lunes, 9 de mayo de 2016

LA PASIÓN. UN LLAMADO AL RESCATE DE LA PATRIA.

     Curiosamente, de las nueve acepciones que la palabra "pasión" tiene en el Diccionario de la Lengua Española, es a las 6a. y 7a. a las que queremos referirnos.

     Cuando somos niños y jóvenes, es normal que cualquier juego o actividad la hagamos con energía, con total entrega sin averiguar consecuencias, con pasión. La desnutrición a estas edades puede anular esa pasión y hacer que le gane la indiferencia (el estoicismo dicen quienes no entienden el hambre); lo hemos visto tantas veces, especialmente en nuestros periplos por las montañas y comunidades del interior del país.

     Es en algún momento de nuestra juventud que mucha gente comienza a perder ese ímpetu natural y, diferenciando las oportunidades que da la vida, se va incursionando en los diferentes senderos con más reserva y hasta con cautela.

     A través de la vida hemos compartido con una familia apasionada. Cuando hemos sido deportistas, hemos sido serios y comprometidos con la rama que escogimos. Cuando discutimos, defendemos nuestras ideas con vehemencia. Hemos visto practicar su profesión a nuestros parientes con una entrega total que ha hecho que sus colegas los respeten y los admiren por lo que hacen y lo que representan.  Es decir, en nuestro ya largo periplo en esta existencia, lo normal ha sido hacer las cosas "como Dios manda", con cierto dejo de perfeccionismo, con un ánimo inclaudicable y tenaz, sin pensar en el cansancio o en el abatimiento.

     Dificultades en la vida todos tenemos.  Hay subidas y bajadas como en todo, pero el empuje de siempre, esa chispa natural y ese brillo en la mirada y ese verbo determinado debieran mantenerse hasta el final de la existencia, aunque no siempre es así.

     Con casi tres décadas, ya, haciendo política activa, nos podemos percatar que la fuente de nuestra energía no mengua, pero que en el camino no sólo nos vamos quedando solos, hasta de las astillas del mismo palo, sino que la juventud que debiera venir renovando las bajas de elementos de otros tiempos, es muchísimo más indiferente que antes; carece del nivel de compromiso que nosotros, el grupito con el que nos iniciamos hace décadas, teníamos (y, por lo menos dos, seguimos manteniendo).

     ¿Qué ha pasado? ¿Puede ser tan distinta la misma gente con el paso de una sola generación? Es cierto que el ambiente político de hoy es adverso y asqueroso, pero igual era hace treinta años. ¡Eso fue, precisamente, lo que nos motivó a participar! ¡Restarle espacios a los malos políticos que hacían y deshacían con descaro!

     Hacer política en solitario es bien difícil. No hay recursos, no hay apoyo, no hay comprensión; no hay, siquiera, un alero para comentar algo antes de emitir una declaración.  Es un camino tortuoso y sombrío.

     Reconocemos que esa soledad puede afectar el nivel de pasión que, en una carrera política larga, podamos tener; pero también templa, como aquellas hojas de acero damasquino, nuestras calidades y cualidades de líder. 

     No sabemos qué pasa con esos hombres y mujeres jóvenes a quienes el país les ha dado todo pero que, o no están dispuestos a devolverle nada y se hacen los desentendidos, o se hacen de rogar cuando son convocados para rescatarlo. Algunos hablan de hacer patria pero parecen reacios a actuar y, teniendo tanta tecnología para comunicarse, les cuesta hasta hacerlo.

     ¿Tan duro le ha pegado al ciudadano común tanto hecho de corrupción? ¿Saldrán esos hombres y mujeres tan valiosos, de su letargo, y darán un paso al frente ante el llamado de una patria lastimada que los necesita para cambiar el rumbo?

     Mientras escribimos estas líneas dudamos de esa participación que esperamos, pero aprovechamos para hacer de nuestra pasión inclaudicable una declaración de fe que vaya contagiando y sumando.  

     Los destinos del país han estado en manos de bandas de pícaros y, ante un repentino pero corto despertar ciudadano, ahora están en manos de la inexperiencia, que puede ser, para el mismo, igualmente costoso en deuda, en más prebendas para los sindicatos de siempre, en duplicidad de funciones y un largo etcétera.

