jueves, 28 de enero de 2010

REFLEXIONES Y AGENDA DE TRABAJO DEL PARLAMENTO CENTROAMERICANO

Hoy comparto con mis lectores un documento de octubre de 2008, es decir, de antes que abriera este blog, el cual quise hacer público de esta manera, en primer lugar para que se entienda un poco mejor la postura que siempre he tenido dentro del Parlamento Centroamericano, la cual me ha permitido transitar por senderos individuales, de aquellos donde no hay "chamarra" para taparse con nadie más.

Estas posiciones críticas, constructivas, que bien pude no efectuar y "pasar el aguacero sin mojarme", me han ganado, en algunos casos, admiración; en otros, animadversión, insultos y hasta invitaciones a liarme a golpes por algún diputado de poca altura.

En todo caso, eso sí, mis posiciones, que datan de muchísimos años y que pueden investigarse, por un lado, en las actas de sesiones, en los diarios de debates y, en pocos casos, en la prensa escrita, han sido consistentes, no siempre atendidas pero sí hechas escuchar y defendidas con todas mis fuerzas y mi capacidad, y la característica de las mismas, en todos los períodos en los cuales he servido como diputado, es que siempre, recalco, siempre han sido efectuadas pensando en mis electores, a quienes por principio tengo no olvidar en mis intervenciones, tanto orales como escritas.

He aquí el texto del documento:

"Estimados Compañeros y Compañeras Diputados Centroamericanos:

Empiezo por manifestarles que les escribo la siguiente comunicación con pena, la que me da después de haber sido testigo y parte activa de la fundación de esta Institución y de ver, ahora, 17 años después, que el ritmo de trabajo y la falta de claridad de ideas hacen que la inversión que nuestros pueblos efectúan en la misma no rinda lo que debiera, dando lugar a que las críticas que siempre ha llevado y que casi nunca se han efectuado con conocimiento de causa, se acerquen a una patética verdad.

Sigo por decirles que siempre he sido un crítico constructivo de la Institución y de los males que la aquejan, y que no tengo necesidad de recurrir a escritos para decir las cosas de frente, por lo que dejo constancia que aquí encontrarán, en las partes que lean y establezcan esa falta de conformidad en cómo se hacen las cosas, tan solo una manifestación más de lo que vengo diciendo de viva voz en las Asambleas Plenarias, no solamente ahora que me he incorporado nuevamente sino durante mi gestión en períodos anteriores.

Esa crítica, hay que decirlo bien claro, siempre ha sido acompañada de un profundo amor por Centroamérica, una autodisciplina de trabajo demostrada durante años de producción registrada en las diferentes comisiones de trabajo a las cuales he pertenecido, un idealismo a toda prueba que me hace pensar que podemos mejorar las instituciones de la integración pero comenzando por la nuestra, mi permanente devoción por el estudio, lo cual me permite que Uds. sean bondadosos al escuchar lo que tengo que decir en mis intervenciones y, ahora, leerlas, y mi característica buena fe en todas mis actuaciones, a las que trato siempre de imprimirles el mejor sentido común.

Antes de entrar en materia, permítanme recordarles que mi pensamiento proviene de la experiencia vivida en ésta y otras instituciones, pero hoy especialmente enfocada en la que ha sido en este foro que vi nacer con la participación de los diputados y diputadas de 3 estados. Hoy hay representación popular y democrática de 5 estados y contamos con “parlamentarios designados”, una figura jurídica con la cual le dimos una categoría mayor a la de observadores a la primera delegación panameña, años ha, y que ahora veo con preocupación que desea equipararse a la categoría de quien cuenta con el voto favorable de la población, con todos los derechos inherentes a esa representación popular, lo cual no es correcto desde el punto de vista del cual desee analizarse.

Conformamos un Parlamento con 130 diputados y, se supone, 20 parlamentarios designados y observadores de otros estados, lo cual no estaba previsto, desde un principio, en el Tratado Constitutivo del Parlamento Centroamericano y Otras Instancias Políticas, pero nos fuimos acomodando sin violentar el mencionado Tratado.

Todos estos años el Parlamento ha sido un órgano de deliberación, y nos hemos pasado los años justificando la inoperancia de las resoluciones del mismo por la falta de facultades vinculantes y, por ende, la incapacidad de volver en normas positivas el producto de nuestras deliberaciones. Prácticamente no se tomaba en cuenta cosa alguna que acordara el foro político regional.

