El artículo 2 del Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano y Otras Instancias Políticas establece que dicha Institución se integra, entre otros, con "Los presidentes de cada una de las repúblicas centroamericanas, al concluir su mandato.".
Dentro de la institucionalidad hondureña, el mandato del ex-presidente Manuel Zelaya, finalizó por un acto contemplado constitucionalmente, emanado del Congreso Nacional de ese país. Posteriormente, a raíz del Acuerdo Tegucigalpa-San José-Guaymuras, al cual me he referido anteriormente en este espacio, se planteó la posibilidad de retrotraer las cosas a como estaban antes de los sucesos del 28 de junio de 2,009, pero el Congreso Nacional de Honduras ratificó que el mandato de Manuel Zelaya había terminado desde finales de junio de ese mismo año.
Por otro lado, el mismo Congreso Nacional de Honduras, constituído por representantes legítimos de dicho pueblo, aplicando los artículos constitucionales pertinentes, nombró para suceder en el cargo de Presidente de la República, en sustitución de Manuel Zelaya Rosales, a Roberto Micheletti, quien continuó ejerciendo dicho cargo hasta que tomó posesión su sucesor, don Porfirio Lobo.
Por ende, si hubiese un Presidente que, al concluir su mandato estuviese en posición de integrar el Parlamento Centroamericano, ése es Roberto Micheletti, no Manuel Zelaya.
Podría haber dos corrientes de pensamiento: En sentido estricto, la primera diría que Manuel Zelaya pudo incorporarse a la Asamblea Plenaria del Parlamento Centroamericano al finalizar su mandato y hasta que no finalizara la gestión de su sucesor, de modo que pudo haber sido integrante de dicha institución regional desde julio de 2009 hasta el 27 de enero de 2010, pero no ahora que, el presidente que ha concluido un mandato, es Roberto Micheletti, quien puede incorporarse en cualquier momento y hasta que concluya, sin establecerse causa alguna, el mandato presidencial de Porfirio Lobo.
Lo que señalo en el párrafo anterior acarrea, estoy consciente, el inconveniente que, si hubiese un ex-presidente fungiendo en calidad de diputado, éste sería desplazado por el nuevo ex-presidente que lo coloca en esta calidad una decisión tomada, en ley, por el Congreso Nacional de su país, pero sin finalizar el períodoc constitucional, al cual no hace referencia el Tratado Constitutivo.
La otra corriente de pensamiento iría orientada a respetar el período constitucional del ex-presidente que ya está incorporado en calidad de diputado al Parlamento Centroamericano, y al finalizar dicho período darle pase o cabida a quien entregó el cargo de último.
Este último caso tiene precedentes y es el que se ha utilizado cuando, en el pasado, ha habido un Golpe de Estado. Fue el que se utilizó cuando Jorge Serrano Elías, ex-presidente de Guatemala, también violó la Constitución de su país (el mío también, por cierto), en su lugar fue electo, por el Congreso Nacional de Guatemala, el nuevo Presidente Constitucional Ramiro De León Carpio (a quien nadie denominó "de Facto") y, al finalizar el mandato para el cual Serrano Elías había sido constitucionalmente electo, De León Carpio asumió como diputado del Parlamento Centroamericano.
El caso del Golpe de Estado de Jorge Serrano y su sucesión presidencial, y el del Manuel Zelaya y su sucesión presidencial, son sumamente similares en cuanto a que, en ambos casos, fue el Congreso Nacional, en cada país, quien nombró a un sustituto, es decir, a quien habría de finalizar el período que cada Constitución, en estos dos países, Guatemala y Honduras, respectivamente, establece.
El tratamiento que el Parlamento Centroamericano le tiene que dar al segundo caso debería ser similar al que se le dio al primer caso. Hablar de otra cosa es poner en riesgo la legalidad y el sentido común de las actuaciones políticas de la dirigencia.
Todo esto, lo que me pone a pensar, es que Daniel Ortega, el Presidente de Nicaragua del Frente Sandinista de Liberanción Nacional, FSLN, quien no ha reconocido al gobierno de Porfirio Lobo, está esperando que su fiel seguidor, el actual Presidente de la Junta Directiva del Parlamento Centroamericano y también Secretario de Relaciones Internacionales del mencionado FSLN, instale a Zelaya para reconocer lo que el pueblo hondureño, abrumadoramente, ya le hizo ver desde finales de noviembre de 2009.
Pienso todo esto porque, tanto Ortega Saavedra, como Manuel Zelaya, Jacinto Suárez, Hugo Chávez, Evo Morales y demás etcéteras, son personas más inclinadas a la ideologización que los ata que a las razones valederas, que a la legalidad de los actos, que a la institucionalidad.
No me extrañaría ver, en la Asamblea Plenaria del PARLACÉN, a toda esta pléyade de personajes defendiendo, según ellos, la legalidad y la institucionalidad, cuando son los mismos que le pasaron encima a todos los principios democráticos y jurídicos y finalizaron eligiendo, con el voto de simples observadores, a una también ideologizada coordinadora de debates que vino a manchar la Institución con sus atropellos, no sólo al Tratado Constitutivo y al Reglamento Interno, sino al manejo de los debates que "coordinó".
Lo mejor para la institucionalidad regional es que ninguno de los dos, ni Zelaya ni Micheletti (quien, entiendo, ya se manifestó al respecto de que no lo hará) se incorporen al Parlamento Centroamericano.
No tiene sentido que en una institución en donde se buscan los puntos de encuentro para integrar una región, lleguen personas que, por su pasado, disociarán y entorpecerán el normal funcionamiento de la misma. ¿No les acaban, a ambos, de otorgan amnistía?
Podrán hacer lo que quieran, especialmente los aliados incondicionales de Zelaya en el Parlamento, pero desde este espacio, parafraseando a Miguel de Cervantes, nos atreveremos a decir que nuestras verdades andarán sobre sus mentiras como el aceite sobre el agua.
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Micheletti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Micheletti. Mostrar todas las entradas
jueves, 18 de febrero de 2010
sábado, 21 de noviembre de 2009
GOBIERNO DE GUATEMALA DIVORCIADO DEL SENTIDO COMÚN Y DE LA POBLACIÓN EN EL CASO HONDUREÑO
Los guatemaltecos tenemos, desde hace casi dos años, un gobierno que se ha caracterizado por hacer las cosas con el menor sentido común: cuando se ve que el mundo se cae, dicen que la crisis no nos va a afectar; cuando la crisis económica global ya nos tiene con la soga al cuello, que hay que subir impuestos; que necesitan más plata para repartir las bolsas solidarias a la gente pobre, y resultamos con la mayor mortandad, por hambre, de la historia del país.
Para mí, no fue entendible, siquiera, la estupidez de cerrarle, según el Gobierno de Guatemala, en conjunto con los de El Salvador y Nicaragua, la frontera a Honduras a raíz del Golpe de Estado, cuando el sentido común señalaba que eran los productores, especialmente los pequeños productores de esos tres países, pero especialmente los guatemaltecos que surten el mercado centroamericano de productos frescos, quienes más iban a sufrir. ¿Quién le repuso a los productores de fresa, de zanahorias, de cebollas, de tomate, de chiles pimientos, de vegetales verdes, las camionadas de producto que se perdieron y pudrieron en la frontera debido al estrabismo político de nuestro mandatario? ¡Nadie! Ni se disculparon por su estupidez (disculpen que lo repita, pero así lo veo, así lo siento y así lo digo rotundamente). Estupidez aparte, también se convirtieron en violadores de la normativa centroamericana al respecto.
Partamos del hecho que hubo un Golpe de Estado en contra de alguien electo democrática y legítimamente. Pero al analizar el hecho, vayámonos para atrás, primero, y analicemos todos los desmanes que Manuel Zelaya provocó, violando reiteradamente la Constitución y las leyes hondureñas, especialmente tratando de cambiar, a como diera lugar, artículos irreformables que conllevan la destitución y el delito de traición a la patria; pero, seguidamente, analicemos también que fueron 123 de 128 diputados, electos también democrática y legítimente, quienes, en un proceso contemplado en la misma Constitución, eligieron, para sustituir a Manuel Zelaya, a Roberto Micheletti, de tal manera que a todos estos hechos hay que agregar que la institucionalidad hondureña, a excepción de la salida violentada de Zelaya, con la cual no estoy de acuerdo, sigue funcionando intacta y regularmente, de tal manera que considero que no está en el ámbito de la denominada "Comunidad Internacional", sino en las instituciones internas de Honduras, y especialmente en su pueblo convocado con anterioridad a las urnas por una institución diferente a la Presidencia de la República y al Congreso Nacional, todo de acuerdo a lo que la Constitución hondureña estipula.
Los gobiernos del mundo pudieron haberse precipitado en un principio, tal como lo he venido denunciando en este blog. La parcializada Organización de Estados Americanos, obligada a informarse primero, no le interesaba todo lo que Manuel Zelaya venía haciendo, y en cuestión de horas había condenado a Honduras, sin comprender, para nada, a los hondureños, a sus instituciones y a sus leyes. Esa condena, considero, fue lo que detonó, conforme a la teoría del dominó, la serie de condenas posteriores, especialmente porque los demás países no percibían, como se percibe ahora, cómo la OEA había sido copada ideológicamente en función de la reelección de su Secretario General, José Miguel Insulza, dando al traste con la seriedad que le correspondía tener y mantener.
Para muestra, un botón: ¿Qué ha dicho la OEA con relación al fraude electoral que cometió Daniel Ortega en Nicaragua, en noviembre de 2008? ¿Que ha dicho la OEA del Golpe de Estado Técnico que viene dando Daniel Ortega al manipular, con "sus" jueces sandinistas, la Constitución de Nicaragua para favorecer únicamente "su" reelección y la de los alcaldes sandinistas (dejando por fuera a los alcaldes de los demás partidos políticos)? Pero ese no es el tema de hoy.
Recordemos que igualmente electo democrática y popularmente, y por tanto ostentando de legitimidad por igual, tenía la persona de Manuel Zelaya y los 128 diferentes diputados del Congreso Nacional de Honduras. Yo pregunto, ¿es legítimo que la OEA defienda las acutaciones ilegales de una sola persona en contra de la voluntad colegiada de 128 diputados igualmente legítimos en el ejercicio de sus cargos?
Después de poco más de cuatro meses y medio, de los gobiernos que originalmente condenaron, sólo dos han tenido la grandeza de enviar el mensaje correcto a los hondureños: Estados Unidos de América y Panamá. No necesitan decir que se equivocaron originalmente. Con sus posición actual, que yo me atreví a predecir, se están elevando por encima de los demás porque tienen la hidalguía de decir, en ese lenguaje diplomático de señales y mensajes cifrados, que entienden mejor que los demás lo que sucedió, que lo lamentan, pero que por encima de todo respetan la soberanía de Honduras y le dan primacía a la voluntad popular, la cual será expresada libremente dentro de unos días.
¿Y qué hace el Gobierno de Guatemala al respecto? Lejos de reconocer que había estado equivocado, lejos de quedarse callado, que es lo mejor en este caso, se vuelve a inclinar por el lado ideologizado de Manuel Zelaya, Hugo Chávez, Fidel Castro (como que ya no se recuerda cuando lo dejaron plantado en un parque de La Habana, Orden del Quetzal en mano, esperando para siempre su entrevista para tomarse la foto con Fidel) y demás comparsas agrupados en la OEA, y se pone en contra del pueblo hondureño, de lo que dicta la razón, del sentido común, en algún sentido de la legalidad de las disposiciones que ha tomado el Congreso hondureño, del Acuerdo Guaymuras que los delegados de Zelaya firmaron con su consentimiento para luego bombardearlo como cualquier terrorista de la democracia, y se pone en contra, también, de la mayoría de la población guatemalteca que ve, en el caso hondureño, un tema de Honduras, no de Guatemala.
Es otra estupidez política de Álvaro Colom (en el supuesto que sea una decisión de él y no de su acompañante) y de su canciller, Haroldo Rodas, salir diciendo que no reconocerán, a estas alturas, ni las elecciones del próximo domingo 29 ni sus resultados, atribuyéndolo a que eso obedece a lo acordado semanas atrás por la OEA.
¿Y no el mismo Acuerdo Guaymuras pide que se reconozcan las elecciones y sus resultados? ¿No es la OEA, con dos delegados, parte de la Comisión de Verificación recientemente instalada para darle seguimiento a dicho Acuerdo? ¿Es que ni la OEA, ni Colom (o su acompañante) ni Rodas saben leer lo que dicho Acuerdo acuerda?
Además, ¿cuál es la insistencia para instalar a alguien quien ya dijo que, hagan lo que hagan, no aceptará su restitución? Y si Zelaya dice que ya no acepta su propia restitución (que no es lo estipulado en el Acuerdo Guaymuras), ¿cuál es la salida de la crisis que proponen, entonces?
Ya dejé establecido, en otra entrada anterior a este blog, que el Acuerdo Guaymuras establece algunas cuestiones de forma para tomar decisiones de fondo, en un calendario incompleto porque faltó establecer algunas fechas, pero en ninguna parte se dice que una condición para que las elecciones de Honduras sean válidas es la restitución de Manuel Zelaya a la Presidencia de la República, aún antes de que el Congreso Nacional, a quien se le pidió resolver sobre el asunto, tome una decisión al respecto.
Yo denuncio por este medio a la OEA, a Álvaro Colom (a su acompañante) y a Haroldo Rodas, no de ignorancia, no de no saber leer, sino de mala fe para con el pueblo hondureño.
Estimo que están en todo su derecho de no reconocer al gobierno de Micheletti, si eso es lo que desean, pero no tienen derecho alguno de negarle al pueblo hondureño su legítimo derecho a elegir sus autoridades, ni tienen potestad alguna para negarle a los candidatos a la Presidencia, al Congreso, a las Alcaldías y Corporaciones Municipales, quienes no tienen nada que ver con las tonterías cometidas por Manuel Zelaya, por la otra tontería cometida por los militares hondureños, ni con las resoluciones legítimas tomadas por diputados actuales del Congreso y por magistrados de la Corte Suprema de Justicia, como para que un presidente (con minúscula) que no entiende por dónde va el mundo y por dónde debiera actuar, en beneficio de su propio país, se meta en los asuntos internos de su vecino.
Cobra tan poco sentido la palabrería del Gobierno de Guatemala en la medida que uno realiza y cae en cuenta que Honduras es nuestro tercer socio comercial, que por simples pláticas con las personas comunes y corrientes de la calle se palpa el sentimiento de solidaridad de las grandes mayorías, no para con Zelaya, no para con Micheletti, sino con el pueblo hondureño que está sufriendo desde hace meses y que ya desea, de una vez por todas, pasar la página de esta historia innecesaria en la que los metió un megalómano y sociópata al que le brillaron (y no es el único) los ojos con los petrodólares que corresponden a los venezolanos y que son derramados en otros países cuando los supuestos líderes saben cantar al son llanero de Caracas.
Es decir, el Gobierno de Guatemala, con esta actitud, vuelve a querer quedar bien con Fidel, continúa sus coqueteos con Caracas, pero se vuelve a divorciar del sector productivo guatemalteco, y no hablo del organizado en el CACIF; hablo de los pequeños productores que mencioné anteriormente, que también están interesados en pasar esta página de la historia de Honduras para seguir comprando, para seguir vendiendo, para seguir sobreviviendo.
En su infinita creatividad, ¿cuál es la propuesta, entonces? ¿Qué propone Guatemala como alternativa a las elecciones de Honduras para terminar con esta crisis? Si la zozobra, por la estupidez de varios gobiernos como el de Guatemala, continúa hasta finales de enero de 2010 en que tome posesión el gobierno que los hondureños elijan el próximo domingo, al igual que nuevos diputados, alcaldes, síndicos, concejales, ¿cuál será el planteamiento si ya no podrán decir que desan restituir a Zelaya?
Me explico mejor: la cantaleta de la restitución de Zelaya pueden seguirla ensayando pero no ad aeternum. Si el período constitucional finaliza el 27 de enero de 2010, ¿cuál será el argumento, posteriormente a esa fecha, para seguir con la cantaleta? ¿Es que no se dan cuenta que, después de todo, en el caso que el Congreso Nacional de Honduras decida que no "retrotrae las cosas" a como estaban el 28 de junio, tendrán que vérselas con un gobierno encabezado por otra persona?
¿Qué esperan, entonces? ¿Que sea el gobierno hondureño el que reconozca al de Guatemala cuando comience a gobernar el sucesor de Álvaro Colom?
Mientras tanto, el Gobierno de Guatemala se tendrá que conformar con que los guatemaltecos, en nuestra gran mayoría, estamos dispuestos a reconocer, con facilidad, que el pueblo hondureño es soberano, que los gobiernos extranjeros no tienen injerencia alguna en sus asuntos internos, y que seguiremos apoyando la elección legítima y democrática de sus nuevas autoridades para, finalmente, seguir haciendo negocios con ellos, como vecinos, como hermanos verdaderos que somos y que nos hace compartir de mejor manera que ninguno las penas por las que están pasando. ¡El pueblo de Guatemala sí apoya el retorno de la normalidad en Honduras!
El Gobierno de Guatemala se vuelve a lucir, ante el mundo, por su falta de propuestas y su divorcio con la población guatemalteca.
Para mí, no fue entendible, siquiera, la estupidez de cerrarle, según el Gobierno de Guatemala, en conjunto con los de El Salvador y Nicaragua, la frontera a Honduras a raíz del Golpe de Estado, cuando el sentido común señalaba que eran los productores, especialmente los pequeños productores de esos tres países, pero especialmente los guatemaltecos que surten el mercado centroamericano de productos frescos, quienes más iban a sufrir. ¿Quién le repuso a los productores de fresa, de zanahorias, de cebollas, de tomate, de chiles pimientos, de vegetales verdes, las camionadas de producto que se perdieron y pudrieron en la frontera debido al estrabismo político de nuestro mandatario? ¡Nadie! Ni se disculparon por su estupidez (disculpen que lo repita, pero así lo veo, así lo siento y así lo digo rotundamente). Estupidez aparte, también se convirtieron en violadores de la normativa centroamericana al respecto.
Partamos del hecho que hubo un Golpe de Estado en contra de alguien electo democrática y legítimamente. Pero al analizar el hecho, vayámonos para atrás, primero, y analicemos todos los desmanes que Manuel Zelaya provocó, violando reiteradamente la Constitución y las leyes hondureñas, especialmente tratando de cambiar, a como diera lugar, artículos irreformables que conllevan la destitución y el delito de traición a la patria; pero, seguidamente, analicemos también que fueron 123 de 128 diputados, electos también democrática y legítimente, quienes, en un proceso contemplado en la misma Constitución, eligieron, para sustituir a Manuel Zelaya, a Roberto Micheletti, de tal manera que a todos estos hechos hay que agregar que la institucionalidad hondureña, a excepción de la salida violentada de Zelaya, con la cual no estoy de acuerdo, sigue funcionando intacta y regularmente, de tal manera que considero que no está en el ámbito de la denominada "Comunidad Internacional", sino en las instituciones internas de Honduras, y especialmente en su pueblo convocado con anterioridad a las urnas por una institución diferente a la Presidencia de la República y al Congreso Nacional, todo de acuerdo a lo que la Constitución hondureña estipula.