     ¡Hacemos un llamado a los hombres y mujeres de bien, de cualquier edad, para que incendien su pasión, para que llenen de aire sus pulmones, bombeen sangre roja por sus venas y acudan al rescate de la patria!

     No basta con criticar desde las redes o sugerir tal cosa al vecino o compañero de clase o de trabajo. ¡Hay que mojarse los pantalones en los senderos del porvenir que hay que construir! ¡No dejemos que los pícaros y los mediocres nos hagan como que construyen el futuro!

viernes, 11 de marzo de 2016

EL ARTE MARCIAL, EL APRENDIZAJE DE IDIOMAS Y LA POLÍTICA

     Hace unas semanas que tuvimos viento, frío y hasta lluvia, por razones de una tos persistente decidí no rasurarme hasta ayer, que me la volví a quitar. Al retomar, hoy, la rasuradora, pude darme cuenta que, durante años, ese momento de intimidad, viéndome la cara en el espero, era, además, el de un intenso diálogo personal e interno.  No me había fijado que muchas de las ideas germinan y evolucionan como recibiendo consejos de alguien y contraponiendo las ventajas y desventajas de otras opciones. Algunas veces sucede mientras uno está esas largas horas atrapado en el tráfico, también.

     Mientras comenzaba la tarea mañanera de rasurarme, comencé recordando cómo, en mis años juveniles de prolongados entrenamientos de arte marcial, se aprendía una técnica, paso por paso, y se repetía infinidad de veces, primero al aire, luego aplicándola con algún compañero, hasta que iba saliendo. La repetición le agregaba fluidez, fuerza y, en determinado momento, hasta carácter, al imprimirle uno a lo aprendido su propia personalidad.  Décadas después de haber aprendido esta manera de defenderse, que no deja de ser un deporte peculiar porque de algo te puede servir en la calle, estoy seguro que, en el momento que se necesite, desde una parte del Ser que no sé explicar cuál es, saldrían los principios básicos de defensa para evitarnos un daño.  Eso creo.

     El aprendizaje de idiomas es parecido. Se aprenden las palabras una por una, agrupadas a veces por lo que son (sustantivos, verbos, números, pronombres, etcétera), y complementando el aprendizaje con una estructura, la gramática, hasta que vista y oído se empiezan a ajustar, haciéndolo un poco después la lengua, con lo que quiero dar a entender que se va facilitando la comprensión de lectura, luego el entendimiento de algo pronunciado en otro idioma y, por último, la expresión de lo aprendido.  Estoy seguro que si pasan décadas de que no se practica un segundo idioma, al poco tiempo este aparecerá y, poco a poco, pero más apresurado que lento, volverá la fluidez enmohecida por el tiempo.

     La política es un poco distinta.  Se puede tener un aprendizaje formal; ¿de qué? de Principios Básicos del Derecho, por ejemplo, o de Derecho Constitucional, o una formación en Relaciones Internacionales o en Derechos Humanos, todo lo cual ayuda, pero la política es distinta.

     Se puede leer El Príncipe, de Maquiavelo, o a Sun Tzu, a Platón o a Aristóteles. Yo los he leído, así como a algunos clásicos de la época romana, y eso le da profundidad a mis pensamientos, pero no fluidez a la política.

     Obtener un título académico o leer constantemente siempre es bueno; aporta para bien, pero no da cintura política.

     La política se aprende haciendo política. No es esto. No es aquéllo. Es la capacidad de estar informado, la de procesar esa información y darle sentido, la de tomar decisiones pensando en la línea de tiempo, es decir, en los antecedentes y en las consecuencias y no sólo en la urgencia que se tiene en el momento de optar por uno u otro camino; es tomar en cuenta a los afectados, a quienes pueden reaccionar por una ola que llegue a su playa ocasionada por nuestro menor movimiento.

     El arte marcial y la política requieren de profundizar (estudio), de entrenamiento (experiencia), de cálculos infinitamente rápidos que miden tiempo, distancia y la utilización de los tres planos o ejes que explico en mi segundo libro (K'amalb'é. La Historia detrás de un deporte artístico marcial), los cuales podemos resumir en plano superior e inferior, planos izquierdo y derecho y distancia.

