miércoles, 19 de septiembre de 2018

LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN CENTROAMÉRICA Y SU EVOLUCIÓN


Pensábamos estructurar en subcapítulos todo lo que aquí deseamos dejar para su estudio o conocimiento, pero eso nos obligaría a sujetarnos a un orden por país o por época que podría volver su contenido demasiado académico, y nuestro interés no es ése. Preferimos mantener el estilo libre del ensayo, donde prive la libertad del espíritu en la narrativa, privilegiando su amenidad y el aprendizaje entretenido de cosas que otros nos dictaron y que, de una u otra manera, marcaron nuestro rumbo. Dicho lo anterior, comencemos…

Las fronteras imperiales, bien lo dejó establecido Juan Bosch (De Cristóbal Colón a Fidel Castro, 1969), colisionaron durante siglos en el Mar Caribe, donde la hegemonía de uno y otro imperio determinó el destino de poblaciones enteras, forjando las idiosincrasias de las sociedades en las que, hoy, nos desenvolvemos.

En el presente ensayo pretenderemos revisar la injerencia de las potencias extranjeras en Centroamérica durante el último siglo y medio, aproximadamente, y su evolución hacia el multilateralismo, para finalizar esbozando los complejos hilos de poder que se mueven, tras bambalinas, en nuestra pequeña pero, por lo visto, importante región del mundo.

Comencemos por visualizar aquella todavía Centro América (hoy se escribe Centroamérica), luego de la ruptura de la Federación, con pequeñas repúblicas tratando de ser independientes de un todavía, aunque en decadencia, Imperio Español, el cual recibe su estocada en 1898, al perder la Guerra Hispano-Estadounidense, en Cuba (Filipinas, Puerto Rico y Guam), una guerra infame provocada como señal del incipiente nacimiento de una nueva potencia, ahora en América, añejo imperio que termina de dar sus últimos estertores con el advenimiento de la República, a principios de los años 1930.

El vacío que, paulatinamente, fue dejando España en las nuevas repúblicas, no lo ocupó, en principio, Estados Unidos de América, con todo y la admiración que casi la totalidad de nuestros próceres tuvieran por todos los acontecimientos que recién habían dado con el nacimiento de esa nueva república, al grado que, inicialmente, las Provincias Unidas del Centro de América quisieron imitar el modelo federal de las antiguas colonias inglesas del norte, fracasando en el intento.

Para impedir la injerencia de las potencias europeas, especialmente la inglesa, en América (el continente), nació la Doctrina Monroe (1823), América para los americanos, una declaración netamente imperialista mal atribuida al presidente Monroe, cuando su creador fue, en realidad, John Quincy Adams, en una época en que EEUU todavía andaba tras la conquista de gran parte de su territorio actual, en aquellos tiempos todavía en manos de México y de Rusia.

El proceso por el cual las antiguas potencias caen en cuenta que sus fuerzas han mermado o que ya no son, siquiera, equivalentes a las de una potencia emergente, es más lento, a nuestro parecer, que el provocado por el entusiasmo de sentirse fuerte y de verse más poderoso que los antiguos amos del mundo. En todo caso, ese proceso no de da de un momento a otro; toma décadas, pues la lucha por no permitir el deterioro alarga una agonía, mientras que el poder emergente necesita de la construcción de barcos, de ejércitos, de la acumulación de verdaderas montañas de capital, del asentamiento de una fuerte base industrial que nutra las vías comerciales y, en cierto modo, las controle, de la estructuración de una diplomacia profesional. En uno u otro sentido, todo esto es complejo, y toma muchos años determinar el grado de inclinación de una balanza.

El destete centroamericano de España fue acompañado, en realidad, por el también poderoso Imperio Británico, que mientras aquélla ejerció la soberanía en estas tierras no tuvo acceso a nuestra región, como no fuera de manera ilegal, ya sea contrabandeando, ya a través de la piratería (eso sí, bajo patente de corso otorgada por sus soberanos) o simplemente invadiendo y robando los recursos naturales, como sucedió en las costas de Guatemala, o tratando de instalar poblaciones con el objeto de reclamar territorio, como fue el caso de la Mosquitia, en Nicaragua (proceso que finalmente fracasó).

El Imperio Británico, cuya base principal frente a Centroamérica se encontraba en Jamaica, estaba por vivir sus mejores años con la llegada al trono de la reina Victoria, un reinado largo que le dio la estabilidad necesaria para crecer y afianzar sus instituciones, tanto en la metrópoli como en los territorios y países ocupados durante siglos.

Una vez salida España del territorio centroamericano, Inglaterra pudo acercarse nombrando embajadores y, tras ellos, su influencia se dio, mayoritariamente y a través de todo el final del siglo XIX y principios del siglo XX, a través de empréstitos, algunos de los cuales nuestros países tardaron más de cien años en pagar. Era la famosa deuda inglesa.

En esas largas décadas otros imperios, como el belga, el francés, el italiano y el alemán, se disputaban África, el sureste asiático y hasta el medio oriente (¿de dónde creen que vienen los problemas en esa zona?), pero no tuvieron mayor relevancia en nuestras tierras.

Mientras tanto, ese primer intento de marcar territorio, de los Estados Unidos de América, no tuvo mayor impulso en los primeros años del siglo XX. Es más, cuando EEUU se ve forzado a entrar a combatir en la que después se llamó Primera Guerra Mundial (al principio era La Gran Guerra), lo hizo en una posición de franca debilidad. Su ejército, su marina, adolecían de grandes deficiencias, y fue la necesidad de la guerra la que hizo que el país se enfocara en esos temas, de manera que, al terminar la misma, en 1918, la gran nación del norte se había convertido, por su poderío naval y militar, por el impulso que tomó su industria y por la aceptación que comenzó a tener el dólar frente al declive de la libra esterlina para las transacciones internacionales, en la potencia emergente en el mundo.

Mientras la mayoría de los países trataban de recuperarse de los daños ocasionados por la Gran Guerra o, inclusive, luchaban frente a la epidemia de gripe (llamada española) que provocó más muertes que la misma guerra, otros sucesos, del otro lado del mundo, le daban forma al germen de lo que sería otro gran imperio tratando de meterse, de una u otra manera, en Centroamérica.

La caída de los zares de Rusia y el triunfo de la Revolución Bolchevique en 1917, habrían sido hechos locales y, quizás, intrascendentes para muchos, si no hubiese habido, en 1919, una III Internacional Socialista, es decir, una reunión de todos los líderes europeos de izquierda, la cual, por el giro radical que tomó, es denominada Komintern, por su nombre en alemán: Internacional Comunista. La trascendencia de esta reunión estriba en la decisión, provocada por el reciente triunfo sobre los poderosos zares, de exportar la revolución hacia otros países, idea impulsada originalmente por Lenin –Vladimir Ilich Ulianov--, desarrollada en los años siguientes por un comunista italiano, Antonio Gramsci, implementada por el castrismo-guevarismo desde Cuba y vuelta a pulir y a actualizar, en los últimos tiempos, por el Foro de Sao Paulo.

La exportación del modelo revolucionario no fue en sus primeros tiempos, precisamente, miel sobre hojuelas. El Ejército Rojo, nutrido por centenas de miles de hombres provenientes de los soviets, fue derrotado sangrientamente en su intento por invadir Polonia (que se encontraba en guerra, disputando territorios con Ucrania). En Italia, los intentos soviéticos por tomar los sindicatos y controlarla, también salieron mal; y en Alemania los miembros del partido comunista fueron exterminados o encarcelados (puede revisarse el episodio de la quema –le llaman con el término impersonal de incendio-- del Reichstag, en Berlín, en 1933).

Todos esos eventos generaron una situación convulsa que disparó las alarmas en el resto de países, los nuestros gobernados en esa época por militares electos que cambiaron las constituciones para perpetuarse, constituyéndose en dictadores de pensamientos conservadores (Jorge Ubico Castañeda, en Guatemala; Tiburcio Carías Andino, en Honduras; Maximiliano Hernández Martínez, en El Salvador; y Anastasio Somoza García, en Nicaragua), siendo la excepción Costa Rica.

La crisis en que entró de nuevo el mundo con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial solamente pospuso el avance de la ofensiva comunista soviética en América, en donde ya León Trotsky, en su último exilio iniciado en 1936, se había radicado en México, dándole renovadas energías a la formación de juventudes e intelectuales marxistas en ese enorme país.