Los gobiernos del mundo pudieron haberse precipitado en un principio, tal como lo he venido denunciando en este blog. La parcializada Organización de Estados Americanos, obligada a informarse primero, no le interesaba todo lo que Manuel Zelaya venía haciendo, y en cuestión de horas había condenado a Honduras, sin comprender, para nada, a los hondureños, a sus instituciones y a sus leyes. Esa condena, considero, fue lo que detonó, conforme a la teoría del dominó, la serie de condenas posteriores, especialmente porque los demás países no percibían, como se percibe ahora, cómo la OEA había sido copada ideológicamente en función de la reelección de su Secretario General, José Miguel Insulza, dando al traste con la seriedad que le correspondía tener y mantener.
Para muestra, un botón: ¿Qué ha dicho la OEA con relación al fraude electoral que cometió Daniel Ortega en Nicaragua, en noviembre de 2008? ¿Que ha dicho la OEA del Golpe de Estado Técnico que viene dando Daniel Ortega al manipular, con "sus" jueces sandinistas, la Constitución de Nicaragua para favorecer únicamente "su" reelección y la de los alcaldes sandinistas (dejando por fuera a los alcaldes de los demás partidos políticos)? Pero ese no es el tema de hoy.
Recordemos que igualmente electo democrática y popularmente, y por tanto ostentando de legitimidad por igual, tenía la persona de Manuel Zelaya y los 128 diferentes diputados del Congreso Nacional de Honduras. Yo pregunto, ¿es legítimo que la OEA defienda las acutaciones ilegales de una sola persona en contra de la voluntad colegiada de 128 diputados igualmente legítimos en el ejercicio de sus cargos?
Después de poco más de cuatro meses y medio, de los gobiernos que originalmente condenaron, sólo dos han tenido la grandeza de enviar el mensaje correcto a los hondureños: Estados Unidos de América y Panamá. No necesitan decir que se equivocaron originalmente. Con sus posición actual, que yo me atreví a predecir, se están elevando por encima de los demás porque tienen la hidalguía de decir, en ese lenguaje diplomático de señales y mensajes cifrados, que entienden mejor que los demás lo que sucedió, que lo lamentan, pero que por encima de todo respetan la soberanía de Honduras y le dan primacía a la voluntad popular, la cual será expresada libremente dentro de unos días.
¿Y qué hace el Gobierno de Guatemala al respecto? Lejos de reconocer que había estado equivocado, lejos de quedarse callado, que es lo mejor en este caso, se vuelve a inclinar por el lado ideologizado de Manuel Zelaya, Hugo Chávez, Fidel Castro (como que ya no se recuerda cuando lo dejaron plantado en un parque de La Habana, Orden del Quetzal en mano, esperando para siempre su entrevista para tomarse la foto con Fidel) y demás comparsas agrupados en la OEA, y se pone en contra del pueblo hondureño, de lo que dicta la razón, del sentido común, en algún sentido de la legalidad de las disposiciones que ha tomado el Congreso hondureño, del Acuerdo Guaymuras que los delegados de Zelaya firmaron con su consentimiento para luego bombardearlo como cualquier terrorista de la democracia, y se pone en contra, también, de la mayoría de la población guatemalteca que ve, en el caso hondureño, un tema de Honduras, no de Guatemala.
Es otra estupidez política de Álvaro Colom (en el supuesto que sea una decisión de él y no de su acompañante) y de su canciller, Haroldo Rodas, salir diciendo que no reconocerán, a estas alturas, ni las elecciones del próximo domingo 29 ni sus resultados, atribuyéndolo a que eso obedece a lo acordado semanas atrás por la OEA.
¿Y no el mismo Acuerdo Guaymuras pide que se reconozcan las elecciones y sus resultados? ¿No es la OEA, con dos delegados, parte de la Comisión de Verificación recientemente instalada para darle seguimiento a dicho Acuerdo? ¿Es que ni la OEA, ni Colom (o su acompañante) ni Rodas saben leer lo que dicho Acuerdo acuerda?
Además, ¿cuál es la insistencia para instalar a alguien quien ya dijo que, hagan lo que hagan, no aceptará su restitución? Y si Zelaya dice que ya no acepta su propia restitución (que no es lo estipulado en el Acuerdo Guaymuras), ¿cuál es la salida de la crisis que proponen, entonces?
Ya dejé establecido, en otra entrada anterior a este blog, que el Acuerdo Guaymuras establece algunas cuestiones de forma para tomar decisiones de fondo, en un calendario incompleto porque faltó establecer algunas fechas, pero en ninguna parte se dice que una condición para que las elecciones de Honduras sean válidas es la restitución de Manuel Zelaya a la Presidencia de la República, aún antes de que el Congreso Nacional, a quien se le pidió resolver sobre el asunto, tome una decisión al respecto.
Yo denuncio por este medio a la OEA, a Álvaro Colom (a su acompañante) y a Haroldo Rodas, no de ignorancia, no de no saber leer, sino de mala fe para con el pueblo hondureño.
Estimo que están en todo su derecho de no reconocer al gobierno de Micheletti, si eso es lo que desean, pero no tienen derecho alguno de negarle al pueblo hondureño su legítimo derecho a elegir sus autoridades, ni tienen potestad alguna para negarle a los candidatos a la Presidencia, al Congreso, a las Alcaldías y Corporaciones Municipales, quienes no tienen nada que ver con las tonterías cometidas por Manuel Zelaya, por la otra tontería cometida por los militares hondureños, ni con las resoluciones legítimas tomadas por diputados actuales del Congreso y por magistrados de la Corte Suprema de Justicia, como para que un presidente (con minúscula) que no entiende por dónde va el mundo y por dónde debiera actuar, en beneficio de su propio país, se meta en los asuntos internos de su vecino.
Cobra tan poco sentido la palabrería del Gobierno de Guatemala en la medida que uno realiza y cae en cuenta que Honduras es nuestro tercer socio comercial, que por simples pláticas con las personas comunes y corrientes de la calle se palpa el sentimiento de solidaridad de las grandes mayorías, no para con Zelaya, no para con Micheletti, sino con el pueblo hondureño que está sufriendo desde hace meses y que ya desea, de una vez por todas, pasar la página de esta historia innecesaria en la que los metió un megalómano y sociópata al que le brillaron (y no es el único) los ojos con los petrodólares que corresponden a los venezolanos y que son derramados en otros países cuando los supuestos líderes saben cantar al son llanero de Caracas.
Es decir, el Gobierno de Guatemala, con esta actitud, vuelve a querer quedar bien con Fidel, continúa sus coqueteos con Caracas, pero se vuelve a divorciar del sector productivo guatemalteco, y no hablo del organizado en el CACIF; hablo de los pequeños productores que mencioné anteriormente, que también están interesados en pasar esta página de la historia de Honduras para seguir comprando, para seguir vendiendo, para seguir sobreviviendo.
En su infinita creatividad, ¿cuál es la propuesta, entonces? ¿Qué propone Guatemala como alternativa a las elecciones de Honduras para terminar con esta crisis? Si la zozobra, por la estupidez de varios gobiernos como el de Guatemala, continúa hasta finales de enero de 2010 en que tome posesión el gobierno que los hondureños elijan el próximo domingo, al igual que nuevos diputados, alcaldes, síndicos, concejales, ¿cuál será el planteamiento si ya no podrán decir que desan restituir a Zelaya?
Me explico mejor: la cantaleta de la restitución de Zelaya pueden seguirla ensayando pero no ad aeternum. Si el período constitucional finaliza el 27 de enero de 2010, ¿cuál será el argumento, posteriormente a esa fecha, para seguir con la cantaleta? ¿Es que no se dan cuenta que, después de todo, en el caso que el Congreso Nacional de Honduras decida que no "retrotrae las cosas" a como estaban el 28 de junio, tendrán que vérselas con un gobierno encabezado por otra persona?
¿Qué esperan, entonces? ¿Que sea el gobierno hondureño el que reconozca al de Guatemala cuando comience a gobernar el sucesor de Álvaro Colom?
Mientras tanto, el Gobierno de Guatemala se tendrá que conformar con que los guatemaltecos, en nuestra gran mayoría, estamos dispuestos a reconocer, con facilidad, que el pueblo hondureño es soberano, que los gobiernos extranjeros no tienen injerencia alguna en sus asuntos internos, y que seguiremos apoyando la elección legítima y democrática de sus nuevas autoridades para, finalmente, seguir haciendo negocios con ellos, como vecinos, como hermanos verdaderos que somos y que nos hace compartir de mejor manera que ninguno las penas por las que están pasando. ¡El pueblo de Guatemala sí apoya el retorno de la normalidad en Honduras!
El Gobierno de Guatemala se vuelve a lucir, ante el mundo, por su falta de propuestas y su divorcio con la población guatemalteca.
Etiquetas:
alvaro colom,
Crisis Política,
haroldo rodas,
Honduras,
Manuel Zelaya,
oea,
Roberto Micheletti
viernes, 20 de noviembre de 2009
HONDURAS: LOS DOS ERRORES DE ROBERTO MICHELETTI
Para quienes no somos hondureños, Roberto Micheletti, el Presidente interino de Honduras, saltó a la palestra pública a raíz de la destitución del anterior presidente, Manuel Zelaya Rosales, luego de que durante varios meses, reiteradamente, violara la Constitución y las leyes de su país, enfrentara a prácticamente todas las instituciones políticas, desafiara a la opinión pública, desacatara mandatos de los tribunales de justicia y, en general, ocasionara el peor caos político del último cuarto de siglo en ese vecino país.
Sin embargo, para los hondureños es una figura política conocida en donde no sólo fungía como Presidente del Congreso Nacional sino participó en las elecciones primarias de su partido, el Partido Liberal de Honduras, buscando la candidatura a la Presidencia de la República, la cual no logró pero si obtuvo un 27.76% de los votos, que fueron poco más de 174 mil, según datos del (http://www.tse.hn/jc/documentos/estadisticas_y_proce_elec/Elecciones%20Primarias%202008/Partido%20Liberal/PARTIDOLIBERAL.PDF) Tribunal Supremo Electoral.
En este espacio virtual hemos hecho diversos comentarios con respecto a la crisis política hondureña, los que van desde el aspecto doctrinario, como el tema de la legitimidad, al aspecto legal, como el análisis determinando que sí fue un Golpe de Estado el sucedido el 28 de junio de 2009 o el que, posteriormente, hice del Acuerdo Guaymuras, o sociológico, como cuando aseguro que Manuel Zelaya fue un presidente pontificio, porque fue quien de mejor manera creó los puentes para unir a toda la sociedad hondureña organizada en su contra.
Pensaba que, de aquí a las elecciones programadas para el domingo 29 de noviembre, no habría necesidad de comentar cosa alguna al respecto, pero ayer, jueves 19, el Presidente Interino Micheletti hizo el anuncio de que dejará temporalmente el poder, del 25 de noviembre al 2 de diciembre, según él, para que sus connacionales se concentren en el proceso electoral y no en la crisis política, lo cual me obliga a pronunciarme al respecto, so pena de, en el futuro, por callarme, se piense que estuve de acuerdo con su actitud y la medida que está pretendiendo tomar.
El primer error que señalé, del breve gobierno de Micheletti, fue el decretar Estado de Sitio, el lunes 28 de septiembre, mediante el Decreto Ejecutivo PCM-M-016-2009, dejando en suspenso 5 importantes garantías constitucionales y ordenando el cierre de algunos medios de comunicación afines al derrocado Zelaya. Estamos claros que esta medida es legal, ya que fue tomada de conformidad con el artículo 187 de la Constitución hondureña, el cual contempla como una de las cinco causales que pueden justificar una medida de esta naturaleza, la perturbación grave de la paz. Lo que criticamos es que, políticamente, haya sido una medida conveniente. Nosotros estimamos que jamás debió cerrarse medio de comunicación alguno.
Ahora que Micheletti pretende retirarse temporalmente del poder, nos atrevemos a señalar esta medida como un segundo error de su gestión, por las siguientes razones:
Sin embargo, para los hondureños es una figura política conocida en donde no sólo fungía como Presidente del Congreso Nacional sino participó en las elecciones primarias de su partido, el Partido Liberal de Honduras, buscando la candidatura a la Presidencia de la República, la cual no logró pero si obtuvo un 27.76% de los votos, que fueron poco más de 174 mil, según datos del (http://www.tse.hn/jc/documentos/estadisticas_y_proce_elec/Elecciones%20Primarias%202008/Partido%20Liberal/PARTIDOLIBERAL.PDF) Tribunal Supremo Electoral.
En este espacio virtual hemos hecho diversos comentarios con respecto a la crisis política hondureña, los que van desde el aspecto doctrinario, como el tema de la legitimidad, al aspecto legal, como el análisis determinando que sí fue un Golpe de Estado el sucedido el 28 de junio de 2009 o el que, posteriormente, hice del Acuerdo Guaymuras, o sociológico, como cuando aseguro que Manuel Zelaya fue un presidente pontificio, porque fue quien de mejor manera creó los puentes para unir a toda la sociedad hondureña organizada en su contra.
Pensaba que, de aquí a las elecciones programadas para el domingo 29 de noviembre, no habría necesidad de comentar cosa alguna al respecto, pero ayer, jueves 19, el Presidente Interino Micheletti hizo el anuncio de que dejará temporalmente el poder, del 25 de noviembre al 2 de diciembre, según él, para que sus connacionales se concentren en el proceso electoral y no en la crisis política, lo cual me obliga a pronunciarme al respecto, so pena de, en el futuro, por callarme, se piense que estuve de acuerdo con su actitud y la medida que está pretendiendo tomar.
El primer error que señalé, del breve gobierno de Micheletti, fue el decretar Estado de Sitio, el lunes 28 de septiembre, mediante el Decreto Ejecutivo PCM-M-016-2009, dejando en suspenso 5 importantes garantías constitucionales y ordenando el cierre de algunos medios de comunicación afines al derrocado Zelaya. Estamos claros que esta medida es legal, ya que fue tomada de conformidad con el artículo 187 de la Constitución hondureña, el cual contempla como una de las cinco causales que pueden justificar una medida de esta naturaleza, la perturbación grave de la paz. Lo que criticamos es que, políticamente, haya sido una medida conveniente. Nosotros estimamos que jamás debió cerrarse medio de comunicación alguno.
Ahora que Micheletti pretende retirarse temporalmente del poder, nos atrevemos a señalar esta medida como un segundo error de su gestión, por las siguientes razones:
- El proceso electoral no comenzó a raíz del Golpe de Estado de 28 de junio de 2009; fue convocado desde el 28 de mayo de 2009.
- La convocatoria a elecciones efectuada oportunamente por el Tribunal Supremo Electoral de Honduras no ha sido motivo de modificación alguna; es más, han sido tan firmes los hondureños defendiendo su proceso electoral que la pretensión de Oscar Arias, a través del denominado Acuerdo de San José, de modificar la fecha de las elecciones, fue declarada inconstitucional.
- Las elecciones de autoridades en Honduras no son convocadas por la Presidencia de la República sino por el mencionado TSE, el cual tiene a su cargo todo lo relativo a emisión de sufragio en ese país (la ingerencia de Manuel Zelaya en este campo, pretendiendo agregar una cuarta urna, es parte importante del problema).
- Así como he señalado que la Comunidad Internacional no le da legitimidad a un proceso electoral, también afirmo que tampoco se la da este o aquel funcionario en ejercicio. Sólo el pueblo hondureño, mediante el ejercicio del sufragio, le otorgará las credenciales de legitimidad que ningún país del mundo ni organización de países debiera poner en tela de duda.
- La presencia o no presencia del Presidente Interino en el despacho oficial, no le quita ni le pone al proceso en sí; solamente permite que se siga especulando alrededor de un tema en el cual el ex presidente Zelaya se había venido quedando solo.
- Desde mi particular punto de vista, el Presidente Interino Micheletti jamás habría podido permanecer firme, defendiendo los puntos de vista que ha defendido, sin el acompañamiento de la gran mayoría de instituciones, de personalidades y del pueblo hondureño; separarse del cargo en el momento crucial del proceso no le hace provecho a ninguna de las personas o instituciones que lo han acompañado, pero sí abre una brecha para generar más violencia (recordemos que ya ha habido asesinatos, hasta de un sobrino del Presidente Interino, y secuestros de altos jefes militares), lo cual obligaría al Presidente Interino a regresar antes del tiempo señalado, generando más oportunidad de crear zozobra alrededor de un proceso electoral que verdaderamente deseamos sea de lo más tranquilo para bien de todos.
Por el momento, y por que no se crea que deseo influir en los resultados electorales, me atrevo a decir que de todo esto hay sólo un ganador: El pueblo hondureño. Perdedores hay varios, entre ellos, Manuel Zelaya, condenado en el futuro a ser una figura internacional pero un paria en su propia tierra; Micheletti, porque teniendo aspiraciones y facultades para gobernar todo un período constitucional, lo hará por un tiempo limitado, siete meses menos un día.
Etiquetas:
Crisis Política,
Honduras,
Manuel Zelaya,
Roberto Micheletti
viernes, 13 de noviembre de 2009
¡¡¡¡¡ ME LLEVO MI PELOTA !!!!!
Cual niño rico y consentido por su mami, Manuel Zelaya, el que fuera Presidente de la República de Honduras hasta el 28 de junio de 2009, desautoriza lo actuado por sus propios delegados en la Comisión de Diálogo que suscribieran, junto con los delegados del gobierno de transición de Roberto Micheletti, el Acuerdo Guaymuras que contempla la instalación de una Comisión de Verificación, la constitución de un Gobierno de Unidad y Reconciliación, la solicitud para que el Congreso Nacional, en consulta con la Corte Suprema de Justicia y otras instancias, resuelva sobre una ficción jurídica que consiste en la posibilidad de retrotraer la situación de Manuel Zelaya al estado en que estaban las cosas antes del 28 de junio mencionado, el respaldo al Proceso de Elección de nuevas autoridades y la instalación, el año entrante, de la Comisión de la Verdad.
Es como ver a un niño regordete e inútil para jugar, pero dueño de la pelota, perseguirla hasta recuperarla y retirarse del campo de juegos, abrazándola, porque una decisión del árbitro le fue adversa. ¡Por favor!
Según entendemos, el proceso iniciado con el Acuerdo de Guaymuras está en marcha tal y como fue previsto. No se ha hecho absolutamente nada en contra del mismo, ni siquiera del calendario incompleto que contempla en su texto, como no sea haber dejado de instalar el Gobierno de Unidad y Reconciliación en la fecha prevista.
Ya se instaló la Comisión de Verificación; ya se tienen los candidatos para integrar el Gobierno de Unidad por todas las partes involucradas, a excepción de la de Manuel Zelaya, lo que ha ocasionado solicitudes (a nuestros ojos, ruegos), de parte del gobierno de transición, para que proponga a las personas que, a su juicio, podrían integrar dicho gobierno.
