Ver el tercer y último debate de los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, y darme cuenta de la prepotencia de las potencias mundiales y de lo absurdo del plano electoral de la mayor democracia de este planeta, fueron una cosa anoche.
La sociedad estadounidense tiene los mayores problemas económicos desde la depresión que iniciara en aquel octubre de 1,929, con unos umbrales de personas desempleadas y niveles de pobreza que se evidencian con la cantidad de personas viviendo de la caridad del gobierno, sin precedentes para nuestra generación, pero la discusión en torno a los candidatos giró sobre su posibilidad de ponerse a la par de otro Estado en una supuesta guerra, sobre la voluntad de estos para intervenir en otros países, sobre el papel que consideran que tiene el país para servir de policía del mundo, un "honroso" cargo que ellos mismos se inventaron, sobre la multimillonaria inversión militar de ese país que, según dijo el mismo presidente Obama, es mayor que las siguientes diez potencias militares del mundo juntas.
¿No les caería bien, en estos momentos de relfexión para elegir sus más altas autoridades, dejar de ver cómo se meten en los asuntos del resto del mundo y componen sus desequilibrios internos?
Todo esto, unido a que, por supuesto, se habló de la "Primavera Árabe", lo que incluye los conflictos internos que se viven en varios países de esta parte del mundo, me hizo pensar en la también prepotente posición del gobierno ruso, defendiendo hasta la saciedad un régimen desgastado en Siria que, tarde o temprano, ha de caer. Los rusos recién salieron de un proceso electoral no tan transparente, pero ¿no les caería bien, a ellos también, voltearse a ver a sí mismos antes de mantener la defensa a ultranza de sus antiguos territorios de influencia geopolítica?
De ahí el título de este ensayo. Tanto el pueblo estadounidense, con su actitud de ver a donde no están sus intereses, como el gobierno ruso, defendiendo lo que está por terminar de derrumbarse, tienen algo en común: tarde o temprano se convertirán en perdedores.
Si los electores estadounidenses votan con la mente puesta en Afganistán, en Líbano, en la bomba atómica de Irán, en sus deterioradas relaciones con Pakistán, en sus pleitos en la Organización Mundial de Comercio con China, o en el fuerte lazo diplomático, militar, comercial y de inteligencia que los ata con Israel, con una gráfica de endeudamiento alarmante que señala que van al precipicio, pues no logran estabilizar los presupuestos de los siguientes diez o quince años, no van a desarmar esa bomba financiera y fiscal. Luego, que no se quejen cuando todo esto les explote en la cara y resulten con niveles de endeudamiento y de desempleo que ya no les permitan salir adelante y convertirse en uno más de los países en crisis alarmante, pues con sólo ver la ruta que los gobiernos socialistas griegos, españoles y portugueses, especialmente, han trazado, para reconocer que el sendero por donde van, con incrementos en los privilegios y en los niveles de deuda para mantenerlos, son insostenibles en el largo plazo.
De igual manera, cuando el régimen de Bashar Al Assad finalmente caiga, el gran perdedor aunque este último pierda la vida en el intento por mantenerse en el poder será el gobierno ruso.
Soy del tipo de políticos que suelen morirse con las botas puestas cuando se trata de principios, pero me cuesta entender que los electores estadounidenses o los estrategas políticos y militares rusos, tanto o más inteligentes que quien escribe, no abran los ojos y se den cuenta que conducen, unos a su país, otros al gobierno al que sirven, por la ruta del matadero.
La diferencia entre ambos es que, para los rusos, será como una raya más al tigre y no tendrá consecuencias más que en el prestigio de los defensores del carnicero de Damasco; pero la llevada de la economía del país que hoy es todavía el más rico de la Tierra, por irresponsabilidad primaria de sus autoridades y corresponsabilidad compartida de electores ciegos y formadores de opinión vendidos o con poca o nula capacidad para ver más allá de su entorno cotidiano, tendrá consecuencias globales negativas para las economías de todos los países en vías de desarrollo y hasta para las grandes economías que dependen del comercio con este gigante para generar y mantener su riqueza.