El choque de ideas y el respaldo que las potencias de la primera mitad del siglo XX le daban a unas y otras generó lo que dio en llamarse la Guerra Fría, esas hostilidades permanentes, sin declaración formal, que abrieron paso al fortalecimiento del mundo del espionaje, al armamentismo, a la creación de bloques en la recién estrenada Organización de Naciones Unidas, ONU, paradójicamente creada para generar canales de distensión, pero utilizada como campo de batallas de nueva generación, cediendo terreno a las guerras de conquistas territoriales por las nuevas pugnas de carácter ideológico.

El multilateralismo había llegado para quedarse, pero los ideales que lo inspiraron luego de la cruda realidad de la guerra recién terminada, quedaron relegados, para convertirse en un nuevo instrumento para medir fuerzas o, lo que es peor, para imponer agendas a los países soberanos que, de buena fe, la formaron originalmente.

Mientras se formaba este tejido complejo de las relaciones hegemónicas de las nuevas y las declinantes potencias, se da el derrocamiento del gobierno chino de Chiang Kai Shek y el empoderamiento de Mao Zedong, instaurando una nueva dictadura comunista en otro de los países más grandes, y el más poblado de la tierra, con la diferencia que a Mao no le interesa exportar su revolución al resto del mundo y, con el tiempo, solo podemos mencionar el apoyo que le dio a las fuerzas del Frente Nacional de Liberación, de Vietnam, conocidas como Viet Cong, en su lucha, primero, contra Francia (quizás el último estertor del imperialismo francés, que declinó junto con la utilización del francés como medio internacional de comunicación) y, luego, en la derrota de EEUU a principios de los años 1970. China tomaría un camino de décadas para convertirse en la potencia que es hoy, llegando al escenario mundial de la manera que veremos más adelante.

En los países centroamericanos, en la medida que se fue avanzando en el pago de la famosa “Deuda Inglesa” que tenía subyugadas a las pequeñas naciones, declinando en gran medida el poder de una Inglaterra exhausta después de dos guerras mundiales, se fue acrecentando la influencia estadounidense con su música, sus festividades, sus productos, su política no siempre sana y muchas veces cuestionable y, con ella, su dinero, con episodios de su diplomacia actuando, ya pro-consularmente, ya quitando y poniendo gobiernos con el mayor descaro. Nos habíamos convertido en el patio trasero de la nueva potencia global.

Pero volvamos unos años atrás: la carnicería que significó la Primera Guerra Mundial, con sus casi dos decenas de millones de muertos, creó la necesidad de enfrentar el mundo de diferente manera, y en el Tratado de Versailles que dio fin a dicha conflagración, firmado en 1919, se establece la creación de la Sociedad de las Naciones que, aunque es obvio que no dio los resultados esperados porque en el tratado mismo venía el germen de la siguiente guerra mundial, tratando a la vencida Alemania de una manera humillante por las décadas por venir, lo relevante es la importancia que todas las potencias mundiales le dan a una nueva manera de ver y de actuar en el mundo: el multilateralismo; aquel que se dio en 1890 con la Primera Conferencia Internacional Panamericana (que sería el germen de la Organización de Estados Americanos, OEA, creada en 1948), y que daría paso para crear, en 1945, apenas finalizada la guerra, la Organización de Naciones Unidas, ONU, de la cual ya algo adelantamos.

Mientras tanto, sucesos de otra naturaleza iban a escocer la dinámica de las relaciones de poder entre EEUU y América Latina. La Revolución Mexicana que había iniciado en 1911 dio paso a la Constitución de 1917 en la que se acababa con privilegios que algunas compañías extranjeras tenían en México, incluyendo algunas estadounidenses, lo que dio lugar a que EEUU, la potencia emergente y vecina, no reconociera al gobierno de Venustiano Carranza, a menos de que se derogasen los artículos que afectaban a dichas empresas.

Como es ley de vida que toda acción produce una reacción, algunos años después, a principios de los años 1930, luego de casi 15 años de estiras y aflojas entre estos dos grandes vecinos, México le dio un gran aporte a las relaciones de Derecho Internacional al promulgar la Doctrina Estrada, la cual sería el pilar angular de sus relaciones internacionales durante décadas, que se inclina por la no intervención de un Estado en los asuntos internos de otros Estados, doctrina que vino acompañada por la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos.

Es decir, la dinámica mundial no trataba solamente de actores sino de posiciones, especialmente de actores menos poderosos que, escudados en un incipiente multilateralismo, se apoyaban en los votos de las mayorías conforme reglas de un nuevo juego de relaciones, para vencer la otrora voluntad de alguno de los poderosos imperios. En ese orden de ideas surge en la ONU el Grupo de los 77 (que ahora agrupa a unos 134 países), que presidieron: Guatemala en 1987 y Costa Rica en 1996.

Conformada ya, la ONU, e iniciado el largo juego del gato y el ratón de la Guerra Fría, esa que vio nuestros países como un tablero de ajedrez y a nuestros gobiernos, instituciones y población como piezas estratégicas y hasta sacrificables, haciendo de la misma, en nuestras latitudes, algo menos frío y más caliente, se da el triunfo de otra revolución, ahora en el Caribe. Fidel Castro había logrado botar al gobierno de Fulgencio Batista y, con un discurso inicialmente democrático, fue poco a poco consolidando una dictadura de régimen comunista que, 60 años después, prevalece en la isla.

El cambio de un gobierno por otro en una isla pudo haber sido un suceso histórico aislado e insignificante, como ha habido muchos, pero lo que fue distinto es que esa isla, ahora al mando de marxistas disfrazados de demócratas que luchaban por la libertad, le abrían las puertas del hemisferio a otra potencia, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, la misma que durante décadas había tratado de exportar su propia revolución y era uno de esos polos opuestos de esa guerra no declarada.

No es el propósito de este ensayo revisar el incidente de los misiles soviéticos en Cuba y del origen del bloqueo estadounidense a la isla. Baste decir, para nuestros efectos, que aquella confrontación Este-Oeste, ideológica a morir, por razones poco estudiadas hasta ahora involucró a Centroamérica, al prestarse territorio guatemalteco para entrenar cubanos ya exiliados en el estado de la Florida, que pretendían recuperar su país, y territorio nicaragüense para, de ahí, partir la expedición que pretendía instaurar una cabeza de playa en territorio cubano, con el apoyo estadounidense que, finalmente, y debido, quizás, al cambio de gobierno de Eisenhower (en el que se planificó y montó la operación) al de Kennedy (en que se inicia la ejecución), fracasó, episodio conocido como la Invasión de la Bahía de Cochinos.

Castro, triunfante, apoyado por una de las grandes potencias militares de la época, nunca habría de olvidar el papel de Guatemala y de Nicaragua en este suceso, de modo que se constituyó, aunque es difícil documentar hechos que se dieron en la clandestinidad, en un canal de apoyo del bloque comunista (URSS y los países detrás de la “Cortina de Hierro”) en favor de los movimientos insurgentes en estos países y, casi de colada, en El Salvador, que se sumó a la insurrección, provocando un conflicto armado de 36 años en Guatemala, otra cruenta guerra civil en El Salvador y el derrocamiento del gobierno de Nicaragua, en julio de 1979, por las guerrillas del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN.

Muchos de los combatientes de esa época estudiaron, becados, en Universidades de los países comunistas a donde los ciudadanos normales no teníamos acceso, pues nuestros pasaportes traían una leyenda que así lo prohibía expresamente, y otros tantos recibieron entrenamientos militares especializados en esos países, para luego regresar a enganchar más gente y a comandar los grupos fuera de la ley para subvertir el orden y tomar el poder por la fuerza, envolviendo el campo y los centros universitarios, especialmente, en esa vorágine de ideología radical y de violencia.

Ya en años anteriores, en Guatemala, cuando partió al exilio el ex-presidente Jorge Ubico, sus últimas palabras antes de abordar el avión fueron que nos cuidásemos de los “cachurecos” (los recalcitrantes de la iglesia católica) y de los comunistas. Después de 14 años de gobernar con mano de hierro, ¿qué sabría?

Poco tiempo después era electo presidente Juan José Arévalo, de quien parece existir una carta dirigida a Basili Pyakubovsky, Encargado de Negocios de la URSS en México, agradeciéndole “vuestra ayuda espiritual y económica”, tan solo tres días después de asumir el cargo (fechada el 18 de marzo de 1945), misiva que también menciona “el atinado consejo de vuestros enviados”, cuyo original no hemos visto pero cuya información no debemos descartar (Guatemala Bajo Asedio. Avemilgua, septiembre 2012).

