Acabo de recibir, por internet, un comunicado que hacen varios grupos, en forma conjunta, de la sociedad civil hondureña. Aunque no copian el texto, el comunicado es motivado por las declaraciones recientes del ciudadano presidente de ese país, Porfirio Lobo, las cuales, asumimos, se refieren a la posibilidad de que el ciudadano ex presidente desde junio del año pasado, Manuel Zelaya, regrese a su país sin asumir responsabilidad alguna en los sucesos políticos que ocasionó y que motivaron su remoción del cargo, irregularmente si se quiere, mediante un Golpe de Estado, pero por traición a la patria como prescribe la constitución de ese país.
Porfirio Lobo, con sus buenas intenciones, de las cuales se dice que está empedrado el camino al infierno, con sus declaraciones, se está poniendo peligrosamente al margen de la ley, porque no es al Presidente de la República a quien le corresponde juzgar y eximir de responsabilidad penal, sino al Organismo Judicial, especialmente cuando, dentro de los cargos que se le hacen al ahora vocero de una de las organizaciones neo imperialistas de Hugo Chávez (Imperio Chamo pero, al fin, imperio), se involucran actos de corrupción que nada tienen que ver con el tema político o de violación a la constitución.
Las declaraciones de Porfirio Lobo las podemos analizar desde varias aristas.
Una, que pueden dar paso, si no a la autodestrucción porque eso sería exagerar, sí a la división del Partido Nacional, ya que una gran mayoría de miembros del hoy partido oficial hondureño seguramente respaldan el texto del comunicado, el cual va precisamente en contra de la actitud asumida por el Presidente de la República, salido de sus filas.
La otra, como ya me extendí en un ensayo anterior, el peligroso papel que democracias fuertes y constituidas, como la mexicana, como la brasileña, como la chilena, están jugando en la ya golpeada sociedad y democracia hondureña, con esa actitud arribista que no ayuda a nadie, que no construye pero que, está demostrado, continúa dañando y dividiendo a un país que celebró elecciones probablemente con mayor participación porcentual que en los países mencionados, y que no tienen atisbo de ilegitimidad que se le pueda reclamar a ese pueblo digno y valeroso que salió a expresar su voluntad como debe hacerse: mediante el sufragio. ¿Qué más quieren?
México tiene sus propios problemas con la guerra abierta, interna, que está llevando a cabo con los carteles de la droga. Chile tiene los suyos con la tragedia de tanto terremoto que acaba de sufrir, y Brasil también tiene los suyos, y sólo por mencionar alguno, el enorme proceso de reversión de la situación de las miles de favelas que tiene. De los tres, posiblemente México sea el que más aliados necesita en el exterior en este momento, pero su cancillería parece no entenderlo.
En Honduras, como desde Guatemala, donde escribo, la actitud de la cancillería mexicana con respecto a la anterior crisis política hondureña, simplemente no se entiende. ¿Será demasiada la arrogancia que les cuesta mirar hacia el sur? Por lo menos de Brasil entendemos que la ceguera es ocasionada por el tema ideológico que tanto daño le ha hecho y le sigue haciendo a nuestros países; y lo mismo sucedió con Chile, del cual esperamos que, pronto, reconozca la legalidad y legitimidad de las elecciones hondureñas, ya que el actual presidente, Piñera, no está ideologizado como su antecesora, la Sra. Bachelet.
Un último argumento: ¿alguien volvió a satanizar al gobierno de los Estados Unidos de América por haber reconocido al gobierno constitucional de Honduras? La respuesta: que yo sepa, que leo las noticias todos los días, nadie.
Hasta la Asmblea Plenaria del Parlamento Centroamericano, presidida por un sandinista de línea dura como tiene que ser el Secretario de Relaciones Internacionales y ex embajador de Nicaragua en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, reconoció al gobierno de Porfirio Lobo.
La pregunta nuevamente es, entonces, ¿cuándo va a reaccionar México?
Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta México. Mostrar todas las entradas
miércoles, 2 de junio de 2010
martes, 1 de junio de 2010
EL COMÚN DENOMINADOR Y LAS DIFERENCIAS DE MÉXICO, ESPAÑA Y VENEZUELA
Desde hace unos meses vengo meditando con relación a la valiente lucha que el Presidente de México, Felipe Calderón, ha venido enfrentando en contra del narcotráfico, casi una guerra interna en donde han perdido la vida varias decenas de miles de personas, entre delincuentes, fuerzas de seguridad, fiscales, jueces y personas inocentes, incluyendo niños.
Todo este esfuerzo, para que tenga resultados, debe ser de largo aliento, trasciende un gobierno y probablemente habrá de durar más que varios gobiernos, pero el riesgo de que la guerra la gane el narcotráfico es enorme, debido al péndulo de la opinión pública que, desde este mirador lejano e imparcial, ve con preocupación que, en las próximas elecciones no se favorecerá la continuación del mismo partido político, sino quien llegue lo hará, probablemente y casi seguro, con un discurso tendente a desmantelar el esfuerzo emprendido en contra de las narco bandas.
Si a lo anterior sumamos el enorme respaldo financiero que quienes adversen esta lucha recibirán, bajo la mesa por supuesto, de los narcotraficantes, para hacer campañas políticas bien publicitadas y robustas, el bando del presidente tenderá a estar solo en la contienda.
No veo, en los mexicanos, un nivel de comprensión tal de la lucha emprendida que los una alrededor de sus instituciones. Más bien los veo cansados de tanta violencia y dispuestos a tirar la toalla.
Visualizo, entre todo esto, no el advenimiento de un tercer partido, sino el renacimiento del poderoso Partido Revolucionario Institucional, el PRI, que ya ha tenido suficientes años como para asimilar su derrota y prepararse, con su inmensa maquinaria, a recuperar el poder.
Los daños colaterales para Estados Unidos, para Guatemala, con el abandono de la lucha o con la disminución de su intensidad por erradicar el problema de la droga en México, hoy son inmedibles. Baste pensar en estos grupos, armados hasta los dientes, pero en lugar de ser perseguidos, con aires de triunfo, confirmando que el territorio donde se mueven no es del Estado sino de ellos.
En España el caso es similar pero distinto. El gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, presionado por la crisis económica y financiera, más debido al pésimo manejo que ha hecho del manejo de las finanzas y de los presupuestos, pero también desgastado por lo mal que maneja los hilos del poder y las relaciones con la oposición, no se verá favorecido con el voto de las mayorías.
Su gobierno, para comenzar, es casi producto de la manipulación que los terroristas hicieran del electorado español al atentar con bombas y matar más de un centenar de personas 4 días antes de las elecciones anteriores. Siempre quedó la sensación de que, sin el atentado terrorista y el mal manejo que el gobierno de Aznar tuvo del mismo, jamás hubiese llegado a gobernar.
Es obvio que la población española está inmensamente afectada por los altísimos niveles de desempleo que viven y, ahora, para tratar de ajustar el irresponsable déficit fiscal que ha venido manejando, también se ve afectada en prestaciones, niveles de ingreso y edad para jubilarse. Es más, hay una enorme diferencia entre el manejo responsable, profesional, del tema económico, en manos de Rodrigo Rato, años ha, que el que hoy hace María Teresa Fernández de la Vega, lo cual pagarán irremisiblemente en las urnas.
El caso de Venezuela es un tanto diferente. A pesar de los grandes problemas que la población venezolana viene teniendo, no se ha visto, realmente, un grado de articulación de la oposición que sea suficiente como para sacar a ese dictador del poder. Lo más a lo que han llegado es a bloquearle una de sus tantas reformas constitucionales, la última, que tendía a perpetuarlo en el poder, lo cual sigue siendo su intención.
No han importado tanto las confiscaciones de hoteles, de fincas, de parcelas, de industrias, la captura de los medios de comunicación independientes o el regalo que hace de los recursos de todos los venezolanos a otros países, al grado que hoy el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se da el lujo, en medio de una campaña política donde quiere manipular la Constitución para poder, también, perpetuarse en el poder, de repartir, de su bolsa personal, con recursos provenientes de Venezuela, un bono de 25 dólares mensuales a casi 140 mil empleados públicos.