Ahora bien, el Acuerdo Guaymuras prevé que dicha instalación debió darse, a más tardar, el 5 de noviembre en curso (es decir, dicho acuerdo contempla la posibilidad de que se hubiera instalado antes de esa fecha). Si el 30 de octubre pasado se le entregó al Congreso hondureño la solicitud para entrar a conocer el tema, ¿cómo es posible que Manuel Zelaya haya remotamente pensado que, a más tardar el 5 de noviembre, con todo y el fin de semana de por medio, el mismo iba a solicitar la opinión de la Corte Suprema de Justicia y de"las instancias que considere pertinentes...", a recibir los informes de dichas instancias, a reunirse para inmediatamente resolver nombrarlo para que él y solamente él pudiese instalar al mencionado Gobierno de Unidad y Reconciliación? ¡Otra vez: por favor!
Ahora despotrica en contra de Estados Unidos y su cambiante política con relación a su caso, dice.
Ya es hora de que el mundo, en manos de algunos líderes ideologizados, abran los ojos con relación a esta otra manipulación, y le brinden a Honduras y a los hondureños el respeto que se merecen. Se los he venido cantando por este medio: Manuel Zelaya es un sociópata.
El Acuerdo de Guaymuras, como no sea la concesión de Roberto Micheletti de andar esperando que a Manuel Zelaya se le dé la gana nombrar sus delegados para constituir el Gobierno de Unidad y Reconciliación, ha venido siendo cumplido por quienes ejercen el gobierno, por las demás instituciones hondureñas involucradas y por la sociedad civil.
Ojalá las personas sensatas del mundo sí comprendan mejor que los líderes que los representan en el mundo la incómoda situación en que, innecesariamente, siguen poniendo a Honduras y a los hondureños.
Es como ver a un niño regordete e inútil para jugar, pero dueño de la pelota, perseguirla hasta recuperarla y retirarse del campo de juegos, abrazándola, porque una decisión del árbitro le fue adversa. ¡Por favor!
Según entendemos, el proceso iniciado con el Acuerdo de Guaymuras está en marcha tal y como fue previsto. No se ha hecho absolutamente nada en contra del mismo, ni siquiera del calendario incompleto que contempla en su texto, como no sea haber dejado de instalar el Gobierno de Unidad y Reconciliación en la fecha prevista.
Ya se instaló la Comisión de Verificación; ya se tienen los candidatos para integrar el Gobierno de Unidad por todas las partes involucradas, a excepción de la de Manuel Zelaya, lo que ha ocasionado solicitudes (a nuestros ojos, ruegos), de parte del gobierno de transición, para que proponga a las personas que, a su juicio, podrían integrar dicho gobierno.
Ahora bien, el Acuerdo Guaymuras prevé que dicha instalación debió darse, a más tardar, el 5 de noviembre en curso (es decir, dicho acuerdo contempla la posibilidad de que se hubiera instalado antes de esa fecha). Si el 30 de octubre pasado se le entregó al Congreso hondureño la solicitud para entrar a conocer el tema, ¿cómo es posible que Manuel Zelaya haya remotamente pensado que, a más tardar el 5 de noviembre, con todo y el fin de semana de por medio, el mismo iba a solicitar la opinión de la Corte Suprema de Justicia y de"las instancias que considere pertinentes...", a recibir los informes de dichas instancias, a reunirse para inmediatamente resolver nombrarlo para que él y solamente él pudiese instalar al mencionado Gobierno de Unidad y Reconciliación? ¡Otra vez: por favor!
Ahora despotrica en contra de Estados Unidos y su cambiante política con relación a su caso, dice.
Ya es hora de que el mundo, en manos de algunos líderes ideologizados, abran los ojos con relación a esta otra manipulación, y le brinden a Honduras y a los hondureños el respeto que se merecen. Se los he venido cantando por este medio: Manuel Zelaya es un sociópata.
El Acuerdo de Guaymuras, como no sea la concesión de Roberto Micheletti de andar esperando que a Manuel Zelaya se le dé la gana nombrar sus delegados para constituir el Gobierno de Unidad y Reconciliación, ha venido siendo cumplido por quienes ejercen el gobierno, por las demás instituciones hondureñas involucradas y por la sociedad civil.
Ojalá las personas sensatas del mundo sí comprendan mejor que los líderes que los representan en el mundo la incómoda situación en que, innecesariamente, siguen poniendo a Honduras y a los hondureños.
sábado, 7 de noviembre de 2009
LA LECTURA DEL ACUERDO GUAYMURAS. INTERPRETACIÓN JURÍDICA-POLÍTICA-SOCIOLÓGICA.
El "Diálogo Guaymuras Acuerdo Tegucigalpa/San José" está escrito en 4 páginas de papel bond tamaño carta, más una adicional que contiene las firmas. Consta de 12 puntos, de los cuales uno, el número 9, es un calendario. Cualquiera que opine con seriedad sobre lo que hoy sucede en Honduras debe leer el documento; si no, como dicen los mismos hondureños, estaría "hablando papadas" (babosadas, en buen chapín; tonterías, para que me entiendan en España).
El papel que hoy está jugando la prensa, tanto la internacional que suele nutrir nuestros medios escritos, radiales y televisivos, como los enviados de prensa nacionales a cubrir la fuente, deja mucho que desear precisamente porque ignoran el documento.
Le han hecho caer el mundo encima a Roberto Micheletti (a quien se empeñan en denominar Presidente de facto y, a su gobierno, gobierno de facto, lo que significa una condena a priori cuando su función es la de informar), por la conformación del Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional, que es el primer punto del documento suscrito por los delegados del gobierno de transición y del depuesto presidente Manuel Zelaya.
Dicho punto establece, efectivamente, que se conformará un gobierno de esa naturaleza, "...integrado por representantes de los diversos partidos políticos y organizaciones sociales, reconocidos por su capacidad, honorabilidad, idoneidad y voluntad para dialogar, quienes ocuparán las distintas Secretarías y Subsecretarías así como otras dependencias del Estado, de conformidad con el artículo 246 y siguientes de la Constitución de la República de Honduras" (las palabras en negrita así vienen en el documento suscrito).
Sobre la conformación del gabinete y conforme al espíritu de las líneas anteriores, podemos decir lo siguiente:
Primero: las partes, al suscribir el Acuerdo, establecen su intención no sólo de conformar un gobierno de unidad sino que cumpla con la función de reconciliar a la sociedad hondureña, dándole una dualidad que no todos los gabinetes de mundo tienen: la de administrar la "res pública" y la de encaminar al país hacia una reconciliación que todos anhelan.
Segundo: los suscriptores del acuerdo, que eran delegados tan sólo de dos partes, en la búsqueda de las personas idóneas para ocupar los cargos, establecen un espectro que no se limita a esas dos partes sino a todos los partidos políticos y a las organizaciones sociales. Honduras es un país bipartidista en donde, según mi experiencia, si gana las elecciones el Partido Nacional, gobiernan los nacionales o "cachurecos"; si gana el Partido Liberal, gobiernan los liberales o "colorados"; de tal manera que este acuerdo así debe entenderse: el gabinete no estará conformado por personas de un solo partido político (que es lo tradicional); es más, se abre la posibilidad para que personas provenientes de las organizaciones sociales, y no sólo de los partidos políticos, gobiernen, administren la cosa pública y ayuden a buscar esa reconciliación que tanto anhelan.
Tercero: los mencionados suscriptores del Acuerdo no sólo abren la posibilidad descrita en el párrafo anterior, sino la califican: no puede ser cualquiera, tiene que ser alguien que tenga no sólamente una de las características, sino el conjunto de características que el punto primero del Acuerdo establece (aunque el texto es confuso, ya que en unas partes hace ver que no son doce puntos de un Acuerdo sino doce acuerdos). Es decir, no puede conformar el gabinete o ser parte de ese Gobierno de Unidad, alguien que tenga reconocida capacidad pero que su honorabilidad sea discutible; o que tenga voluntad para dialogar pero no sea idóneo, o que sea el más honorable de todos pero un perfecto incapaz. Quienes conformen ese pequeño grupo de personas que administrarán la cosa pública y, a la vez buscarán la reconciliación, tienen forzosamente que cumplir con todas las características acordadas.
Cuarto: quienes suscribieron el acuerdo al cual nos venimos refiriendo, no se limitan a hablar del gabinete, palabra que se utiliza para referirse a los colaboradores más cercanos del Presidente de la República, sean Ministros o Secretarios, como en el presente caso; el acuerdo menciona Gobierno de Unidad y Reconciliación y el texto lo amplía a otras dependencias del Estado que no sean las Secretarías o Subsecretarías de Estado.
El texto del punto uno del Acuerdo mezcla, en su segundo párrafo, lo relacionado con la falta de aprobación del Presupuesto General de Ingresos y Egresos, al 28 de junio pasado, e indica que el Gobierno de Unidad y Reconciliación respetará y funcionará sobre la base del recientemente aprobado por el Congreso Nacional, lo cual no tiene mucho que ver con lo que estamos analizando pero da una idea del caos institucional en que Manuel Zelaya tenía a Honduras mientras ejerció la Presidencia de la República.
Los siguientes puntos del Acuerdo Guaymuras son de vital importancia para Honduras y la resolución de su crisis política, pero no nos sirven para efectos del análisis que hoy deseamos efectuar. Se refieren a la Reuncia a Convocar a una Asamblea Nacional Consituyente o a reformar la Constitución en lo irreformable, que es la génesis del problema; sobre la situación de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional; sobre la creación de una Comisión de la Verdad; sobre la normalización de las relaciones internacionales; agradecimientos y consideraciones sobre la entrada en vigencia del mismo.
En esos puntos dispersos hay otros elementos que, para efectos de nuestro análisis, el cual hacemos conforme a los últimos sucesos que consisten en la conformación de lo que la prensa ha denominado el Gabinete de Reconciliación Nacional bajo la dirección del Presidente de facto (el mismo Congreso Nacional lo denominó de transición), Roberto Micheletti, vale la pena destacar, haciendo ver que la interpretación del Acuerdo de Guaymuras debe hacerse, precisamente, integrando sus diferentes partes. En este punto vale destacar que pensamos que, a la interpretación del Acuerdo, le son aplicables algunos de los Principios que rigen para la interpretación de los Tratados: la buena fe (pacta sund servanda), el sentido corriente de los términos, el contexto (aquí se incluye lo que dice el preámbulo), su objeto y fin, sobre la no obligatoriedad cuando no ha habido consentimiento (para lo que corresponde al Congreso Nacional, a la CSJ y otras instituciones), etcétera.
Primeramente nos referiremos a que ambas partes acordaron, en el punto 3, respetar el proceso electoral, y hacen un llamado al puebo hondureño para que participe pacíficamente en dichas elecciones, instando al Tribunal Supremo Electoral a que autorice y acredite misiones internacionales, tanto durante el proceso de elección hasta la declaratoria del resultado, como durante el traspaso de poderes en enero de 2010. Ahora es lamentable volver a leer declaraciones en el sentido contrario, cuando los electores hondureños deben ser el objeto del mayor respeto, comenzando por cualquier expresidente de la República.
El punto 5 del Acuerdo es el que establece que sea el Congreso Nacional el que decida, no sobre la restitución de Manuel Zelaya al poder, sino acerca de "retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental..."; es decir, no le solicita al Congreso Nacional, simplemente establece que ese es el acuerdo y que está dentro de las facultades del mismo; no habla de restitución sino de retrotraer el estado de las cosas a como estaban en determinada fecha, lo cual es una ficción jurídica entendible; jamás se habla de la Presidencia de la República sino del Poder Ejecutivo pero, para efectos prácticos, así debe entenderse. Recalco aquí que el acuerdo de las partes fue sin la intervención del Congreso Nacional por lo que, en sentido jurídico verdaderamente estricto, no está obligado a tomar una resolución al respecto, aunque es aconsejable, políticamente, que sí lo haga, sea en el sentido que sea y conforme a la conciencia de cada diputado.
Es este mismo punto 5 el que establece, y así lo firmaron las partes, que la decisión de esta ficción jurídica a la que nos referimos, la hará el Congreso Nacional "...en uso de sus facultades, en consulta con las instancias que considere pertinentes como la Corte Suprema de Justicia y conforme a ley...". Estas palabras merecen un pequeño análisis:
Primero: si el Congreso Nacional establece que no tiene facultades para retrotraer el estado de las cosas a como estaban el 28 de junio de 2009, está en su derecho de hacerlo y no por eso tendría que seguir causando caos el señor Zelaya; simplemente tendría que acatar lo resuelto, como estoy seguro lo acatará el señor Micheletti si le es adverso dicho fallo.
Recordemos que un acuerdo político tiene que estar enmarcado en la ley, y si el marco legal no da para el mejor acuerdo político, lo que significa es que se está violentando nuevamente la ley. No me atrevo a afirmar, tajantemente, que el Congreso Nacional de Honduras no tiene facultades legales para el presente caso; sólo menciono que tengo dudas de que las tenga y que lo que digo es que puede suceder que así se declare, lo cual no invalidaría el resto del Acuerdo, es decir, continuaría en ejercicio del poder, o el señor Micheletti o quien el Congreso Nacional designe (que eso sí estoy seguro de que sí tiene facultades legales para hacerlo), presidiendo un Gobierno de Unidad y Reconciliación hasta entregar el poder el 27 de enero de 2010.
Segundo: en este delicado caso los suscriptores del Acuerdo Guaymuras ya intuían el necesario acompañamiento, mediante la emisión de opinión, de la Corte Suprema de Justicia, quien tampoco está jurídicamente obligada por el Acuerdo a emitirla, aunque desconozco si está obligada conforme a la ley interna de Honduras, media vez fue solicitada por el Congreso Nacional; este último ha decidido, además, consultar las opiniones de otras instituciones, y es una facultad que se viene discutiendo por los zelayistas, pero que consideramos no sólo totalmente válida sino fundamentalmente necesaria, además de que sus delegados así lo establecieron en el Acuerdo.
También se viene cuestionando que el Congreso solicitó la opinión de dicha Corte Suprema sin ponerle plazo para que responda. ¿Se les olvida a estos críticos que la Corte Suprema representa a otro de los poderes del Estado, el Judicial, y que no está supeditada al Congreso Nacional? Yo sugiero que estos críticos tengan calma, porque estimamos que la CSJ no va a obviar la emisión de tan importante opinión. Ahora bien, la opinión de una CSJ no debe ser política sino eminentemente jurídica; recordemos que Manuel Zelaya no es precisamente un angelito y que fueron meses de violar repetidamente la Constitución y las leyes ordinarias de su país, al grado que uno de los puntos fundamentales del Acuerdo es que ya no se intentará modificar los artículos irreformables de dicha Constitución. Personalmente creo que la CSJ, si no emite una opinión política para quedar bien con la mal llamada "Comunidad Internacional", y emite una con carácter estrictamente jurídico, la misma será negativa, en tres sentidos: uno, que esa ficción jurídica a la que nos referimos es eso, simplemente una ficción que no es posible respaldar con seriedad por las Instituciones Públicas; dos, que el Congreso Nacional no tiene facultades legales para llevar a cabo el mencionado acto; tres, que la persona del señor Manuel Zelaya, mientras no tenga un indulto o se haya decretado una amnistía, lo cual no se ha dado en este caso, sigue siendo sujeto de persecución penal y, por ende, inelegible para ocupar un cargo de esta naturaleza. El Acuerdo Guaymuras no establece indulto ni amnistía alguna porque la Comisión de Diálogo no tiene facultades para otorgar cualquiera de esas medidas, pero tampoco solicita algo al respecto; es más, lejos de éllo, establece la creación de la Comisión de la Verdad, como veremos adelante.
También establece el Acuerdo, en el punto 6, la creación de dos Comisiones, la de Verificación, que ya se conformó con dos delegados internacionales y dos nacionales, uno por el grupo en el poder y otro designado por el expresidente Zelaya, coordinada por la injerente OEA, encargada de dar fe del estricto cumplimiento de dicho Acuerdo, lo cual no viene haciendo, sino criticando, como siempre, razón por la cual nos tomamos la molestia de hacer este análisis, un poco largo tal vez, pero necesario para explicar que no ha habido rompimiento del mismo más que por parte de quienes se comprometen, por un lado, pero no dejan de sabotear todo el proceso desde la palestra que les brindan los medios de comunicación que los hacen sentir famosos.
El peligro en ciernes que podría complicar más las cosas para Honduras es que la Comisión de Verificación tiene facultades para declarar el incumplimiento comprobado del Acuerdo, lo cual "producirá la activación de medidas que establecerá la Comisión para el transgresor o los transgresores" y, conforme lo que hemos venido viendo, el bando de Zelaya y de la mal denominada "Comunidad Internacional", sólo han demostrado saber leer para la izquierda, lo cual es, hasta cierto punto, entendible para el primero, pero no para la segunda, que debe ser totalmente imparcial, objetiva, creíble.
Confiamos en que prive el buen sentido y la hombría de bien de don Ricardo Lagos, ex Presidente de Chile a quien tuve el gusto de conocer en un viaje que hizo a Guatemala a principios de los años 1990's. Su trayectoria de muchos años no se puede ver manchada por favorecer, a contrapelo, a quien tiene a su propio país sumido en un caos que pudo no ser. Igual esperanza tenemos de la señora Hilda Solís, quien tiene una sólida y prolongada formación y, entendemos, ha colaborado con el tema de la violencia de género en Guatemala. Es grato que una mujer acompañe al expresidente Lagos; siendo una persona con potencial futuro político, confiamos en su experiencia y en la objetividad que pueda demostrar, lo cual le puede ayudar muchísimo a consolidar su reputación.
Ojalá sepan ver, los dos miembros de la "Comunidad Internacional" de la Comisión de Verificación, que la interpretación del Acuerdo de Guaymuras tiene que estar apegado a la Constitución y a las leyes hondureñas (punto 8 del Acuerdo) y es integral, no por partes. Ambos representan gobiernos de izquierda respetados y respetables. ¡Que Dios proporcione inspiración y serenidad a sus cabezas y ánimo a sus corazones!
El punto 6 al cual ya nos hemos referido contempla, además, la conformación de la Comisión de la Verdad, pidiendo al próximo gobierno que la conforme en el primer semestre del año entrante. Lo menciono porque, como mencioné, el Acuerdo que suscribió la Comisión de Diálogo, conocido como de Guaymuras, no contempla perdón, amnistía ni indulto alguno, y es factible que el año entrante se conforme esta Comisión por personas "Notables" que, al finalizar su comisión, establezcan las violaciones a la Constitución y las personas que han transgredido la Ley, desde los simples soldados que obedecieron órdenes, los altos mandos militares, como jueces, diputados, embajadores, secretarios y el mismo Presidente de la República. Es aquí en donde está ligado el tema del indulto o de la amnistía, la persecución penal de oficio mientras no haya uno u otra, la opinión de la CSJ, todo en el ámbito jurídico, para llegar, finalmente, al campo político, la resolución del Congreso Nacional, que pueda estar basada en la opinión jurídica de la CSJ.
El punto 9 es interesante de analizar porque contiene el Calendario de Cumplimiento de los Acuerdos, el cual desarrolla únicamente 5 puntos: 30 de octubre de 2009: suscripción y entrada en vigencia del Acuerdo y entrega formal del mismo al Congreso "para los efectos del Punto 5, 'Del Poder Ejecutivo' "; 2 de noviembre, conformación de la Comisión de Verificación; "A partir de la suscripción del presente Acuerdo y hasta el 5 de noviembre... Conformación e instalación del Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional"; 27 de enero de 2010: celebración del traspaso de gobierno; primer semestre de 2010: instalación de la Comisión de la Verdad.