Pedir que un gobierno rectifique su política es pedirle peras al olmo, pero espero que los votantes estadounidenses tengan la sensatez de enfocar el debate político de su nación en las cosas que, verdaderamente, les debieran interesar, y dejar de ver al resto de países del mundo con esa falta de respeto, como si pueden ir por ahí interviniendo en uno y en otro.
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martes, 23 de octubre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
LOS LATINOAMERICANOS Y LAS ELECCIONES DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
Hace más de tres años venimos advirtiendo, en este espacio, nuestra enorme preocupación por el futuro de la economía estadounidense (http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2009/04/una-larga-crisis-o-dos-crisis.html), circunstancia que, lejos de haber cambiado o de haberse disipado, se ha profundizado, porque las autoridades de Estados Unidos de América, encabezadas por el Presidente Barack Obama, o no escarmientan con lo que sucede en la totalidad de países del sur de Europa, agobiados porque han venido gastando más de lo que tienen, o no entienden "ni la 'o' por lo redondo" en materia económica.
Si se tratara de una pequeña isla del Mar Caribe, de un país africano o inclusive de un gran país del otro lado del mundo, como podría ser Australia, no tendría tanta importancia porque el volumen de negocios de toda América Latina, en su conjunto, o de los países grandes del Sub Continente, como México o Brasil, en lo individual, o los pequeños como el nuestro pero con gran dependencia de ese gran mercado, no sería significativo.
El caso es que todos los países de América, con la posible excepción de Cuba e incluyendo a Venezuela, tienen enormes negocios con Estados Unidos, lo que quiere decir que si a este último le va bien, económicamente hablando, nos compra productos y necesita mano de obra en su propio suelo, incluyendo la latinoamericana, pues una economía sana significa la expansión de los negocios y su consiguiente distribución de riqueza a través de sueldos, comisiones, utilidades, honorarios y todo lo que la actividad productiva del ser humano es capaz de generar cuando las cosas van bien.
Una debilidad en la economía estadounidense significa despidos, comenzando por la parte más débil del eslabón, que serán los sueldos más caros, que son menos personas, y los sueldos más bajos, que son la mayoría y que es donde, seguramente, afectará a la comunidad latina productiva en ese país. Además, las compras de nuestras frutas, verduras y productos manufacturados caerán como nunca, pegándole duro a los precios internacionales y ocasionando, a su vez, grandes despidos en nuestras propias economías.
Por eso, ahora que estamos a unos días de renovarse las autoridades que marcan el rumbo de ese gran país, y entendiendo que el Presidente Obama ha hecho una aceptable labor dentro de los parámetros democráticos, tenemos que salir a decir que la parte que tiene que ver con desarmar el peligro de una crisis económica ya prolongada (el ensayo lo escribí hace más de tres años), en lugar de haberle puesto la diligencia y el cuidado necesario, ha sido irresponsablemente mal manejada, es decir, no sólo mal manejada por ignorancia, pues la deuda de ese país, desde que anuncié el peligro de una segunda crisis, y este momento, ha alcanzado unas proporciones gigantescas nunca antes registradas en la historia, lo cual han permitido y fomentado a sabiendas de que están gastando lo que no tienen.
Los votantes tienen todas las libertades de elección que un ejercicio democrático garantiza, pero el problema es que la mayoría no se da cuenta cómo los llevan, con cada proceso electoral, cual rebaño al matadero. Todos tienen la mente puesta en el 6 de noviembre de 2012, pues es el día de la elección, pero pocos piensan en 2014, en 2016 o en 2023, y es el futuro y su bienestar el que se jugarán.