Lo que, medio en broma o medio en serio, creo que puede ser el detonante de la salida de este golpista, es que la fábrica tradicional de cerveza venezolana, La Polar, parece que ha decidido trasladarse a Colombia.
Es digno de comentarse porque, siendo la cerveza un producto netamente empresarial, de índole privado, tiene la particularidad de hacer, de los súbditos de cada país, embajadores y defensores de "su" cerveza, de modo que me atrevo a pensar que esto puede ser el elemento catalizador que haga, especialmente a la juventud venezolana, recapacitar acerca del rumbo del país y del responsable de ese rumbo, y comience un movimiento que vaya fortaleciéndose cada vez más en contra de Hugo Chávez. Quién sabe. Sólo el tiempo dirá.
Son tres gobiernos (o dos gobiernos y un desgobierno) que, por razones distintas, están por terminar un mandato con la desaprobación de los votantes, en un caso, el primero, tal vez incomprensiva e injustamente, en el segundo, responsable y cansadamente, y en el tercero, como dije, quién sabe qué pasará.
Todo este esfuerzo, para que tenga resultados, debe ser de largo aliento, trasciende un gobierno y probablemente habrá de durar más que varios gobiernos, pero el riesgo de que la guerra la gane el narcotráfico es enorme, debido al péndulo de la opinión pública que, desde este mirador lejano e imparcial, ve con preocupación que, en las próximas elecciones no se favorecerá la continuación del mismo partido político, sino quien llegue lo hará, probablemente y casi seguro, con un discurso tendente a desmantelar el esfuerzo emprendido en contra de las narco bandas.
Si a lo anterior sumamos el enorme respaldo financiero que quienes adversen esta lucha recibirán, bajo la mesa por supuesto, de los narcotraficantes, para hacer campañas políticas bien publicitadas y robustas, el bando del presidente tenderá a estar solo en la contienda.
No veo, en los mexicanos, un nivel de comprensión tal de la lucha emprendida que los una alrededor de sus instituciones. Más bien los veo cansados de tanta violencia y dispuestos a tirar la toalla.
Visualizo, entre todo esto, no el advenimiento de un tercer partido, sino el renacimiento del poderoso Partido Revolucionario Institucional, el PRI, que ya ha tenido suficientes años como para asimilar su derrota y prepararse, con su inmensa maquinaria, a recuperar el poder.
Los daños colaterales para Estados Unidos, para Guatemala, con el abandono de la lucha o con la disminución de su intensidad por erradicar el problema de la droga en México, hoy son inmedibles. Baste pensar en estos grupos, armados hasta los dientes, pero en lugar de ser perseguidos, con aires de triunfo, confirmando que el territorio donde se mueven no es del Estado sino de ellos.
En España el caso es similar pero distinto. El gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, presionado por la crisis económica y financiera, más debido al pésimo manejo que ha hecho del manejo de las finanzas y de los presupuestos, pero también desgastado por lo mal que maneja los hilos del poder y las relaciones con la oposición, no se verá favorecido con el voto de las mayorías.
Su gobierno, para comenzar, es casi producto de la manipulación que los terroristas hicieran del electorado español al atentar con bombas y matar más de un centenar de personas 4 días antes de las elecciones anteriores. Siempre quedó la sensación de que, sin el atentado terrorista y el mal manejo que el gobierno de Aznar tuvo del mismo, jamás hubiese llegado a gobernar.
Es obvio que la población española está inmensamente afectada por los altísimos niveles de desempleo que viven y, ahora, para tratar de ajustar el irresponsable déficit fiscal que ha venido manejando, también se ve afectada en prestaciones, niveles de ingreso y edad para jubilarse. Es más, hay una enorme diferencia entre el manejo responsable, profesional, del tema económico, en manos de Rodrigo Rato, años ha, que el que hoy hace María Teresa Fernández de la Vega, lo cual pagarán irremisiblemente en las urnas.
El caso de Venezuela es un tanto diferente. A pesar de los grandes problemas que la población venezolana viene teniendo, no se ha visto, realmente, un grado de articulación de la oposición que sea suficiente como para sacar a ese dictador del poder. Lo más a lo que han llegado es a bloquearle una de sus tantas reformas constitucionales, la última, que tendía a perpetuarlo en el poder, lo cual sigue siendo su intención.
