Luis XIV de Francia, el "Rey Sol" que se volvió célebre por su frase "El Estado soy yo", suele ser la encarnación del absolutismo real, pero no fue el único monarca con ese tipo de inclinaciones.
En Inglaterra, el absolutismo de Jorge III, amortiguado por la batalla que Oliver Cromwell, poco más de un siglo antes, ganó a favor del parlamento inglés (decapitando, por cierto, al rey, Carlos I), lo llevó a perder sus colonias americanas, las que, al independizarse y convertirse en los Estados Unidos de América, sentaron las bases de la separación de poderes, precisamente para que el poder no volviese a recaer en una sola persona.
Poco después de la emancipación de las colonias americanas de Inglaterra, el abolutismo de Luis XIV no lo pudo sostener, en Francia; su chozno Luis XVI, quien sucumbió guillotinado en medio de la conmoción que causó la Revolución Francesa, otro levantamiento popular influenciado por las ideas de Voltaire (especialmente acerca de la justicia), de Juan Jacobo Rosseau (El Contrato Social), movimiento que pretendía librarse del poder absoluto de una monarquía más dada a los lujos y a lo fatuo que a lo importante y urgente.
En España y, a través de élla, en toda la América Hispana, reinaba Carlos IV, no precisamente un absolutista, quien a raíz del levantamiento de Aranjuez tuvo que dimitir a favor de su hijo Fernando VII, de un carácter verdaderamente absolutista que no pudo soportar la limitación de sus facultades omnipresentes y convertirse en un monarca constitucional aprovechando la Constitución de 1812, decretada por las Cortes de Cádiz con representación de diputados americanos y peninsulares.
En medio de toda esa conmoción y, especialmente, la generada por la invasión de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte a España, se dan los movimientos independentistas en América y, poco a poco, se van desgranando los diferentes virreinatos y capitanías generales en nuevos países que, en un proceso seguido por todos, van emitiendo sus propias constituciones, si no copiando los modelos francés y estadounidense, por lo menos sí incorporando todas esas ideas que, en libros prohibidos en un principio, y luego en la práctica en estos nuevos países, iban a cambiar definitivamente la manera de gobernar el mundo.
Sin embargo, hoy que estamos cansados de leer, día a día, sobre los dislates del Congreso de la República, sobre los disparates de algunos Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, sobre la inoperancia de esta frente a la corrupción en algunos tribunales de instancia, sobre la ignorancia o debilidad de algunos altos funcionarios del Organismo Ejecutivo y sobre la intromisión de la Primera Dama en cuestiones que atañen al Organismo Legislativo y al nombramiento de magistrados en el Organismo Judicial, nos parece lógico cuestionarnos acerca del poder real que los denominados "Poderes" del Estado tienen en el ámbito de su respectiva jurisdicción.
Podemos colegir que, media vez una Corte Suprema de Justicia no puede despedir a un juez banal o corrupto, no es Suprema en el sentido administrativo y ha dejado de ser "poder".
Una Corte Suprema de Justicia que, en casación, está de acuerdo con los fallos emitidos en primera y segunda instancia que ordenan la ejecución del delincuente, pero que no está en capacidad de ejecutar el fallo por lagunas en la ley atribuibles a otro organismo del Estado, en alguna medida ha perdido su poder y se convierte en burla para los delincuentes condenados y objeto de escarnio para el común de los mortales.
Un Organismo Legislativo copado y hasta castrado por el Organismo Ejecutivo, no es "Poder" del Estado sino instrumento del gobierno, que son cosas bien distintas. Afortunadamente todavía existen acciones individuales de algunos miembros de este organismo, especialmente mujeres, que le proveen algunas "gónadas" que nos permiten pensar y afirmar que no todo está perdido, pero es una verdadera pena que este "Poder" del Estado, donde debiera darse el debate político de mayor altura, como sucede en otros países, sea únicamente escenario de componendas, de pactos políticos bajo la mesa, de acuerdos nefastos para saquear, de repartos balanceados del botín en que han convertido el Presupuesto de Gastos de la Nación, siempre bajo la batuta perniciosa de alguien o algunos del Organismo Ejecutivo.
El único que parece tener todavía algo de poder es el Organismo Ejecutivo. Lamentablemente, ¿para qué lo usa? Lo utiliza, especialmente, para todas aquellas cosas que molestaron a la población normal y corriente que protagonizaron la Revolución Francesa: el lujo, el despilfarro, la utilización de los recursos en causas que la población no entiende.
El populismo que diferencia el gobierno aristocrático francés del siglo XVIII del guatemalteco de estos días, abona más al despilfarro ya mencionado y al clientelismo político, en donde quienes no están con ellos son discriminados, como la población del corredor seco que se muere de hambre pero no se reacciona. Sin embargo, ambos tienen una característica que pareciera ser común: la falta de límites. Las comisiones otorgadas por municipalidades a miembros cercanos del clan familiar de la Primera Dama, el reparto de decenas de miles de pasteles, las vacaciones de verano de algunos pocos allegados al gobierno, todos son síntomas de que tienen "Gran Poder", que así lo creen y, encima, cualquier crítica en el manejo de los recursos que son de todos, "les vienen del norte".
El poder del Organismo Legislativo debiera estarse haciendo sentir para servir de contrapeso al despilfarro y falta de transparencia del Organismo Ejecutivo, pero en lugar de ser así, son las facultades contraloras del primero que vienen utilizando unas pocas diputadas con el resto de diputados y diputadas, ya indiferentes, ya en contra de éllas.
Si a lo anterior agregamos que el poder ha ido dividiéndose en más estratos, por ejemplo, al denominado Poder Judicial le han quitado "poder" al darle la función de velar por el orden constitucional a la Corte de Constitucionalidad; al denominado Poder Ejecutivo le han restado poder al volver independiente, por lo menos en teoría, al Ministerio Público, encargado (también en teoría) de la investigación criminal.
Finalmente, inferimos que "Poder" es únicamente el Organismo Ejecutivo, pero un poder perverso, por el momento, dado que el pueblo eligió, para gobernarnos, personas perversas o, por lo menos, sin carácter o sin los atributos necesarios para poner orden.
Lástima que aquellos próceres que, ante los abusos de los soberanos, se ingeniaron la separación de poderes, no dejaran resuelto el tema de la remoción del funcionario responsable por el uso perverso del poder. ¡Eso sería darle poder al pueblo que los eligió! ¡Eso sería más sano para todos!
sábado, 10 de abril de 2010
EL SÍNDROME DEL CHUCHO DE LA CALLE Y LA PENA DE MUERTE
Imagino que ha de haber alguna o varias instituciones serias haciéndo análisis, ya sea sociológico o antropológico, acerca del fenómeno de los linchamientos públicos, acerca de cuyos orígenes me he atrevido a decir algo en entregas anteriores.