Cuando la deuda actual de Estados Unidos, que al ver la cantidad difícilmente se puede leer, y más difícil entender de qué monto hablamos, llegue a los niveles en donde las siempre traicioneras calificadoras de riesgo las pongan en la situación en que hoy está, por ejemplo, la deuda soberana española, y eso haga que se duplique, se triplique y hasta quintuplique la tasa de interés que hoy les cuesta endeudarse, y el país entero entre en esa espiral de falta de credibilidad de los agentes acreedores, con China encabezando el cobro de ese dinero, será muy tarde para comenzar el rescate.
En esta contienda electoral, la influencia del congresista Paul Ryan, ahora candidato a la Vicepresidencia por el Partido Republicano, es notoria en la campaña, pues por lo menos tenemos a un equipo de posibles autoridades, con posibilidad de triunfo, además, que parecen tener las ideas claras y correctas al respecto.
Sus experiencias combinadas, tanto del candidato republicano Mitt Romney, con un manejo económico exitoso de unos juegos olímpicos que, hasta ese momento, eran tradicionalmente deficitarios, como la de su candidato a vicepresidente, que ha jugado durante años un papel importante en los temas presupuestarios y económicos en la Casa de Representantes, confrontada con las del actual mandatario y su vicepresidente, que a sabiendas de los problemas en que se meten los países al gastar de más, han endeudado tremendamente a ese gigante del Norte, me hacen ver con claridad que los intereses de los latinos, tanto de los que viven dentro de ese país como de quienes vivimos en el resto de los países americanos, está en que llegue a esos puestos de poder un equipo coherente que ordene las finanzas y haga las cosas de una manera distinta a como se vienen haciendo hasta ahora.
Nosotros no echaríamos en saco roto la afirmación de que cuatro años más del gobierno de Barack Obama pueda significar que la deuda estadounidense llegue a los 20 trillones de dólares (ahora ronda los 16 trillones, si alguien quiere explicar qué cantidad es ésa).
El riesgo de una guerra nuclear ensombreció durante décadas la vida dentro de un ambiente de libertad del Hemisferio Occidental, pero la quiebra de Estados Unidos, a la griega, a la portuguesa, a la italiana o a la española, es una realidad pendiente de la marca del tiempo si las cosas continúan haciéndose de esta manera.
Proteger nuestros empleos, nuestros negocios y nuestros intereses, tanto si somos votantes allá como si únicamente opinamos y damos razones válidas, desde acá, es totalmente legítimo, especialmente porque no tenemos interés ideológico, religioso o partidario con alguno de los contendientes ni con los partidos, y no somos más que una voz independiente más que se niega a aceptar por válido cualquier ofrecimiento de campaña o promesa electoral, que ha luchado por impulsar el desarrollo de su país y de su gente y ve, en la manera como se gestiona actualmente el país que coincide con ser nuestro socio comercial número uno, una terrible amenaza para el futuro cercano.
¡Que un soplo de entendimiento y lucidez inspire a los votantes latinos, por lo menos, para compartir esta visión de futuro y defenderla con lo que puedan!
Si se tratara de una pequeña isla del Mar Caribe, de un país africano o inclusive de un gran país del otro lado del mundo, como podría ser Australia, no tendría tanta importancia porque el volumen de negocios de toda América Latina, en su conjunto, o de los países grandes del Sub Continente, como México o Brasil, en lo individual, o los pequeños como el nuestro pero con gran dependencia de ese gran mercado, no sería significativo.
El caso es que todos los países de América, con la posible excepción de Cuba e incluyendo a Venezuela, tienen enormes negocios con Estados Unidos, lo que quiere decir que si a este último le va bien, económicamente hablando, nos compra productos y necesita mano de obra en su propio suelo, incluyendo la latinoamericana, pues una economía sana significa la expansión de los negocios y su consiguiente distribución de riqueza a través de sueldos, comisiones, utilidades, honorarios y todo lo que la actividad productiva del ser humano es capaz de generar cuando las cosas van bien.