No han importado tanto las confiscaciones de hoteles, de fincas, de parcelas, de industrias, la captura de los medios de comunicación independientes o el regalo que hace de los recursos de todos los venezolanos a otros países, al grado que hoy el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se da el lujo, en medio de una campaña política donde quiere manipular la Constitución para poder, también, perpetuarse en el poder, de repartir, de su bolsa personal, con recursos provenientes de Venezuela, un bono de 25 dólares mensuales a casi 140 mil empleados públicos.
Lo que, medio en broma o medio en serio, creo que puede ser el detonante de la salida de este golpista, es que la fábrica tradicional de cerveza venezolana, La Polar, parece que ha decidido trasladarse a Colombia.
Es digno de comentarse porque, siendo la cerveza un producto netamente empresarial, de índole privado, tiene la particularidad de hacer, de los súbditos de cada país, embajadores y defensores de "su" cerveza, de modo que me atrevo a pensar que esto puede ser el elemento catalizador que haga, especialmente a la juventud venezolana, recapacitar acerca del rumbo del país y del responsable de ese rumbo, y comience un movimiento que vaya fortaleciéndose cada vez más en contra de Hugo Chávez. Quién sabe. Sólo el tiempo dirá.
Son tres gobiernos (o dos gobiernos y un desgobierno) que, por razones distintas, están por terminar un mandato con la desaprobación de los votantes, en un caso, el primero, tal vez incomprensiva e injustamente, en el segundo, responsable y cansadamente, y en el tercero, como dije, quién sabe qué pasará.
domingo, 11 de abril de 2010
NICARAGUA RECONOCE GOBIERNO HONDUREÑO. ¿DÓNDE ANDA LA CANCILLERÍA MEXICANA?
Hace meses escribí, en este espacio, que los gobiernos que objetaban el proceso electoral hondureño y no reconocían al gobierno que la mayoría eligió libre, democrática y popularmente, conforme a las leyes y los procesos establecidos, se tendrían que ir tragando sus palabras.
Uno a uno han ido bajando su tono beligerante, reconociendo al gobierno constitucionalmente electo e instalado en Honduras y, algunos de ellos, como el de Guatemala, que tantos yerros cometió durante la parte álgida de la crisis política del vecino, se han convertido en procuradores oficiosos de la causa hondureña.
Lo poco que hay que reconocerle a la política exterior guatemalteca del actual gobierno, por cierto (y este tema debería ser otro ensayo), es haber logrado el reconocimiento del sandinista Daniel Ortega, precisamente porque es el más visible testaferro de los intereses de Hugo Chávez, el petro poderoso czar de la Alianza Bolivariana, ALBA, en Centroamérica, la cual no valdría centavo alguno si no estuviera respaldada por una montaña de dinero proveniente del petróleo. Y no me refiero sólo al valor en nuestra región.
Por cierto, cuentan mis buenas fuentes de información que Daniel Ortega llegó a recibir a Porfirio Lobo al aeropuerto y hasta de piloto le sirvió en su tránsito hacia la capital de Nicaragua, Managua.
Recordemos que fue la intromisión de Hugo Chávez y su política neo imperialista la que causó, originalmente, la crisis política hondureña, y como el pueblo y las instituciones de ese país no accedieron a caminar por la ruta trazada por Caracas y le salió el tiro por la culata, poco cuesta imaginarse que su gobierno de corte marxista será de los más duros para reconocer el triunfo de la libertad expresada en las urnas de un pequeño pero valiente país centroamericano.
Gobiernos grandemente ideologizados como el de República Dominicana o el de España, después de dirigir el sainete de declaraciones de los países europeos, se han tenido que ir tragando sus palabras.
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué pasa con la política exterior mexicana? Es cierto que la agenda presidencial está más que ocupada con la problemática interna, pero México, con tanto peso político en el área, como lo hiciera en la década de los 1970's en que tomó partido y apadrinó la Revolución Sandinista y luego participó en el Grupo Contadora para tratar de encontrar la paz perdida en el istmo, en el caso de la crisis política volvió a tomar partido, el de Manuel Zelaya, el mismo que mal le pagó al Presidente Calderón en la visita que le hizo, como Jefe de Estado, estando derrocado, a ese país, en una visita histórica por haber finalizado en la expulsión inmediata del invitado de honor.