     ¿Por qué este diálogo? Posiblemente porque los tres son temas en los que, de alguna manera, he estado inmiscuido.

     Alguien en el mundo, quizás, con este tipo de predilecciones, podrá apreciar mejor lo que expreso acá.

     Lo que es claro es que todo esto se da mientras las manos se mueven con la hoja de afeitar sin que les ponga atención, a pesar del riesgo que conlleva. Ha de ser otro aprendizaje que nos hace temblar la primera vez pero en lo que se adquiere, también, maestría con el tiempo.

     Ese mismo miedo le ha de dar a quienes ven la política por fuera. Cordial invitación a ya no hacerlo.  Nuestro país no es de quienes, tradicionalmente, hemos dejado que tomen las decisiones por nosotros; es de todos.  Ocupemos espacios. Volvámonos expertos en la "Res Pública" (la cosa pública) ejerciendo nuestra ciudadanía desde adentro o, por lo menos, desde cerca; si no fue ayer, que sea hoy y mañana; si no tenemos fundamento académico, no importa, busquémoslo y, aunque no sea a nivel de la Academia formal, leamos, escuchemos programas que nos vayan formando y aguzando los sentidos para tener criterios cada vez más sustentados.

     No veamos la patria como algo lejano sino como algo que nos cobija, que nos nutre y nos mantiene sanos.  Nuestro entorno es bueno o malo en la medida que hagamos algo al respecto.

     Este ya maduro artista marcial sabe que para aplicar una buena técnica hay que tener maña.  Pues hoy digo que para acabar con los mañosos la técnica es involucrarse.

     Hacer política no requiere un aprendizaje formal, ni duros ejercicios ni interminables repeticiones, pero todos podemos ser políticos, buenos políticos. El asunto es entenderlo, asimilarlo, proponérselo y poner manos a la obra. Guatemala lo necesita y tus herederos y descendientes, si lo haces bien y honradamente, te lo agradecerán.

viernes, 22 de enero de 2016

LA RECAUDACIÓN REAL Y LA VERBORREA A SU ALREDEDOR

     Cada año es lo mismo: "no se cumplieron las metas de recaudación". ¿Acaso esto es noticia? Con las metas que, entre la propuesta de funcionarios del Ministerio de Finanzas Públicas y la aprobación de diputados al Congreso de la República, ¿hay algo de sentido común?

     Tanto al gobierno como a los comerciantes que tenemos de diputados les interesa un Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación lo suficientemente inflado, al primero para poder gastar más, a los segundos para tener más renglones dónde meter a sus empresas o a las de sus parientes, negociar plazas y, en general, toda esa parafernalia asquerosa que ya todos los ciudadanos, desde afuera, conocemos.

     Lo que es poco entendible es que la prensa independiente (o debiera poner "independiente", con lo que el entrecomillado implica) les haga el juego y recalque que los ingresos no llegaron a cumplir las expectativas de lo programado. ¡Cómo nos subestiman! ¡Cuán tontos creen que somos!

     Esto también se viene a aunar a la cantaleta que se cree y repite la Comunidad Internacional (ese cuasi ente etéreo que nos critica como puede espantar un fantasma en una casa abandonada) de que en Guatemala no se pagan impuestos, o de que no se paga lo suficiente.  Cantaleta, decimos, porque ha sido imposible hacerles entender que los altos niveles de pobreza de las grandes mayorías hacen que la población sujeta al pago de impuestos sea la minoría, por lo cual es más apropiado decir que hay que elevar los niveles de ingresos para que todos seamos sujetos impositivos, y no repetir que, porque la tasa per cápita es baja todos pagamos poco.

     Si vemos la realidad de las cosas, año con año ha venido incrementándose los ingresos del país. Respecto a la recaudación tributaria de 2014, la de 2015 creció un 1.3%, con todo y que en ese año fueron a parar a la cárcel el presidente de la República, la vicepresidenta, el Superintendente de Administración Tributaria y varios miembros de la SAT, el presidente del Seguro Social, el ex presidente del Congreso de la República y varias decenas de funcionarios activos de los tres poderes del Estado.

