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viernes, 22 de mayo de 2015

EL TRISTE CASO DE UN GENERAL QUE QUISO SER PRESIDENTE

     Ganar una elección y ocupar la primera magistratura de una nación no equivale a obtener patente de corso.

     La legitimación de un funcionario se hace en el día a día y se puede medir de múltiples maneras; no es estática e inherente a un cargo sino producto de la capacidad de quien lo ocupa de fortalecer la institución a su cargo, de impulsar proyectos de bien; de comunicar la bondad o las razones de sus decisiones aunque estas no tengan resultados inmediatos sino en el largo plazo.

     Asumir que uno, como funcionario, puede hacer lo que quiera, es equivocado.  Las épocas de los reyes absolutos, de los procónsules y del feudalismo hace tiempo que quedaron atrás. Hasta las monarquías modernas se ajustan a normas y procedimientos constitucionales. ¡Y los respetan!

     Por otro lado, la responsabilidad política es proporcional a la importancia del cargo que se ocupa, y no al revés.  Lo decimos porque parece, a veces, que mientras más importantes se ven, más irresponsables se creen ante la ciudadanía que los eligió.  En este caso el Presidente de la República ha puesto la pauta de lo que es su gobierno y, por ende, es el mayor responsable de la crisis política y moral que vive el Estado guatemalteco.

     El caso del presidente Otto Pérez Molina es patético, pues desde que era candidato, dos cosas: 1) ya dio muestras de la liviandad de su escala de principios y valores al embolsarse parte de los fondos robados al Congreso de la República; y, 2) él, y únicamente él, es responsable de haber escogido a su compañera de fórmula, la hoy ex-vicepresidenta Roxana Baldetti y, consecuentemente, la responsabilidad política de los desfalcos y fraudes de esta señora son compartidos por ambos: por ella, que ya se vio obligada a renunciar, y por él, quien la llevó a ocupar ese puesto.

     Si agregamos que el hasta ahora presidente el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGSS, fue su Secretario Privado en la Presidencia de la República y fue nombrado en la institución mencionada por él, su jefe, como que ya viene teniendo responsabilidad en los dos grandes casos de mafias incrustadas en el Estado que hasta ahora han salido a la luz; y si la señora ex-vicepresidenta renunció porque su secretario privado estaba involucrado en los fraudes de la Superintendencia de Administración Tributaria, SAT, no vemos argumento alguno por el cual no deba renunciar el presidente del país, tanto por un caso como por el otro, lo cual es más grave.

     Sumémosle la soledad en que está quedando con la salida de tres ministros con sendos cuestionamientos: el de Ambiente y Recursos Naturales por el tema del supuesto saneamiento del Lago de Amatitlán con una compra de agua salada por un poco más de Q.137 millones; el de Energía y Minas, aunque los cuestionamientos provienen del partido político Líder, por lo que le brindamos algún grado de incredulidad a los mismos, por el momento; y por el de Gobernación, que deberá ser investigado por tanto negocio que apesta a perro muerto en esa dependencia, como los contratos de reparación de autopatrullas, la compra de combustible,  las plazas fantasmas, la sobrevaluación del precio de cámaras, cárceles, comida, armas y hasta equipo para controlar el ingreso y egreso de personas en puestos de migración. 

     Todo esto sin olvidar que él es el único responsable, no sólo del nombramiento de quien era su "Delfín", Alejandro Sinibaldi, como Ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, donde la peste a cadáver putrefacto persiste por donde pasó, sino de empujarlo, a trabas y rempujones, hacia una candidatura presidencial absurda, pagándole algunos favores que no nos constan pero que son del dominio público.

     Luego, por si no fuera suficiente su soledad, gran impedimento para gobernar, su responsabilidad directa en todas estas oficinas públicas cuestionadas (por no mencionar el Registro de la Propiedad, los puertos, el aeropuerto, los hospitales, las cárceles), y en gran parte por las componendas con el Congreso de la República en esas elecciones negociadas sin pensar en el país sino en su futuro en libertad e impunidad y en la repartición que hicieron su partido político con el que dice que "le toca", del presupuesto de la nación para el presente año; su responsabilidad, decimos, es innegable.

     La única salida que le queda es dejar el cargo lo antes posible.  Si se tarda más de lo debido pueda ser que sus propios compañeros de armas, porque los tiene que todavía creen en el honor y que han de despreciar lo que estos pocos militares metidos a mercaderes de la política han hecho, lo podrían sacar de donde está.  Entendemos que la mayoría de los miembros del Ejército no se identifica con todas estas actuaciones cuestionadas.

     Es preferible una renuncia a tiempo, con humildad, que patada en la parte donde la espalda deja de serlo.  O patadas, en plural.