México no puede seguir dando palos de ciego en su profesional política exterior y debe voltear a ver, nuevamente, a Centroamérica. Si bien somos sus vecinos pobres, no dejamos de ser sus vecinos, como ellos lo son con relación a los Estados Unidos.
A México le urge revisar su política exterior hacia Centroamérica, con la cual mantenía un intercambio comercial importante hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. No es cualquier bicoca habernos llegado a exportar el 12% del total y recibir el 5% de sus importaciones de esta región; sin embargo, algo sucedió después de la Segunda Guerra Mundial en que Centroamérica dejó de ser importante para México.
Hoy, con el mundo tan globalizado, parece increíble que con el vecino del norte mantengamos tan malas relaciones políticas, de comercio, sociales, económicas, cuando provenimos de un mismo origen.
Es más, me parece que México ha descansado gran parte de su diplomacia hacia Centroamérica en el ámbito multilateral, en donde fue baluarte en el diseño de la defensa conjunta de los intereses económicos de los países de la región (como el Sistema Económico Latinoamericano, SELA, fundado en 1975), pero ha venido descuidando por completo esa relación directa, bilateral, que fomenta las relaciones y que hermana a las naciones.
No bastan las relaciones frías de los foros como la ONU o la OEA, donde México tradicionalmente defendió los principios de autodeterminación y de no intervención que ahora ha olvidado, o utilizando las mejores armas que existen en estos foros, que son las de la argumentación jurídica; o el de instituciones de desarrollo como el FMI, el BID, el Banco Mundial o el BCIE, del cual México es socio extrarregional, para acercar a los pueblos y los gobiernos.
En ese contexto la Cancillería Mexicana lleva un rezago de varias décadas, aunque he conocido, personalmente, embajadores de primer nivel en nuestro país que se han empleado, en su misión, más allá de lo que normalmente vemos en funcionarios de esta naturaleza, que fácilmente se acomodan al nuevo país y a la actividad social. He sido testigo, por ejemplo, del impulso de México al Programa de Desarrollo Fronterizo, PRODESFRO, en Guatemala, en la época del Presidente Ernesto Zedillo.
A lo lejos recuerdo la visita oficial del Presidente Gustavo Díaz Ordaz a Guatemala, a mediados de la década de 1960's, y luego la del mencionado Presidente Zedillo, y eso me parece que ha sido la totalidad de visitas de presidentes mexicanos a Guatemala, su vecino del sureste.
Hoy, aunque observamos una situación difícil en México, que ha de tener ocupada la mente y agenda presidencial, nos atrevemos a sugerir una visita del Presidente Felipe Calderón a Honduras, la cual perfectamente puede arreglarse, por la vía diplomática, para que se haga con todos los presidentes de Centroamérica, el corredor previo de la droga antes de llegar a México.
Esta reunión fortalecería, políticamente, a todas las partes: al gobierno actual de Honduras frente al mundo, porque realmente no tiene cosa que ver con lo que provocó la crisis y el Presidente Porfirio Lobo ha hecho hasta lo que quien escribe no hubiera efectuado, con tal de tener contentos a todos; al gobierno de México, que obtendría un respaldo unánime en su lucha contra el narcotráfico; y al resto de los gobiernos de la región, que no sólo posarían en la foto, porque estarían revitalizando sus lazos políticos, diplomáticos, económicos, comerciales, sociales y hasta culturales con el gran vecino del norte.
Ojalá la canciller mexicana, Patricia Espinoza, tenga buenos asesores en estos puntos.
La política exterior mexicana de los últimos tiempos, independientemente de sus yerros con la crisis política hondureña, se ha hecho dura para con sus vecinos del sur, a quienes discrimina totalmente a través de los también fríos funcionarios consulares, en donde cada vez se inventan más requisitos para conseguir una visa para poder viajar.