     En una Guatemala convulsa que ha tenido elecciones generales y tres presidentes constitucionales (si, subrayado) en pocos meses, es todo un logro del sector privado (también subrayado) que la recaudación tributaria no se haya caído.

     Y la verdad es que esa recaudación tributaria ha venido creciendo consistentemente, año con año, muy a pesar de todos esos portavoces ex oficio de los interesados que se encargan de decir, repetir y tratar de hacer creer lo contrario.

     La #PrimaveraChapina que se inició en abril de 2015 merece que digamos las cosas como son, que estemos alerta y no nos dejemos engañar y que veamos las cosas en su contexto real.

     ¡Guatemala es más grande y más linda de lo que, a contrapelo de la realidad, nos quieren hacer creer!

miércoles, 21 de octubre de 2015

FANTASÍA ONÍRICA ENTRE EL ENSUEÑO Y LA FUMADA

La sucesión de imágenes mentales que un corazón de verdadero patriota puede generar en una cabeza que aspira a ver concretarse algo mejor para su país y para su gente, al chocar con la apabullante realidad, puede generar sentimientos encontrados.

Esto puede resumirse a una especie de reglas matemáticas: el dolor por la patria es directamente proporcional al amor que se le tenga; la conmiseración por los necesitados es directamente proporcional a la comprensión de su realidad; y la indiferencia frente al prójimo es inversamente proporcional al amor por el país.

Soñar y elevar el espíritu para imaginarse una realidad que hoy no existe está íntimamente ligado al amor.  Si el amor por el país o la preocupación legítima por sus habitantes más necesitados no existe, tampoco existe la necesidad de soñar y, sin necesidad de visualizar un mejor país y mejores condiciones de vida, el proceso onírico no se da. ¿Para qué?

Mucho se ha dicho de las causas de la pobreza, de la pobreza extrema, de la inequidad, de la ignorancia; de todas esas condiciones que reducen el futuro de una nación a la mínima expresión, al mantenimiento del statu quo.  Conocer esas razones porque se ha leído y porque se ha convivido con las gentes que viven bajo tales condiciones es necesario para darle dirección a nuestros sueños.

Nuestra nación tiene muchas verdades, y aunque no todas concuerdan con la verdad del vecino de enfrente, todas las versiones merecen respeto.  La versión de la conquista no coincide con la versión del despojo, y mientras esto no se entienda los sueños no pueden elevarse al éter. Lo anterior es un ejemplo profundo, pero solamente eso.

Soñar no produce bienestar material, pero nos prepara para saber por dónde enderezar nuestros íntimos esfuerzos.  Soñar cosas vanas puede que nos ayude a relajarnos, a liberar el espíritu, pero no es el sueño que genera preclaras decisiones.  Soñar, casi inmerso en un proceso inducido por alguna sustancia, atreviéndose a cuestionar los pilares mismos de la sociedad, dándonos el ánimo de preguntarnos tantos por qués que por generaciones hemos dado por un hecho, es el tipo de soñar que produce líderes visionarios, visionariamente positivos y positivamente fundamentados a la hora de explicar sus aspiraciones.

En un país con tantas y nefandas necesidades y arraigadas costumbres que hay que modificar, no es posible atreverse a soñar un solo sueño.

El liderazgo en nuestro país, sea de jóvenes empresarios, de políticos o de la sociedad organizada para servir de otra manera, debe nutrirse de sueños bien plurales que maticen con colores, con olores y detalles nunca visto las nuevas propuestas que deben surgir para levantar una nación que apenas comienza a despertar.

Paradójico, pero es así.  Ahora que la mayoría ciudadana despierta porque la corrupción, que siempre ha existido, rebalsó la gota de la cordura, es hora de soñar.  Se sueña despierto para, en ese limbo en que uno se coloca, se pueda volar espiritual pero conscientemente para vincular conocimiento académico con aspiración, para ligar experiencias pasadas con posibles soluciones y, en lugar de ver el hoy o, lo que es peor, tan sólo el ayer, visualizar un brillante mañana.

Soñar es de todos, pero de alguna manera quienes aspiran a tener algún liderazgo deben prepararse mejor, vivir intensas experiencias y, así, soñar mejor, soñar al límite entre lo que es factible y lo imposible, entre la cordura y la fantasía, pero soñar vívidamente.

