; la segunda fue hacer un viaje a Latinoamérica, donde visitó lugares claves para los planes que ha de tener en mente: lo que publicitaron, Cuba, Argentina y Brasil; lo menos conocido: Nicaragua, donde sabemos, por informes de prensa (https://www.facebook.com/AsociacionEPM/photos/a.170711096332585.40894.155752224495139/687170891353267/?type=1) que dejó un importante apoyo militar de, por lo menos, US$.15.0 millones, los que incluyen fortalecer sus baterías antiaéreas.  ¿Para qué? ¿Alguien se imagina a la Federación Rusa financiando la manera de interceptar narcoaviones en Nicaragua, en su camino hacia el gran mercado consumidor, el de EUA?

     Es decir, para quienes ya vivimos en el pasado la guerra caliente en los países centroamericanos, la que produjo los muertos dentro del contexto de la Guerra Fría que las grandes potencias mantuvieron en los foros internacionales, el mensaje que recibimos es que el conflicto de Crimea (o de Ucrania), ha revivido la era de confrontación Este-Oeste en Centroamérica; y eso, para quienes vivimos acá o para quienes viven en la ruta entre Centroamérica y EUA, es preocupante.  

     Por otro lado, hay señales claras de que EUA, antiguo defensor de las débiles democracias, hoy juega un papel ambiguo con dos tipos de mensajes: los mensajes claros de que su gobierno es más afín a las políticas y los ideales socialistas, y los mensajes entre líneas de que, en nuestros países, ya no contamos con ellos; estamos solos pues, su agenda, en otros lugares, ha de ser más importante.  Su visión geopolítica ha de priorizar otras cosas, olvidándose que nosotros, por simple posición geográfica, tenemos un valor intrínseco, como lo tiene Turquía para la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN.  

     Podríamos abundar sobre los elementos que sustentan estas ideas pero, por el momento, no conviene externarlas por razones que, quizás, algún día demos a conocer.  El silencio, en política, también es válido y estratégico.

     El eje del poder mundial, entonces, ha sufrido un remezón.  Esto es indudable.  Estamos, como insinúa el título de este ensayo, en un proceso de ajuste de los grandes poderes del mundo y de la manera como vivimos en medio de las grandes tensiones que ocasionan algunas potencias económicas (olvidémonos, por un momento, del otro tipo de poderío: el militar).

     Por otro lado, la degeneración de la guerra civil en Siria, que ha dado lugar al surgimiento de grupos radicales islámicos y a la supuesta fundación de un ente supranacional que sirva de base para la penetración mundial (que es lo que tocaría después), la cual ha venido provocando escenarios complejos, de inmensa crueldad y de gran insensibilidad por la vida humana, nos hace pensar en las predicciones de Michael de Nostradamus, las cuales no todos toman en serio, quien anticipó  hace poco más de cuatro siglos que en nuestro tiempo se daría la 3ra. Guerra Mundial, una guerra que iba a durar alrededor de 27 años en donde las grandes ciudades son destruidas, Europa invadida por los musulmanes y el Papa obligado a cambiar su sede del Vaticano (la partición de Francia en dos, nos parece que es posterior, pero en este tema vemos su raíz).

     Quién sabe si todo esto se dará en nuestra generación.  El tiempo lo dirá.  Lo importante de analizar es lo que está sucediendo, con centenares o quizás miles de jóvenes radicales dejando sus hogares en los países europeos para ir a participar de la "Guerra Santa", lo que está convirtiéndose en la formación de grandes brigadas de ciudadanos europeos, que parecen no comulgar con los valores democráticos del viejo continente, expertos en el manejo de las armas, en el combate callejero, en el exterminio de seres humanos que no creen o piensan como ellos y hasta de niños inocentes, en la violación y hasta compraventa de mujeres.

     ¿Alguien se ha puesto a pensar lo que significa que simples diez individuos con el corazón endurecido, dispuestos a degollar a cualquiera sin remordimiento, pueden hacer en una sola ciudad? ¿Y en la cantidad de idiotas que, por fanatismo, se convertirán en sus seguidores con el apoyo ingenuo de la prensa libre y el de la tecnología?  La guerra por el poder, en Siria (e Irak), es el campo de entrenamiento de los combatientes del futuro en Occidente y, quizás, en otras partes del mundo oriental.

     ¡Pues sí!  Esos veteranos de la guerra civil en Siria e Irak algún día van a regresar a sus respectivas comunidades llegando a contaminar ciudades y hasta países enteros en el nombre de un profeta que, a nuestro entender, no predicó la muerte ni la maldad. ¿Por qué no pensar que un desangramiento de Europa es posible en el mediano plazo? ¿Qué papel jugarán en todo esto las bombas sucias en territorio estadounidense?

     Esto es lo que hace un tiempo predijo, también, Arnold Toynbee, al introducir el concepto de Choque de Civilizaciones que, años después, en 1993, desarrollara Samuel Huntington (mencionamos el año para contrastar que, en esa época, los escenarios que hoy vivimos, así como los que ya se vienen perfilando, eran hasta hace antes de esas publicaciones, y aún después poco probables), en donde el elemento religioso es preponderante dentro de la confrontación, la cual es inevitable, afirma este último autor, desplazando a los característicos conflictos ideológicos del siglo XX y, añadiríamos nosotros, hasta haciéndolos ver pequeños, como hoy miraríamos las Guerras Púnicas comparadas con las primeras dos Guerras Mundiales.