Hoy prácticamente tenemos algunas facultades vinculantes, pero el foro viene manejándose irresponsablemente, rayando en el delito, y esa actitud también tiene que cambiar. No hay que darle vueltas al asunto, me refiero a la manera de aprobar en Asamblea Plenaria algunos temas, sean los que sean, sin el quórum correspondiente, aún cuando algunos diputados piden que se haga un recuento. Eso es hacer trampa y el órgano máximo de la representación política de la ciudadanía centroamericana no debe considerarse así desde el momento en que es quien habrá de aprobar las normas que habrán de convertirse en derecho comunitario. Lo digo con toda claridad porque, además de oír cómo fue manejada una Asamblea Plenaria en San Pedro Sula, en la que no estuve, lo que sí me consta es cómo fue manipulada la anterior, en la ciudad de Quetzaltenango, en donde simplemente no hubo quórum desde que se conoció el tema del homenaje a Manuel José Arce, y de ahí en adelante, y a la Junta Directiva no sólo no le importó sino, a sabiendas, deliberadamente, prosiguió la sesión aprobando como de trámite todos los puntos pendientes.

Señores y Señoras Diputados: No hay necesidad de forzar las cosas y de hacerlas mal hechas. El Parlamento Centroamericano debe ser visto con más seriedad, y ese cambio de visión debe comenzar por los representantes electos democráticamente por los pueblos de los Estados Miembros, especialmente por aquellos a quienes también hemos delegado nuestra propia representación para dirigir las sesiones. Si nosotros mismos no revestimos todos los actos de la legalidad y moralidad que deben acompañar nuestras actuaciones, ¿cómo vamos a estar en condiciones de exigirle a terceros un respeto que nosotros mismos no tenemos?

Compañeros y compañeras, todos representamos o sentimos representar a alguien en este foro. Yo les confieso que les escribo estas líneas, un poco indignado por esa falta de seriedad y de legalidad que las autoridades del foro le imprimen a nuestros actos, porque me siento representar a ese sector de la población que está cansada de la ilegalidad, que quiere que los funcionarios que elige tengan sentido de la verdad, del honor, de la rectitud, y que no se comporten, pública o privadamente, de manera que defrauden la confianza depositada en el voto. Tengan la seguridad que en todas mis actuaciones públicas siempre llevo en la mente a esas innumerables multitudes a quienes yo mismo denomino “los sin voz”, a quienes siempre he sentido el deber de representar con toda mi energía, con la rectitud de ánimo y con transparencia, y es mi deber señalar, en este momento, que quienes dirijan la Junta Directiva, en adelante, tienen que tener bien claro que la razón no se las da obteniendo una votación amañada sino el consenso o, en todo caso, el convencimiento democrático de las mayorías. Por favor, no traten de forzar las cosas.

A estas alturas les podría decir que nuestros pueblos esperan que hagamos algo, pero sería demagógico de mi parte. Estoy seguro que nuestros pueblos, la mayoría de nuestros electores, ya no esperan nada de nosotros como no sea que cierren definitivamente esta Institución. Me da la impresión que nadie piensa ya en el Parlamento Centroamericano como no sea por alguna nota de prensa que sale, por lo regular hablando negativamente de la Institución. Por eso hay que ser muy dedicados en nuestro trabajo, prepararnos bien para rendir siempre lo mejor y aportar las mejores ideas, ir por las instituciones y escenarios regionales demostrando nuestra capacidad pero, especialmente, reflexionando profundamente del sitio que hoy ocupamos, del que ocupa la Institución, y visualizar hacia dónde vamos y cómo vamos a llegar. La Institución no tiene la culpa de lo que nuestras actividades hagan de ella.