Si analizamos la historia de las naciones que tienen, hoy, mejores oportunidades que nosotros y más elevados niveles de vida, todas tuvieron líderes visionarios; todos esos líderes se atrevieron a construir políticas o proyectos sobre la base de inspiraciones hasta entonces desconocidas, y tuvieron la energía y la persistencia para impulsar temas que, para algunos o para las mayorías, pudieron parecer imposibles.

¡Soñemos! ¡Atrevámonos a elevar nuestras aspiraciones y, desde el ara de la patria, lancemos positivismo, creatividad y ganas de construir  un mejor país por todas partes! ¡Nademos contra una corriente que cada vez va siendo más nuestra! ¡Seamos ejemplo de las demás naciones y de las generaciones por venir! ¡No dejemos de soñar porque está rica la cama y dormimos tan profundamente que se nos pasa el tiempo y nada recordamos al despertar!

¡La construcción de nuestro nuevo país comienza hoy y comienza por soñar de veras! ¡Soñemos, pues; soñemos...!


viernes, 4 de septiembre de 2015

LA PRIMAVERA CHAPINA

     Es difícil explicar el amor por la patria, ese que engloba su defensa, la defensa de lo que es correcto y que conlleva una dosis de indignación cuando sabemos que la mancillan; indignación que, debemos decir, ha sido constante en las últimas dos o tres generaciones.

     Son pocas veces las que un apasionado y ardoroso defensor de algo intangible, como el concepto "patria", se alegra, especialmente en un país en donde sus instituciones y los procesos políticos han sido copados por mafias, por bandas criminales y, en algunos casos, hasta por extranjeros que buscan un interés económico a través de sus negocios ilícitos o defienden agendas foráneas y se creen con derecho de venir a decirnos qué hacer y qué no hacer.

     Sobre gran variedad de temas que tienen que ver con la defensa de un orden institucional, de un Estado de Derecho y de valores y principios que debieran regir nuestra vida política hemos venido escribiendo en este medio desde marzo de 2009, con planteamientos utópicos, con propuestas de solución, con críticas fundadas, con valentía pero, sobre todo, con ese amor que profesamos por lo nuestro, por el ideal moral del deber ser, por los valores familiares que se nos inculcaron y que tienen aplicación práctica en la cosa pública, por la elevación de los valores cívicos y la defensa, a ultranza, de lo que es debido dentro del sentido común.

     Navegar en estas aguas en medio de una sociedad muchas veces indiferente ha sido difícil.  Bien se dice que un leño no arde solo, y la realización de los ideales democráticos se pueden empujar en solitario mas no pueden concretarse sino en la medida que la colectividad los asume y los defiende.

     Ese despertar ciudadano es el que se ha venido dando desde que, hace cuatro meses, en el mes de abril de 2015, la revelación formal de las actividades delictivas de unos gobernantes, cuyos actos ilegales han venido siendo vox populi desde antes de que llegaran a tener poder, fueron algo así como la gota que rebalsó el vaso de nuestra paciencia colectiva, y la Primavera Chapina, ese florecer de la conciencia ciudadana de los gobernados en su conjunto, sin distinción de clases, de sexos, de etnias, aunque al principio un poco desconfiados por cuestiones ideológicas que, al final, fueron olvidadas, se comenzó a dar y a fortalecerse cada día, dando sus primeros frutos.

     La petulancia de la ex-vicepresidenta Roxana Baldetti Elías y la posición de confrontación del ex-presidente Otto Pérez Molina ayudaron a formar el crisol de la ciudadanía guatemalteca que se amalgamó en su contra y, finalmente, doblegó hasta a sus antiguos aliados en el Congreso de la República, ganándoles el pulso que, en contra de todo sentido común, se empañaban en sostener en contra de una mayoría que le exigía rendición de cuentas ante los tribunales.

     La historia se escribe, generalmente, con violencia y hasta con sangre; pero esta página de nuestra historia habrá de convertirse en una de las más gloriosas gestas ciudadanas guatemaltecas, precisamente porque, sin líderes que nos guiaran, el conglomerado social optó por la no violencia, por la exigencia firme de derechos expresados en pancartas, en entrevistas y hasta en los hasta hace poco desconocidos memes en las redes sociales.