Es decir, según mi leal saber y entender, Zelaya no ha violado el Acuerdo al hacer sus pataletas porque no lo han restituido, como no sea lo que mencionaré más adelante. El punto es que, emberrinchado porque no lo han restituido (que eso no fue lo acordado), no ha querido proponer personas de su confianza que cumplan con la idoneidad, honorabilidad, etc., para conformar el Gobierno de Unidad y Reconciliación.
Quien sí ha violado el Acuerdo al pasarse de la fecha límite sin conformarlo, haciéndole llamados a Manuel Zelaya para que proponga personas, es Roberto Micheletti, pero no ha violado acuerdo alguno al presidir dicho gobierno, el cual, si la CSJ y las demás instituciones consultadas emiten opinión favorable para aprobar la ficción jurídica de retrotraer las cosas al estado en que estaban el 28 de junio, y el Congreso Nacional así lo decide, podría pasar a ser presidido por Manuel Zelaya. Esto nos obliga a hacer otra consideración: es que, si Manuel Zelaya es "retrotraído" al estado en que estaban las cosas al 28 de junio de 2009, lo único que no podrá retrotraerse, porque eso es lo acordado, es el Gobierno de Unidad y Reconciliación, es decir, los funcionarios, hombres y mujeres, que hoy, bajo la presidencia interina de Micheletti, entren a conformarlo.
Zelaya, como decimos, emberrinchado porque no le dan el poder, cuando eso no fue lo acordado, no propone a su propia gente, en el supuesto de que cumplan con los cuatro requisitos que el Acuerdo señala, para formar parte de ese Gobierno de Unidad. Si por azares del destino la CSJ y las demás insituciones consultadas emiten opinión favorable para "retrotraer" las cosas, y el Congreso Nacional efectivamente las retrotrae al 28 de junio, en teoría, Zelaya tendría que presidir el Gobierno de Unidad y Reconciliación que en estos días se forme, sin allegados suyos. Conociendo su estilo de "rompe y rasga", con seguridad haría caso omiso de esa parte fundamental del Acuerdo, despidiendo a todas las personas que hoy acuden a conformar gobierno bajo circunstancias adversas y nombrando sólamente personas de su confianza, con lo cual se aseguraría la crisis política hasta el 27 de enero de 2010, por lo menos (que cada quién interprete esas últimas tres palabras).
Es decir, entendemos que la Comisión de Diálogo que suscribió el Acuerdo de Guaymuras privilegió el Gobierno de Unidad y Reconciliación, el cual puede ser presidido, desde la óptica de dicho Acuerdo, por Zelaya o por Micheletti, lo cual hace mucho sentido. Lamentablemente, Manuel Zelaya, que mal estudió ingeniería y que de leyes no sabe nada, con su empecinamiento demuestra que no sabe leer textos legales, entiende del acuerdo suscrito por su propia gente que debe restituírsele inmediatamente, lo cual no fue pactado, privilegiándose a sí mismo, no al país, y con él se pasa llevando a sus propios delegados a quienes, con esa actitud, demuestra no respetar, y arrastra a esa pléyade de pericos que, igual que él, no pueden leer y estudiar por sí mismos sino se dedican a repetir las tonterías o "papadas" de su líder.
Los delegados de Zelaya establecieron, de acuerdo con su contraparte, el calendario al cual nos hemos referido. No le pone tiempo límite a la CSJ para emitir la opinión que ellos mismos mencionan, ni se lo ponen al Congreso Nacional para fallar, lo cual ahora critican.
Creemos que si la intención de las partes hubiese sido reinstalar en la Presidencia de la República a Manuel Zelaya, así lo habrían dicho y lo hubieran establecido en un calendario. Ésa ha de haber sido la intención de los delegados de Zelaya, pero su insistencia e intransigencia en el tema habría llevado a no firmarse acuerdo alguno.
El Acuerdo de Guaymuras lo que hace es quitarle, a las dos partes más encontradas hasta entonces (porque son múltiples y no limitadas a éllas) dentro de la crisis política, las representadas por Manuel Zelaya y por Roberto Micheletti, la posibilidad de decidir por ellas mismas.
Dado que la "Comunidad Internacional" no tiene ingerencia para decidir el fondo del asunto y, aunque quisiera y así lo ha manifestado a través de José Miguel Insulza, que Zelaya fuese restituido inmediatamente, no lo pueden hacer, lo que ambas partes acordaron fue pasarle la brasa de la decisión política al Congreso de la República, el mismo que, con anterioridad y por unanimidad de votos presentes (123 de 128 diputados), eligió para sustituir a Manuel Zelaya a Roberto Micheletti.
El expresidente Zelaya incumple el Acuerdo de Guaymuras en el punto 10, cuyo primer párrafo transcribo: "En nombre de la reconciliación y el espíritu patriótico que nos ha convocado ante la mesa de diálogo, nos comprometemos a cumplir de buena fe el presente Acuerdo, y lo que de él se derive." (sic.). ¿De qué sirve enviar delegados, discutir con madurez, llegar a acuerdos, suscribirlos, publicitarlos y comenzar todo un proceso que involucra tiempos, Corte Suprema de Justicia, Congreso de la República y otras insituciones, si después desacreditamos todo lo acordado por los delegados y, para terminarla de amolar, no entendemos ni los tiempos pactados?
¿Cuál es el papel que viene cumpliendo la prensa que se llama independiente, si en lugar de informarnos de lo que sucede, casi todo lo que nos envía son notas plagadas de opiniones, la mayoría de las veces ideologizadas?
Se requiere, en estos momentos en que el Comandante Daniel Ortega, el Presidente de Nicaragua, pareciera que ha prendido nuevamente la mecha de la guerra civil en su país, que el apoyo de la prensa, la "Comunidad Internacional", no se dé hacia uno de los bandos, sino hacia Honduras y sus Instituciones, sean objetivos con el peso que dan la razón, la legalidad y el sentido común. Si las partes pactaron un proceso que está en marcha, hay que respaldarlo totalmente, no minarlo.
Las notas de prensa más desastrosas, quién sabe si previendo que Manuel Zelaya, el bando por el cual han optado traicionando a sus lectores en su objetividad e imparcialidad, no va a ser restituido, ahora dicen que el Congreso de Honduras responde sólo a la oligarquía. ¡Por favor! Todos los Congresos o Parlamentos del mundo representan lo variada que pueda ser su sociedad, el conglomerado humado al cual representan. Dado que los diputados llegan a representar a los ciudadanos mediante el voto de todos, esa aseveración implicaría una de dos cosas: o que la mayoría de votantes hondureños conforman esa oligarquía y que votan por sus representantes más oligarcas, o que la mayoría de votantes hondureños son idiotas, ya que ejercen su sufragio en función de lo que los verdaderos oligarcas del país les indican. ¡Qué desconocimiento de Honduras! Ese país es el de los ciudadanos de mayor sentido político del hemisferio y, de repente, de muchas partes del mundo. En Honduras hasta los niños opinan de futbol y de política, los jóvenes se involucran en movimientos de esa naturaleza que son el verdadero semillero de los futuros líderes del país, las mujeres tienen la mayor participación política de los países de América que conozco, y llegan a viejos hablando de la bandera política que ya enarbolan sus nietos y bisnietos. ¡Eso no se da en ningún otro país que yo conozca!
Por mi parte, aunque estoy convencido que los problemas políticos de Honduras fueron ocasionados por la megalomanía, la sociopatía, el autoritarismo y la prepotencia de una persona, si el Congreso Nacional de Honduras decide que el Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional ya no lo deberá seguir presidiendo Roberto Micheletti sino Manuel Zelaya, estoy dispuesto a manifestar, desde hoy, mi apoyo a dicha decisión, ya que va en la línea que siempre he venido sosteniendo. Es una solución acordada y resuelta por hondureños. Eso sí, deberá respetar la conformación que se haga de ese Gobierno de Unidad y Reconciliación.
Esperamos que este análisis que hemos efectuado sea de alguna utilidad para quienes, desde afuera, se interesan verdaderamente por el presente caso, y que aporte algunas luces para el entendimiento, con alguna seriedad, de las diferentes aristas del mismo.
El papel que hoy está jugando la prensa, tanto la internacional que suele nutrir nuestros medios escritos, radiales y televisivos, como los enviados de prensa nacionales a cubrir la fuente, deja mucho que desear precisamente porque ignoran el documento.
Le han hecho caer el mundo encima a Roberto Micheletti (a quien se empeñan en denominar Presidente de facto y, a su gobierno, gobierno de facto, lo que significa una condena a priori cuando su función es la de informar), por la conformación del Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional, que es el primer punto del documento suscrito por los delegados del gobierno de transición y del depuesto presidente Manuel Zelaya.
Dicho punto establece, efectivamente, que se conformará un gobierno de esa naturaleza, "...integrado por representantes de los diversos partidos políticos y organizaciones sociales, reconocidos por su capacidad, honorabilidad, idoneidad y voluntad para dialogar, quienes ocuparán las distintas Secretarías y Subsecretarías así como otras dependencias del Estado, de conformidad con el artículo 246 y siguientes de la Constitución de la República de Honduras" (las palabras en negrita así vienen en el documento suscrito).
Sobre la conformación del gabinete y conforme al espíritu de las líneas anteriores, podemos decir lo siguiente:
Primero: las partes, al suscribir el Acuerdo, establecen su intención no sólo de conformar un gobierno de unidad sino que cumpla con la función de reconciliar a la sociedad hondureña, dándole una dualidad que no todos los gabinetes de mundo tienen: la de administrar la "res pública" y la de encaminar al país hacia una reconciliación que todos anhelan.
Segundo: los suscriptores del acuerdo, que eran delegados tan sólo de dos partes, en la búsqueda de las personas idóneas para ocupar los cargos, establecen un espectro que no se limita a esas dos partes sino a todos los partidos políticos y a las organizaciones sociales. Honduras es un país bipartidista en donde, según mi experiencia, si gana las elecciones el Partido Nacional, gobiernan los nacionales o "cachurecos"; si gana el Partido Liberal, gobiernan los liberales o "colorados"; de tal manera que este acuerdo así debe entenderse: el gabinete no estará conformado por personas de un solo partido político (que es lo tradicional); es más, se abre la posibilidad para que personas provenientes de las organizaciones sociales, y no sólo de los partidos políticos, gobiernen, administren la cosa pública y ayuden a buscar esa reconciliación que tanto anhelan.
Tercero: los mencionados suscriptores del Acuerdo no sólo abren la posibilidad descrita en el párrafo anterior, sino la califican: no puede ser cualquiera, tiene que ser alguien que tenga no sólamente una de las características, sino el conjunto de características que el punto primero del Acuerdo establece (aunque el texto es confuso, ya que en unas partes hace ver que no son doce puntos de un Acuerdo sino doce acuerdos). Es decir, no puede conformar el gabinete o ser parte de ese Gobierno de Unidad, alguien que tenga reconocida capacidad pero que su honorabilidad sea discutible; o que tenga voluntad para dialogar pero no sea idóneo, o que sea el más honorable de todos pero un perfecto incapaz. Quienes conformen ese pequeño grupo de personas que administrarán la cosa pública y, a la vez buscarán la reconciliación, tienen forzosamente que cumplir con todas las características acordadas.
Cuarto: quienes suscribieron el acuerdo al cual nos venimos refiriendo, no se limitan a hablar del gabinete, palabra que se utiliza para referirse a los colaboradores más cercanos del Presidente de la República, sean Ministros o Secretarios, como en el presente caso; el acuerdo menciona Gobierno de Unidad y Reconciliación y el texto lo amplía a otras dependencias del Estado que no sean las Secretarías o Subsecretarías de Estado.
El texto del punto uno del Acuerdo mezcla, en su segundo párrafo, lo relacionado con la falta de aprobación del Presupuesto General de Ingresos y Egresos, al 28 de junio pasado, e indica que el Gobierno de Unidad y Reconciliación respetará y funcionará sobre la base del recientemente aprobado por el Congreso Nacional, lo cual no tiene mucho que ver con lo que estamos analizando pero da una idea del caos institucional en que Manuel Zelaya tenía a Honduras mientras ejerció la Presidencia de la República.
Los siguientes puntos del Acuerdo Guaymuras son de vital importancia para Honduras y la resolución de su crisis política, pero no nos sirven para efectos del análisis que hoy deseamos efectuar. Se refieren a la Reuncia a Convocar a una Asamblea Nacional Consituyente o a reformar la Constitución en lo irreformable, que es la génesis del problema; sobre la situación de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional; sobre la creación de una Comisión de la Verdad; sobre la normalización de las relaciones internacionales; agradecimientos y consideraciones sobre la entrada en vigencia del mismo.
En esos puntos dispersos hay otros elementos que, para efectos de nuestro análisis, el cual hacemos conforme a los últimos sucesos que consisten en la conformación de lo que la prensa ha denominado el Gabinete de Reconciliación Nacional bajo la dirección del Presidente de facto (el mismo Congreso Nacional lo denominó de transición), Roberto Micheletti, vale la pena destacar, haciendo ver que la interpretación del Acuerdo de Guaymuras debe hacerse, precisamente, integrando sus diferentes partes. En este punto vale destacar que pensamos que, a la interpretación del Acuerdo, le son aplicables algunos de los Principios que rigen para la interpretación de los Tratados: la buena fe (pacta sund servanda), el sentido corriente de los términos, el contexto (aquí se incluye lo que dice el preámbulo), su objeto y fin, sobre la no obligatoriedad cuando no ha habido consentimiento (para lo que corresponde al Congreso Nacional, a la CSJ y otras instituciones), etcétera.
Primeramente nos referiremos a que ambas partes acordaron, en el punto 3, respetar el proceso electoral, y hacen un llamado al puebo hondureño para que participe pacíficamente en dichas elecciones, instando al Tribunal Supremo Electoral a que autorice y acredite misiones internacionales, tanto durante el proceso de elección hasta la declaratoria del resultado, como durante el traspaso de poderes en enero de 2010. Ahora es lamentable volver a leer declaraciones en el sentido contrario, cuando los electores hondureños deben ser el objeto del mayor respeto, comenzando por cualquier expresidente de la República.
El punto 5 del Acuerdo es el que establece que sea el Congreso Nacional el que decida, no sobre la restitución de Manuel Zelaya al poder, sino acerca de "retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental..."; es decir, no le solicita al Congreso Nacional, simplemente establece que ese es el acuerdo y que está dentro de las facultades del mismo; no habla de restitución sino de retrotraer el estado de las cosas a como estaban en determinada fecha, lo cual es una ficción jurídica entendible; jamás se habla de la Presidencia de la República sino del Poder Ejecutivo pero, para efectos prácticos, así debe entenderse. Recalco aquí que el acuerdo de las partes fue sin la intervención del Congreso Nacional por lo que, en sentido jurídico verdaderamente estricto, no está obligado a tomar una resolución al respecto, aunque es aconsejable, políticamente, que sí lo haga, sea en el sentido que sea y conforme a la conciencia de cada diputado.
Es este mismo punto 5 el que establece, y así lo firmaron las partes, que la decisión de esta ficción jurídica a la que nos referimos, la hará el Congreso Nacional "...en uso de sus facultades, en consulta con las instancias que considere pertinentes como la Corte Suprema de Justicia y conforme a ley...". Estas palabras merecen un pequeño análisis:
Primero: si el Congreso Nacional establece que no tiene facultades para retrotraer el estado de las cosas a como estaban el 28 de junio de 2009, está en su derecho de hacerlo y no por eso tendría que seguir causando caos el señor Zelaya; simplemente tendría que acatar lo resuelto, como estoy seguro lo acatará el señor Micheletti si le es adverso dicho fallo.
Recordemos que un acuerdo político tiene que estar enmarcado en la ley, y si el marco legal no da para el mejor acuerdo político, lo que significa es que se está violentando nuevamente la ley. No me atrevo a afirmar, tajantemente, que el Congreso Nacional de Honduras no tiene facultades legales para el presente caso; sólo menciono que tengo dudas de que las tenga y que lo que digo es que puede suceder que así se declare, lo cual no invalidaría el resto del Acuerdo, es decir, continuaría en ejercicio del poder, o el señor Micheletti o quien el Congreso Nacional designe (que eso sí estoy seguro de que sí tiene facultades legales para hacerlo), presidiendo un Gobierno de Unidad y Reconciliación hasta entregar el poder el 27 de enero de 2010.
Segundo: en este delicado caso los suscriptores del Acuerdo Guaymuras ya intuían el necesario acompañamiento, mediante la emisión de opinión, de la Corte Suprema de Justicia, quien tampoco está jurídicamente obligada por el Acuerdo a emitirla, aunque desconozco si está obligada conforme a la ley interna de Honduras, media vez fue solicitada por el Congreso Nacional; este último ha decidido, además, consultar las opiniones de otras instituciones, y es una facultad que se viene discutiendo por los zelayistas, pero que consideramos no sólo totalmente válida sino fundamentalmente necesaria, además de que sus delegados así lo establecieron en el Acuerdo.
También se viene cuestionando que el Congreso solicitó la opinión de dicha Corte Suprema sin ponerle plazo para que responda. ¿Se les olvida a estos críticos que la Corte Suprema representa a otro de los poderes del Estado, el Judicial, y que no está supeditada al Congreso Nacional? Yo sugiero que estos críticos tengan calma, porque estimamos que la CSJ no va a obviar la emisión de tan importante opinión. Ahora bien, la opinión de una CSJ no debe ser política sino eminentemente jurídica; recordemos que Manuel Zelaya no es precisamente un angelito y que fueron meses de violar repetidamente la Constitución y las leyes ordinarias de su país, al grado que uno de los puntos fundamentales del Acuerdo es que ya no se intentará modificar los artículos irreformables de dicha Constitución. Personalmente creo que la CSJ, si no emite una opinión política para quedar bien con la mal llamada "Comunidad Internacional", y emite una con carácter estrictamente jurídico, la misma será negativa, en tres sentidos: uno, que esa ficción jurídica a la que nos referimos es eso, simplemente una ficción que no es posible respaldar con seriedad por las Instituciones Públicas; dos, que el Congreso Nacional no tiene facultades legales para llevar a cabo el mencionado acto; tres, que la persona del señor Manuel Zelaya, mientras no tenga un indulto o se haya decretado una amnistía, lo cual no se ha dado en este caso, sigue siendo sujeto de persecución penal y, por ende, inelegible para ocupar un cargo de esta naturaleza. El Acuerdo Guaymuras no establece indulto ni amnistía alguna porque la Comisión de Diálogo no tiene facultades para otorgar cualquiera de esas medidas, pero tampoco solicita algo al respecto; es más, lejos de éllo, establece la creación de la Comisión de la Verdad, como veremos adelante.
También establece el Acuerdo, en el punto 6, la creación de dos Comisiones, la de Verificación, que ya se conformó con dos delegados internacionales y dos nacionales, uno por el grupo en el poder y otro designado por el expresidente Zelaya, coordinada por la injerente OEA, encargada de dar fe del estricto cumplimiento de dicho Acuerdo, lo cual no viene haciendo, sino criticando, como siempre, razón por la cual nos tomamos la molestia de hacer este análisis, un poco largo tal vez, pero necesario para explicar que no ha habido rompimiento del mismo más que por parte de quienes se comprometen, por un lado, pero no dejan de sabotear todo el proceso desde la palestra que les brindan los medios de comunicación que los hacen sentir famosos.