     Piénselo, presidente.  Nuestra experiencia política, que es mayor que la suya, nos hace visualizar que no tiene otra salida.  ¡Su renuncia es inminente!  

lunes, 1 de marzo de 2010

¿POR QUÉ TANTOS MINISTROS? TEORÍA DEL PRESIDENTE "WASHKERO"

El término "washkero", en el argot de la calle en Guatemala, significa que no da la altura, que no tiene la categoría esperada y, en algunos casos, que se es mentiroso.

En el caso del Presidente Álvaro Colom me parece que el término le va mejor al gobierno que representa que la tan sonada "solidaridad", que de tal no hay absolutamente nada, y detrás de toda la actuación de las actuales autoridades sólamente encontramos clientelismo político, astucia para quedarse con parte o con todo el mandado, corrupción, suciedad, inmoralidad, autoritarismo, prepotencia, nepotismo (que cuando no hay calidad profesional o simple capacidad demostrada, eso es lo que es).

Hace como una semana se anunció la destitución, por corrupción (yo sí me atrevo a llamar al pan, pan, y al vino, vino), de uno de tantos Ministros de Agricultura que ha tenido este "desgobierno en poco más de dos años; unos días atrás, se ordenó el cese de funcionas, judicialmente, de uno de tantos Ministros de Educación que ha habido. Ahora la noticia es que ayer también se tuvo que destituir, por corrupto, al Ministro de Gobernación, de modo que ahora asume el ministro número cinco en ese ramo.

Definitivamente, eso no es gobierno. Definitivamente eso no es combatir la delincuencia con "inteligencia". ¿Cuál?

Le hacen un daño terrible al país con esta incertidumbre acerca de nuestras autoridades, si es que todavía les podemos seguir llamando así porque, ¿con qué autoridad pueden desempeñarse este tipo de funcionarios que han venido subiendo en el escalafón, desde el ayudante del escribiente del asesor del viceministro? Es más, ¿con qué lealtad pueden los funcionarios menores apuntalar una gestión administrativa, si cualquier funcionario de rango medio se puede ya sentir Ministro al paso que vamos?

Recuento de daños aparte, a mí me parece que lo que sucede en Guatemala es producto de un Presidente Washkero, es decir, un presidente que dice una cosa y hace otra, cuando hace algo; un presidente que no está a la altura de las espectativas de la población ni de los requerimientos de la Nación; un presidente que no tiene categoría, que no manda y, lo que es peor, que deja que su "compañera" mande, ordene, grite funcionarios y regañe a su antojo, a sabiendas de todos, los regañados incluso, que no fue electa, que no tiene por qué mandar, que no le corresponde disponer y decidir.

A excepción de dos Ministerios, el de Energía y Minas y el de Ambiente, todos los demás Ministerios considero que han sido afectados por el efecto "washkero".

Me explico mejor: cuando se tiene un Presidente de la República que manda, que es capaz de convocar a un equipo de gente más capaz que él, que tiene una conducta personal que no da lugar a comentarios, que tiene el liderazgo para movilizar su grupo de trabajo hacia metas determinadas, que tiene un balance entre su capacidad de escuchar y de hablar, que hace evidente que antepone los intereses patrios a sus caprichos personales, cuya honradez no es puesta a duda, que no titubea para tomar las decisiones, incluyendo alguna para rectificar. Cuando se tiene un Presidente de esta categoría, en función directamente proporcional tendrá de ese mismo calibre a sus Ministros y Secretarios de Estado.

Por el contrario, como se dice popularmente, cuando la cabeza está podrida, el resto del cuerpo no puede estar menos que podrido.

Por eso digo y sostengo que el mayor problema del actual gobierno es su , washkerismo, el cual está llevando a tener Ministros washkeros y esto, lo único que producirá hasta el final de este gobierno, será un eterno relevo de mandos altos que, actualmente, son ocupados por personas que apenas tienen capacidad para ocupar mandos medios.

¿Qué podemos esperar de un Ministro que aguanta regañadas y gritadas en público, humillantes, de parte de la señora compañera del Presidente de la República? Pues según mi teoría, Ministros que sólo llegan "a ver qué"; que las regañadas y gritadas en público se las están cobrando con el erario público. A estas alturas, es prácticamente imposible que personas honorables, honradas, capaces y dispuestas a sacrificar su vida personal por la del funcionario público, ingresen a conformar un gabinete desprestigiado y complicado, a menos que tengan interés en algo más, lo cual les quita, automáticamente, los anteriores adjetivos.

Guatemala está condenada, en los siguientes casi dos años, a aguantar las mañas, latrocinios, abusos, arbitrariedades y lambisconerías de la mayoría de los Ministros de Estado que hoy dicen que hacen gobierno o de los que, en el futuro, se les arrimen.

¡Roguémosle a Dios que, por lo menos los dos nombrados, no renuncien o se enfermen en lo que queda del "Gobiernito de la Solidaridad"!