     Hubo protestas ciudadanas en donde pudimos ver cómo, después de la misma, la gente se organizó para recoger su propia basura en la plaza y en las calles. Vimos gente que llegó a acompañar a los denominados picapollos, los trabajadores municipales que pasan recogiendo basura, para aliviar su carga, en un gesto cívico sin precedentes.

     Las fotografías de familias enteras protestando con los padres cargando a sus hijos sobre los hombros, o de niños ofreciéndole algún tipo de comida o bebida a los agentes del orden, o la determinación de hacer una valla humana para que los diputados pudiesen ingresar al edificio del Congreso a sesionar; o los jóvenes que, durante esa jornada cívica repartieron rosas mientras los diputados le levantaban la inmunidad al presidente de la República, son actitudes dignas de hacer constar para la posteridad y para ejemplo del resto del mundo.

     Es triste ver que estamos en las noticias de todos lados porque hemos sometido a proceso tanto al presidente como a la vicepresidenta de la República, ambos en funciones. ¡Algo sin precedentes! Pero a la vez es alentador porque, como iniciamos indicando, la ciudadanía despertó del letargo que produce esa mezcla de indiferencia por lo político, repugnancia porque todo lo que se escucha da verdadero asco, y malestar porque cada noticia nos indigna.

     Es de reconocer que gran parte del aliciente para que la protesta tomara forma y se fortaleciera en las calles tuvo, como contraparte, la buena gestión de algunos funcionarios públicos clave, como la Fiscal General del Ministerio Público o el Juez Contralor, que pone, con su sola actuación, en otro lugar del imaginario colectivo al Organismo Judicial completo, que ha sido parte, tradicionalmente, de la decepción ciudadana.

     Los ciudadanos han despertado y se han dado cuenta del poder que, entre todos, tenemos para que la corrupción vaya siendo, cada vez más, cosa del pasado.

     Hoy no basta con la función contralora de los mismos políticos, jueces o cualquier funcionario.  Ahora el pueblo soberano ha asumido la función de supervisor de la cosa pública, y esperemos que, en lugar de bajar la guardia, asuma cada vez un rol más cercano a lo que sucede y, con su inmediatez, prevenga de alguna manera el despilfarro que ha sido la constante o los fallos amañados o cualquier cosa que dé una señal de alarma y que suene no sólo a injusticia sino a contubernio para actuar en contra de la ley.

     La Primavera Chapina está en marcha y habrá de someter a su vigilancia no sólo a los políticos y funcionarios públicos, sino a esa parte de la sociedad civil y empresarial que ha sido corruptora y que merece, también, ser llevada a juicio.  Hasta la gestión abusiva de embajadores estará en el escrutinio público.

     Esperemos que este fervor patrio asumido por nuestras grandes mayorías no muera.  La patria merece y necesita nuestro acompañamiento.  La han enfermado sus malos hijos y requiere nuestro cuidado, el de sus buenos hijos, y la entrega de nuestra energía para sanarla y preservarla.

     Como dice nuestro himno nacional: ¡Guatemala, tu nombre inmortal!

martes, 4 de agosto de 2015

UN POLÍTICO EN LA ENCRUCIJADA COMO VOTANTE

¿Cómo hacemos los abogados que defendemos la Constitución ante la necesidad sentida de que no haya elecciones bajo las actuales circunstancias? Jamás podríamos empujars las cosas del lado obscuro del cumplimiento del Estado de Derecho, pero, ¿no han sido la mayoría de políticos en contienda los que lo han roto, invitando a las mafias y al narcotráfico a financiar sus proyectos?

Los hombres y mujeres de Derecho nos encontramos en la encrucijada, pues ir a votar es, por un lado, una obligación cívica, pero no hay un proyecto sano (aunque haya un par de candidatos que se salvan) por el cual hacerlo en esta contienda, y apenas queda alrededor de un mes para cumplir esa obligación.