El último del cual tenemos noticia, porque fue publicada en página 12 de Prensa Libre el jueves 8 de abril de 2010, llama la atención, dado que no fue un solo impulso de un conglomerado humano ante un hecho, sino una concatenación de actos de los pobladores de una comunidad que, primero logran la captura del presunto jefe de una gavilla de extorsionistas y asaltantes, lo obligan a denunciar a sus cómplices, lo linchan; luego, al día siguiente, y esto es lo curioso del caso, capturan a los otros dos presuntos integrantes de la banda, que resultan ser los hermanos del primero, les rocían gasolina y les prenden fuego.
Esos son los hechos. Bárbaros, incivilizados, cavernarios, usemos el calificativo que querramos, pero es la realidad. Por otro lado, tales hechos de sangre, de fuego y de muerte, son respuestas, no provocaciones. Las comunidades vienen siendo hostigadas durante años por la delincuencia y, ante la nula actuación de las autoridades, la desesperanza viene ganando terreno y, en un "si no son ellos seremos nosotros", deciden actuar en conjunto y librarse de las personas que han venido actuando en su contra, según su saber y entender.
Yo no apoyo los linchamientos de delincuentes. Como profesional del Derecho (sí, con mayúscula), entiendo que la ley debe estar para fortalecer instituciones y procesos que defiendan los derechos humanos y las actividades humanas lícitas, en general. Pero, como estudioso de los fenómenos sociales, también me pongo en la situación de los pobladores trabajadores, productivos, indefensos, que tienen años de acudir a pedir justicia y no hay modo de que haya una señal de esperanza para ellos.
Recordemos que los casos de alto impacto social en donde la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, ha efectuado investigaciones y aportado pruebas científicamente sostenibles y creíbles, nada tienen que ver con la vida de las personas en el interior del país, que es donde más se dan este tipo de actos de defensa de la sociedad.
La pregunta, ahora, es la siguiente: ¿habrá algún otro delincuente, a menos que sea idiota, que se atreva a irse a meter a extorsionar, a asaltar o a secuestrar en estas comunidades que ya han demostrado la manera en que se pueden defender?
De la pregunta anterior deriva la siguiente: ¿funciona la muerte de un delincuente como disuasor del delincuente que viene detrás, aunque no sea una pena jurídica y procesalmente decretada?
Ya he expresado anteriormente que soy de las personas que sí creen que la pena de muerte es un disuasivo para delinquir, pero no estoy de acuerdo con las reformas "humanitarias" que se le introdujeron en los últimos años de su aplicación, ya que Guatemala no es un país acostumbrado al "módulo letal" donde, con inyecciones, se priva al delincuente de la posibilidad de seguir existiendo en una sociedad que lo juzgó con todas las de ley y lo condenó. Guatemala es un país de tradición de fusilamiento y así debió permanecer el sistema.
Siguiendo con el hilo del presente ensayo, sí creo que ningún delincuente, por muchos años, pensará tratar de fastidiar a estas comunidades bravas que demuestran un nivel de decisión sin precedentes para librarse de los malhechores. Por lo menos, eso espero, que suficiente espectáculo ha sido, para toda la niñez y juventud de esos lugares, la manera como, públicamente, se han librado de estas supuestas alimañas sociales.
Digo supuestas porque les doy totalmente el beneficio de la duda, toda vez que no tuvieron la oportunidad de demostrar su inocencia en un tribunal legalmente constituido.
Creo, además, que aunque estas tres muertes no hayan sido legalmente ordenadas en sentencia firme, sí son perfectas razones, por llamarlas de alguna manera, para que en la mente de potenciales o reales delincuentes exista la certeza de que, en esas comunidades, ya no podrá seguir o iniciar con la promoción de delito alguno, porque es claro que, en cualquier momento, puede correr la misma suerte.
Es algo así como el síndrome del perro callejero, que en Guatemala, en beneficio de quienes tienen la paciencia de leerme en el resto del mundo, denominamos "chuchos". No hay perro de mediana experiencia que no de la vuelta y salga en dirección contraria con tan solo agacharnos a hacer como que recogemos una piedra. Ya no digamos si hacemos como si fuésemos a lanzarle algo al animal. En los delincuentes sucede lo mismo a nivel mental, es como un reflejo que requiere, lo más, la inteligencia de un can. Si aquí matan por hacer esto o lo otro y yo vengo haciendo esto y lo otro, me tengo que ir a otro lugar o no seguir haciéndolo. Es algo así como un silogísmo con lógica perruna.
De la misma manera, si la pena de muerte ha sido decretada por las instancias que la Administración de Justicia de un país contempla en su andamiaje legal, y encima es apoyada por una mayoría de la opinión pública, la inducción mental para cambiar de propósitos, de vida o de país, si quiere seguir en las mismas, debe funcionar. ¡A mí que no me vengan con lo contrario!
El último del cual tenemos noticia, porque fue publicada en página 12 de Prensa Libre el jueves 8 de abril de 2010, llama la atención, dado que no fue un solo impulso de un conglomerado humano ante un hecho, sino una concatenación de actos de los pobladores de una comunidad que, primero logran la captura del presunto jefe de una gavilla de extorsionistas y asaltantes, lo obligan a denunciar a sus cómplices, lo linchan; luego, al día siguiente, y esto es lo curioso del caso, capturan a los otros dos presuntos integrantes de la banda, que resultan ser los hermanos del primero, les rocían gasolina y les prenden fuego.
Esos son los hechos. Bárbaros, incivilizados, cavernarios, usemos el calificativo que querramos, pero es la realidad. Por otro lado, tales hechos de sangre, de fuego y de muerte, son respuestas, no provocaciones. Las comunidades vienen siendo hostigadas durante años por la delincuencia y, ante la nula actuación de las autoridades, la desesperanza viene ganando terreno y, en un "si no son ellos seremos nosotros", deciden actuar en conjunto y librarse de las personas que han venido actuando en su contra, según su saber y entender.
Yo no apoyo los linchamientos de delincuentes. Como profesional del Derecho (sí, con mayúscula), entiendo que la ley debe estar para fortalecer instituciones y procesos que defiendan los derechos humanos y las actividades humanas lícitas, en general. Pero, como estudioso de los fenómenos sociales, también me pongo en la situación de los pobladores trabajadores, productivos, indefensos, que tienen años de acudir a pedir justicia y no hay modo de que haya una señal de esperanza para ellos.
Recordemos que los casos de alto impacto social en donde la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, CICIG, ha efectuado investigaciones y aportado pruebas científicamente sostenibles y creíbles, nada tienen que ver con la vida de las personas en el interior del país, que es donde más se dan este tipo de actos de defensa de la sociedad.
La pregunta, ahora, es la siguiente: ¿habrá algún otro delincuente, a menos que sea idiota, que se atreva a irse a meter a extorsionar, a asaltar o a secuestrar en estas comunidades que ya han demostrado la manera en que se pueden defender?
De la pregunta anterior deriva la siguiente: ¿funciona la muerte de un delincuente como disuasor del delincuente que viene detrás, aunque no sea una pena jurídica y procesalmente decretada?