El peligro en ciernes que podría complicar más las cosas para Honduras es que la Comisión de Verificación tiene facultades para declarar el incumplimiento comprobado del Acuerdo, lo cual "producirá la activación de medidas que establecerá la Comisión para el transgresor o los transgresores" y, conforme lo que hemos venido viendo, el bando de Zelaya y de la mal denominada "Comunidad Internacional", sólo han demostrado saber leer para la izquierda, lo cual es, hasta cierto punto, entendible para el primero, pero no para la segunda, que debe ser totalmente imparcial, objetiva, creíble.
Confiamos en que prive el buen sentido y la hombría de bien de don Ricardo Lagos, ex Presidente de Chile a quien tuve el gusto de conocer en un viaje que hizo a Guatemala a principios de los años 1990's. Su trayectoria de muchos años no se puede ver manchada por favorecer, a contrapelo, a quien tiene a su propio país sumido en un caos que pudo no ser. Igual esperanza tenemos de la señora Hilda Solís, quien tiene una sólida y prolongada formación y, entendemos, ha colaborado con el tema de la violencia de género en Guatemala. Es grato que una mujer acompañe al expresidente Lagos; siendo una persona con potencial futuro político, confiamos en su experiencia y en la objetividad que pueda demostrar, lo cual le puede ayudar muchísimo a consolidar su reputación.
Ojalá sepan ver, los dos miembros de la "Comunidad Internacional" de la Comisión de Verificación, que la interpretación del Acuerdo de Guaymuras tiene que estar apegado a la Constitución y a las leyes hondureñas (punto 8 del Acuerdo) y es integral, no por partes. Ambos representan gobiernos de izquierda respetados y respetables. ¡Que Dios proporcione inspiración y serenidad a sus cabezas y ánimo a sus corazones!
El punto 6 al cual ya nos hemos referido contempla, además, la conformación de la Comisión de la Verdad, pidiendo al próximo gobierno que la conforme en el primer semestre del año entrante. Lo menciono porque, como mencioné, el Acuerdo que suscribió la Comisión de Diálogo, conocido como de Guaymuras, no contempla perdón, amnistía ni indulto alguno, y es factible que el año entrante se conforme esta Comisión por personas "Notables" que, al finalizar su comisión, establezcan las violaciones a la Constitución y las personas que han transgredido la Ley, desde los simples soldados que obedecieron órdenes, los altos mandos militares, como jueces, diputados, embajadores, secretarios y el mismo Presidente de la República. Es aquí en donde está ligado el tema del indulto o de la amnistía, la persecución penal de oficio mientras no haya uno u otra, la opinión de la CSJ, todo en el ámbito jurídico, para llegar, finalmente, al campo político, la resolución del Congreso Nacional, que pueda estar basada en la opinión jurídica de la CSJ.
El punto 9 es interesante de analizar porque contiene el Calendario de Cumplimiento de los Acuerdos, el cual desarrolla únicamente 5 puntos: 30 de octubre de 2009: suscripción y entrada en vigencia del Acuerdo y entrega formal del mismo al Congreso "para los efectos del Punto 5, 'Del Poder Ejecutivo' "; 2 de noviembre, conformación de la Comisión de Verificación; "A partir de la suscripción del presente Acuerdo y hasta el 5 de noviembre... Conformación e instalación del Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional"; 27 de enero de 2010: celebración del traspaso de gobierno; primer semestre de 2010: instalación de la Comisión de la Verdad.
Es decir, según mi leal saber y entender, Zelaya no ha violado el Acuerdo al hacer sus pataletas porque no lo han restituido, como no sea lo que mencionaré más adelante. El punto es que, emberrinchado porque no lo han restituido (que eso no fue lo acordado), no ha querido proponer personas de su confianza que cumplan con la idoneidad, honorabilidad, etc., para conformar el Gobierno de Unidad y Reconciliación.
Quien sí ha violado el Acuerdo al pasarse de la fecha límite sin conformarlo, haciéndole llamados a Manuel Zelaya para que proponga personas, es Roberto Micheletti, pero no ha violado acuerdo alguno al presidir dicho gobierno, el cual, si la CSJ y las demás instituciones consultadas emiten opinión favorable para aprobar la ficción jurídica de retrotraer las cosas al estado en que estaban el 28 de junio, y el Congreso Nacional así lo decide, podría pasar a ser presidido por Manuel Zelaya. Esto nos obliga a hacer otra consideración: es que, si Manuel Zelaya es "retrotraído" al estado en que estaban las cosas al 28 de junio de 2009, lo único que no podrá retrotraerse, porque eso es lo acordado, es el Gobierno de Unidad y Reconciliación, es decir, los funcionarios, hombres y mujeres, que hoy, bajo la presidencia interina de Micheletti, entren a conformarlo.
Zelaya, como decimos, emberrinchado porque no le dan el poder, cuando eso no fue lo acordado, no propone a su propia gente, en el supuesto de que cumplan con los cuatro requisitos que el Acuerdo señala, para formar parte de ese Gobierno de Unidad. Si por azares del destino la CSJ y las demás insituciones consultadas emiten opinión favorable para "retrotraer" las cosas, y el Congreso Nacional efectivamente las retrotrae al 28 de junio, en teoría, Zelaya tendría que presidir el Gobierno de Unidad y Reconciliación que en estos días se forme, sin allegados suyos. Conociendo su estilo de "rompe y rasga", con seguridad haría caso omiso de esa parte fundamental del Acuerdo, despidiendo a todas las personas que hoy acuden a conformar gobierno bajo circunstancias adversas y nombrando sólamente personas de su confianza, con lo cual se aseguraría la crisis política hasta el 27 de enero de 2010, por lo menos (que cada quién interprete esas últimas tres palabras).
Es decir, entendemos que la Comisión de Diálogo que suscribió el Acuerdo de Guaymuras privilegió el Gobierno de Unidad y Reconciliación, el cual puede ser presidido, desde la óptica de dicho Acuerdo, por Zelaya o por Micheletti, lo cual hace mucho sentido. Lamentablemente, Manuel Zelaya, que mal estudió ingeniería y que de leyes no sabe nada, con su empecinamiento demuestra que no sabe leer textos legales, entiende del acuerdo suscrito por su propia gente que debe restituírsele inmediatamente, lo cual no fue pactado, privilegiándose a sí mismo, no al país, y con él se pasa llevando a sus propios delegados a quienes, con esa actitud, demuestra no respetar, y arrastra a esa pléyade de pericos que, igual que él, no pueden leer y estudiar por sí mismos sino se dedican a repetir las tonterías o "papadas" de su líder.
Los delegados de Zelaya establecieron, de acuerdo con su contraparte, el calendario al cual nos hemos referido. No le pone tiempo límite a la CSJ para emitir la opinión que ellos mismos mencionan, ni se lo ponen al Congreso Nacional para fallar, lo cual ahora critican.
Creemos que si la intención de las partes hubiese sido reinstalar en la Presidencia de la República a Manuel Zelaya, así lo habrían dicho y lo hubieran establecido en un calendario. Ésa ha de haber sido la intención de los delegados de Zelaya, pero su insistencia e intransigencia en el tema habría llevado a no firmarse acuerdo alguno.
El Acuerdo de Guaymuras lo que hace es quitarle, a las dos partes más encontradas hasta entonces (porque son múltiples y no limitadas a éllas) dentro de la crisis política, las representadas por Manuel Zelaya y por Roberto Micheletti, la posibilidad de decidir por ellas mismas.
Dado que la "Comunidad Internacional" no tiene ingerencia para decidir el fondo del asunto y, aunque quisiera y así lo ha manifestado a través de José Miguel Insulza, que Zelaya fuese restituido inmediatamente, no lo pueden hacer, lo que ambas partes acordaron fue pasarle la brasa de la decisión política al Congreso de la República, el mismo que, con anterioridad y por unanimidad de votos presentes (123 de 128 diputados), eligió para sustituir a Manuel Zelaya a Roberto Micheletti.
El expresidente Zelaya incumple el Acuerdo de Guaymuras en el punto 10, cuyo primer párrafo transcribo: "En nombre de la reconciliación y el espíritu patriótico que nos ha convocado ante la mesa de diálogo, nos comprometemos a cumplir de buena fe el presente Acuerdo, y lo que de él se derive." (sic.). ¿De qué sirve enviar delegados, discutir con madurez, llegar a acuerdos, suscribirlos, publicitarlos y comenzar todo un proceso que involucra tiempos, Corte Suprema de Justicia, Congreso de la República y otras insituciones, si después desacreditamos todo lo acordado por los delegados y, para terminarla de amolar, no entendemos ni los tiempos pactados?
¿Cuál es el papel que viene cumpliendo la prensa que se llama independiente, si en lugar de informarnos de lo que sucede, casi todo lo que nos envía son notas plagadas de opiniones, la mayoría de las veces ideologizadas?
Se requiere, en estos momentos en que el Comandante Daniel Ortega, el Presidente de Nicaragua, pareciera que ha prendido nuevamente la mecha de la guerra civil en su país, que el apoyo de la prensa, la "Comunidad Internacional", no se dé hacia uno de los bandos, sino hacia Honduras y sus Instituciones, sean objetivos con el peso que dan la razón, la legalidad y el sentido común. Si las partes pactaron un proceso que está en marcha, hay que respaldarlo totalmente, no minarlo.
Las notas de prensa más desastrosas, quién sabe si previendo que Manuel Zelaya, el bando por el cual han optado traicionando a sus lectores en su objetividad e imparcialidad, no va a ser restituido, ahora dicen que el Congreso de Honduras responde sólo a la oligarquía. ¡Por favor! Todos los Congresos o Parlamentos del mundo representan lo variada que pueda ser su sociedad, el conglomerado humado al cual representan. Dado que los diputados llegan a representar a los ciudadanos mediante el voto de todos, esa aseveración implicaría una de dos cosas: o que la mayoría de votantes hondureños conforman esa oligarquía y que votan por sus representantes más oligarcas, o que la mayoría de votantes hondureños son idiotas, ya que ejercen su sufragio en función de lo que los verdaderos oligarcas del país les indican. ¡Qué desconocimiento de Honduras! Ese país es el de los ciudadanos de mayor sentido político del hemisferio y, de repente, de muchas partes del mundo. En Honduras hasta los niños opinan de futbol y de política, los jóvenes se involucran en movimientos de esa naturaleza que son el verdadero semillero de los futuros líderes del país, las mujeres tienen la mayor participación política de los países de América que conozco, y llegan a viejos hablando de la bandera política que ya enarbolan sus nietos y bisnietos. ¡Eso no se da en ningún otro país que yo conozca!
Por mi parte, aunque estoy convencido que los problemas políticos de Honduras fueron ocasionados por la megalomanía, la sociopatía, el autoritarismo y la prepotencia de una persona, si el Congreso Nacional de Honduras decide que el Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional ya no lo deberá seguir presidiendo Roberto Micheletti sino Manuel Zelaya, estoy dispuesto a manifestar, desde hoy, mi apoyo a dicha decisión, ya que va en la línea que siempre he venido sosteniendo. Es una solución acordada y resuelta por hondureños. Eso sí, deberá respetar la conformación que se haga de ese Gobierno de Unidad y Reconciliación.
Esperamos que este análisis que hemos efectuado sea de alguna utilidad para quienes, desde afuera, se interesan verdaderamente por el presente caso, y que aporte algunas luces para el entendimiento, con alguna seriedad, de las diferentes aristas del mismo.
Etiquetas:
crisis hondureña,
Guaymuras,
Honduras,
Manuel Zelaya,
Roberto Micheletti
viernes, 30 de octubre de 2009
¿ES LÓGICA LA LÓGICA DE MEL ZELAYA?
Los atentados contra la Constitución y las leyes de Honduras que condujeron a la crisis política, que no institucional, en ese país, tenían una lógica más o menos entendible, aunque no la aprobemos, que era la búsqueda de los medios para perpetuarse el ex presidente Manuel Zelaya en el poder.
Luego de que fuera depuesto el domingo 28 de junio de 2009, sus declaraciones sólo tienen la lógica del terrorista de la democracia. Parece que dijera "hay que bombardear todo, intentar destruirlo, porque en río revuelto, ganancia de pescadores..."
Sin embargo, hay dos actuaciones que, para este observador, carecen de toda lógica: la primera, su encierro voluntario en una embajada. ¿Es que acaso se le ocurrió que el gobierno de transición (y no de facto como insiste en decir la prensa escrita y televisada) le iba a permitir movilizarse de ahí o desde donde está, ir de lugar en lugar llevando el caos? Ese encierro voluntario no tiene sentido, como no sea, como lo insinué hace algún tiempo, buscar su propia inmolación para pasar a la historia como un héroe, al estilo Salvador Allende, en lugar de ser un fracasado que fue echado de su país por la totalidad de instituciones, fuesen estas políticas, académicas o de la sociedad civil.
La segunda actuación a la que me refiero es la última: su petición, ahora aceptada por el gobierno de transición, de que no sea la Corte Suprema de Justicia, a la cual obviamente le teme, sino el Congreso Nacional, quien decida sobre su retorno o no a la Presidencia de la República.
Carece de lógica, según mi punto de vista, porque dicha Institución está compuesta por 128 diputados, me parece que de cinco partidos políticos; en la sesión del domingo 28 de junio en que fue depuesto y, en su lugar, electo Roberto Micheletti, como sucesor de conformidad con la Constitución de la República, votaron en favor de este último, es decir, en contra de que Manuel Zelaya se quedara ejerciéndola, 123 diputados. Sólo los 4 diputados del pequeño partido de extrema izquierda y una diputada de la Democracia Cristiana que, según entiendo, no estaba presente en la reunión, no apoyaron la medida que, hoy, casi todo el país respalda.
Luego, pensar que Manuel Zelaya se saldrá con el cometido de retornar a la Presidencia, se nos hace muy, pero muy, cuesta arriba. A estas altura de mi vida política he visto muchas cosas, pero un cambio repentino de las voluntades de los diputados hondureños, ante los ojos del mundo pero especialmente de la sociedad a quien se deben y representan, me es difícil imaginármelo.
Me parece, en conclusión, que ésta es la oportunidad para que la sociedad hondureña, expresada a través de sus representantes legítimos, le haga a esa malhadada "Comunidad Internacional" tragarse sus palabras.
La crisis política hondureña está por finalizar. Ése es mi pronóstico.
Luego de que fuera depuesto el domingo 28 de junio de 2009, sus declaraciones sólo tienen la lógica del terrorista de la democracia. Parece que dijera "hay que bombardear todo, intentar destruirlo, porque en río revuelto, ganancia de pescadores..."
Sin embargo, hay dos actuaciones que, para este observador, carecen de toda lógica: la primera, su encierro voluntario en una embajada. ¿Es que acaso se le ocurrió que el gobierno de transición (y no de facto como insiste en decir la prensa escrita y televisada) le iba a permitir movilizarse de ahí o desde donde está, ir de lugar en lugar llevando el caos? Ese encierro voluntario no tiene sentido, como no sea, como lo insinué hace algún tiempo, buscar su propia inmolación para pasar a la historia como un héroe, al estilo Salvador Allende, en lugar de ser un fracasado que fue echado de su país por la totalidad de instituciones, fuesen estas políticas, académicas o de la sociedad civil.
La segunda actuación a la que me refiero es la última: su petición, ahora aceptada por el gobierno de transición, de que no sea la Corte Suprema de Justicia, a la cual obviamente le teme, sino el Congreso Nacional, quien decida sobre su retorno o no a la Presidencia de la República.
Carece de lógica, según mi punto de vista, porque dicha Institución está compuesta por 128 diputados, me parece que de cinco partidos políticos; en la sesión del domingo 28 de junio en que fue depuesto y, en su lugar, electo Roberto Micheletti, como sucesor de conformidad con la Constitución de la República, votaron en favor de este último, es decir, en contra de que Manuel Zelaya se quedara ejerciéndola, 123 diputados. Sólo los 4 diputados del pequeño partido de extrema izquierda y una diputada de la Democracia Cristiana que, según entiendo, no estaba presente en la reunión, no apoyaron la medida que, hoy, casi todo el país respalda.
Luego, pensar que Manuel Zelaya se saldrá con el cometido de retornar a la Presidencia, se nos hace muy, pero muy, cuesta arriba. A estas altura de mi vida política he visto muchas cosas, pero un cambio repentino de las voluntades de los diputados hondureños, ante los ojos del mundo pero especialmente de la sociedad a quien se deben y representan, me es difícil imaginármelo.
Me parece, en conclusión, que ésta es la oportunidad para que la sociedad hondureña, expresada a través de sus representantes legítimos, le haga a esa malhadada "Comunidad Internacional" tragarse sus palabras.
La crisis política hondureña está por finalizar. Ése es mi pronóstico.
lunes, 26 de octubre de 2009
LOS PELIGROS QUE ENFRENTA EL PROCESO ELECTORAL HONDUREÑO
Esta nota pensaba escribirla mañana, pero al ver las notas de prensa que destacan el asesinato a quemarropa de un coronel, en Honduras, algo totalmente inusual, así como del asesinato cobarde del joven Enzo Micheletti, sobrino del Presidente de Honduras, siento que es necesario expresar lo que me vengo temiendo desde hace algunos días, de lo cual estas dos notas tristes podrían ser sólo el comienzo.
Estoy bastante inquieto con el caso de la crisis política hondureña desde que salió una nota de prensa indicando que, en el oriente del ese país, había aparecido un avión de carga de fabricación polaca, con bandera venezolana, en una pista clandestina, ya vacío, sin saberse exactamente qué fue lo que bajaron en suelo hondureño, de dónde venía y quién está detrás del asunto. Lo que se sabe es que su capacidad de carga es mayor a diez toneladas, lo cual no es usual para el simple tráfico de drogas por vía aérea.
¿Qué llevaron a Honduras en este atípico avión?
Ahora que asesinaron a estas dos personas mis reflexiones me preocupan. Es obvio que, para los partidarios del regreso de Manuel Zelaya, comenzando por Hugo Chávez y Daniel Ortega, el tiempo opera en su contra. En la medida que pasan los días la crisis política hondureña tiende a desvanecerse. Los artículos de prensa escrita son más pequeños, en páginas menos destacadas. En la televisión, como no sea TeleSur, de Venezuela, Manuel Zelaya ya no es noticia. Luego, en su desesperación, algo tienen que hacer para mantener "vigente" una crisis que, si hubiese sido comprendida por la mal denominada "Comunidad Internacional", antes de dar su veredicto apresurado, ya no sería crisis política, por más que patalearan todos los camaradas ideologizados a quienes no les importa más que tener el poder y perpetuarse en él.
Pienso que no estaríamos viendo asesinatos de militares si no fuese porque se cuenta con un apoyo que antes no se tenía; y no me refiero al apoyo moral.