El sucesor de Arévalo iba a ser el coronel Francisco Javier Arana, pero al ser asesinado en el puente La Gloria (18 de julio de 1949), quien llegó a la presidencia fue Jacobo Árbenz Guzmán, en las elecciones de 1950, asumiendo en 1951 y derrocado el 27 de junio de 1954. Estos sucesos vienen al caso porque se dan en la cúspide de injerencia abierta de EEUU, a través de la United Fruit Company, del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia, e injerencia a sotto voce de las ideas socialistas y comunistas provenientes de ultra mar. Nosotros estimamos que Árbenz quiso hacer un gobierno nacionalista y, entre otras cosas, impulsó una reforma agraria que, si hubiese sido bien llevada, habría sido de enorme beneficio para el país, pero desafortunadamente las cosas se salieron de cauce, hubo arbitrariedades, ilegalidades, persecuciones y asesinatos innecesarios, y la cuerda se reventó, constituyendo esta década, desde el principio (con el candidato de las mayorías asesinado frente a los ojos de quien fue su sucesor), hasta el asesinato de quien derrocó a Árbenz y ocupó su lugar, Carlos Castillo Armas, uno de los períodos más negros de nuestra historia.

Mientras el comunismo avanzaba en el mundo y era evidente ante los ojos de todos con lo que sucedía en Cuba, el gobierno de Kennedy, en EEUU, instauró en 1961 el programa de cooperación denominado Alianza para el Progreso, el cual buscaba, con un apoyo de 20,000 millones de dólares de esa época, apoyar el desarrollo, restarle adeptos a los movimientos revolucionarios e impulsar políticas en el sentido que a EEUU le convenía o parecía en ese mundo todavía bipolar en donde el adversario jugaba, por primera vez, en la vecindad. ¡Su vecindad! ¿Se colocaron todos esos miles de millones? Lo dudamos, especialmente porque dicho programa finalizó en 1970. Mucho de esa cifra se otorgó en empréstitos multilaterales y constituye el inicio de otro de los grandes problemas de América Latina: el peso de la deuda externa sobre nuestras economías y la esclavitud que eso representa para nuestra soberanía e independencia de criterios.

Aprovechemos que estamos ubicados en los años 1960/1970 para hablar de otros actores poco conocidos, pero causantes de gran parte de nuestros males actuales.

Es la etapa en la que algunos partidos políticos y sindicatos europeos, especialmente de Alemania, a través de sus fundaciones, verdaderos brazos políticos para influenciar donde les conviene sin desgastar al partido o al sindicato, son inyectadas con el suficiente dinero como para venir a América Latina a abrir brecha, en donde fueron bien recibidas por políticos y partidos políticos carentes de fondos, quienes vieron en ellos, más que una inspiración a sus ideas, una fuente de financiamiento para sus campañas.

Pero no solamente Alemania estuvo presente, especialmente por el liderazgo de Willy Brandt; también España, de la mano de Felipe González. El primero con el pretexto del estrechamiento de la brecha entre los países ricos y los países pobres, la que él denominaba “la cuestión social del siglo XX”, dado que EEUU no entendía lo que estaba pasando en el denominado Tercer Mundo, donde muchos de los conflictos eran simplemente locales, resultado de la indigencia social y económica y, además, preocupado por el giro de la articulación del conflicto Este-Oeste hacia una dinámica Norte-Sur que, con el liderazgo vacilante y la dudosa hegemonía de EEUU, podía hacer fracasar las importantes negociaciones de desarme y control de armamento que, en ese entonces, eran parte de la importante agenda de distensión.

El segundo, Felipe González, con su experiencia durante el franquismo y la transición española, se sentía con la altura moral suficiente como para venir, de alguna manera, a darnos cátedra frente al desastre de países centroamericanos que se mostraban al mundo, pues de lo que se trataba era de encausar a pueblos y gobiernos por la senda democrática en lugar de los regímenes autoritarios que, desde Europa, veían en todos nuestros países. Una especie de neocolonialismo nostálgico político-cultural, o algo así. Era, quizás, una reacción al aislacionismo de 40 años que, de manera natural, se volteaba hacia Hispanoamérica, pero sin perder el paternalismo tan castizo.

Entre las fundaciones alemanas más conocidas que vinieron a Centroamérica están la Ebert Stiftung (del Partido Social Demócrata, miembro de la Internacional Socialista); la Konrad Adenauer (del Partido Demócrata Cristiano); la Hanns Seidel (de la Unión Social Cristiana de Baviera); la Friedrich Naumann (Partido Democrático Libre). Su llegada a la región se da en momentos en que la Alianza para el Progreso, de los EEUU, parecía haber declinado hasta su desaparición, y lo único extranjero que convivía en nuestras sociedades eran las instituciones culturales, tipo Instituto Dante Alighieri o la Alianza Francesa.

Fueron un par de décadas complicadas para Centroamérica, en donde los movimientos guerrilleros, impulsados desde afuera, encontraron el caldo de cultivo para comenzar su guerra de guerrillas, primordialmente en Guatemala y El Salvador, donde no pudieron triunfar, y en Nicaragua, donde en julio de 1979 derrocaron al gobierno de Anastasio Somoza Debayle.

Los conflictos internos de cada uno de estos países hacían que las relaciones entre todos los países de Centroamérica fuesen casi imposibles. Honduras prestó su territorio para que EEUU montase una base militar desde donde se organizaban operaciones en Nicaragua, y esta, a su vez, servía de base naval y aérea para recibir armamento y pertrechos de Rusia y de Cuba que, luego, eran enviados a El Salvador y Guatemala para abastecer y armar los movimientos insurgentes. Costa Rica se había convertido en un enorme campo de refugiados, especialmente nicaragüenses, que constituían una pesada carga para un país pobre. Algunos de los presidentes no se hablaban entre sí. De ahí, la dinámica de las relaciones internacionales intracentroamericanas toma un nuevo giro con la Primera Reunión de Presidentes de Centroamérica, donde nace la Agenda de Esquipulas, la que, a su vez, es la cimiente para la creación, unos años después, del Parlamento Centroamericano, el cual no solo revitaliza los vasos comunicantes en nuestra subregión, anteriormente rotos, sino se constituye en un interlocutor válido de un aliado poderoso: El Parlamento Europeo.

La declinación de la presencia estadounidense de esas dos décadas también se vio influenciada por el protagonismo que tomó el multilateralismo, pues muchos de los recursos de EEUU eran el músculo, precisamente, de las no tan nuevas instituciones pero sí nuevos actores en la región, el Banco Mundial, BM, el Banco Interamericano de Desarrollo, BID, y especialmente, el más intrusivo Fondo Monetario Internacional, FMI. Nuestras democracias comenzaban a ser dirigidas desde Washington después de dos o tres décadas de haber picado el anzuelo del endeudamiento externo. Ser acreedor, ahora, les daba el derecho de dictarnos muchas maneras de ver las cosas, por lo cual se puede decir que el multilateralismo se convirtió en el brazo neoimperialista de quien ponía suficiente capital como para controlar la dirección de la Institución.

Una muestra del sentimiento centroamericano, de esa época, es el discurso del presidente Rodrigo Carazo, en 1982, en el cual se lamenta de lo barato que nos compran y de lo caro que nos cobran, entre intereses y exigencias de qué hacer y qué no hacer, entre otras cosas. Este es el mismo presidente que promovió la fundación de la Universidad de la Paz, de la ONU, financiada con capital semilla mexicano, sudcoreano y chino. Otra institución que, de fuera de la región, venía a poner su grano de arena cuando más paz se clamaba en Centroamérica.

Fue, debemos comprenderlo, una etapa de transición de EEUU que, desgastado de servir de policía del mundo y de fuerza de contención primordial frente al comunismo, prefirió jugar sus cartas desde otras posiciones menos desgastantes. Hubo una variación, también, en su manera de actuar localmente, y comenzó a dejar de visualizar países para trabajar con regiones, involucrando a América Latina (Centroamérica es muy pequeña para esa visión y no le pusieron el ojo sino hasta que les mandó decenas de miles de inmigrantes ilegales) en iniciativas de alcance global, como el GATT (que con el tiempo se convirtió en la Organización Mundial de Comercio, OMC) y el mismo FMI, observándose una declinación de los programas bilaterales de asistencia, incluyendo la militar, variando, a su vez, la acostumbrada dependencia de ayuda de muchos de nuestros países, que de pronto voltearon a ver hacia otras fuentes.