Una anécdota como muestra: en un viaje a Europa, viajando con pasaporte guatemalteco con visa estadounidense vigente, pero sin tener visa de turismo mexicana, se me hizo hacer una espera de siete horas, ni siquiera en una sala de espera sino en un pasillo, con una custodio como de metro y medio de alto y desarmada, a la que le pregunté: "¿a dónde cree que me voy a fugar, a Estados Unidos, de donde aquí está mi visa, o a Guatemala, de donde vengo?". Menciono lo anterior, aunque se sienta fuera de contexto, porque es una pequeña muestra de la falta de interés que le han puesto a su frontera sur, donde también habemos personas que valemos, que pensamos y que no los vemos como enemigos.
Este ensayo, más que tratar de hacer ver los fallos en general de una cancillería, trata de hacer el mejor de sus esfuerzos por hacerla reflexionar. México, más tarde o más temprano, ha de reconocer que el gobierno hondureño es legítimo, popularmente electo y constitucional. Mientras más pronto lo haga, más fácil se reanudarán las relaciones normales en el área, y eso es lo que más le conviene tanto a México como a todos los centroamericanos.
Uno a uno han ido bajando su tono beligerante, reconociendo al gobierno constitucionalmente electo e instalado en Honduras y, algunos de ellos, como el de Guatemala, que tantos yerros cometió durante la parte álgida de la crisis política del vecino, se han convertido en procuradores oficiosos de la causa hondureña.
Lo poco que hay que reconocerle a la política exterior guatemalteca del actual gobierno, por cierto (y este tema debería ser otro ensayo), es haber logrado el reconocimiento del sandinista Daniel Ortega, precisamente porque es el más visible testaferro de los intereses de Hugo Chávez, el petro poderoso czar de la Alianza Bolivariana, ALBA, en Centroamérica, la cual no valdría centavo alguno si no estuviera respaldada por una montaña de dinero proveniente del petróleo. Y no me refiero sólo al valor en nuestra región.
Por cierto, cuentan mis buenas fuentes de información que Daniel Ortega llegó a recibir a Porfirio Lobo al aeropuerto y hasta de piloto le sirvió en su tránsito hacia la capital de Nicaragua, Managua.
Recordemos que fue la intromisión de Hugo Chávez y su política neo imperialista la que causó, originalmente, la crisis política hondureña, y como el pueblo y las instituciones de ese país no accedieron a caminar por la ruta trazada por Caracas y le salió el tiro por la culata, poco cuesta imaginarse que su gobierno de corte marxista será de los más duros para reconocer el triunfo de la libertad expresada en las urnas de un pequeño pero valiente país centroamericano.
Gobiernos grandemente ideologizados como el de República Dominicana o el de España, después de dirigir el sainete de declaraciones de los países europeos, se han tenido que ir tragando sus palabras.
Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué pasa con la política exterior mexicana? Es cierto que la agenda presidencial está más que ocupada con la problemática interna, pero México, con tanto peso político en el área, como lo hiciera en la década de los 1970's en que tomó partido y apadrinó la Revolución Sandinista y luego participó en el Grupo Contadora para tratar de encontrar la paz perdida en el istmo, en el caso de la crisis política volvió a tomar partido, el de Manuel Zelaya, el mismo que mal le pagó al Presidente Calderón en la visita que le hizo, como Jefe de Estado, estando derrocado, a ese país, en una visita histórica por haber finalizado en la expulsión inmediata del invitado de honor.
México no puede seguir dando palos de ciego en su profesional política exterior y debe voltear a ver, nuevamente, a Centroamérica. Si bien somos sus vecinos pobres, no dejamos de ser sus vecinos, como ellos lo son con relación a los Estados Unidos.
A México le urge revisar su política exterior hacia Centroamérica, con la cual mantenía un intercambio comercial importante hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. No es cualquier bicoca habernos llegado a exportar el 12% del total y recibir el 5% de sus importaciones de esta región; sin embargo, algo sucedió después de la Segunda Guerra Mundial en que Centroamérica dejó de ser importante para México.
Hoy, con el mundo tan globalizado, parece increíble que con el vecino del norte mantengamos tan malas relaciones políticas, de comercio, sociales, económicas, cuando provenimos de un mismo origen.