La salida legal y política habría sido que se reformase la Ley Electoral y de Partidos Políticos para darle validez, desde ya, al voto nulo; pero eso, por un lado, siempre dijimos que era una cortina de humo que nos tendieron para que no se hablase más y, por el otro, es una utopía pensar que esta legislatura, formada en su inmensa mayoría por diputados trinqueteros, iba a darle vida a la herramienta con la que les podríamos haber echado a perder sus proyectos.

Dinero sano estamos seguros que lo hay en la presente campaña electoral, pero es ínfimo.  La inmensa mayoría de recursos involucrados son sucios, tienen un remitente que vendrá a exigir sus réditos y nosotros, entendiendo lo que pasa, nos sentimos como ovejas que solamente marchan en fila al matadero, y no es así como los legisladores constitucionales concibieron el proceso para toda la ciudadanía. 

Con lo poco que ha salido a luz de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, que intuimos es solamente el principio, vemos cómo nuestros gobernantes se han ido convirtiendo de roba lápices en ladrones, de ladrones en grandes corruptos y, ahora, en corporaciones mafiosas que no llegan a un puesto público más que a saquear nuestros recursos.

Ir a votar, así, es convalidar este sistema.  La mayoría de contendientes a la Presidencia de la República que tienen posibilidad de llegar, son o están rodeados de personas que vibran por las ansias de llegar a tomar control de las chequeras del gobierno, de las decisiones de los proyectos y del Presupuesto General de la Nación en el Congreso, así como de los proyectos comunitarios en las alcaldías.

Guatemala está enferma y antes de poner un energúmeno más de los que vemos en contienda, a gobernarla, debiéramos tener la posibilidad de sanarla.

Conversaciones en la calle evocan los Golpes de Estado del pasado, y nosotros no podemos estar de acuerdo pero entendemos esa desesperación porque la estamos sufriendo en carne viva.

Este es un proceso político sui géneris, pues no hay propuestas, no hay ideas, no hay debates, y toda apuesta va hacia la ignorancia de los electores, a las gigantografías, a la saturación de mensajes grabados para la radio y la televisión.  Seguro le apuestan grande al acarreo masivo de votantes.

¡Guatemala merece algo mucho mejor! Si hace décadas se decía de la ultraderecha que no les interesaba alfabetizar a la gente, hoy, el interés por mantener al votante en la ignorancia, está desideologizado. ¡Es general!

El deterioro ha sido franco, con ex-gobernantes confesos, como Alfonso Portillo, o gobernantes como Álvaro Colom que, vergonzosamente ejercieron su mandato permaneciendo bajo fianza (sí, por la sustracción de fondos de la Contraloría General de Cuentas de la Nación), haasta el presente gobernante que, si tuviera algo de vergüenza como militar pundonoroso, que no lo es, hace tiempo se habría hecho a un lado en lugar de de, desde los medios y las redes sociales (donde ya sumamos unos 3.7 millones de usuarios), le sigamos recordando que es un corrupto y que debe renunciar.

Gobernantes vergonzosos y candidatos ansiosos y en fila para seguir el despilfarro y el robo descarado.

¡Habemos muchos que queremos votar pero no vemos opciones viables! El pulso del dinero inacabable del narcotráfico mexicano y local no hace viables a las opciones respetuosas de la convocatoria, de la ley, y escrupulosas del origen de los fondos de campaña. Los candidatos corruptos tienen tres años de ventaja sobre los otros, en todo sentido.

Para quienes hemos recorrido las montañas del país haciendo varias campañas, sabemos lo que significa ver toda una flotilla de vehículos nuevos promocionando al candidato que se cree ganador. ¿Tan estúpidos nos cree que no sepamos deducir de dónde sale tanto dinero?  Anteriormente teníamos que fajarnos en contra de las flotillas de pick ups nuevos del partido de gobierno, pero, ¿de un partido que se dice de oposición?

Las señales son demasiado claras como para perderse.  Si el actual gobernante dio señales de ser un pícaro al resultar involucrado en el reparto de los fondos que le robaron al Congreso de la República, que fueron poco más de Q.82 millones, ¿quién se pierde con la mayoría de los actuales candidatos?