La excepción, quizás por el fuerte conflicto bélico que vivía Centroamérica en esos años, lo constituye la Iniciativa de la Cuenca del Caribe del presidente Ronald Reagan, lanzada en su discurso del 24 de febrero de 1982, quien, por primera vez, pone el poder político como facilitador del poder económico para que se facilite el desarrollo de los países del Caribe y de Centroamérica. La buena voluntad y la comprensión, de parte de EEUU, de nuestros más ingentes problemas, tampoco pudo aprovecharse. Los incentivos de reducción de impuestos para que el gran capital se movilizase a nuestros países no tuvo mucho eco, debido a que los conflictos armados persistían, y luego, con una nueva crisis económica global y los intereses por la nubes, las inversiones nunca llegaron: estábamos en lo que todavía se llama “la década perdida” de los años 1980.

Vayamos, ubicados dentro del mismo período, a otros escenarios que se daban, preparando el camino de otro formidable peso pesado de las relaciones internacionales: Europa, que en esos años no era la figura política que representa esa unión que hoy tienen, sino un grupo de países que volvían a salir de otra terrible y devastadora guerra, que estaban enfocados en su reconstrucción pero tenían conciencia que muchos de los problemas del pasado derivaban de los afanes por controlar la producción de carbón y de acero, sin los cuales no hay industria y, sobre todo, artillería, fundamental para hacer la guerra.

Francia y Alemania, los eternos rivales, logran superar sus diferencias y sientan las bases de lo que será, en primera instancia, la Comunidad Económica Europea, CEE, y que, algún tiempo después, luego de dejar atrás los acuerdos económicos y acordar los políticos, nace la Unión Europea, UE, a la que sus doce miembros originales se le van sumando países, agrandándola y fortaleciéndola hasta lo que hoy conocemos como uno de los mercados más grandes del mundo con cierto grado, avanzado, diríamos, de unidad política, muy complicada, que podría ser precisamente el germen de su autodestrucción en un futuro, como efectivamente algunos analistas empezamos a señalar.

El estilo de influir de la UE y de muchos de sus países miembros, en lo individual, se distingue de la influencia que puedan hacer las demás potencias por el grado de condicionamiento que apareja, a tal grado de querer convertir nuestros países en réplicas de lo que muchos funcionarios europeos desearían para nosotros.
Mientras se daba el proceso de formación de esta figura política europea, Japón, otra de las grandes potencias económicas que había hecho su propio esfuerzo por reconstruir su economía y su infraestructura después de haber perdido la guerra, se constituye en un gigante industrializado que, sin recursos naturales, es capaz de fabricar de todo y, además, con una calidad envidiable. Poco a poco Japón logra estar en el sitio más alto de las naciones respetables del planeta, pero con una política exterior de buen vecino. Monta su agencia de cooperación y apoya a nuestros países pero sin condición política o ideológica alguna.

Paralelamente, el gigante asiático más poblado de la Tierra había pasado, en los años 1970, una costosa Revolución Cultural, pero a mediados de los años 1980 cambian sus autoridades y, con el mismo sistema unipartidario pero con otra visión, comienza a efectuar cambios profundos en sus matrices educativas y productivas, generando por muchos años crecimientos de dos dígitos porcentuales en su economía, lo que poco a poco van moldeando la entrada de China al siglo XXI bajo unos paradigmas renovados que la tienen en la senda de convertirse, con el paso del tiempo, en la mayor economía del mundo.

Como es obvio en todas las épocas y todas las regiones del mundo, en la medida que un Estado se hace rico y poderoso, su voz se escucha en más rincones y con mayor atención, lo que no ha sido la excepción en este caso.

De una China que podía pasar inadvertida al mundo occidental, con noticias suficientes para llenar sus páginas con sus propios problemas, la que hoy conocemos es una que está en las noticias todos los días, admirándonos cada vez más con sus nuevas ciudades, sus aeropuertos, sus trenes fabulosos, su capacidad industrial y los niveles a que ha elevado su comercio con otras naciones. Su moneda comienza a despuntar en los mercados internacionales, sabemos de su programa espacial con todo y sus actuales fracasos y, por mucho que la prensa presente sus números de crecimiento económico como decrecientes, todavía mantiene una dinámica tan alta que admira a quienes sabemos leer lo que la prensa tradicional nos trata de vender.

Como actor internacional, China ha irrumpido en América Latina de una manera diferente a las demás potencias, cooperando verdaderamente en proyectos de desarrollo, sin mayores condiciones, sirviendo de punto de referencia para evaluar la manera como los demás países o potencias nos tratan.

Como parte activa de los Grupos Consultivos de Guatemala tras la firma de los Acuerdos de Paz de 1996, hemos visto cómo los países “cooperantes” presentan los programas en los que han contribuido, y algunas veces la mayoría de los gastos de dichos programas están en renglones de sueldos de personal de ese mismo país, de pasajes aéreos y viáticos, pero la cooperación verdadera, la que llega al pobre ciudadano, es raquítica, mientras que la presencia de China como recién llegado a la región los pone en evidencia, al tomar por su cuenta proyectos completos de infraestructura, por decir algún ejemplo, y ejecutarlos sin mayores condiciones.

La variopinta oferta de países, unos más poderosos que otros, y de organismos internacionales con agendas que muchas veces no nos son gratas, es ahora hasta confusa.

El quererle dictar a los países de Centroamérica la senda de su futuro, ha sido abarcada, fuertemente, también, por personas particulares. No es casualidad que el infame George Soros haya trasladado US$.18 millardos de su cuenta personal a su fundación, la Open Society Foundation, para seguir interfiriendo con la tranquilidad de muchos países y de grandes instituciones, como el mismísimo Parlamento Europeo.

Para países pequeños como los nuestros y, además, sumidos en la pobreza, pequeñas cantidades de dinero en moneda dura se vuelven gran músculo para soliviantar los ánimos en las manos equivocadas. ¡Y eso es parte de lo que viene sucediendo de un tiempo a acá! Ya no son suficientes las injerencias en nuestros países de las grandes potencias, como antes. De un tiempo, a acá, la ideologización y la compra de voluntades han ido de la mano de transferencias de dinero para generar conflicto en situaciones que son difíciles de detectar y de entender.

Países mineros y petroleros, pero millonarios, financiando Organizaciones No Gubernamentales, ONG’s, para frenar la minería, para lastrar la exploración y explotación de petróleo en nuestros pequeños países.

Unos aportan el dinero, otras entidades, como el Foro de Sao Paulo, aportan elementos como la utilización de los Derechos Humanos o los tribunales para fines de agenda política o de objetivo de la toma del poder; y mientras haya dinero corriendo de por medio, siempre habrá ciudadanos dispuestos a venderse por unas monedas, y el pandemónium parece no tener fin.

De la hipoteca de nuestros países con Inglaterra o de tener que soportar embajadores pro-consulares de diferentes potencias hemos pasado al caos; como si no fuera suficiente servir de corredor de paso de los países mayores productores de droga hacia el mercado más grande de consumidores, donde nunca vemos que caiga un solo “capo” del narcotráfico o banquero asociado al crimen, pero nosotros ponemos los corredores de sangre, de sometimiento a los carteles de turno y de drogadicción, sin tomar en cuenta el daño que se le hace a la gente normal el enorme negocio de lavado de dinero que todo lo encarece para quien no está metido, que somos las grandes mayorías.

Es difícil pensar que este sea el ambiente propicio, para nuestros países, para establecer las bases de un desarrollo en nuestros niveles medibles en que vivimos como sociedad. Los grandes actores siguen su rol en este “desorden estructurado” ; los del norte elevan de vez en cuando su voz cuando la migración hacia el norte de niños y jóvenes es alarmante, para luego continuar con la misma dinámica en la que nunca podremos salir del status quo: regaños, amenazas de algún Comité del Congreso o del Senado, cancelación de visas, condicionamientos por niveles de captura de drogas para algún programa con nombre rimbombante y poca plata comprometida, algún letargo en el camino para luego comenzar con todo esto de nueva vez. Las últimas modas son la Ley Magnitsky, inicialmente aprobada para combatir “el vandalismo” ruso y que ahora se ha ampliado a otros países, y la Ley de Autorización de Defensa Nacional, que busca exponer, en un listado, a funcionarios corruptos, especialmente financiados por dinero del narcotráfico, en los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador y Honduras).

La Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés), es una ley que, desde principios de la década de 1960, viene aprobando, año con año, el presupuesto militar de los EEUU. Como es una ley que debe ser aprobada cada año, y nunca ha dejado de aprobarse, durante décadas ha sido utilizada por congresistas y senadores, de los dos partidos principales, para introducir temas que poco o nada tienen que ver con el presupuesto o la seguridad de EEUU, como en la última que se aprobara el 13 de agosto de 2018 y que valida el presupuesto militar de 2019, con corruptos de Centroamérica incluidos.

Nos puede gustar, o no, los procedimientos estadounidenses, especialmente en estos tiempos en que casi toda la población clama por ponerle un alto a la corrupción, pero de que es un acto imperialista e injerencista, lo es, especialmente tomando en cuenta que el argumento es el dinero del narcotráfico, pero en su territorio no pasan de agarrar al distribuidor del barrio o al vendedor de la esquina, sin que caigan las verdaderas estructuras, tanto de traficantes de droga como de lavadores de dinero. Quizás estamos hablando del colapso del sistema financiero, pero eso no quita que se les pueda señalar, por esas razones, además de lo dicho, de doble moral, pues estamos seguros que el día que, verdaderamente, caigan las grandes estructuras del crimen alrededor de la droga, en EEUU, veremos muchos de estos flamantes políticos envueltos en la vorágine de un tema que, hoy, desean que la prensa y la opinión pública enfoque solamente en nuestros países.

Por otro lado, los europeos gustan de darnos lecciones de lo que debiera ser la democracia, impulsando agendas que creen políticamente correctas y de acuerdo con los tiempos, pero que atentan en contra de la familia, en contra de nuestras Constituciones que protegen la vida y a la persona desde el momento de la concepción; que todo lo ven desde la perspectiva de los derechos, sean de los niños, de la mujer, los derechos humanos, pero el ciudadano de a pie no sobrevive ni mejorará su calidad de vida sin proyectos concretos, sin la apertura de mercados que alguna vez, en otra variedad de injerencia negativa, nos restringieron (nos referimos a la Convención de Lomé, que beneficiaba primordialmente a las antigua colonias europeas del Caribe –países Asia, Caribe, Pacífico, ACP--, en detrimento del resto de países que ya competíamos en un ámbito de libertad a través de la calidad y precio de nuestros productos).

Luego, como países pequeños sin inversiones, sin tecnología, ¿qué nos queda? Por lo menos debiéramos estar en condiciones de que nuestro sistema político partidario produjera candidatos a ocupar los puestos importantes de dirección con el conocimiento de esta compleja historia y más compleja dinámica, pues otro de los graves problemas que tenemos, como países pequeños y dependientes de tantas cosas, es la ignorancia de nuestras más altas autoridades. Tenemos líderes que no entienden nada o que entienden poco.

Sirva este pequeño esfuerzo para que los funcionarios encargados de las relaciones internacionales de nuestros países y de las grandes potencias se tomen un respiro para tratar de figurarse en la posición del otro; para comprender mejor que las nuevas relaciones internacionales entre las naciones ya no deben depender del poderío militar, del peso del dinero o de una supuesta o inexistente superioridad moral, sino de las relaciones fraternas y de amistad, algo que sucede de manera natural, por ejemplo, entre los estados de Guatemala e Israel, por el pasado de ambos, y que es tan criticada por personas que no saben, que no se preocupan por enterarse o que tienen mala fe.

La evolución del mundo ha llevado a que nuestros líderes tiendan a ser más empáticos, sin perder de vista, los más poderosos sobre todo, acerca de los grandes intereses que representan, pues pueden perfectamente seguir siendo fieles a su mandato sin la necesidad de pasarle encima al otro, especialmente si se toma en cuenta que, así sea el país más pequeño del mundo, todos tenemos nuestra dignidad y nuestra propia manera de ver las cosas ejerciendo lo que bien, o mal, entendemos por soberanía.

La potencia que mejor ha comprendido esto es China, pues su acercamiento a países tan pequeños ha sido respetuoso y cortés, algo que las potencias tradicionales optan por ver atónitos, la mayoría, sin pronunciarse, y EEUU, con su doble discurso, cuestionando las relaciones de terceros países con quien ellos mismos mantienen una relación completa e importante, y hasta amenazando a la parte más débil. ¿No sería más elegante quedarse callados ante situaciones que no pueden cambiar?

Si las relaciones de las naciones, a través de los mandatarios de cada época, han cambiado con el tiempo, por su peso cae que esas relaciones se mantienen en constante evolución y seguirán transformándose, y lo único que hacemos en este día es señalar el camino que deseamos que tomen, para beneficio de esta esfera azul que habitamos todos.

Como vemos, las Relaciones Internacionales de Centroamérica han evolucionado de muchas maneras: desde sus contrapartes, primeramente imperios, luego repúblicas, algunas comportándose todavía como imperios; desde nuestra propia perspectiva, pues los países centroamericanos, como parte activa de esas relaciones, tampoco han sido estáticos, y la dinámica interna de nuestros propios problemas también ha influido en algunos cambios en esas relaciones; el surgimiento del multilateralismo, los mecanismos de incentivo económico hacia el capital, la mala fe introduciendo armamento indebidamente… Aquí ha habido de todo y ha habido hasta lo que no ha existido en otros países.

Es cierto, el experimento de la instauración de una Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, Cicig, a petición del gobierno de Guatemala a la ONU, con el apoyo financiero de algunos países amigos, no existe en ningún otro país del mundo.
El trabajo de la Cicig, originalmente instaurada para venir, desde afuera, a desarticular al crimen organizado, comenzó con el apoyo de pocas personas, el rechazo de pocas personas y el escepticismo de las mayorías.

Con diez años de trabajo, la desarticulación de algunas bandas ligadas a la corrupción y al desfalco de las arcas públicas, y sin condenas, contando con una gran popularidad y el apoyo de las mayorías, toma la bandera de cambiar la Constitución Política, tratando de instaurar lo que dio en denominarse una “dictadura judicial”, y comienza a alzarse las voces en su contra. Otras tantas voces de este país conservador se sumaron cuando, fuera del marco del Convenio con el Estado de Guatemala, publicita que va a impulsar sus temas desde una "perspectiva de género"; y el último "error táctico" que cometieron fue suscribir un acuerdo con el Tribunal Supremo Electoral, TSE, que, con los antecedentes de sesgo en el manejo de la justicia que se ha venido alegando, fue el acto que terminó de abrirle los ojos a gran sector de la población que, no estando conformes con que elementos extranjeros se metan a manipular nuestras elecciones, se han sumado al rechazo.

Sobre el caso ha corrido mucha tinta a favor y en contra, pero para los efectos de este ensayo baste decir que, aunque muchos le vean que trajo algún beneficio, es un elemento que ha venido a distorsionar grandemente, no solo las relaciones internacionales de Guatemala, sino a la sociedad completa, a la cual ha venido a disociar y dividir.

Un buen transcurrido tiempo después de que el mismo finalice, y se enfríen las cosas, será el mejor juez para dictaminar si el mismo valió, o no, la pena. Podemos asegurar, eso sí, que la testarudez de algunos funcionarios internacionales fue tal, que difícilmente habrá país alguno que acepte replicar el modelo en su territorio.

Las relaciones internacionales son complejas, interesantes y necesarias. Las mejores que podemos vislumbrar son las del comercio, esas que, a través de los siglos, han creado vasos comunicantes entre los pueblos más lejanos, han transportado la cultura, los inventos, las buenas prácticas y elevado el progreso, por imitación, de las personas.
Finalizamos haciendo una invitación para que este ensayo pueda ser enriquecido. No pretendemos, con las limitaciones de nuestra capacidad y del tiempo y formato empleados, haber sido exhaustivos o exactos en los hechos que narramos y sobre los juicios de opinión vertidos.

Que nos sirva a todos los interesados para profundizar en su estudio.

viernes, 16 de febrero de 2018

LA ELECCIÓN DE FISCAL GENERAL TIENE LOS DADOS CARGADOS.