Una debilidad en la economía estadounidense significa despidos, comenzando por la parte más débil del eslabón, que serán los sueldos más caros, que son menos personas, y los sueldos más bajos, que son la mayoría y que es donde, seguramente, afectará a la comunidad latina productiva en ese país. Además, las compras de nuestras frutas, verduras y productos manufacturados caerán como nunca, pegándole duro a los precios internacionales y ocasionando, a su vez, grandes despidos en nuestras propias economías.
Por eso, ahora que estamos a unos días de renovarse las autoridades que marcan el rumbo de ese gran país, y entendiendo que el Presidente Obama ha hecho una aceptable labor dentro de los parámetros democráticos, tenemos que salir a decir que la parte que tiene que ver con desarmar el peligro de una crisis económica ya prolongada (el ensayo lo escribí hace más de tres años), en lugar de haberle puesto la diligencia y el cuidado necesario, ha sido irresponsablemente mal manejada, es decir, no sólo mal manejada por ignorancia, pues la deuda de ese país, desde que anuncié el peligro de una segunda crisis, y este momento, ha alcanzado unas proporciones gigantescas nunca antes registradas en la historia, lo cual han permitido y fomentado a sabiendas de que están gastando lo que no tienen.
Los votantes tienen todas las libertades de elección que un ejercicio democrático garantiza, pero el problema es que la mayoría no se da cuenta cómo los llevan, con cada proceso electoral, cual rebaño al matadero. Todos tienen la mente puesta en el 6 de noviembre de 2012, pues es el día de la elección, pero pocos piensan en 2014, en 2016 o en 2023, y es el futuro y su bienestar el que se jugarán.
Cuando la deuda actual de Estados Unidos, que al ver la cantidad difícilmente se puede leer, y más difícil entender de qué monto hablamos, llegue a los niveles en donde las siempre traicioneras calificadoras de riesgo las pongan en la situación en que hoy está, por ejemplo, la deuda soberana española, y eso haga que se duplique, se triplique y hasta quintuplique la tasa de interés que hoy les cuesta endeudarse, y el país entero entre en esa espiral de falta de credibilidad de los agentes acreedores, con China encabezando el cobro de ese dinero, será muy tarde para comenzar el rescate.
En esta contienda electoral, la influencia del congresista Paul Ryan, ahora candidato a la Vicepresidencia por el Partido Republicano, es notoria en la campaña, pues por lo menos tenemos a un equipo de posibles autoridades, con posibilidad de triunfo, además, que parecen tener las ideas claras y correctas al respecto.
Sus experiencias combinadas, tanto del candidato republicano Mitt Romney, con un manejo económico exitoso de unos juegos olímpicos que, hasta ese momento, eran tradicionalmente deficitarios, como la de su candidato a vicepresidente, que ha jugado durante años un papel importante en los temas presupuestarios y económicos en la Casa de Representantes, confrontada con las del actual mandatario y su vicepresidente, que a sabiendas de los problemas en que se meten los países al gastar de más, han endeudado tremendamente a ese gigante del Norte, me hacen ver con claridad que los intereses de los latinos, tanto de los que viven dentro de ese país como de quienes vivimos en el resto de los países americanos, está en que llegue a esos puestos de poder un equipo coherente que ordene las finanzas y haga las cosas de una manera distinta a como se vienen haciendo hasta ahora.
Nosotros no echaríamos en saco roto la afirmación de que cuatro años más del gobierno de Barack Obama pueda significar que la deuda estadounidense llegue a los 20 trillones de dólares (ahora ronda los 16 trillones, si alguien quiere explicar qué cantidad es ésa).
El riesgo de una guerra nuclear ensombreció durante décadas la vida dentro de un ambiente de libertad del Hemisferio Occidental, pero la quiebra de Estados Unidos, a la griega, a la portuguesa, a la italiana o a la española, es una realidad pendiente de la marca del tiempo si las cosas continúan haciéndose de esta manera.