Es más, me parece que México ha descansado gran parte de su diplomacia hacia Centroamérica en el ámbito multilateral, en donde fue baluarte en el diseño de la defensa conjunta de los intereses económicos de los países de la región (como el Sistema Económico Latinoamericano, SELA, fundado en 1975), pero ha venido descuidando por completo esa relación directa, bilateral, que fomenta las relaciones y que hermana a las naciones.
No bastan las relaciones frías de los foros como la ONU o la OEA, donde México tradicionalmente defendió los principios de autodeterminación y de no intervención que ahora ha olvidado, o utilizando las mejores armas que existen en estos foros, que son las de la argumentación jurídica; o el de instituciones de desarrollo como el FMI, el BID, el Banco Mundial o el BCIE, del cual México es socio extrarregional, para acercar a los pueblos y los gobiernos.
En ese contexto la Cancillería Mexicana lleva un rezago de varias décadas, aunque he conocido, personalmente, embajadores de primer nivel en nuestro país que se han empleado, en su misión, más allá de lo que normalmente vemos en funcionarios de esta naturaleza, que fácilmente se acomodan al nuevo país y a la actividad social. He sido testigo, por ejemplo, del impulso de México al Programa de Desarrollo Fronterizo, PRODESFRO, en Guatemala, en la época del Presidente Ernesto Zedillo.
A lo lejos recuerdo la visita oficial del Presidente Gustavo Díaz Ordaz a Guatemala, a mediados de la década de 1960's, y luego la del mencionado Presidente Zedillo, y eso me parece que ha sido la totalidad de visitas de presidentes mexicanos a Guatemala, su vecino del sureste.
Hoy, aunque observamos una situación difícil en México, que ha de tener ocupada la mente y agenda presidencial, nos atrevemos a sugerir una visita del Presidente Felipe Calderón a Honduras, la cual perfectamente puede arreglarse, por la vía diplomática, para que se haga con todos los presidentes de Centroamérica, el corredor previo de la droga antes de llegar a México.
Esta reunión fortalecería, políticamente, a todas las partes: al gobierno actual de Honduras frente al mundo, porque realmente no tiene cosa que ver con lo que provocó la crisis y el Presidente Porfirio Lobo ha hecho hasta lo que quien escribe no hubiera efectuado, con tal de tener contentos a todos; al gobierno de México, que obtendría un respaldo unánime en su lucha contra el narcotráfico; y al resto de los gobiernos de la región, que no sólo posarían en la foto, porque estarían revitalizando sus lazos políticos, diplomáticos, económicos, comerciales, sociales y hasta culturales con el gran vecino del norte.
Ojalá la canciller mexicana, Patricia Espinoza, tenga buenos asesores en estos puntos.
La política exterior mexicana de los últimos tiempos, independientemente de sus yerros con la crisis política hondureña, se ha hecho dura para con sus vecinos del sur, a quienes discrimina totalmente a través de los también fríos funcionarios consulares, en donde cada vez se inventan más requisitos para conseguir una visa para poder viajar.
Una anécdota como muestra: en un viaje a Europa, viajando con pasaporte guatemalteco con visa estadounidense vigente, pero sin tener visa de turismo mexicana, se me hizo hacer una espera de siete horas, ni siquiera en una sala de espera sino en un pasillo, con una custodio como de metro y medio de alto y desarmada, a la que le pregunté: "¿a dónde cree que me voy a fugar, a Estados Unidos, de donde aquí está mi visa, o a Guatemala, de donde vengo?". Menciono lo anterior, aunque se sienta fuera de contexto, porque es una pequeña muestra de la falta de interés que le han puesto a su frontera sur, donde también habemos personas que valemos, que pensamos y que no los vemos como enemigos.
Este ensayo, más que tratar de hacer ver los fallos en general de una cancillería, trata de hacer el mejor de sus esfuerzos por hacerla reflexionar. México, más tarde o más temprano, ha de reconocer que el gobierno hondureño es legítimo, popularmente electo y constitucional. Mientras más pronto lo haga, más fácil se reanudarán las relaciones normales en el área, y eso es lo que más le conviene tanto a México como a todos los centroamericanos.
Etiquetas:
crisis hondureña,
México,
política exterior
Suscribirse a:
Entradas (Atom)