Sigo pensando que es muy posible que en los días que vengan y en la medida que se acerque el día del evento electoral, la violencia política podría desbordarse por el lado de los seguidores de Manuel Zelaya, posiblemente armados ya por obra y gracia de otros países que quieren seguir interfiriendo en los asuntos internos de los demás.
Como lo dije hace unos días en una entrevista de radio: el expresidente Manuel Zelaya es el político que más puentes ha tendido en la historia de Honduras; es un presidente pontificio, ya que logró lo que muchos han querido hacer y no han podido. Unió en una sola causa a los Partidos Políticos, al Congreso de la República, a la Corte Suprema de Justicia, a la Fiscalía General, a los Colegios Profesionales, al Tribunal Nacional de Elecciones, a las Iglesias sin importar su denominación... a casi todos los sectores de la población... pero en su contra.
Veo una Honduras unida como nunca alrededor de sus líderes políticos y enfrascada en el proceso electoral a cargo del TNE, y deseo anticiparme señalando que el grado de asistencia a las urnas, en esta oportunidad, será histórico. Eso lo perciben también quienes quieren que no se lleve a cabo dicho proceso electoral, como si con eso pudiesen prolongarle el mandato a Manuel Zelaya. Ahora bien, lo peligroso es que pocas personas, pero bien armadas, hagan de las suyas el día de las elecciones.
No es buena la señal que estos dos asesinatos envían a todos lados. Veremos qué dice la denominada "Comunidad Internacional" al respecto o si se quedarán callados.
Por nuestra parte sentimos que la sangre derramada por estas dos personas sólo pone en perspectiva el esfuerzo institucional del Ejército en un conflicto que lleva ya varios meses y que, hasta donde hemos visto, ha sabido actuar disciplinadamente, aunque es dable, entre tantas personas que lo conforman, que haya quienes se salgan de la misma. Además, estos hechos sirven también para valorar el esfuerzo personal de quienes están dando la cara por todos los hondureños, especialmente el caso del señor Roberto Micheletti, porque de su peso cae que él no podría pensar siquiera en sostenerse sino porque representa, en estos momentos, el clamor popular y a todas las instituciones hondureñas.
Las sentidas muestras de pesar por las familias de estos dos hondureños y de las demás familias de las personas que también han sufrido la pérdida de algun ser querido por esta crisis que nunca debió existir si el presidente Zelaya hubiese tenido un poco de respeto por la Ley y de sentido común.
Estoy bastante inquieto con el caso de la crisis política hondureña desde que salió una nota de prensa indicando que, en el oriente del ese país, había aparecido un avión de carga de fabricación polaca, con bandera venezolana, en una pista clandestina, ya vacío, sin saberse exactamente qué fue lo que bajaron en suelo hondureño, de dónde venía y quién está detrás del asunto. Lo que se sabe es que su capacidad de carga es mayor a diez toneladas, lo cual no es usual para el simple tráfico de drogas por vía aérea.
¿Qué llevaron a Honduras en este atípico avión?
Ahora que asesinaron a estas dos personas mis reflexiones me preocupan. Es obvio que, para los partidarios del regreso de Manuel Zelaya, comenzando por Hugo Chávez y Daniel Ortega, el tiempo opera en su contra. En la medida que pasan los días la crisis política hondureña tiende a desvanecerse. Los artículos de prensa escrita son más pequeños, en páginas menos destacadas. En la televisión, como no sea TeleSur, de Venezuela, Manuel Zelaya ya no es noticia. Luego, en su desesperación, algo tienen que hacer para mantener "vigente" una crisis que, si hubiese sido comprendida por la mal denominada "Comunidad Internacional", antes de dar su veredicto apresurado, ya no sería crisis política, por más que patalearan todos los camaradas ideologizados a quienes no les importa más que tener el poder y perpetuarse en él.
Pienso que no estaríamos viendo asesinatos de militares si no fuese porque se cuenta con un apoyo que antes no se tenía; y no me refiero al apoyo moral.
Sigo pensando que es muy posible que en los días que vengan y en la medida que se acerque el día del evento electoral, la violencia política podría desbordarse por el lado de los seguidores de Manuel Zelaya, posiblemente armados ya por obra y gracia de otros países que quieren seguir interfiriendo en los asuntos internos de los demás.
Como lo dije hace unos días en una entrevista de radio: el expresidente Manuel Zelaya es el político que más puentes ha tendido en la historia de Honduras; es un presidente pontificio, ya que logró lo que muchos han querido hacer y no han podido. Unió en una sola causa a los Partidos Políticos, al Congreso de la República, a la Corte Suprema de Justicia, a la Fiscalía General, a los Colegios Profesionales, al Tribunal Nacional de Elecciones, a las Iglesias sin importar su denominación... a casi todos los sectores de la población... pero en su contra.
Veo una Honduras unida como nunca alrededor de sus líderes políticos y enfrascada en el proceso electoral a cargo del TNE, y deseo anticiparme señalando que el grado de asistencia a las urnas, en esta oportunidad, será histórico. Eso lo perciben también quienes quieren que no se lleve a cabo dicho proceso electoral, como si con eso pudiesen prolongarle el mandato a Manuel Zelaya. Ahora bien, lo peligroso es que pocas personas, pero bien armadas, hagan de las suyas el día de las elecciones.
No es buena la señal que estos dos asesinatos envían a todos lados. Veremos qué dice la denominada "Comunidad Internacional" al respecto o si se quedarán callados.
Por nuestra parte sentimos que la sangre derramada por estas dos personas sólo pone en perspectiva el esfuerzo institucional del Ejército en un conflicto que lleva ya varios meses y que, hasta donde hemos visto, ha sabido actuar disciplinadamente, aunque es dable, entre tantas personas que lo conforman, que haya quienes se salgan de la misma. Además, estos hechos sirven también para valorar el esfuerzo personal de quienes están dando la cara por todos los hondureños, especialmente el caso del señor Roberto Micheletti, porque de su peso cae que él no podría pensar siquiera en sostenerse sino porque representa, en estos momentos, el clamor popular y a todas las instituciones hondureñas.
Las sentidas muestras de pesar por las familias de estos dos hondureños y de las demás familias de las personas que también han sufrido la pérdida de algun ser querido por esta crisis que nunca debió existir si el presidente Zelaya hubiese tenido un poco de respeto por la Ley y de sentido común.
Etiquetas:
crisis hondureña,
golpe de estado,
Honduras,
Manuel Zelaya,
Roberto Micheletti
lunes, 28 de septiembre de 2009
TREMENDO ERROR DE MICHELETTI
La crisis política hondureña de agudizó hoy hace 3 meses cuando Manuel Zelaya fue sacado con violencia del país. Unos dicen que sacaron al Presidente de la República; otros sostienen que, cuando lo sacaron, ya no lo era, por haber violentado reinteradamente la Constitución, haber sido declarado traidor a la patria y perdido la oportunidad de terminar el mandato, democráticamente, hasta finalizar el período que contempla la mencionada Constitución.
Desde este blog no hemos apoyado el regreso de un ex presidente desgastado y destituido, básicamente, por dos razones: la primera, porque, como no vengo observando este fenómeno desde el 28 de junio de 2009 como la mayoría de quienes constituyen la denominada Comunidad Internacional, sino desde que comenzó hace más de un año, estoy consciente de por qué los hondureños, en conjunto, tienen la idea de que Manuel Zelaya violó su Constitución y las leyes, entiendo el concepto constitucional de traición a la patria y, desde el momento en que el Partido Nacional, la Democracia Cristicana, en Partido Innovación Nacional y Unidad y el mismo partido oficial, el Liberal, están de acuerdo, como lo están el Congreso Nacional, la Fiscalía, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, no existe mejor balance de pesos y contrapesos que ése, y ninguno de los mencionados pone una palabra de duda en lo que en este proceso de destitución se ha hecho.
El error se comete al final de dicho proceso en que, en lugar de capturar al infractor, detenerlo en un centro de reclusión y procesarlo por los 18 delitos que se indica que cometió, se opta por sacarlo, ya destituido, fuera del país, lo cual ha dado en pensarse, y yo mismo insisto en decirlo, que sí fue un Golpe de Estado. De todos modos, jurídicamente hablando, no procede reinstalar a alguien que ha perdido el cargo por no cumplir con los requisitos para ostentarlo, por muy democrátia y popularmente que haya sido electo originariamente.
Ahora bien, aquí entra la segunda consideración que ha hecho que no defienda el regreso de Manuel Zelaya. Aparte que lo he señalado de que es un sociópata, es decir, alguien a quien no le inspiran respeto ni las leyes, ni las instituciones, ni las personas, y sólo mira, como las mulas de carga, hacia su objetivo, conociendo como conozco a mis hermanos hondureños, creo que es preferible, para garantizar la paz social y evitar un eventual derramamiento de sangre, insistir en el tema.
El proceso electoral no lo inició ni lo controla el gobierno de Roberto Micheletti. Aquél es un proceso largo que arrancó hace tiempo. Ha habido procesos internos de elección de candidatos en los partidos; hubo una convocatoria a elecciones anterior al mes de junio del presente año, y lejos de hacerle un bien al país, esta denominada comunidad internacional, le hace un daño al proceso político más serio de América Latina con su obstinada insistencia y la necedad de manifestar que no reconocerán a quien resulte electo en dicho proceso que culmina a finales de noviembre entrante.
He hablado de la legitimidad, la cual la comunidad internacional quiere hacer creer que proviene de ellos, cuando es el pueblo hondureño el que le debe otorgar o no esa legitimidad a sus próximas autoridades, pero esa mezcla de arrogancia, filibusterismo y tontera, pareciera que van ganando en las páginas de los periódicos, aunque no se sepa a ciencia cierta en qué parará todo esto.
Lo nuevo en todo este proceso es el craso error del gobierno de Micheletti de conculcar las garantías de los hondureños y vedar la información de lo que sucede. Es una oportunidad de oro para que el mundo conozca cómo los seguidores de Zelaya están más interesados en el saqueo que en la democracia. Es importante que el mundo sepa, libremente, de las gestas cívicas que se llevan a cabo en diferentes ciudades de Honduras, si no para respaldar al actual gobierno, que todos entienden que es de transición, sí para manifestar que la salida de Zelaya fue acorde con la Constitución y que no lo quieren de regreso en el poder.
Micheletti le está dando a Chavez, Ortega, Insulza, Fernández de la Vega, Kirchner, Morales, Castro, D'Escoto y demás satélites y corifeos, el esperado pretexto para "confirmar" lo antidemocrático del régimen (de Gloria Oquelí, la Presidente espuria del Parlamento Centroamericano a quien no le doy más que categoría de Coordinadora de Debates, quien con engaños al Ministro Consejero de la Embajada de Brasil llevó a Zelaya a dicha legación, mejor escribiré aparte).
Desde nuestra tribuna de expectación neutral tenemos que señalar que este error puede dar lugar a que la denominada comunidad internacional se sienta lo suficientemente justificada para intentar algo que todavía los restos de moralidad de algunos de sus integrantes no los dejan hacer.
Desde este blog no hemos apoyado el regreso de un ex presidente desgastado y destituido, básicamente, por dos razones: la primera, porque, como no vengo observando este fenómeno desde el 28 de junio de 2009 como la mayoría de quienes constituyen la denominada Comunidad Internacional, sino desde que comenzó hace más de un año, estoy consciente de por qué los hondureños, en conjunto, tienen la idea de que Manuel Zelaya violó su Constitución y las leyes, entiendo el concepto constitucional de traición a la patria y, desde el momento en que el Partido Nacional, la Democracia Cristicana, en Partido Innovación Nacional y Unidad y el mismo partido oficial, el Liberal, están de acuerdo, como lo están el Congreso Nacional, la Fiscalía, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, no existe mejor balance de pesos y contrapesos que ése, y ninguno de los mencionados pone una palabra de duda en lo que en este proceso de destitución se ha hecho.
El error se comete al final de dicho proceso en que, en lugar de capturar al infractor, detenerlo en un centro de reclusión y procesarlo por los 18 delitos que se indica que cometió, se opta por sacarlo, ya destituido, fuera del país, lo cual ha dado en pensarse, y yo mismo insisto en decirlo, que sí fue un Golpe de Estado. De todos modos, jurídicamente hablando, no procede reinstalar a alguien que ha perdido el cargo por no cumplir con los requisitos para ostentarlo, por muy democrátia y popularmente que haya sido electo originariamente.
Ahora bien, aquí entra la segunda consideración que ha hecho que no defienda el regreso de Manuel Zelaya. Aparte que lo he señalado de que es un sociópata, es decir, alguien a quien no le inspiran respeto ni las leyes, ni las instituciones, ni las personas, y sólo mira, como las mulas de carga, hacia su objetivo, conociendo como conozco a mis hermanos hondureños, creo que es preferible, para garantizar la paz social y evitar un eventual derramamiento de sangre, insistir en el tema.
El proceso electoral no lo inició ni lo controla el gobierno de Roberto Micheletti. Aquél es un proceso largo que arrancó hace tiempo. Ha habido procesos internos de elección de candidatos en los partidos; hubo una convocatoria a elecciones anterior al mes de junio del presente año, y lejos de hacerle un bien al país, esta denominada comunidad internacional, le hace un daño al proceso político más serio de América Latina con su obstinada insistencia y la necedad de manifestar que no reconocerán a quien resulte electo en dicho proceso que culmina a finales de noviembre entrante.
He hablado de la legitimidad, la cual la comunidad internacional quiere hacer creer que proviene de ellos, cuando es el pueblo hondureño el que le debe otorgar o no esa legitimidad a sus próximas autoridades, pero esa mezcla de arrogancia, filibusterismo y tontera, pareciera que van ganando en las páginas de los periódicos, aunque no se sepa a ciencia cierta en qué parará todo esto.
Lo nuevo en todo este proceso es el craso error del gobierno de Micheletti de conculcar las garantías de los hondureños y vedar la información de lo que sucede. Es una oportunidad de oro para que el mundo conozca cómo los seguidores de Zelaya están más interesados en el saqueo que en la democracia. Es importante que el mundo sepa, libremente, de las gestas cívicas que se llevan a cabo en diferentes ciudades de Honduras, si no para respaldar al actual gobierno, que todos entienden que es de transición, sí para manifestar que la salida de Zelaya fue acorde con la Constitución y que no lo quieren de regreso en el poder.
Micheletti le está dando a Chavez, Ortega, Insulza, Fernández de la Vega, Kirchner, Morales, Castro, D'Escoto y demás satélites y corifeos, el esperado pretexto para "confirmar" lo antidemocrático del régimen (de Gloria Oquelí, la Presidente espuria del Parlamento Centroamericano a quien no le doy más que categoría de Coordinadora de Debates, quien con engaños al Ministro Consejero de la Embajada de Brasil llevó a Zelaya a dicha legación, mejor escribiré aparte).
Desde nuestra tribuna de expectación neutral tenemos que señalar que este error puede dar lugar a que la denominada comunidad internacional se sienta lo suficientemente justificada para intentar algo que todavía los restos de moralidad de algunos de sus integrantes no los dejan hacer.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
LA LLAMADA COMUNIDAD INTERNACIONAL SE TENDRÁ QUE TRAGAR SUS PALABRAS
Los pueblos eligen los gobiernos y estos, una vez constituidos, se organizan de manera diversa en lo que ha dado en llamarse la "Comunidad Internacional".
Los gobiernos llegan a constituirse, muchas veces, por acuerdos políticos de segundo orden; otras, por elecciones de segundo grado en donde, quien llega a gobernar, muchas veces no lo hace con la deseable legitimidad.
Luego, con el ejercicio del poder, esa poca legitimación que tienen porque han llegado por los empujones o el oxígeno que les dan otros líderes o con una pobre elección originaria pero los suficientes votos de segunda vuelta, también tiende a perderse por el denominado "desgaste político"; es decir, muchos gobiernan sin apoyo popular, ya que el pueblo en general, y hasta sus mismos electores, suelen estar en contra de sus propios gobernantes y de las decisiones que estos van tomando en cada tema.
Es así como muchos gobernantes con muchísimo menos apoyo popular en su propio país que el que seguramente tiene Roberto Micheletti en Honduras, se han puesto de acuerdo para condenar a priori, es decir, sin estudiar detenidamente un caso tan complicado, seguir condenando y, encima, aumentar a la condena que casi todos hicieran, repito, a priori, con otra anticipada condena a todo un proceso electoral en marcha que no está a cargo de ningún funcionario público hondureño involucrado en la destitución (legal o ilegal) del ex-presidente (vayan entendiéndolo) Manuel Zelaya.
Desde mi particular punto de vista y después de conocer de cerca el proceso político hondureño desde abril de 1989 en que llegué a Tegucigalpa a participar en una Asamblea General de la Unión de Juventudes Democráticas Hispanoamericanas, UJDH, con partidos políticos de toda América Latina, Estados Unidos, España, Austria, Francia, Australia e Inglaterra, oportunidad en que yo representaba al Partido de Avanzada Nacional, PAN, de Guatemala, en mi calidad de Secretario Nacional de Relaciones Exteriores, al observar el funcionamiento de esos dos partidos políticos grandes y centenarios de Honduras, con sus elecciones primarias, sus corrientes internas, su enorme capacidad de unificarse después de los desgarradores procesos de escogencia de sus candidatos, la forma en que, en el área rural, durante décadas, he visto cada casa identificada con la bandera de su partido político, lo que me ha dado la pauta para decir y afirmar que Honduras tiene el sistema político más serio y más maduro que hay en el istmo centroamericano; y después de darle seguimiento cercano a la crisis política desatada desde hace alrededor de un año por un sociópata de apellido Zelaya que ostentaba la Presidencia de la República, lo que me hizo estar preparado para advertir prudencia cuando se agudizó la crisis el 28 de junio de 2009, me atrevo a expresar y a vaticinar:
Los hondureños, en su gran mayoría, están preparados para resistir cualquier intrusión externa en la resolución de un problema que es de ellos, así provenga de la denominada "Comunidad Internacional". No habrá poder, ni siquiera militar, que los haga cambiar en su convicción de que el proceso de elecciones generales convocadas por el Tribunal Supremo Electoral (y no a cargo de la Presidencia de la República ni de otra Institución) sigue su marcha. Todas las Instituciones, sean políticas, religiosas o simplemente cívicas, si no están siendo financiadas con "petro dólares chamos", están graníticamente, GRA NÍ TI CA MEN TE, unidas para elegir al candidato que la mayoría vote. El índice de ausentismo a las urnas electorales, a fines de noviembre de este año, me atrevo a decir que será de los más bajo o el más bajo de la historia.
De ahí a la instalación de las nuevas autoridades electas, habrá dos meses más. Después de eso, ¿cuál es el argumento que queda para que regrese Zelaya? La consecuencia, al final de todo este proceso, será que la denominada "Comunidad Internacional" tendrá que tragarse sus palabras, y si los países del Alba triunfan con la reelección del ingerente Secretario General de la OEA, Insulza, a quien los hondureños ya rebajaron a nivel de observador, pues la OEA tendrá un Secretario General desgastado por varios años más. Ojalá que los países del Caribe no se dejen influenciar en estos intentos de reelección y opten por presentar un candidato fresco, no comprometido, que pueda trabajar con todos los países y no esté cuestionado como lo está en Honduras, en Venezuela, en Bolivia, en Guatemala (los invito a que lean los artículos de este blog en mayo 2009 a la fecha), en el corazón de la mayoría de los argentinos.