Proteger nuestros empleos, nuestros negocios y nuestros intereses, tanto si somos votantes allá como si únicamente opinamos y damos razones válidas, desde acá, es totalmente legítimo, especialmente porque no tenemos interés ideológico, religioso o partidario con alguno de los contendientes ni con los partidos, y no somos más que una voz independiente más que se niega a aceptar por válido cualquier ofrecimiento de campaña o promesa electoral, que ha luchado por impulsar el desarrollo de su país y de su gente y ve, en la manera como se gestiona actualmente el país que coincide con ser nuestro socio comercial número uno, una terrible amenaza para el futuro cercano.
¡Que un soplo de entendimiento y lucidez inspire a los votantes latinos, por lo menos, para compartir esta visión de futuro y defenderla con lo que puedan!
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martes, 31 de agosto de 2010
GUATEMALA NECESITA UN VIRAJE
Así como para burro no se estudia, no existe una escuela para gobernantes. Hace décadas, especialmente en la sucesión de gobiernos militares, muchas familias metían a sus hijos a la Escuela Politécnica con la idea de que, al llegar a generales, pudieran, a la vez, aspirar a ser Presidentes de la República. La idea, hoy, de un general del ejército gobernando, ya no es tan pegadera o fuerte como antes. El inicio de la era democrática, en 1985, terminó con esa tendencia.
En el reparto que la Constitución Política hace del Gobierno de la República, entre Presidentes y Vicepresidentes hemos tenido gobernantes abogados, ingenieros, dentistas y, ahora, un médico. Entre los Ministros hemos visto, además, administradores, periodistas, educadores y otro tipo de profesionales, entre quienes la gestión pública se va llevando a cabo como por inspiración, improvisadamente.
Hoy, conforme la era democrática evoluciona a la par de los tiempos, la cosa es más complicada. Las interferencias en los hilos del poder desde el despacho de la Primera Dama, con órdenes directas a los Ministros, gritadas que trascienden como también sus llamadas para ordenarle a los diputados, con aquel estilo que, durante la campaña política, documentaron los medios de prensa al sacarles la parentela materna, en público, a sus mismos correligionarios, hacen que todo el mundo trabaje con miedo, que no exista la capacidad de tomar decisiones sin preguntar y, cuando finalmente las toman, desde arriba venga la contraorden, creando incertidumbre, malestar y caos, inhibiendo esa capacidad de decidir sobre la marcha en futuras oportunidades, volviendo totalmente lento y autoritario todo el proceso de implementación de cualquier política.
El enorme poder que el Presidente de la República ha concentrado en la señora Torres, sin ser funcionaria, no sólo desvaloriza los textos legales, comenzando por la mismísima Constitución Política de la República, sino ha venido a fomentar, además, un ambiente de corrupción escandaloso que involucra ya no sólo a la rosca de poder del Presidente sino a una más avorazada de parientes y allegados de "la señora".
En la medida que se acerca el proceso electoral, hay que estar pendientes de aquellos candidatos que hoy demuestran su falta de respeto por la ley haciendo campaña política anticipada, llámesele reparto de víveres, de láminas o de bolsas de comida, así se les llame solidarias o como sea, sea mediante inversiones millonarias en vallas publicitarias, en supuestos programas de opinión con los colores del partido político que representan y toda esa parafernalia que sólo demuestra su desesperación, su falta de respeto y hasta desprecio por la ley y sus ansias infinitas de poder.
Guatemala necesita un cambio, no sólo de sus autoridades sino de la capacidad que estas tengan de manejar la cosa pública, un cambio de personas con otro tipo de escala de valores. Guatemala necesita líderes que sepan y, como saben y entienden, no se desesperan. Líderes que no se aprovechen ni del sistema ni de los demás (especialmente de los más desafortunados, los que tenemos tiempo de denominar "los sin voz"); que sepan diferenciar entre lo que debe cambiarse y lo que no les parece pero está vigente y, por ende, hay que respetar, aunque no sea de su agrado, porque del respeto a la ley y a los demás nace el fortalecimiento del sistema democrático, de la oposición misma y de las instituciones que tanta falta nos hacen para enfrentar los retos que nos imponen la violencia, la discriminación, la falta de desarrollo, el hambre.