     Como profesional del Derecho, como político y como aficionado a las ciencias sociales, algo que vemos, además, es que los paradigmas bajo los cuales hoy vivimos en democracia tendrán que cambiar, endureciéndose las leyes y hasta retomándose, en países abolicionistas, la pena de muerte ante tanto radicalismo de gente dispuesta a acabar con los demás (con nosotros), lo que solamente sucederá cuando la mayoría de actores políticos, especialmente los legisladores en cada país, entiendan que la redención de penas o esa segunda oportunidad para salir a convivir socialmente, de un delincuente condenado, no funciona para cierto tipo de personas (que lo son), y que la lucha callejera ha llegado a tal punto que exista una convicción de que, "o son ellos o somos nosotros".  

     Lo anterior, tarde o temprano, sucederá.  Organismos multilaterales como la Organización de Naciones Unidas, ONU, con todo y su flamante Consejo Permanente de Seguridad, parecerá inútil, como lo será, también, todo el arsenal tecnológico que hoy vemos de última generación, pues los campos de batalla que aparecen en el horizonte son urbanos, en medio de barrios y suburbios de población civil indefensa, lo cual requerirá un enfoque distinto que prevemos complicado, prolongado y desgastante.

     El mundo que vivimos, pues, transita entre unos años dorados en los que hubo guerras, sí, y millones de muertos y desplazados, pero que en nada se comparan con lo que cualquier análisis puede predecir para el futuro cercano, por su crueldad e impredecibilidad. De los bombardeos, en la Segunda Guerra Mundial, que destruyeron ciudades enteras, las personas podían escapar en los refugios subterráneos.  Del terrorista que aceche casa por casa, cuchillo en mano, será más difícil.  De ahí que el problema de las grandes migraciones y de los refugiados se intensificará, y la confusión por saber a dónde ir será tremenda y agobiante.

     Así las cosas, no es aventurado predecir que China, Rusia y EUA se unirán, de alguna manera, para hacer frente común con la UE ante lo que podría convertirse en un verdadero baño de sangre, donde Francia podría ir, probablemente, a la cabeza, pues tiene la mayor población musulmana de Europa, seguida de Bélgica y Gran Bretaña, que han aportado la mayor parte de combatientes internacionales en Siria y ahora Irak, algo de lo que los mismos EUA no se han librado, por lo que nos atrevemos a visualizar que todo esto se generalizará en el viejo continente y habrá grandes problemas, también, en las ciudades estadounidenses, canadienses, australianas (por la firmeza con que han tratado de limitar o detener la migración musulmana) y hasta suecas, alemanas y holandesas, países que han admitido la migración de grandes contingentes de mano de obra y que ahora vienen a caer en cuenta que muchos de ellos no se integraron al país, no se sienten ligados al mismo y su sentimiento de pertenencia está regido por una religión sobre la cual ni su dinero ni sus instituciones tienen control.  

     El continente africano, nos atrevemos a prever, será también uno de los escenarios más violentos de la confrontación religiosa en donde, además, se podrían intensificar los viejos conflictos étnicos.

     Lo que suceda con el conflicto Palestino-Israelí creemos que puede complicarse con la sumatoria de más países al mismo, especialmente Irán y su programa nuclear, aunque no descartamos la injerencia de otros Estados vecinos en la medida que puedan caer en manos de gobernantes radicales.

     Gran peso tiene, también, Arabia Saudita, que en esta última bajada del precio internacional del petróleo ha tenido un papel activo, hasta preponderante, rompiendo la unanimidad de la Organización de Países Exportadores de Crudo, OPEC, manteniendo su producción en momentos en que baja la demanda, haciendo tambalear las economías de los grandes productores, como Rusia, Venezuela, Siria y los mismos pozos en manos de los radicales islámicos, lo cual pone a la mismísima familia real saudí en la mira de poderosos enemigos, lo cual podría tener consecuencias incalculables hoy día.  

     La contención del radicalismo islámico en Egipto, quién sabe si finalmente triunfará.

     ¿Qué papel jugarán Indonesia, el país musulmán más poblado de la Tierra pero con minorías cristianas? ¿O Pakistán, con casi 190 millones de musulmanes y con una historia de grandes tensiones con India, cuando se sabe que tiene más de 100 cabezas atómicas y un programa nuclear que data de 1971? 

     Así las cosas, solamente podemos encomendarnos a Dios y decir que la política local, en Guatemala, es más simple de lo que parece, con todo y la corrupción (que algún día ayudaremos a erradicar), los conflictos por los proyectos mineros y la injerencia interna de algunos países con su agenda propia en nuestros asuntos internos; y que los contendientes o aspirantes a la Presidencia, esos que se han venido robando la salida como si así fuesen a ganar, se ven pequeños, muy pequeños.

     Una cosa es cierta; en un mundo en transición, como este, los líderes de nuestros países tienen que tener una relativa claridad de hacia dónde van los acontecimientos y, especialmente, los mercados en donde vendemos nuestros productos, pues de ellos depende la salud de nuestras pobres economías, la viabilidad de nuestras inversiones, la de los Estados mismos y el bienestar de la ciudadanía.

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