LA ORGANIZACIÓN EN LA PARTE ADMINISTRATIVA:
Hay dos temas álgidos en el Parlamento, referente a la administración, que siempre han dado problema: los viajes y los viáticos. Desde la fundación del mismo han sido problemas recurrentes y, últimamente, se ha generado una especie de aureola alrededor de los puestos de la Junta Directiva, en el sentido de que lleva aneja la capacidad de viajar todo el año, como si no fuera un alto honor llegar a ser directivo sino socio de una agencia de viajes. Siendo simple diputado he visto que los miembros de las diferentes Juntas Directivas que he conocido dan la impresión de turnarse en los viajes que realizan, llegando al colmo de fabricarse las invitaciones para visitar reinos que nada tienen que ver ni con la integración de la región ni con la pobre agenda de trabajo que tenemos, pero que sí le cuestan gran cantidad de dinero que bien podría utilizarse para otras cosas más productivas. Han sido pocas las excepciones a este comportamiento, aunque sí las ha habido.

La solución que encuentro al tema de los viajes y los viáticos que estos conllevan es que Asamblea Plenaria asuma la responsabilidad de conocer, periódicamente, cómo evoluciona la ejecución del renglón presupuestario respectivo, asignándosele un monto determinado, y girando instrucciones precisas al personal administrativo a cargo para que no emita cheques sin que exista la provisión autorizada de fondos. Cualquier ampliación del renglón debería ser aprobada por la misma Asamblea Plenaria, pero no por iniciativa de la Junta Directiva sino por iniciativa de la Comisión de Finanzas, quien recibiría de Junta Directiva el informe de cómo ejecutó el monto anterior aprobado y, con su dictamen favorable, se elevaría al conocimiento de todos.

No se trata de poner un freno al buen desempeño y al desarrollo normal de las actividades o de limitar la presencia de quien se designe cuando así se amerite. Se trata de desterrar el despilfarro que, en nuestras sociedades tan pobres, es no sólo una obligación moral sino absolutamente necesario para que el parlamento pueda funcionar en otras áreas que hoy están totalmente descuidadas.

Sin embargo, soy de la opinión que debería hacerse una Auditoría Externa completa y exigir que los funcionarios que han viajado sin las autorizaciones correspondientes restituyan los fondos utilizados sin esa autorización, si de la misma resultaren casos de tal naturaleza. Igual pienso de aquellas delegaciones que, a sabiendas que existe un reglamento que las limita (aprobado por resolución No.6 del acta JD-06/2006-2007), han sobrepasado, por mucho, el número de integrantes, por lo que hay responsabilidad de quien autorizó dichos viajes.

Por otro lado, la estructura original de pago a los diputados y diputadas se diseñó de tal forma que la menor parte de sus ingresos lo constituyera el sueldo, y que las dietas por asistencia al trabajo de comisiones y a la asamblea plenaria constituyesen la mayor parte, como una manera de estimular a todos a participar activamente y desincentivar el ausentismo. Hoy veo, con completa estupefacción, que las dietas las han dividido en dos renglones, uno de los cuales descaradamente (disculpen que sea tan franco en el término) se llama “dietas fijas” (Nace tan mal este tema, que pretendió darse por aprobado en las sesiones de fechas 26 y 27 de febrero de 2004, situación que fue protestada por varios diputados en la siguiente reunión de Asamblea Plenaria, el 26 de marzo de 2004, como consta en su página 7, por lo cual se solicitó incluirla nuevamente en la orden de ese mismo día como una reconsideración). ¿A quién se pretende engañar? Ése es un tema que debemos modificar y regularlo conforme a lo que es recto, a lo que es moral.

Este tema está íntimamente ligado al hecho que la reglamentación exige cierto número de jornadas de trabajo de los diputados y diputadas, y éste no se ha venido cumpliendo, de tal manera que luego, para poder pagar completamente, se pasan los listados de los días no trabajados para que sean firmados, lo cual también es inmoral y habemos algunos diputados que no estamos de acuerdo con dicho procedimiento.

El Parlamento Centroamericano, en sus orígenes, tenía dos semanas de trabajo de los diputados en sus respectivos países, cabildeando con el Congreso o Asamblea, con la cancillería, trabajando codo a codo con instituciones de la integración o con asociaciones o federaciones gremiales con sede en el lugar de residencia; luego había una semana completa de trabajo de Comisiones y de Grupos Políticos; posteriormente, al inicio de la última semana del mes, la Junta Directiva Ampliada conocía de todos los temas que las comisiones y los diputados, en lo individual, producían, para generar una agenda de trabajo de Asamblea Plenaria para el resto de la semana, la cual muchas veces no alcanzaba para conocer todos los temas incluidos en dicha agenda. Se trabajaba prácticamente de tiempo completo.