Guatemala necesita un electorado que se involucre, que se prepare, que estudie, que se organice y se ponga de acuerdo en no regalar su voto a cambio de dádivas, sino lo entregue con la convicción de un mañana mejor para él, para ella o para sus hijos o nietos.
Nuestra bella Guatemala necesita refundarse sobre la base de un entendimiento entre los electores y una nueva cepa de dirigentes políticos que vean más allá de su nariz; que tengan la capacidad demostrada porque el liderazgo no se improvisa ni se crea en el ejército ni en las iglesias; una unión sinérgica entre ciudadanos y autoridades que vean a todos los guatemaltecos, incluyendo a quienes viven fuera del país, como el conglomerado a quien deben servir.
Cuando Guatemala sea gobernada de la mano de sus ciudadanos y no por encima de ellos, apoyándose en la verdad y con metas claras de largo plazo, estaremos en capacidad de comenzar a revertir tanto índice que nos coloca, hoy, a la zaga de casi todos los países del mundo y que a muchos avergüenza.
Nuestro país es lindo por sus paisajes, por la mayoría de su gente, de sus niños; por sus riquezas naturales inefables pero poco o mal explotadas. No es posible que la cuna de una civilización que, perdido en los anales de los siglos, manejó la astronomía, hizo cálculos matemáticos casi perfectos del tiempo o de la predicción de eclipses, que tuvo esas manos maravillosas para tallar en piedra, en madera, en concha u otros materiales, que cultivó, entre las artes, el tejido, la danza, la música, la literatura, por causa de unos pocos malos líderes que, entre todos, llevamos a ejercer el poder, esté como esté, cuando debiese ser una cuna límpida y olorosa que debiéramos mostrar al mundo y ser estandarte de una industria de visitantes que cada día crezca y nos deje enormes dividendos y, con ellos, mejores niveles de bienestar en las familias, especialmente las del interior del país.
¡Ya es hora, guatemaltecos, de abrir los ojos!
La muestra que el pueblo dio en las pasadas elecciones para cruzar el voto, emitiéndolo de una forma para la Presidencia, de otra para el Congreso de la República y de manera diferente para la alcaldía, nos da indicios de que el electorado está atento, está pendiente; tiene y sostiene sus preferencias y no es solamente un borrego. Por eso apelamos, desde ahora, desde este mirador en donde, sin tener partido político al cual debernos, vemos las cosas como un todo, a la sensatez del ciudadano, de las comunidades que hemos visto trabajar sin descanso y organizadamente, de las cooperativas que tanto producen para esos miles de trabajadores propietarios. ¡La población sí es capaz de abrir esos hojos y provocar ese viraje!
En la medida que todos nos enteremos y formemos un criterio a su debido tiempo, estaremos ayudando a construir, y no a destruir, a Guatemala. ¿Quién no desea una Guatemala fuerte, próspera, encaminada en el sendero de la virtud de la cual podamos presumir con otro nivel de indicadores económicos y, especialmente, sociales y de bienestar de la población?
Lo decimos así porque la capacidad de destruir de algunos políticos es impresionante, como lo estamos viendo en el actuar del actual Gobierno.
No nos cansaremos de insistir en este tema por el amor que profesamos por nuestro país, por ese idealismo intacto que nos hace sentir que las cosas todavía pueden ser mejores, y por la convicción de que no todo está perdido, a pesar de los pesares.
Como formadores de opinión desde este modesto espacio nos hemos formado el propósito de emplear a fondo nuestras modestas habilidades para convencer a quien quiera de participar, de no quedarse en casa indiferente, aunque se viva en otro país o se lleve una enorme cruz a cuestas.