Ya he expresado anteriormente que soy de las personas que sí creen que la pena de muerte es un disuasivo para delinquir, pero no estoy de acuerdo con las reformas "humanitarias" que se le introdujeron en los últimos años de su aplicación, ya que Guatemala no es un país acostumbrado al "módulo letal" donde, con inyecciones, se priva al delincuente de la posibilidad de seguir existiendo en una sociedad que lo juzgó con todas las de ley y lo condenó. Guatemala es un país de tradición de fusilamiento y así debió permanecer el sistema.
Siguiendo con el hilo del presente ensayo, sí creo que ningún delincuente, por muchos años, pensará tratar de fastidiar a estas comunidades bravas que demuestran un nivel de decisión sin precedentes para librarse de los malhechores. Por lo menos, eso espero, que suficiente espectáculo ha sido, para toda la niñez y juventud de esos lugares, la manera como, públicamente, se han librado de estas supuestas alimañas sociales.
Digo supuestas porque les doy totalmente el beneficio de la duda, toda vez que no tuvieron la oportunidad de demostrar su inocencia en un tribunal legalmente constituido.
Creo, además, que aunque estas tres muertes no hayan sido legalmente ordenadas en sentencia firme, sí son perfectas razones, por llamarlas de alguna manera, para que en la mente de potenciales o reales delincuentes exista la certeza de que, en esas comunidades, ya no podrá seguir o iniciar con la promoción de delito alguno, porque es claro que, en cualquier momento, puede correr la misma suerte.
Es algo así como el síndrome del perro callejero, que en Guatemala, en beneficio de quienes tienen la paciencia de leerme en el resto del mundo, denominamos "chuchos". No hay perro de mediana experiencia que no de la vuelta y salga en dirección contraria con tan solo agacharnos a hacer como que recogemos una piedra. Ya no digamos si hacemos como si fuésemos a lanzarle algo al animal. En los delincuentes sucede lo mismo a nivel mental, es como un reflejo que requiere, lo más, la inteligencia de un can. Si aquí matan por hacer esto o lo otro y yo vengo haciendo esto y lo otro, me tengo que ir a otro lugar o no seguir haciéndolo. Es algo así como un silogísmo con lógica perruna.
De la misma manera, si la pena de muerte ha sido decretada por las instancias que la Administración de Justicia de un país contempla en su andamiaje legal, y encima es apoyada por una mayoría de la opinión pública, la inducción mental para cambiar de propósitos, de vida o de país, si quiere seguir en las mismas, debe funcionar. ¡A mí que no me vengan con lo contrario!
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viernes, 9 de abril de 2010
¿QUIÉN COMPRA ESTE ROBO?
Con indignación escribo luego de saber, hoy, del atentado a balazos que ayer sufriera el periodista Luis Felipe Valenzuela, de la cadena radial Emisoras Unidas, a quien no tengo el gusto de conocer personalmente pero admiro, más que por su profesionalismo, por la inyección de entusiasmo que le oigo transmitir a toda la ciudadanía por las mañanas.
Desde hace días se conoce un supuesto plan denominado Victoria 2012 (al mejor estilo de aquel "Arcoiris", de principios de la década de 1990), en donde aparecen los nombres de 4 periodistas a los cuales hay que acallar, tácticamente, para conseguir los maquiavélicos fines estratégicos de dicho plan.
¿Será cierto el contenido del mismo? ¿Será un espejismo más de los que suelen salir cada vez que el debate gira alrededor del aumento de impuestos o que se descubren nuevos actos de corrupción del gobierno? Quién sabe. El hecho es que ayer, al final de la tarde, de tres balazos que le tiraron, le pegaron uno que, según notas de prensa, le entró por detrás de la oreja y le salió por el pómulo, no entiendo si del mismo lado o del lado contrario.
Afortunadamente, por encima de estos maleantes está la voluntad de Dios, que permitió que la víctima caminara poco más de dos cuadras, agarrándose la herida con la mano para contener la hemorragia, y llegara a tiempo a la sala de emergencia de un hospital cercano a pedir auxilio, el cual, siendo oportuno, le salvó la vida.
El atentato se supone que fue por robarle un vehículo, uno de esos que no es de "sangre dulce", como se le dice en el argot a los vehículos más apetecidos por los ladrones. Además, las llaves del mismo quedaron puestas en una de las puertas, de modo que, indefensa la víctima después de recibir el disparo, no hubo impedimento alguno para que se lo llevaran, pero no lo hicieron.
¿Quién compra, entonces, la versión de que fue un robo de vehículo que se frustró?
Los mejores deseos por que el periodista atacado se recupere completamente. La elevación de los mejores pensamientos para que acompañen a todos los ciudadanos y ciudadanas honradas que salen todos los días a cumplir con su labor y se ven amenazados cotidianamente en su integridad, especialmente para quienes cumplen con una labor informativa seria. El acompañamiento a los familiares de tanta víctima mortal, a tanta víctima convaleciente que trata de recuperarse de las heridas físicas y morales que sabe que no se merece; a tanto niño que, de la noche a la mañana, se ha quedado en la horfandad; a los compañeros de trabajo y amigos que sufren con el dolor del amigo, de la viuda, del deudo.
¡Ya basta! Tanto engaño para saquear las arcas del Estado, para perpetuarse en el poder, para acallar a los mejores guatemaltecos con el disfraz de la delincuencia común. ¡Nadie, en su sano juicio, compra chueco! ¡Yo, por lo menos, no lo compro!
Desde hace días se conoce un supuesto plan denominado Victoria 2012 (al mejor estilo de aquel "Arcoiris", de principios de la década de 1990), en donde aparecen los nombres de 4 periodistas a los cuales hay que acallar, tácticamente, para conseguir los maquiavélicos fines estratégicos de dicho plan.
¿Será cierto el contenido del mismo? ¿Será un espejismo más de los que suelen salir cada vez que el debate gira alrededor del aumento de impuestos o que se descubren nuevos actos de corrupción del gobierno? Quién sabe. El hecho es que ayer, al final de la tarde, de tres balazos que le tiraron, le pegaron uno que, según notas de prensa, le entró por detrás de la oreja y le salió por el pómulo, no entiendo si del mismo lado o del lado contrario.
Afortunadamente, por encima de estos maleantes está la voluntad de Dios, que permitió que la víctima caminara poco más de dos cuadras, agarrándose la herida con la mano para contener la hemorragia, y llegara a tiempo a la sala de emergencia de un hospital cercano a pedir auxilio, el cual, siendo oportuno, le salvó la vida.
El atentato se supone que fue por robarle un vehículo, uno de esos que no es de "sangre dulce", como se le dice en el argot a los vehículos más apetecidos por los ladrones. Además, las llaves del mismo quedaron puestas en una de las puertas, de modo que, indefensa la víctima después de recibir el disparo, no hubo impedimento alguno para que se lo llevaran, pero no lo hicieron.
¿Quién compra, entonces, la versión de que fue un robo de vehículo que se frustró?