Mientras no ocurra un milagro, no vemos salida y continuaremos tratando de dilucidar por quién votar en una contienda que ya nos tiene asqueados a casi todos.




jueves, 25 de junio de 2015

LOS MANSOS CORDEROS Y LOS LOBOS QUE NOS PASTOREAN

Nuestros pueblos, los latinoamericanos, tenemos algunas coincidencias, como la de parecer corderos mansitos frente a la manera burda de utilizar el poder por parte de quienes nos gobiernan, o la de permitir, precisamente, que arriben al poder las personas equivocadas.

La historia de la Guatemala pos independencia es la de un pueblo divorciado de la cosa pública y de las autoridades, a quienes tradicionalmente han visto como un mal necesario del cual se habla únicamente cuando es la época de cambiarlas.

Es así como, en el siglo XIX navegamos del gobierno de España al nacional sin siquiera cambiar a la persona que ejercía el mando, y luego pasamos por períodos dictatoriales conservadores y liberales sin que el pueblo, realmente, tuviese alguna participación como no fuese servir de carne de cañón.

La transición del siglo XIX al siglo XX la vivimos de la mano de la dictadura, y se necesitaron 22 años para que el pueblo, por fin, despertara y, de alguna manera, se rebelara, viviendo la mayoría de la gente prácticamente 21 de esos años como mansos corderitos.

El siglo XX no deja de ser interesante, pues la tradición que se traía desde el siglo anterior con relación a la vinculación que se hacía entre militares y gobernantes, de alguna manera pareció terminar con el advenimiento de la denominada "Era Democrática" que inicia con la promulgación de la Constitución Política de 1985, cuando accede al poder el licenciado Vinicio Cerezo y, aún con los problemas de siempre, comienza una sucesión presidencial de personas no vinculadas con la institución armada.

Hasta esos años se tenía la sensación que muchas familias metían a sus hijos a la Escuela Politécnica con la intención de que llegasen, algún día, a la Presidencia de la República.  Luego, con la sucesión de varios gobiernos civiles, esa práctica se fue perdiendo (lo que no pareció suceder ni siquiera en la etapa más fuerte del conflicto armado interno) al grado que hoy no pensamos que haya nuevos ingresos a la escuela militar con otra intención como no sea hacer carrera militar.

Sin embargo, militares de la vieja escuela, que todavía pudieron haber ingresado con esas intenciones, son los que hoy gobiernan o mal gobiernan Guatemala, habiendo accedido al poder a través de una carrera política breve o casi inexistente.

¿Hacia dónde van las cosas en nuestro país? ¡Quién sabe! En la medida que sigamos siendo corderos y que nuestra mansedumbre sea sin igual, seremos gobernados por corruptos que, a su vez, se vuelven en corruptores, convirtiendo nuestro sistema político en este círculo vicioso que hoy vivimos en que cuesta identificar un partido político o un personaje que no esté vinculado o haciendo campaña con dinero sucio proveniente del saqueo de hospitales, escuelas, carreteras y del erario público, en general, o con el proveniente del crimen organizado que extorsiona, que trafica con personas o con estupefacientes y que hace de cualquier cosa buena un negocio asqueroso e inmoral.

Lobos de la política siempre han existido y siempre existirán, pero está en los ciudadanos el tomar la decisión de dejar de ser mangoneados, de despertar a la vida cívica y política y asumir las responsabilidades que eso conlleva para que nos gobierne mejor gente que hoy.

No es casualidad que la oferta política que hoy tenemos sea tan pobre, tan deficiente o tan sucia.  Es debido a que les hemos dejado el espacio libre a los malos ciudadanos que nos han ido copando y hoy hasta nos restriegan en la cara sus fortunas, a través de casas de playa, fincas con mansiones de descanso, helicópteros, aviones jets, flotillas de vehículos nuevos para meternos sus anuncios de campaña, coches deportivos, yates, mansiones y cuentas en el extranjero, todo porque saben que tienen copados el Congreso de la República, las cortes claves donde serían juzgados, muchas fiscalías y hasta empresarios y abogados supuestos a ser parte de la iniciativa privada pero que funcionan a su favor.

Los mansos corderos parecen comenzar a despertar de su letargo, pero tienen que aprender a patear y a morder para crearse su espacio libre de esos viejos lobos de la política.