viernes, 10 de septiembre de 2010

LLAMADO A LA PRUDENCIA CON LA DEUDA. DIGAMOS NO A LA CORRUPCIÓN

     No ha habido gobierno, en la historia política del país, que endeude tanto a Guatemala como el actual (nos referimos al de Álvaro Colom).

     La deuda pública ha crecido tanto, que el sentido tradicionalmente conservador del funcionario guatemalteco, del manejo de las finanzas, se ha perdido, y es tiempo de corregir el rumbo.

     La deuda pública interna la dejó el Gobierno anterior (de Oscar Berber, 2004-2008) en el orden de los Q.24,200 millones y ahora, seguramente, ha sobrepasado ya los Q.34.0 millardos (o sea, 34 mil millones); y la deuda pública externa la recibió este Gobierno (el de Álvaro Colom) en el orden de los US$.4,230 millones y ahora ronda los US$.5,425 millones.

     Diez millardos (diez mil millones) de quetzales y mil ciento noventa y cinco millones de dólares, sólo en deuda, es decir, adicional a lo que todos pagamos en impuestos, no son poca cosa.

     Ahora que se comienza a discutir el presupuesto del año 2011, lo que podemos esperar es más endeudamiento, tanto en términos internos en donde todo el país pierde, a excepción de los bancos, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, IGGS y el Instituto Nacional de Electrificación, INDE, especialmente, que son los grandes acreedores del Estado en esa danza millonaria de bonos y letras de tesorería; como en términos externos, en donde algunos países, pero especialmente los organismos multilaterales, han perdido la prudencia (por decirlo amablemente) al entregar tanto dinero en tan poco tiempo, por dos razones fundamentales: la primera, porque no están supervisando su utilización, por mucho que algunos funcionarios se llenen la boca con este tema; la segunda, porque están utilizando, para las aprobaciones, únicamente los datos referentes de nuestro nivel de endeudamiento, comparado con los índices de otros países, en donde salimos muy bien librados, pero no están tomando en cuenta el mejor disparador que debieran tener para frenar las aprobaciones y los desembolsos: el terrible índice de corrupción que campea en prácticamente todas las instituciones del Estado, en donde la mayoría de los recursos destinados, supuestamente, al desarrollo del país, se están perdiendo en cualquier cosa, menos en el destino original al cual fueron originalmente asignados.

     Por otro lado, una oposición política conculcada, que más se opone por ver qué negocia y qué raja saca, a través de los diputados de los diferentes partidos políticos, mercenarios de la corrupción con sus, cada vez menos, contadas excepciones. Todo a los ojos del mundo a través de los reportes de prensa, sin que los Directorios, tanto del Banco Mundial, BM, como del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, o del Banco Centroamericano de Integración Económica, BCIE, hagan algo o reaccionen ante esta danza corrupta de millones.  Igual crítica para los acreedores de la deuda bilateral.

     De ahí que no nos quede sino alzar nuestra voz en el sentido de pedir prudencia, si no al IGSS o al INDE, donde hay un control gubernamental, sí a los bancos locales y a los países cooperantes y a las entidades multilaterales. Su sola negativa a continuar apoyando este festín obligaría a todos los corruptos involucrados a tener, por lo menos, prudencia en lo que hoy hacen a la vista de todos con total descaro. No hace falta recordar en este momento las compras y las contrataciones asquerosas que, en poco menos de tres años, han salido a la luz.

     Nuestra voz se alza, también, para que todos los guatemaltecos que amamos nuestra patria comencemos a elevar nuestra voz, nuestros pensamientos, si no al unísono, por lo menos en el mismo sentido.

     Cada niño que desea estudiar o que se está muriendo de hambre, cada paciente en un hospital nacional o centro de salud que no puede ser atendido, cada humilde agricultor que quiere sacar sus cosechas y la pésima infraestructura no lo permite, cada madre que llora la pérdida de un hijo por la violencia irrefrenada con el pretexto de que no hay recursos, se los agradecerán.

     Estamos tan cerca de topar fondo que quisiera pensar que es una señal de que pronto tendremos un renacimiento, un nuevo amanecer.  La noche, dicen, es más obscura precisamente antes de la alborada.

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