Los mejores deseos por que el periodista atacado se recupere completamente. La elevación de los mejores pensamientos para que acompañen a todos los ciudadanos y ciudadanas honradas que salen todos los días a cumplir con su labor y se ven amenazados cotidianamente en su integridad, especialmente para quienes cumplen con una labor informativa seria. El acompañamiento a los familiares de tanta víctima mortal, a tanta víctima convaleciente que trata de recuperarse de las heridas físicas y morales que sabe que no se merece; a tanto niño que, de la noche a la mañana, se ha quedado en la horfandad; a los compañeros de trabajo y amigos que sufren con el dolor del amigo, de la viuda, del deudo.
¡Ya basta! Tanto engaño para saquear las arcas del Estado, para perpetuarse en el poder, para acallar a los mejores guatemaltecos con el disfraz de la delincuencia común. ¡Nadie, en su sano juicio, compra chueco! ¡Yo, por lo menos, no lo compro!
jueves, 8 de abril de 2010
AMENAZA DE GOLPE DE ESTADO EN BOLIVIA: ¿DÓNDE ESTÁ LA OEA?
Un despacho de la agencia noticiosa EFE publicado ayer en Prensa Libre, página 45, señala que el presidente de Bolivia, Evo Morales, no contento con haber participado su partido político en las elecciones del domingo recién pasado, y ganado más terreno que el que ellos mismos esperaban, anunció ayer el encausamiento penal de quienes integran las cortes departamentales de los lugares en donde fue derrotado, porque "juegan con la democracia", cita el mencionado despacho.
Por su parte, el Secretario General de la Organización de Estados Américanos, desde Costa Rica, ya había felicitado al pueblo boliviano, desde el martes 6 de abril, señalando que las elecciones fueron "un ejemplo de comportamiento cívico y democrático", pero ante declaraciones tan irresponsables del presidente Morales, en lugar de tomar el primer avión para La Paz, como vimos que es su costumbre, porque así lo hizo en Guatemala en mayo de 2009 y en Honduras poco más de un mes después, hace un tibio llamado a la calma desde Washington, Estados Unidos.
La misión de observadores de la OEA en Bolivia, presidida por Aristides Royo, ex presidente panameño, parece que permanecerá en ese país hasta emitirse una declaración final por parte de la Corte Nacional Electoral, CNE, a cuyo cargo está el proceso de elecciones impugnado mediática y berrinchudamente.
Se le olvida al presidente Morales que vivir en democracia es aceptar el fallo de las mayorías, no que los demás hagan lo que uno quiere. Se le olvida, además, que la mayoría de vocales de las Cortes Departamentales que hoy desacredita, son nombrados por la, a su vez, mayoría del Congreso Nacional, órgano que él mismo controla porque lo ha ido copando durante más años de los que la Constitución, originalmente, le permitía permanecer en el puesto que, al mejor modo dictatorial, viene ocupando.
La OEA no es Insulza e Insulza no es la OEA, pero la actuación de este personaje debiera ser congruente en todas las circunstancias y no favorecer a sus padrinos de la Alianza Bolivariana, ALBA, especialmente con amenazas provenientes de parte de quien no sólo debiera defender la unidad de su nación sino respetar la institucionalidad y los principios y garantías democráticas.
Un caso más del niño malcriado y berrinchudo que se lleva su pelota y deja a los demás niños en el campo, sólo porque le metieron un gol que no fue de su agrado.
Como dijo una vez un septuagenario parlamentario: "se agradece la lección de democracia dirigida"
Por su parte, el Secretario General de la Organización de Estados Américanos, desde Costa Rica, ya había felicitado al pueblo boliviano, desde el martes 6 de abril, señalando que las elecciones fueron "un ejemplo de comportamiento cívico y democrático", pero ante declaraciones tan irresponsables del presidente Morales, en lugar de tomar el primer avión para La Paz, como vimos que es su costumbre, porque así lo hizo en Guatemala en mayo de 2009 y en Honduras poco más de un mes después, hace un tibio llamado a la calma desde Washington, Estados Unidos.
La misión de observadores de la OEA en Bolivia, presidida por Aristides Royo, ex presidente panameño, parece que permanecerá en ese país hasta emitirse una declaración final por parte de la Corte Nacional Electoral, CNE, a cuyo cargo está el proceso de elecciones impugnado mediática y berrinchudamente.
Se le olvida al presidente Morales que vivir en democracia es aceptar el fallo de las mayorías, no que los demás hagan lo que uno quiere. Se le olvida, además, que la mayoría de vocales de las Cortes Departamentales que hoy desacredita, son nombrados por la, a su vez, mayoría del Congreso Nacional, órgano que él mismo controla porque lo ha ido copando durante más años de los que la Constitución, originalmente, le permitía permanecer en el puesto que, al mejor modo dictatorial, viene ocupando.
La OEA no es Insulza e Insulza no es la OEA, pero la actuación de este personaje debiera ser congruente en todas las circunstancias y no favorecer a sus padrinos de la Alianza Bolivariana, ALBA, especialmente con amenazas provenientes de parte de quien no sólo debiera defender la unidad de su nación sino respetar la institucionalidad y los principios y garantías democráticas.
Un caso más del niño malcriado y berrinchudo que se lleva su pelota y deja a los demás niños en el campo, sólo porque le metieron un gol que no fue de su agrado.
Como dijo una vez un septuagenario parlamentario: "se agradece la lección de democracia dirigida"
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miércoles, 7 de abril de 2010
LA OPOSICIÓN POLÍTICA GUATEMALTECA
Las noticias de hoy, en Guatemala, resaltan la tardía sesión del Congreso de la República, ayer, con el objeto de aprobar un paquete de bonos por 4,500 millones de quetzales en los que no se toma en cuenta las prioridades de la población: seguridad, salud, justicia.
Por el contrario, un análisis somero del uso que se le daría a esa enorme cantidad de dinero, nos advierte que, debajo de esa montaña de "pisto", lo que hay son componendas, ya no políticas sino electoreras. Tanto para el proyecto de la bancada Lider, tanto otro para el subsidio que le interesa a la Bancada Unionista.
Destacan las declaraciones incondicionales, hacia el gobierno de la UNE, del Jefe de Bancada de la GANA.
Bajo tales circunstancias, ¿quién dirá algo, siquiera, acerca de la utilización de 1,800 millones de quetzales tan sólo para el pago de intereses de deuda contraída con anterioridad?
El caso del Partido Patriota hay que analizarlo a la luz de otro contexto: con el gusto que le ha sentido su actual Secretaria General, Roxana Baldetti, a la luz de las cámaras, y el despliegue publicitario de otro miembro prominente del partido, en su programa de comunicador, ¿será que realmente ven en Otto Pérez Molina como su candidato presidencial el año entrante?
Los demás ni los menciono por su ausencia total, a excepción de la diputada Nineth Montenegro, quien ha venido realizando una labor profesional y digna de mi más serio respeto y apoyo.
Con una oposición política tan desarticulada y desacreditada frente a la población normal y corriente de Guatemala, mi vaticinio es que muchas cosas están por cambiar o por darse en el panorama preelectoral que vivimos.
Por el contrario, un análisis somero del uso que se le daría a esa enorme cantidad de dinero, nos advierte que, debajo de esa montaña de "pisto", lo que hay son componendas, ya no políticas sino electoreras. Tanto para el proyecto de la bancada Lider, tanto otro para el subsidio que le interesa a la Bancada Unionista.