La Unión Europea, que ha dejado su vocería en otra socialista radical española (que yo simpatizo con algunos socialistas, los que no son radicales y a su pensamiento le imprimen sentido común), bien haría en analizar todo el caso de nuevo, desde el año 2008, tener claridad de ideas con relación a lo que la constitución hondureña dice de la Presidencia, del Tribunal Supremo Electoral, del proceso general de elecciones, de las atribuciones de cada quien, de lo que significa traición a la patria, de lo que se dice con relación a reelección, a modificaciones a la constitución, y tengan el menor sentido común para saber la diferencia entre una encuesta y una consulta popular, para que puedan repensar su posición y, a tiempo, condenar el Golpe de Estado, como yo mismo lo sigo haciendo, pero NO destruir con sus posiciones uno de los sistemas políticos más tradicionales, serios y profesionales del hemisferio y, de repente, del mundo.
El mismo consejo a las autoridades estadounidenses (por favor, no son América, ni siquiera la totalidad de los norteamericanos). Mal hacen viendo la viga en el ojo ajeno cuando ellos tienen problemas tan grandes adentro de su propio país: el déficit presupuestario, la devaluación del dólar con relación a otras monedas duras (está por llegar a 1.5 dólares por euro), la posibilidad de que los países muden de moneda para cubrir sus reservas internacionales; la liberación, sólo en el estado de Texas, de casi 40 presos con más de 20 años de estar en prisión, cada uno, porque las pruebas de ADN demostraron que eran inocentes, lo que obliga a reflexionar acerca de su sistema de Administración de Justicia, las guerras de Afganistán (la más larga de la historia de ese país) y de Iraq (la segunda más larga de la historia, por encima de su participación en la I y II Guerras Mundiales, en la de Corea, en la de Vietnam...) y un largo etcétera que incluye inmigrantes, desempleo, racismo, drogadicción en todos sus componentes, incluyendo la producción, maras, negocios sucios alrededor del petróleo, las guerras y la salud (sólo esto es motivo de todo un artículo).
Conclusión: el pueblo hondureño, haya las condenas foráneas que haya, está unido como nunca en su historia republicana (la cual también he estudiado) y, según mi entender, se quitaron de encima un sociópata megalómano que quería perpetuarse al estilo de las mejores "joyas" del Alba, y no se dejarán arrebatar ese íntimo orgullo de que han peleado por su libertad, por la libertad de todos nosotros que vivimos en otros países en donde este cáncer de la sociopatía y el autoritarismo podrían expanderse; defenderán con uñas y dientes el proceso que está en marcha, elegirán sus nuevas autoridades y no habrá poder en la tierra, como no provenga de Las Alturas, que evite que el nuevo gobierno tome posesión en enero de 2010.
Yo apoyo a los hondureños, y la comunidad internacional, con el tiempo, lo tendrá qué hacer.
Los gobiernos llegan a constituirse, muchas veces, por acuerdos políticos de segundo orden; otras, por elecciones de segundo grado en donde, quien llega a gobernar, muchas veces no lo hace con la deseable legitimidad.
Luego, con el ejercicio del poder, esa poca legitimación que tienen porque han llegado por los empujones o el oxígeno que les dan otros líderes o con una pobre elección originaria pero los suficientes votos de segunda vuelta, también tiende a perderse por el denominado "desgaste político"; es decir, muchos gobiernan sin apoyo popular, ya que el pueblo en general, y hasta sus mismos electores, suelen estar en contra de sus propios gobernantes y de las decisiones que estos van tomando en cada tema.
Es así como muchos gobernantes con muchísimo menos apoyo popular en su propio país que el que seguramente tiene Roberto Micheletti en Honduras, se han puesto de acuerdo para condenar a priori, es decir, sin estudiar detenidamente un caso tan complicado, seguir condenando y, encima, aumentar a la condena que casi todos hicieran, repito, a priori, con otra anticipada condena a todo un proceso electoral en marcha que no está a cargo de ningún funcionario público hondureño involucrado en la destitución (legal o ilegal) del ex-presidente (vayan entendiéndolo) Manuel Zelaya.
Desde mi particular punto de vista y después de conocer de cerca el proceso político hondureño desde abril de 1989 en que llegué a Tegucigalpa a participar en una Asamblea General de la Unión de Juventudes Democráticas Hispanoamericanas, UJDH, con partidos políticos de toda América Latina, Estados Unidos, España, Austria, Francia, Australia e Inglaterra, oportunidad en que yo representaba al Partido de Avanzada Nacional, PAN, de Guatemala, en mi calidad de Secretario Nacional de Relaciones Exteriores, al observar el funcionamiento de esos dos partidos políticos grandes y centenarios de Honduras, con sus elecciones primarias, sus corrientes internas, su enorme capacidad de unificarse después de los desgarradores procesos de escogencia de sus candidatos, la forma en que, en el área rural, durante décadas, he visto cada casa identificada con la bandera de su partido político, lo que me ha dado la pauta para decir y afirmar que Honduras tiene el sistema político más serio y más maduro que hay en el istmo centroamericano; y después de darle seguimiento cercano a la crisis política desatada desde hace alrededor de un año por un sociópata de apellido Zelaya que ostentaba la Presidencia de la República, lo que me hizo estar preparado para advertir prudencia cuando se agudizó la crisis el 28 de junio de 2009, me atrevo a expresar y a vaticinar:
Los hondureños, en su gran mayoría, están preparados para resistir cualquier intrusión externa en la resolución de un problema que es de ellos, así provenga de la denominada "Comunidad Internacional". No habrá poder, ni siquiera militar, que los haga cambiar en su convicción de que el proceso de elecciones generales convocadas por el Tribunal Supremo Electoral (y no a cargo de la Presidencia de la República ni de otra Institución) sigue su marcha. Todas las Instituciones, sean políticas, religiosas o simplemente cívicas, si no están siendo financiadas con "petro dólares chamos", están graníticamente, GRA NÍ TI CA MEN TE, unidas para elegir al candidato que la mayoría vote. El índice de ausentismo a las urnas electorales, a fines de noviembre de este año, me atrevo a decir que será de los más bajo o el más bajo de la historia.
De ahí a la instalación de las nuevas autoridades electas, habrá dos meses más. Después de eso, ¿cuál es el argumento que queda para que regrese Zelaya? La consecuencia, al final de todo este proceso, será que la denominada "Comunidad Internacional" tendrá que tragarse sus palabras, y si los países del Alba triunfan con la reelección del ingerente Secretario General de la OEA, Insulza, a quien los hondureños ya rebajaron a nivel de observador, pues la OEA tendrá un Secretario General desgastado por varios años más. Ojalá que los países del Caribe no se dejen influenciar en estos intentos de reelección y opten por presentar un candidato fresco, no comprometido, que pueda trabajar con todos los países y no esté cuestionado como lo está en Honduras, en Venezuela, en Bolivia, en Guatemala (los invito a que lean los artículos de este blog en mayo 2009 a la fecha), en el corazón de la mayoría de los argentinos.
La Unión Europea, que ha dejado su vocería en otra socialista radical española (que yo simpatizo con algunos socialistas, los que no son radicales y a su pensamiento le imprimen sentido común), bien haría en analizar todo el caso de nuevo, desde el año 2008, tener claridad de ideas con relación a lo que la constitución hondureña dice de la Presidencia, del Tribunal Supremo Electoral, del proceso general de elecciones, de las atribuciones de cada quien, de lo que significa traición a la patria, de lo que se dice con relación a reelección, a modificaciones a la constitución, y tengan el menor sentido común para saber la diferencia entre una encuesta y una consulta popular, para que puedan repensar su posición y, a tiempo, condenar el Golpe de Estado, como yo mismo lo sigo haciendo, pero NO destruir con sus posiciones uno de los sistemas políticos más tradicionales, serios y profesionales del hemisferio y, de repente, del mundo.
El mismo consejo a las autoridades estadounidenses (por favor, no son América, ni siquiera la totalidad de los norteamericanos). Mal hacen viendo la viga en el ojo ajeno cuando ellos tienen problemas tan grandes adentro de su propio país: el déficit presupuestario, la devaluación del dólar con relación a otras monedas duras (está por llegar a 1.5 dólares por euro), la posibilidad de que los países muden de moneda para cubrir sus reservas internacionales; la liberación, sólo en el estado de Texas, de casi 40 presos con más de 20 años de estar en prisión, cada uno, porque las pruebas de ADN demostraron que eran inocentes, lo que obliga a reflexionar acerca de su sistema de Administración de Justicia, las guerras de Afganistán (la más larga de la historia de ese país) y de Iraq (la segunda más larga de la historia, por encima de su participación en la I y II Guerras Mundiales, en la de Corea, en la de Vietnam...) y un largo etcétera que incluye inmigrantes, desempleo, racismo, drogadicción en todos sus componentes, incluyendo la producción, maras, negocios sucios alrededor del petróleo, las guerras y la salud (sólo esto es motivo de todo un artículo).
Conclusión: el pueblo hondureño, haya las condenas foráneas que haya, está unido como nunca en su historia republicana (la cual también he estudiado) y, según mi entender, se quitaron de encima un sociópata megalómano que quería perpetuarse al estilo de las mejores "joyas" del Alba, y no se dejarán arrebatar ese íntimo orgullo de que han peleado por su libertad, por la libertad de todos nosotros que vivimos en otros países en donde este cáncer de la sociopatía y el autoritarismo podrían expanderse; defenderán con uñas y dientes el proceso que está en marcha, elegirán sus nuevas autoridades y no habrá poder en la tierra, como no provenga de Las Alturas, que evite que el nuevo gobierno tome posesión en enero de 2010.
Yo apoyo a los hondureños, y la comunidad internacional, con el tiempo, lo tendrá qué hacer.
viernes, 4 de septiembre de 2009
ESTADOS UNIDOS Y SU ERRÁTICA POLÍTICA EXTERIOR
Para quienes somos observadores del acontecer internacional, no se entienden los mensajes que, desde Washington, da el gobierno de Estados Unidos de América.
Por un lado, relajan todo tipo de medidas de presión sobre el gobierno cubano, la dictadura más larga en ejercicio y, posiblemente, de las más largas de la historia del planeta.
Pero por otro lado, insisten en castigar a Honduras, un país que estaba en manos de un sociópata y megalómano, cuyas violaciones constantes a la Constitución de su país, a las leyes ordinarias y al más elemental sentido común, llevaron a la totalidad de las instituciones hondureñas a condenar, una tras otra, diversas acciones tomadas desde el Ejecutivo, al grado de haberse ordenado la captura para el procesamiento del mismo Presidente de la República, según hemos sabido después de los sucesos del 28 de junio pasado, pero el grupo de militares que se suponía debía ejecutar la orden emanada de la Corte Suprema de Justicia, en lugar de capturarlo y encerrarlo, dejándolo sometido a proceso judicial, lo sacó violentamente del país en una acción que no se puede justificar, procediendo seguidamente el Congreso de la República, entendemos, a juramentar como nuevo Presidente, conforme a lo que establece la misma Constitución hondureña, a Roberto Micheletti.
Eso es, en pocas palabras, lo que da lugar a que se sostenga que Manuel Zelaya sufrió un Golpe de Estado, pero es lo que nos permite señalar que se trata de uno sui géneris, al cual no se comparan ni los sufridos en Honduras en el pasado, ni los sufridos en cualquier otro país. Es un Golpe de Estado tan especial como el que diera, en 1993 en Guatemala, el entonces Presidente Jorge Serrano Elías, el cual fue sacado a la fuerza por el Ejército hacia El Salvador y, de ahí, partió voluntariamente hacia Panamá, donde vive desde entonces, exiliado, procediendo el Congreso de la República, no a declarar como Presidente a quien correspondía, el Vicepresidente Gustavo Espina Salguero, quien también salió de la escena política por más que tratara y quisiera quedarse, sino al entonces Procurador de los Derechos Humanos, Ramiro de León Carpio, quien finalizó el mandato para el cual había sido electo Jorge Serrano, con el reconocimiento y el acompañamiento de toda la comunidad internacional.
Por supuesto, en esa época no había un Hugo Chávez y los petrodólares estaban en poder de los árabes y no se dejaban sentir en América Latina.
Es por eso que, nosotros que seguimos de cerca desde hace décadas el proceso de integración centroamericana, que conocemos de alguna manera el funcionamiento de las Instituciones de nuestros países, y que por nuestra formación académica podemos entender con mayor claridad acerca de los pesos y contrapesos que, con sus matices y diferencias, tienen nuestras Constituciones, las cuales devienen de un pasado más o menos común de dictaduras, de intentos de perpetuarse y de abusos de poder, no podemos dejar de manifestar que no entendemos la posición, en este caso, de la comunidad internacional.
¿Es más legítimo un Presidente que cada uno de los integrantes de un Congreso Nacional o que un Alcalde, si todos han sido electos directamente por sus votantes? ¿Por qué tiene que ser ilegítimo un proceso de elecciones convocado por el Tribunal Supremo Electoral en Honduras desde el mes de mayo del presente año, si conforme a sus leyes, no le corresponde a nadie más convocar, dirigir o interferir en ese proceso electoral?
¿Dónde está la ley anterior que faculta a cualquiera a desconocer a las autoridades electas democrática, libre y popularmente en un país, conforme a la normativa legal positiva del mismo?
El pueblo hondureño, no el gobierno, es el que elegirá a sus próximas autoridades. Eso no tiene vuelta de hoja, y mal hace la comunidad internacional en negarle a Honduras una salida "democrática" a la crisis política que ellos no propiciaron, sino ese señor de sombrero que, en una pasada de unas horas por México, fue capaz de unir a una nación de más de 100 millones de habitantes en su contra. ¿Qué es lo que el Presidente Barak Obama o la Secretaria de Estado Hilary Clinton no pueden ver?
Lo que sí quisieramos que vieran es la ingerencia venezolana en el proceso de elecciones de Uruguay, en donde se ha descubierto la venta de un lote de libros que no pasan de un cuarto de millón de dólares, a Venezuela, por más de 36 millones de dólares. Curiosamente, la editorial es propiedad de un pariente de uno de los candidatos a la Presidencia de la República. ¿Esas elecciones sí van a ser reconocidas por la comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza? Y la OEA, ¿qué dice al respecto?
Por un lado, relajan todo tipo de medidas de presión sobre el gobierno cubano, la dictadura más larga en ejercicio y, posiblemente, de las más largas de la historia del planeta.
Pero por otro lado, insisten en castigar a Honduras, un país que estaba en manos de un sociópata y megalómano, cuyas violaciones constantes a la Constitución de su país, a las leyes ordinarias y al más elemental sentido común, llevaron a la totalidad de las instituciones hondureñas a condenar, una tras otra, diversas acciones tomadas desde el Ejecutivo, al grado de haberse ordenado la captura para el procesamiento del mismo Presidente de la República, según hemos sabido después de los sucesos del 28 de junio pasado, pero el grupo de militares que se suponía debía ejecutar la orden emanada de la Corte Suprema de Justicia, en lugar de capturarlo y encerrarlo, dejándolo sometido a proceso judicial, lo sacó violentamente del país en una acción que no se puede justificar, procediendo seguidamente el Congreso de la República, entendemos, a juramentar como nuevo Presidente, conforme a lo que establece la misma Constitución hondureña, a Roberto Micheletti.
Eso es, en pocas palabras, lo que da lugar a que se sostenga que Manuel Zelaya sufrió un Golpe de Estado, pero es lo que nos permite señalar que se trata de uno sui géneris, al cual no se comparan ni los sufridos en Honduras en el pasado, ni los sufridos en cualquier otro país. Es un Golpe de Estado tan especial como el que diera, en 1993 en Guatemala, el entonces Presidente Jorge Serrano Elías, el cual fue sacado a la fuerza por el Ejército hacia El Salvador y, de ahí, partió voluntariamente hacia Panamá, donde vive desde entonces, exiliado, procediendo el Congreso de la República, no a declarar como Presidente a quien correspondía, el Vicepresidente Gustavo Espina Salguero, quien también salió de la escena política por más que tratara y quisiera quedarse, sino al entonces Procurador de los Derechos Humanos, Ramiro de León Carpio, quien finalizó el mandato para el cual había sido electo Jorge Serrano, con el reconocimiento y el acompañamiento de toda la comunidad internacional.
Por supuesto, en esa época no había un Hugo Chávez y los petrodólares estaban en poder de los árabes y no se dejaban sentir en América Latina.
Es por eso que, nosotros que seguimos de cerca desde hace décadas el proceso de integración centroamericana, que conocemos de alguna manera el funcionamiento de las Instituciones de nuestros países, y que por nuestra formación académica podemos entender con mayor claridad acerca de los pesos y contrapesos que, con sus matices y diferencias, tienen nuestras Constituciones, las cuales devienen de un pasado más o menos común de dictaduras, de intentos de perpetuarse y de abusos de poder, no podemos dejar de manifestar que no entendemos la posición, en este caso, de la comunidad internacional.
¿Es más legítimo un Presidente que cada uno de los integrantes de un Congreso Nacional o que un Alcalde, si todos han sido electos directamente por sus votantes? ¿Por qué tiene que ser ilegítimo un proceso de elecciones convocado por el Tribunal Supremo Electoral en Honduras desde el mes de mayo del presente año, si conforme a sus leyes, no le corresponde a nadie más convocar, dirigir o interferir en ese proceso electoral?
¿Dónde está la ley anterior que faculta a cualquiera a desconocer a las autoridades electas democrática, libre y popularmente en un país, conforme a la normativa legal positiva del mismo?
El pueblo hondureño, no el gobierno, es el que elegirá a sus próximas autoridades. Eso no tiene vuelta de hoja, y mal hace la comunidad internacional en negarle a Honduras una salida "democrática" a la crisis política que ellos no propiciaron, sino ese señor de sombrero que, en una pasada de unas horas por México, fue capaz de unir a una nación de más de 100 millones de habitantes en su contra. ¿Qué es lo que el Presidente Barak Obama o la Secretaria de Estado Hilary Clinton no pueden ver?
Lo que sí quisieramos que vieran es la ingerencia venezolana en el proceso de elecciones de Uruguay, en donde se ha descubierto la venta de un lote de libros que no pasan de un cuarto de millón de dólares, a Venezuela, por más de 36 millones de dólares. Curiosamente, la editorial es propiedad de un pariente de uno de los candidatos a la Presidencia de la República. ¿Esas elecciones sí van a ser reconocidas por la comunidad internacional, con Estados Unidos a la cabeza? Y la OEA, ¿qué dice al respecto?
miércoles, 2 de septiembre de 2009
LA COMUNIDAD INTERNACIONAL COMIENZA A TENER SENTIDO COMÚN
La Unión Europea recién acaba de anunciar que no excluirá a Honduras de las negociaciones del Acuerdo de Asociación Europa-Centroamérica, lo que denota madurez y entendimiento por parte de la mayoría de líderes europeos, a pesar de la insidia y estrechez política de las autoridades de gobierno españolas, que han insistido en navegar a contrapelo del menor sentido común.