Hoy, lo he señalado de viva voz, rara vez hay un tema de fondo. El Parlamento Centroamericano está dedicando el valioso y tan reducido tiempo que debiera dedicar a los debates en decidir y otorgar condecoraciones y homenajes, en puntos irrelevantes para el interés de las grandes mayorías, y es de esta manera que está iniciando una nueva etapa, la de las facultades vinculantes, razón por demás suficiente para efectuar las presentes reflexiones y compartirlas con todos Uds. El trabajo que antes se hacía todo el mes ahora se efectúa en poco más de una semana, y eso sin tomar en cuenta el vicio generalizado de la impuntualidad, que hace que en cada jornada se trabajen alrededor de dos horas menos.

El trabajo de los Grupos Políticos, lejos de privilegiarse, se tiene relegado a un trabajo secundario que se hace porque ahí está en el Tratado Constitutivo, sin realmente percatarse que la discusión interna de los temas es importante para que, en la Asamblea Plenaria, no “se dispare” cualquiera a hablar del tema sino se vaya, también privilegiando, el uso de la palabra de portavoces preparados en cada tema y le den mayor altura a los debates. No trato de decir que se elimine la posibilidad de que, quien así lo desee, pida la palabra para reforzar un tema en especial, sino de indicar que ésa es la manera de elevar el nivel de conocimiento de quienes intervienen en un debate específico, lo cual servirá cuando los mismos dejen de ser casi privados y sean de interés de la prensa y de la ciudadanía en general, precisamente porque será acerca de un tema vinculante.

El trabajo de Asamblea Plenaria es totalmente improvisado. Normalmente las iniciativas son presentadas, durante la sesión, a viva voz, y los temas que anejan son entrados a conocer seguidamente. No hay estudio, no hay preparación.

Si bien es cierto las Comisiones están acostumbradas a trabajar de la manera que vienen haciéndolo cotidianamente, también lo es que cuentan con el mismo equipo obsoleto que ya era viejo cuando me retiré del Parlamento a finales de 2001, con la diferencia que antes existía un presupuesto igual para todas para contratar un asesor que le pudiera dar seguimiento a los temas todos los días. Hoy algunas comisiones no cuentan más que con su computadora vieja. Se hace necesario que se repiense el tema de la productividad de las Comisiones, no sólo abarcando todos los temas de su agenda sino haciéndolo con calidad y poniendo a su disposición todos los medios que la tecnología brinda el día de hoy. La excusa de que no hay presupuesto es buena para dársela a colegiales que no saben mucho de la vida, pero no es suficiente para nosotros que tenemos la obligación de trabajar y producir. Además, es una excusa no creíble, ya que existe un renglón para cubrir riesgos cambiarios, que ya no se dan abruptamente en la región, que bien podría reencauzarse para ese fin, de tal manera que el equipamiento para trabajar mejor sí se puede priorizar si se tiene la voluntad política de hacerlo.

LA PREPARACIÓN PARA FORTALECER EL ESQUEMA INSTITUCIONAL:
Cuando se gestó la idea original del Parlamento Centroamericano dentro del ambiente de los Acuerdos de Esquipulas, se pensó que un foro político regional conformado por personas que, dentro del quehacer político no se comunicaban entre sí, sería una válvula de escape en un entorno complicado donde las grandes potencias jugaron a la guerra fría pero nuestros países pusieron las víctimas, tanto mortales como en heridos, desplazados, desposeídos de lo que tenían, etcétera. Desde ese punto de vista el Parlamento ha sido un éxito. Hoy no se piensa resolver los problemas con la aviación o la artillería; los vasos comunicantes entre los diversos partidos políticos de la región, a la que poco a poco se suma el Caribe, están vivos, abiertos y en paz.


Tenemos, como lo dije públicamente en Quetzaltenango, el foro político con el espectro más amplio del mundo, más que los parlamentos de las repúblicas comunistas; más que el Congreso de los Estados Unidos de América o que el Parlamento Europeo. Además, la comunicación entre políticos del mismo país pero de diferentes facciones se da en nuestro medio de otra manera, más abiertamente, de tal forma que constituye otra ventaja para bien de las agendas nacionales.