Confundidos porque no sabemos si es un sueño o una visión, vemos un camino difícil, lleno de obstáculos, pero más allá distinguimos una Guatemala sin deudas, próspera, trabajadora, que produce, exporta y genera suficiente dinero para sus habitantes que cada día estudian y se preparan para enfrentar los retos del futuro, y que viven más felices porque, entre todos, han logrado ir enfrentando tanta violencia, por lo cual ahora se puede vivir y convivir en armonía, trasladarse de un lugar a otro sin voltear a ver y abrir los negocios sin sentirnos atemorizados.
¡Soñar ese cambio de rumbo es el primer paso; ahora todos debemos llevarlo a la práctica!
En el reparto que la Constitución Política hace del Gobierno de la República, entre Presidentes y Vicepresidentes hemos tenido gobernantes abogados, ingenieros, dentistas y, ahora, un médico. Entre los Ministros hemos visto, además, administradores, periodistas, educadores y otro tipo de profesionales, entre quienes la gestión pública se va llevando a cabo como por inspiración, improvisadamente.
Hoy, conforme la era democrática evoluciona a la par de los tiempos, la cosa es más complicada. Las interferencias en los hilos del poder desde el despacho de la Primera Dama, con órdenes directas a los Ministros, gritadas que trascienden como también sus llamadas para ordenarle a los diputados, con aquel estilo que, durante la campaña política, documentaron los medios de prensa al sacarles la parentela materna, en público, a sus mismos correligionarios, hacen que todo el mundo trabaje con miedo, que no exista la capacidad de tomar decisiones sin preguntar y, cuando finalmente las toman, desde arriba venga la contraorden, creando incertidumbre, malestar y caos, inhibiendo esa capacidad de decidir sobre la marcha en futuras oportunidades, volviendo totalmente lento y autoritario todo el proceso de implementación de cualquier política.
El enorme poder que el Presidente de la República ha concentrado en la señora Torres, sin ser funcionaria, no sólo desvaloriza los textos legales, comenzando por la mismísima Constitución Política de la República, sino ha venido a fomentar, además, un ambiente de corrupción escandaloso que involucra ya no sólo a la rosca de poder del Presidente sino a una más avorazada de parientes y allegados de "la señora".
En la medida que se acerca el proceso electoral, hay que estar pendientes de aquellos candidatos que hoy demuestran su falta de respeto por la ley haciendo campaña política anticipada, llámesele reparto de víveres, de láminas o de bolsas de comida, así se les llame solidarias o como sea, sea mediante inversiones millonarias en vallas publicitarias, en supuestos programas de opinión con los colores del partido político que representan y toda esa parafernalia que sólo demuestra su desesperación, su falta de respeto y hasta desprecio por la ley y sus ansias infinitas de poder.
Guatemala necesita un cambio, no sólo de sus autoridades sino de la capacidad que estas tengan de manejar la cosa pública, un cambio de personas con otro tipo de escala de valores. Guatemala necesita líderes que sepan y, como saben y entienden, no se desesperan. Líderes que no se aprovechen ni del sistema ni de los demás (especialmente de los más desafortunados, los que tenemos tiempo de denominar "los sin voz"); que sepan diferenciar entre lo que debe cambiarse y lo que no les parece pero está vigente y, por ende, hay que respetar, aunque no sea de su agrado, porque del respeto a la ley y a los demás nace el fortalecimiento del sistema democrático, de la oposición misma y de las instituciones que tanta falta nos hacen para enfrentar los retos que nos imponen la violencia, la discriminación, la falta de desarrollo, el hambre.
Guatemala necesita un electorado que se involucre, que se prepare, que estudie, que se organice y se ponga de acuerdo en no regalar su voto a cambio de dádivas, sino lo entregue con la convicción de un mañana mejor para él, para ella o para sus hijos o nietos.
