domingo, 11 de abril de 2010

NICARAGUA RECONOCE GOBIERNO HONDUREÑO. ¿DÓNDE ANDA LA CANCILLERÍA MEXICANA?

Hace meses escribí, en este espacio, que los gobiernos que objetaban el proceso electoral hondureño y no reconocían al gobierno que la mayoría eligió libre, democrática y popularmente, conforme a las leyes y los procesos establecidos, se tendrían que ir tragando sus palabras.

Uno a uno han ido bajando su tono beligerante, reconociendo al gobierno constitucionalmente electo e instalado en Honduras y, algunos de ellos, como el de Guatemala, que tantos yerros cometió durante la parte álgida de la crisis política del vecino, se han convertido en procuradores oficiosos de la causa hondureña.

Lo poco que hay que reconocerle a la política exterior guatemalteca del actual gobierno, por cierto (y este tema debería ser otro ensayo), es haber logrado el reconocimiento del sandinista Daniel Ortega, precisamente porque es el más visible testaferro de los intereses de Hugo Chávez, el petro poderoso czar de la Alianza Bolivariana, ALBA, en Centroamérica, la cual no valdría centavo alguno si no estuviera respaldada por una montaña de dinero proveniente del petróleo. Y no me refiero sólo al valor en nuestra región.

Por cierto, cuentan mis buenas fuentes de información que Daniel Ortega llegó a recibir a Porfirio Lobo al aeropuerto y hasta de piloto le sirvió en su tránsito hacia la capital de Nicaragua, Managua.

Recordemos que fue la intromisión de Hugo Chávez y su política neo imperialista la que causó, originalmente, la crisis política hondureña, y como el pueblo y las instituciones de ese país no accedieron a caminar por la ruta trazada por Caracas y le salió el tiro por la culata, poco cuesta imaginarse que su gobierno de corte marxista será de los más duros para reconocer el triunfo de la libertad expresada en las urnas de un pequeño pero valiente país centroamericano.

Gobiernos grandemente ideologizados como el de República Dominicana o el de España, después de dirigir el sainete de declaraciones de los países europeos, se han tenido que ir tragando sus palabras.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué pasa con la política exterior mexicana? Es cierto que la agenda presidencial está más que ocupada con la problemática interna, pero México, con tanto peso político en el área, como lo hiciera en la década de los 1970's en que tomó partido y apadrinó la Revolución Sandinista y luego participó en el Grupo Contadora para tratar de encontrar la paz perdida en el istmo, en el caso de la crisis política volvió a tomar partido, el de Manuel Zelaya, el mismo que mal le pagó al Presidente Calderón en la visita que le hizo, como Jefe de Estado, estando derrocado, a ese país, en una visita histórica por haber finalizado en la expulsión inmediata del invitado de honor.

México no puede seguir dando palos de ciego en su profesional política exterior y debe voltear a ver, nuevamente, a Centroamérica. Si bien somos sus vecinos pobres, no dejamos de ser sus vecinos, como ellos lo son con relación a los Estados Unidos.

A México le urge revisar su política exterior hacia Centroamérica, con la cual mantenía un intercambio comercial importante hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. No es cualquier bicoca habernos llegado a exportar el 12% del total y recibir el 5% de sus importaciones de esta región; sin embargo, algo sucedió después de la Segunda Guerra Mundial en que Centroamérica dejó de ser importante para México.

Hoy, con el mundo tan globalizado, parece increíble que con el vecino del norte mantengamos tan malas relaciones políticas, de comercio, sociales, económicas, cuando provenimos de un mismo origen.

Es más, me parece que México ha descansado gran parte de su diplomacia hacia Centroamérica en el ámbito multilateral, en donde fue baluarte en el diseño de la defensa conjunta de los intereses económicos de los países de la región (como el Sistema Económico Latinoamericano, SELA, fundado en 1975), pero ha venido descuidando por completo esa relación directa, bilateral, que fomenta las relaciones y que hermana a las naciones.

No bastan las relaciones frías de los foros como la ONU o la OEA, donde México tradicionalmente defendió los principios de autodeterminación y de no intervención que ahora ha olvidado, o utilizando las mejores armas que existen en estos foros, que son las de la argumentación jurídica; o el de instituciones de desarrollo como el FMI, el BID, el Banco Mundial o el BCIE, del cual México es socio extrarregional, para acercar a los pueblos y los gobiernos.

En ese contexto la Cancillería Mexicana lleva un rezago de varias décadas, aunque he conocido, personalmente, embajadores de primer nivel en nuestro país que se han empleado, en su misión, más allá de lo que normalmente vemos en funcionarios de esta naturaleza, que fácilmente se acomodan al nuevo país y a la actividad social. He sido testigo, por ejemplo, del impulso de México al Programa de Desarrollo Fronterizo, PRODESFRO, en Guatemala, en la época del Presidente Ernesto Zedillo.

A lo lejos recuerdo la visita oficial del Presidente Gustavo Díaz Ordaz a Guatemala, a mediados de la década de 1960's, y luego la del mencionado Presidente Zedillo, y eso me parece que ha sido la totalidad de visitas de presidentes mexicanos a Guatemala, su vecino del sureste.

Hoy, aunque observamos una situación difícil en México, que ha de tener ocupada la mente y agenda presidencial, nos atrevemos a sugerir una visita del Presidente Felipe Calderón a Honduras, la cual perfectamente puede arreglarse, por la vía diplomática, para que se haga con todos los presidentes de Centroamérica, el corredor previo de la droga antes de llegar a México.

Esta reunión fortalecería, políticamente, a todas las partes: al gobierno actual de Honduras frente al mundo, porque realmente no tiene cosa que ver con lo que provocó la crisis y el Presidente Porfirio Lobo ha hecho hasta lo que quien escribe no hubiera efectuado, con tal de tener contentos a todos; al gobierno de México, que obtendría un respaldo unánime en su lucha contra el narcotráfico; y al resto de los gobiernos de la región, que no sólo posarían en la foto, porque estarían revitalizando sus lazos políticos, diplomáticos, económicos, comerciales, sociales y hasta culturales con el gran vecino del norte.

Ojalá la canciller mexicana, Patricia Espinoza, tenga buenos asesores en estos puntos.

La política exterior mexicana de los últimos tiempos, independientemente de sus yerros con la crisis política hondureña, se ha hecho dura para con sus vecinos del sur, a quienes discrimina totalmente a través de los también fríos funcionarios consulares, en donde cada vez se inventan más requisitos para conseguir una visa para poder viajar.

Una anécdota como muestra: en un viaje a Europa, viajando con pasaporte guatemalteco con visa estadounidense vigente, pero sin tener visa de turismo mexicana, se me hizo hacer una espera de siete horas, ni siquiera en una sala de espera sino en un pasillo, con una custodio como de metro y medio de alto y desarmada, a la que le pregunté: "¿a dónde cree que me voy a fugar, a Estados Unidos, de donde aquí está mi visa, o a Guatemala, de donde vengo?". Menciono lo anterior, aunque se sienta fuera de contexto, porque es una pequeña muestra de la falta de interés que le han puesto a su frontera sur, donde también habemos personas que valemos, que pensamos y que no los vemos como enemigos.

Este ensayo, más que tratar de hacer ver los fallos en general de una cancillería, trata de hacer el mejor de sus esfuerzos por hacerla reflexionar. México, más tarde o más temprano, ha de reconocer que el gobierno hondureño es legítimo, popularmente electo y constitucional. Mientras más pronto lo haga, más fácil se reanudarán las relaciones normales en el área, y eso es lo que más le conviene tanto a México como a todos los centroamericanos.

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