Pero la región ha cambiado y las circunstancias también. Por eso ha habido necesidad de reformar el Tratado Constitutivo mediante cuatro Protocolos, lo cual no obsta para que muchas personas piensen que lo que hoy tenemos puede mejorarse, dentro de las cuales me incluyo.

Me gusta imaginar que el Parlamento Centroamericano no se quedará como está y que algún día estará completo, con quien haga falta en Centroamérica y otros países caribeños integrándolo. Sin embargo, para una región pobre como la nuestra, que tanto dinero necesita invertir en desarrollo y elevar su nivel de vida, no es lógico ni sostenible mantener representaciones nacionales tan grandes a dicho foro regional. Prefiero pensar que el Parlamento, algún día, llegará a ser una institución eficiente que tenga control sobre la construcción del derecho comunitario, y eso no se logra con una Asamblea Plenaria tan numerosa ni con una Junta Directiva sobrecargada.

Un Parlamento Centroamericano con representaciones de diez diputados por país podría llegar a tener una Asamblea Plenaria de más de cien diputados en el mediano plazo (en este único punto coincido con el informe que, en su oportunidad, rindió la Comisión Económica para América Latina, CEPAL), y es un número que haría suficiente la representación nacional y manejable la asamblea. Éste es un tema del cual vengo hablando hace más de diez años, y se lo expuse directamente al entonces Presidente Ernesto Lima Mena. Aquí estoy acostumbrado a escuchar argumentos en contra pero ninguno me ha convencido. Lo que sé es que es necesario iniciar el debate con seriedad.

Tampoco aquí pretendo que se le quite la representación a alguien que ya está electo, sino que se prepare la Institución, jurídicamente, para que algún día las representaciones que se elijan en nuestros países no sean de veinte diputados, número que ha sido considerado excesivo desde antes de que se llevaran a cabo las primeras elecciones en 1990, sino de diez.

La composición de la Junta Directiva también es un tema importante de discutir para despolitizarla, en lo posible, y hacerla más eficiente y manejable. Me parece importante que se inicie la discusión de la elección de un Presidente y una Junta Directiva cada cierto número de años, por capacidad y nivel de compromiso, no por nacionalidad, y no cada año como hasta ahora, turnándose los países la Presidencia, como se hacía en las instituciones del pasado. Además, es necesario pensar en un límite de hasta seis directivos. No hacen falta más.

La experiencia en mi país de instituciones que tienen elección de su Presidente cada año son funestas o, cuando menos, tristes. Además, hay ejemplos en el mundo donde se hace de la manera que menciono y les ha ido muy bien, como el Parlamento Europeo.

Por supuesto, lo anterior tiene que ver con que se le dé su verdadero lugar a la Junta Directiva Ampliada, la cual ha sido casi decorativa desde la fundación del Parlamento hasta ahora, permitiéndosele a los Presidentes de los Grupos Políticos tener una voz verdaderamente escuchada y respetada, no como sucede ahora en que se pasan las horas esperando que Junta Directiva les haga el favor de recibirlos y andan suplicando por cuestiones materiales en lugar de utilizar su capacidad en producir intelectual y políticamente. El Presidente de un Grupo Político debe ser un líder, no un mendigo. Démosles su lugar.

La elaboración de las primeras normas de carácter vinculante está a la vista en las puertas del tiempo, pero el Parlamento no está preparado, a mi leal saber y entender, para asumir con responsabilidad esa tarea que tantos años ha venido solicitando, y la despolitización, en lo posible, de la Junta Directiva, el trabajo considerado como de largo aliento y no de características anuales, la coordinación de una Junta Directiva ágil con los Grupos Políticos, el respeto de todos a la elaboración de la agenda por la Junta Directiva Ampliada, lo que implica dejar de sacarse como debajo de la manga los temas en el último momento, nos hará adquirir hábitos de trabajo y coordinar las capacidades profesionales de todos de una mejor manera, evitando en lo posible que la elaboración de normas de aplicación general, lejos de constituir un valladar a la población, generen nuevas oportunidades de desarrollarse y mayor confianza en sus instituciones.

Luego, el Parlamento estará en mejores condiciones para relacionarse con todas las instituciones de la región, sean éstas provenientes del sector público, fuerzas vivas o grupos de interés que apoyan diversos temas, pudiendo estar en capacidad de liderar, como en alguna oportunidad logró efectuarlo a mediados de los años 1990’s, una agenda de por sí complicada.