Destacan las declaraciones incondicionales, hacia el gobierno de la UNE, del Jefe de Bancada de la GANA.
Bajo tales circunstancias, ¿quién dirá algo, siquiera, acerca de la utilización de 1,800 millones de quetzales tan sólo para el pago de intereses de deuda contraída con anterioridad?
El caso del Partido Patriota hay que analizarlo a la luz de otro contexto: con el gusto que le ha sentido su actual Secretaria General, Roxana Baldetti, a la luz de las cámaras, y el despliegue publicitario de otro miembro prominente del partido, en su programa de comunicador, ¿será que realmente ven en Otto Pérez Molina como su candidato presidencial el año entrante?
Los demás ni los menciono por su ausencia total, a excepción de la diputada Nineth Montenegro, quien ha venido realizando una labor profesional y digna de mi más serio respeto y apoyo.
Con una oposición política tan desarticulada y desacreditada frente a la población normal y corriente de Guatemala, mi vaticinio es que muchas cosas están por cambiar o por darse en el panorama preelectoral que vivimos.
martes, 6 de abril de 2010
LA LEY ELECTORAL GUATEMALTECA: SINÓNIMO DEL SINSENTIDO Y DEL AUTORITARISMO DISFRAZADO DE PATERNALISMO
Tengo que comenzar por decir que, en El Salvador, no tienen ley electoral y, desde el punto de vista de un Observador Electoral, que lo he sido varias veces en ese país, allá les va mucho mejor que acá en el proceso de elección de sus autoridades.
Mientras que en Guatemala todo está prohibido hasta que la autoridad máxima lo autoriza, allá todos se van involucrando y convierten la pugna política en algo así como una fiesta cívica.
Es tan absurda la ley guatemalteca, que todos los partidos políticos tienen que ingeniárselas, el día de las elecciones, para que sus representantes acreditados en cada mesa tengan un distintivo, diferente al utilizado en la campaña política, que los identifique como miembros de tal o cual partido político. Un ramito de flores secas en la solapa, una pequeña moña o listón de determinado color, un brazalete hechizo en la manga, cualquier cosa menos los símbolos de su partido político, como si fuera un gran pecado frente a la Santa Inquisición. Todo contrasta con el orgullo con que dirigentes, activistas y hasta simples simpatizantes llevan camisetas, chumpas, gorras o cualquier cosa que los identifique con el partido que apoyan o el candidato de su elección en El Salvador, sin sentimientos de culpa, remordimientos o simple sensación de cometer falta alguna.
Pregunto yo: ¿Qué de malo tiene elegir autoridades pública, democrática y libremente? ¿A cuenta de qué tengo que andar escondiendo mis preferencias el día de la elección, si previamente puede haber hasta participado en debates públicos a favor de mis ideas, mis ideales y las personas que elegí apoyar en la contienda?
En el mismo orden de ideas, por un lado se trata de defender el derecho de las minorías pero, ¿no es precisamente a las minorías, con menos recursos de cualquier índole, a quienes más se afecta con este tipo de limitaciones absurdas? Así es porque son precisamente los partidos políticos más grandes y estructurados quienes se benefician, mayoritariamente, de esta situación, comenzando por el partido oficial, que mantiene una permanente campaña política a través de la publicidad pagada.
En estos últimos tiempos hemos podido identificar una nueva oleada de restricciones a esa libertad, en varios sentidos: una de ellas, la denuncia última que hace un partido político en formación, en campos pagados en la prensa escrita, en el sentido que no le quieren aprobar sus asambleas porque tienen "órdenes de arriba"; otras son las advertencias, multas y hasta cancelaciones de partidos políticos por hacer publicidad anticipada. No me voy en contra de que eso es lo que manda la ley; escribo en contra de que eso mismo diga la ley de mi país, cuando todo el mundo debiera estar en el plano de igualdad con respecto al partido oficial.
Ahora bien, si el Tribunal Supremo Electoral, TSE, canceló un partido político por no retirar unas vallas de publicidad, ¿no debiera suprimirse también al partido oficial que todos los días remacha, con fondos públicos, en todos los medios, escritos, televisivos y radiales, a una sola persona que ya manifestó claramente sus intenciones de acceder a la Presidencia de la República, aunque el tema jurídico alrededor de esa candidatura no se ha dilucidado? ¿Y esa cancelación no debiera ser doble desde el momento en que el mismísimo Presidente de la República ya expresó que será el Programa de Cohesión Social, a cargo de la denominada Primera Dama, el que logre que se hagan con un segundo mandato?
Algunos políticos se las ingenian para abrir sus programas de opinión y, encima, montar millones de quetzales en vallas publicitarias de un nuevo programa radial, televisivo, lo que sea, cuando a ninguno engañan realmente. Todos sabemos de qué se trata. No digo que sea ilegítimo; sólo recalco que si viviésemos en un país en donde la ley no restringe la participación política sino la protege, la fomenta, la valora, no habría estas distorsiones absurdas.
Todo lo anterior deviene, a mi parecer, de un autoritarismo disfrazado de paternalismo. Me explico: El paternalismo, que los autores de estas leyes ponen de frente o de fachada, se da por el antiguo argumento de que los votantes, en su mayoría, son ignorantes y, por ende, se dejan manipular por los políticos que se pasan de listos. Se les olvida que tenemos dos períodos en que los votantes han demostrado saber, perfectamente, cómo cruzar sus votos.
Yo creo que lo que hay realmente, en el fondo de todo, es un autoritarismo rayando en el absolutismo, es la defensa de un sistema que protege al que está montado en el macho.
Guatemala, óiganlo señores y señoras legisladores, se merece algo mejor. El proceso político que pronto comenzará, más que una contienda en medio de una sarta de prohibiciones, impugnaciones y amparos, desde la formación y sanción de la ley debe ser concebido como una fiesta popular en la cual todos y todas participemos alegremente.
Sólo en la medida que todos vayamos participando en esta fiesta cívica, porque elegir y ser electo es político pero antes es fundamentalmente cívico, iremos apartando a las gentes que no debieran estar en primera línea haciendo política y estaremos abriendo los espacios de participación de más gente de bien que, a su vez, invite a la participación a gente joven con otras y mejores escalas de valores que lo que hoy tenemos.
Echarle un vistazo a las noticias de prensa de los últimos meses es darme la razón al respecto. Para que haya menos corruptos en el gobierno se hacen necesarios cambios drásticos en las leyes y en la concepción que tengamos de las cosas antes de emitirlas. Una de ellas es la concepción de lo político y de la política y, por ende, de la esfera jurídica que la debe proteger, estimular e incentivar, y la manera como se ha concebido y legislado produce, hoy, los efectos contrarios en un círculo vicioso que algún día tenemos todos que romper.