Hoy termina una fase más de la farsa que se ha montado para elegir Fiscal General, quien a su vez es Jefe del Ministerio Pública, con la finalización del plazo para la recepción de expedientes de quienes deseen participar.
Digo farsa porque los miembros de la Comisión Postuladora le pagan mal al país al inventarse puntuaciones de calificaciones y certificaciones, como el de una politizada Procuraduría de los Derechos Humanos, PDH, que nada tienen que ver con los requisitos que marca la Costitución Política de la República de Guatemala, CPRG, para ser Fiscal General.
Al darle los legisladores intervención a la Academia y al Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala, CANG, en procesos de esta naturaleza, lejos de volver pulcro el proceso de selección, la politización de estos ha sido el efecto más notorio. Lo vemos en la proliferación de Facultades de Derecho (para tener derecho a un asiento en la Comisión Postuladora y, por supuesto, a voto) y en la graduación por "tendaladas" y la incursión de extensiones de las FFDD para graduar más abogados en lugares remotos, para tener más agremiados, más votos y, así, tomar, casi por asalto, al Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala. CANG, por los votos de sus dos presidentes, el de Junta Directiva y el del Tribunal de Honor.
Los resultados:
1) Que los mejores candidatos para ocupar ese puesto ni siquiera participan, pues no se exponen a hacer el ridículo en un proceso de selección que, a todas luces, tiene los dados cargados;
2) Que en lugar de ser un nombramiento político con responsables claros, lo que hay son negociaciones de todos los involucrados, procedimiento que redundará en una pre selección de seis candidatos "com-pro-me-ti-dos", de modo que uno de los requisitos para el puesto, la "independencia", nos atrevemos a ponerla en duda;
3) Si el nombramiento fuese al revés, que propusiera el Presidente de la República y que el Congreso confirme en el puesto, si el FG nos sale politiquero, inepto o mañoso, el responsable político de esa mal escogencia sería el Presidente; pero de la actual manera, colegiada, en que se elije a quién se propone, esa responsabilidad se diluye, pues ni al Presidente se le puede echar la culpa de nombrar a quien llegue a mal servir al país, si la persona fue escogida dentro de un grupo de candidatos que toda la Academia esculcó y cuyo proceso de selección superivisaron "la prensa" y "la sociedad civil".
Hay muchas, muchísimas cosas que están al revés en Guatemala, y somos pocos quienes nos damos cuenta y tenemos el valor de cuestionarnos y de señalar esos defectos, mientras que la opinión pública es estimulada para aplaudir un sistema perverso y que nos hace daño, como país, sin visualizar que esto nos lleve, algún día, a buen puerto.
Tendrá que llegar el momento en que todas estas cosas se vayan cambiando en beneficio del país.

lunes, 1 de enero de 2018

SENTANDO LAS BASES DE UNA BUENA PLANIFICACIÓN

Comienza otro año y, con él, un nuevo ciclo de propósitos, de planes, de metas, de expectativas... Somos la única especie del planeta que cuenta las vueltas que este le da al sol, y los únicos, quizás, que visualizamos el futuro y calculamos cómo alcanzar determinados objetivos en la vida.

Casi la totalidad de seres humanos planifica para sí o para su entorno familiar. Otros pocos, porque les pagan, lo hacen para las empresas que les dan sustento económico; de ahí los planes operativos anuales (POA), los presupuestos, las programaciones de pedidos, etcétera.

Poquísimos, casi nadie, visualizan esa preparación previa para actuar, en su plano mental, desde el punto de vista de la patria. Es en este segmento pequeñísimo en el cual nos incluimos.

Con una buena preparación académica, con una ya larga experiencia política que incluye puestos de relativa importancia dentro de la Administración Pública y con un gran amor por el país, el período que terminó con el año que se fue, 2017, que realmente arrancó desde las protestas de abril de 2015 (la etapa de la caída en desgracia de la vicepresidenta y, después del mismísimo presidente), que pasa, desde agosto de 2016 en que se comienzan a enfatizar cambios constitucionales equivocados por el sesgo político, promocionados por los entes y personas también equivocadas, y toda la convulsión que ha habido, en planos políticos, económicos, laborales, etcétera, en 2017, que nos han servido de una especie de diagnóstico, nos posicionan como para visualizar el futuro, en 2018, desde el punto de vista de los cambios que el país necesita para salir a flote.

La #PrimaveraChapina que hemos venido proponiendo desde 2015, que tenía buenas bases pero no fue bien liderada por el actual gobernante, sigue pendiente. Las condiciones para una verdadera revolución sin balas están dadas.

La ciudadanía no sólo espera sino exige cambios contundentes en la manera como se han venido haciendo las cosas. Los cambios lo abarcan casi todo, pues es casi la totalidad de la administración la que está mal enfocada y, en poquísimas excepciones, casi nunca ha tomado en cuenta al usuario final, quien es el que paga las consecuencias de todo lo malo que se planifica, aprueba y hace a nivel de diputados, autoridades gubernamentales, oficinas descentralizadas y hasta tribunales.

2018 es el año de poner en orden todas esas ideas de cambio, pues 2019 será el año de tomar al toro por los cuernos y sentar las bases de poder para tener la capacidad de darle impulso a ese proceso revolucionario que le urge a la patria.

Por el momento, la invitación abierta para toda la ciudadanía responsable, con alguna capacidad académica o experiencia valiosa para que, a su vez, hagan lo mismo. La patria debe ser rescatada de esa vorágine en la que va sucumbiendo, y somos nosotros, quienes entendemos mejor las cosas y la amamos, los llamados a efectuar ese gran rescate.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

SAQUÉMOSLE RAJA A ESE MALESTAR CIUDADANO

No denuncio únicamente porque no me consta que, detrás de lo que mencionaré, haya "mano peluda"; pero me parece una extraña casualidad que, habiendo criticado a través de twitter al ex-embajador Robinson y al Ministro de la Defensa Mancilla, mi teléfono celular, desde el cual accedo al twitter, no ha funcionado en todo este día tan importante para expresarse.

Aun así, me parece apropiado dejar constancia de mi felicitación al pueblo de Guatemala por haber demostrado, una vez más, no solamente cordura sino que tiene una voz potente #EnContraDeLaCorrupción, la cual puede convertirse en rugido en determinado momento.

Por mi experiencia de tres décadas en política es posible que tenga un análisis de más largo alcance, y dentro de mi prospectiva política preveo escenarios con los cuales no podría estar de acuerdo, como el de sacar al presidente para que acceda alguien más que pueda ser más cuestionado que el actual, dejando el nombramiento de alguna vacante del más alto nivel en el Organismo Ejecutivo en manos de diputados que son más cuestionados todavía.

La voz del pueblo ha sonado fuerte y clara, y no me importaría que la presión ciudadana hiciese renunciar a los cabecillas en Congreso, que todos sabemos quienes son. Pero lo más importante no es sacar personas y sustituirlas por otras que provienen de los mismos partidos políticos que acogieron a las "joyitas" que hoy todo el mundo aborrece; lo es, eso sí, empujar los cambios estructurales que el país necesita para ir tomando el rumbo debido.

Yo no me perdería con una agenda complicada. Solamente recordemos el video del diputado por Quetzaltenango y entendamos que la melcocha no da para más. Me conformaría, por el momento, con que tengamos dos cosas que funcionen de una manera distinta: la manera como elegimos autoridades y la manera como gastamos el dinero y contratamos servicios.

No digo que no se puedan impulsar más cosas, más adelante. Digo que enfoquemos todo ese esfuerzo en esos dos puntos, y si logramos eso en el corto plazo, decidamos qué más conviene, como la modificación a la Ley de Servicio Civil.

Para clavar un clavo usamos una herramienta que se llama martillo, que lo que hace es concentrar la fuerza del tórax de la persona y sumarlo a la masa y a la gravedad para pegarle a un solo punto, donde concentra toda esa fuerza e impulsa a un objeto sólido para penetrar otro. Esto es lo mismo. Concentremos nuestros esfuerzos y utilicemos nuestro enojo y nuestra rabia para hacer que las cosas vayan en la dirección adecuada.

No permitamos que unos pocos y malos políticos nos roben el dinero, el presente, el prestigio de nuestro país y el futuro. Y no olvidemos, tampoco, que dentro de esas instituciones defenestradas también hay gente valiosa que puede ser punto de apoyo para lograr nuestros objetivos.