Por otro lado, parece que el Fondo Monetario Internacional, FMI, ha autorizado a Honduras el desembolso de recursos por US$.150.00 millones, provenientes de un antiguo préstamo cuyo programa fue suspendido unilateralmente por dicho ente multilateral, en virtud de que los supervisores declararon "dudas razonables en la transparencia conque se manejan los fondos" (sic.), en una clara manifestación de que se ha comenzado a comprender que la naturaleza del Golpe de Estado de fecha 28 de junio del año en curso, es sui géneris, ya que no se derogó la Constitución y todas las instituciones siguen funcionando con normalidad.
Lo anterior contrasta con las cada vez más irreflexivas y descabelladas (no es alusión) posiciones que asume la Organización de Estados Americanos, OEA, en el sentido de desconocer el resultado del proceso de elecciones que ya estaba en marcha desde el mes de mayo, que no sólo ponen a esta organización en ridículo sino hacen su lenguaje ininteligible para muchas personas.
Se ponen en ridículo porque parecieran no entender que el proceso de elecciones en Honduras no depende de la Presidencia de la República, y sabiendo que sí lo entienden, sólo podemos pensar que con esas declaraciones quieren engañar a las grandes mayorías, haciéndoles creer que las elecciones serán ilegítimas porque estarán personalmente controladas por el Presidente Roberto Micheletti. ¡Por favor!
Finalizo con un dato curioso que tiene que ver, además, con desembolsos. En el diario Prensa Libre (Guatemala) de hoy, hay un análisis interesante que señala que, aunque Honduras ha pasado esta etapa de crisis y que le han bloqueado los desembolsos de préstamos, el Lempira, la moneda de ese país, ni se ha inmutado. El analista atribuye esto a la gran cantidad de dólares que han ingresado a Honduras para apoyar las marchas a favor de la restitución de Manuel Zelaya. ¡Vayan Uds. a imaginarse de dónde están saliendo esos dolaritos!
Por otro lado, parece que el Fondo Monetario Internacional, FMI, ha autorizado a Honduras el desembolso de recursos por US$.150.00 millones, provenientes de un antiguo préstamo cuyo programa fue suspendido unilateralmente por dicho ente multilateral, en virtud de que los supervisores declararon "dudas razonables en la transparencia conque se manejan los fondos" (sic.), en una clara manifestación de que se ha comenzado a comprender que la naturaleza del Golpe de Estado de fecha 28 de junio del año en curso, es sui géneris, ya que no se derogó la Constitución y todas las instituciones siguen funcionando con normalidad.
Lo anterior contrasta con las cada vez más irreflexivas y descabelladas (no es alusión) posiciones que asume la Organización de Estados Americanos, OEA, en el sentido de desconocer el resultado del proceso de elecciones que ya estaba en marcha desde el mes de mayo, que no sólo ponen a esta organización en ridículo sino hacen su lenguaje ininteligible para muchas personas.
Se ponen en ridículo porque parecieran no entender que el proceso de elecciones en Honduras no depende de la Presidencia de la República, y sabiendo que sí lo entienden, sólo podemos pensar que con esas declaraciones quieren engañar a las grandes mayorías, haciéndoles creer que las elecciones serán ilegítimas porque estarán personalmente controladas por el Presidente Roberto Micheletti. ¡Por favor!
Finalizo con un dato curioso que tiene que ver, además, con desembolsos. En el diario Prensa Libre (Guatemala) de hoy, hay un análisis interesante que señala que, aunque Honduras ha pasado esta etapa de crisis y que le han bloqueado los desembolsos de préstamos, el Lempira, la moneda de ese país, ni se ha inmutado. El analista atribuye esto a la gran cantidad de dólares que han ingresado a Honduras para apoyar las marchas a favor de la restitución de Manuel Zelaya. ¡Vayan Uds. a imaginarse de dónde están saliendo esos dolaritos!
miércoles, 19 de agosto de 2009
ONCE AVIONETAS VALEN MÁS QUE UN AVIÓN
Hace unas semanas la prensa mundial recogió las imágenes del avión venezolano en el cual el ex presidente Manuel Zelaya pretendió regresar a Honduras, intento que se vio frustrado por los obstáculos puestos en la pista de aterrizaje del aeropuerto Toncontín, en Tegucigalpa. De nada sirvió que en él viniera el Secretario General de la ONU, cancilleres o personaje alguno.
La nota de hoy, miércoles 19 de agosto, en la sección de Negocios de Prensa Libre, página 22, es que el presidente de Honduras Roberto Micheletti recibió, ayer, a 25 empresarios guatemaltecos que llegaron, en 11 avionetas, en reciprocidad a la visita recibida por sus homólogos hondureños hace alrededor de un mes y con la intención de reforzar los lazos entre ambos grupos empresariales.
Desde nuestra perspectiva, eso es integración; eso es, precisamente, lo que Honduras necesita en estos momentos de crisis política, no la crítica y, especialmente, la condena a una parte del proceso sin entender la totalidad de lo que ha venido sucediendo.
Mi felicitación a la prensa que ha cubierto este suceso y la condena a los medios que no han querido destacar este tipo de noticia.
Desde nuestra perspectiva, el apoyo del empresariado guatemalteco, bajo las actuales circunstancias, vale más que todas las presiones que se hagan desde los círculos políticos del mundo, y ayudarán a que esta crisis llegue a su punto de culminación con la finalización del proceso electoral hondureño conforme a lo que dicta su Constitución, y el consiguiente establecimiento legítimo de un nuevo gobierno.
Inequívocamente, once avionetas valen más que un avión.
La nota de hoy, miércoles 19 de agosto, en la sección de Negocios de Prensa Libre, página 22, es que el presidente de Honduras Roberto Micheletti recibió, ayer, a 25 empresarios guatemaltecos que llegaron, en 11 avionetas, en reciprocidad a la visita recibida por sus homólogos hondureños hace alrededor de un mes y con la intención de reforzar los lazos entre ambos grupos empresariales.
Desde nuestra perspectiva, eso es integración; eso es, precisamente, lo que Honduras necesita en estos momentos de crisis política, no la crítica y, especialmente, la condena a una parte del proceso sin entender la totalidad de lo que ha venido sucediendo.
Mi felicitación a la prensa que ha cubierto este suceso y la condena a los medios que no han querido destacar este tipo de noticia.
Desde nuestra perspectiva, el apoyo del empresariado guatemalteco, bajo las actuales circunstancias, vale más que todas las presiones que se hagan desde los círculos políticos del mundo, y ayudarán a que esta crisis llegue a su punto de culminación con la finalización del proceso electoral hondureño conforme a lo que dicta su Constitución, y el consiguiente establecimiento legítimo de un nuevo gobierno.
Inequívocamente, once avionetas valen más que un avión.
Etiquetas:
crisis hondureña,
Honduras,
integracion,
Manuel Zelaya,
ONU,
Roberto Micheletti
jueves, 9 de julio de 2009
EL DIÁLOGO EN COSTA RICA SOBRE LA CRISIS HONDUREÑA. ALGO PARA LA HISTORIA.
El depuesto presidente Manuel Zelaya, y el recientemente juramentado presidente Roberto Micheletti, ambos hondureños, han aceptado dialogar en territorio costarricense, con el apoyo del gobierno estadounidense (no norteamericano) y el auspicio del presidente Oscar Arias, con el beneplácito (como que sirviera de algo) de la OEA.
Hasta donde sabemos, el primer llamado al diálogo lo pidió la bancada de diputados hondureños al Parlamento Centroamericano, el miércoles 1 de julio de 2009, ya que la Asamblea Plenaria de dicho organismo, la noche antes, había emitido una resolución amañada, debido a la manipulación de la Coordinadora de Debates Gloria Oquelí de Macoto, la que se hace llamar Presidenta después de haber recibido los votos de simples observadores, como lo son los que envió el presidente Leonel Fernández, de República Dominicana, a ese organismo regional, y que no tienen la calidad ni para elegir ni para ser electos dentro del mismo.
La "Descoordinadora de Debates" Oquelí manipuló tanto el debate, al grado de impedir que hablaran en él los mismos hondureños, que sí son diputados electos popular, secreta y democráticamente por los ciudadanos de Honduras, interrumpiendo el debate habiendo una larga lista de oradores pendientes de expresarse, solicitó súbitamente que levantaran la mano quienes creían que debía ser aprobada la iniciativa presentada y, con las manos levantadas de los observadores dominicanos que no tienen derecho a votar, y con el apoyo del bloque ideológico de izquierda (sandinistas de Nicaragua, perredistas de Panamá, FMLnistas de El Salvador y algunos diputados de la UNE de Guatemala), en un acto antidemocrático, ilegal y totalmente inmoral, la aprobaron, convirtiéndola en una resolución que, eso sí, han hecho circular por el mundo.
Las consideraciones por las cuales no apoyé esa moción las publiqué en este blog.
El resultado de estas acciones fue que la bancada hondureña consensuó una declaración (a excepción, por supuesto, de la "Coordinadora de Disparates"), el día 1 de julio, que presentó a la Asamblea Plenaria el día 2 (porque el día anterior no había Plenaria). Hasta donde sabemos, esa declaración, totalmente balanceada, es el primer llamado al diálogo nacional que se hizo dentro de la crisis política hondureña.
El jueves 2 de julio, en medio del debate sobre la comunicación consensuada de los diputados hondureños, que unos diputados apoyamos totalmente, como en mi caso, pidiendo que la Asamblea Plenaria la hiciera suya, las bancadas ideológicas de izquierda obstaculizaron a toda costa, hasta que se rompió el quórum y no se siguió con el debate (porque a la señora Oquelí no le convenía, porque el quórum fue cuestionado durante la aprobación de la resolución del martes 30 de junio, pero como a ella le interesaba que la iniciativa pasara, se hizo caso omiso de tal situación), acordándose continuar con el mismo al día siguiente.
El viernes 3 de julio, la Asamblea Plenaria estaba convocada para las 9 de la mañana. Era un día difícil para sacar adelante la misma, ya que había programada una visita del Embajador de Taiwan, a las 10:30, y muchos diputados tenían programados sus vuelos de regreso a sus países en los vuelos de esa tarde y tenían que estar en el aeropuerto a partir de las 13 horas.
La Secretaria Vilma Reyes, hondureña, era la única miembro de esta Junta Directiva espuria que estaba en su lugar. Constató que había el quórum necesario para abrir la sesión pero la señora Gloria Oquelí, con su continuada manipulación del tema de la crisis hondureña, dentro de la cual tomó partido por el presidente depuesto desde el domingo 28 de junio, se presentó alrededor de las 11:05 horas para abrir la sesión, aprobar el orden del día y, seguidamente, recibir al señor embajador; todo con la excusa de que estaba en una reunión de Jefes de Bloque (el PARLACEN funciona por bloques ideológicos, no por partidos políticos) para discutir la crisis política hondureña, en franca falta de respeto no sólo por los diputados que esperaban que abriera la sesión, sino de falta de respeto a sí misma, ya que ni ella misma hace caso de las convocatorias que salen de la oficina que ocupa inmoral e ilegalmente.
En pocas palabras, pocas fueron las personas que pudieron discutir el tema, pero hubo interesantes aportes, especialmente de las bancadas panameña y guatemalteca, ya que se sugirió no sólo apoyar la visión consensuada de los hondureños, que incluían ese primer llamado al diálogo, sino ofrecer las instalaciones físicas de la sede del Parlamento Centroamericano, en Guatemala, como territorio neutral para llevarlas a cabo. Pero todo fue en vano.
Hoy se lleva a cabo el diálogo entre las dos partes, en Costa Rica, y las personas sensatas debemos apoyarlo. Oscar Arias no tuvo los méritos para obtener un Premio Nóbel dentro del contexto en que se lo dieron, como sí lo tenía Vinicio Cerezo (y que conste que siempre he sido opositor de Cerezo); es más, creo que, en el caso de la crisis hondureña, al haber emitido criterio sobre el asunto, no es la persona más idónea para coordinarlo; debiera haber sido algun líder no latinoamericano; pero reconozco, especialmente después de sus sensatas declaraciones con relación a la falta de "calidad" de las Reuniones de Presidentes de los países miembros del Sistema de la Integración de Centroamérica, que es una persona madura y que, en todo caso, estará dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva al sentarse en esa mesa y escuchar, con las dos orejas, cada una de las posiciones de las partes.
No tenemos más que desearle la Iluminación de Dios a los tres y una buena gestión al presidente Arias en este asunto. Yo sería el primero en apoyar, hoy, una nueva candidatura al Premio Nobel de la Paz si tiene éxito en esta delicada gestión. No creo que haya una sola persona a quien hayan galardonado dos veces con el mismo premio, ni sé si la reglamentación lo permite, pero si en el pasado se le otorgó ese reconocimiento, dentro de la coyuntura centroamericana, hoy tenemos que estar atentos, los demócratas convencidos como él, de esta delicada gestión.
Mientras tanto, todas las instituciones condenadoras a priori de una investigación, como la ONU, la OEA, el Grupo de Rio, y los países que las conforman, deben observar una actitud neutral, y en ese orden de ideas, el cierre del espacio aéreo nicaragüense, prohibiéndole el paso al presidente Micheletti, no abona a la construcción de la paz. Y paz queremos todos.
Hasta donde sabemos, el primer llamado al diálogo lo pidió la bancada de diputados hondureños al Parlamento Centroamericano, el miércoles 1 de julio de 2009, ya que la Asamblea Plenaria de dicho organismo, la noche antes, había emitido una resolución amañada, debido a la manipulación de la Coordinadora de Debates Gloria Oquelí de Macoto, la que se hace llamar Presidenta después de haber recibido los votos de simples observadores, como lo son los que envió el presidente Leonel Fernández, de República Dominicana, a ese organismo regional, y que no tienen la calidad ni para elegir ni para ser electos dentro del mismo.
La "Descoordinadora de Debates" Oquelí manipuló tanto el debate, al grado de impedir que hablaran en él los mismos hondureños, que sí son diputados electos popular, secreta y democráticamente por los ciudadanos de Honduras, interrumpiendo el debate habiendo una larga lista de oradores pendientes de expresarse, solicitó súbitamente que levantaran la mano quienes creían que debía ser aprobada la iniciativa presentada y, con las manos levantadas de los observadores dominicanos que no tienen derecho a votar, y con el apoyo del bloque ideológico de izquierda (sandinistas de Nicaragua, perredistas de Panamá, FMLnistas de El Salvador y algunos diputados de la UNE de Guatemala), en un acto antidemocrático, ilegal y totalmente inmoral, la aprobaron, convirtiéndola en una resolución que, eso sí, han hecho circular por el mundo.
Las consideraciones por las cuales no apoyé esa moción las publiqué en este blog.
El resultado de estas acciones fue que la bancada hondureña consensuó una declaración (a excepción, por supuesto, de la "Coordinadora de Disparates"), el día 1 de julio, que presentó a la Asamblea Plenaria el día 2 (porque el día anterior no había Plenaria). Hasta donde sabemos, esa declaración, totalmente balanceada, es el primer llamado al diálogo nacional que se hizo dentro de la crisis política hondureña.
El jueves 2 de julio, en medio del debate sobre la comunicación consensuada de los diputados hondureños, que unos diputados apoyamos totalmente, como en mi caso, pidiendo que la Asamblea Plenaria la hiciera suya, las bancadas ideológicas de izquierda obstaculizaron a toda costa, hasta que se rompió el quórum y no se siguió con el debate (porque a la señora Oquelí no le convenía, porque el quórum fue cuestionado durante la aprobación de la resolución del martes 30 de junio, pero como a ella le interesaba que la iniciativa pasara, se hizo caso omiso de tal situación), acordándose continuar con el mismo al día siguiente.
El viernes 3 de julio, la Asamblea Plenaria estaba convocada para las 9 de la mañana. Era un día difícil para sacar adelante la misma, ya que había programada una visita del Embajador de Taiwan, a las 10:30, y muchos diputados tenían programados sus vuelos de regreso a sus países en los vuelos de esa tarde y tenían que estar en el aeropuerto a partir de las 13 horas.
La Secretaria Vilma Reyes, hondureña, era la única miembro de esta Junta Directiva espuria que estaba en su lugar. Constató que había el quórum necesario para abrir la sesión pero la señora Gloria Oquelí, con su continuada manipulación del tema de la crisis hondureña, dentro de la cual tomó partido por el presidente depuesto desde el domingo 28 de junio, se presentó alrededor de las 11:05 horas para abrir la sesión, aprobar el orden del día y, seguidamente, recibir al señor embajador; todo con la excusa de que estaba en una reunión de Jefes de Bloque (el PARLACEN funciona por bloques ideológicos, no por partidos políticos) para discutir la crisis política hondureña, en franca falta de respeto no sólo por los diputados que esperaban que abriera la sesión, sino de falta de respeto a sí misma, ya que ni ella misma hace caso de las convocatorias que salen de la oficina que ocupa inmoral e ilegalmente.
En pocas palabras, pocas fueron las personas que pudieron discutir el tema, pero hubo interesantes aportes, especialmente de las bancadas panameña y guatemalteca, ya que se sugirió no sólo apoyar la visión consensuada de los hondureños, que incluían ese primer llamado al diálogo, sino ofrecer las instalaciones físicas de la sede del Parlamento Centroamericano, en Guatemala, como territorio neutral para llevarlas a cabo. Pero todo fue en vano.
Hoy se lleva a cabo el diálogo entre las dos partes, en Costa Rica, y las personas sensatas debemos apoyarlo. Oscar Arias no tuvo los méritos para obtener un Premio Nóbel dentro del contexto en que se lo dieron, como sí lo tenía Vinicio Cerezo (y que conste que siempre he sido opositor de Cerezo); es más, creo que, en el caso de la crisis hondureña, al haber emitido criterio sobre el asunto, no es la persona más idónea para coordinarlo; debiera haber sido algun líder no latinoamericano; pero reconozco, especialmente después de sus sensatas declaraciones con relación a la falta de "calidad" de las Reuniones de Presidentes de los países miembros del Sistema de la Integración de Centroamérica, que es una persona madura y que, en todo caso, estará dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva al sentarse en esa mesa y escuchar, con las dos orejas, cada una de las posiciones de las partes.
No tenemos más que desearle la Iluminación de Dios a los tres y una buena gestión al presidente Arias en este asunto. Yo sería el primero en apoyar, hoy, una nueva candidatura al Premio Nobel de la Paz si tiene éxito en esta delicada gestión. No creo que haya una sola persona a quien hayan galardonado dos veces con el mismo premio, ni sé si la reglamentación lo permite, pero si en el pasado se le otorgó ese reconocimiento, dentro de la coyuntura centroamericana, hoy tenemos que estar atentos, los demócratas convencidos como él, de esta delicada gestión.
Mientras tanto, todas las instituciones condenadoras a priori de una investigación, como la ONU, la OEA, el Grupo de Rio, y los países que las conforman, deben observar una actitud neutral, y en ese orden de ideas, el cierre del espacio aéreo nicaragüense, prohibiéndole el paso al presidente Micheletti, no abona a la construcción de la paz. Y paz queremos todos.
Etiquetas:
crisis hondureña,
dialogo,
Gloria Oqueli,
Manuel Zelaya,
oea,
ONU,
Oscar Arias,
PARLACEN,
Premio Nobel,
Roberto Micheletti
Suscribirse a:
Entradas (Atom)