Si Enrique IV de Francia (famoso porque todos sabían quién se acercaba, por el tremendo olor a ajos y pies sucios que despedía y que le precedía), siendo calvinista, abjuró de su religión y se convirtió al catolicismo para obtener el apoyo de España para lograr acceder al trono francés, emitiendo la famosa frase "París bien vale una misa", ¿no vale la pena Guatemala como para que le demos una repensada a los argumentos expuestos en esta entrega?
Mientras que en Guatemala todo está prohibido hasta que la autoridad máxima lo autoriza, allá todos se van involucrando y convierten la pugna política en algo así como una fiesta cívica.
Es tan absurda la ley guatemalteca, que todos los partidos políticos tienen que ingeniárselas, el día de las elecciones, para que sus representantes acreditados en cada mesa tengan un distintivo, diferente al utilizado en la campaña política, que los identifique como miembros de tal o cual partido político. Un ramito de flores secas en la solapa, una pequeña moña o listón de determinado color, un brazalete hechizo en la manga, cualquier cosa menos los símbolos de su partido político, como si fuera un gran pecado frente a la Santa Inquisición. Todo contrasta con el orgullo con que dirigentes, activistas y hasta simples simpatizantes llevan camisetas, chumpas, gorras o cualquier cosa que los identifique con el partido que apoyan o el candidato de su elección en El Salvador, sin sentimientos de culpa, remordimientos o simple sensación de cometer falta alguna.
Pregunto yo: ¿Qué de malo tiene elegir autoridades pública, democrática y libremente? ¿A cuenta de qué tengo que andar escondiendo mis preferencias el día de la elección, si previamente puede haber hasta participado en debates públicos a favor de mis ideas, mis ideales y las personas que elegí apoyar en la contienda?
En el mismo orden de ideas, por un lado se trata de defender el derecho de las minorías pero, ¿no es precisamente a las minorías, con menos recursos de cualquier índole, a quienes más se afecta con este tipo de limitaciones absurdas? Así es porque son precisamente los partidos políticos más grandes y estructurados quienes se benefician, mayoritariamente, de esta situación, comenzando por el partido oficial, que mantiene una permanente campaña política a través de la publicidad pagada.
En estos últimos tiempos hemos podido identificar una nueva oleada de restricciones a esa libertad, en varios sentidos: una de ellas, la denuncia última que hace un partido político en formación, en campos pagados en la prensa escrita, en el sentido que no le quieren aprobar sus asambleas porque tienen "órdenes de arriba"; otras son las advertencias, multas y hasta cancelaciones de partidos políticos por hacer publicidad anticipada. No me voy en contra de que eso es lo que manda la ley; escribo en contra de que eso mismo diga la ley de mi país, cuando todo el mundo debiera estar en el plano de igualdad con respecto al partido oficial.
Ahora bien, si el Tribunal Supremo Electoral, TSE, canceló un partido político por no retirar unas vallas de publicidad, ¿no debiera suprimirse también al partido oficial que todos los días remacha, con fondos públicos, en todos los medios, escritos, televisivos y radiales, a una sola persona que ya manifestó claramente sus intenciones de acceder a la Presidencia de la República, aunque el tema jurídico alrededor de esa candidatura no se ha dilucidado? ¿Y esa cancelación no debiera ser doble desde el momento en que el mismísimo Presidente de la República ya expresó que será el Programa de Cohesión Social, a cargo de la denominada Primera Dama, el que logre que se hagan con un segundo mandato?
Algunos políticos se las ingenian para abrir sus programas de opinión y, encima, montar millones de quetzales en vallas publicitarias de un nuevo programa radial, televisivo, lo que sea, cuando a ninguno engañan realmente. Todos sabemos de qué se trata. No digo que sea ilegítimo; sólo recalco que si viviésemos en un país en donde la ley no restringe la participación política sino la protege, la fomenta, la valora, no habría estas distorsiones absurdas.
Todo lo anterior deviene, a mi parecer, de un autoritarismo disfrazado de paternalismo. Me explico: El paternalismo, que los autores de estas leyes ponen de frente o de fachada, se da por el antiguo argumento de que los votantes, en su mayoría, son ignorantes y, por ende, se dejan manipular por los políticos que se pasan de listos. Se les olvida que tenemos dos períodos en que los votantes han demostrado saber, perfectamente, cómo cruzar sus votos.
Yo creo que lo que hay realmente, en el fondo de todo, es un autoritarismo rayando en el absolutismo, es la defensa de un sistema que protege al que está montado en el macho.
Guatemala, óiganlo señores y señoras legisladores, se merece algo mejor. El proceso político que pronto comenzará, más que una contienda en medio de una sarta de prohibiciones, impugnaciones y amparos, desde la formación y sanción de la ley debe ser concebido como una fiesta popular en la cual todos y todas participemos alegremente.
Sólo en la medida que todos vayamos participando en esta fiesta cívica, porque elegir y ser electo es político pero antes es fundamentalmente cívico, iremos apartando a las gentes que no debieran estar en primera línea haciendo política y estaremos abriendo los espacios de participación de más gente de bien que, a su vez, invite a la participación a gente joven con otras y mejores escalas de valores que lo que hoy tenemos.
Echarle un vistazo a las noticias de prensa de los últimos meses es darme la razón al respecto. Para que haya menos corruptos en el gobierno se hacen necesarios cambios drásticos en las leyes y en la concepción que tengamos de las cosas antes de emitirlas. Una de ellas es la concepción de lo político y de la política y, por ende, de la esfera jurídica que la debe proteger, estimular e incentivar, y la manera como se ha concebido y legislado produce, hoy, los efectos contrarios en un círculo vicioso que algún día tenemos todos que romper.
Si Enrique IV de Francia (famoso porque todos sabían quién se acercaba, por el tremendo olor a ajos y pies sucios que despedía y que le precedía), siendo calvinista, abjuró de su religión y se convirtió al catolicismo para obtener el apoyo de España para lograr acceder al trono francés, emitiendo la famosa frase "París bien vale una misa", ¿no vale la pena Guatemala como para que le demos una repensada a los argumentos expuestos en esta entrega?
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lunes, 5 de abril de 2010
LAS PROCESIONES, LA POLÍTICA Y EL SENTIDO COMÚN.
Estuve inmerso, durante la Semana Santa, en la lectura de un buen libro. En esta ocasión me llevé “Colon desde Andalucía, 1492-1505”, un portentoso libro que tuviera a bien obsequiarme, hace algunos años, María Isabel Simó Rodríguez, Directora del Archivo de Indias, con ocasión de una visita de trabajo que hiciera a esa institución española localizada en Sevilla.
En el mencionado libro he encontrado un dato por demás interesante que vale compartir con mis lectores y analizarlo, al través de los siglos, dentro del contexto que impulso en este espacio, relacionado con la política y el sentido común, aunque poco tenga que ver con la legalidad de nuestros días pero sí con la triste realidad legal de hace 500 años que, dicho sea de paso, afortunadamente, como humanidad, hemos superado.
Resulta que, en 1492, España sufrió una serie de cuestiones que le afectaron tremendamente a lo interno, dando lugar algunos de esos sucesos a verdaderos cambios de giro en el resto de la cultura, ya occidental, ya islámica, ya semita.