¡Que la madurez que hoy vi en las marchas y concentraciones de todo el país conduzcan a la patria a nuevos altares!


miércoles, 1 de febrero de 2017

EN DEFENSA DE LOS CONSUMIDORES DE CARNE, VERDURAS Y FRUTAS

Nos parece que, antes de gravar al sector agropecuario, encareciendo la carne y las verduras para todo el mundo, debiera revisarse y hacerse más eficiente la cadena de suministros y, paralelamente, ver si ahí se están pagando impuestos. Nos consta el enorme sacrificio de los agricultores para producir verduras y frutas, y sé que los ganaderos requieren alrededor de 3 años para engordar una res (después del destete, el engorde y la ceba) antes de poderla vender para el sacrificio; y, durante ese tiempo, hay que pagar sueldos, medicamentos, tratamiento de potreros, etc. No es como dice el dicho que al ojo del amo engorda el ganado. Por otro lado, absolutamente todos los riesgos corren por cuenta del agricultor y del ganadero, sean estos provenientes de la Naturaleza, de las fluctuaciones del mercado o de la agenda de seguridad del país (los cuatreros, por ejemplo); pero los intermediarios, que muchas veces se mueven dentro de la informalidad, no corren riesgos y, generalmente, son quienes más ganan en toda la operación y cadena de suministro al público. Ya, hace décadas, se le puso precio tope a la leche y el resultado no fue que las familias consiguieran leche barata sino que se acabara con la industria lechera nacional y tuviéramos que depender, en su mayoría, de las importaciones que se pagan en moneda dura y, en cuyo precio al público van incluidos los fletes desde el otro lado del mundo, seguros y ganancias de más intermediarios, con el resultado de haber tenido que dar marcha atrás en la política de tope de precios, pero demasiado tarde. El hato lechero guatemalteco fue la semilla del actual hato lechero costarricense, desde donde surten parte de nuestro mercado nacional. ¿Es eso lo que deseamos que suceda con el mercado de la carne? ¿No es suficiente con el enorme incremento de precios que los productos cárnicos han sufrido en los últimos dos años en que, dicho sea de paso, el Ministerio de Economía no ha hecho absolutamente nada? ¿Qué pasaría con el precio del pollo o del cerdo si, por una política pública equivocada, acabamos con la producción de carne nacional? A nosotros nos parece que terminarían subiendo los precios de absolutamente cualquier tipo de carne. Somos del parecer que cualquier cambio que se haga en nuestras leyes, sea para modificar impuestos, sea para lo que sea, tienen que analizarse previamente todas las consecuencias factibles pero, especialmente, tener en mente la estabilidad de la canasta básica de las familias. Pensar que se grava a los empresarios es hasta pueril. Toda modificación le pega, siempre, al consumidor, y la mayoría de quienes consumimos carne, en este país, no son precisamente empresarios ni gente rica, sino asalariados y gente común que sobrevive, también, dentro de la informalidad. ¿Que el país necesita cambios? ¡Perfecto! Pero pensemos bien antes de llevarlos a cabo y que, como consecuencia de una buena intención, le peguemos más duro al bolsillo de la gente más necesitada. No podemos referirnos a las intenciones de llenar más las arcas del Estado sin mencionar que, como ciudadanos, también esperamos una mejor calidad en el gasto, y no lo vemos por lado alguno. Si las autoridades desean que la ciudadanía contribuya de mejor grado, deben comenzar por adelgazar las cuentas del gobierno, del Congreso de la República, de algunas municipalidades y de tanta entidad autónoma y descentralizada que tenemos.

lunes, 16 de enero de 2017

NUBARRONES EN EL HORIZONTE

No es novedad afirmar que hay varias Guatemalas. Simplifiquemos las cosas y refirámonos solamente a la urbana y a la rural, las cuales, en su visión de lo político, funcionan bajo paradigmas y dinámicas distintas.

En todo país hay un clímax político cuando se lleva a cabo una elección general. En los centros urbanos, donde los medios y las redes sociales son mucho más activas, este proceso llega a asquear a las mayorías y, en el tiempo posterior a la misma, la tendencia de muchos ciudadanos es a retraerse y no querer saber más de élla.

Lo anterior se agrava con el hecho de que, al asumir el nuevo gobierno, comienzan las torpezas de los nuevos funcionarios, los actos de corrupción y hasta los identificados como hostiles a la población, como la manía de comenzar planteando reformas impositivas contra las que estuvieron en contra en los discursos de campaña; y el resultado para lo político, tan importante para todos, es un panorama que va de la animadversión a la apatía y la falta de participación; un legado que va pasando de generación en generación y que, al final, no beneficia al país en su conjunto ni a la calidad de vida de cada persona.

Por el contrario, en el área rural donde no llega el cable, donde casi no hay televisiones y mucho menos llegan los periódicos, donde vive la gente pobre que hace un gran esfuerzo por activar sus “frijolitos”, esos celulares sencillos que no tienen redes sociales, la vida se vive distinta y lo político tiene otro significado: es distracción, es la novedad cotidiana. En las montañas y barrancos de esa Guatemala profunda donde sólo la radio llega también entienden del clímax político y acuden a votar en masa; pero luego, en lugar de seguir con sus vidas como pensaría un capitalino, lo político tiende a ser parte de las mismas; de lunes a domingo; en todos los rangos del espectro político democrático que, por demás, apoyamos. Por lo menos eso es lo que hemos observado.

Ahora bien, todo lo anterior es aprovechado por activistas y políticos con colmillo, y esta es la parte más delicada de la ecuación, porque dentro de este género hay de todo: los positivos de cualquier ideología que se preparan, proponen, construyen y comparten una visión de futuro; los que critican cualquier defecto o resbalón de cualquier autoridad pero nunca participan activamente en nada; los que aprovechan el tiempo para conseguir apoyo para proyectos comunitarios auténticos; y, por supuesto, y ahí está el peligro, los malosos que nunca faltan: los marxistas trasnochados que siguen pensando que los países comunistas son un paraíso y que, siguiendo consignas internacionales, o por iniciativa propia, hacen de todo para engañar a la gente con promesas de un paraíso que, hasta donde hemos visto, no existe en ningún país que haya implementado por décadas lo que ellos, tan profusamente, propugnan.

Es así como, en una visión a vuelo de pájaro del panorama político, veremos a muchos miembros de las comunidades campesinas cambiarse de partido, organizar comités, reunirse para discutir un proyecto, estiras y encoges por los liderazgos locales; casi todo sin pensar mucho en los bandos ideológicos (aunque cualquiera de ellos es legítimo si se plantean ideas democráticas), ni en los temas nacionales, mucho menos en los internacionales. Están más interesados en su bienestar local, en sus necesidades básicas, lo cual es completamente válido.

Pero si observamos bien el liderazgo político rural, veremos engaños, robos de energía eléctrica, invasiones de fincas, bloqueos no solamente en carreteras sino a proyectos de beneficio general, como los hidroeléctricos, promesas de nacionalización de la producción y transmisión de energía, nacionalización de todos los recursos naturales y de las tierras para repartirlas a los campesinos, oposición y hasta bloqueos en la construcción de nuevas carreteras e inversiones que implican la creación de nuevas plazas de trabajo; actividades en las que se atreven a capturar autoridades, a quemar instalaciones y vehículos, a secuestrar, torturar y hasta a asesinar a los otros campesinos que no los apoyan en su agenda destructiva.

¡Pero ojo! Hay que diferenciar entre un liderazgo demagogo populista que no quebranta la ley y uno que incita a la violencia, al robo, a la destrucción, al mismísimo asesinato. Y hay que diferenciar, también, al líder negativo local, que siempre ha existido, del megalómano que quiere ponerle el zapato en el pescuezo a todo un país, cuando las grandes mayorías lo que desean es trabajo, paz, desarrollo, estabilidad, educación para sus hijos y salud. Y esto último, nos parece, es lo que está sucediendo.

Por alguna razón que no entendemos, conseguir financiamiento internacional para los proyectos de beneficio comunitario es casi imposible, pero para financiar actividades delictivas se presta una gran cantidad de países y de organizaciones que es prolijo enumerar.

El marxismo internacional que realmente nació en 1919 cuando Lenin fundó la Tercera Internacional, la Komintern, fue sepultado al caer el muro de Berlín y resquebrajarse la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, pero salió de sus escombros y, entendiendo los signos de los nuevos tiempos, se mimetizó; dejó de tratar de imponerse por las armas como aconsejó Trotsky tantos años, pero sigue queriendo atrapar países y sociedades enteras bajo su bota enlodada de miseria y represión; y para esto sí hay recursos; hay gente tonta o malvada dispuesta a enriquecerse impulsando estos temas, y hay gente ingenua que todavía cree en esos cantos de sirena, brindándoles su inocente apoyo. Los famosos “tontos útiles”.

Fidel Castro lo entendió perfectamente y, en cuanto pudo, convocó a “elecciones”, a su manera, y se dio un baño de democracia, haciéndose llamar y ver como presidente de Cuba. Lo mismo hizo Daniel Ortega en Nicaragua, que después de la derrota que sufrió frente a Violeta Barrios de Chamorro, en 1990, dejó el uniforme de comandante con que tomó el poder por las armas en 1979, se vistió de traje y corbata y soltó palomas blancas para retomar el poder. ¡Y ahí sigue! Todos oxigenados por el petróleo de los venezolanos, que hoy no tienen medicinas ni qué comer.

