miércoles, 21 de julio de 2010

CAE, DE NUEVO, LA NOCHE NEGRA

Cuando era un adolescente tuve la oportunidad de observar, aunque fuera muy jovencito, cómo, con la incorporación de la lucha armada dentro de los sectores urbanos de la capital de Guatemala, fue cayendo, poco a poco, una especie de manto obscuro que le cambió, para siempre, la calidad de vida a sus habitantes.

Recuerdo especialmente el asesinato de unos pobres guardias del Banco de América, policías militares ambulantes que pasaban repartiendo, en camiones del ejército, a todas las agencias bancarias. Fue unos minutos antes de las ocho de la mañana, aproximadamente a una cuadra de donde estudiaba, y todavía guardo en mi memoria, tanto los sonidos de las detonaciones de las armas de fuego como las imágenes vívidas del paso, frente donde estábamos un grupo de estudiantes, de los asesinos de ese par de jóvenes indígenas inocentes, ya que pasaron frente a nosotros, huyendo, en un sedán europeo, rojo, de cuatro puertas.

El tránsito de los ataques esporádicos y las emboscadas a patrullas de policía o convoyes del ejército, hacia los bombazos y voladuras de puentes, hoteles, cines y agencias bancarias, con la contraparte de Estados de Sitio y Toques de Queda, fue irse internando en esa noche obscura a la cual me refiero, la misma que pensábamos iluminar con la firma de los Acuerdos de Paz pero que vemos, con una mezcla de tristeza y perplejidad, que nos sigue cubriendo y, encima, se pone borrascosa.

Dicen que el conflicto armado interno se origino por las desigualdades de este país. Hoy, esa violencia generalizada tiene diversos orígenes, desde el poderoso y abyecto narcotráfico que ha venido utilizando al país de corredor de la droga desde donde se produce hasta el país que más la consume, pagando sus "servicios" con la misma droga que desde hace unos años se vende en el país, lo cual, a su vez, ha venido produciendo una nueva generación de guatemaltecos viciosos, dispuestos a delinquir sin límites con tal de conseguir los medios para otra dosis de ese veneno, hasta otros orígenes igualmente complejos como las maras nacidas en Estados Unidos y deportadas a latinoamérica, entre otros orígenes.

Tanto en la violencia generalizada de ahora como en la de ayer, han jugado un papel preponderante los gobiernos corruptos e inútiles, pues podemos identificar que existe un vínculo directo y proporcional entre los niveles de insatisfacción de la población con la manera como algunos de los individuos que la componen reaccionan en contra de los demás, ya sea como una venganza contenida en el subconsciente, ya como una manera de aprovecharse de un sistema que no funciona para enriquecerse a costa de los demás, incluyendo la sangre del prójimo y el futuro de una niñez que cada vez más se involucra sin estar consciente de ello.

Podemos ver, tras el desastroso paso por el Gobierno de la República de Alfonso Portillo, que decenas o centenas de miles de guatemaltecos salieron huyendo del país, especialemente de las comunidades más alejadas hacia Estados Unidos de América, en búsqueda de mejores oportunidades porque aquí, en Guatemala, la situación que vivían era inaguantable. De ahí el repunte, en años posteriores, de las remesas familiares.

Hoy, con el también desastroso paso por el Gobierno de la República del "inteligente" Álvaro Colom, la falta de capacidad para gobernar, por no decirle pusilanimidad, ha venido metiendo al país, cada vez más, en una vorágine en donde a veces huele a miedo, otras huele a sangre, otras se escucha el crugir de tripas que provoca el hambre, otras se siente venir la muerte, pero en todo caso bajo un cielo gris plomo tirando a negro corrupción, ya que no se ve una pequeña luz al final de este tunel en donde la ineptitud, la desidia, la indiferencia y el ladronismo nos ha metido a todos, sin distinción alguna de sexos, de clases, de edades, de nada: ¡a todos!

Si algo ha hecho bien el actual gobierno es democratizar la violencia y el malestar. Si antes existían focos delimitados o zonas rojas, hoy el país entero se desangra ante la negligencia y la falta de escrúpulos de la enorme mayoría de nuestras autoridades. Al democratizarse la violencia se han igualado, además, la falta de oportunidades, el desempleo, la persecución por extorsiones e intentos de secuestro, por mencionar algunas circunstancias.

Las inversiones, bajo este esquema macabro, no sólo no llegan sino, las que estaban instaladas, se alejan y se van a otros países en donde sean más amigables con ellas y con las personas que, de afuera, llegan a tratar de hacer negocio en el país. Luego, es la juventud que desea incorporarse a la vida productiva, especialmente, la que viene sufriendo más para poder llevar una vida honrada; de ahí que le sea más fácil irse involucrando, de a poco o repentinamente, en el bando de la delincuencia.

Mientras tanto, la falta de acción del Gobierno en cuestiones de seguridad, trata de ser suplida por las iglesias, la academia y otras instituciones, pero como no manejan las riendas del presupuesto ni están en capacidad de tomar decisiones, sus recomendaciones no pasan de ahí: buenas intenciones y consejos.

Identificamos, luego de verlo trabajar un tiempo, al actual Ministro de Gobernación, Carlos Menocal, como una persona bien intencionada que está haciendo lo que debe hacer un Ministro, pero su gestión está condenada al fracaso si, en lugar de fortalecer dicha cartera con recursos suficientes, jamás se le otorgarán y, encima, el mensaje que se le manda a la delincuencia organizada, que sí entiende de estos temas y no sólo delinque por delinquir, es que no se le podrá perseguir, porque se ha trasladado el espacio presupuestario del Ministerio para ser utilizado (por la Primera Dama, se entiende) en una reconstrucción del país a causa de la Tormenta Tropical Ágatha en donde ni siquiera se han puesto de acuerdo los diputados, mes y medio después, en cómo gastar los recursos.

Es decir, que aunque se quiera meterle plata al Ministerio de Gobernación en lo que queda del año fiscal, habría que comenzar por conseguirle espacio presupuestario que le quitaron el mes pasado, lo cual, en términos prácticos, quiere decir: no habrá plata de aquí a diciembre de 2010. ¡Una franca invitación al crimen! Si tomamos en cuenta que el dinero de dicho Ministerio es el que serviría para fortalecer a la Policía Nacional Civil y a la Academia de Policía, el daño no se limita a este año, sino al futuro de esa posibilidad que anhelamos de comenzar a luchar contra esas fuerzas del mal.

Es curioso, pero el comunicado denominado "DEBE PARAR EL DERRAMAMIENTO DE SANGRE" que emitieran la Procuraduría de los Derechos Humanos, el Arzobispado Metropolitano, la Universidad de San Carlos y la Alianza Evangélica de Guatemala, aparece en la página 37 de Prensa Libre de hoy miércoles 21 de julio de 2010, a la par de la fotografía de un burro que elevaron al aire, sostenido por un paracaídas y tirado por una lancha. ¿Simple casualidad?

Quisiera terminar este ensayo imaginándome el cielo lindo y despejado de nuestra Guatemala, iluminado por el rosicler promisorio de un nuevo amanecer, con olor a yerba fresca, recién pisada, humo de leña verde y tortilla recién salida del comal. ¡Ésa debiera ser la visión de nuestro futuro, no los 60 asesinatos del último fin de semana!

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