Nuestra bella Guatemala necesita refundarse sobre la base de un entendimiento entre los electores y una nueva cepa de dirigentes políticos que vean más allá de su nariz; que tengan la capacidad demostrada porque el liderazgo no se improvisa ni se crea en el ejército ni en las iglesias; una unión sinérgica entre ciudadanos y autoridades que vean a todos los guatemaltecos, incluyendo a quienes viven fuera del país, como el conglomerado a quien deben servir.
Cuando Guatemala sea gobernada de la mano de sus ciudadanos y no por encima de ellos, apoyándose en la verdad y con metas claras de largo plazo, estaremos en capacidad de comenzar a revertir tanto índice que nos coloca, hoy, a la zaga de casi todos los países del mundo y que a muchos avergüenza.
Nuestro país es lindo por sus paisajes, por la mayoría de su gente, de sus niños; por sus riquezas naturales inefables pero poco o mal explotadas. No es posible que la cuna de una civilización que, perdido en los anales de los siglos, manejó la astronomía, hizo cálculos matemáticos casi perfectos del tiempo o de la predicción de eclipses, que tuvo esas manos maravillosas para tallar en piedra, en madera, en concha u otros materiales, que cultivó, entre las artes, el tejido, la danza, la música, la literatura, por causa de unos pocos malos líderes que, entre todos, llevamos a ejercer el poder, esté como esté, cuando debiese ser una cuna límpida y olorosa que debiéramos mostrar al mundo y ser estandarte de una industria de visitantes que cada día crezca y nos deje enormes dividendos y, con ellos, mejores niveles de bienestar en las familias, especialmente las del interior del país.
¡Ya es hora, guatemaltecos, de abrir los ojos!
La muestra que el pueblo dio en las pasadas elecciones para cruzar el voto, emitiéndolo de una forma para la Presidencia, de otra para el Congreso de la República y de manera diferente para la alcaldía, nos da indicios de que el electorado está atento, está pendiente; tiene y sostiene sus preferencias y no es solamente un borrego. Por eso apelamos, desde ahora, desde este mirador en donde, sin tener partido político al cual debernos, vemos las cosas como un todo, a la sensatez del ciudadano, de las comunidades que hemos visto trabajar sin descanso y organizadamente, de las cooperativas que tanto producen para esos miles de trabajadores propietarios. ¡La población sí es capaz de abrir esos hojos y provocar ese viraje!
En la medida que todos nos enteremos y formemos un criterio a su debido tiempo, estaremos ayudando a construir, y no a destruir, a Guatemala. ¿Quién no desea una Guatemala fuerte, próspera, encaminada en el sendero de la virtud de la cual podamos presumir con otro nivel de indicadores económicos y, especialmente, sociales y de bienestar de la población?
Lo decimos así porque la capacidad de destruir de algunos políticos es impresionante, como lo estamos viendo en el actuar del actual Gobierno.
No nos cansaremos de insistir en este tema por el amor que profesamos por nuestro país, por ese idealismo intacto que nos hace sentir que las cosas todavía pueden ser mejores, y por la convicción de que no todo está perdido, a pesar de los pesares.
Como formadores de opinión desde este modesto espacio nos hemos formado el propósito de emplear a fondo nuestras modestas habilidades para convencer a quien quiera de participar, de no quedarse en casa indiferente, aunque se viva en otro país o se lleve una enorme cruz a cuestas.
Confundidos porque no sabemos si es un sueño o una visión, vemos un camino difícil, lleno de obstáculos, pero más allá distinguimos una Guatemala sin deudas, próspera, trabajadora, que produce, exporta y genera suficiente dinero para sus habitantes que cada día estudian y se preparan para enfrentar los retos del futuro, y que viven más felices porque, entre todos, han logrado ir enfrentando tanta violencia, por lo cual ahora se puede vivir y convivir en armonía, trasladarse de un lugar a otro sin voltear a ver y abrir los negocios sin sentirnos atemorizados.
¡Soñar ese cambio de rumbo es el primer paso; ahora todos debemos llevarlo a la práctica!
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