La vida en nuestro planeta no es sencilla, y mientras todo el mundo voltea a ver lo que pasa en Estados Unidos de América con el cambio de gobierno de Barack Husein Obama a Donald Trump, Guatemala peligra de caer en las garras de lo que ahora llaman progresismo, ecologismo o ambientalismo mal entendido, Derechos Humanos instrumentalizados y socialismo del siglo XXI: el guión marxista para la toma del poder dentro de un sistema democrático y republicano.

Conocemos de primera mano lo que sucede en el país porque salimos, de vez en cuando, a trabajar con comunidades de todos lados; con esas que buscan algo positivo y que no quieren entregar su país a líderes ni a ideologías foráneas. Salir al interior y vivir en la ciudad capital, con su dinámica diferente, nos hizo darnos cuenta de cómo esta agenda avanza en el área rural mientras que las mayorías urbanas se mantienen criticando el tráfico, la falta de agenda de trabajo del gobierno o la manera como se reparten los funcionarios el presupuesto en bonos navideños.

Ponemos de ejemplo la convocatoria que una conocida organización campesina realizó, a finales de octubre de 2016, para paralizar la capital y prácticamente todo el país (20 ciudades y carreteras), con los objetivos, decían, de pedir la renuncia del presidente Jimmy Morales, para que se deje de criminalizar a los defensores de los derechos humanos (se referían a los sindicados de quemar maquinaria y secuestrar campesinos en un proyecto hidroeléctrico en Huehuetenango, la instrumentalización a que nos referíamos) y para que se nacionalice la energía eléctrica. El rechazo a nivel de los centros urbanos de todo el país fue generalizado. Poca gente les manifestó su apoyo en medios o redes sociales, donde fueron criticados duramente y hasta insultados.

El día de la convocatoria se dio. De los bloqueos que habían anunciado en todo el país, parecieron dar marcha atrás a última hora, y la generalidad urbana creyó que, con la aplastante opinión en contra manifestada durante más de una semana en las redes sociales y en todos los medios (periódicos, televisión abierta, cable, radios), los habían forzado a dar marcha atrás; que habían sido derrotados. Y como después de eso ya nada se supo, ésa es, hasta hoy, la creencia urbana generalizada.

En el interior del país la dinámica fue distinta, pues quienes acudieron a bloquear carreteras fueron los mismos miembros de esta organización que se roba la energía eléctrica pero que le cobra una cuota fija a los usuarios finales, actividad delictuosa que, en algún lado hemos leído, les deja entre Q.50 y Q.65 millones anuales. Siguiendo una directriz orquestada (y posiblemente pagada en efectivo), el bloqueo tan anunciado de carreteras fue súbitamente interrumpido para, después de la jornada de protestas con pancartas y megáfonos, replegarse y desalojar; y ahí está lo interesante que casi nadie ve ni entiende: regresaron a sus comunidades a echar agua a su molino conforme una agenda oculta, para los demás, que no terminaba con la pretendida paralización del país.

Lo que a esta organización le interesaba no eran los bloqueos ni la renuncia real del presidente. Su triunfo fue mediático pues estuvo en todos los medios durante más de diez días; todo el mundo sabía de ellos; hasta en los rincones más apartados del país; y eso les ha venido sirviendo hasta la fecha, porque la labor de zapa continúa para sumar adeptos a su causa con un discurso anti sistema (renuncia del presidente y de los jueces –curioso, el tema de los diputados lo veremos después), nacionalización de la energía eléctrica (eso implica la generación y la transmisión), cierre de las empresas mineras, nacionalización de las fincas para repartirlas a los campesinos, rescate y nacionalización del agua para las comunidades y el tema que desarrollamos a continuación.

Paralelamente, la pretendida Reforma al Sector Justicia impulsada por la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, y el Ministerio Público, MP, también ha venido a remover las aguas de la agenda política, proyecto que es cierto que algunas comunidades apoyan, aunque nos atreveríamos a afirmar que la mayoría de ellas permanece totalmente indiferente o se van interesando en la medida que se van enterando; pero este es un tema que, a nivel urbano, ha generado cuestionamientos y, lejos de ayudar a cohesionar al país, más lo está dividiendo. Cuando el presidente del Congreso de la República, Oscar Chinchilla, en su discurso de toma de posesión (14 de enero de 2017) dijo que iba a apoyar dicho proyecto, las redes sociales reportaron que casi no hubo aplausos de los mismos diputados. Es decir, el tema no los entusiasma.

Entendiendo el campo como lo entendemos después de casi treinta años de trabajar entusiastamente con comunidades campesinas, estamos capacitados para ver el veneno en la propuesta de lo que denominan “Diversidad Jurídica”, pues las comunidades han venido aplicando su justicia ancestral, a la manera que cada quien la entiende, sin interferencia ni del Estado ni de nadie (hay videos que lo comprueban). Por otro lado, vemos detrás de la misma no sólo (nuevamente) la agenda de la denominada Comunidad Internacional, sino la injerencia de algunos diputados que, precisamente, provienen de las filas de la extrema izquierda, de esa que no ve hacia un futuro de mayor progreso sino que busca los medios para seguir manipulando en el campo y, con ello, mantener alguna cuota de poder y el flujo de dólares y de euros provenientes de sus financistas. ¿Casualidad que aquél grupo no pida la renuncia de diputados?

La Reforma Constitucional al Sector Justicia, si se aprobara como está planteada, sería un instrumento formidable de zozobra y manipulación para este tipo de líderes negativos de nuestro país, pues de algo que se da de manera natural y que les sirve a las comunidades para obtener alguna justicia después de que, también con la cooperación internacional (esta de la AID, de buena fe), se acabó con los Juzgados de Paz y, con ello, la posibilidad de tener, en el lugar, una autoridad que juzgara cuestiones menores, ahora se tendría el marco legal para comenzar a crear, a su sabor y antojo y quién sabe cómo, estructuras comunitarias encargadas de juzgar, pero todo en favor de esa agenda internacional a la que se deben; y lo que vemos, con nuestra experiencia, es únicamente caos al final de ese túnel.

Aquí es donde nuestro análisis se vuelve interesante, porque si estudiamos un poco hacia dónde van los recursos provenientes de la Cooperación Internacional de países como Noruega u Holanda, o la Washington Office for Latin America, WOLA, de los Estados Unidos de América, o la impresionante red de ONG’s e instituciones (¡ojo! ¡instituciones!) financiadas por George Soros y su Open Society Foundation, veremos que la entidad que convoca los bloqueos y se roba la energía eléctrica, el proyecto de reforma constitucional, las invasiones y tomas de fincas y otras cuestiones, algunas de ellas ligadas al tema de los derechos humanos, todas están ligadas a un objetivo común.

¿Cuál es ese objetivo? Hasta la pregunta es un poco necia. Por supuesto que la toma del poder. Todo apunta, según nuestra información, a que detrás de todo esto está, además de los diputados aludidos, un catedrático de Derecho Agrario, antiguo militante de la guerrilla, quien fuera expulsado por quién sabe qué razones del partido político Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, URNG, el partido de la ex-guerrilla, y que según informaciones recibidas quiere demostrarle a sus antiguos camaradas, después de que “lo ningunearon”, que él sí puede llegar a la Presidencia de la República.



Las masas de población urbana, incluyendo las élites que están más enfocadas en hacer negocios hoy, despertarán del letargo diletante hacia el nuevo proceso electoral, cuando este comience a calentar motores, en 2018; mientras tanto, todo el mundo celebró las fiestas del fin de 2016 sin percatarse que, en el interior del país, la actividad política de este grupo, que cuenta con cualquier cantidad de dinero para movilizarse, no cesó, es febril, y que cada día se están fortaleciendo con el imaginario de la pobre gente que cree que, apoyándolos, ya no pagarán energía eléctrica, las plantaciones productivas y las minas de todo el país serán de ellos y que el maná caerá del cielo.


Hay otros elementos que apuntan a que todo esto, que aquí analizamos, se dé, y que la contienda electoral de 2019 sea muy ideologizada, pero se salen del ámbito nacional y caen en el campo de la nueva Guerra Fría (se puede consultar http://politicaysentidocomun.blogspot.com/2014/11/el-mundo-vive-una-etapa-de-transicion.html ). Lo que sí podemos anticipar es que las autoridades que sucedan a las actuales resultarán electas, en gran medida, por la ciudadanía rural de Guatemala, que está despierta y vibrante desde ya.