Ese año inicia, prácticamente, con la toma de Gradada, última ciudad musulmana en la península ibérica, por parte de Fernando de Aragón y su esposa, Isabel de Castilla, los “Reyes Católicos”, con lo cual comienza un éxodo de personas que se mudan hacia el norte de África, especialmente, escapando de un conquistador que no llegaba tan solo a quedarse con un territorio y a imponer sus leyes, sino, finalmente, a imponer su religión. Recordemos que esa capitulación era, prácticamente, la culminación de poco más de un siglo de esfuerzos militares y más de ocho siglos de dominación.
En marzo de ese mismo año y por las mismas razones religiosas, se decide y ordena la expulsión de España de los judíos que no se conviertan a la religión católica.
Simultáneamente, se iniciaba una política de repoblación de los territorios antiguamente musulmanes que habían quedado medio desiertos.
Dentro de ese contexto convulso se procedió a nombrar nuevas autoridades, tanto civiles como eclesiásticas y, como es de suponer, cada quien le impuso a su respectivo quehacer el sello personal, ya que todo estaba prácticamente por hacerse y no había, realmente, a quién emular en una tarea que ha de haber sido nueva para casi todos.
Inicialmente, los reyes nombraron al Conde de Tendilla Capitán General de Granada, con poderes excepcionales dadas las circunstancias, institución que, poco después, entra en conflicto con la Real Chancillería, que es trasladada a la misma ciudad de Granada.
Dentro de todo este esfuerzo por castellanizar el territorio que, además, comportaba un esfuerzo adicional por implantar un nuevo orden legal y, como corolario, era la partida para dar por terminada, prácticamente, la Edad Media y comenzar un nuevo orden con mirada hacia el futuro, la Iglesia Católica también jugó un papel importante.
Dentro de las personas que verdaderamente destacan en este proceso, los reyes nombraron Arzobispo de Granada a un gran humanista, Fray Hernando de Talavera, un judeoconverso quien a su misión apostólica le dio su sello personal al visualizar a los pobladores almorávides como personas que había de comprender primero para ganárselos después. De hecho, lo primero que hizo fue aprender árabe; luego introdujo la imprenta a la ciudad reconquistada y, con ella, se dio a la tarea de imprimir cuestiones religiosas cristianas en la propia lengua árabe, se les fue acercando sin imposiciones, enseñándoles su fe, al grado que con el paso del tiempo logró que los antiguos musulmanes lo consideraran un santo.
Contrastaba con su manera de hacer las cosas la visión del temible Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, Arzobispo de Toledo y Confesor de la Reina Isabel; el primero, con el aparato represivo del Santo Oficio, la temible Inquisición, prefería hacer las cosas de otra manera, y los Autos de Fe, actos públicos en los que se quemaba vivas a las personas por diferencias religiosas, son testimonios bien tristes de la etapa de terror que, durante varias décadas, tuvieron que vivir muchísimas personas.
Un dato curioso, adicional, es que le debemos al Cardenal Cisneros, cuyo nombre de pila era Gonzalo pero se lo cambió por Francisco al ingresar a la orden franciscana, es que por una ordenanza suya, de 1501, todas las personas llevamos una apellido fijo, que suele ser el del padre, ya que anteriormente llevaban un nombre y luego, el apellido, estaba ligado al lugar de nacimiento, de modo que los hijos del mismo padre podían llevar distintos nombres y apellidos, generándose un gran caos administrativo.
El presente texto es tal vez un poco largo pero valioso para que podamos hacer una breve inmersión en un período de la historia que, de alguna manera, ha llegado a nosotros con otras formas y expresiones.
Resulta que de la lectura del mencionado libro me he podido enterar que fray Hernando de Talavera, en su misión evangelizadora pero sin violencia, permitió que los descendientes de los árabes se expresaran en procesiones, como había sido su costumbre durante su vida musulmana, pero ahora como una expresión dentro de la iglesia católica. Esto le valió la animadversión de sus contrarios dentro del ala dura de una iglesia que, acompañando a sus reyes que se hacían llamar católicos, había derrotado al musulmán por la fuerza de las armas, y era más dada a exigir el cumplimiento exacto del ritual sin cambio alguno. ¡Eran poderosos adversarios!
La animadversión de los contrarios llevó, incluso, al procesamiento del mismo arzobispo Talavera, al fallecimiento de la reina Isabel, de quien fue también su confesor desde antes que asumirá su reinado, proceso bajo el cual falleció apenas una semana antes de que llegara la comunicación del mismo Papa, Julio II (uno de los papas Médici) absolviéndolo de cualquier cargo que se le hubiese hecho.
Valga decir que, con la muerte de Talavera, la corriente represiva de la iglesia de esa época ya no encontró freno y la brutalidad con que actuaron posteriormente ha quedado registrada en la historia de la humanidad; pero lo importante para efectos de nuestro análisis es que, con todo y esa represión espantosa, de mazmorra, torturas y muerte, no fue capaz de acabarse con la expresión popular que los árabes le dieron a los rituales católicos y que, con el tiempo, no sólo se convirtieron en una expresión de fervor, especialmente en Sevilla, sino que fueron la simiente de una expresión cultural y de fervor tan arraigada en nuestras tierras americanas, que no vieron ni tuvieron que ver con todo lo que sucedió en esos años en el sur de España; ¡y Guatemala es prácticamente la gran heredera de dichas costumbres!
Podemos decir, entonces, que los estilos personales para enfrentar un problema político, existen, de modo que tenemos una infinita variante para hacerle frente a los temas que la vida nos brinda.
Por otro lado, también podemos decir que es preferible, para efectos de una política duradera, encontrar el sentido y remar a favor de la corriente al lado del pueblo, que montarse en el macho de la prepotencia y la arrogancia para tratar de hacer algo que nadie quiere y por lo cual nadie arriesgaría absolutamente nada.
Queda demostrado, con esta historia, que un pueblo puede ser violentado y hasta sacrificado en múltiples formas, pero esos pequeños detalles que puedan constituir su esencia no pueden ser eliminados y, finalmente, podrán pervivir y superar cualquier obstáculo porque hacen sentido y, en el corazón de las gentes comunes, no está el combatirlos sino el acuerparlos.
No conozco que en Guatemala, país verdaderamente posicionado por unas procesiones que involucran a miles de familias, tanto en la elaboración de alfombras como en las bandas de música y turnos para cargar, a donde vienen centenas de miles de extranjeros a disfrutarse la expresión popular de Semana Santa, se le haya rendido justo homenaje al arzobispo Talavera y a los mártires árabes convertidos al cristianismo, sin cuya visión y esfuerzo probablemente no tendríamos una Semana Mayor inigualable que los viajeros del mundo buscan para vivirla con nosotros.
En el mencionado libro he encontrado un dato por demás interesante que vale compartir con mis lectores y analizarlo, al través de los siglos, dentro del contexto que impulso en este espacio, relacionado con la política y el sentido común, aunque poco tenga que ver con la legalidad de nuestros días pero sí con la triste realidad legal de hace 500 años que, dicho sea de paso, afortunadamente, como humanidad, hemos superado.
