lunes, 17 de mayo de 2010

EL DÉFICIT FISCAL Y LA CRISIS QUE FALTA A GUATEMALA: LA COMERCIAL

Algunos gobiernos, como el de Guatemala, se ufanan de que, gracias a las medidas que han tomado, sus respectivos países se han venido recuperando, económicamente, de la crisis que se desató en el mundo a raíz de que explotó, en Estados Unidos de América, la denominada burbuja inmobiliaria, contaminando las globalizadas economías de casi todo el planeta.



Sin embargo, hacemos desde esta trinchera un llamado a la comparación de lo que, guardando las enormes distancias, viene sucediendo entre las economías europeas, especialmente de la zona euro, y la guatemalteca.



Para salirle al paso a la crisis económica que comenzó a disparar los niveles de desempleo en muchos países, los gobiernos abusaron (unos iniciando la práctica, otros continuándola y acentuándola) del endeudamiento externo e interno, y algunos continúan con unos déficit fiscales que los están llevando, indefectiblemente, o a la ruina económica o al somatón político cuando les toque pasar por las urnas.

Hemos visto las enormes cifras de deuda de Grecia, que rondan poco más de €.330.o millardos, pero las combinadaas del sector privado y público de España sobrepasan €.1.5 billones; es decir, como dicen en España: el jaleo apenas comienza.

En parecidas condiciones están Irlanda, Portugal e Italia. Además, el sistema bancario de los países que no tienen un problema de deuda inminente, es el mayor acreedor de toda esta deuda prácticamente impagable pero que, por no ser políticamente correcto, todavía no se atreven a decir que no lo es, y todo el mundo está a la espera de que los esfuerzos alemanes, ingleses y franceses (que también tienen sus propios problemas) salgan al rescate y todo el mundo pueda decir, como también dicen en España: "no pasa nada..."

Desde mi punto de vista no es el mundo el que está loco, sino que estamos a punto de ver un mundo que tendrá que comenzar a pagar las facturas producto de las locuras de muchos de sus dirigentes, algunos actuales, otros del pasado reciente.

La crisis económica surgida en Estados Unidos hace unos dos años ayudó a acentuar lo que hoy está haciendo crisis. Apoyados en las teorías keynesianas, han pensado que la manera de rescatar las economías en problemas ha sido gastar más para estimular el consumo y que sea éste el que levante o recupere el nivel de actividad económica hasta niveles anteriores a la crisis, todo sin pensar que esas facturas se tienen que pagar.

El Gobierno de Guatemala viene haciendo lo mismo: gastándose lo que nunca ha tenido, haciendo crecer el presupuesto en tiempos de contracción económica, tratando de subir impuestos cuando todo el resto del mundo trata de facilitarle las cosas a los productores. Me parece que, con los niveles de corrupción que se tienen con los truquitos de los vales de gasolina, los viajes, los chalecos y botas para la policía que nunca se reciben, las carreteras y puentes que se deshacen en la primera lluvia, todo eso apunta a que quieren más plata para gastar en ese proceso de saqueo permanente que mantienen.

Estados Unidos, como he explicado en otros ensayos, con una deuda nunca conocida en la historia del planeta. ¿Que su economía es tan grande que en cualquier momento la pueden pagar? Perfecto. ¡Ojalá! Pero el riesgo en que están y en el que estamos todos sus socios comerciales es inmenso.

Si varios países europeos entran simultáneamente en dificultad de pagos; si los países europeos con las economías más fuertes tienen que hacer un esfuerzo mayor a sus fuerzas para rescatar del contagio a toda la zona euro; si todo lo que pase en Europa precipita una crisis de naturaleza similar en Estados Unidos, todo el mundo se contaminará.

Para comenzar, es sabido que cuando el riesgo país aumenta, el sector privado endeudado de ese país tiene que pagar más por el servicio de su deuda, indistintamente si está de acuerdo o no con las políticas de su gobierno. Como pinta la cosa, ninguna calificadora seria de riesgo puede continuar preciándose de serlo si no tiene en mente todos estos argumentos, de modo que es previsible una baja en la calificación de riesgo de todos los países que han abusado del recurso del déficit fiscal, con lo cual se les encarecerá el costo de mantener esa deuda y le encarecerán sus operaciones a sus respectivos sectores privados.

Para seguir elucubrando, China Popular, Japón, Taiwan, y muchos países son grandes tenedores de Bonos del Tesoro de los Estados Unidos, y si este gigante del norte tiene problemas de pago de su deuda, la contaminación será global.

Todo esto tiene que ver con el volumen de negocios que países pequeños, como el nuestro, están en capacidad de hacer con los países que nos compran.

Si los pueblos que forman las economías de los países que compran nuestros productos están bien, el volumen de negocio que hacemos con ellos puede ir creciendo, aunque sea poco, pero sostenidamente. Por le contrario, si quienes suelen consumir nuestros productos, mayoritariamente agrícolas, no tienen la liquidez acostumbrada, el volumen de nuestras exportaciones bajarán rápidamente, de manera que a la par de la caída del volumen de negocio también caerá el monto de divisas que ingrese al país, generando problemas serios o más graves en el equilibrio de nuestra balanza de pagos.

No hay mucho que podamos hacer como no sea diversificar, por el momento, los mercados de nuestros productos, y así no depender en gran medida de un mercado aparentemente fuerte que se pueda caer repentinamente.

Pero también debemos diversificarnos en nuestra producción, con planes a mediano y largo plazo que involucren programas de desarrollo y de entrenamiento de nuestra juventud en la prestación de nuevos servicios o en la preparación para llevar a cabo tareas que involucren mayores niveles de industrialización.

Cuesta muchos años bajarle un punto a los niveles de pobreza o de pobreza extrema, pero entre los embates de la naturaleza y los destrozos que puede ocasionarnos la caída súbita de nuestros mercados, es mejor tener la visión de prepararse mejor como país.

De todos modos, si no pasa nada de lo que mi sentido común me dice que estamos a punto de presenciar, pero comenzamos a prepararnos, como país, para recibir inversiones para desarrollar actividades de más complejidad pero de mayor valor agregado, estaremos recorriendo la ruta correcta de nuestro desarrollo.

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