CON RELACIÓN A LA AGENDA DE TRABAJO:
Los temas sobre los cuales puede trabajar el Parlamento Centroamericano no tienen límites. Sin embargo, hay dos cosas importantes de señalar:
1. El Parlamento no puede seguir enfrascado en temas banales, como el señalado de las condecoraciones; y,
2. Ya no es suficiente con deliberar y recomendar; ahora hay que darle seguimiento a muchos temas para hacer que se cumplan y, además, habrá algunos temas que reglamentar, convirtiéndolos en el fundamento del derecho comunitario que nos rija.

El entorno político de la región y sus circunstancias, en el todo y en cada uno de nuestros países, es cambiante. Mientras los Acuerdos de Esquipulas preparaban a la región para entrar a una era de paz, me tocó ser parte de quienes diseñaron lo que, con el tiempo, se convirtió en la “estrategia y política central de los Estados”, conocida como Alianza para el Desarrollo Sostenible de Centroamérica, ALIDES, que junto con la Declaración de Guácimo, la Agenda 21 de Río de Janeiro y otros textos, forman la agenda política de la región.

Desde que fue aprobada en 1994 no ha habido otra, de tal manera que es ahí donde el Parlamento debe concentrar sus estudios, sus esfuerzos por comprender, por empujar cada tema, por analizar cada uno de los siete principios que la inspiran y, especialmente, por analizar cuáles son las razones que hacen que no se tome en cuenta la agenda regional y que nuestros países no avancen en el tema del desarrollo que, desde entonces, se buscaba para convertir una región, que salía de la guerra interna y de los problemas internacionales entre hermanos, en una región de paz duradera, de democracia.

Es importante, por ejemplo, determinar qué instituciones se crearon y con qué fines (como la Reunión de Vicepresidentes, que en algún momento dejó de tener impulso), y qué responsabilidades debió asumir cada quién, y comenzar a preguntar, a entender, a recomendar y a sugerir los cambios que sean necesarios para que el desarrollo que las personas que representamos anhelan comience a llegar a donde debería llegar.

Podría enumerar una serie de temas en el aspecto político, en el social, en el económico, en el cultural, en el ambiental, en el institucional de la integración, pero al efectuar una lista podría dejar un tema por fuera y, como expliqué anteriormente, nuestra agenda no tiene límites y de lo que trata esta comunicación, ahora, es de hacer conciencia de la seriedad de los temas que debemos tratar, no de elaborar un listado.

El Parlamento Centroamericano está en posibilidades de dar el ejemplo en austeridad, en manejo eficiente de los recursos, en capacidad de autocriticarse y de autoreformarse, en seriedad para comprender las estructuras bajo las cuales convivimos y las coyunturas sociales de nuestros pueblos, así como de trabajar por lo que más aspiran las mayorías más necesitadas.

Los diputados y diputadas centroamericanos estamos en condición de demostrar nuestro nivel de compromiso, nuestra creatividad y la seriedad con que asumimos la confianza que han depositado en nosotros, no sólo nuestros electores, a quienes siempre debemos tener en mente, sino la Reunión de Presidentes y los Congresos Nacionales y Asambleas Legislativas de la región, que han coincidido en que el tiempo de darle alguna facultad vinculante al Parlamento Centroamericano, ha llegado. ¡No los defraudemos!

Con un atento saludo,

RICARDO FLORES ASTURIAS"

Que quede como registro histórico de mi parte. Algunos seguidores y amigos me han indicado que tiendo a escribir muy largo y tienen razón. Sin embargo, no pretendo hacer notas periodísticas sino fijar posiciones, explicarlas y, finalmente, que se me entiendan, de modo que seguiré valorando la claridad de la exposición por sobre la elaboración de notas cortas para asegurarme que quien entre a este espacio no se canse y finalice la lectura de mis ideas.

Además, quién sabe; de repente no estoy escribiendo estos puntos de vista para hoy sino para el estudio de quienes vengan mañana a criticar esta parte de la historia que en este día vivimos. El esfuerzo de hoy pueda ser el trabajo necesario para labrarnos un lugar digno entre la sociedad guatemalteca y centroamericana del futuro.

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