Resulta que, en 1492, España sufrió una serie de cuestiones que le afectaron tremendamente a lo interno, dando lugar algunos de esos sucesos a verdaderos cambios de giro en el resto de la cultura, ya occidental, ya islámica, ya semita.
Ese año inicia, prácticamente, con la toma de Gradada, última ciudad musulmana en la península ibérica, por parte de Fernando de Aragón y su esposa, Isabel de Castilla, los “Reyes Católicos”, con lo cual comienza un éxodo de personas que se mudan hacia el norte de África, especialmente, escapando de un conquistador que no llegaba tan solo a quedarse con un territorio y a imponer sus leyes, sino, finalmente, a imponer su religión. Recordemos que esa capitulación era, prácticamente, la culminación de poco más de un siglo de esfuerzos militares y más de ocho siglos de dominación.
En marzo de ese mismo año y por las mismas razones religiosas, se decide y ordena la expulsión de España de los judíos que no se conviertan a la religión católica.
Simultáneamente, se iniciaba una política de repoblación de los territorios antiguamente musulmanes que habían quedado medio desiertos.
Dentro de ese contexto convulso se procedió a nombrar nuevas autoridades, tanto civiles como eclesiásticas y, como es de suponer, cada quien le impuso a su respectivo quehacer el sello personal, ya que todo estaba prácticamente por hacerse y no había, realmente, a quién emular en una tarea que ha de haber sido nueva para casi todos.
Inicialmente, los reyes nombraron al Conde de Tendilla Capitán General de Granada, con poderes excepcionales dadas las circunstancias, institución que, poco después, entra en conflicto con la Real Chancillería, que es trasladada a la misma ciudad de Granada.
Dentro de todo este esfuerzo por castellanizar el territorio que, además, comportaba un esfuerzo adicional por implantar un nuevo orden legal y, como corolario, era la partida para dar por terminada, prácticamente, la Edad Media y comenzar un nuevo orden con mirada hacia el futuro, la Iglesia Católica también jugó un papel importante.
Dentro de las personas que verdaderamente destacan en este proceso, los reyes nombraron Arzobispo de Granada a un gran humanista, Fray Hernando de Talavera, un judeoconverso quien a su misión apostólica le dio su sello personal al visualizar a los pobladores almorávides como personas que había de comprender primero para ganárselos después. De hecho, lo primero que hizo fue aprender árabe; luego introdujo la imprenta a la ciudad reconquistada y, con ella, se dio a la tarea de imprimir cuestiones religiosas cristianas en la propia lengua árabe, se les fue acercando sin imposiciones, enseñándoles su fe, al grado que con el paso del tiempo logró que los antiguos musulmanes lo consideraran un santo.
Contrastaba con su manera de hacer las cosas la visión del temible Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, Arzobispo de Toledo y Confesor de la Reina Isabel; el primero, con el aparato represivo del Santo Oficio, la temible Inquisición, prefería hacer las cosas de otra manera, y los Autos de Fe, actos públicos en los que se quemaba vivas a las personas por diferencias religiosas, son testimonios bien tristes de la etapa de terror que, durante varias décadas, tuvieron que vivir muchísimas personas.
Un dato curioso, adicional, es que le debemos al Cardenal Cisneros, cuyo nombre de pila era Gonzalo pero se lo cambió por Francisco al ingresar a la orden franciscana, es que por una ordenanza suya, de 1501, todas las personas llevamos una apellido fijo, que suele ser el del padre, ya que anteriormente llevaban un nombre y luego, el apellido, estaba ligado al lugar de nacimiento, de modo que los hijos del mismo padre podían llevar distintos nombres y apellidos, generándose un gran caos administrativo.
El presente texto es tal vez un poco largo pero valioso para que podamos hacer una breve inmersión en un período de la historia que, de alguna manera, ha llegado a nosotros con otras formas y expresiones.
Resulta que de la lectura del mencionado libro me he podido enterar que fray Hernando de Talavera, en su misión evangelizadora pero sin violencia, permitió que los descendientes de los árabes se expresaran en procesiones, como había sido su costumbre durante su vida musulmana, pero ahora como una expresión dentro de la iglesia católica. Esto le valió la animadversión de sus contrarios dentro del ala dura de una iglesia que, acompañando a sus reyes que se hacían llamar católicos, había derrotado al musulmán por la fuerza de las armas, y era más dada a exigir el cumplimiento exacto del ritual sin cambio alguno. ¡Eran poderosos adversarios!
La animadversión de los contrarios llevó, incluso, al procesamiento del mismo arzobispo Talavera, al fallecimiento de la reina Isabel, de quien fue también su confesor desde antes que asumirá su reinado, proceso bajo el cual falleció apenas una semana antes de que llegara la comunicación del mismo Papa, Julio II (uno de los papas Médici) absolviéndolo de cualquier cargo que se le hubiese hecho.
Valga decir que, con la muerte de Talavera, la corriente represiva de la iglesia de esa época ya no encontró freno y la brutalidad con que actuaron posteriormente ha quedado registrada en la historia de la humanidad; pero lo importante para efectos de nuestro análisis es que, con todo y esa represión espantosa, de mazmorra, torturas y muerte, no fue capaz de acabarse con la expresión popular que los árabes le dieron a los rituales católicos y que, con el tiempo, no sólo se convirtieron en una expresión de fervor, especialmente en Sevilla, sino que fueron la simiente de una expresión cultural y de fervor tan arraigada en nuestras tierras americanas, que no vieron ni tuvieron que ver con todo lo que sucedió en esos años en el sur de España; ¡y Guatemala es prácticamente la gran heredera de dichas costumbres!
Podemos decir, entonces, que los estilos personales para enfrentar un problema político, existen, de modo que tenemos una infinita variante para hacerle frente a los temas que la vida nos brinda.
Por otro lado, también podemos decir que es preferible, para efectos de una política duradera, encontrar el sentido y remar a favor de la corriente al lado del pueblo, que montarse en el macho de la prepotencia y la arrogancia para tratar de hacer algo que nadie quiere y por lo cual nadie arriesgaría absolutamente nada.
Queda demostrado, con esta historia, que un pueblo puede ser violentado y hasta sacrificado en múltiples formas, pero esos pequeños detalles que puedan constituir su esencia no pueden ser eliminados y, finalmente, podrán pervivir y superar cualquier obstáculo porque hacen sentido y, en el corazón de las gentes comunes, no está el combatirlos sino el acuerparlos.
No conozco que en Guatemala, país verdaderamente posicionado por unas procesiones que involucran a miles de familias, tanto en la elaboración de alfombras como en las bandas de música y turnos para cargar, a donde vienen centenas de miles de extranjeros a disfrutarse la expresión popular de Semana Santa, se le haya rendido justo homenaje al arzobispo Talavera y a los mártires árabes convertidos al cristianismo, sin cuya visión y esfuerzo probablemente no tendríamos una Semana Mayor inigualable que los viajeros del mundo buscan para vivirla con nosotros.
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